Líneas de tiempo

Capítulo XX: Pérdida


Miyu tenía la intención de llegar a Norteamérica un poco antes que el grupo de Yoh, de esa manera lograría alertarlos de la trampa que los esperaba en la aldea Apache. Sin embargo, el aeropuerto de Towa contaba con poco personal y escasos recursos, por lo que su vuelo tuvo un retraso inesperado de varios días.

Al final, cuando ella y su grupo llegaron a la aldea, la ceremonia de bienvenida ya había comenzado y con ello la masacre de shamanes.

—¡¿Qué están haciendo ustedes aquí?! —exclamó Ren, tan sorprendido como ellos de encontrarse.

—¡Ren! —exclamaron todos, excepto Kou, cuyo foco se centró en su acompañante.

—Hina... —murmuró al encontrar miradas con ella.

La tarotista guardó silencio, sin saber qué decir. La tensión entre ambos era palpable.

Miyu alternó su mirada desde Hina hacia Kou, comprendiendo que su relación no podría estar en peores términos. Ren también era consciente de ello, pero se limitó a observar a Hina de reojo.

Chocolove fue el único en reaccionar:

—¡No es momento de quedarnos viendo las caras como tarugos! ¡Los Salvadores son los apaches! ¡El torneo es una trampa para asesinar shamanes!

—Ya lo sabemos, idiota —respondió Ren—. Justamente íbamos hacia donde se encuentran los demás. Yoh está en peligro.

—¿Qué le pasó a Yoh? —saltó Miyu.

—Fue envenenado por Los Salvadores. Fausto está cuidando de él.

—¡¿Envenenado?! Pero... ¿Quién es Fausto?

—Es uno de nuestros aliados. —Ren volteó hacia Lyserg y Chocolove. Desconocía qué extraña coincidencia los traía en compañía de Miyu y Kou Mikage, pero le alegraba que así fuera—. Démonos prisa.

Todos acataron la orden:

—¡Sí!

De ese modo, los seis shamanes encabezados por Ren corrieron a toda velocidad hacia donde se encontraban Yoh y los demás. Kou era el único del grupo que no estaba convencido de obedecer al fastidioso heredero de la dinastía Tao, pues no le agradaba en lo más mínimo, pero lo haría con tal de permanecer junto a Miyu y protegerla de cualquier peligro que se avecinara.

Por ese motivo, no dudó en lanzarse sobre los apaches que les obstaculizaron el paso hacia el hostal. Mientras Kou los asesinaba sin compasión, honrando el legado de su sanguinaria abuela, el grupo logró abrirse paso hacia el interior del edificio. Esquivaron los cadáveres de los shamanes degollados hasta encontrar la habitación protegida por el poder espiritual de Fausto.

Cuando el doctor notó que se trataba de sus aliados, deshizo la necromancia que alzaba los huesos alrededor de la entrada. Yoh, Horohoro y Ryu se encontraban tendidos en las lonas con los cuerpos rígidos y débiles, pero despiertos.

—Me alegra que llegaran —comentó Fausto, aliviado de ver que el grupo que atravesó el umbral de la puerta que protegía era más numeroso que antes—. Logré crear el antídoto para contrarrestar el veneno en sus cuerpos, pero tardarán al menos una hora en recuperarse del todo y ya no me quedan fuerzas para proteger esta habitación.

—Lo has hecho bien, Fausto —lo elogió Ren.

El doctor le dedicó una sonrisa cansina antes de colapsar sobre la silla, tan débil como los pacientes recién atendidos que yacían junto a él. Había utilizado todas sus reservas de poder espiritual para proteger ese sitio de los enemigos que intentaron acabarlos durante la ausencia de Ren y Hina.

Los shamanes empezaban a comprender su delicada situación, cuando Miyu dejó escapar un estridente llamado:

—¡Yoh!

El castaño escuchó su voz y sintió cómo su estómago se encogía de puro nerviosismo, reacción que le resultaba prácticamente ajena. Ni siquiera tenía las fuerzas para inclinarse y confirmar que se trataba de ella, pero no hizo falta, pues Miyu se abalanzó sobre él con lágrimas en los ojos.

—¿Mi-Miyu? ¿Qué estás haciendo aquí? —balbuceó Yoh, sintiendo sus mejillas calientes de solo notar el cuerpo de la chica sobre el suyo.

Miyu deshizo el abrazo para mirarlo de frente, ignorando por completo lo cerca que estaban sus rostros.

—Vine a advertirte sobre el torneo entre shamanes, pero no llegué a tiempo. Lo siento mucho, Yoh.

