Capítulo 12: El inicio de una nueva era.
Témanle, huyan de él, al final, el destino siempre llega.
El inmaterium es en muchos sentidos el espejo más exacto de la realidad que nadie podría encontrar, un espejo cuya superficie se ondula y cambia con el impacto de eventos trascendentales, y un evento como el discurso pronunciado por Roboute Guilliman en el propio palacio imperial, fue un evento tan poderoso e inesperado que las ondas de energía psíquicas que se liberaron, crearon Tsunamis de energía tan grandes que varios desafortunados mundos en el plano real fueron tragados por esas energías.
Un mensaje de fe, esperanza, venganza, y retribución recorrió el infinito, afectando a todo el que lo escuchase de una forma distinta, pero sin lugar a dudas el lugar donde esas palabras afectaron más fue en; los corazones de los campeones de los dioses ruinosos.
Reclinado en medio del botín resultante del saqueo de 10 000 mundos, Jaghatai Khan, primarca de la V legión, hizo una mueca de disgusto, mientras sus esclavos le susurraban la noticia más resientes, y aun que estaba disgustado por la noticia, ni siquiera eso basto para que el Kan se alejase de su basto tesoro.
En las profundidades más oscuras de un infinito laberinto cristalino, los demonios de Tzeentch, observaban como el tejido del destino se ondulaba y cambiaba, con las implicaciones del regreso de un nuevo primarca al tablero de juego. Cada uno de estos demonios tomarían como tarea personal, la tarea de manchar, tentar, corromper, o destruir al primarca de los Ultramarines, algunos con métodos sutiles, otros serían más directos.
En los profundos pantanos de inmundicia del Nurgle, cientos de moscas mensajeras contaban a Sanguinius las noticias, y aunque el decadente ángel no estaba interesado en el despertar de su hermano, su amo parecía tener otros planes. Mientras el primarca de la IX legión veía con deleite como los gusanos y la bilis se resbalaban por le herida abierta de su prisionero, un conclave de cientos de inmensas inmundicias fue llamado a presencia de su señor. Parecía que el abuelo tenía planes para adelantar su invasión a Ultramar ¿Por qué?
En otra parte de la galaxia, la última cruzada de los lobos espaciales estaba llegando a su sangrienta conclusión. Los campeones de Khorne habían quemado 88 mundos imperiales, para apaciguar la infinita ira de su dios. Pero en medio de las llamas, los sacerdotes de sangre no encontraron la recompensa prometida, en su lugar los campeones de Khorne, tanto mortales como demoniacos, presenciaron una visión de su deidad furiosa por el regreso de Roboute Guilliman. Los sirvientes de los otros dioses oscuros podían gastar sus energías en tratar de corromper a Roboute, sin embargo, los sirvientes de Khorne, sabían que su maestro no tenía la paciencia para tales cosas, en su lugar se organizó una sangrienta competencia, para determinar quien tendría el derecho para perseguir al primarca renacido, y reclamar su cráneo para mayor gloria a su señor.
Dentro del ojo del terror, otros señores oscuros también podían escuchar las noticias sobre el regreso del primarca. Y esta noticia los había tomado por sorpresa, honestamente no había un solo hechicero en todo el ojo que pudiera haber previsto el regreso de Roboute Guilliman, los Ultramarines desde hace milenios que habían dejado de ser relevantes, y en estos momentos muchos oscuros señores los consideraban un fracaso, fracasaron en servir al emperador y volvieron a fracasar en servir a los dioses oscuros. Grave error.
Parado sobre el ultimo fragmento de su amado mundo natal Caliban, Luther lanzaba una serie de runas, tratando de definir si sería provechoso unir a Roboute a su causa, o lo mejor sería eliminarlo antes de que causase un desastre mayor. Desafortunadamente las runas no parecían poder mostrarle nada al líder de la legión de los ángeles oscuros. Era obvio que el regreso del primarca de la XIII legión había tomado por sorpresa a todos, tanto dioses como mortales.
La infame Falange se abría paso por el sector gótico, destruyendo todas las naves leales que se le atravesasen en el camino, lo que debería ser solo una pequeña incursión en el plano real, se había convertido en una guerra que ya había durado diez años, si bien las fuerzas leales aún no habían sido derrotadas, Sigismund, autentico heredero de Dorm, y actual supremo señor de la legión negra, había ordenado que la campaña fuese abandonada, la noticia del regreso de Roboute Guilliman, le había tomado por sorpresa, y debía prepararse. El oscuro señor no había olvidado la forma en que su padre genético había mentido y manipulado a Guilliman en la época que el imperio de la humanidad llama; Herejía Dorniana. Así que era obvio que, con su regreso, viejos juramentos de venganza y retribución serian retomados. Debía preparar sus defensas para lo que sea que la XIII legión pudiese lanzarle.
Pero no todos los primarcas sobrevivientes se sentían amenazados por el regreso de Roboute Guilliman, Vulkan primarca de la XVIII legión, levanto una copa, hecha con el cráneo de uno de los hijos de Horus, mientras sonreía. Un primarca, una intacto, uno sin contaminar por ninguno de los poderes ruinosos. Talvez si jugaba bien sus partas, podría convencer a Roboute de que jurase su lealtad a "Malal" en su eterna lucha contra el panteón oscuro.
