Capítulo 10

Días más tarde, detrás de la Casa Grande.

El Plan De Annabeth se pone en marcha

Un mal presentimiento se había instalado en la mente de Percy como un inquilino inoportuno. Cinco días sin noticias de Nico eran como cinco años sin ambrosía: una tortura insoportable.

Un presentimiento ominoso le susurraba al oído que su primo estaba a punto de hacer una locura, de esas que solo Nico podía hacer, y que solo Percy podía arreglar.

Su instinto, ese sexto sentido que le había salvado el pelejo más veces de las que podía contar, rugía como un león enjaulado.

Por si fuera poco, el fantasma de Annabeth lo perseguía como una banshee. La chica no paraba de presionarlo para tener una "conversación seria". Percy, harto de la incertidumbre, decidió que era hora de enfrentar al fantasma y cerrar ese capítulo de una vez por todas.

Tenía que saber qué quería Annabeth, para poder concentrarse en lo que realmente importaba: encontrar a Nico y sacarlo de cualquier problema en el que se hubiera metido.

Justo cuando se dirigía detrás de la casa grande, con el valor de un gato frente a un pitbull, la vio. Sus ojos, como dos pozos sin fondo, lo atraparon y lo ahogaron en un sudor frío.

Annabeth observaba a Percy frente a ella, como una araña acechando a su presa. Un brillo frío y calculador brillaba en sus ojos grises, un brillo que no se había visto desde su última visita al Tártaro. La experiencia la había endurecido, la había convertida en una estratega despiadada, dispuesta a usar cualquier arma para conseguir lo que quería.

Y lo que quería era a Percy. Lo había querido desde que eran niños, una obsesión que crecía como una hierba venenosa, envolviendo su corazón y su mente. No le importaba si lo amaba o no, solo le importaba que fuera suyo.

Su ruptura con él había sido un capricho momentáneo, un error que ahora lamentaba. Pensó que volvería con él después de que le suplicara, pero unos meses después, no lo había hecho. Y cuando finalmente se decidió por regresar, se encontró con la " Nueva Hija de Apolo ", la diosa Artemisa disfrazada, "La supuesta diosa que odia a los hombres". Arruino mis planes la ira y la obsesión de Annabeth se intensificaron No le importaba si lo amaba o no, solo le importaba que fuera suyo.

Una sonrisa cruel se dibujó en los labios de Annabeth. De su bolsillo, extrajo un pequeño objeto: un incienso de color púrpura oscuro, con un aroma que mezclaba jazmín y azufre. Lo había obtenido del palacio de Atenea, burlando las medidas de seguridad con la astucia de una ladrona y la precisión de una estratega. No le importaban las consecuencias, solo importaba obtener lo que deseaba: Percy Jackson, a sus pies.

El incienso no era ninguna cosa. Era un artefacto mágico, un hilo invisible capaz de tejerse en las emociones de las personas, manipulándolas como marionetas en un teatro de sombras. No era un control absoluto, no le quitaría a Percy su libre albedrío, pero lo haría más susceptible a sus palabras, más vulnerable a sus encantos. Con su intelecto superior, Annabeth sabía que eso era más que suficiente.

Subió el incienso con una llama tenue, murmurando un antiguo encantamiento. El humo inoloro se elevó en espirales hacia el cielo, invisible a los ojos normales, pero perceptible para aquellos con sentidos más agudos. Annabeth observó a Percy, su mirada penetrante escudriñando cada detalle de su rostro. Esperaba ver un cambio, una señal de que el incienso estaba haciendo efecto al principio, no sucedió nada. Percy parecía estar normal, metidos en sus pensamientos.

Las cosas con Artemisa iban bien: la noche anterior habían devorado comida callejera en Central Park, bajo la luz de la luna y las estrellas. Al parecer, Artemisa recordaba todo lo que había hecho como Luna, y la sola idea de que se enterara de su segunda conversación con Annabeth le producía escalofríos.

Aunque, pensándolo bien, Artemisa enfadada era tan hermosa como un ángel y aterradora como un demonio cuando esta enojada al mismo tiempo... Un suspiro escapó de sus labios. Tenía que terminar con esto, sí o sí.

Annabeth había estado manipulando a Percy durante años, guiándolo como a un título en su propio juego. Lo había alejado de otras chicas, lo había empujado hacia ella, todo con una precisión calculada. Y ahora, con este nuevo poder en sus manos, estaba segura de que finalmente podría tenerlo para ella sola.

