Capítulo 2: El venado negro con ojos rojos.
¡Hola! Aquí posteando la continuación porque ahem no quiero decir nombres *coff**coff* Sakura-Kaoru *coff* *coff* Uff esta tos debería írmela a checar… ah sí, estaba detrás de mis huesitos… ¡Muchas gracias a problemati_k y a CygnusAra23! Bienvenidos que la tortura apenas empieza. ¡Que lo disfruten!
Jadeando se levantó de golpe, su corazón tamboreaba dentro de su pecho y su piel estaba cubierta de una capa de sudor. Sus pupilas fugaces escanearon su habitación, la cual lucía como siempre durante las mañanas. La luz del sol filtrándose por sus cortinas abiertas, iluminando lo mejor posible el interior de su cuarto y el cantico de las aves llenaban el aire. Algo estaba mal. Puso a prueba su memoria, obligándose a revivir imágenes fugaces dentro de su cabeza. Se presionó aún más, pues todavía no comprendía como había llegado a su cama si su último recuerdo es que quería huir por su puerta. Acaso… ¿Había sido una pesadilla? Miró su brazo buscando las marcas de esa noche, pero su piel estaba completamente normal. Recorrió con las yemas de sus dedos su tersa piel como si quisiera invocarlas nuevamente, pero fue inútil.
Enmarañada se quedó sentada sobre su cama, pues podía jurar que todo lo que había presenciado había ocurrido en realidad. Su fuerza, el miedo, el dolor… Entonces recordó. Abruptamente se asomó por una de las orillas de la cama enfriando su sangre con su hallazgo. Fragmentos de su celular yacían esparcidos en el suelo. Justo como lo recordaba. Un sutil escalofrió recorrió su cuerpo. Fue real. Esa era la única evidencia tangible que necesitaba para cerciorarse de eso. Su respiración se alteró. Algo entre los pedazos electrónicos le llamó la atención. Tragó saliva. Acercó sus dedos dudosos hacia este para rescatar el diminuto plástico blanco el cual resulto ser su tarjeta SIM que seguía intacta. Devolvió su mirada hacia los muros de su habitación. Todo aparentaba ser normal… ¿en verdad su vida corría peligro?
Inhaló profundamente. Delirios de su mente o no, no iba a permitir que ese recuerdo controlara su vida. Se armó de valor para retomar su rutina sin poderse quitar esa sensación de que era observada todo el tiempo. Pretendía caminar por los pasillos de su departamento con calma, cuando en realidad tenía los vellos de su cuerpo en punta. Preparándose mentalmente para reaccionar si algo inusual se cruzaba por su camino. Fue al comedor donde se encontraban sus regalos, tomó asiento y empezó a abrirlos uno por uno. Al leer las dedicatorias le dibujaban sonrisas efímeras sobre sus labios y de vez en cuando hacia una pausa para escuchar su entorno hasta que terminó de abrirlos. Siguió con su día, se dio un baño y se arreglaba delante del espejo. En ocasiones miraba a sus espaldas, porque esa escalofriante sensación persistía a su alrededor de un par de pupilas que la seguían sin descanso. Desconocía que estaba sucediendo, si era la realidad o solo se trataba de una broma muy mala. Era cierto que no sabía elegir a sus enemigos y que algunos de ellos estaban armados hasta los dientes, pero jamás se había enfrentado a uno como este. Unos golpes huecos hicieron que brincara en su lugar. Suspiró y se dirigió a su puerta, aunque se detuvo para primero identificar al causante de esos golpeteos.
— ¿Quién es?
— Buenos días Tema-chan —sonrió entusiasmada la ojiperla del otro lado de la puerta.
— Hinata —suspiró aliviada y le quito la llave a su puerta para abrirle— ¿Qué te trae por aquí?
— Pasaba por aquí y quería saber si estabas disponible para hacer algo juntas.
— Oh —se rascó la cabeza—. Bueno planeaba ir al centro comercial. No estaría nada mal un poco de compañía.
— Perfecto. ¿Quieres que yo conduzca?
— Si no te molesta. Solo voy por mi bolso.
Caminaron hacia el carro de la Hyuga. Mientras que Temari trataba de sacarse de la cabeza aquel pensamiento. Esa salida era lo que necesitaba para distraerse.
