41.- Viajeros


Madre: desconocida

"Mother: unknown"

De HufflepuffMommy

Alfa-Bet-eado


Harry y Ginny llegaron en avión, por primera vez para ambos, al aeropuerto de Bar Harbor al día siguiente.

—¡A papá le encantaría esto! —dijo Ginny mientras seguía a Hermione hasta su auto en el estacionamiento—. Pero a mamá, no tanto.

Harry colocó su equipaje en el maletero del auto de Hermione.

—Es extraño tener el maletero delante —comentó mientras cerraba la puerta.

—Todos los Bochos son así —dijo Hermione con una sonrisa y abrió la puerta del lado del conductor.

—Espera, por qué... Ah sí, el conductor se sienta en el lado opuesto del auto aquí —dijo Harry mientras abría la puerta del pasajero para que Ginny entrara.

—Y el camino al revés —dijo Hermione mientras entraba—. Cuesta un poco acostumbrarse, pero no está tan mal.

—¿A qué distancia está tu casa? —preguntó Ginny—. Tengo que orinar.

—Fuiste cuando aterrizamos —dijo Harry con una sonrisa.

—Sí, bueno, cuando tengas un niño presionando tu vejiga, entonces entenderás mi necesidad de orinar tanto —dijo Ginny, mirando a Harry por encima del hombro hacia el asiento trasero.

Hermione le dio unas palmaditas en la pierna a Ginny.

—No vivo lejos, sólo a unos 10 minutos.

—Entonces —dijo Harry mientras Hermione comenzaba a conducir—. ¿Mencionaste que necesitabas hablar con nosotros sobre algo?

—¿Tiene que ver con ese tipo del que me hablaste vagamente durante Navidad? —preguntó Ginny.

—Es correcto —asintió Hermione—. Pero en realidad, no es una conversación para el auto. Una vez que los tenga instalados en mi casa, prometo contarles todo.

—Eso parece un poco siniestro —murmuró Harry desde atrás—. No me digas que estás casada con ese chico o algo así.

—No, no estoy casada —aseguró Hermione, aunque añadió un «todavía» tácito en su mente. Miró su mano izquierda, donde estaba escondido el anillo de compromiso, y sonrió para sí misma.

Cuando llegaron a su casa, Hermione los instaló en el dormitorio principal y les dijo que se encontraran con ella abajo cuando estuvieran instalados.

Puso una tetera con agua en el fuego y sacó tres tazas de su alacena. Para cuando la tetera silbó, Harry y Ginny se dirigieron al pequeño comedor.

—Este lugar es hermoso —dijo Ginny.

—Estoy de acuerdo en que es muy bonito, pero tenía curiosidad por algo —dijo Harry.

Hermione vertió agua en las tazas.

—¿Y qué es?

—Si Gin y yo vamos a dormir en tu única habitación, ¿dónde dormirás exactamente?

Ginny le dio un codazo en las costillas.

—Sabes exactamente dónde estará —afirmó y luego miró a Hermione—. Estarás en su casa, ¿verdad?

Hermione les entregó a los dos sus tazas de té antes de tomar asiento frente a ellos.

—Así es. Aunque, supongo que ahora es nuestra casa, considerando que me mudé con él.

Harry se atragantó con su bebida mientras Ginny simplemente le sonreía.

—¿Te mudaste con él? —farfulló Harry—. ¿Ya? ¿No comenzaron apenas a salir?

—Técnicamente sí, y... técnicamente no —respondió Hermione.

Harry dejó su taza mientras cruzaba los brazos sobre el pecho.

—Está bien, basta de evasivas. ¿Quién es este tipo? ¿Por qué vas tan rápido en esta relación? ¿Sabe siquiera que eres una bruja?

Antes de que Hermione pudiera responder, su red flu cobró vida y Draco salió de las llamas verdes.

Ginny y Harry lucieron iguales miradas de sorpresa, con la boca abierta, mientras Draco caminaba hacia la mesa.

