Resumen: Saitama descubre que, a veces, Fubuki flota mientras duerme.
- Anime: One Punch-Man (ワンパンマン)
-Todos los personajes le pertenecen a su creador: ONE®
.
La fiesta ya se había alargado demasiado en la casa de Saitama, la noche ya había caído y todos deben irse a dormir. Bang y King son los primeros en despedirse y emprender salida. Genos se mantiene un poco más, buscando alguna excusa que le permita quedarse un tiempo extra pero Saitama consigue esquivar cada una de sus excusas hasta conseguir despedirlo y cerrar la puerta tras de sí con un "ya vete a tu casa, buenas noches".
Saitama no puede esperar la hora para irse a dormir, está cansado y es tarde.
Al darse la media vuelta, debe disimular el pequeño salto de sorpresa y su encogimiento de hombros al percatarse de que Fubuki sigue ahí.
Fubuki se mantiene con la vista aburrida en su celular. —Estoy esperando a que me recojan, no deberían demorar demasiado. —Explica ella al notar la ligera molestia en el rostro de él.
Pero Saitama comienza a dudarlo, ha pasado casi una hora desde que Fubuki tuvo una llamada con algún integrante de su grupo y ningún carro se ha aparecido para llevarla.
Un largo tiempo pasa entre ellos. Saitama le ofrece algo de té porque es todo lo que les queda después de que los demás arrasaran con su cena; Fubuki hace preguntas vagas sobre su día y el trabajo sólo para romper el silencio. Nada en especial. Nada extraordinario.
Ambos bostezan y luchan contra la insistencia de sus ojos por cerrarse. El sueño retoma más fuerza con la pesadez, ambos están exhaustos.
Como no hay señal de que estén viniendo pronto por ella, Saitama enciende el televisor y ambos miran el resto de la película que está pasando mientras llenan sus manos vacías con sus vasos de té caliente y algunas galletas que Fubuki guardaba en su bolso. Eso los ayuda a resistir un poco más sin cabecear.
Cerca de la media noche, casi al final de la película, Fubuki recibe un mensaje. Ella lo lee en silencio y, conforme lo hace, sus cejas se fruncen y su boca se tuerce en una mueca. Luego suspira con rendición, cansancio y algo de exasperación mientras toma el puente de su nariz y medita sus palabras.
—Saitama… —comienza ella, —sé que es repentino pero, dada las circunstancias, ¿podría pasar la noche aquí?
Él la mira en silencio, su galleta se queda a medio comer. —¿Eh? ¿Que no iban a venir por ti?
—El auto se descompuso a medio camino, siguen arreglando eso pero parece que eso les tomará al menos otro par de horas.
Por un momento Saitama parece contemplar la idea, no le agrada tener gente metida en su casa, pero tampoco puede hacerse responsable de lo que le pueda ocurrir a Fubuki estando sola caminando por la carretera solitaria, a kilómetros de la ciudad más cercana, en medio de la noche.
Él mira el reloj y nota lo tarde que es, quiere irse a dormir lo antes posible.
Observa su galleta a medio comer y se pregunta cuánto tiempo podría tomarle a Fubuki recorrer caminando varios kilómetros por varias ciudades hasta llegar a su casa.
—Prometo irme temprano en la mañana. —Dice Fubuki como si eso hiciera que la situación fuera más fácil de digerir. Luego sonríe. —Claro, a menos que insistas en invitarme a desayunar.
Saitama suspira en señal de rendición. —Te irás temprano en la mañana entonces.
Fubuki resopla con cierta molestia pero acepta sin reclamos.
Luego de abrir espacio en la habitación y limpiar los restos de comida, Saitama prepara el futón para dormir. Es una lástima que no tenga uno extra para prestar.
—Genos debe tener uno extra, iré a pregun-
—No, no, espera, no hagas eso. —La detiene Saitama a medio camino. —Si lo haces, él también querrá quedarse aquí. Esta casa es muy pequeña para tres personas.
