Una disculpa por el hiatus prolongado, pero los vortices de la vida asi me traen. Espero no desaparecerme tanto… ¡Gracias por esperarme Lu-sun!
Capitulo 15: Castigo.
El malévolo ser la observaba en lo que ella conseguía algunas cosas para complementar su atuendo. Las pupilas del cazador bajaron hasta los tacones abiertos que adornaban los pies de la fémina, los cuales eran plateados, tenía tiras que se cruzaban entre sí y se ataban por debajo de su pantorrilla. Se tomó su tiempo para deslizar su mirada sobre sus desnudas, torneadas y tersas piernas hasta tropezarse con el borde de la pequeña falda de su vestido plateado. La cual meneaba tentadoramente las aberturas que tenía en los costados de su cadera, mostrando grandes porciones de los laterales de sus muslos con su andar sin ningún recelo. Continuó escudriñando la vestimenta de la dama. Lo que traía puesto era tan fino que parecía un pañuelo que delicadamente caía sobre su cuerpo, el cual se sostenía de su cuello con ayuda de un par de tirantes que se amarraban entre si con un moño, permitiendo de este modo que la prenda pudiera tener la espalda completamente descubierta. El escote de enfrente no era pronunciado, aunque por lo delgada que era la tela, no dejaba ni una sola curva de su busto a la imaginación. Por fin la inquieta mujer tomó asiento enfrente de su espejo para cepillar su larga cabellera azabache que le llegaba hasta la cintura y acomodó su flequillo. El Nara estaba recargado en la pared justo detrás de donde se ubicaba la chica, por lo que, si deseaba mirar la espalda desnuda de su víctima también podría ver su propio reflejo. Sin mucho esfuerzo revisó a la distancia que la ropa que encontró fuera la adecuada. Acomodó el cuello de su camisa de botones de color negro y revisó que sus pantalones grises no estuvieran arrugados. Entonces Shikamaru le apartó la mirada y exhaló con tedio.
— ¿Pará qué el disfraz?
Su pregunta claramente señalaba la peluca de color azabache que le costó horas acomodarse para que pareciera natural, y los contactos oscuros que ocultaban el bellísimo color original de sus ojos. Brevemente desvió su atención de sí misma para verificar la actual posición del muchacho, luego retornó su mirada hacia el reflejo de su rostro para aplicarse rubor sobre sus mejillas. Se sentía extraña porque en su vida se había puesto tanto maquillaje y visto tantos videos de referencia como esa noche, pero al final su esmero había rendido frutos. Se pintó las cejas de un color oscuro logrando que se vieran bien sin que pareciera que se había dibujado con un marcador indeleble y se trazó un delineado en sus ojos para dar la ilusión que la forma de estos era diferente. Tarea que se le dificultó, pues le costó una gran cantidad de algodones con desmaquillante y volver a dibujar la línea una y otra vez hasta que quedara satisfecha con el resultado.
— No se acercará a mi si reconoce que soy amiga de Ino —se pintó un lunar falso cerca de su boca—. Entonces tengo que pretender que soy otra persona.
El Nara inclinó la cabeza hacia un lado y cambió su peso hacia su otro pie.
— Bien, ¿cuál es el plan? —Cuestionó desganado.
— Asistiremos a una fiesta, —respondió aplicándose un brillante labial de color carmín sobre sus labios— buscaras al sujeto y cuando lo encuentres, te acercaras discretamente a él —frotó sus labios entre sí para conseguir que el color se viera más uniforme—. No importa el modo en que lo hagas, con que no levantes sospechas y consigas la información que te pedí. Después me harás una señal y yo me encargaré del resto.
— Ahí llegaremos juntos. ¿Pretenderemos que nos conocemos o que solo somos extraños?
La Sabaku comenzó a guardar ciertas cosas en un bolso que combinaba con su ropa: como maquillaje, las llaves de su coche, su cartera, unas toallas húmedas, su celular y su lámpara que tenía un taser en la parte trasera.
— Como extraños. Con que me facilites que se acerque a mí —cerró el zíper de su bolso y se levantó para ir al closet por su chamarra de cuero negro para ponérsela—. ¿Nos vamos? —Giró sobre sus pies en dirección de su acompañante.
Shikamaru la contempló por unos segundos. A simple vista, por lo elaborado de su disfraz casi podría engañarlo de quien tenía delante de él era otra mujer. Aunque sin importar lo que hiciera su víctima, nunca podría ocultar su verdadera esencia de él. El demonio asintió y le indicó que guiara el camino. Cuando salieron del departamento, la universitaria estaba muy consciente de que "su sombra" la estaba siguiendo de cerca. Por supuesto no era la primera vez que lo hacía ni mucho menos, y a pesar de que deseara lo contrario, sería la última. Al llegar a la mitad del pasillo, la Sabaku presionó un botón del muro y ambos aguardaron en silencio en lo que llegaba el ascensor. Este no demoró mucho, sus puertas metálicas se abrieron permitiendo que el par entrara y una vez dentro la chica presionó el botón del nivel del estacionamiento donde se encontraba su auto. Tras cerrarse las puertas, un sigiloso nerviosismo se hizo presente en el cuerpo de la universitaria. Sus orbes instintivamente encontraron la respuesta de su ansiedad delante de ella, pues en las puertas se podía ver el reflejo difuminado de sus siluetas. Inconscientemente se cruzó de brazos para comenzar a acariciar con su pulgar izquierdo su antebrazo derecho. Su mente revivió a flor de piel como temblaba ese pequeño espacio, el sonido del cristal rompiéndose y cayendo al piso, el reflejo de su rostro perturbado en el fragmento que sostenía su agresor y el modo en que su corazón se detuvo cuando se sintió caer unos cuantos pisos sin control. Temari apretó los parpados y tragó saliva. Le era difícil decir que ya había superado ese episodio cuando el monstruo que lo había ocasionado estaba parado a su derecha. Por otro lado, el muchacho de la coleta esperaba pacientemente en su lugar a que llegarán a su destino. Los latidos de la Sabaku se dispararon en un segundo haciendo que se estremeciera un poco y desvió la mirada hacia el suelo.