—Buenas tardes, Potters —saludó Draco asintiendo en su dirección. Hermione se levantó y besó su mejilla antes de entrelazar sus dedos con los de él.

Ginny habló primero.

—Espera, espera, espera... ¿Draco Malfoy es el chico del que estabas hablando? ¿Es el chico con el que has estado saliendo?

Hermione asintió.

—Lo es. Ha estado viviendo aquí desde que dejó Inglaterra hace casi siete años, junto con su hija.

Draco le apretó la mano ligeramente.

Nuestra hija, quiere decir. —Él miró su mano y frunció el ceño, antes de usar su varita para revelar su anillo—. Así está mejor —dijo.

Hermione miró a sus amigos.

—Nosotros también estamos comprometidos.

—¿Comprometidos? —Ahora era Ginny quien farfullaba—. Ni siquiera yo lo vi venir. ¿Cuándo sucedió esto?

—Hace menos de una semana —aseguró Hermione—. Quería decírtelo por lechuza, pero pensé que era algo que debía contárselos en persona.

Harry pasó una mano por su ya desordenado cabello.

—No creo que el té sea suficiente para esta conversación.

—Estoy de acuerdo —dijo Ginny—. Lástima que debo limitarme al té. Bébete algo más fuerte por mí.

—Te lo dije —dijo Draco con un guiño a Hermione.

Mientras tomaban asiento, él invocó una botella de Wishkey de fuego, seguida de tres vasos.

Les sirvió un dedo a cada uno y se los repartió (excepto a Ginny, quien hizo un puchero ante su té) antes de levantar su vaso.

—¿Qué tal un brindis? —sugirió él—. Por relaciones secretas, extraordinarios hechizos para la memoria y... —Miró a Hermione y sonrió con cariño—. Y por una madre desconocida.

Bebieron sus bebidas, excepto Ginny, quien bebió distraídamente la suya mientras miraba a todos los demás, y cuando Draco dejó su vaso, él y Hermione les explicaron todo.


Una vez que superaron el shock, Harry y Ginny acordaron ir a cenar a casa de Draco, principalmente ante la insistencia de Hermione, para poder conocer su verdadero yo y también conocer a Lyra.

—¿Entonces eres el tipo que se deshizo de ese hombre malo? —le preguntó Lyra a Harry con escepticismo. No le habían contado muchos detalles a Lyra, pero sí le dijeron que una de las personas que vendría a visitar era el amigo de Hermione a quien ayudó en la guerra.

Todos estaban sentados alrededor de la mesa, comiendo Shepherds Pie que Hermione preparó ese mismo día.

Harry frunció el ceño.

—¿El hombre malo? Ah, ¿te refieres a Voldemort?

Lyra asintió y Harry se encogió de hombros con indiferencia.

—Sí, yo fui, pero no sin la ayuda de Hermio… tu madre.

—Papá dijo que si mamá no estuviera contigo probablemente lo habrías cagado todo —afirmó Lyra con total naturalidad mientras se metía algunos guisantes en la boca.

Draco disimuló su risa con una tos y Hermione le dio un codazo antes de mirar a Lyra.

—Cariño, esa no es una palabra que deberías decir, incluso si tu padre la usó delante de ti.

Draco se encogió de hombros, desconcertado por la mirada que ella le lanzó.

—Es verdad —admitió Harry—. No habría llegado ni la mitad de lejos si ella no me hubiera ayudado.

—¿Sabías que todos la llamaban la bruja más brillante de su edad cuando sólo tenía trece años? —preguntó Ginny.

Los ojos de Lyra se iluminaron.

—¿Lo hicieron? ¿Por?

—Bueno, además de tener las mejores calificaciones de todos los de su año, ella estaba tomando tantas clases en su tercer año que el Ministerio prácticamente le dio un giratiempo.

—¡Guau! —exclamó Lyra, seguido de un—. ¿Qué es un giratiempo?


El resto de la tarde la ocuparon respondiendo preguntas de Lyra y jugando juegos de mesa. Al final de la noche, Lyra se había ganado los corazones de los amigos más cercanos de Hermione.

