¡Gracias a Kaoru-sakura por su review! Y lo siento Lu-sun ToT se me fue la onda que tenia actualizar aca también, pero FFtion me dio problemas cuando quise hacerlo. Todo bien ahora, ¡espero lo disfruten!

Capítulo 6: Letras pequeñitas

La garantía de Kakashi permitió que Temari pudiera conciliar el sueño aun estando a solas con el demonio que la vigilaba con rencor. Mentiría si decía que ya había dejado de sentir sus pupilas filosas y ansiosas sobre ella, pero eso no la detendría nunca más pues había conseguido arrebatarle su vida de sus garras. Brindándole una nueva sensación de alivio y libertad. Al día siguiente, la de orbes aqua tenía que salir y para contrarrestar con el calor del medio día se vistió con un top de tirantes de color turquesa, unos jeans negros que le llegaban hasta la cintura y un par de tenis blancos. Dejó su departamento para hacer unos cuantos mandados y como su última parada estaba a tan solo un kilómetro de distancia, optó por caminar por la calle en vez de sacar su coche. De esa manera se evitaría la odisea de buscar un lugar para estacionarse.

A la mitad de su camino, una librería cautivó su atención. Recordándole con su presencia un remoto deseo por adquirir un libro que tenía tiempo buscando. Así como entró, salió rápido de la tienda con una bolsa de plástico colgando de su muñeca. Continuó andando por la acera, escuchando su música favorita con sus audífonos inalámbricos y tarareando la mejor parte de la canción. Pensando lo bien que se sentía por haber recuperado el control sobre ella misma, hasta que un inusual rugido de un motor le llamó la atención. Giró su rostro hacia el origen del escándalo y en un parpadeo un automóvil se había salido del pavimento para dirigirse justo donde ella estaba parada. A la Sabaku no le dio tiempo de reaccionar por lo rápido que se movía. Lo único que fue capaz de hacer fue abrir completamente sus ojos, jalar un último aliento de aire y sentir como su corazón se cayó hasta sus pies. Hasta que, en cámara lenta, sintió que la empujaron fuera del trayecto del vehículo.

Cuando su cuerpo apenas tocó el concreto de la acera, este arrolló a la persona que la salvó. En cuestión de segundos el coche atravesó el delgado muro de cristal de la tienda que estaba junto a ella. Generando una gama de ruidos al colisionar: Cristales rompiéndose y estallando por doquier, la carrocería de aluminio siendo golpeada, raspada y doblada por los pedazos de concreto que derribó con su paso, muebles siendo aplastados por su fuerza bruta y el estruendo que hizo el cofre al estrellarse contra el muro que estaba al fondo de la tienda. Tras quedarse quieto, el claxon del automóvil se quedó sonando indefinidamente como si algo no dejara de presionarlo. Una cortina de polvo difuminó la trágica de los escandalizados espectadores. Exclamaciones de miedo y sorpresa se hicieron escuchar entre ellos.

Temari pudo volver en sí, jadeando el terror que la congeló al casi presenciar su muerte en lo que su corazón taladraba su pecho sin cesar. Sus orbes aqua observaron a su alrededor, notando como los transeúntes se acercaban apresurados al desastre. Uno de ellos se acercó a ella para preguntarle su estado y ofrecerle su ayuda para que se levantara del piso. Logró ponerse de pie, pero la adrenalina todavía la hacía temblar y sus palmas y sus rodillas le palpitaban de dolor por caer sobre estos. Aunque no pudo verlo, ella creía saber la identidad de quien la había salvado. La Sabaku se aproximó al ingreso de lo que fue una tienda de zapatos y se paró atrás de la multitud que fisgoneaba de lejos lo que había ocurrido, pero el humo gris obstruía la visión de todos. De repente una silueta emergió por un lado del coche y por la manera en que se reincorporaba parecía estar mal herido. Sin importarle de donde había salido, el afectado empezó a dirigirse a la única salida que tenía.

— ¡Kaka-!