Dentro de las más oscuras profundidades de un mundo tumba, Ferrus Manus reflexionaba las posibles implicaciones de regreso de la XIII legión y su primarca al tablero. Ultramar era un imperio galáxico en toda regla, sí, pero su tamaño solo era una fracción del Imperio de la humanidad, aunque su tecnología no se había visto estancada por milenios en el fanatismo y la paranoia… Los Ultramarines tampoco le habían jurado lealtad a ninguno de los patéticos dioses del caos como sus demás primos traidores. Por lo que se los podía considerar una fuerza independiente. ¡Una fuerza independiente con un primarca vivo! De momento no haría nada, y observaría en silencio como se desarrollaban las cosas. Si algo le sobraba al primarca de la X legión era tiempo, tiempo y paciencia. Ya había esperado por millones de años, que eran unos pocos siglos más.
Por supuesto que no todos los que habían escuchado el mensaje del XIII hijo del anatema eran humanos. Los hijos de Isha también escucharon el mensaje de Roboute, pero sus reacciones no fueron tan intensas como las de los patéticos Monkei. Para los Eldars que vivían en los mundos astronave, este mensaje fue tomado con humor; "Un inmenso Monkei regresaba de entre los muertos, para retomar el control de sus hijos en el borde de la galaxia. Las guerras que estaban por ocurrir entre esas primitivas criaturas, seguramente serian un espectáculo digno de ver"
Por otro lado, los degenerados Drukhari, quienes habitaban en la oscura ciudad de Commorragh recibieron la noticia con gran interés, aquel que lograse capturar a uno de los hijos del anatema seria inimaginablemente bien recompensado, por sus altos señores. Cientos de partidas de caza se prepararon para abandonar la seguridad de la telaraña, y buscar al primarca.
Aunque sin duda, la reacción más fuerte, fue la de los misteriosos Arlequines, porque su dios definitivamente fue la entidad más afectada por el regreso del XIII primarca. Cegorach atrapado a la mitad de millones de planes y complots a medio terminar, no podía permitir que una variable arruinase milenios de planes cuidadosamente marcados, así que envió a sus seguidores con una única tarea; Eliminar al XIII del tablero, sin importar el costo que este fuese.
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Dentro de una pequeña fragata, nombrada por el propio Roboute Guilliman con el nombre de: "Pharus Spei". El primarca reflexionaba sobre la actual situación de la galaxia, y como esta afectaba a la humanidad, no solo en su línea de tiempo, sino también en esta.
Era verdad, la humanidad se había perdido hace mucho, en estos momentos la humanidad había sido reducida a un grupo de locos e ignorantes supersticiosos, con el imperio totalitario, lleno de guerras civiles, burocracia inservible, genocidios planetarios, y solo sabrá el emperador que más problemas.
Y, aun así, la humanidad seguía resistiendo, incluso ahora; en medio de un Waaagggh súper masivo de los Orkos, el renacer de los Necrones, las inclementes invasiones Tiramidas, con la galaxia partida por la mitad debido a una invasión de todas las fuerzas del Caos. La humanidad simplemente no se daba por vencido, posiblemente nunca lo hará, la humanidad lucharía hasta su último hombre, mujer y niño.
No solo eso, la humanidad era tan imposiblemente testaruda que incluso en estos desesperados momentos, la humanidad no solo seguía en pie, sino que estaba lista para devolver los golpes recibidos ¡Con aun más fuerza!
Él, no solo como un hijo del emperador, sino como un humano más, debía encontrar una manera de salvar a su especie, y esa era la razón por la cual había montado ese inmenso circo en Terra. Slannesh le había prometido una herramienta, una herramienta que si bien él aún no sabía manejar, ya le había mostrado verdades que ignoraba.
Necesitaba esa herramienta, necesitaba comprobar que lo que le había mostrado era real, incluso si eso significaba arriesgarse a ser corrompido por un dios que ya había probado poder corromper a unos de sus hermanos.
Roboute no estaba seguro de cuanto más lo protegía el juramento que Slannesh había realizado cuando se conocieron, pero esperaba aun siguiese en efecto, las condiciones aún no se cumplían, sí, pero los dioses no eran conocidos por ser honestos.
Puede que incluso él ya hubiese sido corrompido, y ya no era más que una marioneta, marioneta cuyas cuerdas Slannesh jalaría cuando quisiese, pero aun así él debía seguir, debía confiar en que él podría triunfar en donde todos antes que él, incluso su padre, habían fracasado.
Esta lucha, no era solo por él o sus intereses, era una lucha para salvar el alma de la mismísima humanidad.
Roboute se inclinó hacia atrás en su asiento, mientras los paneles de seguridad bloqueaban todas las ventanas, Pharus Spei estaba listo para saltar nuevamente a las corrientes del inmaterium. De momento los saltos habían sido pequeños, más que nada por precaución, el primarca aun podía sentir como los oscuros dioses lo buscaban. Seguramente su desafío cuando ignoro su llamado en el trono de su padre, era una falta que no perdonarían pronto.
De momento el Primarca seguía lejos de su atenta mirada. Roboute no sabía cómo sabia eso, pero una parte de él, sabia, muy en lo profundo de su ser, que los dioses aun no podían localizarlo. Esperaba ese sentimiento fuese verdad, pero la esperanza a menudo era peligrosa, por lo que el primarca mantenía la espada de su padre cerca, si alguno de los siervos de los dioses oscuros lo encontraba, él se defendería.
Nuevamente la nave salto a la irrealidad. Y mientras Guilliman recorría el inmaterium, extrañas voces susurraban en su cabeza, recuerdos ya olvidados de una vida que nunca existió, verdades que desaparecerán de su memoria cuando este regrese al mundo real, y una voz, una voz que lo llamaba.
Nada de eso pertenecía a los dioses oscuros, él lo sabía, eran algo más. Algo relacionado con el origen de los primarcas.