—Ella es adorable —dijo Ginny mientras Draco llevaba a Lyra a la cama.

—Ella está bien —resopló Harry.

Ginny le puso los ojos en blanco a su marido.

—Simplemente estás enojado porque te ganó en Candyland.

—Estúpido hombre de jengibre —murmuró Harry—. Yo también estuve así de cerca de ganar.

Las chicas se rieron cuando Draco regresó de acostar a Lyra.

—Se desmayó en el momento en que su cabeza golpeó la almohada —afirmó mientras se sentaba en el sofá junto a Hermione y le pasaba el brazo por los hombros.

—Todavía no puedo creer que ustedes dos hayan tenido un hijo juntos —dijo Harry sacudiendo la cabeza—. O que ustedes dos tenían una relación, para empezar.

—¿Pero lo habrías aceptado siquiera? —preguntó Hermione.

—Hum, bueno…

—Porque habías insistido mucho en que Draco era un mortífago y que estaba tramando algo...

—…Técnicamente, tenía razón en ambas cosas…

—Lo cual, por cierto, no fue su elección.

—Yo... ahora entiendo eso. En aquel entonces, no lo entendía.

Harry miró a Draco.

—Eras un idiota en Hogwarts.

—Es cierto —asintió Draco.

—Pero también sé que las personas pueden cambiar y Hermione no estaría contigo si no lo hubieses hecho. Así que supongo que lo que estoy tratando de decir es... Que estás bien, Malfoy. Y Lyra es una gran niña. Hiciste un buen trabajo criándola.

Draco asintió con la cabeza a Harry.

—Gracias, Potter. Y, si necesitas algún consejo para ser padre, puedo escribirte algunas notas.

Ignorando la mirada de Harry hacia el rubio, Ginny suspiró dramáticamente.

—¡Impresionante, mira eso, ahora son amigos!

Draco puso los ojos en blanco, pero Hermione captó la sonrisa que se extendió por su rostro.


Harry y Ginny se quedaron unos días y exploraron el pequeño pueblo del que se enamoró Hermione. El clima era frío y ventoso, por lo que los sueños de Ginny de jugar sobre el océano tendrían que esperar hasta otra visita, una que prometió hacer después de que naciera el bebé.

Antes de irse, Hermione escribió una carta que explicaba lo que había sucedido, luego la copió y las colocó en diferentes sobres con instrucciones para que Harry se la entregara a sus amigos a su regreso. Si alguna vez visitaban Londres, no quería explicarle a todo el mundo lo que había sucedido.

Después de que sus amigos se fueron, Hermione comenzó a planear un viaje a Australia para ella y Draco, quien quería ir con ella como apoyo. Narcissa se ofreció a cuidar a Lyra, junto con Mipsy, durante los pocos días que Draco estaría fuera, mientras que Hermione planeaba quedarse con sus padres durante una semana, o más, si era necesario.

Una vez que Narcissa se instaló en la casa y le dieron abrazos y besos a Lyra, los dos viajaron por red Flu al MACUSA donde obtuvieron un traslador internacional. Solo tuvieron que esperar unas pocas horas para obtener su lugar asignado y luego fueron llevados rápidamente a las temperaturas ligeramente más cálidas de Australia.

Como llegaron en medio de la noche, reservaron una habitación de hotel y esperaron hasta el día siguiente para visitar a sus padres. Hermione sabía dónde vivían, ya que los había visitado en secreto varias veces después de la guerra (incluso una vez en persona cuando fingió que su auto estaba estropeado) y estaba complacida de saber que todavía estaban en la misma casa.

Draco deslizó su mano en la suya mientras ella respiraba profundamente y luego llamó a la puerta de la casa alquilada de sus padres.

Su madre respondió y Hermione necesitó toda su fuerza de voluntad para no abrazarla. Se dio cuenta de que su madre ahora lucía el pelo canoso y un par de gafas para leer y se percató con un sobresalto de que el tiempo había pasado demasiado rápido.

