Capítulo 17: Segunda oportunidad

Esa noche la fortaleza que le costó años en construir se había desquebrajado como una simple oblea. Se metió a la cama sintiéndose peor que basura y la mañana siguiente despertó molesta consigo misma. Después de levantar los pedazos de su ser, quedaba el enojo de haberse rebajado tanto con su mera presencia. En lo que se maquillaba para ocultar lo rojizo de sus ojos no dejaba de reprocharle a su propio reflejo por ser perturbada por cosas del pasado. Tenía que recordar que ya era más fuerte. Santo cielo acababa de recuperar su vida de las manos de un demonio, él solo era su padre. Se vistió con un jeans acampanado negro, una sudadera gris holgada, un par de tenis blancos y se ató su dorado cabello en dos coletas bajas y armó su maleta de atletismo. Salió de su departamento con su bolso y mochila colgando de su hombro y caminó hacia el elevador en lo que buscaba su app para pedirse un auto que la llevara a la universidad, pues su vehículo seguía en el taller.

— ¿Alguna respuesta para esto?

El muchacho de la coleta apareció justo detrás de ella, siguiendo sus pasos y le puso la pantalla de su "teléfono" enfrente de su cara, el cual le mostraba la misma burbuja de error como el otro día. La universitaria se llevó su mano al corazón, porque su rápida aparición hizo que este diera un brinco dentro de su pecho. Lo linchó con la mirada, negó con la cabeza y le sacó la vuelta para continuar con su rumbo.

— Que no sé. Deja de seguirme. Hoy no voy a lidiar contigo.

— Tu amiga está aquí. —Anunció mirando al frente.

— ¿Qué? —miró hacia la dirección de su sombra, arrugó su nariz frustrándose con sus comentarios sin sentido y bufó—. ¡Déjame…!

— ¡Temari!

La voz de la fémina la hizo girar su rostro abruptamente hacia adelante. Una mujer de coleta alta, que vestía un conjunto de blusa y pantalón de color hueso y la cubría un abrigo de color café, corrió en tacones a colisionarse con ella para estrecharla entre sus brazos. La Sabaku no esperaba verla tan pronto, pero apachurró su mejilla contra su hombro y le correspondió el abrazo. Su acción fue lo único que pudo callar el embrollo de su mente y enfocarse en el presente. Luego de unos segundos Ino tomó distancia de la rubia, le dedicó una hermosa sonrisa y en sus ojos zafiros se veía que contenía unas lágrimas de felicidad.

— ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Infinitas gracias! —Chilló emocionada.

A continuación, pasó algo que Temari jamás pudo haber previsto. La Yamanaka la soltó y se giró para abrazar al muchacho que tenían a un lado. Su corazón se detuvo al ver eso. Mientras sonaron mil alarmas en su cabeza, colocó su mano en el hombro de su amiga y la separó de su verdugo personal, quien estaba igual de sorprendido que ella. El Nara le respondió a su amiga con una sonrisa ya que disfrutó como el color del rostro de su víctima se había ido.

— ¡Ino! —Destanteó un poco a su amiga con su reacción, pero eso no le borró la sonrisa—. ¿Por qué lo abrazas?

— Porque él estaba ahí contigo en ese lugar, ¿qué no?

— Dios —exhaló la Sabaku e imaginariamente se talló la cara con ambas manos. Era claro que Ino sabía algunas cosas, pero no era el lugar para discutirlas—. Perdona que te lo pregunte, pero ¿qué haces aquí?

— Ah —su rostro se iluminó—. Te llamé varias veces, porque supe que no tenías carro. Así que corrí para ver si te alcanzaba antes de que te fueras para ofrecerte un aventón.

— ¿Me llamaste? — Temari revisó su celular. Tenía tres llamadas perdidas. Dejó caer su brazo con su móvil e hizo una expresión de como pidiéndole disculpas. Desde todo el desastre qué fue el día anterior había puesto su teléfono en silencio—. Claro, me llamaste. Perdóname.

— No hay problema, solo acepta mi aventón —juntó sus manos a la altura de su rostro en forma de súplica—. Es lo mínimo que puedo hacer por ti. Además de que quería agradecerte en persona lo que hiciste. Aunque ahora que lo veo, ¿Shikamaru te iba a llevar?

— No —volteó a ver el parásito que tenía junto a ella que solo decidió existir en ese momento—. No él tampoco tiene auto.

— Entonces andando, no quiero que llegues tarde — dijo la rubia de la coleta alta al mismo tiempo que caminaba hacia el elevador, no sin antes dar una media vuelta y caminar de espaldas— ¿también vienes verdad Shikamaru?