Su conciencia la reprendió preguntándole a gritos que hacía nuevamente encerrada en el mismo lugar con su potencial homicida. Un repentino mareo y una sensación de hormigueo en su piel fomentaron su incomodidad. Hasta que su razón se escabulló en ese tormento y en un susurro le recordó el motivo de porque estaba ahí. Simplemente no podía echarse para atrás. Estaba rígida, pero logró imponer su objetivo sobre sus pensamientos. Tan pronto las puertas del elevador se abrieron, ella fue la primera en salir y tomó rumbo hacia su automóvil. A la distancia le quitó el seguro de las puertas con la ayuda del control remoto. Abrió la puerta del conductor al momento de poner su mano sobre la manija, se subió a su vehículo acomodando su bolsa en el asiento trasero y se colocó el cinturón de seguridad. Mientras que el Nara abría la puerta del copiloto, tomó asiento y bajó la ventana de su puerta para recargar su codo en el borde de este y acomodarse a sus anchas. Con sus pupilas indagó el estado de la dama de "cabello negro" y sonrió ligeramente. Estaba emocionado porque sabía que vería en primera fila un ejemplo perfecto de causa y efecto. La Sabaku encendió el auto y avanzó hacia la calle principal con rumbo a donde sería esa dichosa fiesta. De repente, un pequeño pero constante ruido comenzó a escucharse. La universitaria pretendió ignorarlo al principio, pero estaba tan tensa que lo único que hacía era gastarse su paciencia. Giró los ojos y apretó el volante con ambas manos.
— ¿Podrías ponerte el cinturón de seguridad? —Mustió con sus labios carmines.
El demonio la miró inmediatamente con incredulidad alzando una ceja.
— ¿Vas a manejar rápido? —Miró fugazmente hacia el frente—. O… ¿debo informarte que soy inmortal ante sus tragedias humanas?
— Si vas a estar presente —suspiró resintiendo lo duro que estaban sus hombros— y estar sentado ahí. Debes usar el cinturón para callar esa alarma.
— ¿Si me siento atrás dejara de sonar?
Al ritmo que sonaba la alarma de que el copiloto no estaba usando el cinturón, aparecieron horribles imágenes en la cabeza de la chica de que sucedería si permitía que su verdugo personal se sentará ahí. Era un excelente sitio para tomar ventaja, pues tendría completo acceso a su cuello y su espalda y lo que menos necesitaba en ese momento era preocupaciones.
— De ninguna manera —entonó firmemente—. Esfúmate o quédate al enfrente y haz lo que te digo. Fin de la discusión.
El muchacho de la coleta hizo una ligera mueca de fastidio y jaló de mala gana el cinturón de seguridad. No era parte del trato obedecer todo lo que ella le dijera, pero lo dejaría pasar esta vez. Total, en cuestión de horas ella misma provocaría un disturbio y para llegar a ese punto tendría que cooperar.
— Como desees —refunfuño con ironía en lo que se abrochaba el cinturón—, princesa.
Temari siguió conduciendo por unos diez minutos más hasta que llegó a la ubicación que le había pasado Karin. La casa donde se estaba llevando a cabo la fiesta era de tres pisos y con un enorme patio frontal. Luces de colores destellaban desde las ventanas y de la puerta principal. La edificación entera vibraba debido a lo alto que estaba la música.
— Es aquí. —Dijo ella sin apagar el auto, inclinándose un poco hacia el frente para ver mejor el entorno.
Shikamaru entendió su mensaje entre líneas. De la misma manera en que se ató en el asiento, se quitó el cinturón de seguridad. Abrió la puerta del copiloto, se bajó y cerró la puerta detrás de él, pero se tomó su tiempo para inclinarse un poco hacía el interior del auto y apoyar sus manos contra el borde de la puerta. Echó un vistazo alrededor y luego clavó su mirada en la conductora del vehículo.
— Espero sepas que, si te vas muy lejos, te seguiré. —Pronunció con un semblante en blanco insinuándole que, si su plan era abandonarlo ahí, no funcionaría.
Temari frunció el ceño con enojo.
— No me iré de aquí sin encontrar al desgraciado. Así que cumple tu parte y mándame un mensaje cuando lo hagas.
El Nara notó que lo que dijo fue enserio, se alejó del auto caminando hacia atrás y luego dio una media vuelta. Mientras se alejaba, la universitaria fue a buscar donde estacionar el auto. Sus zapatos negros terminaron a unos cuantos pasos de los peldaños de la entrada principal, la cual estaba abierta a la par, lo que le permitía ver el ambiente que se desenvolvía en el interior de la casa. Nuevamente miró lo que lo rodeaba y decidió entrar. El interior parecía pertenecerle a una mansión, pues los techos eran altos, había columnas de mármol, cuadros de óleo de enormes proporciones, esculturas de metro y medio de altura decorando las habitaciones y los pisos eran de acabados caros. Cualquiera pensaría que ese contexto digno de un museo seria reservado, taciturno y callado, en cambio el dinamismo que se estaba llevando a cabo contrastaba drásticamente con el lugar.
La gente que ahí se encontraba no estaba ahí para apreciar el arte, sino bailaban y se reunían para hacer de todo menos contemplar y reflexionar lo que los rodeaba. En el principio tuvo que esquivar a varios grupos de personas para hacerse paso, pues bailaban como si el lugar les perteneciera. Había mujeres ahogando sus gritos de emoción con la música y unos cuantos hombres delimitando su territorio para cuidar a su nueva conquista. El Nara escaneaba cuidadosamente el lugar, descartando a las parejas que se iban a las esquinas menos transitadas o a los lugares muy obvios para besarse. También descarto a aquellos que simplemente estaban reunidos charlando sobre los sillones o esparcidos por el lugar. Estudiaba minuciosamente todas las zonas que se topaba, cada cuarto, cada pasillo, con las manos bien metidas en sus bolsillos. Evadiendo cualquier posible interacción que querían iniciar con él, pues le resultaba atractivo a una que otra chica de ahí. Prefirió fingir estar sordo ante sus intentos de romper el hielo con él, que perder el tiempo tolerando que le gritaran en el oído con palabras vacías. Hasta que por fin vio un indicio de alguien que se parecía a su objetivo. Se encontraba sentado en lo que parecía ser el bar privado de la casa, el cual tenía un muro tapizado de una variada colección de licores que ofrecían en ese evento. Shikamaru se hizo paso entre la euforia de la fiesta para casualmente aterrizar ahí, pues le resultaba problemático seguir sin rumbo y si quería encajar con ese lugar necesitaba un trago.