La chica cortó su voz abruptamente al mismo que inhaló aire. Desconocía si había sido por la adrenalina o el asombro, pero su cuerpo se petrifico. Su salvador increíblemente estaba cojeando hacia ella.

— ¡Qué no se mueva! No sabemos en qué estado se encuentra. —Sugirió un desconocido.

Un joven altruista se acercó corriendo hacia el muchacho que estaba logrando avanzar pese a sus heridas.

— ¡Quédese quieto, por favor! —Intentó tocar el hombro del muchacho—. Si está herido solo empeorara su condición.

En cambio el joven de a coleta aparto la del desconocido con violencia y levantó su rostro. Su mirada confundida coalicionó con la de profunda cólera del Nara, quien ahora estaba jadeando su furia a través de sus dientes.

"Shikamaru", sus orbes aqua querían salirse de sus cuencas, "¡¿me salvó?!"

Hizo a un lado al chico que intentó ayudarlo y luego de dar unos pasos caminó como si nada le hubiera pasado. La rubia retrocedió enmarañada, pues no solo aquel que juró asesinarla la había salvado sino que otras personas podían verlo e interactuar con él. A diferencia de lo que creyó que iba a suceder, el demonio dio vuelta hacia la izquierda y apresuro su paso ignorando por completo la ubicación de la rubia. Llevándose a rastras las miradas anonadadas de los peatones en su espalda. La Sabaku parpadeó perpleja. "¿Qué acaba de ocurrir?" pensó y por primera vez en su vida fue detrás de su torturador personal. Este se dirigió a un parque que estaba a una cuadra de ahí, andaba en línea recta dándole igual si pisaba los caminos trazados del parque o las jardineras que solicitaban con un llamativo letrero "Favor de no pisar". Escaneando con su mirada cada ser que se moviera por ahí, cada persona, cada rostro, cada silueta. Su paciencia se agotó.

— ¡Sé que estas aquí, muéstrate de una vez! —Bramó el Nara.

— ¿Tanta astucia y terminaste usando el mismo viejo truco? —Pronunció con algo de decepción.

La de orbes aqua tuvo que trotar para alcanzarlo. Al llegar al mismo lugar que él también escucho esa familiar voz. Miraron a su costado donde justo había una banca debajo de un árbol. Sentado en ella estaba aquel hombre de plateada cabellera, usando una camisa de manga larga de color azul marino, pantalones blancos y zapatos cafés. Su expresión corporal mostraba lo relajado que estaba, pues tenía un brazo completamente apoyado en el respaldo de la banca, su otra mano descansando sobre su tobillo el cual descansaba sobre su rodilla.

— ¡Kakashi —se le acercó la rubia—. ¿Qué está sucediendo?

El Hatake la miró y le sonrió amistosamente.

— ¡Hola! Debes estar algo agitada, —dio unas suaves palmadas a un lado de él—. Por favor, toma asiento.

Temari le dio un fugaz vistazo al Nara, quien conservaba su semblante frío y no le despegaba la vista de encima al arcángel. Lo que sea que tenía en mente estaba completamente dirigido hacia él. Ella vaciló en lo que debía de hacer, pero aceptó la propuesta del hombre de cabello plateado.

— ¿Puedo? —Señaló lo que colgaba de su muñeca. La rubia había olvidado por completo que todavía lo traía consigo. Sacó el libro de la bolsa y se lo entregó—. Muy amable —se dedicó unos segundos para leer la contraportada— Te explico. Sabía que esta criatura estaba bastante inconforme por como resultó todo el otro día. Nuevamente trató de asesinarte indirectamente, pues ya no puede hacerlo directamente. Anticipando sus artimañas añadí una clausula con mi influencia divina, misma que lo obligó a volverse "físico" para ponerte a salvo y recibir de lleno su propia travesura —el muchacho de la coleta recordó como el arcángel pronunció enfrente de él: "Bendigo este pacto para protegerla"—. No es divertido que te arrolle un auto, ¿verdad hermano?

