¡Muchas gracias a Kaoru-sakura (te extraño, vuelve a nosotras plis) y Lirio-Shikatema por sus reviews!

Capítulo 10: Efímero

Temari Sabaku no era una chica que estuviera pendiente de su celular. Prefería que su móvil fuera lo más silencioso posible quitándole el tono de las llamadas, el ruido que hacía cuando escribía y lo configuraba para que solo vibrara. Cosa que hacía que perdiera muchas llamadas sin que se diera cuenta o que dejara pendiente algunos mensajes por horas sin contestar. Aunque desde que cierto pelirrojo se añadió a su rutina, personalizó sus notificaciones para que vibrara dos veces si él le enviaba un mensaje. Mientras terminaba de recolectar sus cosas para irse a la universidad, su día comenzó con dos zumbidos de su móvil junto a un texto que apareció en su pantalla:

— "Tendrás que disculparme. A pesar de que insistiera mucho no tenían de color rosa."

Acto seguido la chica frunció el ceño después de leer tan extraño mensaje a primera hora de la mañana y como si hubiera estado programado para que así fuera en cuestión de segundos escuchó que alguien tocó su puerta. Más extrañada dejó su bolso, se dirigió a la entrada de su departamento para indagar por el pequeño mirador e identificar de quien se trataba. Del otro lado de su puerta se encontraba un hombre con pinta de repartidor. Entonces le abrió.

— Buenos días. ¿Temari? —Tras asentir, el hombre buscó en su mochila de la cual extrajo una bolsa de papel que tenía impreso por un lado el logo de una franquicia de café muy popular de su ciudad y se la entregó—. Le enviaron esto. Que lo disfrute. —Hizo una pequeña reverencia antes de retirarse.

El mensaje y luego el repartidor. Sin soltar su obsequio negó con la cabeza, fue por su bolso, desbloqueo su móvil y abrió la conversación de la última persona con quien habló.

"¿Qué me enviaste?"—

Lo único que recibió a cambio fue un emoji sonriente. Bufó con la nariz. Echó llave a su departamento y fue a tomar el elevador hacia el estacionamiento. Subió a su automóvil arrojando su bolso al asiento del copiloto y sostuvo su obsequio entre sus manos por unos momentos. Entonces decidió abrir la bolsa para ver su interior. Era un café caliente que se encontraba acomodado en una base y cubierto de plástico en la parte superior para que no se regara durante el trayecto que se lo entregaban. Aparte también tenía una nota junto a este, la cual extrajo y vio que tenía un mensaje escrito a mano: Espero que con esto comiences con un excelente día. "Ese tonto", negó con una sonrisa y volvió a enviarle otro texto:

"Gracias. No tenías que hacerlo." —

— "Lo hice con gusto. Nos vemos en clase."

— Te ves más sonriente de lo normal. — Comentó la morena de pupilas doradas.

— No sé de qué hablas. —Respondió al mismo tiempo que tomaba asiento en su lugar y colocaba su café sobre su escritorio.

— Jugar a la tonta no te queda — dijo Karin en lo que seguía texteando a la velocidad de la luz—. Ya corrieron la voz de que saliste con Sasori.

Un sentimiento de sorpresa mezclado de decepción se plasmó perfectamente en su rostro, pues pensó que había sido precavida al no comentarle a nadie sobre su salida. Mucho menos a sus amigas de clase ni a las de su grupo de preparatoria.

— Es increíble que una no pueda salir en privado.

— Entonces no salgas con uno de tu misma clase que, te informó, tiene un club de acosadoras desde hace tiempo —la chica de lentes le enseñó la pantalla de su celular con una foto de los dos caminando por la calle—. Lindo atuendo por cierto.

La Sabaku entornó la mirada para poder analizar bien la imagen. Reconocía la calle donde estaba el restaurante al que fueron anoche y claramente la ropa era exactamente igual a la que se puso para esa ocasión. Definitivamente eran ellos. Dejó caer su espalda sobre su asiento.

