Percy Jackson, pertenece a Rick Riordan.

Corrige tus errores y sonríe al futuro.

16: Seducción para protección del Campamento.

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(N/A: Se viene intento de Lemon Fem-Percy x Nyssa)

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Gracias a que Luke seguía siendo el respetado líder del Campamento y a quien más admiraban (además de Clarisse), entre nosotros tres, nos aseguramos de aumentar el entrenamiento de los Campistas, ya sean novatos o con años de experiencia, pacíficos o rudos. No hacía diferencia alguna, todos eran niños a mis ojos, niños que los Sinos se habían encargado de llenar sus vidas con monstruos cada quince metros. Y era mi deber el entrenarlos para que puedan tener un final feliz.

Si eran buenos con el arco, los entrenaba con espadas y combate cuerpo a cuerpo. Si eran buenos con una lanza, los entrenaba con dagas. Si confiaban en bastones o palos, les enseñaba a arrojar a distancia. Cubría cualquier debilidad que tuviesen para que luego algo no los sorprenda o queden expuestos. A pesar de que todavía mi aspecto físico no sea el óptimo, podía con replete facilidad ganar pelear mano a mano contra cualquiera de ellos. Pero eso no significaba que me dejaba estar, cada mañana me la pasaba entrenando en mi cabaña.

Pronto, Clarisse y Thalía, me hicieron notar, que mi lado Romano estaba a flote: Ellas me enseñaron las diferencias entre mi estilo de esgrima actual (y el que yo estaba enseñando a los Campistas) y el estilo de esgrima griego.

—Creo que te has acostumbrado a empuñar y emplear tu espada, con la esgrima del Campamento Júpiter. —dijo Thalía calmada y con una pequeña sonrisa burlona en su rostro, causándome un sonrojo.

—Diablos —gruñí, mirando hacia el cielo. Escuchamos a nuestro entrenador, llegando y las tres nos giramos. — ¿Quirón?

— ¿Son ustedes tres, las que están entrenando a los Campistas, en estas últimas semanas? —Preguntó Quirón, con una mirada paternal.

—Sí. —creí que tendríamos una sincronización perfecta. Creí que lo diríamos al mismo tiempo, con una sincronización perfecta… pero solo se escuchó mi voz, me giré y mi niña de la guerra y mi niña del pino eléctrico, ambas tenían sonrisas en sus rostros y temblaban, mientras aguantaban la risa y no les importaba, que yo las mirara como si fuera a matarlas. Suspiré. —Aunque confío en Luke, no me fiaré si la barrera es puesta en peligro o si los Toros de Colquide vuelven a atacarnos. He estado entrenando a los Campistas, desde septiembre.

Quirón asintió. — ¿Algún otro plan para protegernos de los Toros?

—Los toros son una cosa, pero otra más complicada: Es convencer de que protejan la línea de propiedad, pues el Pino ya no existe y solo por ser yo una diosa, puedo sentirlo. —dije yo, enfundando la espada —Usaré un tercio de mi poder divino y protegeré la línea de propiedad, ubicada en la Casa Grande.

—En cuanto a los toros: Quería excavar en el suelo, abrir una gran fosa y llenarla de lanzas reales, ya sabes: Las de picos de Bronce Celestial, no las de entrenamiento. —dijo Clarisse, encogiéndose de hombros, para ellos, quienes no eran hijos de Atenea (Quirón, Thalía y yo) asentimos, pues parecía un buen plan. —Quizás la Chica Sabia, tenga algún plan mejor que mi fosa.

—Seduciré… digo: Hablaré con Nyssa, para que rebusque los planos de los Toros y podamos medir cuan grande deberá de ser la fosa a cavar —dije yo.

—Clarisse y yo, montaremos la primera guardia en la Casa Grande, antes de que los infiltrados, intenten atacar. —dijo Thalía sonriente y burlona —Podía tener destellos desde el pino, de todo lo que pasaba en el exterior, incluso si los recuerdos no son totalmente fiables, si puedo decir que recuerdo el gran problema, en el que nos puso Luke, la última vez. Y sé que aquí solía estar el núcleo de la barrera, originalmente, antes de que mi alma y espíritu lo hicieran.

Primero: me dirigí hacía mi cabaña. Siendo yo, la única hija de Poseidón, entonces Papá (y seguramente Mamá Anfitrite, porque era raro que un hombre supiera que darle una dama) me había regalado un baúl, con cientos de vestidos: Blancos, negros, azul cían, azul turquesa, azul, añil, verde y varios juegos de collares de perlas y conchas.

Segundo: Agarré un vestido azul turquesa corto y me encaminé, hacía el bosque; empuñando en una mano mi espada y en la otra mi escudo.

Me interné en el bosque, sin encontrar casi enemigos…

Y eso bastó para que dos escorpiones del tamaño de perros dóberman, aparecerán y se me lanzaran encima.

Suspiré, mientras balanceaba mi espada y mi cuerpo, extendiendo mis dos brazos y golpeando con el escudo a un escorpión, desviándolo de mi lado y enterrando mi espada en la cabeza del escorpión que tenía delante de mí, volviéndolo polvo dorado. Me agaché y la cola del otro se me lanzó encima, yo lancé un corte con la espada, cortándole el aguijón y luego le enterré la espada en la cabeza, volviéndolo polvo. —Los monstruos se volvieron estúpidos, al acercarse a mí —Pensé fríamente en voz alta, mientras seguía hacía el Bunker 9. Cuando lo encontré, me sorprendió verlo ya, en pleno funcionamiento. Claramente: Alguien les habló a los de la Cabaña de Hefesto, respecto al Bunker y ya era habitable.

