Capitulo largo para compensar el tiempo que he estado lejos. Una disculpa pero sinceramente no estaba en condiciones para escribir y lo que salían de mis deditos no me estaba gustando. PERO al fin ya está listo. ¡Gracias por esperar! ¡Gracias por su hermoso review Lu-san y kaoru-sakura! A veces tardo pero planeo llevar esta historia hasta el final. ¡No desesperen! Siendo honesta este cap no sabía con qué dirección iba pero ya me encontré jeje. Disfrútenlo.
P.d.: Sé que dije esta historia iba a ser algo cruda… pero HEME AQUÍ METIENDO SITUACIONES COMICAS PORQUE NO PUEDO EVITARLO.
Capítulo 5: Prueba
Con fuerza tallaba sus párpados, pues tras dormir como si no hubiera mañana seguía bastante somnolienta. Por rutina lo primero que hizo fue dirigirse a la cocina, donde sus orbes aqua reconocieron una espalda amplia cuyo dueño tenía una cabellera plateada. Por su puesto su corazón dio un vuelco, porque todavía no se hacia la idea que tenía un invitado más dentro de su departamento. La rubia se recargó en el marco de la puerta mientras colocaba su mano en su tembloroso corazón y exhalaba aliviada de identificar al arcángel. Quien suponía estaba cocinando por el delicioso aroma que inundaba su cocina, a pesar de que este se había tomado la molestia de abrir la ventana para evitar ese "problema". Su mirada rodó hacia la mesa, la cual sorpresivamente estaba meticulosamente preparada con tres juegos de platos, cubiertos y vasos. Al centro de esta reposaba una fría jarra de jugo de naranja y un tazón de fruta fresca recién picada invitándola a que tomara asiento y la devorará. Entonces el Hatake se percató de su presencia. Ligeramente giró su rostro para recibirla con una suave sonrisa:
— Buenos días, ¿lista para empezar el día?
— Eso creo. Veo que preparaste el desayuno. —Cuestionó la aún adormilada rubia en lo que se acercaba a una de las sillas.
— Es lo mínimo que puedo hacer por dejarme estar en tu casa. —Respondió él apagando la estufa y limpiando sus manos con un trapo.
"Al menos este tiene modales," pensó ella. Alzó los hombros quitándole importancia, aceptando sin chistar su oferta y tomó asiento.
— Gracias, aunque no tenías que hacerlo. —Mencionó algo incomoda.
— También hice para ti hermano por si quieres acompañarnos. —Vociferó el Hatake sentándose enfrente de la chica.
Casi se atraganta con el jugo al escucharlo. Nuevamente le llegó el golpe de la realidad recordándole donde se encontraba: compartiendo el desayuno con un arcángel y por ahí rondaba un demonio que la quería muerta. Pasaron algunos segundos de silencio haciendo notorio que su propuesta fue rechazada. Con cautela la Sabaku bajó el vaso de cristal, levantó su mirada para observar al hombre que tenía delante de ella, tragó fuerte y luego se dispuso a comer.
— ¿Son hermanos de verdad? —Decidió romper el hielo.
— No realmente. Nosotros consideramos hermanos o hermanas a todo ser viviente. Sin importar que no sean de la misma sangre o de que se trate de las ovejas negras de la familia. Espero hayas podido descansar anoche.
— Sí. Había olvidado lo bien que se sentía —reafirmó su respuesta con una curvatura positiva sobre sus labios—. Gracias.
— Me alegra escuchar eso. Cualquier cosa solo di mi nombre y apareceré —la rubia asintió—. Parece que mi hermano no quiere acompañarnos. —Dijo el Hatake mirando un punto en específico en la distancia.
— ¿Puedes verlo? —Le siguió la mirada.
— Claro —suspiró—. Solo deja que lo vea para que sea testigo de cómo levanta cierto dedo de su mano.
Temari comprendió a que se refería y no pudo evitar atorar una pequeña risa en su garganta. El tener al Hatake ahí cuidándola hacia que el creador de sus pesadillas se comportara por primera vez inmaduro e inofensivo.
(…)
Era momento de dar la cara a sus clases extracurriculares.
— En el próximo fin de semana se llevara a cabo la competencia estatal de atletismo contra otras universidades —anunció con voz firme un hombre moreno, de semblante estricto y calvo quien portaba ropa holgada y deportiva—. Comenzaremos con los preparativos para ese día. Practiquen, descansen y recuerden no lastimarse. ¡A calentar! —Sonó su silbato que colgaba de su cuello indicándole a sus alumnos que iniciaran con su entrenamiento—. Señorita Sabaku, —dijo deteniendo en su lugar a la rubia—. Veo que estas de vuelta. Espero que tengas una buena razón para ello.
— Lo siento entrenador.
— ¿Crees que podrás formar parte del equipo? —Inexpresivo levantó una ceja.
— Daré lo mejor para que así sea.
— Voy a evaluarlo. De no cumplir con el objetivo estarás fuera, ¿de acuerdo? —ella asintió—. Muy bien, ve a calentar y no decepciones.
Temari fue a reunirse con sus compañeros tal cual se le ordenó y sin demorarse comenzó con su rutina.
— Vean quien regresó —pronunció casi en una melodía la mujer—. Pensé que algo malo te había pasado, que mal que no fue así.