Un susurro cortó el silencio como un cuchillo. "Entonces...", la voz de Annabeth resonó en sus oídos, tensa y afilada como una daga.

"¿Entonces qué?" Percy respondió con un tono seco, apenas ocultando la irritación que crecía en su interior.

"¿Cómo va tu relación con Luna?" La mirada de Annabeth era penetrante, como un halcón buscando cualquier atisbo de debilidad en su presa.

"Bien", Percy, con una sonrisa que no llegó a sus ojos., teníamos nuestro problema con Zeus, pero una cosa era segura lo resolveríamos juntos.

Annabeth enarcó una ceja, con una mueca burlona en sus labios. "¿De verdad? Tan pronto la reemplazas." Su voz era un látigo que azotaba su orgullo.

Annabeth sonrió con satisfacción. El incienso estaba funcionando. Era solo cuestión de tiempo antes de que Percy cayera rendido a sus pies, suplicando por su amor.

La diosa de la caza no tenía ninguna posibilidad contra ella. Ella era Annabeth Chase, la hija de Atenea, la estratega más brillante del Olimpo. Y esta vez, jugaría a ser diosa, tejiendo su destino con hilos invisibles y una pócima de sumisión.

Un silencio incómodo se apoderó del aire. La tensión entre ellos era palpable, una mezcla de rencores del pasado y la posibilidad de un futuro incierto.

Percy frunció el ceño, dejando escapar un dardo de sarcasmo en su voz. "Bueno, tú me reemplazaste primero, Annabeth."

La mirada de Annabeth se tornó gélida, helando el aire a su alrededor. "¿Crees que no lo sé?", espetó con una frialdad que erizó la piel de Percy. "Nunca sabes cuánto significa algo o alguien para ti hasta que lo dejas ir. Pero también quiero probar algo. Percy, ¿estarías dispuesto a aceptarme de regreso?"

Percy no pudo evitar una carcajada incrédula. "¿Tú... qué?", preguntó, con la incredulidad resonando en su voz.

La súplica de Annabeth se mezcló con la desesperación y la esperanza. "Intenta volver al paso uno...", susurró, con un hilo de voz que reflejaba la fragilidad de su corazón.

Con firmeza, Percy negó con la cabeza. "No puedo", dijo, con una seguridad que no dejaba lugar a dudas. "He encontrado a la chica de mis sueños. He visto más allá de esta ilusión de amor y he encontrado el verdadero."

Sin embargo, Annabeth no contaba con un factor importante: el corazón de Percy. A pesar del incienso, a pesar de sus manipulaciones, Percy aún conservaba una chispa de rebeldía. Un fuego que ardía en su interior, un amor por Artemisa que no podía ser controlado por ninguna artimaña mágica.

Un velo de amargura cubrió el rostro de Annabeth. "Ya veo", murmuró, con un tono derrotado que apenas podía ocultar la furia que ardía en su interior. "¿Amigos entonces?", preguntó, con la esperanza de encontrar un resquicio de conexión.

La indignación de Percy se desbordó. " A qué estás jugando, Annabeth, después de todo lo que me has hecho". ¿Acaso siquiera mereces ser considerada mi amiga?", espetó, con la mirada fulminándola.

Con una sonrisa irónica que enmascaraba su frialdad interior, Annabeth propuso: "Amigos con derechos entonces."

La respuesta de Percy fue una mirada gélida, tan fría como el hielo del Ártico. No estaba dispuesto a tolerar sus juegos ni a permitir que ella pisoteara su corazón una vez más.

"¿Sabes qué es gracioso?", preguntó Annabeth, con un brillo de furia en sus ojos grises que brillaban como dagas bajo la luz del sol.

"No lo sé", respondió Percy, con el rostro inexpresivo, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho, presintiendo lo peor.

"He visto a Artemisa, disfrazada homologa Luna, salir de tu cabaña todos los últimos días", anunció Annabeth, con cada palabra clavándose como un cuchillo en el corazón de Percy.

"Ah, ¿qué dices?", Percy fingió sorpresa, aunque el pánico comenzaba a apoderarse de él, estrangulando su voz.

"No lo creería, pero lo vi con mis propios ojos. Y ella parecía feliz", dijo Annabeth, con un tono venenoso que heló la sangre de Percy. "Y eso me molesta más de lo que puedes imaginar."