Guilliman siempre había sentido esas cosas cuando se movía por el inmaterium, ya sea en una nave, o en un teletransportador. Algo en el inmaterium lo llamaba cual sirena, y si no fuese por su fuerza de voluntad, seguramente se habría perdido hace mucho tiempo.
Pero en esta ocasión, Roboute pudo sentir algo más, una canción, una melodía que no había escuchado desde hace mucho tiempo, algo más lo llamaba, algo nuevo se movía por las siempre cambiantes mareas del inmaterium, despertado por su imprudente manipulación de las comunicaciones astropaticas. Algo en esa parte oscura y lejana del inmaterium se había despertado, y lo estaba llamando.
Por unos segundos el primarca se sintió tentado a responder. Sabía que eso podría encontrarlo, el primarca solo necesitaba pronunciar la palabra adecuada, y eso que lo llamaba lo llevaría a su lado en cuestión de segundos.
-No. –Susurro el primarca mientras alejaba su conciencia de lo que sea que lo estaba buscando, no era el momento de probar suerte, debía concentrarse en la misión que tenía delante, no tenía tiempo que perder.
Fue en ese momento que lo noto, uno de los ojos de los dioses oscuros estaba casi sobre él, si no salían en este instante del inmatarium, el gran enemigo sabría su localización. Por suerte el navegante también noto que seguir en las corrientes del inmaterium era peligroso, por lo que la nave realizo una maniobra de emergencia, y abandono el inmaterium rápidamente.
El choque con la realidad dejo al primarca un poco confundido, las voces, los recuerdos, y todo lo que él creía haber aprendido del inmaterium desapareció con la misma velocidad que la nave regresaba al plano real. Roboute había olvidado todo, todo menos la melodía que lo llamaba, esa melodía un podía escucharla dentro de su cabeza.
-Las mareas del inmaterium parecen ser muy peligrosas en estos momentos. –Comento Guilliman con desinterés.
El archimago Belisarius Cawl asintió.
-Sé que es poco científico, pero no podemos negar como afectan los sucesos en la galaxia al Inmaterium. - Belisarius Cawl saco una tabla de datos. –Sé que es un poco pronto, pero me gustaría que leyese estos datos, pertenecen al Belisarius Cawl de esta línea de tiempo.
-Y son relevantes ¿Por qué razón?
-Son de una investigación sobre los "caminos" del inmaterium. Según mi contraparte, nosotros solo podemos navegar por las "aguas" poco profundas del inmaterium, pero hay formas de moverse que son aún más rápidas, pero están en la parte más profunda de este "mar"
-Creo haber leído algo de eso. –Roboute Guilliman se esforzó en recordar un documento que había leído poco después de su llegada a Terra al final de la Herejía de Horus. –Si la memoria no me falla, hay un informe de los Cicatrices Blancas sobre esos caminos. Pero no puedo recordar bien.
-Una lástima, ese informe podría ser material importante, pero no importa. Por favor lea las conclusiones de la investigación que realizo mi contraparte en esta línea de tiempo.
Roboute Guilliman leyó en silencio, aunque no entendía casi nada de lo que estaba leyendo. Era una lástima, él no era psíquico, por lo que los detalles de esta investigación le eran casi totalmente ajenos.
Aun así, hubo una palabra que le llamo poderosamente la atención.
- ¿Qué es este athame?
-Según las investigaciones de mi otro yo, es un arma, un arma que puede cortar las barreras que dividen lo real, del inmaterium. Una especie de portal de bolsillo.
Roboute Guilliman se quedó pensativo, sabia como crear un athame, ya lo había hecho, Slannesh se lo había tragado sí, pero él podía hacer otro.
-Una herramienta que corta la barrera que separa lo real del inmaterium. Suena a que es un arma muy poderosa.
-Y muy inestable, según las investigaciones de mi contraparte, esta daga no solo era capases de abrir un portal entre dos puntos, también es capaz de hacer fisuras en la realidad, de hecho, en un experimento que salió mal, la daga corto una fisura por la cual 88 demonios menores de Khorne invadieron su laboratorio.
-Suena a que fue un problema
-Sin dudas mi señor.
Nuevamente las láminas de seguridad comenzaron a cubrir las ventanas de la nave, era el momento para realizar un nuevo salto.
Roboute nuevamente estaba en el inmaterium, y todo comenzó de nuevo, voces, recuerdos, verdades, y preguntas lo volvieron a asaltar. El primarca ignoro todo, sabiendo que una vez escapase de este lugar maldito olvidaría todo lo que creía haber aprendido en este lugar.
Pero en esta ocasión, un recuerdo particular logro llamar su atención. La brecha que la investigación realizada por Belisarius Cawl señalaba, era algo que él ya había visto, en otro tiempo, en otra vida, en otro cuerpo.
Roboute Guilliman recordaba las brechas, creadas por un experimento que había salido horriblemente mal, muchos científicos trataron de explicar su naturaleza, y de usarlas para transportar materiales de forma instantánea de un lugar a otro, y aunque se podían enviar objetos inanimados sin mayores complicaciones, enviar a cualquier ser vivo atreves de estas grietas era horrible, los sujetos de prueba que fueron enviados atreves de una de esas grietas, o regresaban con traumas psicológicos que imposibilitaban cualquier forma de comunicación, o regresaban convertidos en carne molida.
Después de cientos de pruebas fallidas se llegó a la conclusión de que en el interior de la grieta existía una especie de súper depredador que atacaba a cualquier cosa medio comestible que pudiese encontrar.