— ¡Emplumado de mierda! —El Nara se acercó hasta dejar un par de metros de distancia entre ellos.

— En pocas palabras lo "ascendí" de puesto y volviéndolo tú nuevo "ángel guardián". Claro, en versión demonio. —Concluyó en tono de burla.

— Borrare esa sonrisa de tu rostro. —Masculló entre dientes el castaño.

De los pies del demonio salieron unos tentáculos de color negro mate que al moverse lucían flexibles, pero cuando se dispararon hacia el cuerpo del arcángel tomaron la forma de filosas espadas negras. El veloz movimiento tensó a la chica, pero vio que las puntiagudas lanzas se detuvieron en el aire a tan solo diez centímetros de la piel de Kakashi.

— Oh, —continuó con un tono aburrido y sin moverse ni un poco— un demonio de tu nivel e iracundo como tú por su puesto me haría sudar. Pero ¿qué es esto? —Levantó su mirada y la clavó en el semblante hostil del Nara—. Los nuevos términos te están deteniendo —tras decir eso, la rubia notó la marca de su contrato apareció solamente en el brazo del chico de la coleta. Este lo sostuvo y apretó la quijada como si estuviera soportando un cierto grado de dolor—. Esto pasa por dos cosas. Una no puedes atacar gente enfrente de ella a menos que sea para protegerla y dos me aprecia por haber intercedido en tus sucios trucos —bufó por la nariz el Hatake—. Odiaría estar en tu lugar. Un demonio que resguarda a su víctima, serás el hazme reír del fuego eterno.

— Cierra la boca.

Sus orbes aqua se deslizaron hacia la mano del brazo que se estaba sosteniendo el demonio. Estaba completamente cubierta de sangre. La rubia frunció el ceño tratando de comprender, todo pasó tan rápido que no se percató que el muchacho se había lastimado en medio de ese caos.

— Debo de admitir que te subestime hermano, sabía que estabas resentido por la apuesta —bajó el libro y endureció su voz—. Aunque también te saliste con la tuya esta vez. Espero que en algún día te arrepientas por lo que has hecho.

Tanto Kakashi y Shikamaru sabían a lo que se refería. Su nuevo pacto no incluía a aquellos que la rubia no conocía como el conductor del vehículo que se aventó hacia ella. Minutos antes del accidente, el castaño apareció en el asiento trasero de dicho vehículo y con tan solo pasar las yemas de sus dedos por el cuello del conductor, lo degolló sin necesidad de un arma. Manchando su mano con su abundante sangre fresca, la cual también uso para tomar el volante y girar el auto hacia donde la Sabaku estaba caminando. Sin embargo, de la misma manera apareció dentro del auto, apareció junto a ella. Salvándola inconscientemente de la trampa que él mismo le había tendido. Aunque ese mórbido detalle ninguno de los dos podía confesarlo delante de ella, el demonio no podía perturbarla de ninguna manera y el Hatake omitió decirlo porque eso infundiría más miedo en ella y eso alimentaria su instinto de asesinar más desconocidos para seguir atacándola indirectamente.

— Por ahora no tienes que preocuparte Temari —continuó el de cabello platino—. Lamentaría saber que ya has comprobado que no puede atacarte directamente ni indirectamente ni a tus seres queridos ni a ti. Mientras que a tu nueva mascota, le tomara un tiempo en que sus instintos cambien. Lo que lo irritara después será una inmensa necesidad de protegerte en todo momento —frunció el ceño el arcángel—. Así que cuídala bien, hermano. De ahora en adelante pagaras por cada uno de tus errores —miró a la chica y le devolvió el libro—. Te recomiendo que vayas a casa y dejes tus pendientes para después. Necesitas reposar luego del susto de hoy. No olvides, lo que necesites solo di mi nombre y apareceré. ¡Nos vemos!