El comentario no solicitado hizo que un par de chicas quienes la Sabaku solía llamar lacayas de la víbora rieran. La propietaria de esa voz era una chica de cabello pelirrojo largo y lacio, tenía tez clara, ojos de felino y pupilas cafés. Era difícil de creer que a pesar de su actitud pedante, era una excelente estudiante. Prodigio en la orquesta de la universidad y tendía en destacar en todos los ámbitos escolares. Lamentablemente que tuviera conocimiento de su valor estudiantil, alentaba que elevara su ego sobre los demás. Tornando sus palabras en mensajes desalentadores e hirientes contra el resto. Aunque para la Sabaku eso eran más que simples caramelos comparado con lo que había estado lidiando las últimas semanas.
— Necesitaba un descanso de ver tu rostro, Tayuya —respondió estoica la rubia mientras se estiraba para tocar la punta de sus pies—. Escuchar tu voz a diario me enfermó.
— ¡Que agallas para hablarme así! —Colocó sus manos sobre su cadera.
— ¿No tienes flautas o chicos que soplar? Estoy ocupada y me gustaría concentrarme.
— ¡Eres! —la pelirroja apretó sus puños y resopló su flequillo para recuperar su compostura— como quieras zorra. Comerás polvo de todos modos.
Rodando la mirada se colocó sus audífonos inalámbricos para que la ayudaran a concentrarse en terminar sus estiramientos. En cuestión de minutos, tanto como sus compañeros como ella se posicionaron en los carriles de la pista del patio de su universidad. Pacientemente todos esperaron las indicaciones de su profesor. Hasta que llenó sus mejillas de aire y sonó el silbato que colgaba de su cuello ordenándoles que comenzaran a correr. Temari procuró no excederse, pues era obvio que su larga ausencia hubiera afectado su constante desempeño y su cuerpo sabía que no estaba preparado para retornar a su viejo ritmo. Sin mencionar que su mala alimentación y pocas horas de sueño no estaban inclinando la balanza a su favor.
Habían pasado apenas cinco minutos cuando sintió que le faltaba el aire y que sus pies le pesaban. Creyó que podría soportarlo si regulaba su respiración, pero estaba equivocada. Su vista empezó a nublarse y sus piernas le advertían que no le iban a dar para más. Por lo que tuvo que detenerse en seco en su lugar, apoyando las palmas de sus manos sobre sus rodillas sin dejar de jadear escandalosamente. Su cuerpo se sentía inusualmente frío y estaba sudando por montones.
— ¡Sabaku! Fuera de la pista. —Escuchó la voz de su entrenador.
Antes de que pudiera abogar por ella misma escuchó unos pasos aproximarse acompañados por una voz femenina que la señaló:
— Mira quien está soplando ahora, ¡perdedora!
Su molesta risa se difuminó en el viento. La rubia apretó la quijada, se reincorporó apoyando sus manos detrás de su espalda baja y exhaló una gran cantidad de aire al cielo. Obligó a sus piernas temblorosas llevarla fuera de la pista mientras escuchaba a su agitado corazón en el tímpano de sus oídos. Logró llegar a las gradas sin derrumbarse, tomó asiento a regañadientes y se inclinó hacia el frente apoyando sus codos sobre sus rodillas sin dejar de dar respiraciones profundas. A medida que trascurría su clase, sus compañeros estaban preparando la pista para hacer una carrera de obstáculos. Mientras que la testaruda chica de orbes aqua estaba por su cuenta haciendo unos cuantos ejercicios de agilidad, lo cuales antes le tomaban cinco minutos en completarlos, pero ahora le estaban costando una media hora y toda su energía. Estaba echada sobre su espalda, inhalando y exhalando su aliento en grandes cantidades. "Un set más", se demandó, pero al intentar levantarse del suelo se dio cuenta que sus fuerzas se habían acabado y solo consiguió sentarse en su lugar.
— Hey, ¿cómo vas? —Se acercó trotando la morena.
— Estoy un poco fuera de forma. —Respondió gastada.
— El entrenador me mandó a buscarte —le ofreció su mano para ayudarla a levantarse—. ¿Crees que podrás participar en las carreras de relevo?
— Te mentiría si te digo que sí —tomó su mano y se paró sobre sus pies—. Gracias Karui.
— En ese caso dice el profesor que al menos trotes alrededor de la pista.
— Está bien. Ya te alcanzó.
Despidiéndose con un ademán, la de pupilas doradas retornó con su profesor para darle el mensaje de Temari. Para ella era desalentador ver que sus compañeros estaban haciendo los ejercicios importantes y ella solo era capaz de trotar en las orillas de la pista. Cosa que hizo despacio y sin detenerse. Hasta que su clase llegó a su fin. Su maestro les dio retroalimentación a cada uno sobre su desempeño. Haciendo énfasis en los pocos que estaban considerados para competir y aquellos que servirían de reemplazo en caso de cualquier imprevisto. El hombre con un aplauso dio por terminada la sesión. Los otros alumnos empezaron a retirarse, pero detuvo a la de orbes aqua para darle una reprimenda.
— Si el viernes no mejoras tu rendimiento Sabaku, quedaras fuera.
— Lo sé. —Agachó la cabeza.
— Este comportamiento tuyo es extraño. No sé qué este pasando, ni me interesa saberlo pero si quieres tener un lugar en este equipo es tiempo que te concentres y des tu mayor esfuerzo.
— Así será.