…
— ¿Un celular nuevo?
— Si, el que tenía se le rompió la pantalla. Además, uno de los botones dejo de funcionar. —Agarró el celular y le quitó la tapa para meter su tarjeta SIM.
Una brisa fría paso muy cerca de su cuello. La rubia volteó para encontrar de dónde había provenido. Era imposible que se colara una brisa así en un local del centro comercial, el cual estaba completamente cerrado.
— ¿Qué sucede? —Siguió la mirada de la rubia.
— Nada —le sonrió— creí haber escuchado a algo.
— Temari —el semblante de Hinata se volvió serio—. Haz estado algo nerviosa desde ayer. ¿Hay algo que te molesta?
— No es nada. —Encendió su nuevo celular.
— No quiero molestarte, pero ¿es ese muchacho verdad? —La rubia miró a Hinata. Podría ser tímida, no muy valiente pero a veces parecía ver a través de la gente—. Está bien si no quieres decirlo. Solo quería decirte que estaré ahí si llegas a necesitar de alguien.
— Gracias. La verdad no tiene mucha importancia. Ya verás que pronto pasara. —Le devolvió la sonrisa.
La chica de cabello azulado se mantuvo en silencio por un rato. Sabía que Temari era muy orgullosa y terca de vez en cuando.
— Sabes, —rompió el silencio— h-hay una tienda de autodefensa en el piso de abajo.
— Hinata. —Inclinó su cabeza hacia un lado.
— N-no es lo que crees. Es para mí. Se me acabó el gas pimienta que tenía y… —hizo una pausa.
— ¡¿Se te acabó?! —Se asombró la rubia. Pudo notar la pena que le daba o el terror la razón de eso—. Está bien, —suspiró— pero vas a necesitar algo más fuerte que un simple gas pimienta.
— De acuerdo.
Bajaban por las escaleras eléctricas, Temari estaba embobada en lo que actualizaba su nuevo celular y agregaba todas las aplicaciones que frecuentemente usaba. Hinata la guiaba estirándola con delicadeza del brazo mientras que ella se sumergía en la distracción de su nueva adquisición. Casi se estaba olvidando de lo que le había sucedido la otra noche, pero su recuerdo le causaba escalofríos. Otra vez dio un vistazo alrededor, tratando de identificar su rostro entre la multitud. Una tarea difícil, debido a que nunca pudo verlo con claridad. Solo recordaba sus ojos clavados en ella. Tan intensos, tan perversos, con tan solo su mirada la hacía ponerse tensa.
— Es aquí. —La sacó de sus pensamientos la ojiperla.
Las dos se pasearon entre los estrechos pasillos del local. La rubia tomó algo que parecía una simple lámpara de mano. La encendió sin problemas y parecía que solo era una lámpara ordinaria hasta que leyó las instrucciones. Torció la parte de atrás y por enfrente pudo ver cómo le salieron chispas.
— ¡Hinata! Encontré algo para ti —la recién nombrada se acercó a ella— mira solo lo tuerces de abajo y —las chispas eléctricas volvieron a salir.
— P-pero Temari, ¿n-no crees que es algo excesivo? —Cuestionó nerviosa.
— Si has dejado ciegos temporalmente a los hombres, ¿por qué no entumecerlos por un rato? Además si te atacan lo tienen más que bien merecido. —Le ofreció la lámpara.
— P-pero…
— Vamos. No es como si los fueras a matar. Si fueran tan peligrosos no lo venderían aquí —la Hyuga tomó la lámpara—. Excepto si está lloviendo. Eso es otra cosa.
— ¡¿Q-qué?!
— No te preocupes —la empujaba hacia la caja—. Yo te ayudo a esconder el cadáver.
— ¡Temari! —Quería dejar la lámpara.
— Estoy bromeando. Si quieres llevar el gas pimienta, hazlo. Pero también deberías llevar esto. Solo por si acaso. Así si uno falla o no es adecuado, tendrás otra opción. Y yo estaré más tranquila. —Sonrió la Sabaku.
— B-bueno…—con mucha culpa e incertidumbre puso la lámpara en la caja para pagarla.
— Señorita, la lámpara esta al dos por uno. ¿No desea llevarse otra? —Le informó el cajero.
