Disclaimer: El Manga/Anime de Bleach y el libro de Percy Jackson no son míos, todos son de sus respectivos creadores.

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Capítulo 2: Adiós Percy Jackson. Entra Hitsugaya Toshiro.

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Una hermosa mujer, de envidiable figura, largos cabellos negros recogidos con una elegante peineta de oro tachonada con diamantes y pequeños amatistas, vestida con un hermoso kimono púrpura con pequeñas mariposas y pétalos de flores de color dorado con pequeños diamantes salpicados en las bellas figuras, con un obi del mismo color de las flores y mariposas sujeto en la cintura, esperaba pacientemente mientras leía un libro, a que el joven Percy Jackson despertara después de lo ocurrido con su cuerpo mortal.

Luego de unos cinco minutos, éste al fin dio señales de despertar y poco a poco abrió los ojos, pudiendo dislumbrar a través de una gran ventana, un precioso cielo azul y varios árboles con flores de color rosa pastel que emanaban una dulce fragancia, esparcidos por un enorme jardín con un pequeño estanque. Él estaba recostado en un cómodo futón, y al ver a su alrededor, pudo ver que estaba dentro de una enorme habitación con pisos de madera y paredes pintadas de un suave color crema. Repentinamente se sentó con todo rastro de soñolencia en el olvido, al posarse su mirada sobre la mujer más hermosa que había visto en su vida, sentada en un mullido sillón que parecía algo fuera de lugar dado el tipo de decoración de la gran habitación, leyendo tranquilamente un grueso libro a unos metros del suave futón en donde yacía inconsciente hace un momento. Ni la mismísima Afrodita podría igualar la gran belleza que la mujer poseía.

"¡Quién es usted?" Preguntó tenso el joven semidiós sin apartar su mirada de la dama de la cual podía sentir provenir un enorme poder.

Ésta sonrió de forma encantadora y dejando el libro en una mesa cercana, dijo con calma: "Un gusto conocerte, Joven Perseus Jackson. Yo soy Kami-sama, una diosa de otra dimensión".

Eso hizo que Percy se tensara porque si un dios se presentaba frente a un semidiós, era para ordenarle que hiciese algo por ellos y ya había tenido suficiente de eso con los ingratos dioses griegos.

Kami-sama se percató de la reacción del joven y tranquilamente le dijo: "Cálmate joven, no deseo nada de ti, solo vine a ofrecerte la oportunidad de iniciar una nueva vida en uno de los mundos que están bajo mis dominios. Verás, valoro a los héroes de gran corazón como tú, Perseus Jackson, y me desagradó totalmente la forma en que todos los sacrificios que realizaste para proteger a tu disque familia divina fueron menospreciados por éstos a favor de su propio miedo al gran poder que iba creciendo dentro de ti. No fue en lo absoluto justo que fueses traicionado por tus seres queridos de esa manera, y pienso que te mereces una nueva oportunidad muy lejos de ellos para que no puedan continuar haciéndote la existencia miserable".

Percy se relajó levemente al ver la sinceridad en los brillantes ojos de la hermosa diosa. "¿Y a dónde piensa enviarme?" Le preguntó el chico con aprensión. No podía ser peor lo que le esperaba en ese mundo, luego de todo lo que le pasó en el suyo siendo cazado por monstruos, dioses furiosos, titanes y dioses primordiales ¿verdad? Repentinamente, el ojiverde frunció el ceño en confusión. No se suponía que había sido ejecutado con el perno maestro del bastardo de Zeus?, sin embargo, se sentía muy vivo... ¿qué extraño...? Debe ser obra de esa diosa.

"En efecto, joven Perseus". Dijo ésta sobresaltando al azabache.

"¡Leyó mi mente?" Cuestionó el ojiverde a la mujer atónito.

"Está entre mis habilidades, joven. Debes tener más cuidado de lo que pienses frente a un dios, no vaya aser que cometas un grave error y descuidadamente pienses algo que pueda provocar nuestro disgusto, podrías meterte en muchos problemas". Le dijo Kami-sama a un nervioso Percy, sonriendo peligrosamente. "Bien, a llegado la hora de que comencemos. Ahora Perseus Jackson, te pregunto ¿aceptas la oportunidad que te estoy ofreciendo, o prefieres regresar a tu mundo y olvidar que este encuentro alguna vez sucedió?"