Los investigadores trataron de enviar cámaras, para tratar de descubrir algo, pero nada, las caramas simplemente no parecían funcionar dentro de la grieta. La investigación se paralizo en ese momento. Si bien poder enviar cargas inorgánicas de la Tierra a Marte en cuestión de segundos era genial, la idea de que podrían ocasionar que un súper depredador hambriento de otra dimensión lograse llegar a esta dimensión aterro a todos los presentes, en especial, porque ya había algunos casos de desaparecidos en extrañas circunstancias.
El primarca se apretó la cabeza, tratando de olvidar, no quería seguir recordando, estos no eran sus recuerdos, esta no era su vida, esto, esto no era él. Solo que eso era falso, estos recuerdos eran suyos, de una vida vivida antes de convertirse en lo que sea que el emperador lo había convertido.
La naturaleza calmada del primarca evito que este perdiese el control. En vez de luchar contra algo que no entendía, se concentró en aprender todo lo que pudiese, excepto que eso tampoco tenía sentido, tan pronto como esta nave abandonase el inmaterium olvidaría todo lo que había aprendido.
Todo lo que hubiese aprendido se iría cuando el regresase al pleno real. los recuerdos, las verdades, todo se iría apenas esta nave regresase a la realidad. No había sentido en tratar de aprender nada, él lo olvidaría.
Excepto que talvez no tenía que hacerlo, que algo se olvide no significa que desaparezca. Con dedos agiles comenzó a escribir los datos importantes que el acabada de descubrir en un archivo, un archivo que estaría guardado en la memoria interna de su armadura, incluso si el olvidaba todo, el archivo seguiría. El conocimiento no tenía por qué desaparecer.
Mientras escribía sintió como la mirada de los dioses del caos nuevamente convergían sobre su posición, este viaje estaba a punto de terminar, era una lástima, no había logrado escribir ni la mitad de lo que creía podría ser importante. Bueno ya habría otra oportunidad.
Mientras el final se aproximaba, Roboute no pudo evitar preguntarse; cuantas veces ya había estado en una situación similar. Esta no era la primera vez que viajaba en el inmaterium, seguramente en más de una ocasión ya había llegado a la conclusión de que podía guardar todo lo que aprendiese en el inmaterium en un pequeño blog de notas, para que pudiese recordarlo en el plano real. ¿Por qué nunca lo había hecho antes?
¿Acaso había una trampa en esto que estaba haciendo?
¿Debía seguir con su plan o mejor ignoraba los susurros del inmaterium?
La posibilidad de que todos estos "recuerdos" no fuesen más que una vil mentira, un engaño destinado a corromperlo, era muy real.
¿Debía arriesgarse? No, talvez lo mejor era no arriesgarse, ya estaba jugando con poderes más allá de su comprensión, lo mejor sería no tentar más a la suerte.
Borro el archivo, todo lo que había averiguado no valía el riesgo, y ¿Qué importaba si era verdad? ¿Realmente importaba si él había sido alguien más antes de ser un primarca? No, eso no importaba, él era Roboute Guilliman en estos momentos, y eso era todo lo que importaba.
La nave volvió al espacio real, todo volvió a la normalidad, ya estaban cerca de su destino, posiblemente en unos dos o tres saltos más llegarían a Macragge.
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El palacio del placer de Slannesh era un maldito cementerio, literalmente no había una sola alma dentro del palacio, ya sea de esclavo o demonio. El príncipe del exceso había logrado capitalizar lo máximo el discurso que había dado el XIII, había logrado expulsar a fuerzas rivales al aprovechar la distracción de sus hermanos, y en varios frentes había logrado consolidar su total dominio, incluso había logrado expulsar a los sirvientes de Nurgle del jardín de rosas sangrientas, claro que recuperar este lugar llevaría milenios, pero al menos su hermano ya no contaminaba uno de sus lugares favoritos. Pero esta victoria no había llegado sin sacrificios, millones de sus siervos habían perecido en las campañas de reconquista, por lo que el gran palacio se había quedado completamente vacío, puede que aun hubiera algunos demonios menores en las cloacas, pero en sí, el palacio estaba vacío.
La Sedienta se sentía un poco sola en su palacio, era una extraña sensación, el siempre animado palacio estaba tan callado, que la diosa era capaz de oír los gritos de las almas de los eldars que se había comido.
No era como se quejase, esto que sentía era nuevo, y ella siempre buscaba sensaciones nuevas, pero está en particular no le agradaba. Debía encargarse de sus hermanos, obligarlos a alejarse de sus territorios, pero, aunque había logrado hacerlos retroceder, sus hermanos eran tercos y se negaban a aceptar su derrota.
La guerra duraría varios milenios más antes de que La Sedienta pudiese ver su reino recuperado, pero esta situación, era algo que ella no toleraría.
La diosa se sentó en su trono, no había sirvientes o alguien que le hiciese compañía, pero eso no importaba, la diosa necesitaba concentrarse en su siguiente movimiento.
Influenciar en el XIII había resultado ser algo impresionante, todos los poderes del inmaterium lo estaban buscando en este momento, algunos para tratar de tentarlo, otros para destruirlo, no importaba, la cuestión era que un único primarca había causado tan desastre en el inmaterium, como no se había visto desde el fallido nacimiento del rey negro.
Obviamente ella tendría que entregar el artefacto prometido al primarca, en especial porque al entregárselo, la posibilidad de que este causase otro desastre aumentaba drásticamente.
El problema era; ¿Cómo entregárselo? si alguno de sus hermanos se enteraba que ella había influenciado en las acciones del XIII, seguramente una nueva guerra estallaría, una guerra que ella no estaba preparada para afrontar, sus ejércitos ya estaban demasiado mermados como para enfrentar una nueva guerra.