Hinata miró inmediatamente a su amiga. Temari podía leer su mente, sabía lo que estaba pensando. Antes de que pudiera rechazarlo, la ojiperla la interrumpió.
— Así yo estaría tranquila también.
Era imposible decirle que no a sus ojos de cachorro. La Hyuga solo estaba preocupada por ella. ¿Por qué no cumplirle ese capricho?
— Está bien —torció la boca—. Solo me la voy a llevar para que te salga más barato. —Tomó rumbo al pasillo donde estaban las lámparas. Hinata sonreía aliviada.
— Me llevare las dos.
— Nos vemos luego, Tema-chan. —Se despidió desde su carro con una de sus dulces sonrisas.
— Si, —cerró la puerta detrás de ella y se recargo con su mano en la ventana— gracias por acompañarme. Hasta luego.
"Por favor, quédate." Pensó mientras veía el carro de su amiga partir. Pretendió sonreír hasta que no pudiera ver su carro. Dio media vuelta y ahí estaba su casa. Jamás se había sentido tan negada de entrar. Agarró valor. Entró al edificio, subió al elevador y llegó hasta su puerta. Durante todo el tiempo que estuvo con Hinata no sentía los ojos de… Shikamaru sobre ella. No hubo señales de él ni acontecimientos raros. Tal vez solo aparecía en las noches. ¿Qué estaba pensando? ¿Aparecer en las noches? No se podía convencer que eso le estuviera pasando a ella. La única prueba real era los fragmentos de su viejo celular.
Entró a su departamento sin darle más vueltas al asunto. Todo seguía igual. Todo en su lugar. Otra vez tuvo que caminar con cautela. No sabía que la volvía más loca, el hecho de que no estaba o el hecho que podría aparecer en cualquier momento. Como un fantasma. O demonio, como se hacía llamar así mismo. Fuera lo que fuera no tenía derecho de jugar con ella de esa manera. Siguió con su rutina, tenía que dormirse temprano porque al día siguiente tenía que irse a la universidad. Estaba acostada en su cama, todavía alerta. Examinaba cada pared con su mirada. Pasó un rato y decidió que ya era suficiente de su paranoia. Se giró para poder apagar la lámpara de su mesita de noche. Devolviendo la oscuridad en su cuarto.
(…)
Después de horas de juego producto de su infinita imaginación. Caminaba con los pies descalzos sobre la vegetación del lugar. Buscaba incansablemente donde había dejado sus zapatos, los cuales se quitó para entrar en su papel favorito de las hadas y elfos. Era un poco difícil guiarse por el lugar sin perderse, pues estaba infestado de altos y delgados árboles que a través de sus copas, escaseaba los rayos de sol que llegaban hasta el suelo ya que sus hojas bloqueaban la mayoría de estos. Sabía que estaba anocheciendo por cómo había disminuido ligeramente la temperatura, pero primero tenía que encontrar sus zapatos sino su padre la escarmentaría. Hasta que por fin pudo vislúmbralos, como si la luz quisiera que los encontrara apuntaba hacia ellos. Caminó con cuidado, no quería lastimarse con lo que sea que hubiera en el piso. Se sentó en el suelo para ponerse sus zapatos pero un ruido le llamó su atención. A lo lejos, en medio de la maleza y las penumbras, destellaban un par de ojos color carmín brillantes que la observaban desde las sombras.
(…)
Un sonido fuerte hizo que se levantara. Era su alarma. Se dejó caer sobre su almohada de nuevo y con un movimiento perezoso la apagó. Lunes. Odiaba los lunes. Con mucho esfuerzo se pudo levantar. Se sorprendió de sí misma que hubiera podido dormir tan profundo. Comenzó su rutina mañanera y fue a clases. Sin darse cuenta los días transcurrían, ella salía y regresaba a su casa sin problema alguno. Se levantaba y dormía con tranquilidad. Las cosas seguían en su lugar. Ese sentimiento de que una presencia ajena la perseguía había disminuido, lo que la alentó a recuperar su confianza y seguir con su vida con completa normalidad. Ya había pasado una semana de aquel incidente. Temari fue al salón de clases donde inmediatamente reconoció las voces y rostros de sus compañeros, y entre ellos destacaba el rostro de una de sus amigas de la carrera. Su nombre era Karin Uzumaki; de cabello pelirrojo, ojos oscuros que resguardaba detrás de sus lentes y piel aperlada. Vestía de una chamarra ligera lila, un top blanco que mostraba su abdomen, unos shorts de mezclilla que le llegaban arriba de la rodilla y tenis blancos con franjas negras. Cuando la pelirroja se percató de su presencia le sonrió mientras Temari tomaba asiento junto a ella.