— Menos palabras, más resultados. Puedes retirarte.
Sentencio él dejándola completamente sola en el patio de la universidad y con un mal sabor de boca. No era de ella actuar así. Incluso enferma podía dar el triple del rendimiento que dio ese día. Antes solía ser de los primeros lugares. No se molestaban en ponerla a prueba, pues solo con su determinación y dedicación era suficiente para garantizarles los mejores lugares en el podio para su universidad. Sin embargo, en las condiciones que se encontraba en ese momento ya no podía representar a su equipo en las grandes ligas. Lo que no solo ponía en juego su vida sino también la beca que cubría la mayoría de su colegiatura y le daba la libertad de ser independiente. Harta de lamentarse por sí misma, decidió que ya era tiempo de que recuperara el control de su propia vida.
(…)
Tal como lo programó su alarma sonó a las seis de la mañana. La apagó y se obligó a despegarse de la cama. Inmediatamente comenzó a sentir lo adoloridos que estaban sus músculos por todo el entrenamiento del día anterior. Muy en contra de su voluntad empezó a calentar y de ahí arrojarse a la calle. A unas cuantas cuadras de su departamento había un buen tramo el cual era perfecto para correr. Parte del recorrido era bajar por una calle empinada, pero si quería regresar a casa y llegar a clases a tiempo tenía que volverla a subir. La inclinación que tenía era infernal, pues a duras penas llegó a la cima. Estando ahí sus piernas le temblaban y goteaba su intenso sudor en la acera.
Al acabar sus clases, regresó a su práctica de atletismo demostrando su tenacidad para conservar su lugar en la prueba. Empujandose a si misma hasta sus límites, siguiéndole el paso a Tayuya por tres vueltas y quedándose atrás las otras dos. Comprobándose que sus músculos solo necesitaban reactivarse para llegar a su objetivo. En lo que la rubia desgarraba sus piernas para dar lo mejor de sí, era observada desde la distancia por el arcángel y el demonio. Shikamaru tenía las manos atadas por la presencia de ese molesto ser, pero eso no lo detenía que ideara un plan para asegurar su propia victoria en esa apuesta. Mientras que Kakashi pretendía estar relajado, pero no le despegaba la vista de encima a su acompañante. Analizando cada movimiento, cada parpadeo, cada inhalación, buscando descifrar con precisión a ese extraño demonio.
— Es sorprendente como se esfuerza, ¿no lo crees hermano?
Comentó el Hatake con las piernas cruzadas, vigilando a la chica desde las gradas casi vacías que estaban junto a la pista. Los dos eran invisibles para el ojo humano, así que las personas que también estaban ahí no podían detectar su presencia. Aunque al no obtener respuesta del Nara, este lo miró de reojo. El demonio con los brazos cruzados estaba subiendo y bajando la pierna ligeramente.
— No somos hermanos.
— Tranquilo —alzó los hombros—. Te recuerdo que si gana, no morirás.
— Tsk, eso que me importa —arrugó su nariz con rabia—. Ella ya debería de estar muerta y yo con mi siguiente víctima.
El Hatake suspiró.
— Por tus modos de ejecutar tus planes creí que serias más paciente.
Este no le volvió a responder. Aunque el meneo de su pierna volvió a atraer la atención del arcángel. "Que inusual", pensó el de cabello platinado.
(…)
Pasaron los días. El día siguiente sería el que decidiría si tendría la oportunidad de combatir por su propia vida en muchos aspectos, pero para lograrlo tenía que estar bien descansada. La Sabaku se metió a su cama, apagó las luces y se enterró debajo de sus colchas. Transcurrieron algunos minutos de silencio, los cuales la estaban arrullando y alistándola para entrar en el mundo de los sueños. Hasta que abruptamente se hizo notar un ruido seguido de unos forcejeos. Esto hizo que se reincorporara de un respingo y buscara desesperadamente el interruptor de su lámpara más cercana. Revelando con la ayuda de su luz la ubicación de los dos seres que la seguían. Kakashi estaba empujando a Shikamaru contra un mueble mientras ambos se sujetaban del cuello de sus camisas. Mostrando los dientes y con una evidente mueca de fastidio la miró de reojo el Nara, siendo contrastado por el amigable y consternado rostro del Hatake. Temari pasó de estar boquiabierta a un enojó repentino.
— ¡¿Sería mucho pedir que se queden quietos esta noche?! —Demandó la chica con el ceño fruncido.
— Lo siento, —dijo el Hatake sin soltar del cuello al demonio— no volverá a suceder. —Asintió avergonzado por haber despertado a la dama.
Temari los linchó con la mirada a los dos, apagó la luz y se arrojó de mala gana de vuelta a sus sabanas. Aunque gradualmente iba recordando su verdadera posición. Dos seres fuera de este mundo aguardando por el resultado de su prueba.
(…)
Al llegar a la mitad de la pista, la Sabaku comenzó a presionar por detrás a la pelirroja con su presencia, luego se colocó a la par con ella. Tan pronto Tayuya vio que amenazaba con quitarle su merecido lugar aceleró sus pasos. Cosa que imitó la rubia. De nuevo ese par de ojos azabaches eran testigos de esa riña, en lo que cuidaba que su "hermano" no jugara sucio en esa calificación. El cual estaba a unos pocos metros de él, sentado en las gradas, con la cabeza agachada, brazos cruzados y emanando un aura de intranquilidad.