— Cuando quieras —suspiró con desgano—. Y ¿qué significa eso? ¿Qué me eche un montón de locas al hombro? Lo que me faltaba.

— A tu suerte, prefieren no delatar su locura enfrente de su ídolo así que —alzó sus hombros y continuó texteando— no te preocupes. No te harán nada. Solo que muchas personas envidian tu actual posición y están hablando de ello.

— Pero cuéntanos —Karui acercó su asiento hacia la rubia y pronunció casi en un susurro—. ¿Cómo te fue?

La de orbes aqua rodó la mirada.

— Solo platicamos.

Karin levantó sus ojos de su celular, alzó ambas cejas con una expresión en blanco y dejó de escribir.

— ¿Entonces no te gusto? —Entonó con incredulidad.

— Si me gusto. No se anda con rodeos —la Uzumaki hizo un gesto aprobatorio y volvió a lo suyo—. Es demasiado amable, hasta parece de mentira.

— ¿Eso significa que seguiremos escuchando sobre este chico? —Insistió la morena.

— Si las cosas siguen bien —le dio un trago a su café—. Supongo que sí.

— Hablando de —la morena apuntó con la mirada hacia la puerta— acaba de llegar.

Después de decir eso por inercia la rubia fijo su mirada a la puerta de su salón de clases identificando rápidamente al pelirrojo en cuestión. Luego arrebato su mirada de ahí y se la devolvió a la de orbes dorados, linchándola con sus pupilas pensando: "eres de lo peor". Karui respondió con una sonrisa burlona, luego regresó a su lugar para tomar asiento y poder ver todo en primera fila. En cambio la rubia giró hacía el frente para acomodarse porque la clase estaba a punto de comenzar. No sin antes darle un último vistazo al Akasuna, quien la atrapó en ese momento, dedicándole una mirada entusiasta y una curva coqueta entre sus labios. La de orbes aqua negó con la cabeza y devolvió su atención hacia el pizarrón, pero su celular volvió a vibrar dos veces.

— "¿Te gusto?"

"Bueno... al menos no es rosa."—

— "Tomare eso como un sí."

"Hablando enserio. Nunca había probado el café así. Tienes buenos gustos."—

— "Pensé que eso era obvio. Digo estoy coqueteando contigo."

La Sabaku apartó sus ojos de su teléfono al sentir que su corazón se emocionó al leer eso. Que agallas tenía ese muchacho. Perdió su mirada en el horizonte disimulando la pequeña sonrisa que había nacido entre sus labios. Aquel niño todavía no se la ganaba completamente, pero sí que estaba ganando puntos con sus detalles. Constantemente tenía que recordarse que ese íntimo juego apenas estaba empezando y que era malo irse de boca a pocos días de conocerlo.

"Si tienes buenos gustos, entonces deja de insistir con el color rosa."—

— "¿Entonces vestirme de rosa para nuestra siguiente cita esta fuera de discusión?"

"Solo si quieres tener una tercera cita."—

— "Anotado."

— ¡¿Saliste con Sasori?! —Chilló la pelirrosa.

— Vaya —la Sabaku reaccionó con una mueca de fastidio sin dejar de atravesar las hojas de su ensalada con su tenedor—. No sabía que había tanta gente pendiente de mi vida personal.

— ¡¿Por qué no nos dijiste nada?! —Estrelló las palmas de sus manos sobre la mesa la Yamanaka.

— Porque —meneó su cabeza y arqueó sus cejas dándole un toque de ironía a sus siguientes palabras— quería que se mantuviera en privado mientras descubría si nos llevábamos realmente. Lamentablemente toda la universidad ya se enteró de ello.

— ¿Y? —Siguió con intriga Tenten.

Las pesadas pupilas de sus compañeras hicieron que apartara su atención de su comida. Rodó la mirada y aflojó los hombros.