El shaman quiso preguntarle cómo supo de la trampa, pero no pudo priorizar esa conversación sobre la angustia que mostraba la chica. Alzó una mano hacia su cabeza, la cual acarició para tranquilizarla y luego atrajo suavemente hacia su pecho. Miyu aceptó el gesto con una sonrisa, recostándose sobre su amigo con una cálida sensación inundando su corazón.

—Me alegra tanto verte. No tienes idea lo mucho que te extrañé —susurró Yoh con los ojos cerrados, dejándose llevar por el momento.

—Yoh... —musitó Miyu, cerrando los ojos también, mientras las lágrimas acababan su recorrido.

"Yo también. Todos los días he pensado en ti", quiso decir la chica, pero aquel pensamiento no logró verbalizarse:

—Chicos, lamento interrumpir su reencuentro —dijo Chocolove—, pero tenemos compañía...

Miyu se incorporó de golpe al notar que Ren, Hina, Lyserg y Chocolove tenían la posesión de objetos activa, pues unos pasos hostiles se dirigían hacia ellos desde la primera planta. Solo entonces comprendió que cuatro de sus amigos estaban inhabilitados para pelear.

—Tenemos que sacarlos de aquí —advirtió Lyserg.

—Yo les despejaré el camino —anunció Hina con sus cartas en mano—. Después de todo, una chica tan refinada como yo no puede cargar a un hombre.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Miyu, un poco ofendida.

—Ya que eres tan cercana a Yoh, ocúpate de él —le ordenó Ren.

Miyu percibió la ironía en sus palabras, por lo que se sonrojó de golpe.

—¿Cómo que cercana...?

—Ustedes carguen a los otros —Ren la interrumpió para dirigirse hacia Lyserg y Chocolove, sin hacerle mucho caso.

Los aludidos asintieron con visible preocupación.

—Será difícil pelear así —comentó Lyserg—. ¿No será mejor proteger este lugar hasta que los demás se recuperen?

—¿Quieres permanecer acorralado durante una hora? No, gracias. Nos largamos en este preciso momento —escupió Ren—. Hina.

La tarotista se detuvo en el umbral de la puerta, extrañada por la repentina confianza que parecía mostrarle Ren.

—¿Sí? —preguntó.

—Reserva un poco de tu poder espiritual para proteger a estos inútiles —le ordenó—. Tienes una carta para eso, ¿no?

—¿Y a ti quién te hizo el líder? —objetó, molesta—. Yo hago lo que quiero.

Hina le dio la espalda de nuevo, pero Ren volvió a llamarla:

—Hina.

Su voz fue más fuerte, más desesperada. La tarotista empezaba a perder la paciencia, pero apenas volteó a decirle un par de verdades, se encontró con su mirada ámbar fija en ella. Ren solía tratarla con bastante dureza y orgullo, pero en aquel momento su expresión era suave y persuasiva, como si de un momento a otro hubiese decidido dejar las apariencias de lado y adentrarse en las profundidades de su alma sin decir palabra alguna.

Sea como sea, Hina se sonrojó furiosamente.

—¡D-de acuerdo! ¡Solo déjame en paz! —exclamó, lanzándose a pelear contra los enemigos que tenía al frente.

Con sus poderes, Hina fue despejando el camino para los shamanes y se reencontró con Kou en la entrada del hostal. Ren cargaba a un inconsciente Fausto sobre su hombro, mientras que Lyserg y Chocolove llevaban sobre sus espaldas a Ryu y Horohoro respectivamente. Al igual que Yoh, ellos estaban despiertos, pero apenas se podían mover y su lengua se sentía pastosa al hablar. En cuanto Ryu notó que estaba siendo cargado por Lyserg, se convenció a sí mismo de que había muerto y ya estaba disfrutando el paraíso.

Miyu tenía algunas dificultades llevando a Yoh sobre su espalda, ya que no tenía tanta fuerza física como sus compañeros. Aun así, gracias a las palabras de aliento que Yoh susurraba cerca de su oído, logró seguir a los demás y salir del recinto. El simple hecho de estar con él otra vez la llenaba de una energía inexplicable. Era como si la vida volviese a tener sentido.

—Lamento ser una carga —decía él, mientras sus brazos rodeaban el cuello de la chica.

—N-no lo eres —balbuceaba Miyu, intentando hacerse la fuerte.

—¡Claro que lo soy! Literalmente.

Ambos rieron con la broma, como si nada estuviese ocurriendo. Como si sus vidas no estuviesen en peligro en ese preciso momento.