— Ya que insistes. —Exhaló encogiéndose de hombros el recién mencionado junto a una mueca de como si no tuviera otra opción.

Por supuesto tenía otra opción, podía moverse como le placiera con tal que estuviera cerca de su presa, incluso alejarse un par de kilómetros si así lo deseaba. Aunque eso le quitaba lo divertido que era ver la mirada de incomodidad que causaba en ella al ser invitado por su amiga. Más el inesperado abrazo. Decidió que continuaría fastidiándola el resto del trayecto hasta la universidad. Llegaron al auto de Ino, Temari se subió al asiento del copiloto y su sombra se fue en el asiento de atrás. Constantemente la Sabaku miraba el espejo del retrovisor para vigilar al demonio y que no se le ocurrieran ideas estando sentado a sus espaldas. Sabía que su trató le impedía que la afectara directamente a ella o a sus conocidos, pero se sentía más inquieta de lo normal. Sobre todo, porque a Ino se le ocurrió a abrazarlo así de la nada, lo que le hizo recordar lo que había dicho:

— ¿A qué te referías con que Shikamaru estaba ahí?

— Ah. Después de que me enteré lo que le sucedió a este sujeto, me puse a investigar por mi cuenta. Sabía que Tenten asistió a la fiesta de la mansión Uchiha donde ocurrió todo. Le pregunte que si había visto algo o de cómo se habían dado cuenta de lo ocurrido. A lo que me respondió que no sabía mucho, pero que algo le llamó la atención pues creyó verte ahí bajando de las escaleras con Shikamaru y te perdió el rastro. Luego que este individuó te acusara de lo que le pasó, me ayudó a conectar los puntos —la rubia notó como la de orbes aqua se sumergió ligeramente en su asiento—. Tranquila. Yo sería la única que sabría de tus intenciones con ese bastardo —suspiró—. Así como tú guardaste mi secreto, yo guardare el tuyo. En verdad te estoy eternamente agradecida. Aunque no esperaba que se llegaran a esas instancias y reconozco que fue realmente peligroso, me alegró que salieras de ahí sana y salva. Simplemente no tengo palabras para demostrar lo aliviada que me siento que ya no tenga control sobre mí. A todo esto, —miró su retrovisor para ver por un segundo al Nara— ¿puedo preguntar quién fue?

— Entre menos sepas, es mejor. —Dijo la universitaria mirando hacia la ventana.

— Tienes razón —asintió la Yamanaka—. Bueno aparte de lo que le ocurrió a este individuo. Al parecer hubo un grupo de chat que recibió la alerta de lo que le había sucedido. Entonces lo buscaron por toda la casa del Uchiha y lo encontraron hasta media hora después, pero eso no fue todo. Esa misma fotografía causó que todos los que pertenecieran a ese grupo fueran sancionados, pues era tan grafica que infringió las condiciones de la app por "incitar la violencia". Por lo que ninguno de los integrantes podrá usar la aplicación por un año y eso ya está causando varios dramas en muchas relaciones. Sin mencionar a los pobres que guardaban fotografías de sus apuntes ahí —se le escapó una ligera risa a la conductora— lo perdieron todo en este ciclo escolar.

— ¿A si? —Miró el reflejo del retrovisor para observar la expresión de su verdugo personal, la cual no era una muy alegre. Apenas estaba entendiendo esa aplicación y ya le habían negado el acceso temporalmente—. Vaya estarán incomunicados por todo un año.

— Si, pobres. Terminaron embarrados sin querer. Bueno hay otras maneras de comunicarse en estos tiempos, aunque no son tan populares como esa aplicación.

La Sabaku la contempló por un momento. Nuevamente su amiga estaba irradiando confianza y alegría. Poco sabía que ese grupo que mencionaba lo usaban para presumir sus "trofeos" y todos los espectadores estaban tan mal de la cabeza como su agresor, así que esa llamada de atención era algo que merecían. Pero definitivamente había cosas que estaban mejor fuera de su conocimiento. Ella simplemente le sonrió y pensó que era mejor cambiar de tema.

La Sabaku logró llegar a su salón de clases. Como siempre ahí estaba Karin sentada en su lugar y pegada a su teléfono. Tomó asiento detrás de ella y colgó sus cosas en el respaldo de su silla.

— ¿Entonces?

Pronunció la pelirroja que seguía texteando velozmente en su celular. Su asiento estaba pegado al muro del salón así que podía recargar su espalda en la pared sin tener que girar la silla. El interrogatorio iba a comenzar, pues tenía conocimiento de ciertas cosas, pero quería armar el rompecabezas con su versión. Era el chisme del momento y estaba opacando de gran manera de quien le fue infiel a quien o de quien se fugó con quien.