—¿Sí? —preguntó la mujer mientras miraba entre los dos hacia la puerta—. ¿Puedo ayudarle con algo?

—Yo... sé que no me recuerdas, pero...

—¡Ah! ¡Tú eres la joven que vino hace un par de años, cuyo auto se averió frente a nuestra casa!

Hermione se sorprendió al recordarlo.

—Sí, tienes razón. Yo, eh, ¿espero no interrumpir nada?

Su madre le dedicó una sonrisa de bienvenida.

—¡Para nada, querida! ¿Qué puedo hacer por ti? No me digas que tu auto se averió otra vez —dijo riendo.

Hermione le devolvió la sonrisa y sacudió la cabeza.

—No, nada de eso. Sólo estoy de visita otra vez y traje a mi prometido conmigo —dijo mientras miraba a Draco—. Y quería que conociera a las personas que me ayudaron la última vez que estuve aquí.

—Bueno, ¿no es tan lindo? ¿Por qué no entran ustedes dos y podemos ponernos al día adecuadamente? ¡Wendell! —llamó mientras hacía pasar a Hermione y Draco al interior—. Ven aquí cariño, hay alguien aquí para vernos.

—¿Quién es? —El papá de Hermione llamó. Un momento después, su cabeza apareció por la esquina y esbozó una amplia sonrisa—. Vaya, es esa joven a la que ayudamos hace unos años.

—¡Lo es! Dice que regresó a visitarnos y esta vez, con su prometido —contestó con una sonrisa.

—¿Cómo estás? Soy Wendell y ella es mi encantadora esposa, Mónica —dijo su padre, tendiéndole la mano a Draco a modo de saludo.

Draco sonrió y estrechó la mano del hombre.

—Un placer conocerlos a ambos. Soy Draco.

—¿Draco? Bueno, ¿no es un nombre interesante? —dijo su madre mientras sacaba unas galletas en un plato—. Éstas están recién salidas del horno. No sé por qué sentí la necesidad de hacerlas esta mañana, pero resulta que fue suerte ya que ustedes dos vinieron de visita.

Hermione le dio un mordisco a una de las galletas y cerró los ojos. Eran las mismas galletas que le hacía su madre cuando era niña.

Sollozando levemente, Hermione dejó la galleta.

—Mónica... Wendell... necesito ser honesta con ustedes sobre algo.

—¿Sí? ¿Qué es eso, querida? —preguntó su madre.

—No... no fue un accidente lo que me hizo visitarte hace tantos años. Sólo necesitaba una excusa para verte... para hablar con ustedes.

Su padre la miró con curiosidad.

—¿Por qué querías hablar con nosotros?

Hermione levantó la vista y miró a su padre y a su madre.

—Porque ustedes son mis padres —dijo mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla.

Los dos adultos frente a ella tenían el mismo ceño de confusión.

—No entiendo…

—Creo que estás equivocada…

Hermione sacudió la cabeza mientras extendía la mano y colocaba su mano encima de la de su madre.

—Les prometo que tendrá sentido pronto. Yo sólo... sólo necesito que ustedes dos confíen en mí, ¿de acuerdo?

Sus padres se miraron, sus ojos transmitían una conversación entre ellos y luego volvieron a centrar su atención en ella.

—Le dije a Wendell, después de que te fuiste la última vez, que parecías... familiar, de alguna manera. No sé cómo podría ser esto, pero estamos interesados en lo que tienes que decir.

Hermione asintió.

—Gracias a los dos. —Respiró hondo y tranquilizador y susurró—. Vos noms sont Joe et Kathleen Granger. Votre fille est Hermione Granger.

Sus padres se agarraron la cabeza antes de desmayarse en el sofá. Hermione y Draco usaron sus varitas para levitarlos a su dormitorio y los colocaron en su cama.

Draco le apretó la mano mientras estaban en la puerta, mirándolos.

—Lo hiciste bien, amor —susurró mientras besaba su sien.