Fubuki alza una ceja, aunque parece entenderlo. Saitama sólo quiere dormir lo antes posible, el día fue más largo de lo que se esperó.
El futón es uno individual así que no es muy amplio, apenas es lo necesariamente grande para que los dos se acomoden lado a lado de forma justa, dándose la espalda y compartiendo sábana.
Después de un "buenas noches" ninguno vuelve a decir nada y se disponen a dormir.
.
Saitama despierta en algún punto de la madrugada, no pudo haber pasado más de dos horas después de haber cerrado sus ojos.
Hace frío y hay viento, pero él no recuerda haber dejado la puerta del balcón abierta.
Al mirar a su lado, nota que Fubuki sigue durmiendo tranquilamente, lo cual no es nada extraño si trata de ignorar el extraño hecho de que su cabello está brillando.
Él la ve una vez y mira hacia el techo. Frunce el ceño pensando en lo que vio y regresa su vista a ella sólo para notar que la luz verde azulada que baña los cabellos negros de Fubuki no sólo los hace brillar, sino que también crea un ligero movimiento en ellos, como mecerse, como un baile lento y disimulado.
Saitama nunca ha dormido con Fubuki, así que no puede saber si para ella, siendo una esper, es normal que su cabello brille mientras duerme. ¿Significa que está soñando? ¿De esta forma su mente "recargará" energía como la hace la batería de un celular? Saitama podría preguntarle al respecto en la mañana.
Intentando ignorar el asunto, él se pone de pie para asegurarse de que la puerta del balcón está debidamente cerrada.
Resulta que lo está, al igual que la ventana y la puerta. Saitama se convence de que quizás el viento frío en la habitación se deba a que la noche es muy fría en sí. Lo cual también es extraño pero no imposible. Satisfecho con esa conclusión, él se alza de hombros y vuelve a recostarse sobre el futón tratando de mantenerse caliente acurrucándose con la sábana sobre sus hombros.
Después de varios minutos, cuando Saitama por fin estaba quedándose dormido de nuevo, Fubuki comienza a jalar la sábana.
Ella consigue llevarse la mayor parte. Saitama entiende que hace frío pero no por eso Fubuki puede quedarse con toda la sábana para ella sola. Es egoísta. Debe aprender a compartir. Así que él hace lo mismo y vuelve a cubrirse.
Entonces, de forma lenta pero constante, Fubuki la jala hacia su lado de nuevo, él se aferra a la tela pero ella no cede.
Con la paciencia ya agotada, Saitama se gira hacia ella. —Ey, no acapares toda la sábana, yo también tengo frí- oh… ¿ah?
Su cuerpo se paraliza, su voz se apaga, sus ojos se abren por completo y miran hacia arriba. Se mantiene expectante mientras analiza la escena frente a él.
Esta vez, el cuerpo entero de Fubuki está brillando con su propia aura. Sus cabellos y ropas se mecen de forma lenta y armoniosa, como si estuviera debajo del agua. Una de sus manos descansa en su estómago, la otra cae a su costado. Ella flota. Fubuki está flotando. Poco a poco abandona el futón y se dirige al techo, llevándose la sábana con ella.
—…Oye, ¿qué haces? —Pregunta Saitama sin dejar de observarla. No hay respuesta. —¿Fubuki?
Saitama se sienta en el futón para ver su rostro, entonces se da cuenta que ella sigue durmiendo. Su respiración es pausada y calmada, su pecho sube y baja.
Saitama toca su hombro, luego la sacude un poco jalando suavemente su mano que cae, pero ninguna acción o llamado tiene efecto alguno. Ella no escucha, no siente, no despierta. Es como si el aura que la cubre por completa fuera una capa superficial en su cuerpo. Una burbuja que la aísla. Un cristal que la protege. Un escudo hecho de luz.
A pesar de lo extraño que es, Saitama debe admitir que es interesante. Él mira con tenue asombro la escena, nunca se imaginó que los poderes psíquicos podían hacer algo como eso en el cuerpo de las personas que lo poseen, al menos no cuando éstas no están conscientes.
