Nota: ¡UFF!, Es bueno estar de vuelta en casa
Título: Ruptura Sino-Soviética
Autor: Link Ikari
Fandom: Axis Power Hetalia
Personajes: Rusia/Ivan Braginski y China/Wang Yao
Disclaimer: Axis Power Hetalia no me pertenece, pero lo escrito a continuación si
Ruptura Sino-Sovietica
El viento era helado y los copos de nieve enrojecían mi nariz adolorida
Estaba sentado sobre los escalones de la estatua principal de la Plaza central de la ciudad. De vez en cuando, levantaba la mirada para contemplar al imponente Soldado de hierro sosteniendo la bandera y el clarín. Frente a mí, las hermosas casas clásicas de Vladivostok brillaban junto a sus farolas, cortando la noche.
El frío me hacía temblar. Miré mi ropa, el sencillo uniforme verde militar del Ejército Popular de Voluntarios, muy ligero, hasta el punto de que podía sentir la brisa cortándolo y helándome la piel, haciéndome temblar. Observé a lo lejos, hacia la vieja fortaleza de la ciudad en la costa mientras escuchaba las campanadas de la iglesia junto a la plaza:
-5…, 6…, 7…
Y así hasta las 11 campanadas.
Solo una risa sarcástica escapó de mis labios mientras me abrazaba a mi mismo con fuerza, sintiendo el frío penetrante abrazándome. Quizás mi Príncipe se había retrasado, quizás no había entendido correctamente el cuento en esos libros occidentales que había tenido durante tantos años.
Suspiré, llevándome las manos a los labios para soplar sobre ellas y calentarlas, mientras contaba las bombillas brillantes de las farolas que iluminaban la Plaza de la Revolución para pasar el tiempo:
- ¿Te hice esperar, Yao?
La voz hizo que un escalofrío recorriera mi columna. Luego sentí cómo un pesado abrigo de lana gris se posaba sobre mis hombros, haciéndome soltar un suspiro de alivio al sentir el calor residual de mi acompañante:
- Iván, sabes que tengo hasta medianoche.
La mano del gigante de ojos violetas tomó la mía, ayudándome a levantarme y quedándonos ambos inmóviles unos segundos. Mis ojos ámbar brillaban mientras se encontraban con los suyos, que sonreía con timidez y curiosidad al ver mi rostro.
El agarre de su mano desnuda era frío y firme, acariciando la mía con el pulgar:
- La Flota tenía maniobras y debía quedarme un rato para evitar ser problemas
Comenzamos a caminar juntos, descendiendo del monumento de piedra roja. Tapado con el abrigo, seguía sin soltar su fuerte mano de mientras avanzábamos hasta la calle a un costado de la Plaza
- Mañana tengo que estar en el Campo Aéreo en Harbin para supervisar el Despliegue de Cazas extra…
Solté una risa cansada mientras me acercaba más a Iván, sintiendo su pecho gigante contra mi mejilla, lo que me hizo sonreír mientras limpiaba los copos de nieve que me enrojecían la nariz. Iván solo escuchaba con su sonrisa, respirando lentamente mientras observaba el camino y de reojo a mí:
- ¿Cuándo…, cerrarás tú la Frontera, Iván…?
- Esperamos a que tu gobierno termine de repatriar a mis técnicos…, quizás 3…, 4 semanas…
- No es mucho tiempo…, ¿tú crees?
Ambos caminamos hasta llegar a un hermoso edificio, donde pude descifrar la palabra "Hotel" en cirílico, lo que hizo que mis mejillas se ruborizaran aún más mientras Iván se detenía, mirándome con una sonrisa mientras acomodaba el abrigo del ejército en mis hombros y cuello, haciéndome temblar.
Siempre me habían gustado las manos de Iván, duras, grandes, firmes y pálidas…, pero siempre frías. Lo que más me gustaba era calentarlas mientras las tomaba entre las mías:
- Sabes, Iván…, yo…
Antes de que pudiera terminar mi oración, sentí los dedos gruesos y largos de Iván tomando mi mentón, obligándome a verlo a los ojos mientras sentía su rostro acercarse al mío, percibiendo el aliento con olor a tabaco y vodka en mis labios:
- Lo sé…
Dijo, antes de besar mi mejilla:
- Pero no importa…, ahora, en este momento, no importa.
Traté de decir algo más, pero sintiendo el agarre de Iván, ambos entramos al Hotel empujando la puerta con nuestra espalda.
El interior del Hotel era clásico, decimonónico, con las paredes pintadas con patrones blancos y amarillos crema que iban a juego con los muebles de madera y piel roja que databan de la época Zarista, en Antaño ocupados por la Gobernación Imperial de la ciudad, ahora ocupados por los Oficiales del Ejército y la Marina Roja que lo usaban de barracas:
- Por las nuevas tensiones en el Pacífico, el Comité central consideró prudente aumentar la presencia del Ejército en la Ciudad.
Conocía a Iván desde hace muchos, muchos, quizás demasiados años, y solo podía aceptar lo calmado y frío que era cuando el mundo a su alrededor cambiaba tan rápido.