— ¿Qué? —Respondió Temari en lo que sacaba su cuaderno de apuntes y lo colocaba sobre su escritorio.

— ¿Lo hiciste? —La miró de reojo la Uzumaki.

— Eso dice él, yo apenas lo conozco. —Dijo encogiéndose de hombros.

Karin dejo de escribir por unos segundos para contemplarla. Fácil podría relacionarla con lo que había sucedido, pues no era nada tonta. Hace unos días casualmente preguntó por la existencia de ese hombre y luego aparecía todo golpeado, por supuesto que no era mera coincidencia. Si no conociera a la protagonista la presionaría o encontraría otros medios para armar toda la escena. Aunque no era así, Temari era su amiga y estaba más que consciente que el afectado era conocido por su fama de patán. Por lo que decidió cerrar el tema, y siguió texteando en su teléfono. Su rutina escolar había vuelto, tomó un par de clases y en el descanso que tenía antes de que comenzara la próxima aprovecho para irse al baño. En su andar se percató de que su presencia atraía miradas e inspiraba unos cuantos susurros cuando la veían pasar. Los rumores le traían cierta fama que sabría que con el tiempo se desgastaría o hasta que algo nuevo ocurriera se olvidarían de ella, pero ahora solo tenía que tolerarlo y no prestarles mucha importancia. Logró llegar al baño sin problemas, tardó unos cuantos minutos y salió para regresar a su salón de clases. De repente se cruzó con un muchacho de cabello castaño que la reconoció.

— ¡Oye!

La Sabaku echó su cabeza hacia atrás y se detuvo en seco.

— ¿Qué haces tan lejos de tus clases? —La rubia se recargó en el muro que tenía a su derecha y se cruzó de brazos.

— Relájate, mi profesora me pidió llevar estos documentos con el director —alzó la mano mostrándole la evidencia de su encomienda—. Aunque —se acercó el castaño con una disimulada sonrisa— ya que nos encontramos aprovechare para preguntarte si los rumores son ciertos.

— ¿Tú qué crees? —Alzó un poco su mentón.

— Yo digo que, de ser ciertos, tuvo que hacerte algo para merecerlo. Y —fingió una mueca de dolor— ouch. No quisiera ser él.

— ¿Mamá ya lo sabe? —Suavizó su voz la fémina.

— Sigues siendo su adoración, así que no. Solo informaron a nuestro padre, pero creo que ya lidiaste con eso.

— Si —la rubia rodó la mirada y mustió—. Fue adorable su visita.

— Aparte me hiciste darme cuenta de que me amas, pues conmigo te contienes cuando quieres golpearme. —Le dio un sutil codazo su hermano.

— No me tientes.

— Donde sea menos mi hermoso rostro, esta belleza me consigue muchas chicas —le guiñó un ojo—. En fin, es bueno verte bien hermanita. Pero de ahora en adelante déjame los problemas a mí, ¿de acuerdo? ¡Nos vemos!

Temari bufó negando con la cabeza y con una sonrisa regresó a su salón de clases. Caminó hacia su lugar, pero con un simple vistazo notó que había algo diferente. Entre las hojas de su cuaderno sobresalía algo que parecía ser una nota. La de orbes aqua miró a su alrededor como si esperara cruzar miradas con la persona que había dejado eso ahí, pero fue en vano. El salón seguía medio vació pues sus compañeros estaban o platicando en el pasillo o enfocados en lo suyo. Retornó su mirada hacia la nota, la tomó y empezó a desdoblarla para revelar el mensaje que tenía dentro. Contenía un pequeño párrafo que fue escrito por puño y letra que decía lo siguiente:

"No sabes quién soy, pero aun así haz hecho mucho por mí. Por mucho tiempo estuve en un lugar muy oscuro, que seguir viviendo no parecía más una opción. Hasta que interferiste... si es que lo hiciste. Cualquiera fuera tu razón, personal o por alguien más. Te agradezco esta segunda oportunidad".