Slannesh sujeto el martillo, un viejo y algo desgastado martillo, herramienta del ya olvidado y devorado dios Vaul, el señor de todos los herreros y artesanos Eldars. Era sorprendente todo el caos que esa pequeña y casi inútil arma había causado. Y eso que aún no estaba en las manos del primarca.
Pero ¿Por qué tendría que detenerse solo allí?
En el universo aún quedaban cientos de miles de esas reliquias cargadas de poder divino. Si un pequeño martillo había causado tanto alboroto ¿Qué pasaría si alguien lograse encontrar algo más poderoso?
En la galaxia había varios primarcas perdidos en el infinito mar de estrellas, no sería muy difícil torcer el camino de alguno de ellos para que en su camino se topase con alguna reliquia de la época donde los dioses aun caminaban entre los mortales.
Lorgar, era un ejemplo claro, su fe ciega al emperador, y su fanatismo lo hacían un candidato perfecto. Si torcía un poco su camino, el señor de la XVII legión, primarca de los portadores de la palabra…seria solo un soldado más.
Slannesh se desinflo al darse cuenta de que muchos de los primarcas leales usarían su poder para proteger al imperio de la humanidad, luego estaban los primarcas traidores, estos solo usarían sus nuevos poderes para destruir a sus enemigos, que reacciones tan poco imaginativas.
No, no tenía sentido, sería un gasto innecesario de energía, y lo único que obtendría era una reacción mediocre. Ella quería caos, otro evento que sacudiese a toda la galaxia, que el mismísimo inmaterium se desbordase por los eventos que estaban ocurriendo en el plano real.
¿Dónde encontraría a alguien que pudiese agitar las cosas tanto como lo había hecho él XIII hijo del anatema? No, mejor aún, ¿Por qué lo estaba buscando?
Ella ya conocía a alguien que podía ocasionar un desastre similar al que azotaba las mareas del inmaterium en estos momentos, después de todo, ya había causado un evento similar cuando quemo el jardín de la plaga, y amenazo al propio Nurgle con una pequeña espada llameante.
Roboute Guilliman, estaba activo en otro escenario también, y en ese también había habido varios eventos trascendentales.
-Muy bien XIII te lo has ganado, yo Slannesh, diosa del caos, castigo de los Eldars, y la eterna sedienta de almas, lo proclamo, reconozco tu existencia, y tu nombre. Roboute Guilliman. -Estaba hecho, ningún dios podría volver a referirse al XIII primarca con otro termino que no sea su nombre.
El martillo de Vaul ya había sido prometido, pero en la galaxia aún quedaban cientos de artefactos que ella podía usar para forzar la mano del destino.
Y la Sedienta ya tenía uno en mente, el XIII primarca, ya había causado un caos al quemar el jardín de Nurgle, al emplear la espada del Anatema ¿Cuánto caos más podría crear entre sus hermanos si se le entregaba un arma más grande? Un arma que ya había cobrado un incalculable precio en almas mortales y divinas.
Slannesh saco la athame que le había robado de Roboute Guilliman la primera vez que se conocieron. Era hora de agitar las cosas.
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Desde hace ya muchos años que Amberley Vail ya no era más que una vieja retirada. Atrás habían quedado esos días donde la vieja inquisidora tenia fuerzas para recorrer el vacío del espacio, llevando la justicia del emperador a los rincones más olvidados de la galaxia.
Era un final un poco deprimente, pero Amberley Vail no se quejaba, había visto a muchos jóvenes prometedores morir por proteger el imperio, había enviado a muchos más a morir en guerras que ya estaban perdidas. Un retiro por vejes era simplemente un justo castigo por sus fallas.
Aun así, la antigua inquisidora, no podía evitar sentirse sola.
La galaxia estaba partida a la mitad por la mayor tormenta disforme de la que se tenga registro alguno, cientos de razas xenos resurgían del olvido para llevar destrucción al imperio de la humanidad, y los traidores a la gracia del emperador lanzaban campañas que tenían como único final la destrucción de todo lo que el imperio representaba. Y en el momento de mayor necesidad de la humanidad, Roboute Guilliman, primarca de la XIII legión, señor de Ultramar regresaba al mundo de los vivos.
Si Amberley Vail no fuese tan vieja, a ella le hubiese gustado lanzarse a las estrellas y unirse a la cruzada de reconquista que el primarca había lanzado. Pero eso era imposible, su cuerpo ya era viejo, muy viejo, tanto que incluso los mejores tratamientos de rejuvenecimiento que podía pagar, no harían mucho para cambiar su actual situación.
Era una lástima, en la hora más oscura de la humanidad, ella estaba postrada en una cama, en su finca privada, atendida por todos sus siervos. Este sin dudas no era el modo en el que a ella le hubiese gustado morir.
Bueno, eso no importaba, ya nada importaba, lo único de lo que la inquisidora se arrepentía en verdad, era no haber podido encontrar un sucesor digno. Ella se moría, sin nadie digno retomar el trabajo que dejo inconcluso.
La inquisidora gruño una maldición, no tenía sentido quejarse, ella fue quien le negó a Caifas Cain un heredero. En ese momento pensó que la maternidad interrumpiera su trabajo, ahora se daba cuenta que, en su idiotez, le había negado al imperio el heredero de uno de los más grandes héroes de este sector, y un heredero que completase su trabajo.
Con amargura cerro sus ojos, ya no quería pensar, tomaría un trago, y se iría a dormir, con un poco de suerte, en esta ocasión ya no despertaría para ver sus fracasos acumularse uno sobre otro.