Percy lo pensó por varios minutos. ¿Realmente qué le quedaba en su antiguo mundo?, Su madre Sally y su padrastro Paul, pero... él prácticamente era un hombre muerto caminando, pues si la diosa lo regresaba a su mundo vivo y los dioses griegos se enteraban, sobre todo Zeus, lo cazarían hasta terminar nuevamente con su vida. Lo que es peor, pondría en grave peligro a Paul y a su madre, ya que tratarían de sacarles a estos últimos la información de su paradero, pudiéndoles costar la vida en el proceso. No, lo mejor era no volver a ese mundo de pocos aliados y tantos enemigos de ambos lados, que querían su cabeza.

Endureciendo su mirada, y sintiendo un fuerte dolor en su corazón por los amigos y la familia que aún le quedaba y a la cual posiblemente nunca volvería a ver jamás, éste le respondió a la diosa: "Acepto su propuesta, y si no es molestia, me gustaría pedirle un favor muy preciado para mí".

"Descuida, joven Perseus. Cumpliré con tu último deseo. Te prometo que ellos estarán a salvo". Le dijo la azabache con una suave sonrisa por el amor tan grande que el joven héroe delante de ella, le tenía a su familia y amigos restantes como para pensar más en el bienestar de ellos que en el propio.

"Muchas gracias. Okey, estoy listo". Dijo éste.

"Perfecto. Escucha con atención, Perseus Jackson. Te enviaré a un mundo en el que habitan seres de gran poder, se les conoce como Shinigamis. La misión de estos es guiar las almas de los muertos al más allá, mantener el orden en el mundo espiritual, y exterminar a los huecos los cuales son las almas corrompidas de los seres humanos y que solo viven con la necesidad de devorar las almas inocentes de los muertos que no han sido ayudados por los Shinigamis. Dichos seres también disfrutan asesinar a estos últimos y devorar sus almas para volverse más fuertes". Mientras explicaba la diosa, iba pasando imágenes de dicho mundo, de los Huecos, Shinigamis, y otros seres que lo habitan.

Asombrando al semidiós que no despegaba su mirada de las increíbles escenas de grandes batallas que hacían palidecer a las que había tenido contra los dioses y monstruos de su antiguo mundo.

"Jummm, después de ver esto, ¿ aún deseas ir a este mundo?"

"Sí". Dijo el chico decidido.

"Muy bien, ¿quieres mantener tu identidad actual, o prefieres que te dé una nueva?" Le preguntó espectante la diosa.

"Quiero una nueva identidad". Dijo Percy luego de reflexionar por unos momentos. "Deseo comenzar desde cero, además, no quiero recordar al padre que me traicionó siempre que me vea en algún objeto reflectante".

"Perfecto, que así sea". Dijo la hermosa azabache chasqueando sus dedos. "Adiós, Percy Jackson, o mejor dicho, Hitsugaya Toshiro. Te deseo la mejor de las suertes en tu nueva vida".

Lo último que vio el chico, antes de ser arrastrado por un vórtice de colores brillantes, fue a la deidad despidiéndose con un gesto de su mano y una suave sonrisa. Al mismo tiempo que todo aquello ocurría, sentía como su cuerpo ardía y se retorcía en ángulos extraños, y finalmente, luego de varios minutos cargados de intenso dolor, cayó en la dichosa inconsciencia.

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Mientras Tanto, en la Sala del Trono del Olimpo...

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Después de la ejecución de Percy,el silencio reinó durante unos minutos en el lugar. Solo los leves sollozos de la diosa del hogar se escuchaban poniendo a muchos incómodos por el sufrir de la amable deidad.

Súbitamente, Hades profirió una maldición, llamando la atención de todos.

"¿Padre, que sucede?" Le preguntó Nico al dios, quien iba mostrando una leve mueca de pánico.

"E-el alma de Percy..." Dijo el dios frunciendo el ceño, alarmando a todos con la mención del difunto semidiós.

"¿Qué ocurre con Percy, Lord Hades?" Preguntó Thalia empezando a tener un muy mal presentimiento que le iba oprimiendo poco a poco el pecho dificultándole respirar.

"¡Hades, habla ya!" Exigió Zeus comenzando a enojarse. "¡Qué sucede con Jackson!"

"¡SILENCIO IDIOTA HERMANO!, ¡DÉJAME CONCENTRARME!" Le contestó éste muy molesto, haciendo que zeus y el resto de los presentes se alejaran con cautela del iracundo dios del inframundo.

Unos cuantos minutos más transcurrieron, en los que Nico se unió a su padre intentando ver que era lo que pasaba con su primo, pero no lo podía encontrar por ninguna parte. Al mismo tiempo, padre e hijo detuvieron su intensa búsqueda y compartieron una mirada sombría.

"¿Nico?, ¿qué sucede?" Le preguntó la joven teniente de Artemisa a uno de sus primos favoritos.