Llegó a la barra la cual estaba hecha de roble con un barniz oscuro y lo estaba atendiendo un bar tender quien se aseguraba de tener sus herramientas limpias. Por fortuna en esa zona la música no estaba tan alta así que pudo hacer su pedido sin tener que gritarlo. Se posicionó a un lado de su objetivo, pero a este pareció no interesarle su existencia. En lo que el encargado del bar se dio media vuelta para preparar su bebida, el demonio sacó una cartera de su pantalón. Tardó a lo mucho unos cuantos segundos para servirle su trago.
— ¿Cuánto?
— Es barra libre, amigo —Respondió el bar tender.
El muchacho de la coleta solo levantó la mirada para observarlo, sacó un billete de la cartera y lo colocó sobre la barra.
— Tómalo como propina entonces.
El bar tender sonrió agradecido, tomó el billete para guardárselo en su pantalón y fue atender a otros invitados que se acercaron. Shikamaru siguió investigando esa cartera que acababa de robar de uno de los invitados que estaba bailando por ahí. Extrajo el resto de los billetes que tenía ahí dentro y la tiró cerca de otro sujeto que estaba desprevenido frente a la barra. Sus acciones fueron completamente imperceptibles por los demás y agarró su trago. De repente escuchó al sujeto que estaba a su lado izquierdo exclamar emocionado. Por su puesto eso atrajo su atención. Al verlo por el rabillo de su ojo notó el motivo de su reacción, porque el muchacho estaba viendo una fotografía explicita de una mujer a través de su celular. Fue ahí que el desconocido sintió la mirada intrusa y volteó a ver al Nara. El demonio retornó su vista al frente y sonrió.
— Que afortunado eres —Comentó lo suficientemente claro para que lo escuchara a pesar de la música alta y le dio un trago a su bebida.
El hombre de cabello blanco y ojos verdes giró sobre su eje para recargarse sobre la barra junto al demonio e inclinó su cabeza hacia un lado demostrándole que estaba sorprendido por sus palabras.
— Gracias, viejo.
— Tienes que pasarme su nombre —continuó el castaño—. Se ve que esta buena.
Eso fue suficiente para hacerle creer al objetivo que pensaba que se trataba de una estrella porno. El de orbes esmeraldas se acercó más al joven de la coleta como si quisiera contarle un secreto.
— No viejo, no es una de esas. Ella es más exclusiva.
— ¿Cómo consigues una de esas? —Fingió un poco de interés el demonio.
— Verás —dijo mientras inflaba su pecho con orgullo—, estoy en un grupo donde nos compartimos este tipo de contenido. Lo hacemos con mensajes efímeros para que no quede evidencia, pero mi galería está repleta de mis trofeos, ¿quieres ver?
— Pues tienes mi atención.
El objetivo se acercó más a él para mostrarle su celular, buscó su galería de fotos y abrió una carpeta en particular la cual le pidió una contraseña, pero en vez de ingresar una secuencia de números, deslizó un patrón con su dedo pulgar sobre la pantalla. Abriendo delante de sus ojos un repertorio de fotografías de cuerpos femeninos desnudos. El muchacho le entregó su teléfono al demonio para mostrarle las primeras tres fotos de su enorme colección. Shikamaru exclamó un falso asombro, se tomó su tiempo para admirar cada una de ellas y le preguntó con una sonrisa:
— ¿Cómo lo logras? —Le devolvió su teléfono al desconocido—. Yo he desperdiciado mucho tiempo y solo consigo fotos de sus caras.
— Tengo mis modos —respondió enaltecido por su reacción y quitó su galería—. Entonces, ¿quieres unirte a nuestro grupo? El único requisito es que nos compartas lo que sea que caiga en tus manos.
— ¿Harías eso por mí?
El objetivo solo asintió y buscó la aplicación de mensajes. El Nara le pidió su número para agregarlo como contacto junto a su nombre.
— Mizuki —respondió él— es bueno encontrar amigos con los mismos gustos.
El muchacho de la coleta lo registró y le mandó un mensaje para que guardara su contacto. Mientras el de orbes esmeraldas desbloqueaba su aplicación de mensajes, mostrándole nuevamente un patrón que dibujaba con su pulgar, y se encargaba de agregarlo a su grupo. Shikamaru sonrió y aprovechó que estaba distraído para abrir otra ventana de conversación donde escribió: "Listo." Durante los siguientes minutos, el par estaban platicando de experiencias que habían tenido con chicas con las que solían salir. Hasta que el castaño desvió su mirada hacia la improvisada pista de baile que estaba a unos metros de ellos, pues había detectado la presencia de la única criatura que podría llamar su interés. Una cual jugaba bastante bien su papel de presa. Siendo la más llamativa del lugar, destellando su vestido plateado mientras bailaba al ritmo de la música. Sin importar que había llegado sola, ella se sabía hacer notar en esa multitud. Después de darse unos minutos para observarla el Nara volvió a concentrarse en su trabajo y le dio un sutil codazo a su nuevo compañero.
— Oye viejo, creo que alguien te tiene en la mira.
— ¿Sí? —Volteó con algo de emoción hacia la pista de baile— ¿Quién?
— Una pelinegra que está bailando por allá —el demonio le dio un trago a su whisky—. Trae algo que brilla mucho.
— Oh cielos —se tomó unos minutos para observarla de pies a cabeza y exhaló entusiasmado—. Esta exquisita. ¿Tú que crees? ¿Me le acercó?
El Nara alzó los hombros.
— Desde aquí puedo ver que se muere por estar a solas contigo. —Dijo sonriente.
— Bueno será mejor que garanticemos eso, ¿no? —El de cabello blanco se giró un poco para pedirle una margarita al encargado, la cual se la entregaron en un vaso desechable. Luego sacó una pequeña bolsa ziploc que tenía un polvo blanco y tiro un poco dentro de la bebida y la mezclo con ayuda de un popote de plástico. Le echó un vistazo a su nuevo mejor amigo, cerró la bolsa y la deslizó hacia él—. Por si llegas a necesitar. Es solo para ellas.
Sin expresión alguna Shikamaru jaló la bolsita a su alcance con ayuda de sus dedos y dibujo una sonrisa ladeada.
— Gracias —el chico de la coleta pretendió guardarse la droga en la bolsa de su pantalón—. Te mantendré informado.