Una amable camarera nos llevó a una mesa del hotel, en un salón lleno de soldados y oficiales que bebían y comían, deteniéndose para saludar a Iván, poniéndose de pie con una sonrisa o un poco de Borsh en los labios:
- Por aquí, General, ¿puedo llevarme el abrigo de la señorita?
Me sonrojé, quitándome el abrigo y dándoselo a la amable camarera, que avergonzada hizo una pequeña referencia bajando la cabeza:
- Una Disculpa, capitán, no quise…
- No, no se preocupe, el General me advirtió que me cortará el Cabello…, muchas gracias…
Con el rostro sonrojado, me senté en la silla que Iván me ofrecía, lamiéndome los Labios resecos por el Frío y mirando cómo Iván hacía lo propio en la silla junto a mí.
La mesa estaba apartada, en el rincón, a un costado de la chimenea. Suspiré feliz, sintiendo el agradable calor y el suave crepitar de las llamas:
- Una Botella de Vodka, y café para ambos…, ¿Quieres algo?
Preguntó Iván, mientras se quitaba la gorra y ponía sus gigantescas manos sobre la mesa:
- Té…, cualquiera estará bien…, y Borsh…
La camarera asintió, desapareciendo y dejándonos solos junto al murmullo de los demás soldados en el atestado salón. Charlas de combates, historias de camaradería, quejas por lo lejano de Vladivostok, quizás de amor y desamor. Conversaciones sobre la Ruptura.
- ¿Te gusta el Borsh?
Preguntó Iván, sacándome de las conversaciones ajenas y de mis propios pensamientos.
Asentí feliz, tratando de evitar su mirada, golpeando mis dedos en la mesa:
- ¿Recuerdas cuando Mao y yo venimos a Moscú en el 53?
- Recuerdo.
- Estaba muy nervioso, tú…, te veías enorme…, el Faro del Socialismo Mundial, victorioso contra el Nazi-Fascismo…, parado junto a Stalin, viéndote como un General completamente uniformado…
Suspiré y sonreí dulcemente mientras acomodaba un mechón de cabello suelto detrás de mi oreja, sintiendo cómo los enormes dedos de Iván se entrelazaban con los míos.
-No pudimos hablar hasta que llegó la hora de la cena.
-Borsh caliente, fuimos a la cocina, a comer separados de todos…
La gigantesca mano de Iván tomo mis dedos delgados y largos, haciéndome sonreír, sentirme especial. Si voz era suave e hipnótica:
-Mientras nuestros superiores comían en el Gran Salón del Kremlin tu y yo comíamos en la Cocina, en una mesa de madera escuchando a los cocineros preparando la comida y maldecir cuando algo salía mal.
Rei al recordarlo, el calor que hacía en la cocina, el olor delicioso, los Humanos con ropas blancas corriendo de un lado a otro con ollas, sartenes y bandejas:
-Yo quería cocinar también…
Dije, mientras la camarera regresaba y ponía una cafetera y una botella de vodka en la mesa junto al té. Soltaste mi mano tan rápido:
-Disfruten, el Borsh saldrá en unos minutos, estamos un poco llenos está noche Camarada General, ¿Es Cierto que la Flota será Desplegada?
Sentí como la Camarera me miraba con desconfianza, el que claramente no debería estar ahí está noche. Baje la cabeza y mire el fuego crepitar en la chimenea, sintiendo como me juzgaba:
-Eso no es de su incumbencia Camarada.
La voz de Iván fue cortez, pero firme, igual que su sonrisa, que hizo que la camarera asintiera y retrocediera. Solté un suspiro de alivio, tomando la taza de té y tomándome mi tiempo para sentir el calor emanando de ella.
El silencio reino unos segundos entre nosotros, escuchando como ponías parte de Vodka y parte de Café en tu taza, sintiendo el olor potente que emanaba de ella:
-¿No te acusaré problemas?
-Claro que no, solo estamos tomando algo como viejos amigos.
-¿Viejos amigos?
Pregunté con una sonrisa pícara, acariciando tu pierna con mi pie mientras volvía a acariciar tu mano pálida y fría con la punta de mis dedos. Tu solo le diste un sorbo a tu taza, tomando mi mano y acariciándola con tu pulgar haciéndome sentir un escalofrío en la base de la espalda:
-¿Recuerdas el Parque Gorki?
Su pregunta me dejó descolocado, sonriendo mientras sentía mi corazón latir con fuerza. Trate de calmarme oliendo el agradable pero diluido aroma de la manzanilla emanar de mi taza antes de darle un sorbo, tomando tu mano con fuerza:
-Nunca olvidaré el Parque Gorki en lo que me queda de Vida Iván Braginsky.
Por primera vez vi a mi compañero sonrojarse para después darle un enorme sorbo a su taza. Yo hice lo mismo, acabando con el te de manzanilla.
Quería algo más fuerte ahora.