Para Temari la sensación que recibió tras leer esas palabras fue inexplicable. Sabía que su acción cruzó la raya de la sanidad, pues pensándolo más claramente estaba la opción de simplemente robarle su teléfono, sacar la información necesaria y nunca sabría que había sido ella. En cambio, se quedó y lo castigó con mano propia, liberando una violencia que no sabía que almacenaba dentro de sí. Nuevamente echó un vistazo a su alrededor, pero nadie estaba aguardando por su reacción al leer su mensaje. Al pasar el tiempo, se descuidó dos veces más y aparecieron notas anónimas ocultas en su mochila o que dejaron a simple vista en su lugar con un mensaje similar. Luego brotó de su celular un mensaje de un número desconocido que solo le decía gracias. Todavía estaba la incertidumbre para los demás de si la rubia había sido la autora de la golpiza que le habían propinado a Misuki, pero al buscar ayudar a Ino terminó ayudando a varias chicas de su misma universidad. Para las victimas ponerle rostro a su salvadora, les había dado voz y fuerzas para salir adelante.

Terminaron las clases teóricas, solo quedaba una de las ultimas clases de atletismo antes de las vacaciones de invierno. Adoraba esas clases porque el correr le ayudaba a acomodar las ideas de su cabeza, tanto planes a futuro como problemas. Cambió su atuendo cómodo por algo más deportivo, se puso una blusa de manga larga pegada de color purpura, un pants gris holgado que solo usaba para calentar, debajo de este un short negro de licra y unos tenis amarillos fosforescentes para correr. Realizaba sus estiramientos de costumbre, hasta que sintió una mirada muy pesada sobre ella. Al seguirla esperaba que fuera de su sombra, en cambio era de una mujer pelirroja que quería fundirla con solo mirarla. La Sabaku frunció el ceño extrañada y se acercó al oído de Karui que estaba calentando junto a ella.

— ¿Ahora que le sucede a esa loca?

— ¿Quién? —Le siguió la mirada la de orbes dorados—. Sabrá dios —respondió restándole importancia y tratando de alcanzar las puntas de sus pies con sus manos—. Ha estado de malas todo el día, al menos las clases que me tocó coincidir con ella ha traído una cara de pocos amigos. Sé que te gusta pelear con ella. Sería prudente que no lo hagas esta vez.

— ¿Yo? —Escupió la de orbes aqua—. Al contrario, quisiera que ni me dirigiera la palabra. En fin, me da igual con que no me meta en sus problemas mentales.

Entonces su profesor hizo sonar su silbato llamando a sus estudiantes a acomodarse en la pista para dar una vuelta de calentamiento, donde lo importante era ir a su ritmo y estirar bien sus piernas antes de las prácticas. Al completar la vuelta la temperatura en el cuerpo de la rubia había subido, por lo que se quitó el pantalón quedándose con el short y lo dejó con sus cosas en las gradas. Tocaban las carreras de grupos de cuatro personas y cuando fue turno de Temari le había tocado en el mismo grupo que Tayuya. La Sabaku se preparó en su lugar, se agachó, colocó sus dedos sobre la tierra y posicionó sus pies para que estuvieran listos para arrancar tan pronto escuchara el silbato de su maestro. Pasaron unos cuantos segundos hasta que dio la señal de inicio y las cuatro chicas empezaron a correr en su carril. En la mente de la universitaria solo pensaba en controlar su respiración, mantener su vista fija en el horizonte, que sus pies no se desviaran de su línea y mantener el mismo rendimiento como si fuera una carrera de verdad. Estaban a punto de terminar la primera vuelta, cuando de la nada sintió que la tomaron del hombro y que interpusieron algo entre sus piernas obligándola a tropezarse. Todo fue tan rápido que dio un par de pasos tratando de recuperar su equilibrio y la gravedad hizo que cayera al piso levantando una nube de tierra con su impacto. En medio de su caída logró escuchar un: "¡Come tierra, zorra!". Con la velocidad que iba la pista se convirtió en un tipo de lija contra sus rodillas y la palma de su mano derecha que fueron los primeros en recibir el impacto. Temari se quejó en el suelo, pues sintió perfectamente que su piel se abrió en las partes afectadas. Mostró los dientes en lo que intentaba reincorporarse, apoyando las puntas de sus pies y sus codos para levantarse del piso. Su tropiezo ocurrió justo enfrente de las gradas donde estaban sus compañeros, los cuales solo se acercaron para ver lo que había sucedido.

— ¡Temari! —Exclamó Karui, quien tan pronto la vio tocar el suelo, salió disparada como el rayo para auxiliarla—. ¿Estás bien?

— Fue Tayuya —pronunció la rubia entre dientes ofreciéndole su muñeca para que la ayudara a levantarse—. Me hizo caer.