Sin embargo, bastó que se alejaran una cuadra del hostal para que Los Salvadores volvieran a atacarlos en grupo. Los shamanes que no podían combatir quedaron al cuidado de Hina, quien haciendo uso de la carta "El Carro" levantó un campo de protección para ellos, mientras que los cinco shamanes restantes se lanzaron hacia una encarnizada batalla.

El número de enemigos era desproporcionado, y a medida que eran derrotados, otros apaches vestidos de negro llegaban a ocupar sus lugares. Ren impactaba su lanza sin titubear, Kou danzaba al son de sus mortíferas cadenas, Lyserg hacía ataques precisos con su péndulo y Chocolove atacaba a una velocidad abrumadora. Era una pelea de nunca acabar, pero afortunadamente el grupo se encontraba en sus mejores condiciones.

Sobre todo Miyu, quien utilizó por primera vez el poder que le había entregado Hao. Los chicos quedaron perplejos ante la potencia de sus ataques, pues bastaba que balanceara su espada una sola vez para derrotar a todos Los Salvadores que tuviera en frente. Hina podía reconocer esa onda espiritual donde fuera, pero no comprendía por qué Miyu la tenía, y al juzgar por la expresión de Kou, él tampoco parecía comprender qué estaba pasando.

—Bien hecho, Miyu —le reconoció Kou, deseoso de preguntarle cómo había adquirido esa habilidad, muy seguro de que Hao tenía algo que ver en eso.

Pero no logró concretar su pregunta. Una flecha lanzada a traición le atravesó uno de sus costados, aprovechando su distracción.

—¡Kou! —exclamó Miyu, corriendo preocupada hacia él.

—Tranquila, creo que no tocó ningún punto vital —dijo Kou, dedicándole una sonrisa mientras la sangre manaba de su pecho.

—Pero puede que esté envenenada. Deberías ir con los demás.

Adolorido y con algo de dificultad, el pelirrojo se retiró la flecha de la espalda. Volteó hacia donde se encontraban los shamanes inhabilitados y chasqueó la lengua.

—¿Estás loca? Por más fuerte que seas ahora, eventualmente te cansarás —aseguró—. Son demasiados enemigos, debo apoyarte como sea.

—Pero...

—¡Hina, préstame tu poder! —Kou interrumpió las protestas de Miyu para dirigirse hacia la tarotista, quien no podía creer que le estaba pidiendo ayuda después de todo lo que le había hecho.

—¿Estás de broma? —bramó Hina, indignada—. Tengo activas las cartas de "El Juicio" y "El Carro". Si activo una tercera carta, me quedaré sin poder espiritual.

—Solo desactiva "El Carro" —sugirió Kou—. Ni siquiera conoces a esos sujetos, ¿por qué los proteges?

Esta pregunta descolocó a Hina, quien de forma automática buscó con la mirada a los shamanes que seguían combatiendo. Especialmente a uno de ellos.

—Ren me lo pidió.

—Ja, ¿desde cuándo eres la puta de Ren Tao? —La muchacha reprimió su enfado. Sabía que Kou se estaba comportando de un modo insolente y despectivo para provocarla, pero, aun así, le resultaba difícil no dejarse llevar—. Abre los ojos, Hao nos matará en cualquier momento. Solo estás aquí porque te sientes en deuda con Yoh Asakura, pero ninguno de sus amigos te estima realmente. Te están utilizando.

—Tú también me estás utilizando, Kou —respondió Hina.

—Ese fue el acuerdo desde el principio, ¿no? Utilizarnos mutuamente. Al menos yo soy sincero. —El pelirrojo observó la herida de su pecho, preocupado por la pérdida de sangre—. ¿O me vas a decir que tus nuevos amigos son más importantes?

Hina apretó sus dientes y guardó silencio. Kou dejó escapar un suspiro resignado.

—En fin, no es que me sorprenda. Siempre has sido una traidora —afirmó, mientras balanceaba el Liu xing chui y volvía a posicionarse para pelear—. De todas maneras, no me molesta morir si es por proteger a Miyu.

—¿De qué estás hablando, Kou? —intervino la susodicha, quien había permanecido a su lado todo el tiempo—. ¡No permitiré que mueras!

La tarotista cerró los ojos y tomó aire.

—Deberías hacer algo con esa personalidad tan horrible que tienes —declaró, a medida que seleccionaba una carta de su baraja.

Esto sorprendió al pelirrojo.

—Espera, Hina, primero tienes que desactivar-

Pero Hina no estaba dispuesta a romper la promesa que le había hecho a Ren. Sin desactivar ninguna de sus cartas, inició la activación de la tercera, la cual en esas circunstancias implicaba sacrificar la mayor cantidad de su poder espiritual.