"Estás loca. ¿Cómo Luna puede ser Artemisa?", Percy tragó saliva, tratando de mantener la calma mientras el mundo se desmoronaba a su alrededor.

"Hay rumores en el Olimpo, Jackson, que la diosa de la caza ha estado saliendo con un mortal por un año", dijo Annabeth, con una sonrisa cruel que revelaba que sabía más de lo que estaba dispuesta a admitir. "Y ahora sé con quién."

El mundo de Percy se desmoronó ante la devastadora revelación. La verdad, como un rayo implacable, lo golpeó con toda su fuerza. Annabeth lo sabía. Sabía sobre Artemisa y él.

Annabeth se río en silencio. Su plan estaba funcionando a la perfección. Pronto, Percy sería suyo, completamente bajo su control. La diosa de la caza no tenía ninguna posibilidad contra ella. Ella era Annabeth Chase, la hija de Atenea, la estratega más brillante del Olimpo.

"Mmm." Annabeth ladeó la cabeza, una sonrisa traviesa jugando en sus labios. "¿Entonces, ¿qué está pasando entre tú y ella?"

"¿De verdad quieres que Luna te persiga por quinta vez por el campamento?", respondió Percy, con una mezcla de humor y exasperación en su voz, tratando de desviar la conversación hacia un terreno más ligero.

Una mueca de dolor fantasmal se dibujó en el rostro de Annabeth. "De verdad. No lo vería como una elección tonta. Vi sus habilidades con el tiro con arco", dijo, su voz tensa por el resentimiento. "Y sus habilidades con las dagas, como una maestra asesina teniendo en cuenta quién es en realidad, tienen sentido."

"Es verdad", Percy asintió, sin saber cómo responder a su comentario, un brillo de incomodidad en sus ojos. La tensión entre ellos crecía con cada palabra.

"¿Por qué después de tanto tiempo te metes en mi vida, Annabeth?", preguntó Percy, con un tono de fastidio en su voz, tratando de comprender las motivaciones detrás de sus acciones.

Percy se levantó, harto de la conversación. "Me voy", dijo con un tono tajante. "De todos modos, tengo que reunirme con Luna."

Annabeth lo miró con decepción, pero sus ojos brillaban con una astucia maliciosa. "Pero eso no será hasta la noche", se burló, revelando su habilidad para manipular la situación a su favor.

En su interior, Annabeth suspiró con satisfacción. Su plan estaba funcionando a la perfección. Había recurrido a un secreto guardado celosamente por su madre, una hazaña que requería tanto de su audacia como de su ingenio.

Con habilidad y sigilo, había sustraído de los confines más resguardados del palacio de Atenea un incienso especial. No era un objeto común: tenía el poder de suavizar las defensas emocionales de quienquiera que inhale su aroma, sumiéndolos en un estado de receptividad y apertura, sin llegar a cortar su libre albedrío.

Desde el momento en que Jackson y ella comenzaron a hablar, había estado empleándolo sutilmente, tejiendo cada palabra en un intento de prolongar su interacción, de mantener vivo el diálogo entre ellos.

"Percy...", suspiró, su voz apenas un hilo de seda atrapado en la intricada telaraña que Annabeth había tejido alrededor de él. Era dolorosamente consciente de que cada gesto, cada palabra de ella, estaba imbuido de una precisión calculadora, dejándolo navegar en un mar de estrategias donde cada ola estaba meticulosamente planeada.

"¿Cuánto tiempo nos queda hasta la llegada de Luna?", preguntó Annabeth con descaro, mirando su reloj con una mirada calculadora. Su determinación por seguir adelante con su plan era evidente.

"Una hora", respondió Percy resignado, sabiendo que estaba atrapado en un juego del que no podía escapar fácilmente.

Se sentaron en un incómodo silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Percy se sentía como un pez fuera del agua, luchando por encontrar las palabras adecuadas para romper lo que Annabeth le estaba haciendo. Ella, por su parte, observaba cada movimiento, cada expresión, con la satisfacción de un cazador que acecha a su presa.

"¿Has encontrado a alguien nuevo?", preguntó Percy con un tono indiferente, aunque sus ojos brillaban con una intensidad que delataba la furia que hervía en su interior.

Los cambios en su cuerpo, producto de su transcendencia a la inmortalidad, resaltaban aún más su estado de ánimo. Odiaba las manipulaciones de Annabeth.