Le faltaba poco para llegar a la meta. La pelirroja le dedico una mirada de muerte a la chica, pero Temari la sorprendió tomando la delantera y dejándola atrás a tan solo cinco metros de la meta. Presionándose al máximo, drenando por completo sus reservas restantes de energía, provocando que su vista se oscureciera por el exceso de ejercicio y aunque no pudiera verlo, supo que cruzó la meta. A ciegas se encaminó fuera de la pista, tropezó con un pequeño bache que delimitaba una jardinera y se derrumbó sobre sus rodillas. Aprovechó que estaba tan cerca del suelo para tumbarse panza arriba para recobrar su visión, su aliento y sus energías. Colocó su mano sobre su frente fría y exhalaba escandalosamente aire.
— ¡¿Estás bien?! —Trotando se acercó la morena.
— Si —jadeó— solo necesito —volvió a jadear— un minuto.
— Señorita Sabaku, —al escuchar la voz de su entrenador, hizo como pudo para sentarse en su lugar. Apoyando su codo sobre su rodilla flexionada y descansando su mano detrás de ella. Al menos ya estaba recuperando su visión—. La felicito. Logró calificar para la competencia del día de mañana —mencionó él anotando algo en su tabla—. Descansa en lo que termina el resto de tus compañeros. Todavía faltan entrenamientos por hacer.
— Si entrenador. —Exhaló aliviada.
Cuando la carrera para calificar terminó, su maestro finalizó el día por mencionar a los competidores suplentes y claro mencionó el nombre de Tayuya entre ellos. La recién mencionada quería estallar de cólera al averiguar que por culpa de Temari la rebajaron a ser la segunda opción. Por fortuna, Karui estaba ahí y, como el resto de sus compañeros, notó lo histérica que se puso la chica de orbes marrones. Decidió que era prudente quedarse junto a la rubia en lo que recobraba sus fuerzas. Aun así, Temari sabía que todavía no podía cantar victoria hasta que la verdadera prueba comenzara.
El arcángel vio por el rabillo de su ojo al demonio, quien se presentaba atormentadoramente tranquilo a diferencia de los días anteriores. El Nara miraba intensamente a su presa con su típica expresión en blanco y luego le correspondió la mirada al hombre de cabellos plateados. Su mirada podía congelar a cualquiera, pero detrás de esas vacías pupilas descaradamente le aseguraba al Hatake que estaba tramando algo y no era nada bueno. Shikamaru había encontrado su punto ciego sin que él lo supiera y lo iba a usar a su favor.
(…)
Llegó el día. Como empezó a hacerlo esa semana, salió a correr por su colonia muy temprano en la mañana. Regresó, se duchó y fue al lugar donde se llevaría a cabo su competencia. Era en un estadio viejo de su ciudad. Alguna vez llegó a albergar una competencia para los olímpicos, pero ahora servía para partidos de futbol, conciertos y eventos universitarios como el que la Sabaku estaba asistiendo. Todos los competidores tomaban turnos para calentar sobre la pista y darle oportunidad a los demás de hacerlo. Sin importar que fueran suplentes o principales, tenían que practicar sus ejercicios en la sección de la pista que les correspondía. Temari realizó cada una de las prácticas, solo lo necesario para estirar sus músculos sin llegar a fatigarlos.
Entonces una voz lleno el aire del estadio. Era el anunciador que aseguro tanto a los participantes como a los espectadores que la competencia estaba por comenzar. Fue anunciando cada una de las universidades participantes y luego las categorías que se llevarían a cabo ese día. El estadio estaba medio lleno. Grandes grupos cantaban el nombre del equipo que apoyaban y sutilmente destacaban unos cuantos gritos independientes que vitoreaban el nombre de uno que otro competidor en específico. Entre la multitud por supuesto que se encontraba la familia y amigas de Temari apoyándola desde algún punto de las gradas.
Su equipo se reunió con su entrenador, quien les fue informando en que categoría participaría cada uno y cuando llegó a su nombre añadió: carrera de cien metros. Al tener conocimiento de esto, comenzó a mentalizarse. Claro que iba a ser difícil, pues era un tramo más largo que lo que estaba acostumbrada a correr. Exhaló una gran cantidad de aire, era algo abrumador, pero sus pensamientos se frenaron por completo cuando vio un rostro familiar acercársele. Era aquel hombre de melena plateada, quien vestía de camiseta negra y jeans holgados de mezclilla. Logrando adaptarse a la perfección con su atuendo en medio de la gente que lo rodeaba.
— ¿Lista para tu prueba? —Adornó sus palabras con una reconfortante curvatura en sus labios.
La rubia miró a su alrededor al notar que varias chicas comenzaron a cuchichear entre ellas al notar la presencia del Hatake. Podían verlo eso era seguro, porque sus pupilas no dejaban de seguirlo.
— Un poco nerviosa. —Suspiró.
— Lo harás bien —apoyó su mano sobre su hombro—. Recuerda que solo tienes que terminar la carrera, no importa que no llegues en primer lugar.
Temari asintió, pero sus nervios no solo eran por lo que representaba esa prueba. Miró de reojo a sus alrededores sin hacerlo tan obvio.
— ¿Él está aquí?
La vista del de cabello platino divago con la de ella.