—¡"La Templanza"! —exclamó Hina, sanando así todas las heridas del cuerpo de Kou.

Ahí donde antes había una herida abierta ahora solo existía una piel sana, en óptimas condiciones para continuar con la batalla. El implicado quedó sin habla tras esta acción de su exnovia y cómplice. No comprendía por qué la misma mujer que intentó asesinar a su querida Miyu acababa de hacerle caso y apoyarlo en combate, aun arriesgando su seguridad.

Como era de esperarse, la tarotista se desmoronó en el suelo, debilitada por el sobreuso de sus habilidades. Uno de los apaches aprovechó el desliz para atacarla, sorprendiendo a los testigos; pero Ren se atravesó en su camino y le salvó la vida.

—Eres una tonta —dijo con frialdad, después de derrotar al apache de un solo golpe—. Debiste dejar que ese bueno para nada se sacrificara.

—Ren... —musitó Hina, sumamente impactada por lo que acababa de pasar. "Aparece cada vez que lo necesito, ¿por qué?"

Sosteniendo su lanza en lo alto, el heredero de la dinastía Tao miró a la chica por sobre su hombro, tan altanero como siempre.

—No te hagas ilusiones. Es mi agradecimiento por cuidarlos.

Aunque no podían unirse a la batalla, tanto Yoh como Horohoro y Ryu sonrieron con gratitud.

—Pero... ya no me queda poder... —reveló Hina con angustia, notando que el escudo protector de la carta "El Carro" ya no los protegía.

—Descuida, ahora yo me encargaré —anunció Ren, para luego fulminar a Kou con la mirada—. Y tú, si vuelves a ponerla en riesgo de esta forma te juro que te mataré.

La expresión del pelirrojo se desfiguró ante esta amenaza.

—¿Realmente te estás acostando con este tipo? —escupió indignado, dirigiéndose a la tarotista, pero lo que vio lo dejó sin palabras.

Acuclillada en el suelo, haciendo oídos sordos a sus protestas, Hina observaba la espalda de Ren completamente fascinada. La piel de su rostro estaba teñida por un suave rubor y sus ojos brillaban como estrellas. Solo había una persona en todo el mundo que lograba arrancarle una expresión así... pero esa persona no estaba presente.

"No me digas que... ¿De verdad?", se preguntó Kou, comprendiendo de golpe esa nueva realidad.

Hina se estaba enamorando de Ren Tao.

Y no sabía si le gustaba esa idea.

La inexplicable incomodidad que sintió al ver esa escena lo incentivó a volver a la batalla. Él estaba enamorado de Miyu, lo había estado desde siempre, pero en el fondo —muy en el fondo— pensaba que Hina era su opción segura. La segunda. La que nunca era elegida por nadie... Igual que él.

—¡Son demasiados! ¡Nos están rodeando! —exclamó Chocolove, notando que ya no tenían escapatoria.

Los shamanes en combate se reunieron cerca de los heridos, creando un círculo alrededor de ellos para protegerlos. No habían logrado avanzar ni un solo poco en su camino, ya que Los Salvadores se mostraban implacables en su intento por detenerlos.

—Esto... se ve muy mal —murmuró Miyu, aterrada.

El color oscuro de la vestimenta de los apaches le empezaba a nublar la vista. Necesitaban pensar en algo rápido, sino todos acabarían siendo asesinados.

—¿Qué hacemos, Ren? —preguntó Chocolove, desesperado.

Pero tampoco Ren veía una abertura entre la multitud de guerreros iracundos que los rodeaban.

A segundos de ser acabados, Miyu tuvo una idea:

—Si utilizo mi poder, podremos escapar —susurró a Tsubaki.

—¿Cómo piensas hacerlo? —La voz de la fantasma se escuchaba desde la espada que posesionaba.

Con decisión, Miyu volteó hacia la tarotista y le dijo:

—Hina, por favor dime cómo detener el tiempo.

—¿Qué? —se sobresaltó ella.

Ninguno de los presentes comprendió el significado de sus palabras, con excepción de Kou.

—Debo usar un reloj, ¿no? —continuó Miyu—. ¿Es posible que tú lo tengas?

En ese momento, el semblante de Hina ensombreció, pero fue el pelirrojo quien recibió su mirada llena de ira.

—Hijo de perra, no creí que serías capaz de decirle...

—Mi lealtad está con Miyu —se defendió Kou, manteniendo la atención fija en sus oponentes—. La única razón por la que te obedecí y le oculté todo fue porque pensé que también querías salvarla.