— ¿Terminaste la tarea de estadística? —Preguntó en lo que le texteaba a alguien.
— Ugh, —se llevó una mano a la cara— se me olvido por completo. Lo haré en el break.
— No te preocupes, te paso mis apuntes —sacó su libreta de su mochila sin despegar su mirada de su móvil y luego buscó otra cosa de su bolso—. Por cierto, lamento no haberte celebrado como debía la semana pasada. Te compre esto. —Le entregó un pequeño paquete que contenía un pastel de chocolate junto a su libreta.
— Oh, no debiste —le sonrió y los tomó—. Lo repartimos entre nosotras después de clases —la rubia miró a sus espaldas—. ¿Dónde está Karui?
— Ha de estar en camino, —exhaló en lo que seguía texteando— sabes lo mucho que odia llegar tarde a clases. Por cierto, deberíamos de ir a nuestro lugar favorito cuando las clases terminen —levantó la mirada del móvil para regalarle un gesto amable—. Ya sabes, para compensarte.
— Suena bien.
Llegó la tarde. Tomaron la decisión de dejar sus coches resguardados en la universidad, para despreocuparse de eso de manejar ebrias o cuantos retenes tenían que esquivar. Prefirieron utilizar el transporte público para acercarse a su bar favorito, aunque todavía tendrían que caminar un par de cuadras más para llegar a su destino. Aguardaban a que el flujo de los automóviles se detuviera hasta que la calle literalmente se vació y la luz del semáforo cambio, permitiéndoles el paso a los peatones. Las tres comenzaron a andar, charlando sobre que bebida ansiaban pedir apenas llegaran al lugar. Aunque a un par de metros antes de subirse a la seguridad de la banqueta, Temari se quedó atrás porque se sintió extraña.
Discreta como una brisa su energía fue drenada en un santiamén, su visión se oscureció, escuchó un prolongado zumbido y sintió se estremeció. ¿Acaso iba a desmallarse? Sabía que seguía sobre la calle. Intentó dar un paso hacia delante, pero el tambaleo de su cuerpo hizo que reacomodara sus pies en su lugar para recuperar el equilibrio. Llevó su mano a su frente al sentir que su cabeza le pesaba. Estaba sudando frío. Su ritmo cardiaco aumentó. ¿Qué era eso que escuchaba? Provenía de su izquierda, pero para ella era más fuerte el ruido de su respiración al ser arrastrada por sus fosas nasales que cualquier otra cosa. Eso era… ¿un claxon? Estaba pitando desesperadamente y aproximándose a gran velocidad hacia su dirección. Entonces algo la tomó del brazo y la jaló con brusquedad hacia delante. La punta de su pie topó con el borde de la banqueta, lo que la hizo caer, rasparse las palmas de sus manos y sus rodillas con el impacto. Fue ahí que las tinieblas que impedían su visión se levantaron.
— ¡¿Qué coños te sucede?! —Bramó la mujer en lo que la Sabaku recuperaba sus cinco sentidos.
Con un par de parpadeos recuperó su visión, encontrándose a gatas sobre la banqueta. Comenzó a reconocer exclamaciones de preocupación hacia su persona, acto seguido la misma chica que la regañó la volvió a agarrar del brazo y ayudó a la rubia para ponerse de pie. La chica era de piel morena, cabello lacio y pelirrojo, pupilas doradas y una evidente expresión de enojo sobre su semblante. Tenía puesta una sudadera tipo top blanca, unos jeans negros ajustados y rotos que le llegaban a la cintura y tenis rojos. Luego la de orbes aqua logró reconocerla al fin, era Karui.
— ¿Qué? —Pronunció muy confundida la rubia— ¿qué acaba de suceder?
— Te quedaste parada en la avenida como una tonta y, como si fuera poco, un idiota ni siquiera bajo la velocidad al tenerte enfrente —vociferó la morena—. Tuve que jalarte como pude para que no te atropellaran.