— Lo está, pero no ha querido hacerse presente. No tienes porque preocuparte. Esta advertido que si interviene yo también lo hare. Todo saldrá bien. Lo has hecho de maravilla hasta ahora.
— Gracias.
— No te distraeré más —levantó su mano para hacer una seña de despedida en lo que se retiraba—. Da lo mejor de ti.
— ¡Por supuesto!
— ¡Es hora! —Ordenó su entrenador— ¡A sus lugares chicas!
La Sabaku obedeció dirigiéndose hacia la pista que era el centro de atención de los espectadores. La carrera femenil de cien metros estaba a punto de comenzar. Conforme se iban posicionando, los gritos y rugidos de apoyo se acrecentaron. Temari respiraba hondo en lo que se acomodaba sobre su taco de salida. Apoyo sus dedos sobre la tierra y miró hacia el frente, su palpitar estaba inquieto y meneo ligeramente su cuerpo en su lugar. "Concéntrate", se repitió a sí misma, reflejando en sus orbes aqua en el horizonte. La voz en el parlante les anunció a los competidores que se prepararan. Respiró profundo nuevamente. Casi era hora. El breve conteo regresivo había dado comienzo. Tres, dos, uno. Un ensordecedor pitido se hizo sonar en el lugar, detonando el impulso de las competidoras para arrancar.
Los pequeños guijarros se hicieron escuchar debajo de los zapatos de la rubia. Estaba concentrada en una cosa. Mantener el ritmo y empujarse al límite cuando estuviera unos pocos metros de la meta. Poco a poco, algunos competidores fueron quedándose atrás. Ella sacudió su cabeza, tratando de desalentar cualquier distracción de su objetivo. Cuando iba a la mitad de la pista, el aire que respiraba comenzaba a quemarle sus fosas nasales por la intensidad en como lo jalaba, así que se limitó por inhalar por la nariz y exhalar por la boca. "Concéntrate", aunque sus piernas empezaron a dar alertas que estaban fatigadas, pero su constancia la estaba gratificando al mostrarle que ya había alcanzado los primeros cuatro lugares.
Kakashi no podía dar con la ubicación del demonio. Sentía su presencia y por su pacto sabía que no podía estar lejos. Ante sus ojos no notaba nada inusual y la chica se estaba desempeñando como lo había estado haciendo los últimos días. "¿Qué tramas?", pensó el de cabellos plateados. La desesperación del Nara por reclamar su trofeo estaba evidenciando sus intenciones y sus acciones se habían vuelto erráticas. El Hatake cruzado de brazos se acercó más a la pista y colocó sus pupilas sobre la rubia. Los minutos transcurrían. Esa "normalidad" comenzó a molestarle.
Dentro de su mente Temari imploraba por que la carrera diera fin. Las alertas de que había cruzado su límite de cansancio estaban llegando lentamente. Pies pesados, poco oxígeno, cuerpo frío y visión que se tornaba nublosa. Temari siguió mentalizándose, impulsándose a sí misma de continuar. No podía fallar. No podía fallarse a sí misma.
— "¿Dónde te ocultas?", —Nervioso siguió buscando con más determinación su alrededor—. "¿Entre la multitud? No. La quería a ella. Su instinto la perseguía a ella". Perseguirla. ¡Claro!
Kakashi se apartó de la muchedumbre para volverse invisible sin levantar un escándalo por hacerlo. Sin demorar extendió sus enormes alas blancas de su espalda, batiéndolas rápidamente para emprender vuelo a varios metros de altura y extendió su mano invocando con este acto del fino aire una espada cuyo filo emanaba llamas vivas de la misma. Entonces se dejó caer en picada blandiendo su espada justo por donde apenas había pasado Temari, precisamente donde estaba su sombra. Por un segundo de diferencia, aquella criatura que había estado buscando incansablemente reveló finalmente su ubicación. La chica pensó que había sentido una sutil brisa, desconociendo que en realidad se trataba de una pelea entre los dos seres que luchaban por su vida. Shikamaru brincó hacia a un lado evitando el filo del arma de Kakashi, quien uso sus alas para estabilizarse. Cada uno terminó en lados opuestos de la pista y en el espacio que los apartaban lo llenaban con sus penetrantes miradas y con los concursantes que seguían corriendo entre ellos.
— Muy astuto —volvió a levantar su espada—. Lograste infiltrarte justo debajo de mis narices.
— Demasiado tarde —escupió a secas—. Le he drenado suficiente energía para que colapse en cuestión de segundos.
— Subestimas a los seres humanos. El que demoraras en cumplir con tu cometido, ha hecho que ella aprenda a sobrevivir tus artimañas.
Shikamaru tronó la boca. Ambos permanecieron frente a frente y miraron de reojo a la Sabaku que seguía dirigiéndose hacia la línea de meta. Lamentablemente, tal cual lo sentencio el demonio, ella pensó que estaba perdiendo el conocimiento por sobre exigirse. Pero se rehusaba a renunciar. Se negaba perder de esa manera. Aunque su cuerpo la estaba saboteando para que no lograra tan siquiera completar esa carrera, ella decidió ignorarlo. "Tú puedes", tambaleó. "No permitas que te gane de nuevo", inhaló aire con la boca completamente abierta. "¡Vamos tu puedes!", su visión se apagó pero continuaba consciente. Sin importarle, prolongó su esfuerzo corriendo en automático hacia el frente. Entonces escuchó gritos de euforia a lo lejos. Alguien ya había cruzado la línea de meta. Un poco más. Solo un poco más. Siguió empujando sus piernas hasta que se noqueo a si misma por el cansancio.