— Si me agrada y no. No pasó nada. Solo charlamos.

La Yamanaka abrió la boca con intenciones de protestar, pero fue interrumpida inmediatamente por la de orbes aperlados.

— Creo que hablo por todas cuando digo que me da gusto que las cosas estén saliéndote bien. Aun así te recuerdo que cuentas con nosotras para cualquier cosa.

— Gracias Hinata —le sonrió con sinceridad—. Eres un amor.

— Esto no se puede quedar así —volvió a manotear en el aire Ino— ¡Necesito detalles! ¿Fue por ti? ¿A dónde fueron? ¿Cómo fue?

La Sabaku les devolvió la mirada, descubriendo que los inquietos semblantes de sus amigas. Con una diminuta curva sobre sus labios respiró hondo.

— Bien —exhaló como si la hubieran derrotado—. Les contare.

Después de unas cuantas exclamaciones de emoción se acercaron más a ella para no perderse de nada y luego guardaron completo silencio. Temari comenzó contándoles con lujo de detalle sobre su cita con Sasori. Por supuesto que al escuchar ciertas oraciones ellas la interrumpían para exteriorizar su entusiasmo, hacer uno que otro comentario tardando unos segundos para recobrar su compostura y la dejarla continuar con su relato.

La Sabaku volvió a posar sus orbes aqua sobre sus amigas cuyos semblantes estaban hambrientos de saber la verdad. Antes de soltar la sopa, disimuló una diminuta curva de su boca y respiró hondo.

— Bien —exhaló como si la hubieran derrotado—. Les contare.

Después de unas cuantas exclamaciones de emoción se acercaron más a ella para no perderse de nada y luego guardaron completo silencio. Temari comenzó contándoles con lujo de detalle sobre su cita con Sasori. Por supuesto que al escuchar ciertas oraciones ellas la interrumpían para exteriorizar su entusiasmo, hacer uno que otro comentario tardando unos segundos para recobrar su compostura y dejarla continuar con su relato.

...

Su vida cotidiana siguió como si nada. Los mensajes de texto del Akasuna iban en aumento, pues realmente quería conocerla. Aunque durante el horario escolar ambos se comportaban como si nada extraordinario estuviera pasando entre ellos. Excepto cuando casualmente sus caminos se cruzaban. Porque se detenían unos minutos para intercambiar miradas traviesas, ligeros coqueteos, cortos toques con sus manos y una que otra conversación personal.

De nuevo en su entrenamiento de atletismo la rubia se dedicaba arduamente a calentar en el piso. Sin embargo, una molesta risa le estaba calando los tímpanos. Por el rabillo de su ojo lincho al par causante de tan molesto ruido. No eran nada más y nada menos que Tayuya quien reía a su sanchas debajo del brazo de su torturador personal. Rodó la mirada en lo que seguía tocando la punta de su pie sin poderse sacudir la pregunta de cómo se habían vuelto tan cercanos esos dos, aunque la razón no era importante sino que a futuro eso podría traerle problemas. Echó un último vistazo hacia su dirección, pero se percató que alguien más se había sentado en esas gradas a unos escasos metros de ellos. Era el Akasuna quien al tener su atención levantó su mano para saludarla a lo lejos. La rubia le respondió con una breve sonrisa. Inmediatamente devolvió sus pupilas hacia al par que la hartaban con su mera existencia, dándose cuenta que esta vez Shikamaru tenía sus ojos puestos en Sasori haciendo caso omiso de lo que sea que parloteaba la pelirroja.