Misuki le dio una palmada en el hombro al Nara y se fue hacia la pista de baile para alcanzar a la mujer de cabellos oscuros que lo miraba seductoramente hace unos instantes sin soltar el trago adulterado. El demonio giró para apoyar su espalda contra la barra y ver cómo iba a desenvolverse el plan de su presa. Mientras que la misteriosa chica atraía miradas de otros invitados, pues eso demandaba el vestido que traía puesto, con cada movimiento que daba era como si invocara un conjuro que hipnotizaban a aquellos que volteaban a verla. Hasta que sintió que alguien tocó su hombro. A pesar de que ya sabía de quien se trataba, la "pelinegra" sin dejar de bailar, giró para identificar al sujeto que se le había acercado. Se trataba del mismísimo hombre de cabello corto, grisáceo, ojos verdes y sonrisa coqueta. Entendía a la perfección porque la Yamanaka había caído redondita a sus pies.
— Hola —su saludo fue correspondido con una halagada curva en los labios de la fémina—. Te vi bailando desde allá y supuse que necesitabas esto. —Logró comunicarle acercándose a su oído y mostrándole el trago que traía para ella.
La Sabaku detuvo su danza para recibir con gusto su ofrenda. Primero observó la bebida antes de tomarla, luego miró al caballero que llegó a salvarla de la posible sed que sentía. Acercó el líquido hacia su nariz para olerla y tratar de adivinar de que estaba hecha. Acción que a simple vista aparentaba que planeaba beber del vaso sin pensarlo dos veces. Aunque por una extraña razón, sus orbes "oscuros" se desviaron hacia el bar donde estaba el demonio, quien estaba a varios metros de ellos con los codos y la espalda recargados sobre el borde de la barra. Portaba un semblante serio y sus pupilas filosas estaban bien clavadas sobre ella. Para Temari todo a su alrededor empezó a moverse en cámara lenta, las personas que la rodeaban bailaban lento y la música se había enmudecido hasta el punto de escucharse como ligeros murmullos ante sus oídos únicamente. Al tener su completa atención, Shikamaru sostuvo entre sus dedos la pequeña bolsa de plástico que contenía la droga en el aire sin importarle en lo absoluto que la gente viera lo que estaba exhibiéndole a la universitaria a la distancia. La chica comprendió de inmediato por qué se lo estaba mostrando. Por primera vez ver a su torturador personal le reforzó su idea de que no debía fiarse en lo absoluto de Mizuki. Devolvió su vista hacia el de cabellos blancos quien se veía ansioso de que le diera el primer sorbo. Tratando de no transformar la sonrisa de sus labios carmines por la angustia, sabía que tenía que actuar para ganarse la confianza de ese sujeto sin perjudicarse de por medio. Así que la universitaria mantuvo el vaso cerca de su rostro, amplió su sonrisa coqueta, colocó su mano disponible detrás de la nuca del de orbes esmeraldas y acercó su rostro hacia él para besarlo. Su respuesta le robó una expresión de asombro a Mizuki, pero le correspondió complacido de que se había topado con una chica que "actuaba en vez de hablar", pues eran sus favoritas. También el muchacho pudo detectar un sabor a alcohol de la boca de la misteriosa chica, pensando que por eso le resultaba tan fácil sacar algo de ella. Jamás pensaría en la malicia de la mente de la universitaria que previamente empinó una botella de alcohol hacia su boca, hizo gárgaras con este para darle una idea errónea de su estado actual y lo escupió. Necesitaba estar sobria para poder ejecutar su plan. Después de su sesión de besos y que su objetivo se agasajara con sus manos por todo el cuerpo de la chica de cabellos "oscuros", la Sabaku tomó distancia, se mordió los labios sin apartar su mirada de la de Mizuki, se acercó a su oído y fingió arrastrar su lengua por efectos del alcohol.
— Espero haber quedado a mano con eso. —Jadeó juguetona.
Misuki no podía borrar la sonrisa de su rostro, parpadeó varias veces impactado por el tipo de chica que se había encontrado. La miró de pies a cabeza asegurándose de la belleza que tenía enfrente de él era real y le respondió:
— En ese caso, te tengo que traer el bar entero para que me sigas agradeciendo. — Respondió Mizuki complacido.
La "pelinegra" bufó una pequeña risa, lo jaló del cuello de su camisa blanca invitándolo a bailar con ella sin soltar el trago que le había ofrecido. Tenía que incitarlo a que la llevara a un lugar privado y para eso tenía que tentarlo lo mejor que podía con ese pequeño vestido. A lo lejos los ojos del chico de la coleta estaban aprehendidos en la inconfundible prenda de su víctima, observando como jugaba sus cartas para enmarañar a ese sujeto en lo que le daba un gran tragó a su whisky. Al igual que la cartera que había robado, envolvió en una servilleta usada la droga que le habían regalado, la hizo bola y la dejó sobre la barra. Al segundo que la soltó el bartender se encargó de limpiar el lugar y tirarla al bote de basura. Reconocía que su víctima era un poco astuta, pero al ver que quizás iba a caer en la trampa de aquel muchacho decidió que era mejor advertirle. No estaba dentro de su trato que la cuidara, pero si quería ver hasta que instancias planeaba llegar tenía que hacerlo en sus cinco sentidos.
— ¡Shikamaru! —Que alguien mencionara su nombre no era nada común, pero la voz de la fémina le resultó familiar. A pesar de que fingió que no había escuchado nada, una mujer se acercó hasta recargarse en la barra junto a él—. Me hubieras dicho que estarías aquí. Te ves muy guapo. —Terminó diciendo la pelirroja inclinándose hacia el frente, como si quisiera atraer su atención con lo pronunciado que tenía el escote de su vestido. El demonio le hizo caso omiso a la intrusa y le dio otro trago a su whisky, conteniendo el líquido dentro de su boca como excusa para no tener que cruzar alguna palabra con ella. La pelirroja notó eso, pero decidió insistir. Dio media vuelta para apoyar su espalda en la barra e hizo hacia el frente su torso para meterse a la fuerza en el rango de vista del Nara—. ¿Quieres seguirme a donde están mis amigos? Así podríamos hacernos compañía, conocernos mejor —ronroneó chocando su hombro con el de él— y pasarla bien juntos.
El Nara se acabó su trago para dejar el vaso vacío sobre la barra, sin perder de vista la ubicación de su presa, la cual bailaba de manera sugestiva con el objetivo de esa noche.
— No, gracias. —Suspiró con aburrimiento.
La pelirroja torció la boca e inclinó su cuerpo hacia el lado opuesto al muchacho de la coleta. Lo barrió con la mirada al sentirse ofendida de que le rechazara su invitación y frunció el entrecejo.