—Tienes la poción para el dolor, ¿verdad? —preguntó aunque nunca quitó los ojos de encima a sus padres.

Draco sacó los viales de su bolsillo.

—Aquí mismo. ¿Todavía me quieres aquí cuando despierten?

Hermione asintió.

—Sí.

Draco volvió a besar su sien y luego los dos esperaron a que sus padres despertaran.


Pasaron casi tres horas antes de que comenzaran a moverse. Tan pronto como su madre gimió, Hermione corrió a su lado.

—¿Mamá? ¿Mamá? Sé que duele, bebe esto, te ayudará.

Kathleen tomó la poción y luego dijo con voz áspera.

—¿Hermione?... ¿Eres...? ¿Eres tú?

Hermione sollozó mientras asentía, luego se dio cuenta de que los ojos de su madre todavía estaban cerrados.

—Sí. Soy yo. Sólo espera un momento y deja que la poción haga su trabajo. Te sentirás mejor en poco tiempo.

Su padre murmuró algo al otro lado de la cama y Draco lo ayudó a tomar la poción para el dolor.

Hermione tomó la mano de su madre y esperó a que abriera los ojos. Cuando finalmente lo hizo, la envolvió en un abrazo.

—Te he extrañado tanto —susurró Hermione. Sintió una mano en su espalda y cuando levantó la vista, era su padre mirándola.

—Papá... —dijo y lo abrazó.

—¿Se terminó? —preguntó mientras se alejaba—. ¿Tu guerra ya terminó?

Hermione se secó una lágrima mientras asentía.

—Sí, se acabó. Se acabó hace siete años.

Por segunda vez ese día sus padres la miraron confundidos.

—No entiendo —dijo finalmente Kathleen—. Si tu guerra terminó hace siete años, ¿por qué apenas nos devuelves nuestros recuerdos?

—Porque los míos también fueron borrados. No fue hasta hace poco que supe cómo devolverte tus recuerdos. —Se levantó y miró a Draco y luego a sus padres—. Les prometo que les explicaré todo, pero primero quiero que ambos conozcan a alguien muy especial. —Caminó hacia Draco y le tendió la mano para que la tomara—. Este es Draco Malfoy... Mi prometido... Y padre de nuestra pequeña: Lyra.

—Prometido…

—Tu pequeña...

—Deben tener muchas preguntas —dijo Draco con una sonrisa fácil a sus padres—. Hermione y yo responderemos lo que podamos. Pero primero, ¿les gustaría ver una foto de su nieta?


Hablaron durante horas, pidieron comida para llevar y luego hablaron un poco más.

—Ahora sólo necesitas decidir qué planeas hacer... ¿quieren quedarse aquí en Australia? ¿O regresar a Inglaterra?

—¿Tenemos siquiera una casa en Inglaterra? —preguntó su madre.

Hermione asintió.

—Lo hacen. De hecho, viví allí antes de mudarme a los Estados Unidos. Todavía todo está en funcionamiento, así que todo lo que tendrás que hacer es regresar.

—¿Y ustedes chicos? —preguntó su padre—. ¿También regresarás a Inglaterra?

—Oh, bueno, realmente no hemos hablado de eso —dijo mirando a Draco—. Pero no estaba planeando regresar, no. Lyra creció en Estados Unidos. Es todo lo que conoce. Ya estamos cambiando gran parte de su vida, no quiero llevármela a Inglaterra y cambiar más cosas.

Kathleen asintió.

—Eso tiene sentido.

—Pero quién puede decir que no regresaremos en el futuro —dijo Draco, y Hermione lo miró perpleja.

—¿En serio? —preguntó ella.

—Bueno, siempre pensé que dejaría que Lyra eligiera a qué escuela quería ir cuando cumpliera once años. Como nació en Inglaterra, ya está en el registro de Hogwarts. Pero, como vivimos en los Estados Unidos, ella también tiene la oportunidad de ir a Ilvermorny. —Él se encogió de hombros—. La elección dependerá de ella. Si quiere ir a Hogwarts, planeé regresar allí. No a Wiltshire, sino al campo, tal vez.