Sin embargo, sus sueños no fueron una optimista re imaginación de sus recuerdos, en su lugar vio como la galaxia ardía, los mundos destruidos por los engendros del caos, los xenos enloquecidos esclavizaban a los pobres humanos que no habían muerto, y todo esto mientras la risa de los cuatro grandes dioses retumbaba en el fondo.
Vio al primarca luchar contra los enemigos de la humanidad, lo vio realizar actos de increíble heroicidad, lo vio organizar sus ejércitos de tal manera que los enemigos de la humanidad tuvieron que pagar un terrible precio por cada centímetro ganado. Pero al final el primarca perdía, no importaba cual fuerte, o cual buen táctico fuese, el primarca estaba solo contra los enemigos de la humanidad, al final esto simplemente lo abrumaron a base de solo sus números.
Y en medio de todo ese caos vio algo más, una voz la llamaba, una voz tan hermosa que su alma misma se sentía conmovida con solo escucharla. Aun así, la inquisidora logro mantener la cordura como para entender el mensaje.
La voz le pedio buscar ayuda para el primarca, la incitaba a buscar la herramienta que el primarna necesitaría si quería inclinar la balanza a su favor.
Allí, en medio de un mundo muerto ya hace miles de años, descansaba el poder que ayudaría al primarca a triunfar en su lucha contra la oscuridad.
Amberley Vail se despertó de golpe, sus viejos huesos no le dolían, además de que sentía una fuerza, una vitalidad que no había sentido en décadas. El emperador aún tenía una tarea más para ella ¡Y por lo más sagrado, ella iba a cumplirla!
El nombre del sistema solar no significaba nada para la inquisidora. Pero una investigación aclararía todas sus dudas.
La inquisidora se levantó y con voz potente llamo a su siervo.
-Llama a ese pedazo de chatarra, que dice ser mi mecánico, quiero que me dé una descripción total del sistema Olimpia, su localización, sus mundos, su historia, ¡Todo!
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Magnus estaba tranquilo, buen tan tranquilo como se puede estar después de superar una invasión a la mismísima cuna de la humanidad por parte de tu hermano traidor, un semidiós de cuatro metros de alto, con una habilidad de procesamiento que deja en pañales a una computadora cuántica.
Hasta cierto punto el primarca había aceptado, a regañadientes, que Roboute Guilliman no había tenido intenciones hostiles, la situación fácilmente pudo haberse vuelto mucho peor si su hermano realmente hubiese tenido intenciones oscuras para con su padre.
De hecho, la situación había estado tan cerca al desastre, que en la luna de Titan, en la órbita de Saturno, el decreto ultima había estado a nada de ser activado. Afortunadamente todo salió bien, el imperio de la humanidad vivía para contar otro día mas.
Las pérdidas sufridas en la invasión eran mínimas, tanto para los civiles como para los startes, al menos las que sufrieron por parte de Roboute, porque la revuelta que organizaron los altos señores de Terra eran astronómicas. Si el Imperio quería reponerse iban a tener que hacer algo con los altos señores que habían logrado escapar.
Bueno, eso sería para después, de momento, el Imperio tenía que sacar pecho, con una demostración de poder, una que calmase a las masas ignorantes. La noticia de que dos hijos del emperador habían vuelto en esta hora de necesidad había ayudado mucho a mantener la moral. Aun así, el mensaje de Roboute seguía recorriendo la galaxia, ya para este momento era imposible determinar cuántas personas lo habían escuchado.
Magnus maldijo mientras se imaginaba el actual estado de la galaxia, debían reparar rápido las comunicaciones astropaticas antes de que sectores enteros se levantasen y tratasen de unirse a Ultramar.
De momento no habían llegado informes de deserción, pero era cuestión de tiempo para que estos inundasen todas las vías de comunicación posible.
El primarca se froto la cara, era obvio que cualquiera que fuese el objetivo de Roboute Guilliman cuando realizo ese comunicado, se había cumplido. Ahora solo restaba saber; ¿Qué era lo que esperaba lograr? y ¿Cómo evitar que esto les perjudicase?
-Bueno, perdido lo perdido, hay que concentrarse en lo que aún se puede lograr. –Magnus comento en voz alta, más que nada para recordarse a sí mismo que no podía cambiar el pasado.
El primarca de un ojo levanto un informe diferente, en estos se veian que estaban haciendo sus hermanos.
Alpharius estaba enloquecido mientras planificaba una invasión a Ultramar a toda escala, por lo que podía ver, el plan era inviable, incluso en la época de la gran cruzada, y con las 20 legiones aun leales, el plan de Alpharius era simplemente una locura.
Debería tratar con el rápido, o terminaría causando un desbalance en las fuerzas imperiales que afectaría negativamente a la galaxia.
Luego estaba Perturabo, el señor del hierro en un extraño arrebato de carisma había organizado un desfile por todo el planeta, para elevar la moral de todos los humanos.
En si el plan no era una mala idea, y ayudaba a mantener la morar en este momento. Simplemente estaba sorprendido que fuese el estoico primarca de la IV legión quien sugiriese ese curso de acción.
De momento dejaría sus dudas al aire, las masas estaban calmándose, y la morar estaba recuperándose, todo estaba bien.
Luego estaba el tema de Konrad Curze, el acechante nocturno había estado en un estado meditabundo desde su encuentro con Roboute Guilliman, eso era raro. Magnus no recordaba que ambos tuviesen algún vínculo que los uniese, pero lo mejor era preguntar, no necesitaba que la semilla de la duda fuese plantada dentro del alma de otro de su hermano.