Tome la botella de vodka y serví un poco, llenando la taza con café:
-A veces voy al parque, con un poco de Pan y Mermelada, me siento en ella y veo el Enorme largo…
-Nosotros hicimos más que ver el Lago esa vez Iván…
Solté una risa y tú hiciste lo mismo. Verte reír era tan lindo, tan extraño que era mágico. Mas ahora que no teníamos tantos motivos para hacerlo.
Otra vez el silencio, escuchándose solo el murmullo a nuestro alrededor y la camarera que regresaba, poniendo 2 platos frente a nosotros. sentí como mi estomago gruño al oler el suave y agradable aroma del borsh frente a mí, tomando una cuchara y comenzando a devorarlo.
Comimos en silencio, mirándonos de vez en cuando mientras acariciamos nuestras manos suavemente como si fuéramos los únicos en aquel restaurante, en aquel puerto, en aquel mundo.
Hacia mucho tiempo que no me sentía en tanta paz:
- ¡Que delicioso!
Dije al acabar el plato, haciéndolo a un lado para poder ver a Iván comer con calma, como un ritual denso y largo de una misa ortodoxa. Espere pacientemente a que acabaras, saboreando tu rostro:
- ¿Tengo algo en la cara?
Preguntaste y yo solo reí, negando con la cabeza:
-No, claro que no Iván, solo pensaba en lo lindo que eres cuando te pierdes en tus pensamientos…
El gigante se sonrojo, haciendo un lado el plato antes de poner los codos sobre la mesa y la cabeza sobre sus manos, mirándome fijamente y haciéndome temblar:
-Yao…, yo…
Antes de que pudieras decir nada, la mesera regreso, tomando los platos sucios y la botella ya vacía:
-Camarada, necesitamos habitaciones para mi Camarada chino y yo, así como más Vodka.
-Camarada General, estamos un poco llenos, solo tengo lista la suya, la de siempre mirando la fortaleza…
Iván me volvió a mirar. Trate de negar con la cabeza, sabiendo que ya debería estar regresando antes del toque de queda en Sanchakou y el cierre del cruce fronterizo. Tome la manga de la camarera para llamar su atención:
-No…, espere yo…
sentí la bota de Iván bajo la mesa, haciendo que temblara y balbucear. Mire a Iván, notando ese brillo de deseo en sus ojos que tanto me fascinaba. Suspire, sonriendo:
-No…, no me importa compartir…
…
Me despertaron las Sirenas de Ataque antiaéreo en el Fuerte de la costa.
Palpe el lado de la cama de Yao encontrando lo vacío y sintiendo el vacío en mi corazón. Con lentitud abrí mis ojos, acostumbrándolos a los primeros rayos de luz que entraban por la ventana.
Gire la cabeza, solo encontrando una hoja de papel en el Lugar que Yao ocupo en la noche y el aroma suave a manzanilla.
Esforzándome, me senté en la cama, mirando a lo lejos los soldados formándose y simulando la reacción a un ataque aereo a la ciudad, perdido mareado.
Tome la almohada de Yao, abrazándola.
El teléfono en la mesa de noche me saco de mi ensoñación, escuchándolo sonar unos segundos antes de estirarme y tomarlo:
-Ivan Braginsky.
Dije mecánicamente, escuchando la voz al otro lado de la Línea, el Almirante de la Flota del Pacífico. Si voz se escuchaba con un eco lejano, las imágenes de Yao en mi mente bailaban entre las palabras del almirante que apenas entendía.
-Si, los chinos desplegarán más cazas en Manchuria, especialmente en Harbin…
-La flota de destructores vuelve a puerto después de misión de entrenamiento…
-¿Ya se a cerrado la Frontera?
Con cuidado, abrí la hoja de papel en mis manos, viendo la impecable caligrafía de Yao en la carta:
"Iván.
Siempre tendremos Vladivostok para nosotros. Pase lo que pase, gire el mundo como gire, el Parque Gorki siempre estará esperándonos".
Del otro lado de la línea la voz del Almirante se escuchó como un eco:
-Aun no, pero aceleraremos el retorno de los expertos en Manchuria y Changde.
"si somos países distintos, aún que el idioma sea distinto, aún que nuestras letras sean distintas.
Yo sé que siempre verás la misma luna que veo"
Di un fuerte suspiro, sintiendo el hueco en mi corazón creciendo un poco más. La lengua y los labios me sabían secos mientras escuchaba el teléfono y luchaba por Hablar tranquilo:
-¿El Politburó ya considero mi petición para mantener abierto el cruce fronterizo de Sanchakou?
Unos segundos de silencio que se sintieron como años.
"Iván, el amor y la hermandad proletaria no mueren".
-Por ahora se han negado, la postura china sigue siendo intransigente.
Me levanté de la cama, sintiendo el aire frío golpear mi pecho y cuerpo desnudo sin soltar el teléfono. Trate de mirar más haya del fuerte, al mar abierto, hacía Corea, hacía Manchuria.
Me preguntaba si Yao estaría bien. Las Naciones vivimos mucho:
-Camarada Almirante…
-A sus Órdenes Camarada Iván.
-Quisiera un Favor, un último Favor, con respecto al Puesto Fronterizo.