Hizo un ademan y desapareció. Al ya no estar ahí, los tentáculos que permanecían suspendidos en el aire por fin atacaron el punto donde estaban destinados penetrando la madera del respaldo del banco en un segundo. Temari miró consternada a su demonio todavía procesando lo que había sucedido. También se desvaneció junto a sus armas letales. Dejándola completamente sola sentada en la banca perforada. Tenía que admitir que era difícil hacerse la idea de vivir junto a su potencial homicida y seguir adelante como si nada sucediera.

(...)

Al llegar a su departamento se sacó un micro susto al ver a su demonio personal echado en el sillón de su sala. Con los brazos cruzados detrás de su cabeza, sus parpados sellados y piernas cruzadas. La rubia respiró profundo y pensó internamente: "Espero te quedes ahí por un buen tiempo", sopló su flequillo y fue a ponerse cómoda. Los días se volvieron semanas. Parecía que su sueño se había vuelto realidad pues Shikamaru no se había movido ni un solo centímetro de su sillón. Cuando salía a la escuela y regresaba permanecía en el mismo lugar. No más acosarla mientras dormía, no más atentados contra su vida, no más alucinaciones ni pesadillas. La Sabaku seguía linchándolo con la mirada desde el comedor hasta que su celular sonó. Miró la pantalla frontal y contesto de inmediato.

— Hola —intento sonar animada a través de la bocina.

— ¡Hola! ¿Tienes planes hoy?

La rubia se quedó muda por un segundo. Aun no estaba tan cómoda como para hablar de su vida personal enfrente de ese sujeto. Se levantó rápidamente y fue a encerrarse a su cuarto.

— ¿Qué tienes en mente? —Preguntó la Sabaku cerrando la puerta detrás de ella.

— ¿Quieres acompañarme a una fiesta de disfraces a las ocho?

— ¡¿Qué?! Faltan dos horas para eso y no tengo disfraz.

— ¡Yo te presto uno! —Atropelló sus palabras la chica—. Hasta ahora me acaban de invitar, pero no conozco a nadie de los que van y tampoco quisiera irme sola.

— ¿Entonces a qué vas? —Cuestionó la de orbes aqua en lo que se sentaba en su cama.

Hubo un largo silencio, después un profundo suspiro lo rompió.

— Es que va Neji —pronunció en voz baja e hizo una pausa—. Hinata no podrá ir porque tiene un compromiso esta noche. ¡Así que por favor! ¡Te lo suplicó! —Chilló la ella por la bocina.

— ¡Esta bien! —Estalló la rubia y calmó su tono de voz en un instante sabiendo que se arrepentiría de lo que iba a decir a continuación—. Iré contigo.

— ¡Ay! ¡Eres la mejor Temari! Te devolveré el favor algún día. Te lo prometo. Del disfraz no te preocupes acá tengo uno extra que te puedo prestar, ¿quieres que pase por ti?

— No. Ya voy para allá. ¿Qué zapatos me llevo?

— Rojos de preferencia o negros. Cualquiera de esos le va bien. Muchísimas gracias de nuevo. En verdad, te amo.

— Sí, sí. Nos vemos en diez minutos. —Exhaló con tedio.

— Muy bien. ¡Bye bye!

Temari volvió a exhalar. Bueno, prefería ser ella quien la cuidara en vez de alguien más. Tomó una pequeña bolsa de maquillaje y condujo hasta la casa de la castaña, quien tan pronto la vio, la abrazó fuerte agradeciéndole nuevamente que hiciera eso por ella. Tenten la llevó a su habitación y se aseguró que su invitada se pusiera cómoda para arreglarse.

— Bien, entonces ¿cuál será mi disfraz?

— ¡Cierto! Ya no te comente —fue a su armario a sacar un gancho que tenía una bolsa de plástico larga para proteger el disfraz. Le quitó la bolsa de encima y se lo presentó a la chica—. ¡Ta-da!

Tenía que ser una broma. La expresión de la rubia se puso en blanco.

— ¿No tienes otro que me puedas prestar? —Preguntó sin temor a herir a su amiga.