El cuerpo de Fubuki poco a poco se ladea dejando caer la manta encima del futón. Ahora ella está boca abajo, ahora Saitama puede ver su rostro.
Se ve relajada, demasiado, pero también muy cansada. Hay ojeras bajo sus ojos, su boca está entreabierta, algunos de sus suspiros son más pesados que otros. Su cuerpo sigue subiendo con lentitud.
Saitama se pregunta si esto es una clase de sonambulismo. Algo como que tu cuerpo tenga movimientos involuntarios, aleatorios e inofensivos mientras duermes. Una reacción a un sueño quizás.
Como el cuerpo de Fubuki sigue elevándose sin detenerse, Saitama tiene que ponerse de pie y empujarla ligeramente de los hombros hacia el futón. Definitivamente ella no puede pasar toda la noche flotando en el aire, podría despertar en cualquier momento y caer en seco. Él trata de ser lo menos brusco posible para evitar despertarla, ha escuchado el rumor sobre lo peligroso que es despertar de forma abrupta a un sonámbulo y, aunque no sabe qué tan cierto es eso, no desea tomar el riesgo de provocarle un daño irreparable.
Así que él toma su mano. Un agarre en su muñeca que intenta no ser demasiado fuerte, pero sin dejarla ir. Intenta jalarla hacia él provocando que su cuerpo baje antes de llegar al techo.
El cuerpo de ella lo obedece sin dejar de flotar. Esto le hace sentir a Saitama como si estuviera sosteniendo un globo. Es extraño. Se siente irreal. Alguien flotando. Alguien brillando en la oscuridad. Alguien que no esta consciente de la paz que desprende la expresión en su rostro, como una flama azul que se mece en el aire de forma parsimoniosa, con Saitama sosteniéndola entre sus manos, evitando que se aleje, que se eleve más allá de su alcance.
Justo ahora, es como si Fubuki estuviera aislada en su propio mundo de los sueños. Sin ruido, sin luces tras sus párpados.
Saitama se mantiene expectante sin saber realmente cómo proseguir. La contempla en silencio, con su boca entreabierta y sus ojos concentrados, asombrados, brillantes…
Fubuki es bonita.
No puede soltar su mano porque ella terminaría pegada al techo, luego caería de forma repentina al despertar. Ella sin duda se molestará por eso, le gritará y hasta podría salir herida. Los espers tienen una mente fuerte y resistente, pero su cuerpo no parece serlo del todo.
Las manos de Fubuki son muy suaves. Saitama puede sentirla temblar, su cuerpo está muy frío.
Su burbuja la protege del ruido, de la luz y el calor de la mano de Saitama; pero no del frío del aire que la rodea.
Entonces, sin pensarlo demasiado, con las ganas de volver a dormir venciéndolo, con el juicio nublado debido a la propia rareza de lo que ocurre, Saitama jala la mano de Fubuki y la acerca hacia él.
Cuando sus cuerpos están lo suficientemente cerca, Saitama lentamente la estrecha entre sus brazos. Sus pechos juntándose, el mentón de ella chocando con el hombro de él. Él boca arriba, ella boca abajo.
Saitama puede sentir la respiración de Fubuki sobre su oreja.
Pasa un minuto entero, casi dos hasta que Saitama se da cuenta que eso no es suficiente, hace frío después de todo. Así que, haciendo presión con su brazo sobre la espalda de Fubuki, trata de tomar la sábana con su mano libre para cubrirlos a ambos con ella; de esta forma ninguno tendrá frío.
Entonces la noche es más cálida y el futón deja de sentirse tan estrecho.
Saitama se mantiene por un largo instante mirando al techo mientras el cuerpo de Fubuki yace encima suyo, atado por sus brazos y cubierto por la sábana. Su peso es muy ligero. Si la suelta, ella flotará de nuevo como un globo. Así que Saitama comienza a hacerse la idea de permanecer así el resto de la noche.