Su cuerpo cayo cual costal al piso, como si lo hubieran desconectado de su mente y este ya no le respondía más seguía consiente. A lo lejos escuchaba un eco de voces que le hablaban. La rubia no entendía lo que decían, hasta que el pitido que escuchaba dentro de sus oídos disminuyó.
— ¿Puedes levantarte? —Una voz masculina le preguntó.
A pesar de ser una mentira, Temari asintió extendiendo su mano hacia la nada. Pronto alguien la tomó y entre dos personas la ayudaron a levantarse para sacarla de la pista. La guiaron hasta una silla y comenzaron a revisar sus signos vitales.
— ¿Te golpeaste algo?
— N-no. —Por fin articuló la de orbes aqua, negando torpemente con la cabeza.
Escuchó las ordenes que la persona que la estaba revisando le dio a su compañero para atenderla y cuando por fin pudo quitarse el velo de la fatiga de su visión se dio cuenta que estaba del otro lado de la meta y por varios metros.
— Te desmayaste después de cruzar la meta. ¿Has estado evitando comidas últimamente? —Preguntó el paramédico que estaba revisando su presión.
— No —jadeó sintiendo su cabeza fría—. Solo comencé a sentirme rara al final.
— No es saludable hacer lo que hiciste, mucho menos por un lugar —la envolvió con una toalla seca—. Pero supongo que te saliste con la tuya esta vez.
— ¿Un lugar? —Frunció el ceño la rubia.
— Fuiste la segunda en llegar. Felicidades, pero ahora reposa e hidrátate.
El paramédico le dejo un suero y se apartó de ella. Temari aún se sentía algo fuera de sí y a pesar de su agitada respiración una sensación de alivio la inundo. Lo había logrado. Exhaló una sonrisa. Iba a recuperar su vida. Tan pronto levantó su mirada, volvió a encontrarse con esa familiar figura de antes.
— ¡Kakashi, lo logré! —Exclamó mostrando todas las perlas de su boca.
— Sabia que podías hacerlo —le sonrió gustoso—. Felicidades. De ahora en adelante recuperaras la paz que solías tener. Sé que estas agotada, pero es momento de concluir los nuevos términos de tu contrato, ¿te parece? —Chasqueó los dedos haciendo que todo se detuviera en seco a su alrededor. Las personas se quedaron inmóviles en su lugar, el ruido se ensordeció en un santiamén y el tiempo se congeló para todos… menos para él arcángel y Temari—. Es tu momento de reescribir unos términos de su pacto. Se inteligente con lo que vas a pedir y recuerda, que no podrás deshacerte de él. Para reescribir por completo las cláusulas de tu pacto tendrás que estrechar su mano. ¿Entendido?
La de orbes aqua respiró profundo.
— Estoy lista.
El Hatake volvió a tronar los dedos, haciendo que apareciera enfrente de la rubia aquel demonio que tanto la había hecho sufrir. Envuelto en cadenas que irradiaban una luz blanca y sometiéndolo a que estuviera de rodillas delante de ella. A Shikamaru claramente le frustraba estar en esa posición tanto que intentó luchar contra aquellas cadenas. Se le veía muy molesto y bastante alterado.
— Dile a mi maleducado hermano cuáles son tus nuevos términos —dijó el de cabellos plateados—. Te recuerdo que no desperdicies tus palabras con cosas que sabes que no podrás obtener.
La rubia se tomó un minuto entero en reflexionar lo que diría a continuación. Cuando se sintió segura de sí misma levantó su rostro y llenó sus ojos aqua de determinación.
— Ya no podrás lastimar, perjudicar, torturar, matar ni emocionalmente, psicológicamente ni físicamente a nadie que me importe, aprecie, sea mi amigo, sea cercano y/o ame mucho menos a mí. Nunca más.
— Sabias palabras. —Añadió el Hatake.
Las cadenas obligaron al demonio a extender su brazo hacia su víctima, mostrándole que los lazos de su pacto reaparecieron sobe la piel de su antebrazo. La Sabaku titubeo si debía tomarla o no, pero ya había llegado tan lejos. Al conectar sus manos, los lazos de sus pactos se reconectaron y brillaron ahora con una luz blanquecina para luego desvanecer en cuestión de segundos.
— Creo que eso cubre la mayor parte de todo —Kakashi volvió a hacer que las cadenas bajaran el brazo del desesperado demonio, se puso de cuclillas enfrente de él y colocó un dedo enfrente de su boca como si le pidiera silencio—. Bendigo este pacto para protegerla.
Entonces el demonio desapareció. El arcángel se reincorporó y fue por otra silla para colocarla enfrente de la rubia.
— Podrá ser un demonio, pero su sentido del oído no es extraordinario —comentó serio el arcángel—. Lo aleje lo suficiente para que podamos charlar libremente y sin interrupciones. Dime tus dudas, pero después quisiera que te cuestionaras ciertas cosas —cuando volteó a ver a la rubia pudo leer toda la confusión en su rostro—. Oh, cierto. He vuelto a congelar el tiempo. Mi especie puede hacerlo para momentos como estos. No afectan la línea del tiempo y los de tu especie no lo notan en lo absoluto.