La Sabaku enterró su mirada en el suelo en lo que pretendía atar sus agujetas. Sus nervios aumentaron. Presintió que si le daba algo de importancia eso incitaría a su sombra a actuar y acercársele al muchacho. Simplemente no podía detener su clase o levantarse y pedirle al universitario que se fuera. Todo eso conllevaría muchas preguntas que no sabía si podría responder sin ahuyentarlo para siempre de su vida. No le quedaba de otra que usar toda su fuerza de voluntad para enfocarse únicamente en sus actividades. De repente el entrenador regañó a la pelirroja desde la pista, ordenándole que calentara de lo contrario que no soñará con poner un pie en la siguiente competencia. Tayuya se puso de pie de un respingo y corrió hacia la pista para obedecer sus instrucciones dejando al demonio y al mortal completamente solos en las gradas. Sasori se colocó sus audífonos y se estaba tomando su tiempo para seleccionar que tipo de música iba a escuchar mientras esperaba que la clase de la chica terminara sin saber que tenía bien puestos las pupilas del Nara encima de él. Analizándolo con calma. Aunque su existencia le pareció bastante aburrida, así que retornó su acosadora mirada hacia su presa.

Acomodó uno de sus codos sobre su rodilla, apoyo su mentón sobre la palma de su mano e inconscientemente comenzó a mordisquear ligeramente su dedo meñique. Pensando cómo podría poner en riesgo la vida de la de orbes aqua. Todavía estaba lejos de lograr manipular a la pelirroja para que actuara de manera irracional y atacarla de la nada. Necesitaba una simple coincidencia, un accidente, lo que sea que le diera ventaja y dejarla morir entre sus manos. Estaba ansioso por ver como se le drenaría su vida a través de sus ojos. Las posibilidades de su muerte eran infinitas, pero ¿cómo lograr iniciar esa moción para que el efecto domino terminara como él deseaba? Un reto complicado, mas no imposible. Dejo escapar una chispa de sus intenciones con una pequeña sonrisa maliciosa.

Al concluir su clase, Temari sentía como le temblaban las piernas por el esfuerzo que se obligó a hacer ese día. Mientras regularizaba su respiración y se quitaba el sudor de su rostro con una toalla personal que siempre cargaba consigo, nuevamente encontró la ubicación de Sasori en las gradas. Este estaba mirando su teléfono, moviendo su pie al ritmo de la música que estaba escuchando… pero no había señales de su sombra a su alrededor. Sacudió su cabeza reprendiéndose a sí misma. Tenía que enseñarse que ya no debía de preocuparse por lo que el demonio tramaba. Poco a poco se fue acercando al pelirrojo, ocultando lo más que podía lo mucho que le punzaban sus piernas. Cuando se detuvo delante de él, el pelirrojo se dio cuenta que una sombra estaba proyectándose sobre él. Levantó su mirada, se quitó sus audífonos, entrecerró un poco sus ojos porque el atardecer le estaba pegando directamente a sus pupilas y le sonrió ampliamente.

— Pensé que estabas más inclinado al arte. —dijo ella con su voz entrecortada y dándole un gran trago a su botella de agua.

— El deporte también es un arte. Consiste en disciplina, destreza y mucha práctica.

— Si. Es obvio que te interesó mucho —comentó sarcásticamente—. Te la pasaste en tu celular.

— Bueno, creí que me vería como todo un acosador si me quedaba viéndote directamente —la chica inclinó la cabeza un poco pensando "tienes razón en eso"—, pero eso no significa que me detuviera en tomarte unas cuantas fotos. ¿Te mencione que también tome un curso de fotografía?

La Sabaku dibujo una gran "o" con su boca.

— Y ¿eso no te vuelve un acosador? —cuestionó burlonamente.

— Me admito culpable.

— Quiero verlas —dijo la de orbes aqua en lo que tomaba asiento junto a él. Sasori posicionó su celular de tal manera para que la rubia pudiera ver su pantalla, desbloqueo su móvil y le mostró su galería. Tomó unas cuantas fotos cuando estaba activa como corriendo por la pista, otras cuando estaba quieta quitándose el exceso de sudor de la frente y un video cuando estaba brincando obstáculos. En realidad eran muy buenas tomas, tan buenas que hasta ella misma quería presumirlas—. Está bien. Te permito quedártelas, —hizo una pausa para ver la expresión que ponía el Akasuna — con la condición que me las pases.