— ¿Qué? Pero si es muy sensual —arqueó una ceja. Giró el atuendo para que lo viera por atrás—. Favorecería mucho a tus piernas. Tú que si tienes unas para presumir —el semblante de la Sabaku seguía implorándole que le presentara otra opción—. Solo tengo este, pues ya lo use hace poco en otra fiesta. No quisiera repetirlo en tan poco tiempo. Sé que te estoy pidiendo mucho.

Temari inhaló profundo y exhaló ruidosamente.

— Está bien. Pero tendrás que invitarme a comer después de esto.

— ¡Gracias! Digo el disfraz no es muy atrevido y robaras miradas al tenerlo puesto...

La de orbes chocolates continuó adulando la idea de que se lo pusiera dando todos los puntos positivos de dicho traje, mientras que la rendida rubia preparaba su rostro para maquillarlo con tonos que combinaran con su disfraz. Lo que decía Tenten era muy cierto, cualquier otro día cualquier otra situación le hubiera dicho que sí. Tampoco era por si fuera muy fijada de que era o si mostraba mucha piel. Su verdadero problema era en realidad era de lo que era el disfraz. Vaya ironía. Trató de encontrarle algo de gracia a su posición... Simplemente no podía. Acercándose la hora indicada, las dos se pusieron sus disfraces: El de Tenten era un vestido de látex de enfermera que acentuaba su figura y realzaba su busto, junto a su cómico sombrero que tenía una cruz roja sublimado en este. El de Temari era un top sin tirantes, falda abombada y medias, todos de color rojo y un corsé negro que tenía adherido unas pequeñas alas de murciélago rojo. De accesorios tenía una cola delgada y larga cuya punta era un corazón que sobresalía por debajo del corsé y como último toque una diadema sobre su cabeza con un par de cuernos rojos. Sí. Estaba disfrazada de diabla. Por sus adentros suplicaba que no se le apareciera enfrente porque sabía que se burlaría de ella.

Una vez que estaban listas pidieron un taxi en línea y se subieron a este tan pronto llegó. Al conductor no le pareció extraño verlas vestidas de esa manera, pues era época de Halloween y muchos iban por la calle con sus disfraces puestos. En cuestión de minutos llegaron a la fiesta la cual se estaba llevando a cabo en una gran terraza al aire libre. El lugar estaba iluminado con ayuda de unos cables que colgaban en el aire y estos tenían un centenar de focos que desprendían una cálida luz amarillenta. Sus orbes aqua escanearon fugazmente el lugar, pero tal como lo insinuó la castaña no había rostros familiares por ahí. Primero buscaron el puesto de bebidas, se sirvieron un par de tragos en vasos desechables y se posicionaron en un lugar no tan concurrido para platicar.

— ¡Mira! —Susurró con entusiasmo la castaña—. Ahí está. —Terminó señalándolo discretamente.

La rubia siguió con su mirada hacia la dirección que estaba apuntando. A unos metros de ahí se encontraba el mismísimo Neji Hyuga. Estaba vestido como un señor feudal de las fechas de antaño. Sus túnicas eran de tonos verdes olivo y grises. Entendía por qué Tenten estaba anclada a él, pues esa noche lucia bastante atractivo.

— ¿Cuál es tu plan? —Le dio un sorbo a su bebida desviando la mirada del sujeto.

— Antes que nada —dijo con emoción—. Agarrar valor con alcohol.

— Sin excederte. —Le recordó sin despegar mucho el vaso de sus labios carmines.

— ¡Sin excederme! —Repitió sin cambiar su estado de ánimo.

— Y ¿después?

— Después... —hizo una pausa. La cual se fue prolongando cada vez más.

— ¿Enserio viniste hasta acá sin un plan? —Reprochó la Sabaku.

— ¡Lo siento! —La tomó del brazo—. Me hice un montón de planes, pero estoy nerviosa. No quiero que me tache de aventada o fácil.

— Relájate. Ya pensaremos en algo.