— ¿Cómo sé que este nuevo pacto funcionara?
— Te lo garantizo, sino pongo mis alas en juego. Para la raza demoniaca un pacto es sagrado y lo deben de seguir al pie de la letra. En caso de romper el que tiene contigo perdería tu alma y volvería al infierno por mis propias manos.
— ¿Por qué no simplemente lo eliminas de una vez? ¿Creí que tenías el poder?
— No es tan sencillo —el de cabellos plateados torció su boca—. Desconozco si el pacto fue para esto precisamente, para que los míos no lo regresaran al infierno de golpe. Pero si una fuerza mayor intenta intervenir o llegara a eliminarlo de tu vida por otros medios mientras tu pacto sigue vigente, en ese instante morirías y él regresaría al infierno con tu alma entre sus manos. Estando allá tiene que rendirle cuentas a alguien y encontraría el modo de regresar al plano mortal tarde o temprano. Tu única opción viable era que reescribieras los términos que ya regían tu vida.
— ¡¿Así que simplemente debo aceptar que pasare el resto de mis días con mi potencial homicida?! —Estalló incrédula.
El gesto que hizo el arcángel le pidió calma sin pronunciar palabra alguna. Temari bufó, cruzando los brazos y permitió que este continuara.
— Sé que no es fácil, pero haz logrado recuperar la mayor parte de tu vida. De no habernos encontrado, me temó que no estarías aquí en este momento —notó como la desilusión se posó sobre la de orbes aqua—. Escucha. No todo está perdido. Hay una manera de salvar tu alma, pero para que eso suceda él tiene que romper su contrato voluntariamente. Habiendo dicho esto, tienes que saber que esa decisión no es una que él pueda tomar a la ligera. Porque de hacerlo tendría que pagar las consecuencias. Unas que incluso hacen temblar hasta a los demonios de mayor rango que él. La compasión es algo imperdonable entre los demonios.
— ¿Entonces qué? —cuestionó apagada y dejó caer su espalda sobre el respaldo de la silla mientras sonreía irónicamente—. ¿Ignoró lo que me hizo y trato de llegar a su lado noble para lograrlo?
— No voy a pedirte que lo perdones. Sé que te ha aterrorizado y puesto tu vida en riesgo en incontables veces. Créeme tienes tu merito por haber sobrevivido a todas. Pedirte que sigas conviviendo con él, no será tan bueno para tu salud emocional, pero necesito que pongas algunas cosas en perspectiva. Dime algo, durante el tiempo que has interactuado con él, ¿siempre se ha presentado con la misma forma humana que tiene ahora?
— Si —respondió ella frunciendo el ceño e indagando dentro de su memoria—. Excepto cuando era niña. Se acercó a mi luciendo como un cervatillo, pero cuando realizamos el pacto —un fugaz recuerdo destelló en su cabeza— comenzó a tomar otra forma. No la recuerdo muy bien, era muy pequeña y estaba oscuro.
— Los demonios van adaptando su forma dependiendo del número de víctimas que vayan acumulando. Entre más almas consigan, más grotescos y aterradores se vuelven al ojo mortal. Es muy sencillo adoptar una forma humana, con eso logran embaucar a los demás —hizo una pausa—. Él que te sigue tiene sus manos manchadas de sangre por incontables víctimas. Cuestionó porque eligió una forma humana para comenzar a hostigarte, pues su verdadera forma te hubiera corrompido en un santiamén. Quizás ese era su último as debajo de su manga para acabar contigo. La cual ya no podrá recurrir, pues su nuevo pacto le prohíbe perturbarte a ti y a tus seres queridos. Cada demonio tiene su estilo para matar, pero con mi hermano infiero que no suele meter sus manos para hacerlo. Sino que guía a sus víctimas a que terminen con sus vidas ellos mismos. Él simplemente los sigue, los lleva al borde de la locura y observa todo sin parpadear —hizo una pausa y retornó con una voz seria—. Siguiente punto. Sabemos que asesino a tu ángel guardián, algo que requiere experiencia y habilidad para hacerlo y me temó que no era el primero que ha eliminado. Shikamaru es un demonio de rango más alto de lo que creemos. Quiero creer que descansaba después de su ardua pelea para regir tu vida en lo que se ganaba tu confianza, pues es más fácil entrar cuando dejan las puertas abiertas. Eres vivo ejemplo de eso. Cualquier mente perversa hubiera ideado un plan para destruirte a ti y a tu familia en ese momento. Tenía la ocasión, las herramientas, la inteligencia. Un gran botín lo esperaba desde día uno… pero prefirió condenarte a un pacto hasta el final de tus días. Devorándose tu sombra, moldeándose a ti para seguirte y sustituyéndola por completo. Limitando su propia libertad, pues no puede alejarse de ti más de un par de kilómetros, pero eso hace que logre pasar desapercibido tanto por ti, como de nosotros y de otros demonios por años. ¿Qué paso después de eso?
— Nada. Me hizo creer que había cumplido con su palabra y con el tiempo creí que solo fue un mal sueño.