Hermione le sonrió.

—Me gusta esa idea.

—Bueno, parece que tu madre y yo tenemos algunas cosas que discutir —dijo Joe—. Ya sea que regresemos a Inglaterra o veamos qué tiene de bueno este Bar Harbor, ustedes dos parecen muy encantados.

Hermione le sonrió.

—Es un lugar encantador. Pero, si decides regresar a Inglaterra, podemos ir a visitarte fácilmente a través de medios mágicos, así que no dejes que la distancia influya en tu decisión.

Draco asintió.

—Sí, ahora que Lyra es mayor, planeamos viajar durante las vacaciones de verano. Mi madre reside en Francia, así que visitaremos ese país con frecuencia; ciertamente se puede planificar un viaje a Londres durante ese tiempo.

—También podemos configurar nuestra red Flu para viajes internacionales, por lo que las visitas no serán un problema —dijo Hermione.

—Bueno, eso ciertamente hace las cosas un poco más fáciles —dijo Kathleen. Miró a su marido—. Extraño Londres... bastante, en realidad.

Joe asintió mientras tomaba la mano de su esposa.

—Yo también.

Volvió a mirar a Hermione y sonrió.

—Parece que nos vamos a casa.


Joe y Kathleen Granger regresaron a Inglaterra un mes después, no sin antes pasar por Bar Harbor para conocer a su nieta.

Lyra estaba encantada de tener otro par de abuelos, y los padres de Hermione no perdieron el tiempo en mimar a su única nieta.

La llevaron a todas las tiendas del malecón, así como a las jugueterías de las ciudades más grandes, dejándola elegir lo que quisiera; según su padre, tenían siete años de cumpleaños y Navidades qué compensar.


Draco y Hermione intercambiaron votos en la playa de Bar Harbor. La lista de invitados era pequeña, con sólo unos pocos amigos cercanos, los padres de Hermione y su madre presentes. La boda fue sencilla y completamente muggle. Si alguien alguna vez le hubiera dicho a Draco que se casaría descalzo, usando una camisa blanca de algodón y un par de pantalones caqui, los habría llamado locos.

Pero ahora…

No lo habría hecho de otra manera.

Su novia y su hija llevaban vestidos de verano blancos y fluidos con flores en el pelo y sonrisas a juego.

Cuando se intercambiaron los anillos y sus votos se sellaron con un beso, Draco llevó a su novia a caminar junto al agua, las olas rompían suavemente sobre sus pies.

—Hoy fue perfecto —dijo Hermione mientras entrelazaba sus dedos con los de él y se inclinaba hacia él.

Draco levantó sus manos y besó la parte superior de las de ella.

—Sí, lo fue

—Creo que tu madre esperaba algo un poco más... grandioso.

Draco se encogió de hombros.

—Nunca estuve en eso de toda la parafernalia y circunstancia de las bodas elaboradas que celebraba la mayoría de la comunidad de sangre pura.

—Bueno... puede que le haya dicho que puede planear algo cuando la visitemos, una especie de fiesta de compromiso tardía —admitió Hermione—. Ella prometió que sería pequeña.

Draco se rio entre dientes mientras se detenía frente a ella y tomaba su mejilla.

—Te das cuenta de que para mi madre 'pequeño' son al menos 100 invitados, ¿verdad?

Hermione se quedó boquiabierta.

—¿Cien? Ay...

—No te preocupes, amor —Le dio un beso en los labios—. Estoy seguro de que puedo bajarla a 75, tal vez incluso a 50.

Hermione suspiró y se puso de puntillas para darle un beso prolongado.

—Tienes suerte de que te ame.

Él la rodeó con sus brazos, la levantó y los hizo girar, haciéndola reír.

—Te amo.

—¡Gírame, gírame! —dijo Lyra, corriendo hacia ellos.

Draco dejó a Hermione en el suelo justo a tiempo para atrapar a su hija y girarle también.