Si piensa mejor en la situación, en su posición, en su cercanía, en el olor del perfume de Fubuki… su pulso se acelera de forma extraña, su rostro se calienta y una inexplicable inquietud crea revuelo en su mente.
Es vergonzoso, pero es tarde en la noche y él quiere dormir y no puede, no quiere, pensar en una forma más sencilla de evitar una tragedia.
Entre sus brazos, puede sentir su cuerpo helado, un poco menos tembloroso. Sus cabellos se mecen y hacen cosquillas en su mejilla. Los suspiros de Fubuki son silenciosos y profundos.
Saitama se niega a soltarla.
Fubuki podría enojarse por esto, pero también se enojaría si la dejara flotar mientras duerme y despertar de una caída.
No hay salida. Él ha decidido eso.
No hay opción. Es la única forma.
Dando un largo suspiro y cerrando sus ojos, Saitama espera no soltarla una vez que se quede dormido.
.
Fubuki es la primera tomar consciencia al día siguiente, se siente incómoda y más cansada de lo normal. Apenas puede abrir sus ojos, su visión es borrosa.
También puede sentir la tibieza de algo amorfo bajo su cuerpo.
No es plano, no es suave, definitivamente no es un futón sobre lo que ella está recostada.
Al tener claridad en su visión, lo primero con lo que se encuentra es el rostro de Saitama. Él sigue durmiendo. Entonces el recuerdo llega de golpe.
Ella estaba en casa de Saitama. Era de noche. Era tarde.
Ahora es de día.
Fubuki se altera de inmediato porque, aún recordando toda la noche anterior, no sabe cómo es que terminó encima de Saitama.
Al menos ambos tienen su ropa puesta.
Alarmada y con el pulso acelerado, Fubuki intenta retirarse pero falla. Algo la está aprisionando. Sus ojos siguen el rastro de la presión y encuentra los brazos de Saitama sobre su cintura, sus manos están unidas tan fuerte como una cadena a su cuerpo.
Con prisa, Fubuki intenta zafarse sin despertarlo, queriendo evitar la vergüenza de tener que verlo a los ojos en esa posición, pero Saitama no cede. Su cuerpo aún dormido está decidido a no soltarla. Él es demasiado fuerte.
El agarre simplemente no se rompe por mucho que lo intente. Fubuki siente su rostro calentarse.
—Sai- ¡Saitama!
Saitama frunce el ceño y protesta en murmullos, pero no despierta.
Entonces Fubuki comienza a picar su frente con uno de sus dedos. —Saitama. Sai-ta-ma. ¡Saitama, ya suéltame!
Finalmente él abre uno de sus ojos, la observa, la analiza. Luego abre ambos ojos y parpadea. De pronto parece darse cuenta de la cercanía entre ambos, con sus narices casi rozándose, y la suelta de inmediato.
Fubuki cae de lado mientras que Saitama se sienta sobre el futón. —¿Qué estás haciendo en mi casa? —Pregunta él.
—¡Tú me dejaste pasar la noche aquí! —Le reclama ella.
Saitama mira a su alrededor, luego a ella, después mira detenidamente al techo y se rasca la barbilla. —Ah… es cierto…
Él suelta un bostezo y Fubuki lo mira incrédula sin comprender cómo es que él puede estar tan tranquilo con la forma y la posición en la que despertaron.
—¿Por qué…? Tú… —Comienza Fubuki con cierta hesitación. Ella quiere preguntar por qué él estaba abrazándola, ¿desde cuándo? En caso de que ella haya sido la culpable. Tiene una dignidad que defender. —Sé que el futón era demasiado estrecho para dos personas pero…
Saitama ladea su cabeza, no parece entender el mensaje. Fubuki no quiere ser más clara, es muy penoso y sumamente incómodo, pero alguien tiene que ser el adulto de la situación. —Escucha, lamento hab-
—Oye, por cierto, —la interrumpe Saitama, —estabas flotando mientras dormías, ¿siempre haces eso?