— No me digas, ¿vienes acompañado?
"Que tedio". Inhaló profundamente el muchacho de la coleta. Giró su rostro para verla de frente de una vez por todas. Solo quería presenciar si su víctima cumpliría con su palabra, pero aquella mortal, a quien solo quería usar de herramienta, no dejaba de demandarle su atención. Lo que menos quería es que lo enredaran en algo que no le importaba. En eso notó que su víctima y el muchacho de cabello blanco iban tomados de la mano hacia las escaleras principales de la mansión. Retornó su vista hacia la pelirroja y suavizó la expresión de su rostro. Podría simplemente mandarla a volar... o seguir jugando con su existencia hacia su favor.
— Tayuya, ¿Qué tal si llamas a tus amigos acá? Esta bastante cómodo y aquí si podríamos platicar —dijo con una sonrisa coqueta y eso hizo que a la chica se le iluminara el rostro—. Es más, dime que estas tomando, se lo iré encargando a mi amigo para cuando vuelvas.
— Una perla negra. —Respondió contenta en lo que se apartaba de la barra.
El chico de la coleta levantó la mano para llamar la atención del bartender, el cual lo noto en segundos y se acercó para escuchar su petición. Entonces el Nara pronunció con una sonrisa.
— Amigo. Prepara una perla negra para mi chica. —Finalizó viéndola por el rabillo del ojo.
Tayuya sintió emoción por el título qué le había dotado el muchacho. Mordiéndose los labios, dio media vuelta y fue por sus amigos para decirles que estaba mejor el lugar junto a la barra. Tan pronto el demonio la perdió de vista, borro la curvatura de sus labios, se alejó de la barra y se sumergió a la pista de baile para ir detrás del rastro de la Sabaku. Volvió a usar su destreza para hacerse paso entre las personas que se movían al ritmo de la música. Mientras tanto en el segundo piso, no solo la vibración de la música retumbaba dentro del pecho de Temari sino también lo hacía su ansioso corazón. La adrenalina estaba a tope en su sistema y la disimulaba fingiendo que estaba cayéndose de borracha. Casi chocaba contra los muros del pasillo, daba pasos en zigzag y se reía en el trayecto sin soltarle la mano a Mizuki, quien se estaba encargando de encontrar una habitación vacía para los dos. Cuando logró encontrar una, giró una perilla y jalo a la mujer de vestido plateado hacia el interior con él. Cerró la puerta detrás de su espalda y le echo seguro. La habitación estaba casi a oscuras si no era por una pequeña lámpara de noche que iluminaba pobremente el lugar con una opaca luz azul. Mizuki observaba con deleite a la mujer, tomándose su tiempo para viajar con sus pupilas cada curva de su cuerpo. Relamiendo sus labios, resaltando lo mucho que deseaba ponerle las manos encima. La Sabaku dio un par de pasos hacia atrás, exhalando una tierna risa, paseó su mano sobre su cabello "azabache" y levantó su bebida que contenía la droga a la altura de su rostro. Ella sonrió en lo que él joven de cabello plateado empezó a acercársele seductoramente.
— Deja me refresco para comenzar. —Dijo ella.
La universitaria inclino el vaso ligeramente hacia su boca y cuando vio que su objetivo estaba a unos cuantos pasos, le arrojó el vaso completo a su rostro cegándolo temporalmente.
— ¡¿Qué carajo?! —Exclamó encorvándose en lo que se quitaba el líquido de su rostro con la ayuda de sus dedos.
No le dio ni la más mínima oportunidad de reaccionar. Temari le soltó el primer puñetazo hacia el rostro de su objetivo. Luego tomó su bolso para sacar el taser, pero los nervios la volvieron lenta y Mizuki contraatacó propinándole una bofetada a la chica. Después la tomó de las muñecas y la acorraló contra el muro. El muchacho de cabellos blancos estaba tratando de entender la situación y cómo fue que la chica que estaba coqueteando con el empezó a atacarlo. La Sabaku comenzó a forcejear.
— ¡¿Qué mierdas te sucede?! —Preguntó el de cabello blanco.
En lo que la universitaria luchaba contra su objetivo para recuperar su libertad, unos pasos serenos se hicieron escuchar en la habitación. Merodeando despacio. Observando el escenario. Gozando con una sonrisa que el plan de la chica se había tornado en su contra. Tronó la boca en forma negativa, agachó la cabeza y se acercó a la riña con calma.
— Pobre Temari Sabaku —enunció el Nara, con las manos bien metidas en los bolsillos de su pantalón—. La niña prodigio de su familia, que brilla por su astucia y fuerte carácter, acorralada por el abusador de una de sus mejores amigas —trazó una sonrisa divertida y se detuvo a un lado de ella—. Creo que es un poco tarde para sugerirte que pidieras en nuestro pacto que te protegiera en caso de que las cosas salieran mal, ¿no lo crees?
— ¡Jodete! —Gruñó entre dientes la mujer.
El muchacho creyó que la chica de "cabellos oscuros" le estaba hablando a él, pues no podía ver ni sentir la presencia del demonio que acosaba a la loca que lo había agredido.
— ¡Maldita perra! ¡¿Qué esperabas conseguir de esto?! ¿Eh?
— Vaya —se mofó el Nara apoyándo su hombro izquierdo en el mismo muro donde la tenían acorralada—. ¿Solo eso se necesita para inmovilizarte? Yo aplicaba tres veces más fuerza que eso y aun así me dabas pelea.
La Sabaku trato de darle un rodillazo a Misuki, quien recibió el golpe de lleno y él respondió apoyando su antebrazo contra su cuello y jalándole el cabello, pero al hacerlo desenmascaro la verdadera identidad de la fémina justo delante de él. Tan pronto se dio cuenta que lo que sostenía en su mano era una peluca, la arrojó al piso y observó las características de la mujer que estaba sujetando. El flequillo rubio de la chica se reacomodo como usualmente lo traía, mientras que el resto de su cabello estaba peinado para que le facilitará el acomodo de su peluca. Había poca luz, pero era suficiente para que al de ojos esmeraldas le resultara un tanto familiar.
— ¡Yo te conozco! —Masculló Misuki.
"Mierda", cruzó en la mente de la Sabaku.
— Uff —fingió una mueca de dolor el Nara—. Todo ese esfuerzo y horas de que te arreglaras para que al final te expusieras. —Continuó el demonio de la coleta.