Toco un boto en su escritorio, y le pidió a su hermano Curze una reunión con carácter urgente, la cual fue acceptada rápidamente. Magnus realmente no había esperado que su hermano aceptase esta reunión, en su primer intento.
Así que la sorpresa aun marcaba su alma cuando el acechante nocturno ingreso a su oficina.
-Me has llamado hermano, y aquí estoy. –Saludo Curse con su característico tono de voz apagado.
-Es bueno verte hermano. –Magnus estaba sorprendido, 10 000 años, no habían hecho que su hermano se viese menor amenazante.
-Habla de una vez, no soy de los que les gusta andarse por las ramas, hermano.
Magnus tuvo que admitir que esta situación era extraña, su hermano había muerto hace mucho tiempo, más del que él se atrevía a considerar, y, aun así, estaba aquí, parado frente a él.
-Hermano, has estado actuando extraño desde tu enfrentamiento con Roboute. ¿Acaso viste algo en tus visiones que te ha afectado?
-Mi enfrentamiento con Roboute no tiene nada que ver en esto. Yo morí hermano, sé que lo hice, recuerdo el sonido cuando Dorm me rompió todos los huesos, recuerdo el sabor de mi propia sangre, recuerdo haber visto como la muerte llegaba para reclamar mi alma cuando el maldito traidor levanto su espada y le puso final a mi sufrimiento. Y aun asi estoy aquí, vivo, con un cuerpo sin heridas, 10 000 años después. ¿Quién no estaría algo afectado?
Magnus asintió, lo que Curze decía era verdad, incluso para un ser que sobrepasaba a la humanidad, un semidiós como la eclesiarquia lo consideraba, debía ser impactante escapar de la muerte, despertar 10 000 años después, y ver el estado decadente en el que se encontraba la humanidad.
-Yo, comprendo hermano.
Magnus no sintió que pudiese decir algo más, una parte de él le hubiese gustado que su hermano le criticase, le acusase sobre el estado de las cosas, le hubiese gustado justificarse, comparar que pudo hacerse, cualquier cosa, pero su hermano siempre fue más de los callados. Aun así, pregunto.
- ¿No tienes nada que decir sobre el estado de la galaxia?
-Te mentiría si te dijese que no lo vi venir. Mis visiones siempre me mostraron un oscuro futuro, uno donde el imperio de nuestro padre lucharía contra los dioses del caos, con la ignorancia y la superstición como sus armas principales. Traté de evitar ese destino, y de cierta forma lo hice, algunas cosas cambiaron, pero de alguna forma, eso no valió la pena. El imperio esta tan mal como mis visiones me lo mostraron, y lo único que cambio no parece ser algo digno de mención.
-Ya veo. –Magnus se sintió algo decepcionado, pero estaba bien, su hermano no lo culpaba por la condición actual de las cosas, eso ya era algo. Aunque algo le llamaba la atención, aun había una pregunta que realizar. –Hermano, antes de que te vayas me gustaría hacerte una pregunta. ¿Viste algo cuando tú y Roboute Guilliman se encontraron en el trono de nuestro padre?
Konrad Curze negó con la cabeza.
-Nunca he podido ver el futuro de Roboute, de hecho, el nunca apareció en mis visiones, a ratos sus hijos aparecían brevemente, pero solo eran pequeños vistazos, nada concreto.
Magnus levanto una ceja ante esa declaración. Eso era muy raro, su hermano Konrad Curze había podido predecir el estado actual de la galaxia hace más o menos 10 000 años, pero nunca pudo ver a su hermano Roboute Guilliman. Eso era algo desconcertante.
-Está bien hermano. Déjame pasar de tema. –Magnus entrego una tabla holográfica. –Sé que esto puede sonar un poco desagradable de mi parte, incluso puede que hipócrita, considerando todas las veces que me queje que lo hicieses, pero necesito que lleves a tu legión a dar escarmiento a los altos señores de Terra sobrevivientes.
Konrad Curze sonrió, esta era la primera sonrisa verdadera que el primarca había visto en el rostro de su hermano en…toda su vida.
-Siempre fuiste una de las voces que condenaban mis acciones, ¿Y ahora las apruebas?
Magnus podría haber negado esa declaración, quería hacerlo, pero estaba cansado, muy cansado.
-Sí, hermano, apruebo tus acciones.
Konrad Curze estallo en risa, una risa, oscura, y que no transmitía nada más que miedo al primarca de los mil hijos.
-Como usted ordene mi lord comandante.
Konrad Curze se retiró de la oficina, de la misma forma que había ingresado, en silencio y envuelto en sombras.
Magnus sintió algo de miedo y asco, pero no pudo identificar si esos sentimientos eran contra su hermano, o contra el mismo. Bueno, eso no importaba, era hora de llamar a Alpharius.
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Esto era su culpa, toda la situación actual era su maldita culpa, la muerte de sus hijos genéticos, la casi destrucción del palacio imperial. ¿Por qué no había matado a Roboute Guilliman cuando tuvo la oportunidad?
Fue Omegon quien se quedó a combatir contra su hermano traidor, nadie lo obligo, fue su elección. Aun así, él seguía culpando a Roboute de la muerte de su gemelo. Y en su irracionalidad había condenado a la galaxia. Debía encontrar una forma de arreglar su error.
Alpharius bajo la cabeza, sus planes para invadir Ultramar eran una locura, carecían de sentido y lógica, era imposible que el imperio pudiese mover tantas fuerzas leales, no sin sacrificar cientos de mundos en otros frentes.