— Hola —las interrumpió una voz masculina—. No esperaba encontrarte por aquí.

Toda emoción de su rostro se borró en un santiamén. Por la dirección que los orbes chocolates de su amiga apuntaban, sabía que el sujeto estaba detrás de ella. Giró inmediatamente sobre el eje de sus pies y dio media vuelta. El propietario de esa voz estaba disfrazado del fantasma de la ópera; su cabello castaño estaba suelto y peinado hacia atrás, ocultaba casi la mitad de su rostro con una máscara blanca. Traía puesta una camisa blanca formal, su cuello estaba adorado con un pajarete, sobre esta tenía un chaleco con un corte en "v", pantalones de vestir y zapatos todos de color negros. Sobre sus hombros le colgaba una capa larga que en el exterior era negra, pero por dentro era de color rojo. La rubia se sentía confundida por intentar identificar de quien se trataba. Reconoció su voz, reconocía sus ojos, pero no estaba del todo segura si lo estaba confundiendo con alguien más. El muchacho cambio su mirada a su amiga y le sonrió.

— No sabía que venias acompañada, ¿quién es tu amiga? —Continuó el hombre.

Temari seguía sin poder pronunciar palabra alguna. Era real lo que sus ojos estaban viendo.

— Me llamó Tenten —se presentó a sí misma la castaña de manera amistosa—. ¿Eres amigo de Temari?

— Sí. Podría decir que nos conocemos desde que era una niña —le sonrió a la recién mencionada quien seguía procesando lo que estaba sucediendo—. Mi nombre es Shikamaru Nara. Un gusto de conocerte Tenten.

Era real. Tenten podía verlo y platicar con él. ¿Qué estaba sucediendo? Mil preguntas bombardearon su mente. Los labios de la chica estaban esforzándose para poder interceder y detenerlo en su lugar, pero su sorpresa podía más con ella. ¿Qué rayos pretendía?

— ¿Qué haces aquí? —Interrumpió su charla la Sabaku.

El par la miraron algo extrañados por el inusual tono de su voz.

— Lo mismo que tú —alzó sus hombros—. También fui invitado a este lugar. Antes de llegar aquí note que estaban mirando a esa dirección —cambió el tema el chico—. ¿Qué sucede acaso las están molestando?

— ¡No! —Levantó un poco las manos la castaña—. Te equivocas es que... creo que conozco a un muchacho de por ahí y si es, quisiera que nos acercáramos para platicar.

— Quizás yo pueda ayudar. Ya vuelvo.

— ¡E-espera! —trató de detenerlo la Sabaku pero era demasiado tarde. El Nara fue acercándose al objetivo de Tenten—. Genial. —Masculló.

— ¿Qué sucede? —Cuestionó inocentemente la castaña.

— No te fíes de ese muchacho —le advirtió—. No hace más que causar problemas.

— ¿De qué hablas? Pensé que eran amigos —la de orbes chocolates regresó su mirada hacia donde se encontraba el Hyuga—. Oh. ¡Oh no! Aquí vienen. ¿Qué hago?

— ¿Qué? —La rubia vio de reojo al par que se aproximaban hacia ellas y frunció el ceño— ¡Tenten!

— ¡Lo sé! ¡No entres en pánico!

— ¡No me refería a eso! —Susurró en forma de regaño.

— Hola chicas —las interrumpió el castaño en lo que Tenten recuperaba su compostura y la Sabaku se llevara su mano hacia su rostro—. Creo que ya conocen a Neji Hyuga, ¿verdad?

— Creo que sí. —Respondió la castaña con una sonrisa.

— Neji, ella es Temari —la recién mencionada solo le echó un vistazo por encima del hombro— y ella...

— Tenten ¿cierto? —Interrumpió el ojiperla ocasionando que el rostro de la chica se iluminara de emoción.

— Veo que ya se conocían. —Curveó una sonrisa el Nara.

— Si, —respondió el otro muchacho— nos vimos en otra fiesta —bajó la mirada hacia su vaso— ¿Me acompañarías por otro trago Tenten?