— ¿E-enserio? —Volvió a tambalear en su lugar y usó a su amiga como apoyo—. Lo siento, sentí que iba a desmayarme.
— Tienes suerte de que me diera cuenta, sino ni las disculpas me pudieras dar.
— ¡Señorita!, ¿se encuentra bien? —Exclamó a lo lejos un hombre muerto de preocupación y que se acercaba a ellas corriendo—. ¡Lo lamento tanto! Mi auto se quedó sin frenos.
— Ahí está ese malnacido —gruñó Karui arremangándose la manga de su suéter—. Me va a oír.
Karui empezó una acalorada discusión con el desprevenido conductor que por poco le quitaba la vida a su amiga, en lo que la atolondrada rubia buscaba encontrarse sentido a sí misma. Todavía estaba mareada. Su cuerpo aun padecía de las secuelas de esa sensación, esa terrible sensación que se le colaba hasta debajo de los huesos. Dejándola agotada y con una sensación de pesadez en sus extremidades. Jamás le había ocurrido tal cosa en el pasado. Karin fue a socorrerla, tratando de improvisar una manera para limpiar sus heridas y sanarlas de una manera adecuada. A los transeúntes les llamaba la atención la intensa discusión que mantenía la morena con el conductor en honor de la Sabaku. Poco a poco, la rubia estaba saliendo de su marea de confusión. Todo había pasado tan rápido, ¿casi la atropellaban? El hombre que no paraba de pedir disculpas lo confirmaba. Dejó que sus pupilas aqua divagaran por el pequeño grupo de personas que la rodeaban, pero algo hizo que una alarma sonara en su cabeza. Retornó rápidamente su vista hacia esa cara familiar. Cortando su respiración y abriendo sus párpados a más no poder cuando lo reconoció. Ahí estaba. El hombre de coleta alta, ojos filosos y manos en los bolsillos. Usando otro tipo de vestimenta, una que le facilitaba ocultarse entre la población. Bufó una sonrisa ladeada al tener su atención, dio media vuelta y se alejó de ahí. Temari miró frenéticamente a su alrededor. Necesitaba confirmar que alguien más lo hubiera visto. Desafortunadamente todos estaban más concentrados en ella. ¿Acaso eso había sido obra de él? De aquel sujeto que prometió tomar su vida.
Las cosas lograron calmarse, trataron todo como un accidente y como no había daños físicos no se tomaron represalias. A pesar de las pruebas, le era difícil discernir si era verdad lo que estaba presenciando o solo era algo que estaba mal con su mente. La Sabaku se obligó en enfocarse en el ahora y continuar pretendiendo que nada le estaba ocurriendo. Por fin llegaron al bar que tanto querían llegar y chocaron sus vasos en el aire.
— ¡Por Karui! ¡Que valientemente salvo a Temari! —Chilló Karin.
— Mil gracias en verdad —suspiró después de darle un gran trago a su cerveza—. No tengo palabras para agradecértelo como se debe.
— ¡Me debes una grande! —Pronunció con aires de grandeza la de pupilas doradas y esbozando una amplia sonrisa.
— Pobre tipo —continuó la rubia— no querrá subirse a otro coche después del escarmiento que le diste.
— Si clasificas como regaño decirle que iba a meterle el pedal por el culo, creo que no entendiste el mensaje. —Se burló la chica de los lentes.
— No sé qué sería de mí sin ustedes. —Rió por lo bajo la de orbes aqua.
— Descuida, siempre podrás contar con nosotras. —Le reafirmó la morena.
La noche continuó amena. Como llegaban los tragos se iban acabando, hasta que se volvió muy noche y les informaron que el local iba a cerrar. Las tres tomaron un taxi de una plataforma digital y se dirigieron a la casa de Karui. Karin se quedó noqueada sobre el sillón que tenía en su habitación la chica, y Temari compartiría cama con la morena. Apagaron las luces y el alcohol las ayudó a quedarse dormidas con facilidad… a excepción de una. Quien no dejaba de mirar hacia la oscuridad, preguntándose si la compañía de sus amigas la mantendrían segura. Estaría a salvo ahí… ¿verdad?
(…)
— ¡Papá! ¡Papá! —Exclamó emocionada la pequeña niña— ¡En el bosque encontré un animal parecido al que está en esa pintura! —Señaló con entusiasmo el cuadro del que estaba hablando.