—¡Lo que ocurrió en el pasado no importa! —interrumpió Miyu, agachándose junto a Hina para tomarla de los hombros—. ¡Solo dime cómo hacerlo! ¡Quiero que todos salgamos vivos de esta!

Normalmente la tarotista se lo hubiese pensado dos veces antes de responder, hubiese sopesado la situación con exasperante cautela. Pero ya no había tiempo para eso. Debían actuar de inmediato.

—¿Recuerdas cuando te empujé del tejado? —preguntó a Miyu. Ella asintió—. En ese momento detuviste el tiempo para proteger tu vida de la caída, incluso lograste quebrar un poco el espacio. Han pasado meses y esas calles siguen dañadas por tan fuerte impacto.

—¿Quieres decir que...? —La chica estaba intentando comprender.

—El reloj que Kou te mencionó no es un objeto común y corriente, sino que fue creado por tu propio poder espiritual. Nadie puede arrebatártelo. Si quieres controlar el tiempo y el espacio, materialízalo, tienes suficiente energía para hacerlo, pero... —Hina detuvo sus palabras para indicar el pecho de Miyu con el índice, específicamente su corazón—. Es imposible que aprendas a activar tan rápido esa habilidad. Tendrás que arriesgar tu propia vida, como en aquella ocasión.

—Un momento, Hina —intervino Yoh, quien estaba tras ella—. No aceptaré que vuelvas a poner en peligro a Miyu con tus engaños. ¿No recuerdas nuestro trato?

—¡Hablo en serio! Ella no debería tener esta información, pero Kou es un imbécil de primera, así que no tiene caso seguir ocultándola. Además, si no lo consigue igualmente pereceremos en este lugar.

—Miyu no necesita usar ese maldito poder —dijo Kou, furioso de pensar que, si no fuera por ese legado de Yumeko Asakura, Hao seguramente jamás se hubiese interesado en ella—. Los venceremos con nuestra fuerza, ¿no es así, Mi-?

Pero apenas el pelirrojo volteó hacia Miyu, ella ya estaba corriendo hacia Los Salvadores con la espada envainada, haciendo exactamente lo que Hina le indicó: arriesgar su vida. Tanto Yoh como Kou e incluso Hina y los demás reaccionaron lo más rápido que pudieron, corriendo tras ella o llamando su nombre para detenerla.

Sin embargo, Miyu se caracterizaba por ser una de las más rápidas del grupo y no tardó en estar frente a frente con un enorme apache, completamente desarmada. Él alzó un hacha sobre su cabeza y, mientras cerraba los ojos con la esperanza de que su poder se activara antes del impacto final, alguien la empujó violentamente hacia un costado.

Lo siguiente que escuchó fue una pesada caída y algo que se rompía.

Al abrir los ojos, vio el suelo manchado de sangre.

—¡Chocolove!

El bullicio de los nativos calló durante una milésima de segundo, suficiente para que la voz de Yoh se dejara oír en el silencio absoluto.

La figura de Chocolove estaba atascada en el arma enemiga, derramando sangre sobre el mismo sitio donde Miyu se encontraba segundos atrás. El apache desencajó el hacha de su espalda con una siniestra sonrisa y vitoreó la hazaña con sus compañeros. Los shamanes se desgarraron la garganta al ver el cuerpo de su amigo caer.

Miyu observó la escena en cámara lenta, presa de un profundo shock. ¿Qué acababa de pasar? ¿Por qué Chocolove estaba ahí? ¿Estaba... muerto?

Solo entonces recordó que él era mucho más rápido que ella, que si alguien podía darle alcance y defenderla del ataque, era él.

Y la culpa destrozó su corazón incluso antes que la tristeza.

Ren y Lyserg corrieron al encuentro de su amigo con expresiones horrorizadas e incrédulas. Revisaron la herida mortal, confirmando que no había forma de sobrevivir semejante ataque. Yoh, Horohoro y Ryu se reunieron con ellos a duras penas, arrastrando los pies por los efectos del veneno aún presentes en sus cuerpos, pero sin poder detenerse a pesar del riesgo.

Chocolove era uno de sus mejores amigos, alguien a quien no creían que volverían a ver por última vez en ese viaje. Sin poder evitarlo, las lágrimas inundaron sus ojos.

—No puede ser... —sollozó Yoh, destrozado.

Verlo así acabó por quebrar a Miyu, quien no podía aceptar lo que acababa de suceder. Chocolove estaba muerto. Peor aún, se había sacrificado para salvarla a ella. ¿Cómo podía seguir viviendo con ese peso sobre sus hombros?