La morena la jaló logrando que se pusiera de pie, pero tanto su cuerpo como su cara demostró el malestar que le causaban sus heridas, pues se encogió en su lugar. Llevó sus pupilas aqua hacia sus rodillas, luego a la palma de su mano derecha. Estaban cubiertas de tierra, sangrando y palpitándole de dolor. La morena puso el brazo de su amiga alrededor de sus hombros para darle estabilidad. Tan pronto Temari levantó la mirada, vio a la pelirroja que la había hecho caer con los brazos cruzados.

— ¡¿Cuál es tu puto problema?! —Bramó la Sabaku.

— Te puse en tu lugar ya que te gusta revolcarte donde no te llaman —apoyó sus manos sobre su cadera—. Sabes no importan los rumores. Quizás no golpeaste a ese muchacho, ¡pero claramente vi cómo te llevaste a otro entre las piernas!

— ¿Qué? —Exhaló conteniéndose su mueca de dolor—. ¿De qué hablas?

— No sé qué le habrás dicho, pero era mío. ¡Yo era su chica!

Estaba tan aturdida que no comprendía a lo que se refería, pero Tayuya había sido una de las testigos que la vio irse tomada de la mano del Nara. Malentendiendo toda la situación de esa noche. Llevándola a crear ese drama en lo que los demás solo actuaban de espectadores. De repente, su profesor se abrió paso entre sus estudiantes para encontrar quién estaba causando ese revuelo.

— ¿Qué sucede aquí?

— ¡Profesor, Tayuya me hizo tropezar! —Le confesó la rubia.

La acusada solo giró su rostro hacia otro lado y se volvió a cruzar de brazos. Su profesor la contempló unos segundos y luego regresó su atención a la de cabellos dorados.

— Primero vete a tratar tus heridas, luego resolvemos esto.

— ¡Pero...!

— Karui, ayúdala. Llévala a la enfermería de ser necesario. Los demás, regresen a la pista —su orden hizo que la muchedumbre se dispersara—. La clase todavía no termina.

La morena asintió, le pidió a la de orbes aqua que la esperara en lo que iba por sus cosas que se colgó en un hombro y el otro se lo prestó para que la usara de muletilla. Entonces empezaron a andar despacio respetando el ritmo de su amiga porque iba cojeando a causa de sus heridas.

— ¿Sabes de que estaba hablando? —Le preguntó Karui.

— Solo que se le zafó un tornillo —siseó la de orbes aqua tratando de caminar—. No tengo idea de a qué se refería.

— Vamos. Tengo un botiquín en mi auto y está más cerca. Resiste un poco más.

Tomaron rumbo hacia el estacionamiento de la universidad sin saber que eran seguidas por un ente que seguía de cerca el aroma de la sangre fresca de la rubia. Karui hizo lo mejor que pudo para soportar la mayor parte del peso de la Sabaku, para que no recayera tanto sobre sus malheridas rodillas. Entonces llegaron al auto de la morena, quien primero abrió la puerta trasera para que su amiga se sentara ahí y luego fue a la cajuela a dejar las cosas de su amiga y a buscar el botiquín de primeros auxilios con el que siempre cargaba. Temari apoyó su mano buena sobre el marco de la puerta para equilibrarse y sentarse despacio en el asiento trasero. Sabía que tenía que limpiar sus heridas, por lo que dejo sus piernas estiradas sobre la banqueta para no ensuciar el carro mientras que el resto de su cuerpo estaba en el interior del vehículo. Otra vez contempló sus heridas, viendo como sus rodillas estaban cubiertas de rasguños de rojo vivo que ya estaban derramando unas pequeñas gotas de sangre entre sus grietas. Tronó la boca pensando que nuevamente se había lastimado hasta el punto de sangrar. Hasta que una filosa mirada hizo que la universitaria sintiera un escalofrió. Rápidamente buscó el origen de dicha sensación, encontrándola en uno de los jardines del estacionamiento, donde aguardaba debajo de la sombra de un árbol el demonio que juro tomar su vida. "¡Mierda!", cruzó en su mente.

— Carajo — se atravesó la morena en medio de la "competencia de miradas" entre víctima y agresor arrebatándole su atención de él— ya no tengo vendas. —Torció su boca en lo que rebuscaba en el interior del botiquín.

— No importa —dijo nerviosa la de orbes aqua buscando nuevamente la ubicación de su sombra, pues ya no estaba donde lo había visto—. Con lo que tengas.

— Para nada. Si las necesitas —colocó el botiquín en el piso de los asientos traseros—. Por mientras te voy a echar agua natural para quitarte la tierra de tus heridas —mencionó abriendo la botella—. ¿Estás lista?

