-Este fic es una adaptación del manga y anime "Versalles no Bara" de Riyoko Ikeda junto a la película de 1979 "Lady Oscar" de Jacques Demy, la película conmemorativa de 1989 "La Revolución Francesa" y la película "Maria Antonieta: La Reina Adolescente" de Sofía Coppola. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario y modificaciones las personalidades, hechos y trama corren por mi cuenta y mi entera responsabilidad. Les sugiero oír "Say Yes to Heaven" de Lana del Rey para Sakura, "Until I Found You" de Stephen Sanchez para Sasuke, "Primadonna Girl" de Marina para Ino y "Born to Die" de Lana del Rey para el contexto del capitulo.


Junio de 1778/Petit Triannon

Los consejos de su queridísimo hermano mayor, el co-Emperador Deidara, habían probado ser completamente acertados, y a los pocos días de que este hubiera partido de regreso a sus territorios—más específicamente Baviera, cuyas tierras aspiraba a reclamar tras la muerte de su última esposa—, Choji y ella comenzaron a mostrarse más cercanos el uno al otro; podrían haber intentado consumar su matrimonio durante la estadía de su hermano Deidara en la corte, pero se habían sentido inmensamente incomodos a la par que presionados por ello, y en cualquier caso ambos necesitaban meditar interiormente y planear como actuar. Siguiendo las instrucciones que su hermano Deidara le había dado en privado, y no queriendo imaginar que le había dicho este a Choji en privado, la primera noche Ino intentó ser la tentación misma, usando el camisón más rebelde que poseía, soltando sus largos cabellos rubios de los habitualmente elaborados peinados, besando a su esposo una y otra vez, tomando la iniciativa—justo aquello que su madre le había dicho que no debía hacer—, sintiendo que ambos estaban en el lugar y momento correcto…todo era un borrón de pasión en la mente de Ino, quien jugó con la pluma con que escribía, acariciándose el mentón y cuello, rememorando los besos de su esposo, sabiéndose por fin y en toda regla la reina de Francia, juntando las piernas bajo la falda de su vestido y ya añorándolo en su cama esa noche, incansable en su labor de concebir cuanto antes el heredero que Francia necesitaba y que esperaba limpiara su reputación.

Mi queridísima madre, nunca había sido tan feliz como lo soy ahora. Hace ocho días que el matrimonio está totalmente consumado; la prueba se ha repetido y ayer incluso de una forma más completa que la última vez. Tengo la esperanza de poder estar embarazada de un momento a otro, Ino releyó la carta con entusiasmo y emoción renovada en su interior, doblándola lentamente tan pronto como la tinta se hubo secado y sellándola con lacre antes de escribir el destinatario en el exterior del documento, impregnando unas gotas de su perfume como acostumbraba y tendiéndosela a una de sus leales doncellas, que la reverenció respetuosamente antes de proceder a retirarse. Recordando aquel acontecimiento hace un par de meses, Ino fue regresada a la realidad cuando una de sus doncellas se asomó por la puerta de sus aposentos, dándole la señal que la Yamanaka tanto necesitaba, levantándose de su lugar y alisando ominosamente la falda de su vestido; hecho de seda durazno, la tela abrazaba su esbelta figura, con un bello corpiño repleto de detalles en encaje y bordados florales en el centro en V, de amplias mangas que se abrían como lienzos bajo los brazos y falda lisa, con su largo cabello rubio elegantemente peinado en un tocado alto y adornado por plumas, con pequeños pendientes de diamantes rosa enmarcando su rostro cuando su esposo cruzó el umbral de la habitación, gracias a las puertas que se hallaban abiertas de par en par. El rey tenía una expresión de angustia, habiendo sido informado que su esposa necesitaba verlo.

—Me dijeron que era urgente, ¿Qué sucedió?— interrogó el Akimichi al detenerse frente a su esposa. —Llamaré a los guardias y desterraré de la corte a quien…— fue silenciado cuando su esposa alargó una de sus manos para entrelazarla con la suya, guiando esta para colocarla sobre su vientre, dejándolo mudo.

—La partera acaba de irse y lo ha confirmado, pero quería que fueras el primero en saberlo— informó la Yamanaka, respondiendo la inmediata incógnita que surgió en su mente, —no quería que nadie te quitara la alegría— agregó, ella misma casi brincando a causa de la emoción y más al sentir su tacto afianzarse sobre su vientre, conmovido.

