Modern AU


—Lo siento, señor Forger. Después de lo que pasó la última vez, preferiría que no volviera —dijo un hombre con voz temerosa—. Todavía estoy lidiando con las consecuencias de sus acciones.

La forma en que el dueño del restaurante describió la situación hizo que Loid estallara en risas.

—¿Así que estoy prohibido? No conozco a nadie que sea excluido por irse antes de que empezara el problema.

—Eso dice mucho de usted como persona, señor Forger —comentó el dueño del restaurante. Sin embargo, frunció el ceño para demostrar que hablaba en serio—. Por favor, le pido que se retire. No vuelva a entrar en este lugar.

Loid se encogió de hombros. Nunca había prestado mucha atención al restaurante, al menos no de la manera en que el dueño parecía presumir. Su único interés estaba en que era el favorito de Karen y siempre podía conseguir reservas gracias a uno de sus pacientes.

La única persona a la que le importaba ese lugar ya no era su pareja. Lógicamente, eso significaba que el restaurante ya no le importaba. Tal vez esa conclusión sonara tonta, pero en el fondo, sabía que era honesta.

—Le deseo lo mejor. Hasta nunca —murmuró mientras se alejaba, dejando atrás el episodio embarazoso y concentrándose en lo que realmente importaba en ese momento: encontrar un nuevo lugar para almorzar. Tenía un par de horas antes de que comenzara su turno de la tarde, y como no tenía muchos pacientes, decidió explorar la ciudad.

Su consultorio estaba en una avenida muy transitada, así que se topaba con toda clase de situaciones. A veces tenía que sortear andamios de construcción y otras veces a vendedores ambulantes, pero su larga experiencia en la ciudad lo había acostumbrado a ese entorno urbano.

Loid dejó que sus ojos exploraran todos los restaurantes a medida que avanzaba. No pudo evitar soltar un suspiro al ver los precios expuestos en algunos de ellos.

—Necesito estar cerca del trabajo, pero no tan cerca como para encontrarme con mis colegas. Algo que tenga cosas para Anya, pero no demasiado —comenzó a murmurar para sí mismo. Su paso se detuvo en medio del camino—. Me pregunto si...

—¡Auch! —exclamó alguien que le dio un empujón por detrás.

Loid notó que no fue prudente quedarse en medio del camino e intentó mantenerse en equilibrio para no caer. Por suerte, el empujón lo ayudó a enderezarse. Cuando recuperó el equilibrio, se volteó y vio que una mujer había sido la responsable.

—¿Eh?

La mujer delante de él tartamudeó disculpas.

—¡Lo siento mucho! Estaba tan absorta en mis pensamientos que no te vi. Perdóname por el incidente —se disculpó, inclinándose varias veces delante de él.

La respiración de Loid se detuvo por un momento, impidiéndole responder de inmediato. La sinceridad en la voz de la mujer le provocó un escalofrío reconfortante.

—No te preocupes por eso —respondió Loid con calma—. No fue tu culpa en absoluto. Estaba tan absorto en mis pensamientos que ni siquiera me di cuenta de que estaba parado aquí.

La mujer negó con la cabeza y levantó la mano.

—¡Permíteme compensarte!

Las palabras de la mujer dejaron a Loid confundido.

—¿Qué? —balbuceó—. Realmente no es necesario. Fue solo un accidente.

—¡Por favor, escucha! Trabajo en un café cercano, el Café Tortoni —respondió la mujer con determinación, aunque sabía que se sentía culpable—. Es muy famoso. Podrías comer allí o simplemente tomar un café.

Loid frunció el ceño, tratando de comprender lo que la mujer estaba sugiriendo. El Café Tortoni era un lugar que nunca había considerado visitar debido a su renombre y la posibilidad de que estuviera lleno de personas ansiosas por experimentarlo.

Sin embargo, después de una breve reflexión y considerando que era una oportunidad única, decidió aceptar la oferta.

—Está bien, si insistes, aceptaré tu oferta.

—¿De verdad? —preguntó la mujer con notable asombro, y Loid pudo ver un brillo especial en sus ojos—. Esto es maravilloso. Muchas gracias, gracias.

Loid asintió con otra risita.

—De nada, pero creo que me gustaría saber con quién estoy hablando —señaló, un poco más interesado.

—¡Oh, es cierto! —admitió ella, su voz cargada de ternura—. Mi nombre es Yor, Yor Briar. Trabajo como camarera en el Café Tortoni.

—Yor —dijo Loid. Un suave suspiro escapó de sus labios al pronunciar ese nombre—. Soy Loid Forger, un psiquiatra —agregó, extendiendo su mano—. Es un placer conocerte.

Los ojos de Yor se suavizaron mientras mantenían la mirada en sus manos estrechadas. Ninguno dijo nada cuando se separaron, pero el silencio alrededor de ellos era diferente.


Nota de la autora: ¡Saludos! Traigo otra actualización para esta colección. Originalmente, esto pertenecía a una historia larga, pero que descarté por motivos personales y ahora tengo ahí viendo que hacer con los capítulos restantes.

Al menos el prólogo se salvó para esta colección.

Ciao.