La vista de la Sabaku revoloteaba a su alrededor. Aunque redireccionó su atención en tomar valor para resistir el futuro malestar que sentiría al entrar en contacto con ese líquido. Karui vertió cuidadosamente el agua sobre los raspones de la Sabaku, quien volvió a sisear del dolor. El líquido inundó sus heridas, recorrió la forma de sus piernas hasta acabar en el concreto. La rubia tuvo que apretar sus labios para restringir sus quejidos, luego extendió la palma de su mano que fue afectada para que también la tratara. Reaccionando del mismo modo que con las otras heridas. Luego, la pelirroja cerró la botella y la puso junto al botiquín.

— Veré si en la enfermería tienen vendas. —Mencionó antes de comenzar a andar.

— ¡No! —Su reacción detuvo en su lugar a la pelirroja—. Digo no creo que sea necesario. Ya es suficiente con lo que hiciste.

Su amiga la miró como si tuviera monos en la cara y dibujó una sonrisa torcida.

— ¿Y que se te infecten las heridas? —La barrió con la mirada—. Por supuesto que no.

— De acuerdo —rápidamente buscó opciones en su mente— entonces te acompaño. —Sugirió con una sonrisa nerviosa.

— Claro que no —frunció el ceño—. Te vas a lastimar más si me sigues. Deja de ser tan necia y espérame aquí. No tardo.

Karui dio media vuelta tomando la ruta que la llevaría hacia la enfermería. En cuestión de segundos, un hombre de coleta alta se apareció enfrente de Temari, quien seguía sentada en la parte trasera del vehículo de su amiga con sus piernas estiradas sobre la banqueta. El castaño apoyó su mano disponible en la puerta para mantenerla abierta y su otra mano la tenía guardada en el bolsillo de su pantalón. La de orbes aqua lo reconoció al instante y su corazón dejo de latir por un segundo. Dejándola petrificada con su presencia, el Nara bajó sus pupilas hacia las malheridas rodillas de la chica y luego retornó su mirada hacia sus orbes aqua. Era hora de actuar. Reaccionó haciéndose hacia atrás con la ayuda de sus brazos jalando consigo sus piernas hacia el interior del vehículo. Su plan era abrir la otra puerta y escapar por ahí, pero al extender su mano hacia la manija de la puerta para abrirla, fue detenida por otra mano que la sostuvo con fuerza de la muñeca. Por inercia giró su rostro, tratando de comprender el modo en que había logrado eso. Encontrándose que el demonio se había escabullido al asiento trasero y ahora estaba a gatas sobre de ella. Su pulso aumentó y su respiración se agitó. Intentó con su otra mano que estaba lastimada alcanzar la manija, pero fue capturada del mismo modo. Shikamaru clavó sus manos contra el respaldo del asiento por encima de su cabeza, jaló la tira del cinturón de seguridad y las amarró con facilidad con este. Inmovilizando la parte superior del cuerpo de la fémina. Entonces su sombra se arrodilló en el asiento trasero admirando lo fácil que sería controlar la situación ahora y manipularla, pero a pesar de que tenía una camisa negra de manga larga el brillo de la marca de su pacto comenzó a brillar a través de su ropa. La Sabaku estaba aterrada, negando frenéticamente, luchando con la atadura que mantenía juntas sus manos y retrajo sus piernas hacia su pecho provocando que sus heridas volvieran a agonizar del dolor.

El demonio estaba gozando de sobremanera de su miedo, de su dolor que se provocaba a sí misma al luchar y el olor de su sangre. De la cual se había impregnado en su mano al momento que la ató. Sin si quiera parpadear ni despegarle la mirada del turbado rostro de la rubia, Shikamaru acercó la palma de su mano hacia su boca para lamer con paciencia el néctar carmesí de su víctima. Recordando que hace unos días se había dado un festín con este, pero su sabor le resultaba tan adictivo y jamás le era suficiente. Mucho menos si estaba brotando al aire con cada movimiento que hacía. Tomó uno de sus tobillos y entre forcejeos se acercó lo más que pudo, acomodándose la pierna de la chica sobre su hombro izquierdo dejando su rodilla a la altura de su rostro. Con sus manos la sujetó de su muslo, apretándolo con fuerza contra su pecho para mantenerla en su lugar. Algo que incrementó la lucha de su presa. Ella pronunció dos cosas que no distinguió. Estaba tan excitado que no pensaba en nada más que degustar de su sangre. De cierto modo, le agradaba que fuera así. Con tanta resistencia como si pudiera cambiar algo de su desafortunado destino. Giró su rostro hacia su rodilla y jadeó su cálido aliento sobre su piel abierta haciéndola estremecerse. Sin embargo, cuando se dispuso a acercar su boca a su herida, una penetrante punzada lo golpeó en su hombro derecho haciendo que el muchacho se quejara. La Sabaku no comprendió por qué el cambio drástico del rostro del demonio. En un parpadeó, fue expulsado del vehículo y arrojado a la jardinera que estaba delante suyo haciéndolo caer bruscamente de espaldas.