Kou notó que los apaches ya estaban preparando un nuevo ataque, aprovechando el duelo de los shamanes para matarlos de forma desprevenida; pero sin importar cuántas veces le alertara a Miyu del peligro para que se incorporara del suelo, ella no le hizo el menor caso. Su cuerpo seguía paralizado por la fuerte impresión y el pecho le dolía tanto que apenas podía respirar.

Ni siquiera Hina reaccionó ante el implacable final que se cernía sobre sus cabezas.

—Estamos acabados —masculló con la cabeza entre las manos y la voz temblorosa—. Ese era... uno de los cinco guerreros elementales. Ya no podremos volver... ¡Ya no podremos volver a la línea de tiempo donde todo sale bien! ¡Señor Hao...!

El único que la escuchó desmoronarse fue Fausto, quien acababa de despertar, pero no le prestó demasiada atención. Al igual que sus compañeros, solo podía pensar en la terrible pérdida que acababan de sufrir y en su cuerpo completamente inmóvil, incapaz de defenderse. Tal y parecía que todo había llegado a su fin. No había forma de ganar ese combate.

Presa de la desesperación, Miyu se llevó deliberadamente una mano hacia la nuca y pensó: "Vamos a morir. Tal vez deba llamarlo. Es nuestra última esperanza."

No obstante, antes de pronunciar el nombre de Hao, la alegre sonrisa de Chocolove invadió sus recuerdos. No tenía derecho a llorarlo como Yoh y los demás, quienes habían compartido un sinfín de aventuras con él; no sabía si podía considerarse su amiga en tan poco tiempo, pero aun así los momentos que vivieron juntos en Towa se grabaron a fuego en su corazón. Las constantes bromas, los entrenamientos, las conversaciones rebosantes de energía acerca de sus sueños y esperanzas.

—¡Chocolove...! —Miyu llamó su nombre en medio del pánico, rezando para recibir su ayuda desde el más allá.

Los apaches estaban a escasos centímetros de concretar su ataque contra los shamanes cuando el cuerpo de Miyu emanó un potente resplandor que los detuvo. En el interior de esta luz absoluta, la chica desprendió de su pecho una figura esférica que no tardó en materializarse en un reloj plateado.

—¡Esto es...! —Miyu reconoció el objeto que Tsubaki le describió.

—¡Hazlo ahora, Miyu! —exclamó su espíritu acompañante.

Guiada por su intuición, la chica presionó el botón superior del reloj, el cual solía utilizarse para detener el correr de las manijas de ese tipo de reliquias. Para su profundo desconcierto, todas las personas a su alrededor quedaron congeladas en el tiempo, tanto los apaches como sus amigos.

—Lo logré... ¡Lo logré, Tsubaki! —exclamó, sosteniendo el reloj entre sus manos—. ¿Tsubaki?

Pero cuando Miyu le habló a la guerrera, ella no le respondió. Al voltear, la encontró completamente petrificada con la boca abierta, justo en el momento en el que le indicó que actuara. Eso significaba que su poder no solo afectaba a los vivos, sino también a los muertos.

—El alma de Yumeko Asakura está conectada al Espíritu del Tiempo. Es como si fuera su espíritu acompañante —habló una voz conocida que la sobresaltó—. Del mismo modo que el señor Hao puede manejar el fuego con uno de los poderosos espíritus elementales que robó, tú puedes manejar el tiempo. Pero un poder así no es fácil de utilizar.

Miyu se colocó de pie, llevándose el reloj al pecho. Tenía miedo de que en cualquier momento el hechizo se deshiciera.

—Hina —pronunció su nombre, muy sorprendida de que precisamente ella fuera la única persona capaz de moverse en esa dimensión congelada—. ¿Por qué tu tiempo no está detenido?

—"El Juicio" es una carta que nos mantiene unidas, querámoslo o no —le explicó ella, caminando hacia donde se encontraba con solemnidad—. Mientras siga activa, tus recuerdos están siendo retenidos por mí, por lo que no podrás congelar mi tiempo a menos que nuestro vínculo se disuelva.

—Cuando Kou me contó todo, no creí que realmente pudiera controlar el tiempo. Es demasiado surreal...

—¿Eso crees? Una vez tuve la oportunidad de conocer al Espíritu del Tiempo.

—¿Eh? ¿De verdad?

Hina se detuvo unos pasos delante de ella. Miyu creyó ver que sonreía al recordar, aunque fuera por un mísero instante.