Al final él nunca fue muy hábil en esto de realizar tácticas, su fuerte siempre había sido el engaño y el sortilegio, y Roboute Guilliman había vuelto eso en su contra. Convirtió a sus hijos en traidores, uso sus protocolos de la última puerta en su contra, incluso pudo manipular a los altos señores de Terra con las mismas herramientas que el usaba para manipularlos.
Si Roboute Guilliman había aprendido a usar el engaño y el sortilegio, él debía aprender a usar las tácticas de su hermano.
Alpharius saco de un cajón un libro, este era una copia muy antigua del Codex Ultramar, en su momento el primarca solo lo leyó para encontrar sus puntos débiles, y usarlos para romper a Ultramar por dentro, pero como los Ultramarinas cambiaban y actualizaban tanto el maldito libro, resulto más eficiente cambiar sus tácticas sobre la marcha.
No más, él iba a investigar, iba a aprender como su hermano veía el mundo, analizaría sus tácticas, sus estrategias, y encontraría las fallas en la psique de su hermano traidor.
Abrió el libro, pero no pudo leer, su hermano Magnus le solicitaba una reunión.
Normalmente se negaría, no tenía ánimos de pararse frente a ninguno de sus hermanos, pero a la luz de sus fracasos, no podía arriesgarse a que su hermano considerase la opción de eliminarlo. No al menos hasta que lograse arreglar el problema que él mismo ocasiono.
Llego a la oficina de Magnus en menos de 30 minutos en el pasillo, Alpharius se topó con Konrad Curze, quien jugueteaba con una pantalla de datos. Seguramente Magnus le había encargado al acechante nocturno el llevar la retribución imperial.
Alpharius ignoro a su hermano, no tenía nada que decirle. En especial ahora.
Cuando ingreso a la oficina, Magnus estaba examinando una tabilla de datos.
-Ya llegué hermano, ¿De qué quieres hablarme?
Magnus levanto la mirada, no era una mirada de odio o decepción, como el primarca había esperado ver en la mirada de su hermano. En su lugar había comprensión y perdón.
Alpharius no sabía si eso le dolía más.
-Hermano, permíteme ir directamente al punto ¿Cómo lograste regresas a Terra tan rápido?
Alpharius gruño, no quería responder esa pregunta, en especial esa pregunta, pero no podía evitarlo, no estaba en una muy buena posición, así que lo mejor sería contar la verdad, no era como si su hermano no tuviese sus sospechas sobre los métodos que había empleado.
Talvez esa era la razón por la cual el primarca de los señores de la noche estaba esperando en el pasillo de afuera, ¿Si Magnus no estaba satisfecho con sus respuestas seria eliminado? Alpharius sabía que podría escapar de Magnus, tenía sus métodos, pero si se enfrentaba a dos primarcas a la vez, no, ¿Por qué estaba pensando en escapar? Él era un leal hijo del emperador, si la muerte era su castigo por sus errores, él la aceptaría gustoso.
-Por la telaraña. Hermano, me cobre un favor que Eldrad Ulthran me debía.
-Un nombre peligroso a aparecido de repente. Hermano no creo tenga que recordarte que tus "alianzas" con las razas xenos no son bien vistas por el imperio.
-Hago lo necesario para que el imperio de nuestro padre no caiga en la anarquía y el caos, si para lograrlo tengo que aliarme con xenos, que así sea.
Alpharius y Magnus se miraron fijamente, ambos buscando algún indicio de traición en su mirada. Al final fue Magnus quien se dio por vencido.
-Eldrad Ulthran es un tramposo oportunista, seguramente este favor tuyo vino con una condición ¿verdad? ¿Cuál es?
Alpharius sonrió, los años no habían entorpecido los sentidos de su hermano.
-Eldrad Ulthran desea….
Ambos primarcas se quedaron en silencio, mientras sentían como una tercera presencia se manifestaba en la oficina de Magnus.
-Si no es mucha molestia, me gustaría aclarar mis términos, yo mismo.
Eldrad Ulthran había llegado, el Eldar había entrado en una de las habitaciones más seguras del imperio, y nadie parecía haberlo notado.
Alpharius y Magnus se levantaron, listos para saltar sobre el Eldar, pero este los calmo.
-Por favor, que haya paz, no estoy armado, como pueden ver, solo he venido a parlamentar.
Magnus fue el primero en relajarse, al menos en apariencia, sus poderes ya habían envuelto la habitación, nada podría entrar o salir mientras él siguiese vivo.
-Habla de una vez xeno, y desde ya te digo, que, si comienzas con tus artimañas y o adivinanzas, no vas a salir de este lugar.
La declaración de Magnus no afecto a Eldrad Ulthran quien estaba sonriendo con una mueca que simulaba diversión.
-Vengo a ofrecer mi ayuda.
- ¿Qué tipo de ayuda?
-Nuestros mejores videntes han determinado que no podemos dejar que Roboute Guilliman siga vivo, el mundo Astronave de Biel-Tan, la cámara de Rakarth, y una partida de caza de Arlequines, ofrecen su ayuda para la completa exterminación del segmentun Ultramar.
Alpharius y Magnus se quedaron sin palabras, era raro que los Eldars se movilizasen, mucho más que tantas fuerzas de diversas facciones Eldars se juntasen, y aún más raro, que estos presumidos Xenos estuviesen dispuestos a cooperar con la humanidad ¿Qué había provocado esto incomoda alianza?
Listo oficialmente la segunga temporada da inicio.
Agradezco a todos los que comentan mi historia, sus comentarios son el combustible que impulsa esta historia. Muchas gracias.
Hasta la próxima semana(espero) BYE.
Por cierto, una duda. ¿Les gusta la imagen que pedí para este fic?
La imagen de este fic la creo zaicomaster.