La castaña no podía borrar la sonrisa de su rostro. Trato de mantenerse en su compostura pero dentro de ella solo quería gritar de emoción.

— Por su puesto.

Entonces el par se fue directo a la mesa de bebidas, dejando a Temari y a su atormentador disfrazado solo.

— ¿Qué mierdas estás haciendo? —Pronunció entre dientes la rubia.

— Lindo disfraz. —Le sonrió en forma de burla y la vio de pies a cabeza

— ¿De dónde sacaste ese disfraz? —Lo retó nuevamente.

— Lo tome prestado —desvió la mirada—. Mira. Le conseguí a tu amiga la cita que quería y así evito que hagas mal tercio.

— Aja. No te creo tu papel de buen ciudadano —se cruzó de brazos—. ¿Qué le dijiste a ese chico para que cediera?

— Le pedí que si podía ayudarme a quedarme a solas contigo —guardó sus manos en sus bolsillos—. Tengo un don para hacer que la gente me obedezca.

Sus orbes aqua giraron con tedio.

— ¿Para qué quieres estar a solas conmigo? Que no te basta con el resto de mi vida.

— Tengo mis motivos.

— Solo cierra la boca —le dio un gran trago a su bebida— y no te atrevas a usar tus trucos con nadie en esta fiesta.

— Nuestro contrato me lo prohíbe.

Temari fijó su mirada a la nada. No entendía que estaba haciendo él ahí. Viéndolo por fuera parecería que hizo una buena acción de la nada. Ayudar a su amiga a acercarse al chico que le gustaba... ¿Qué buscaba conseguir con eso? Quizás arruinarle la noche con su presencia. Volviéndose "físico" ante todos y que ya hubiera testigos de su presencia... tal vez eso no era tan malo. Tenía que seguir precavida. Para evitar que hiciera cosas a sus espaldas no podía perderlo de vista. Los minutos trascurrían. De la nada una sección de la terraza que estaba al aire libre comenzaba a llenarse con parejas y grupos pequeños que bailaban al son de la música.

— ¿Quieres bailar? —Rompió el silencio el Nara.

— Ni muerta. —Escupió la chica.

— Para saberlo tendrías que estarlo, desafortunadamente no es así. Bueno —se encogió de hombros— tendré que buscar a otra pareja.

Un montón de alarmas sonaron en el interior de la fémina.

— ¡No! —detuvo en seco al demonio atrayendo su mirada hacia ella—. Está bien bailare contigo. —Apretó sus parpados al momento de pronunciar sus palabras.

— ¿Ves? —Sonrió con arrogancia el chico—La gente tiende a obedecerme. —Terminó extendiendo su mano hacia ella.

Su comentario claramente la molestó, pero no accedió por lo que él creía. Quería evitar que enredara a más gente en sus perversos planes. Clavó sus orbes aqua en sus frías pupilas oscuras.

— Tengo mis motivos.

Con incertidumbre cedió su mano, sus labios rojos se partieron por la sorpresa que se llevó al descubrir lo sobrenaturalmente fría que estaba su piel. Después el demonio la tomó con firmeza y la jaló hacia la pista. Se acomodaron en un punto donde pudieran danzar sin que chocaran con otras parejas. Shikamaru se puso frente a la rubia, sin soltarla alzó su mano en el aire y con la otra la colocó sobre su espalda para acercarla. Al ritmo de la música comenzaron a bailar en la pista. La Sabaku dejó que el demonio dirigiera sus pasos. Su rostro estaba girado ligeramente hacia a un lado, pues prefería ver a los invitados que el rostro de su potencial homicida. Fugaces recuerdos de las incontables veces que trazó en su rostro la emoción de terror, cada una de esas atentando contra su vida, gozando cada segundo de su sufrimiento, drenando el sueño de sus noches... y ahora bailaba con él. Su vida sí que era un chiste.