— Es un precio que estoy dispuesto a pagar. —Exhaló en lo que seleccionaba las fotos y oprimió la opción compartir.

— Al contrario. Por tener un fotógrafo personal y por el buen café del otro día —dijo suavemente—. La que está en deuda contigo soy yo.

Sasori observó detenidamente el rostro de la universitaria, como si quisiera retratar su rostro con una fotografía en ese mismo instante incluso anotar detrás de esta aquella frase que pronunció. Bajó sus pupilas cafés sin poder borrar la curva de sus labios. Ella mencionó un precio y él deseaba algo con muchas ganas.

— ¿Qué tal que me pagues con otra cita? —Pronunció casi en voz baja mirándola por el rabillo de su ojo—. ¿Te parece este fin de semana? —Temari alzó ambas cejas. Sonaba que el chico ya tenía un plan y eso le agradaba. Miró a su alrededor para darse tiempo de suavizar la cara de tonta que iba a poner y solamente asintió—. ¿Qué harás ahora?

— Bueno —hizo su espalda un poco hacia atrás—. Mi plan es regresarme a mi departamento y darme un buen baño. Por si no lo has notado estoy llena de tierra.

— Vamos —suspiró una corta risa—. Desde que te conozco, sin importar que acabas de hacer ejercicio, siempre te ves bien.

— ¿De tu boca solo salen cumplidos o también sabes decir otras cosas? —Bromeó la rubia.

El pelirrojo se quedó mirando hacia el horizonte.

— Quizás lo descubras este fin de semana.

Temari hizo un gesto con la cabeza y se mordió los labios.

— ¿Tú que harás ahora? —Se inclinó hacia el frente para conectar sus miradas.

— Diría que llevarte a tu casa, pero sé que trajiste tu auto. Así que —levantó sus hombros y los dejo caer— yo creo que de vuelta a mi casa también.

— Está bien.

La rubia se levantó y fue imitada por el Akasuna. El par comenzaron a caminar hacia el estacionamiento de la universidad en lo que seguían con su charla. La Sabaku seguía un tanto intrigada con la propuesta del pelirrojo y le hacía preguntas sobre que tenía en mente. Lamentablemente este prefirió mantener el factor sorpresa y no darle información extra que le revelara lo que planeaba. El muchacho acompaño a Temari hasta su auto a pesar de que su propio coche estaba estacionado del otro lado de la universidad. La de orbes aqua presionó un botón del control que colgaba de su llavero quitándole el seguro a su auto y antes de abrir la puerta dio media vuelta para quedar frente al universitario.

— Tal vez para mi siguiente clase, y por supuesto solo si estas disponible, podría enviarte un mensaje —hizo una pausa—. Así podrías pasar por mí y traerme —levantó su dedo índice en el aire—. Pero te advierto que me gusta llegar puntual.

— Me encantaría —le sonrió y le asistió con abrir su puerta por ella. La Sabaku ancló sus pupilas con las del chico y se metió al asiento del piloto. Con gentileza Sasori cerró su puerta y aprovechó que esta tenía la ventana baja para recargar sus manos en el borde—. Nos vemos luego, hermosa. —Se despidió acariciando con gentileza su mejilla y se hizo hacia atrás para que pudiera sacar su coche del estacionamiento.