Raza permaneció estoico, leyendo un periódico en el comedor. Por el rabillo del ojo miró lo que señalaba su hija e hizo una mueca desinteresada en lo que cambiaba la hoja del periódico.
— Los ciervos son peligrosos. Deberías de alejarte de ellos.
— Pero ¡el que vi es más pequeño que yo! Y su piel es diferente al de la pintura. Es completamente negro.
— Entonces encontraste un cervato con melanismo.
— ¿Puedo jugar con él? —Preguntó con casi estrellas en sus ojos aqua.
— Lo que deberías de hacer es no jugar tan lejos de casa y ayudar a tu madre con los quehaceres de la casa —decretó con firmeza sin apartar su mirada de su lectura—. ¿Entiendes? Los animales del bosque son peligrosos.
Temari bajó la mirada con decepción.
— Si padre.
Siguiendo las advertencias de su padre, la pequeña Temari jugaba más cerca de la cabaña evitando aventurarse a las profundidades del bosque como antes. Sin embargo aquel cervato negro la volvió a encontrar, observándola con sus ojos rojos con curiosidad detrás de los arbustos.
(…)
— ¿Han sabido algo de la semana de exámenes?
Temari abrió los ojos. Estaba cubriéndolos con su antebrazo y su cabeza reposaba sobre el regazo de Tenten que evitaba que su cabello dorado se enredara con el césped. Los días volvían a transcurrir con normalidad, pero ya no se permitía bajar la guardia como antes. Estaba más alerta que nunca. Únicamente cuando estaba con alguno de sus grupos de amigas se sentía en paz. Ese era el único día que su break coincidía con el de sus amigas de la preparatoria, quienes estaban sentadas o recostadas sobre su costado junto a ella. Todas estudiaban en la misma universidad, pero en carreras diferentes y ahora estaban descansando tranquilamente en una de las áreas verdes del lugar.
— Eres lista. Pagarlos a tiempo debería ser tu única preocupación. —Reprochó Ino que meticulosamente revisaba su maquillaje con su espejo de mano.
— Sin mencionar que debemos de juntar las horas de cardex* al final del semestre si queremos presentarlos. —Continuó la Hyuga, quien apartó por un segundo sus ojos aperlados del libro que estaba leyendo.
— Yo me estoy ahorrando eso por estar en el equipo de atletismo —informó la de ojos aqua volviendo a acomodar su brazo sobre sus ojos—. No tengo de que preocuparme.
— Yo solo tengo la mitad —suspiró desganada la castaña, quien recargaba su peso sobre la palma de sus manos y seguía sirviéndole de almohada a la rubia— ¿ir a la biblioteca de la universidad cuenta?
— Si, aunque tienes un máximo de tres visitas —le informó la Yamanaka— y cada una cuenta como una hora.
— ¿Me acompañan? —Preguntó entusiasmada la de orbes chocolates.
— Ya estaba a punto de dormirme. —Se quejó la Sabaku.
— ¡Vamos! Quien sea que me acompañe le comprare un café de lo que sea y de donde sea.
— ¿De lo que quiera dices? —Sakura hizo un gesto como si estuviera considerándolo.
— ¡Oye! ¿Y si yo también quiero uno? —Se unió ilusionada la de pupilas zafiro.
— Mi bolsillo solo puede soportar a uno. —Reprochó la castaña inflando una de sus mejillas.
Las chicas guardaron silencio unos segundos e intercalaban miradas sospechosas.
— ¡Quien llegue primero se gana el café!
Ino y Sakura fueron las primeras en ponerse de pie en un respingo, en cambio Hinata siempre tan amable espero a que las demás reaccionaran. Temari se quejó por la injusticia de que habían arrancado sin avisar. Tan cómodamente que estaba acostada. Se levantó como pudo y logró acortar su distancia a solo un metro de los primeros lugares, vaya que estar en el equipo de atletismo le estaba rindiendo frutos. Al último iba Tenten junto a la Hyuga, pues lo único que le interesaba era llegar a la biblioteca en compañía de sus amigas. El cubo de escaleras se llenó de risueños jadeos, iban subiendo a toda prisa, saltando peldaños, acelerando sus pasos y dando vueltas cerradas en el descanso para ganar tiempo pues la biblioteca se encontraba en el tercer nivel de un edificio. Iban llegando al descanso del segundo piso. La Sabaku les estaba pisando los talones al par de "tramposas" cuando levantó la mirada y frenó en seco. Justo delante de ella, a un paso de distancia apareció su demonio personal. Con un semblante relajado y sus manos clavadas dentro de sus bolsillos.