— Deberías de cambiar esa cara larga o ¿quieres que tu amiga se preocupe y se aleje de lo que quiere? —Su profunda voz la sacó de su tormento personal.

Sus pupilas inmediatamente encontraron la figura de Tenten, quien estaba ignorando a su acompañante por estar intrigada de la expresión de su rostro. Inmediatamente la rubia hipócritamente le sonrió y le guiño el ojo a su amiga. Asegurándole que todo estaba bien. La castaña le correspondió su sonrisa y retornó su atención al Hyuga. Volvió a fijarle su mirada de frente a su compañero de baile. Estaba encadenada literalmente a él. De un segundo para otro, sus intenciones se volvían letales y ahora solo estaba jugando con ella. Leyendo sus emociones, deleitándose con su inconformidad. No estaba segura ahí, a pesar de estar rodeada de tantas personas... Shikamaru le sonrió maliciosamente.

— ¿Que sucede? ¿No te agrada la fiesta?

— No contigo aquí.

— Vamos, me estoy comportando. Deberías dejarte llevar —Temari lo linchó con la mirada y él le correspondió con una sonrisa—. Estar así de alerta solo te está desgastando. Terminaras colapsando si sigues así.

— Si eso te lo hace más complicado, mejor para mí.

— Al parecer soy un fuerte imán para las cosas complicadas —le dio la vuelta para que le diera la espalda y susurrarle al oído—. Me metí en un lio al hacer esa apuesta contigo ¿no es así? —la acercó más aprisionando sus brazos con sus frías manos—. Estoy obligado a no hacerte daño, pero créeme encontrare la manera de hacerlo.

— ¿Por qué no solo me dejas en paz? No lograras tu cometido. —Frunció el ceño molesta.

Shikamaru le dio media vuelta para quedar de frente nuevamente.

— Oh. Me es imposible hacerlo. Quiero venganza por la humillante posición en que me dejaste. Aunque tenga limites, encontrare la manera de que tú misma te quites tu vida.

— Ni en tus sueños más locos, tarado.

— ¿Sabes con lo que sueñan los demonios? —Inclinó su cabeza hacia a un lado—. Extraer el corazón de su víctima mientras este siga latiendo. Los de mi especie puede verlos sin esforzarse. Ven debajo de esa piel, músculos y huesos como late. Es la fuente de mi deseo.

El muchacho la obligó a que hiciera un arco con su espalda, doblándose junto con ella y acercando sus labios al expuesto cuello de la fémina. Su acción hizo que la rubia se alterara cuestionándose que es lo que planeaba hacer, acelerando inconscientemente su pulso. A escasos centímetros de su piel suspiró sobre este.

— Que lata más fuerte solo hace que desee tomarlo de una vez y devorarlo. —Murmuró amenazadoramente.

— ¿Y Porque no lo hiciste cuando yo era más joven? —Cuestionó firme controlando su voz para que no temblara. Shikamaru borró la emoción de su rostro y gradualmente se reincorporó junto a la rubia. Mirándose nuevamente cara a cara—. Kakashi me comentó que sus presas favoritas eran los niños. ¿No fue por eso que me atrapaste?

— También las doncellas —la pegó con más brusquedad hacia él—. Ustedes están más ligadas al pecado que cualquier otro ser viviente que ronda la tierra.

— No has respondido mi pregunta —frunció el entrecejo—. ¿Porque no lo hiciste antes?

— Porque esta vez quise jugar con mi comida.

— ¿En serio?

— Escúchame bien —gruño entre dientes—. Esa escoria elevada trata de ver lo bueno en cualquier cosa que se arrastre en este plano, pero hasta él sabe que he tomado vidas incluso más jóvenes que la tuya —apretó con fuerza su mano—. Así que deja de colmarme la paciencia con que te demuestre de lo que soy capaz, pues parece ser que has olvidado con quien estás hablando.

Los dos continuaron retándose con la mirada sin detener sus pasos hasta que la música se detuvo. Shikamaru soltó a la rubia para apartarse y desaparecer de su vista.