— Te lo advertí, hermano —pronunció la voz masculina—. Si le ponías una mano encima yo actuaria —la de orbes aqua reconoció al sujeto que la había salvado cuando entró al vehículo, se arrastró para liberarla del amarre que le había hecho el demonio a sus muñecas—. ¿Te encuentras bien?

Temari asintió. Después de liberarla, el arcángel salió del vehículo para interponerse una vez más entre la mortal y su endemoniado hermano. La universitaria se acercó nuevamente hacia la puerta que continuaba abierta, cuidando de no manchar su alrededor con sus heridas y tratando de recuperar la compostura. Habían sido frecuentes sus encuentros, pero de todos modos le parecía imposible acostumbrarse a que la sometiera a su antojo y la atormentara de ese modo. Se asomó un poco para ver donde había quedado su verdugo, a quien encontró sosteniéndose su hombro derecho y casi rodando sobre su espalda en agonía. En eso notó que Kakashi sostenía en su mano una daga, de mango plateado y filo blanco que estaba cubierta por una sustancia oscura. Shikamaru gruño al aire. Había pasado años desde la última vez que sintió dolor de ese modo. En el punto que le había clavado la daga le quemaba como el mismo infierno, pues lo había atacado con un arma divina. El dolor fue acumulando la rabia del demonio y fue levantándose del piso con ayuda de su codo sano.

— ¿Entonces las cosas son así? Por eso detesto a su especie —dijo logrando sentarse en su lugar sin dejar de sostener su hombro—. La hipocresía de sus acciones. ¿Solo yo recibo un castigo por un crimen que todavía no cometo, mientras que tu niña sale impune de los suyos? —mustió y sus palabras provocaron un cierto asombro en la rubia— ¿o qué? ¿Todavía no te has enterado? El otro día le desfiguró el rostro a un completo desconocido — La Sabaku miró la silueta del Hatake que la protegía con su espalda—. Y ¿sabes que es lo mejor? Ella lo planeó todo. Desde cuando hasta como y sin mi ayuda. ¿Qué harás al respecto? Cierto. Todavía puede arrepentirse y limpiarse de sus pecados. Solo si siente culpa. ¿Lo sientes, Temari? ¿Deseas que nunca hubiera pasado? Es más, ¿puedes sentir su arrepentimiento "hermano"?

— Sabes que ella actuó así, porque tú estabas a su lado. De otro modo...

— Ah, lo olvidaba. La mala influencia soy yo. Para eso estoy aquí, —al fin se puso de rodillas sobre el pasto que estaba pisando sin dejar de sostenerse su hombro— pero ¿y si no estuviera? De todos modos, si hubiera pasado lo mismo, sabemos que hubiera encontrado el modo de actuar igual porque yo casi no interferí en los hechos. Sabes que yo no soy el origen de su odio. Es alguien de su propia familia.

— No lo escuches, solo quiere confundirte. —Aconsejó el arcángel a sus espaldas.

— Una cosa es confusión y otra reconocer esa parte de ti que no quieres ver. La que yo conozco bien. Así como peleas que no me acerque pelea por decir que miento, Temari —trató de conectar su vista con su víctima, pero el de cabellos plateados no lo dejo. El Nara frunció el ceño y escupió sus siguientes palabras—. ¿Estas orgulloso de lo que está haciendo con su segunda oportunidad o reconocerás que era mejor llevármela antes de que manchara su perfecta imagen?

Temari bajo la mirada, pues las palabras del Nara si estaban dando en el blanco. Era verdad, no tenía ni el más mínimo gramo de arrepentimiento de su ser. Quizás de las consecuencias, pero no de la acción y a pesar de conocer los resultados si tuviera la misma oportunidad sabría que lo volvería a hacer. Porque disfrutó liberar de ese modo la violencia que tenía reprimida por años, tomó a un chivo expiatorio y lo castigó del modo que quería castigar al verdadero causante de sus traumas. Después de revisar sus propias acciones, empezaba a dudar si era merecedora de que la defendieran del modo que el de cabellos plateados lo hacía. De eso si se sentía culpable.