De ahí Temari condujo a su hogar con una amplia sonrisa. Durante el trayecto escuchó una canción que le pareció genial a través de su radio. Tanto que al llegar a su departamento todavía seguía tarareándola hasta que sintió que su móvil volvió a vibrar. "Debe ser él", pensó gustosa. Sacó su teléfono de su mochila y lo desbloqueo ansiosa por ver lo que tenía que decir. Aunque la notificación que leyó en la pantalla borró por completo la hermosa curvatura de sus labios. "Faltan tres días para el siguiente ciclo". Por disfrutar su vida como si todo hubiera regresado a la normalidad había olvidado por completo el peligro que se aproximaba por su ciclo menstrual. Apenas estaba aprendiendo a ignorar la presencia del demonio... pero pronto lo haría imposible por su apetito. Las escenas de lo que había pasado esa noche le trajeron escalofríos. Su respiración tomó un ritmo distinto y sus pupilas aqua se quedaron adheridas al piso por el resto del día.

...

Su pluma subía y bajaba sin cesar entre sus dedos mientras mordía las uñas de su otra mano. La rubia estaba perdida en sus pensamientos durante su clase de administración. Tuvo suerte de poder conciliar el sueño la noche anterior, pues sabía que su ciclo a veces se adelantaba o se atrasaba unos días, pero tenía que pensar que haría si eso pasaba en el peor escenario. En clases, durante su práctica de atletismo… en medio de su cita con Sasori. Respiró profundo y se mordió sus labios para hacerse regresar a la realidad.

— Señorita Sabaku.

— ¿Si? —la voz de su profesor la hizo reaccionar.

— Continué leyendo el siguiente párrafo —ordenó—. "Dentro de este enfoque debe… "

La rubia hizo como si supiera de que estaba hablando y fugazmente escaneó en las hojas aquella frase que mencionaba. Tardó unos segundos pero logró encontrar el párrafo que debía leer e inició recitando en voz alta la información ante todos. Su profesor la escuchaba en lo que rondaba por el salón con libro en mano siguiendo con la mirada cada palabra que emulaba. Hasta que le ordenó que se detuviera y le dijo a otro de sus compañeros que continuara.

— "¿Te he dicho que tienes una linda voz?"

Normalmente le contestaría al instante, pero su mente no estaba en su lugar. Únicamente orbitaba alrededor de lo que sucedería a continuación, mientras que sus pupilas seguían fijas en los vacíos entre las palabras de las páginas de su libro. Ni siquiera estaba poniendo atención a clase. "Concéntrate", se reprendió a sí misma pasándose su mano por su flequillo. Seguía creando fricción entre sus dientes y sus labios. Entonces su maestro les comenzó a dar instrucciones de como quería que cumplieran con su siguiente tarea. Al menos eso sí pudo anotar al pie de la letra en su libreta, pero su ansiedad seguía a tope. Todavía no le contestaba a Sasori. El ruido a su alrededor iba en aumento, mochilas abriéndose, susurros entre sus compañeros, objetos siendo colocados sobre las mesas. Tanto ruido comenzaba a molestarle. Hasta que sintió una punzada en su labio. Otra vez su mal hábito la había condenado, volviéndose a hacer daño en la misma gravedad que aquella ocasión.

Miró la hora. Faltaba media hora para que su clase terminara. Su ritmo cardíaco iba en aumento. "Acaso", fijo su mirada hacia la puerta. "¿Sería capaz de irrumpir su clase y hacer una escena?". No se lo iba a permitir. En ese momento su profesor les indicó a todos que comenzaran a leer en silencio un capítulo del libro con el que estaban trabajando. Esa era su oportunidad. Luchando por mantener todo en orden, se levantó de su lugar con cuidado y fue con su profesor. En un murmulló le consultó que si le permitía ir al baño. Al escuchar su petición, le echó una mirada llena de cansancio por el rabillo del ojo, la regreso a las páginas, soltó un inaudible suspiro y asintió. Temari dio media vuelta y caminó con calma hacia afuera. Tras cruzar el umbral, miró hacia los dos lados y sintió un pequeño alivio al ver que no había nadie. Se dirigió a las escaleras y bajó galopando, pero al llegar a la planta baja pudo verlo a la distancia. Su presencia la hizo detenerse en seco momentáneamente y que se le inyectara un químico helado en todo su cuerpo en menos de un segundo. A pesar de la gran distancia que había entre los dos, tener sus pupilas fijas en ella la hizo vibrar.