Sus risas se podían escuchar a lo largo de la playa.


La familia de tres hizo su primer viaje a Francia tan pronto como Lyra estuvo de vacaciones de verano. Visitaron a Narcissa en su villa y luego ella despidió a los adultos y les ordenó que se fueran de luna de miel mientras ella pasaba tiempo con su nieta.

Viajaron por toda Europa, alojándose en lujosos hoteles y comiendo en los mejores restaurantes. Draco vivía cómodamente en Estados Unidos y descubrió que lo prefería así, pero una luna de miel ocurría una vez en la vida y quería que Hermione experimentara lo mejor de todo.

Además, mimarla era una de las cosas que le encantaba hacer, y el sonrojo en su rostro siempre hacía que valiera la pena.

Regresaron a la Villa una semana después y encontraron una casa llena de gente esperándolos.

Su madre invitó a unos pocos elegidos a celebrar su matrimonio y, de hecho, redujo la lista de invitados. En lugar de las familias de sangre pura que normalmente asistían a las reuniones sociales de su madre, invitó a aquellos que Draco nunca hubiera pensado que alguna vez pondrían un pie en una residencia Malfoy.

Los Weasley estaban allí, demasiados para contarlos, junto con sus parejas e incluso algunos niños. La Comadreja, o como lo llamaba su esposa, Ron, estaba allí, con su ahora prometida, Lavender Brown, quien actualmente estaba mostrando su anillo de compromiso.

Los Potter, junto con su hijo recién nacido, también estuvieron presentes. Draco tuvo que admitir que el niño era lindo, incluso si era hijo de Potter. Mientras Hermione abrazaba a James, él podía ver el anhelo detrás de su sonrisa. Ella le había dicho antes que los Sanadores dijeron que sería imposible revertir el daño causado a su útero; se preguntó si ella estaría dispuesta a volver a comprobarlo, ahora que habían pasado algunos años.

Fue honesto cuando dijo que estaba de acuerdo con tener solo a Lyra, y Hermione se sintió aliviada de que tuviera un hijo, pero en el fondo, sabía que ambos se preguntaban si sería posible tener otro hijo, uno que pudieran criar juntos.

Luna Lovegood se acercó a él y lo abrazó antes de que tuviera tiempo de reaccionar. Ella le dijo que lo perdonaba por lo sucedido durante la guerra y una sensación de alivio lo invadió cuando él le devolvió el abrazo.

Longbottom, Thomas y Finnigan también estaban allí, y Draco se sorprendió al descubrir que no encontraban ninguna enemistad hacia él y en cambio hablaban de Quidditch como si fuera un viejo amigo.

Su tía Andrómeda lo recibió con los brazos abiertos y él le agradeció en voz baja por sugerir Bar Harbor como un lugar para criar a Lyra. Ella sonrió y le dio unas palmaditas en la mejilla antes de volver a hablar con su hermana.

Lyra y Teddy se unieron casi instantáneamente, ya que tenían solo un mes de diferencia de edad y eran dos de los niños mayores que asistieron.

El invitado que más lo sorprendió fue Theo Nott, aunque parecía fuera de lugar. Draco no había visto ni hablado con ninguno de sus compañeros de casa desde la guerra, pero después de una conversación con Theo, descubrió que había denunciado las creencias de su padre y ahora era un paria entre la mayoría de la comunidad de sangre pura.

Afortunadamente, los amigos de Hermione le habían dado la bienvenida a él y a Theo, con planes de reunirse en Londres la semana siguiente y tener un partido amistoso de Quidditch en la casa de los Weasley.


Mientras estaban en Londres, visitaron a los padres de Hermione antes de dirigirse a visitar a la familia Greengrass. Hermione les había escrito una carta pidiendo reunirse para hablar sobre Daphne.

Florian y Adorabella Greengrass nunca supieron la verdadera razón por la que Daphne estaba en Hogwarts el día de su muerte; después de todo, le habían rogado que se quedara en casa, junto con su hermana, Astoria.