El chico miró tristemente a la azabache, quien sintió que regresaba con más fuerza ese horrible presentimiento.

"¿Padre, me permite decirle?" Le preguntó el joven semidiós al angustiado Hades.

Éste solo asintió otorgándole el permiso a su hijo con una mirada bastante seria.

"Thalia". Habló Nico posando su seria mirada sobre la chica, llamando más la atención de ésta y del resto de los presentes que escuchaban curiosos y preocupados lo que iba a decir el príncipe del inframundo. "El alma de Percy no está en el inframundo, alguien la tomó antes de que llegara a los dominios de mi padre".

"¡QUÉ!" Se escuchó en toda la sala del trono. Los pocos que no exclamaron sorprendidos y temerosos estaban con los ojos bien abiertos de incredulidad. El alma del semidiós más poderoso había sido robada por un ser desconocido.

"Hades". Llamó Zeus a su hermano mayor. "¿Es eso cierto?"

"En efecto". Confirmó el dios lo dicho por su hijo, haciendo crecer más el miedo en todos los presentes, que temblaban con el solo hecho de imaginarse que tenía planeado hacer dicha deidad con el alma del poderoso semidiós.

"¡MALDITA SEA!" Exclamó Zeus con furia y nerviosismo sintiendo un gran peso en el estómago. Perseus Jackson no era un semidiós cualquiera. El mocoso de su hermano había superado a todos los semidioses que lo precedieron ante sus grandes hazañas demostrando ser un peligro en el futuro para todos ellos, mucho más para él, dado su gran poder en crecimiento lo que no hubiese sido tanto problema, de no ser por su clara falta de respeto y rebeldía hacia ellos, los dioses olímpicos y más contra él, el rey de los dioses al que el chico le tenía menos respeto, lo hicieron desconfiar de él, odiando sobre todo como éste se iba ganando la adoración, la lealtad y el respeto que a él, el poderoso dios Zeus, le correspondía por derecho. Bien Sabía que muchos de los dioses menores, y muchos otros seres de la naturaleza ya le profesaban apoyo total y eso por supuesto no le gustaba para nada. Por esa razón, prefirió tomar la desición de deshacerse de dicho problema de una buena vez antes de que fuese demasiado tarde para él, mas nunca pensó que esto pasaría.

Poseidón se había quedado estático en su lugar, boqueando sin poder pronunciar palabra imitando perfectamente a un pez fuera del agua.

Hermes, Hestia y Apolo se miraban preocupados por la noticia, y el resto de los dioses se veían pálidos preguntándose mentalmente lo mismo que todos los demás. ¿Qué deidad pudo ser tan poderosa como para interferir en los dominios de Hades y robarse el alma de Percy Jackson sin ningún problema? El arrepentimiento comenzaba a hacerse presente en todos ellos, pero no por lamentar lo que habían hecho contra el poderoso semidiós, si no que por la incertidumbre que pesaba sobre sus cabezas al no conocer el propósito de la deidad , y si sus peores presentimientos se hacían realidad, ellos mismos se habían echado la soga al cuello al darle su mejor semidiós en bandeja de plata a otro posible enemigo...

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En una dimensión bastante alejada de la anterior, al lado de un viejo árbol, yacía un joven niño alvino inconsciente. Una anciana que pasaba por aquel lugar vio al niño, y preocupada se acercó a ver si le había ocurrido algo. Pasaron unos segundos en los que la amable anciana intentó despertar al pequeño alvino, pero simplemente sus intentos no daban resultado alguno, pues éste continuaba sin reaccionar.

Decidiendo que no podía dejar al niño ahí solo, lo levantó con algo de esfuerzo debido a su edad, y se lo llevó a su humilde casa. Cuando el alvino finalmente despertó, después de unas horas, la ancianita le preguntó preocupada si tenía un sitio a donde ir, al verlo preparándose para irse, a lo que éste, inseguro le dijo que no, pero que ya se las arreglaría por su cuenta.

La mujer le dijo que podía quedarse a vivir con ella en su pequeña casa, a lo que el alvino quiso negarse para no darle molestias a la señora, pero esta insistió sabiendo lo dura que era la vida en aquel lugar, y para un niño como él ni se diga.

A regañadientes, el de ojos turquesa aceptó alegrando a la anciana, la cual al pasar los días, empezó a ver al joven de baja estatura, Hitsugaya Toshiro, el cual era el nombre del alvino, como a un nieto, con éste a su vez, tomándole también cariño a la anciana a la cual empezó a ver como a una abuela, refiriéndose a ella como tal.

Y así fue como inició un nuevo capítulo en la vida del ex-príncipe del mar...

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Fin del Capítulo.