El corazón de Temari golpeaba con bastante fuerza dentro de su pecho, induciendo adrenalina en su sangre con cada latido. Sin mencionar que se le estaba dificultando respirar por como la tenía agarrada su objetivo. Su mente se nubló por el pánico.
— ¡Eres la amiga de esa perra! —Puso más presión sobre su brazo extrayendo un quejido de los pulmones de la fémina.
La Sabaku llevó sus manos hacia el antebrazo del de cabellos blancos, esperando que si los jalaba hacia otra dirección podría liberarse. Sin embargo, no lograba quitárselo de encima. El abatimiento en ella aumentaba. Clavó sus uñas contra la piel del muchacho, mientras le mostraba los dientes por la desesperación.
— ¿Sabes? Que te dejes someter por él y no por mí, —el chico de la coleta torció la boca y entonó con su voz grave— me ofende un poco.
— ¡Le dije que mantuviera esa puta boca cerrada! —Gritó el de orbes esmeraldas.
Las respiraciones de la rubia se volvieron violentas y cortas. En su mente no dejaba de demandarse qué luchara y el enojo que sentía estaba rebasando el límite. Su demonio personal solo la observaba en primera fila, admirando las expresiones en el rostro de su víctima. Había llegado al punto que, si intentaba seguir burlándose de ella, no llegaría a nada. Podía ver que su impotencia se había vuelto un combustible para una bomba qué estaba a punto de estallar dentro de ella. El Nara se reacomodo en su lugar, sin despegarle sus pupilas oscuras y borró la expresión de gozo de su rostro para abrir la boca:
— ¿Qué sucede? ¿Permitirás qué te vuelvan a hacer esto?
— ¡Ya verás! ¡Cuando termine contigo iré tras de esa perra! —Exclamó Mizuki.
Entonces la conciencia de la rubia se desconectó, cediéndole el paso a su instinto para que tomara el control de su cuerpo. La Sabaku liberó un breve grito, el cual de alguna manera le ayudó a ganar más fuerza. Levantó su rodilla y golpeó la entrepierna de Mizuki, quien en forma de respuesta se quejó retorciéndose en su lugar y dejo de presionarla contra el muro para llevar sus manos a la zona afectada. Al momento que sus pulmones recuperaron aire, obligó a que la de orbes aqua tosiera del esfuerzo, pero eso le dio la oportunidad también de sacar el taser de su bolso y activarlo justo en el abdomen del de cabellos blancos. Se hizo escuchar el chasquido eléctrico en la habitación y Mizuki comenzó a retorcerse debido a los voltios que estaba recibiendo su cuerpo. Después de unos segundos, el muchacho colapso en el piso. Verlo tendido en el suelo no le fue suficiente. Temari arrojó el taser al suelo y se arrodillo encima de él. Ningún pensamiento se le cruzó por la mente, solo alzó su puño izquierdo en el aire, y con su otra mano disponible lo jaló del cuello de su camisa. Ahí comenzó a aterrizarle puñetazos al rostro del maldito que chantajeaba a su amiga. Descuido en absoluto donde estaba acertando cada uno, pero golpearlo le estaba dando una sensación maravillosa dentro de ella. Casi liberadora. El joven seguía consciente e intento poner resistencia, pero la descarga eléctrica le había paralizado momentáneamente su sistema nervioso y con eso si habilidad para defenderse. El demonio que los acompañaba se limitó a observar en silencio la violencia qué proyectaba la chica. Justo cuando la rubia sintió que había perdido la sensibilidad en su mano izquierda, cambió a su mano derecha para proseguir con su castigo. Uno tras otro. La rubia liberaba gruñidos con su respiración entrecortada. Ni siquiera se inmuto por la sensación húmeda debajo de sus nudillos. Tampoco tuvo noción de cuando el rostro de su objetivo había comenzado a sangrar y salpicarla. Únicamente se enfocaba en no fallar ni un solo puñetazo. Hubo un momento que creyó escucharlo suplicar entre la mezcla de saliva y sangre que escupía de su boca. Entonces Mizuki dejó caer pesadamente sus manos al suelo, haciendo que su atacante sostuviera su puño ensangrentado en el aire. Jadeando la universitaria fue recobrando poco a poco su conciencia. Tenía la quijada apretada y por la adrenalina su corazón quería salirse de la prisión de sus costillas. Liberando grandes cantidades de aire entre sus dientes, una pregunta rondó por su cabeza. Aflojó el puño qué tenía en el aire, acercó sus dedos temblorosos hacia su cuello y presionó un par de ellos contra este. Aún tenía pulso. Sigiloso como un susurro, su sombra se puso en cunclillas a un lado de ella:
— ¿Por qué te detuviste? ¿No sería mejor si te deshaces de esta escoria de una vez por todas?
La rubia sin dejar de jadear echó su cabeza hacia atrás. Si el demonio estaba alentándola a que continuara, significaba qué era tiempo de detenerse. Se enfocó mejor en palpar con una de sus manos entumecidas los bolsillos del sujeto qué tenía inconsciente debajo de ella. Quizás había perdido el tacto por los golpes, pero aun así logró identificar el objeto que estaba buscando. Encendió el teléfono de Mizuki y este le solicitaba una huella dactilar para poder desbloquearlo. Así que tomó una de las manos del muchacho y afortunadamente solo tuvo que intentarlo dos veces para desbloquearlo. La Sabaku clavó sus pupilas en el Nara y le ofreció el celular del susodicho. Su mirada fue suficiente para comunicarle lo que tenía que hacer. El demonio suspiró, tomó el teléfono y buscó la primera aplicación que el objetivo le mostró para darle acceso a su cómplice. Temari agarró nuevamente el teléfono y se quitó de encima del hombre que molió a golpes, dejando caer sus muslos a un lado de él para escudriñar las carpetas de fotografías que almacenaba el aparato electrónico. Tan pronto dio con el contenido que buscaba sintió que se le revolvió el estómago debido a toda la pornografía qué tenía ahí. En verdad le repugnaba el hecho que probablemente no tenía el consentimiento de ninguna de las protagonistas de las fotografías. Definitivamente no iba a investigar más. Por lo que ahorro tiempo con tan solo formatear todo el contenido multimedia, ya fuera imágenes, video o sonido e incluso eliminó el respaldo que tenía en la nube de datos para que no tuviera ningún modo de recuperarlas.