El asombro de que se lo encontrara a plena luz de día la obligó que jalara abruptamente aire a través de su boca entre abierta. Solo había pasado un segundo en lo que reaccionó. Shikamaru trazó una sonrisa ladeada, pues disfrutaba la expresión de impacto de la rubia. Sacó su mano del bolsillo hasta descansarla sobre su hombro y la empujo. En cámara lenta sus pupilas registraban como la figura de aquel muchacho se alejaba de ella. Estaba cayendo hacia atrás. No. Su instinto de supervivencia se disparó. Extendió su mano hacia el barandal y se aferró a este con su vida. De esta manera frenando la moción de la gravedad y evitando que rodara escaleras abajo. De lo único que no pudo salvarse es que su coxis y espalda chocaran con el filo de los escalones y se deslizara un poco hacia abajo. Liberó un quejido al aire después del impacto, pero gracias a su agarre se pudo quedarse quieta ahí. Temari abrió los ojos, encontrándose recostada sobre la pendiente inclinada, tensando los músculos de su brazo para no seguir resbalando y apoyando su codo disponible sobre un escalón. Aunque se percató que él seguía ahí. Observándola en silencio en el descanso donde la había empujado. Ino y Sakura se dieron cuenta de lo sucedido y regresaron con prisa a ver el estado de su amiga. Pasando a un lado del Nara como si no les importara su presencia.
— ¡¿Temari?! ¿Te encuentras bien? —Galopaba con prisa la rubia de coleta alta hacia su dirección—. No te muevas. Nosotras te ayudaremos.
La de orbes aqua las contempló perturbada en el momento que se agacharon para ayudarla. "¿Qué?", pensó ella. "¿Qué acaso no lo ven?", cambió su vista a su agresor, quien gozaba en primera fila el espectáculo. Este mofó por la nariz, dio media vuelta y subió por las escaleras.
— ¡¿Qué sucedió?! —Preguntó la de orbes aperlados al verla tirada.
— M-me resbale —mintió en una queja y por fin pudo sentarse en los peldaños con ayuda de sus amigas—. No me rompí nada, estoy bien.
— ¿Estas segura? —Cuestionó Tenten.
— Si —exhaló su susto—. Sí. Solo ayúdenme a levantarme.
Tal cual lo solicitó entre dos de sus amigas la ayudaron a ponerse de pie. Como si de un bebé se tratase se quedaron muy precavidas al verla parada sobre sus dos pies, listas para que en cualquier segundo pudieran socorrerla si llegara a tropezar de nuevo. Llegaron al tercer piso caminando con calma, extremando cuidados para vigilar el andar de la Sabaku. Una vez ahí, Temari les pidió que se adelantaran, pues quería ir al baño. Sin importar cuanto se ofrecieran, logró convencerlas de que podía sola y que estaba bien. Cuando entró al baño se aseguró que estuviera completamente sola, luego se dirigió al área de los lavabos donde descansaba un enorme espejo sobre estos. Soltó un enorme suspiro apoyando sus temblorosas manos sobre el mueble. Eso no podía estarle pasando. Esa… cosa solo aparecía a diestra y siniestra a placer, no había patrones, no había horas seguras ni advertencias que le anunciaran que sucedería. Solo la atacaba en cualquier momento si eso quería. Tenía que recuperar su compostura. Abrió la llave dejando el agua correr. Utilizó sus manos como una vasija para acumular agua entre ellas y remojó su rostro con el fresco líquido. Repitió la acción una vez más. Cerró la llave y se reincorporo en su lugar. Hasta que notó que no estaba sola. Recargado en el muro detrás de ella, estaba de nuevo el muchacho de coleta alta con los brazos cruzados. Inmediatamente giró a sus espaldas solo para encontrar que ya no estaba ahí. Su ritmo cardiaco se aceleró al igual que su respiración. Regresando nuevamente a ese sentimiento de inseguridad que no dejaba de oprimirla.