—Tiene una personalidad difícil. Es imposible saber qué piensa, ni hablar de predecir sus acciones —respondió la tarotista—. Pero es evidente que tenderá a preservar el cuerpo humano en el que habita, por lo que una fuerte conmoción emocional como la que acabas de experimentar es perfecta para forzarlo a actuar a tu favor.

Su forma racional de hablar molestó profundamente a Miyu, quien apretó sus puños. Ni siquiera quería pensar que su intento por activar el poder del Espíritu del Tiempo fue la causa de la muerte de Chocolove, incluso si esta acción acabó por dar el resultado esperado.

—¿Dices que ese gran espíritu está dentro de mí? —preguntó, manteniéndose seria.

—Lo que quiero decirte, Miyu, es que no puedes confiar en este poder. Tú solo eres un medio para el Espíritu del Tiempo. Es él realmente quien toma la decisión de obedecerte o no. —En ese momento, una de las cuchillas de Hina se deslizó bajo la manga de su kimono. Miyu tuvo una mala experiencia la última vez que ella hizo eso, por lo que su acto reflejo fue retroceder. Hina ignoró el gesto y continuó hablando—: Y ya que ahora decidió detener el tiempo para ti, tienes que actuar rápidamente. Ve y córtale la garganta a Los Salvadores.

—¿Qué... dices?

—Si les hieres en otra zona del cuerpo, puede que se levanten igualmente y no estamos en condiciones de pelear. Tienes que matarlos a todos.

Miyu no acababa de procesar la indicación de Hina cuando ella volteó la cuchilla y se la entregó. Sus dedos temblaron al momento de rodear el mango del arma; observó su reflejo en la hoja, evidenciando un rostro pálido y empapado de lágrimas.

—De acuerdo. Lo intentaré —respondió con voz queda, dirigiéndose como un autómata hacia el apache que mató a Chocolove.

Ella nunca había asesinado a nadie, pero las palabras de Hina le parecían razonables. No quería que esos monstruos le arrebataran al resto de sus amigos: debía exterminarlos del mismo modo que ellos lo hacían con los otros shamanes.

Miyu sostuvo el mango con sus manos y se detuvo frente al asesino de Chocolove, el apache de gran tamaño que dirigía una expresión llena de odio hacia Yoh y sus amigos. Apuntó el filo de la cuchilla contra su garganta y solo entonces comprendió lo que estaba por hacer. Sus extremidades comenzaron a temblar.

"Este sujeto mató a Chocolove y no se arrepiente de ello. No lo puedo perdonar... No puedo..."

Sin embargo, los segundos pasaron y la cuchilla permanecía en el mismo lugar. Al percatarse de esto, los ojos de Miyu volvieron a empañarse.

—Eres patética —dijo Hina, inesperadamente cerca de ella. Podía sentir su respiración helarle la nuca—. Dejas que uno de tus compañeros muera por ti y después ni siquiera puedes hacerte cargo de ello. No has cambiado nada: sigues haciendo que los demás hagan el trabajo sucio en tu lugar.

Sus palabras eran filosas y sin atisbos de piedad, pero el tono aterciopelado y susurrante la embelesaba, como si fueran parte de un hechizo. Cuando ella deslizó sus manos sobre las de Miyu y le arrebató la cuchilla con decisión, un gesto bastó para que la castaña se retirara hacia atrás, permitiéndole el paso con sumisión.

—Bueno, no sería la primera vez que me mancho las manos por ti —continuó diciendo Hina—. Parece que estoy destinada a cargar tus pecados en mi espalda.

Y dicho esto, la tarotista clavó la cuchilla en la garganta del apache. Para sorpresa de Miyu, la sangre no manó en lo absoluto y supuso que se trataba porque el tiempo de su cuerpo estaba detenido.

En silencio, Hina paso por todos los apaches y le cortó la garganta a cada uno sin siquiera vacilar. Miyu observó esta acción con detenimiento, pues si bien el impacto mayor sería una vez empezaran a sangrar, no dejaba de ser escalofriante que Hina cometiese varios asesinatos con tanta facilidad.

—¿Hina...? —La llamó, mientras la tarotista continuaba su labor—. ¿Cómo puedes... matar sin pensar?

—Cualquier aliado del señor Hao puede hacer esto, excepto tú —respondió Hina con sencillez, encogiéndose de hombros—. Nunca has matado a nadie, pero aun así el señor Hao te considera su favorita. Eso solo habla de lo volubles que son los hombres.

Y siguió rebanando cuellos.