La Sabaku se mantuvo firme, controlando incluso la expresión de su rostro manteniéndola seria, después giro a la derecha para darle vuelta al edificio. Mientras que el Nara se deleitaba de volver a afectarla nuevamente, su nerviosismo, su inquietud, que huyera nuevamente de él, era cosas que podía percibir y disfrutar de sobremanera. No era necesario tenerla en su rango visual para saber dónde estaba, solo tenía que seguir el olor de su sangre. La rubia paso de caminar a trotar, haciendo que su respiración se agitara y su corazón latiera a la par. ¿Dónde podría ir? Lo primero que pudo hacer fue ir por un corredor que estaba entre el estacionamiento de su universidad y paredes solidas de la parte trasera de los edificios de otras especialidades. No había ventanas de ese lado, así que nadie podía ver quien caminaba por ahí durante clases, a menos que alguien se fijara a través de los callejones que conducían a ese corredor. Era el lugar perfecto para las parejas si querían un poco de privacidad o para grupos de chicas que quisieran contarse uno que otro chisme sin que apareciera alguien indeseado. Su mirada cambiaba constantemente de lugar buscando una solución, pero el estrés empezó a cegar su criterio. ¿Debería seguir andando ahí oculta o debería ir a esconderse en el baño?, o ¿tomar uno de los callejones que la regresaban a las áreas públicas de ahí y pedir ayuda? Aunque antes de que pudiera elegir una respuesta, girando de una de las esquinas de los callejones apareció a tan solo un metro de distancia de ella nada más y nada menos que Shikamaru Nara, quien sonreía complacido por causar una expresión de impacto en su pálido rostro.

— ¿Dónde crees que vas? —Preguntó retóricamente en lo que acortaba el espacio entre los dos.

— Debes estar soñando si crees que te permitiré atacarme aquí. —Jadeó en lo que caminaba de espaldas.

— ¿De qué hablas? Si tú fuiste la que provocaste esto —pronunció con una pequeña risa—. Es hora que te hagas responsable de las consecuencias —solo faltaba que extendiera su mano para alcanzarla, pero en ese instante Temari arrancó para echarse a correr. Acción que el demonio detuvo tomándola del brazo y jalándola con violencia hacia él—. Basta de juegos. —Gruñó.

— ¡Quítame tus manos de encima!

El par comenzaron a forcejear. La rubia hacia lo posible por empujarlo de cualquier parte, de sus hombros, pecho y girando su rostro hacia otro lado para dificultarle su cometido. En cambio su sombra volvió a acorralarla contra la pared, enfocándose únicamente el rápido palpitar del corazón de su víctima y el intenso dolor de su hambre. Sin importar que su marca ya estaba ardiéndole, moría por tener el sabor de su sangre una vez más en su boca. Fuerte tragó saliva, la obligó girar su rostro y luego juntó sus labios con los de ella. Por unos segundos la tuvo bajo su control, por unos segundos saboreaba de su elixir carmín de sus labios a través del pequeño rasguño que ella misma se provocó. Aunque algo lo hizo separarse de ella a contra de su voluntad. El demonio miraba a la agitada Sabaku con desconcierto. Esta vez el arcángel no lo estaba jalando para apartarlo. Fue él mismo que se detuvo. ¿Por qué? Miró su marca, continuaba ardiéndole pero el dolor fue disminuyendo poco a poco. Hasta que por fin lo percibió, aquella insignificante existencia que ya se había topado antes. Giró su rostro hacia la derecha, orientando la atención de la rubia hacia la misma dirección que sus ojos estaban apuntando. Su cara que estaba llena de rabia por el ultraje de su torturador personal, se drenó y su corazón cayó al piso. Topándose con la razón por la que Shikamaru se detuvo. Fue porque lastimó emocionalmente a alguien que ella quería. Sasori los encontró "besándose".