— Es cierto que es una criatura que depende de los seres humanos en muchos factores. Se alimenta de tu energía y sentimientos oscuros. Los fomenta a base de torturas para incrementar tu miedo y así ganar más poder. Orillándote a perder el juicio y tomar decisiones que no considerarías estando cuerda. Con la fuerza que almacenó en un solo año como tu sombra era más que suficiente para asesinarte con un solo dedo aun tú siendo una niña. Las almas de los infantes tienen un gran valor en el inframundo. Pudo regresar a casa como todo un conquistador, pero se abstuvo. Para ser un demonio tiene bastante autocontrol en sí mismo, pues su naturaleza los obliga a actuar. Es como una comezón que no se pueden rascar físicamente, entre más se tarden en encontrar otra alma que seducir y tomar, está molesta sensación empeora para ellos. En tu caso, cada vez que te torturó, te lastimó, intentó asesinarte o te puso en peligro fue aliviando solo un poco esa picazón que tenía acumulando por años. Pero al día siguiente esta regresaba y con más fuerza. Por lo que también intensificaba el nivel de su tortura. No trato de justificarlo. Todas sus intenciones son claramente malas, pero creo que ya comprendí por qué esperó hasta ahora. El motivo de porque alargó tanto tu vida sin actuar es porque es un cobarde.
— ¡¿Qué?!
— Su problema no es asesinando, sino regresar a ajustar cuentas allá abajo. Su intelecto le ayudó a encontrar lagunas legales en sus obligaciones y permanecer lejos de ese tormento por años. Tuvo que experimentar con sus previas victimas para encontrar los alcances de su escapatoria, mas no puede extenderse mucho por su insaciable instinto de cumplir con lo que esta encomendado. A pesar de eso, sigue siendo bastante peculiar, pues es un demonio que está en conflicto consigo mismo. Todavía no puedo ver a través de sus intenciones, pero no lo puedo culpar de no querer regresar al averno de donde salió. Por ahora los dos están metidos hasta el cuello en algo que no los beneficia individualmente, pero creo que pueden aprender a vivir con ello. Espero que esta nueva perspectiva, pueda darte calma en ciertos puntos y que no aborrezcas tanto a mi hermano. Sonara cruel que lo diga así: Con su pacto cambio de dueño, pero con eso le da más libertad que la que tenía antes. Supongo que con toda esta información genere más dudas que respuestas. Por ahora asimila lo que te he dicho y celebra tu éxito. Tengo que irme, pero nos veremos pronto. Te lo prometo.
Antes de darle oportunidad de hablar, el Hatake desapareció con otro chasquido de dedos. Así permitiendo que el flujo del tiempo regresara a la normalidad y que los espectadores celebraran con sus voces a las ganadoras de esa carrera. Cerca de los vestidores Temari encontró a sus hermanos y a su madre, quienes la recibieron con entusiasmo. Karura la abrazó con felicidad.
— ¡Felicidades hija! —Se alejó un poco sin soltarla de sus brazos— Me asuste cuando vi que te caíste, pero veo que ahora estas bien.
— Compartiré tu caída como los momentos más vergonzosos de Temari Sabaku. Te harás viral hermana. —Dijo el castaño.
— Adelante. Aunque tristemente será opacado por cómo te pusiste en la fiesta de mi cumpleaños. —Contra arresto la de orbes aqua.
— ¡¿Qué?! —Se le quería caer la cara— ¡¿Hay videos?!
— Diferentes tomas y perspectivas —comentó triunfante—. Todos esos bellos recuerdos están en mi teléfono. Gracias por darme el mejor cumpleaños de mi vida.
— ¿Gaara porque no me cuidaste? —Cuestionó con la cara de perro regañado.
— Porque estaba ocupado grabando esos videos. —Desvió la mirada el pelirrojo.
— ¡¿Qué?! —Lo tomó de su ropa—. Alta traición hermano.
— Muchachos. Hoy es el día de su hermana y cuando salga iremos a celebrarla. ¿Te suena bien, Temari? —Le dedicó una bella sonrisa su madre.
— Si —Asintió con una sonrisa ladeada.
Después que participara el resto de su equipo. Empezaron a entregar las medallas a cada uno de los competidores victoriosos. A la rubia le tomaron un centenar de fotos mientras presumía su medalla plateada sobre el podio. Luego su familia la invitó a cenar a su restaurante de sushi favorito donde comió como si no hubiera un mañana y al final la llevaron a su departamento. Temari estaba muy contenta, como no lo había estado en semanas. Sin embargo, su cuerpo le pedía a gritos que se quedara quieta y descansara, pero primero tenía que darle orden a sus cosas. Entro al pasillo que la llevaba a su habitación y una fuerza bruta la empujo contra el muro. Era Shikamaru que la sujeto del cuello. Sus ojos filosos se clavaron intensamente en los suyos y su expresión delataba estaba evidentemente molesto por lo que había pasado.
La sujetaba lo suficientemente fuerte para clavarla contra el muro, pero no para cortarle su respiración. Aunque sus dedos estaban ansiosos por perforar esa área tan delicada de su cuerpo. Por lo repentino de su aparición se había espantado. Tomó su muñeca jalándola para tratar de alejarlo de ella, pero no lograba ni siquiera apartarlo un milímetro. Gradualmente regresó a su semblante tranquilo, exhaló sus nervios y le sonrió con aires de superioridad al demonio.
— ¿Qué harás ahora? —Murmuró como si estuviera contando un chiste—. Ya no puedes hacerme daño.
— Encontrare el modo princesa —se acercó más quedándose a centímetros de su rostro—. No te confíes.
Se retaron con la mirada por unos segundos y la volvió a soltar con mala gana.