Una parte de Miyu quería detenerla, decirle que no era justo arrebatar tantas vidas de ese modo, pero también coincidía en que no había otra forma de sobrevivir. De todas maneras, no sentía que tenía derecho a opinar. No después de lo sucedido a Chocolove.

Sin poder evadirlo más, dirigió una mirada hacia el cadáver del moreno. Ren lo alzaba levemente por la espalda y un hilillo de sangre caía desde la comisura de sus labios, los cuales estaban entreabiertos. En esa posición podía notar que la herida que se originaba en su espalda alcanzó a atravesar su estómago. No obstante, su expresión era mucho más tranquila de lo que Miyu esperaba.

"Lo siento, Chocolove", le dijo en pensamientos, esperando que el espíritu del muchacho pudiese escucharla.

—Puedes presionar el botón —Hina dio esta indicación después de cortar la última garganta.

Miyu obedeció y el tiempo inmediatamente volvió a correr, permitiendo que las heridas en los cuellos de los apaches se abrieran de forma simultánea. La sangre saltó por todos lados, empapando el impecable kimono de Hina de pies a cabeza; incluso Miyu recibió algunas gotas que mancharon su ropa y rostro.

Pero los más impactados, sin lugar a dudas, eran sus amigos.

—¿Qué... está pasando? —susurró Yoh, contemplando cómo los sorprendidos apaches caían a su alrededor.

Desde su perspectiva, esto había sucedido de un segundo a otro y sin explicación.

Después de la caída del último nativo, solo quedó en pie la tarotista entre ellos, quien sostenía una sospechosa cuchilla ensangrentada. Ella observó desafiante a sus desconcertados compañeros, sin mostrar ningún remordimiento.

Yoh hizo amago de querer hablar y exigir explicaciones, pero Miyu lo detuvo sosteniendo su brazo y desviando su atención.

—Tenemos que partir —le indicó con simpleza, forzando una sonrisa.

—¿Miyu? —Yoh no entendía nada, pero notó que la chica estaba temblando y apenas se podía sostener de pie. De su cuello ahora colgaba un misterioso reloj de plata.

"¿Qué acaba de pasar?"

Pero la urgencia le impidió preguntar. Necesitaban desaparecer de ese sitio cuanto antes, pues no estaban en condiciones de resistir una nueva emboscada.

Ren cargó el cadáver de Chocolove entre sus brazos, comprometido a buscarle una sepultura decente, y llamó a Hina por su nombre, tal y como había hecho antes. La muchacha cubierta de sangre simplemente lo siguió como un fantasma sin rumbo, pues incluso en esa situación podía notar que su voz no mostraba rechazo hacia ella. Tal vez, sin la necesidad de explicar nada, Ren entendía el por qué de la decisión que acababa de tomar. O al menos eso quería creer.

Los shamanes se ayudaron entre sí para salir de la aldea Apache, comprendiendo que esa oportunidad no se volvería a repetir.


NOTAS DE LA AUTORA:

¡Hola a todos! ¿Qué tal están? ¿Están viendo el anime de Flowers?

Yo estoy muy feliz, pues al fin tuvimos el reencuentro más esperado por los lectores :D

Sé que los capítulos anteriores pudieron sentirse algo lentos, como ya les he dicho, no pensé que me tomaría tanto narrar el Flash-Back y volver a retomar la historia principal. La parte positiva es que desde este capítulo en adelante no dejarán de ocurrir eventos canónicos como el de Chocolove, de hecho, espero no cometer el error contrario y acelerarme demasiado en la narración. Estaré atenta a sus comentarios para tener cuidado con estos puntos.

Mayu Miname: Yo también amo la dinámica entre Hao y Miyu, ¿qué puedo decir? ¡Me encantan como pareja! Aunque la extensión de la historia no me ha permitido traerles más material de ellos, es una de mis deudas pendientes. Por otro lado, este capítulo en particular nos trajo el esperado reencuentro entre Yoh y Miyu, ojalá te haya gustado :D todos tus reviews me han mantenido motivada con este fic, así que de verdad gracias por seguir pendiente de las actualizaciones ;_;

IkusaHiito-kun: ¡Puedes decir lo que quieras con confianza! Ya te he dicho que me encantan tus comentarios, además, tienes toda la razón: la tensión entre Miyu y Hao es totalmente sexual. Me hizo muy feliz saber que la escena entre Miyu y su papá te emocionó tanto, detalles así me hacen sentir que vale la pena seguir escribiendo. Las historias con OC's nunca son muy populares, por lo que en verdad valoro mucho que me sigas acompañando en este viaje :)

¡Gracias a todos por leer! Y por favor no olviden dejar sus reviews :D