La clase había terminado antes, por lo que él universitario se dio la tarea de tomar la mochila de la chica y llevárselo personalmente. A lo lejos logró ver lo que creyó ser su figura y la siguió. Hallando esa escena que fuera de contexto le hizo añicos su corazón, pues ante sus ojos no pareciera que estuvieran luchando sino que estaban en medio de un beso apasionado. Uno que había sido bastante paciente para conseguir, pero alguien más había ocupado ese lugar antes que él. Sasori agachó la cabeza, asintiendo en silencio, lidiando con un sabor amargo en su boca y sus manos se soltaron. Lentamente bajó la mochila de la chica que colgaba de su hombro, la colocó con cuidado en el piso y se marchó. Inmediatamente Temari abrió la boca queriendo pronunciar cualquier cosa que pudiera detenerlo, pero luego la cerró. ¿Qué le podía decir? "No es lo que crees. De niña sin querer hice un pacto y ahora tengo que lidiar con esto cada vez que me lastimo." Con un profundo suspiro soltó su pesar apretando los parpados con fuerza. Todo fue su culpa. Abrió sus ojos inyectados ahora con rabia y miró la faz del demonio quien todavía seguía sin entender lo que había sucedido. Cuando volteó su cara para verla de frente, ella lo abofeteo tan fuerte que lo hizo girar su rostro. El impacto sorprendió a ambos. La rubia seguía respirando intensamente debido a su sentir, en cambio le había colmado la paciencia al Nara. No por el hecho que le hubiera dolido, si no por ser la primera en toda su demoniaca existencia que una de sus víctimas lograba golpearlo. Dándole justo en su orgullo. Eso y que lo hubieran interrumpido de gozar su manjar dejándolo con un terrible dolor de estómago y aparte tolerar las estupideces de su pacto. Al carajo. Detuvo en seco su análisis en la situación para encarar nuevamente a su presa, a la cual tenía que recordarle la posición en que se encontraba

— Tú — masculló con un semblante que atemorizó a la rubia—. Sí que sabes hacerme enojar.

Shikamaru con una sola mano la tomó del cuello y la elevó del piso, volviéndola a recargar contra la pared con potencia. El primer instinto de la rubia fue colocar sus dos manos en el brazo de su atacante que ahora la tenía suspendida del piso. Apretando su cuello, no lo suficiente para sofocarla pero si lo suficiente como para lastimarla un poco. Clavó sus orbes aqua hacia su agresor, cuya marcas brillaban intensamente y hasta le salía humo de las mismas del brazo que la sostenía.

— Tienes suerte de que solo pueda llegar hasta aquí, —mientras que la chica luchaba por seguir respirando lograba escuchar como el muro detrás de ella comenzaba a crujir — porque si por mi fuera. Quedarías esparcida por todo este lugar en este mismo instante hasta el punto de ser irreconocible ante los demás. —Mustió entre dientes—. Así que no cantes victoria aún, porque solo acercaste el día de tu muerte —volvió a bajarla al suelo—. Disfruta mientras puedas.

Terminó soltándola, provocando que la rubia tosiera. Se sostenía su cuello en lo que se recargaba de la pared para darse estabilidad, pues sus piernas estaban a punto de colapsar. El brazo del demonio se había vuelto temporalmente inútil al forzar uno de los términos de su pacto de esa manera. Arrugo su nariz conteniéndose del dolor que sentía, pero no iba a demostrarle ni un poco de su vulnerabilidad a su víctima. Así que encubrió su malestar y la dejo sola. Porque entre más rápido se apartara de ella, más rápido podría recuperarse de su castigo. Lo que no contó fue que al darle la espalda la Sabaku le gritó: "¡Imbécil!" entre toces. Shikamaru negó con la cabeza, esa mujer estaba dispuesta a morir por tener la última palabra.