Annabeth lo miró con rencor, dejando claro que no había pasado por alto ningún detalle.

"No..." admitió Annabeth, sintiendo un rubor en sus mejillas. "¿Entonces, ¿cómo es Luna como novia?", Intentó desviar la conversación, con la esperanza de obtener algún dato relevante...

Percy se río ante la pregunta de Annabeth. "Ella realmente es perfecta. 'Nunca juzgues un libro por su portada', y más."

"¿Cómo es eso?" insistió Annabeth, con una pizca de celos en su voz, revelando su vulnerabilidad ante la idea de que Percy pudiera haber encontrado la felicidad con otra persona.

"No me creerías si te lo dijera", respondió Percy con sarcasmo, consciente de que cada palabra pronunciada aumentaba la tensión entre ellos.

"Pruébame, Percy", desafió Annabeth, con un brillo de fuego en sus ojos grises, dejando claro que no se daría por vencida fácilmente.

"Cerebro de alga", resopló Annabeth con desdén, mostrando su desprecio por la situación en la que se encontraban.

Las palabras de Annabeth golpearon a Percy como un puño en el estómago. Su desprecio lo llenó de una ira que apenas podía contener.

"Vete al diablo, Annabeth", espetó Percy, con la voz ronca por la furia. "¿Qué intentas hacer? ¿Manipularme otra vez? ¡No te saldrás con la tuya!"

"No estoy tratando de manipularte", mintió Annabeth, con una mirada inocente en sus ojos que contrastaba con la furia que ardía en su interior. "Solo quiero ayudarte."

"¡No necesito tu ayuda!" Percy le gritó, con el rostro enrojecido por la ira. "¡Y no quiero volver a verte!"

"Hey, Percy", se acercó Annabeth a él, su voz ronca por la emoción, mostrando una vulnerabilidad que apenas lograba ocultar.

"¿Qué?" preguntó Percy, confundido por su cambio repentino de actitud, preguntándose qué nueva estrategia estaba tramando.

"¿Una vez más, para nuestro último adiós a lo que teníamos?" susurró Annabeth, con sus ojos suplicantes clavados en los suyos, dejando en claro que estaba dispuesta a arriesgarlo todo por una última oportunidad.

"¿Qué?" repitió Percy, atónito por su descarada petición, sintiendo que el mundo se desmoronaba a su alrededor.

"Un último beso", lo miró Annabeth con una intensidad que lo dejó sin aliento, mostrando su determinación para luchar por lo que ella consideraba suyo.

"Vete al diablo, Annabeth. ¿Acaso no entiendes que no te amo?" respondió Percy, fulminándola con la mirada, furioso por su manipulación y sus intentos de regresar a su vida.

"¡Pero yo te amo, Percy Jackson!" gritó Annabeth, con lágrimas en los ojos, mostrando su vulnerabilidad y su desesperación por recuperar lo que había perdido. "¡Y nunca dejaré de luchar por ti!"

Percy se marchó, furioso, mientras Annabeth gritaba como una loca.

"¡Te arrepentirás de esto, Jackson! ¡Me las pagarás!", gritó con todas sus fuerzas, sintiendo que su orgullo se rompía en mil pedazos.

La furia de Annabeth se convirtió en un incendio incontrolable. La traición de Percy la había consumido, llenándola de un deseo de venganza que la cegaba.

En su mente, ya había trazado un plan. Utilizaría todos sus recursos, su inteligencia y su astucia para destruir a Percy y a Artemisa.

No se detendría ante nada hasta que los hiciera pagar por el dolor que le habían causado.

La batalla entre Percy, Annabeth y Artemisa estaba a punto de comenzar. Un juego de amor, traición y venganza que los llevaría al límite y cambiaría sus vidas para siempre.

Nota del Autor:

Estoy en busca de lectores beta dispuestos a colaborar conmigo. Tengo escrito hasta el capítulo 13, pero necesitan ser revisados antes de ser subidos. Preferentemente, busco hablantes nativos del español. Sé que hay gente que habla otros idiomas que está leyendo mi fanfic. No es por discriminar ni nada, pero mis borradores pueden ser algo confusos para alguien que no sabe español de forma nativa. Estoy escribiendo a lo loco, hacía tiempo que no me inspiraba tanto.

Si estás interesado, por favor envíame un mensaje privado con tus ideas y recomendaciones en la sección de comentarios.

¡Tu comentario será de gran valor para mejorar mi trabajo!"