Entré convocando mi Atmoquinesia y no era fácil, pero al mismo tiempo, mi padre era el dios de las tormentas y logré convocar un rayo, que golpeó el ingreso al bunker, encendiéndolo y permitiéndome entrar, aunque antes de poder hacerlo, caí al suelo, sobre mis rodillas y mi mano derecha, lastimándome así, mientras respiraba agitadamente y usaba el tamaño de mi escudo, para empezar a empujarme hacía arriba y miré la entrada ahora abierta, era el mismo taller de gran tamaño: Con los planos colgados, lleno de herramientas, armas, esquemas, un mapa del Campamento, y varios planos de diseño de máquinas. Justo como la última vez, aventuré que apenas tendría 200 años de antigüedad, pues sabíamos (gracias a los hijos de Atenea) que el Bunker 9, ya se usaba por primera vez, durante la Primera Guerra Civil Mestiza, y en algunas ocasiones desde entonces. Y me hice una pregunta: Si el bunker estaba tan ligeramente limpio, con claras herramientas, armas desperdigadas, chatarra para emplear… Sin Leo aquí, quien era capaz de abrir el búnker utilizando sus habilidades de fuego, ¿Cómo era posible que otros semidioses pudieron acceder a él, especialmente en la actualidad?

— ¡¿PENNY?! —Beckendorf jadeó y Silena chilló.

—Tranquilos… no… estoy… viendo nada —dije yo, desde el suelo, intentando levantarme y desvié la mirada, pero una sonrisa burlona, apareció en mi rostro.

—Hola amor —me dijo Nyssa, acercándose a mí y ayudándome a entrar, apoyándome en su hombro y a sentarme en una silla.

—Aun así: TODOS ya lo saben. —dije yo, poniendo los ojos en blanco —Incluso los monstruos están enterados.

— ¿Qué pasó, mi amor? —Me preguntó Nyssa.

—Vengo a… intentar seducirte. —le confesé, mientras acariciaba su pierna y llevando otra mano a uno de sus bíceps —Para que ustedes forjen tantas lanzas de Bronce Celestial y Oro Imperial, como les sean posibles. Crearemos una zanja, para que los monstruos no puedan acercarse a cierta distancia del Campamento y vamos a empalarlos. —Me acerqué a sus labios y la besé, ella me acercó más a sus labios, mientras desabotonaba los dos botones de las correas en su overol, ella desabotonó un tercer y cuarto botón a cada lado de su cintura, deshaciéndose de él, demostrando que estaba semidesnuda, bajo el overol, agarrando sus pechos, masajeando sus pezones, haciéndola gemir.

Nyssa me bajó los pantalones y metió su mano, bajo mis bragas, acariciando mi Monte de Venus, haciéndome gemir y besándome, para que no gimiera.

A unos metros nuestros, escuchamos los gemidos de Beckendorf y Silena, quienes volvían a besarse y a hacerse el amor.

Nyssa separó sus labios de los míos y me dio una sonrisa. Contoneó sus caderas, miré su bella figura desnuda de chocolate, mientras contoneaba sus caderas, dirigiéndose hacia un armario con rodachines, en donde se inclinó, mientras que mis ojos se abrían y yo devoraba su bello culo y sus labios vaginales, con la mirada. Se volvió hacía mí, con un consolador con arnés, en sus manos.

Se lo metió en la boca, comenzando a hacerse una garganta profunda, mientras que me ayudaba a meter mis pies en lo que parecía ser el calzoncillo de cuero y yo lo ajustaba, gracias a una correa. Un escalofrío, típico del placer oral fálico, me recorrió. — ¡Wow! Nena —Fue como si me estuviera comiendo el pene, como si fuera un pene de carne. Como si yo fuera una Futa, le agarré del cabello y la llevé más a fondo, la obligué a tragarse el consolador hasta la garganta y usé su garganta para mi placer, sintiendo cientos de nervios de placer, que NO deberían de estar allí.

Finalmente, luego de varios minutos, lancé un grito orgásmico y en ese momento, de haber sido un chico, le hubiera llenado la garganta de…

De alguna forma, el consolador redirigió mi flujo vaginal, hasta la garganta de Nyssa, quien se sacó el consolador de la boca, y me sujetó con fuerza del trasero, mientras redirigía el consolador, hacía su vagina y me obligaba a arrebatarle la virginidad, de una única estocada, mordiéndose el labio, hasta hacerlo sangrar, con tal de no gritar.

Me moví dentro de ella, mientras nos abrazábamos, ambas gemíamos, maravilladas con esta situación.

Ambas caímos sobre una mesa, ella solo enredó sus piernas alrededor de mi cintura, mientras que yo seguía entrando y saliendo de ella.

No sé cuanto tiempo pasó, solo sé que no me vine de inmediato, jamás lo hice como Percy y al parecer, tampoco como Penny.

Cuando por fin terminé dentro de ella, Nyssa gritó de placer, mientras que yo me corría dentro suyo, con la fuerza de una manguera, cayendo casi desmayada encima suyo y sintiendo besos en mi cuello.

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Salí del Búnker 9, quizás una hora u hora y media después, mientras limpiaba la comisura de mis labios, sonriente, sabiendo que los hijos de Hefesto, se pondrían a actuar, en la protección del Campamento.