Ahora seguía la aplicación de mensajería instantánea, pero al momento que intentó abrirla le pidió una clave. Otra vez le paso el teléfono a Shikamaru para que cumpliera con su palabra. Lo desbloqueó y le devolvió el objeto a su presa. Aunque trago saliva, porque las manos de la rubia sangraban. Fueron tantos impactos y mucha la fuerza con los que acertó cada uno de ellos, qué el constante choque entre los huesos de sus manos y el hueso del rostro del afectado hizo qué terminará abriéndose la piel de sus nudillos y que sangraran gradualmente. El aroma de su sangre lo estaba llevando al borde. Solo un poco más y podría degustarla. En cambio, la fémina estaba tan concentrada en lo suyo que no se había percatado de la intensa mirada del demonio ni siquiera el dolor de sus heridas.
— Me comentó que tenían un grupo de mensajes efímeros —el Nara sacó su propio móvil para mostrarle de lo que estaba hablando—. Este es el nombre.
La rubia leyó el nombre y lo escribió en el buscador de chats dando con el en cuestión de segundos. Al abrirlo no había evidencia alguna de que ahí compartieran fotos subidas de tono, solo mensajes con descripciones de "abierto", uno que otro comentario vulgar y reacciones de dichos mensajes. Rápidamente buscó en su mente que podría hacer con dicho grupo, hasta que se le ocurrió una idea que serviría perfecto como advertencia. Abrió la cámara del teléfono que estaba esculcando, luego activó el flash para después tomar una foto del hombre que estaba tirado junto a ella. Iluminando la brutal escena con la diminuta lámpara del celular. La foto que se mantuvo en la pantalla digital relataba particularmente lo que le había hecho a su objetivo: porciones de heridas frescas, sangre salpicada desastrosamente en su piel, marcas de golpes qué se estaban cambiando de color, su ojo hinchado, su labio y su ceja partida... Percatarse de hasta qué punto había llegado ocasionaron qué sus manos empezarán a temblar y su cuerpo tuviera una sensación fría debido al efecto secundario de la adrenalina que se había evaporado de su cuerpo. Tuvo que luchar contra el shock de lo que hizo para poder enfocarse nuevamente en lo que tenía que hacer. Seleccionó la opción de compartir esa brutal imagen al obsceno grupo, asegurándose de apagar el modo efímero para que se conservará la evidencia en ese chat y añadió al pie de la fotografía: "Esto es lo que le sucederá al próximo qué se atreva a compartir otra imagen por aquí." Aunque aguardo un poco antes de enviarlo. Fue por su taser que estaba tirado en el piso, su peluca azabache, se quitó la malla que sostenía su cabello en su lugar y lo guardó todo en su bolso. Después sacó un paquete de toallas húmedas, algo que se le dificultó un poco porque sus articulaciones empezaron a palpitar de dolor. Teniendo todo listo, la rubia presionó enviar. Luego entró a las opciones del grupo y lo reportó por su contenido inapropiado. Al haber terminado su cometido, limpió el teléfono con la toalla húmeda y se lo devolvió al Nara.
— Rómpelo. —Ordenó la de orbes aqua en lo que limpiaba con la toalla la mano que había agarrado del de cabellos plateados para desbloquear el teléfono.
Shikamaru la observó con una expresión sería mientras sostenía el teléfono.
— Esto no era parte del trato.
— Tampoco si te daré de buen modo mi sangre —Lo retó mostrándole sus manos en lo que se reincorporaba—. Así que hazlo y gustosa te dejo tomarla. —El demonio hizo una mueca de fastidio. Su presa si qué era una chica lista. Con solo apretar su mano partió en dos el celular y dejó caer los pedazos al piso—. Salgamos de aquí.
La universitaria le echó un ultimó vistazo al bastardo que chantajeaba a Ino y dio un paso hacia el frente, lo que no esperaba es que hasta sus piernas estaban temblando por la pelea por lo que tambaleo en su lugar. Shikamaru, impaciente, la tomó de la mano y de la cintura.
— Vámonos. —Gruñó él sin darle oportunidad de protestar.
La ayudó a llegar hasta el pasillo y cerró la puerta detrás de ellos. Arrojándose nuevamente al ritmo acelerado y las luces parpadeantes de la fiesta que seguía llevándose a cabo. Gracias a la música nadie se dio cuenta de la pelea que había ocurrido y en caso de que hubieran escuchado los gritos hubieran sospechado de que se trataba de una pareja más teniendo sexo. El demonio jaló de la mano a la Sabaku, llevándosela casi a rastras con dirección hacia la planta baja. Algo que hacía con rudeza, porque la agarraba tan fuerte que le estaba calando en sus recientes heridas haciéndola sisear. A pesar de las circunstancias, no tenia de otra más que dejarse guiar por su propio verdugo personal pues quedarse ahí ya no era una opción. Se hicieron paso entre la gente mientras descendían de las escaleras, casi huyendo de lo que habían dejado atrás sin que nadie lo sospechara. O eso creyeron, pues su presencia atrajo la atención de un pequeño grupo de personas que lograron reconocerlos en ese mar de euforia y escándalo. Cuando consiguieron salir de la casa y Shikamaru soltó la mano de la chica aventándola lejos de él:
— ¿Dónde está tu auto? —Cuestionó con ansia.
Temari seguía un tanto dispersa, pero hizo memoria de donde lo habia dejado y empezó a caminar hacia su vehiculo:
— Por aquí.
Giraron a la izquierda cuando llegaron a la esquina y caminaron un par de cuadras con paso veloz. Increíblemente había gente transitando esas calles, pues apenas se estaban dirigiendo a la fiesta. La rubia agacho la mirada y continuó con su camino. Huyendo de sus acciones y su sombra la seguía de cerca, tensando su mano que había tocado la sangre fresca de su presa. Al ver el vehículo de la rubia a lo lejos, el demonio se adelantó, sacó un juego de llaves con su mano limpia de su bolsillo, le quitó el seguro y abrió la puerta del piloto para ella. La Sabaku se quedó boquiabierta.
— ¡¿Cómo es que?! — Dijo al mismo tiempo que tomó su bolso con intenciones de buscar en su interior.
— Sube ahora si no quieres que tome mi pago aquí y ahora. —Pronunció apretando su quijada.