Después de que Hermione y Draco explicaran todo lo sucedido, se sorprendieron al descubrir que ella había estado escondiendo a un recién nacido en su casa durante dos meses.

La señora Greengrass sonrió suavemente a Lyra, que estaba sentada entre sus padres.

—¿Supongo que eres el bebé que nuestra hija estaba cuidando?

—¡Sí! Daphne es mi madrina. Ella me cuidó mientras mi mamá ayudaba a luchar contra los malos.

Los ojos de la bruja mayor se llenaron de lágrimas.

—Bueno, es un placer conocerte.

Draco sintió a Hermione temblar a su lado y la encontró llorando suavemente.

—Lo siento —susurró—. Fue mi culpa, y…

Antes de que pudiera terminar, intervino el señor Greengrass.

—Señora Malfoy, no hay necesidad de disculparse.

—Pero yo soy la razón por la cual Daphne…

—Astoria, querida, ¿serías tan amable de invitar a Lyra a jugar? —La señora Greengrass interrumpió.

Astoria, que había estado sentada junto a su madre, le sonrió a Lyra y le ofreció una mano.

—Vamos, déjame mostrarte todos los animales que tenemos.

Cuando los dos salieron de la habitación, la señora Greengrass se sentó junto a Hermione y tomó sus manos.

—Querida, no tienes la culpa de lo que le pasó a Daphne. Fue un Mortífago quien lanzó la maldición.

Draco conjuró un pañuelo y se lo entregó a Hermione.

—Ella tiene razón, amor.

Hermione suspiró y se secó las lágrimas de los ojos.

—Pero si no le hubiese pedido que cuidara a Lyra, no habría tenido la necesidad de venir a Hogwarts ese día.

—Si bien eso es cierto —dijo el Señor Greengrass—. Daphne era adulta y tomó la decisión de ir allí. Probablemente habría ido de todos modos para ver cómo estaban sus amigos. Siempre fue una niña muy tenaz —recordó con cariño.

La señora Greengrass asintió.

—Sí. —Miró por la ventana y Draco siguió su mirada. Lyra estaba en el regazo de Astoria y las dos estaban jugando con una camada de cachorros.

—Ella fue una heroína —dijo Draco—. Ella evitó que la maldición nos golpeara a mí y a Lyra. —Miró al señor Greengrass—. Si hay algo que necesites, cualquier cosa, te lo conseguiré. Es lo mínimo que puedo hacer.

El señor Greengrass negó con la cabeza.

—Me alegro de saber finalmente la verdad de lo que pasó. Habíamos preguntado por ahí, por supuesto, pero nadie tenía respuestas reales. Los que la vieron allí dijeron que llevaba algunas cosas como una manta y una maleta, pero cuando llegamos, ya no estaban y ahora sabemos por qué.

—Si no te importa, nos encantaría cualquier foto de Daphne que puedas darnos para mostrársela a Lyra. —Hermione apretó la mano de Draco mientras continuaba—. Queremos que conozca a Daphne y a su familia, si… si eso es algo que les interesaría.

La señora Greengrass les sonrió a los dos.

—No lo haríamos de otra manera.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡Astoria dijo que puedo tener uno de los cachorros! ¿Puedo? ¿Por favor? Me prometiste dos perros, ¿recuerdas?

Astoria miró tímidamente a Draco y Hermione.

—Lo siento. Ella estaba preguntando si podía tener uno y le dije que necesitaba preguntarles a ustedes primero.

—¡Me gusta este! —exclamó Lyra mientras sostenía un cachorro ondulante—. ¡Voy a llamarlo Max, como el perro de La Sirenita!

Hermione se rio entre dientes al lado de Draco. Cuando él la miró, ella se encogió de hombros y Draco suspiró. Se volvió hacia Lyra y le tendió la mano al cachorro.

Cuando el perro le lamió la nariz, Draco se suavizó.

—Bienvenido a la familia, Max.


¿Vamos al último capítulo de una vez? Bueno.