Fubuki lo mira sin parpadear, tratando de asimilar lo que acaba de escuchar. —¿Qué?
—Estabas brillando y tu cuerpo flotaba, como un globo.
—Oh. —Ella por fin entiende a qué se refiere. Su sorpresa regresa a ser vergüenza, sus mejillas se sonrojan y sus hombros se encojen. —Oh…
Ella no había hecho eso desde que era una niña, cuando aún no podía controlar el flujo de sus poderes. Quizás el estrés del trabajo en verdad le está afectando.
Fubuki asiente en silencio porque no tiene excusa para negar eso. Su voz es más baja al hablar. —A veces… antes solía hacerlo mucho pero ahora supongo que sólo ocurre de vez en cuando sin darme cuenta.
—¿Estabas soñando algo? —Pregunta Saitama con una tenue sonrisa y una genuina curiosidad.
Después de pensarlo un momento, Fubuki niega con la cabeza. —No lo recuerdo.
—Oh… qué lástima.
Hay más silencio, un poco más incómodo que antes.
Fubuki se siente avergonzada de haberse mostrado de esa forma sin querer.
Saitama sigue pensando en el calor que desprendían sus manos unidas.
Sin nada más por decir, Fubuki se acomoda su cabello mientras busca su bolso con la mirada. —Tengo que irme, aún tengo trabajo por hacer. —Dice ella.
Saitama asiente en silencio con un rostro más serio, perdido en su mente, quizás aún sin despertar del todo.
Él se mantiene observando sus manos.
Ella le agradece, toma sus cosas y se dirige al baño para arreglarse su cabello, acomodarse sus ropas y ponerse algo de maquillaje. Después, se dirige a la entrada para colocarse sus botas de tacón.
Saitama continúa con la mirada gacha jugando con sus manos, sentado en el futón.
—Fubuki, mnh… —Comienza él en voz baja.
Ella lo escucha y se detiene, observándolo con atención.
Saitama no sabe cómo proseguir. —Ten… deberías tener cuidado con eso de flotar… ya sabes, sería un problema si te caes cuando despiertes...
El rostro de Fubuki parece asimilar el consejo con confusión, luego lo entiende y entonces le brinda una tenue sonrisa. —Lo tomaré en cuenta, aunque no es tan grave como parece.
—También deberías considerar cerrar las ventanas, ¿qué pasaría si flotas hasta el cielo?
Saitama no está tan seguro de cuánto tiempo le tomaría bajarla de las nubes, él no puede volar después de todo.
Claro, suponiendo que tenga que ser él quien deba encargarse de eso.
Fubuki trata de no reír por el absurdo planteamiento, piensa en explicarle cómo es que en realidad funciona pero entonces mira el reloj en su celular y su sonrisa se borra. Ella vuelve a apresurarse en terminar de colocarse sus zapatos y tomar su abrigo. —Gracias, también tendré en cuenta eso.
Tal y como lo prometió, Fubuki sale del departamento de Saitama temprano en la mañana sin haberse quedado a desayunar.
Una vez que ella cierra la puerta, Saitama vuelve a recostarse sobre el futón. Aún es temprano para levantarse. Tiene cosas que no puede evitar pensar.
La extrañeza sigue rondando por el aire. El peso en su pecho permanece. Así como el asombro que viene a su memoria cada vez que mira su techo.
Sus manos aún tienen la sensación fría del aura de Fubuki, la ligereza y el movimiento de su cabello y de sus ropas sobre su propio cuerpo.
Algo dentro de él le hace sentir su ausencia. Como cuando algo se te es dado en las manos de forma delicada, para contemplarlo, y luego te es arrebatado repentinamente. Algo que brilla, que tiembla y siente frío, que necesita ser resguardado entre sus brazos para evitar que se lastime o se moleste o se asuste o, peor aún, todo a la vez; algo que le recuerde lo que es no estar solo en una noche de frío.
Saitama decide que no hubiera sido mala idea haberla invitado a desayunar.