De por sí ya cargaba con la rígides de haber golpeado a alguien, ahora tenía que estar precavida a los futuros acercamientos de su verdugo personal a causa de la otra parte de su trato. Sin despegarle los ojos de encima, la chica entró al auto y el muchacho de la coleta alta le dio el llavero para que lo encendiera y le cerró su puerta con fuerza. La universitaria se encomendó en arrancar su vehículo y colocó sus adoloridas manos sobre el volante. Haciendo que sus ojos se posaran sobre las recientes laceraciones de sus nudillos, las cuales le palpitaban al ritmo de su corazón, ardían y sangraban gradualmente. Hasta que el sonido de la puerta del copiloto abriéndose la hizo brincar en su asiento. Se trataba del Nara, quien cerró la puerta, se puso el cinturón y colocó su mano que tenía la sangre de su presa impregnada muy cerca de su rostro. Inhalando su aroma y tragando saliva.
La universitaria mantuvo su vista fija al frente, luchando por tratar de ignorar a su verdugo personal y condujo de regreso a su departamento. En el trayecto, ninguno cruzó palabra alguna. Solo cuando estaban a unas cuadras de llegar, Shikamaru comenzó a lamer la palma de su mano limpiándose la sangre de la chica de ella. Moviendo su lengua meticulosamente, cuidando que no se perdiera de ninguna sola molécula de su sangre. Gozándolo con cada segundo. Justo en el instante que Temari estaba estacionando su auto en el sótano de su departamento. Con prisa descendió del auto dejando atrás a su sombra, como si ilusamente quisiera ganar algo de distancia de él, pues no podría predecir lo que seguiría a continuación. Llegó al elevador y con ayuda de sus dedos temblorosos presionó el botón varias veces para llamarlo. Sus latidos y respiración se volvieron a disparar, incluso que pudiera sentir su mirada en su espalda le dio escalofríos. "¡Vamos!", demandó inútilmente dentro de su mente a las puertas plateadas que tenía delante de ella. Hasta que se abrieron y entró rápido para poder llegar a su destino. Sin embargo, cuando dio media vuelta Shikamaru ya estaba ahí, en medio de las puertas de elevador, con sus ojos filosos bien prendidos en su silueta. Estas quisieron cerrarse, pero el demonio las detuvo con su mano forzando al elevador a mantenerse abierto y de quedars justo en ese nivel. El rostro de la universitaria empalideció.
— ¿Qué no le echaras llave? —Preguntó con una voz rasposa señalando el vehiculo de su presa.
La Sabaku se regañó mentalmente apretando los labios. Fingiendo que era algo tan mundano levantó la mano que sostenía el control de su coche para activar la alarma a la distancia. No funcionaba. Exhaló con leve tono de desesperación dando un paso al frente y volvió a presionarlo mientras lo sostenia en el aire. Nada. Se armó de valor para pararse cara a cara delante del demonio, levantando su brazo debajo del de él para extenderlo afuera del elevador y volver a presionar. Al fin logró hacer que se activara el seguro. La rubia miró hacia delante y tenía la mirada de Shikamaru fija en la suya. Ella se la desvió y retrocedió, pero sus pasos fueron seguidos por el Nara que soltó las puertas para mantener la más mínima distancia entre él y su presa. Hasta que terminó acorralándola contra el muro del elevador. La respiración de la rubia se alteró notablemente y sintió como el elevador comenzó a subir. Shikamaru la analizaba y apoyó su codo justo a un lado derecho del rostro de la fémina, en lo que acercaba su boca hacia la oreja izquierda.
— Se que aún me temes —dijo con deleite— y más aquí —la chica cerró sus parpados luchando con todo su ser para mantenerse de pie enfrente de él— antes de irnos vi como estabas temblando, pero quiero mi pago ahora. Cooperaras, ¿cierto?
— Solo déjame llegar a mi departamento. — Mustió la rubia.
El demonio bufó mostrando su sonrisa completa y susurró dando unos pasos hacia atrás:
— Estoy perdiendo la paciencia, princesa.
El Nara se apartó de la vista apretando sus dientes entre sí, girando casi sobre sus pies para terminar recargado en el mismo muro que su presa. Permitiendo que Temari pudiera verse por fin en un espejo del elevador. Su rostro, su cuello, sus brazos y su ropa, todas salpicadas en sangre que no era la suya. La sorpresa se apodero de su semblante y fugaces recuerdos de ella golpeando sin piedad a ese sujeto abordaron su mente. Las puertas metálicas se abrieron. Temari salió apresurando su paso hacia su departamento, luchando con su juego de llaves para poder entrar a su departamento. Sus manos lastimadas no dejaban de temblar. Cuando apenas pudo insertar la llave y la giró para quitar el seguro, Shikamaru se acercó a sus espaldas el rodeo de la cintura con brazo, la cargó y la obligó a entrar al departamento con él. El demonio arrancó la llave de la chapa, y luego cerró la puerta usando su espalda. Tiró las llaves del departamento al piso, y con esa misma mano agarró la muñeca de la rubia para acercar el dorso de su mano lastimada hacia su boca. Envolviendo con su boca los sangrantes nudillos de la chica. Reclamando de este modo lo que le pertenecía. Temari se resistió un poco, pero contuvo sus impulsos de huir pues de eso se trataba su pacto. Ese era su pago y tenía que entregárselo. Aunque por lo fuerte que estaba succionando cada uno de sus nudillos la hizo quejarse en la oscuridad de su sala. Las respiraciones de ambos estaban agitadas, una por el dolor y el otro por el deseo. El Nara podía lastimarla ligeramente y aliviar su hambre al mismo tiempo sin ser castigado. Estaba gozando cada segundo de beber, aunque fuera poca, de su sangre. Mientras que Temari trataba de resistir apretando la quijada de que algún quejido se le escapara de su boca, y seguía tratando de convencerse a sí misma que eso era lo que habían pactado. A pesar de que la estuviera tocando. A pesar de que la tuviera aprisionada en lo que se daba un festín con sus heridas. A pesar de la incomodidad que le causaba sentir su lengua recorrer sus nudillos. La rubia mantenía su mirada perdida en las penumbras más tensa que nunca. En lo que el Nara tomaba su otra mano para saborearla, la universitaria reflexionaba lo que había hecho. Mentiría si decía que solo actuó según se iba desenvolviendo la situación, pues planeó hasta el más mínimo detalle de cómo, cuándo y dónde lo iba a enfrentar. Aunque lo que paso después... estaba sorprendida por lo bien que se sintió por golpearlo hasta hacer que perdiera su conciencia. Incluso podía admitir que le alegraba el hecho de haber podido ayudar a quitarse ese problema de encima. No sentía ni la más mínima fracción de culpa por eso.