— No es igual que tú. A pesar de eso ella tuvo una decisión, —continuó el Hatake manteniéndose firme— una en la que si quisiste influenciarla y eligió la opción correcta. No puedo decir que los medios que la llevo a eso fueron los correctos, pero mientras en su consiente siga eligiendo el buen camino. Yo la defenderé y encontrare el modo de devolverle su alma.

La rubia entendió que se refería que teniendo a Misuki sometido bajo sus pies, pudo continuar golpeándolo si hubiera querido. Pero de hacerlo, quizás las consecuencias hubieran sido mucho peores y que ni con todo el rencor del mundo quería llegar a eso. Esa fue una idea que le había propuesto su sombra. Esos dos seres estaban representando de una manera muy drástica los pensamientos de su mente.

— Ya volví —la voz de la pelirroja hizo que girará su rostro hacia la derecha y cuando ella se paró enfrente de la rubia, el arcángel y el demonio se habían desvanecido en el aire. Por lo que su amiga no se percató de la discusión que estaban llevando a cabo sobre su alma. Que hicieran eso delante de sus ojos la hacían dudar de su existencia o si era cosas que fabricaba su imaginación. Aunque varias personas de su vida ya habían interactuado con su potencial homicida y eso lo volvía más real, pero no la enloquecía menos—. Perdón por tardar, no las encontraban.

— Esta bien. —Respondió un poco desanimada.

— Te volvieron a sangrar. Esta vez, te echare agua oxigenada para ya cubrirte tus heridas.

— S-sí.

— Resiste. Un poco más y quedaras como nueva —le tiró el ardiente liquido sobre sus heridas y limpió el excedente de su piel con ayuda de un algodón siendo cuidadosa de no tocar sus laceraciones—. ¿Oye te han dicho algo de tu carro? Si quieres yo puedo llevarte a tu casa.

— Gracias. Justo me acabas de acordar que tengo que llamar para que me digan como esta.

En lo que Karui ponía una gaza sobre sus rodillas y la envolvía con unas vendas, Temari tomó su teléfono para marcar al taller.

— Hola buenas tardes, soy Temari Sabaku. Mi vehículo entró el día de ayer y quería saber su estado —se acomodó su teléfono en su oído derecho—. Ah perfecto ¿Podría decirme cuánto costaría? —La expresión de la rubia cambió de repente— ¿A qué se refiere? ¿Quién lo pagó? —Esperó en la línea en lo que le decían el nombre del sujeto que había pagado su cuenta. D-de acuerdo. Muchas gracias. —Colgó.

— ¿Todo bien? —Preguntó la de orbes dorados en lo que fijaba sus vendas.

— S-sí. Que mi auto saldrá del taller mañana temprano. —Dijo al mismo tiempo que abría su aplicación de mensajes y seleccionó un contacto.

— ¡Qué bien! Esas son buenas noticias.

— Sí. —Disimuló su enojo la rubia.

"¿Qué hiciste?" Enviado.

La Sabaku aguardó en el auto de la morena en lo que esperaba a que terminara la clase de atletismo. En eso recibió la respuesta de su pregunta.

"Hice lo que me pediste. Mire de fondo el asunto y si encontramos unas irregularidades. Prometí pasar por alto el asunto si dejaba tu caso y se hacía responsable por sus acciones."

"Yo nunca te pedí que pagara lo de mi auto." Enviado.

"Es un gasto menos de cual debas preocuparte."

"Lo que quiero es que evites la corrupción en tu trabajo, no que hagas algo para que yo te deba algo." Enviado.

"Un simple gracias bastaba."

"No olvides que en un par de semanas será la cena de navidad. Nos vemos hasta entonces".

Temari arrojó su teléfono a su cama. Durante su conversación con su padre, Karui le había hecho el favor de llevarla a su departamento, pero estaba tan enojada que ya no aceptó su ayuda para caminar hacia este. Se excusó diciendo que ya no sentía dolor, pero en realidad su mente decidió ignorarlo por completo pues tenía otra cosa en su cabeza. Lo que le faltaba. Que su padre la "salvara" de un tema que ya estaba resuelto. Eso explicaba el silencio del agresor de Ino y por qué no se le volvió a aparecer para amenazarla o intimidarla otra vez. Lo habían reprendido en privado y lo hicieron pagar por los daños cometidos a su auto. Aunque ella sabía que su padre hizo lo que hizo para limpiar su nombre. Únicamente actuaba para mantener su trabajo y perfil lo más pulcro posible. "Carajo, ¡Carajo!" pensó gruñendo al aire. Por supuesto su propia sangre usaría ese favor no solicitado en su contra, como siempre lo hacía. Pero eso no se quedaría así, no lo permitiría.