—Gracias— suspiró Choji, apenas y pudiendo procesar tan maravillosa noticia. —Gracias, gracias…— repitió una y otra vez, no alcanzando a dimensionar lo feliz que estaba.

Debido a su embarazado, confirmado por la partera que se había retirado antes de que ella se sumergiera en sus pensamientos, Ino sabía que debería volver forzosamente a la corte de Versalles, no era lo que deseaba, pero un embarazo real debía ser público hasta donde ella estaba informada, apenas se anunciara su condición ella se volvería nuevamente el centro de atención, su vida volvería a ser del dominio público de toda Francia…poder tan siquiera tener la privacidad de decirle a su esposo que estaba embarazada era en sí mismo un pequeño milagro, una alegría, y que ella estaba feliz de proporcionarle, siendo atraída por él en un efusivo abrazado que la tomó gratamente por sorpresa, sintiéndose a salvo y segura, al igual que al bebé en su vientre. El abrazo con que Choji envolvió a Ino no era solamente por la buena noticia, ¡Iba a ser padre!, ¡Iban a ser padres! Era la mejor noticia que había recibido desde que era rey, la primera había sido en sus días de Delfín por saber que se casaría con ella, aunque en su momento no lo había visto como algo bueno; su matrimonio con Ino era una alianza política, y sin embargo ambos se amaban, se lo decían todos los días, y ahora una pequeña vida iba a nacer del amor que tenían el uno por el otro; a Choji no le importó en absoluto si Ino estaba esperando un niño o una niña, todos en la corte y en Francia esperaban que naciera un niño y heredero, un Delfín, pero a él no, todo lo que Choji deseaba era tener una familia con Ino y ahora ese sueño lentamente se estaba cumpliendo. Sin apartar su mano del vientre de su esposa, Choji deseo que su felicidad fuera eterna…


Cuatro Meses Después/Palacio de Versalles

Tener que mostrarse ante la corte cada día, pasear, sonreír, mostrar o presumir su vientre en constante crecimiento no era en absoluto la rutina que Ino hubiera imaginado para su inminente maternidad—teniendo entre seis y siete meses—, pero fue aquella a la que debió someterse; al menos ya no tenía el molesto ritual de vestirse con toda la corte delante por las mañanas, aun debía cambiarse de ropa varias veces al día, pero tenía inmensas libertades a comparación con su llegada a Versalles hacía ya ocho años. Al menos podía tener intimidad en su espacio personal, en sus aposentos y cuando no paseaba por la corte para presumir forzosamente su embarazo, pudiendo moverse diariamente en camisón y bata, acompañada por sus doncellas más leales al igual que sus queridas amigas; la princesa Matsuri y la duquesa Tenten, como ahora, sentada en la parte trasera de su cama y observando atentamente como Sakura media la circunferencia de su prominente vientre de siete meses con un largo lienzo de tela con centímetros marcados, dándole las medidas a Sasuke, quien sostenía un pequeño libro repleto de anotaciones. No había muchas personas de la corte en quienes Ino pudiera confiar, por lo que en sus peores momentos y arrebatos emocionales no dudaba en acudir a Sakura, y ella había comenzado a pedir consejo a Mikoto—la madre de Sasuke—, quien había dado muchas instrucciones sobre cómo seguir el progreso del embarazado, habiendo llevado ella un minucioso registro del suyo, de ahí el pequeño libro que el Uchiha sostenía.

—¿Y están seguros que este es el método más científico?— inquirió Ino solo para estar segura, confiando plenamente en ellos.

—Según mi madre, sí, por lo que he de creerle— contestó Sasuke sin alzar la vista del pequeño libro que sostenía.

—¿Y tu madre, Sakura?— consultó la reina, sorprendida de que su guardiana no pidiera la ayuda directa de su progenitora como haría toda hija.

—Los aristócratas tienen formas demasiado curiosas para tener bebés— desestimó Sakura con una sonrisa, —y ya que mi madre solo tuvo niñas, si creemos que este bebé será niño, debemos seguir el ejemplo de alguien que tuvo uno— justificó acercándose a Sasuke para revisar juntos las anotaciones del diario, pasando página a página.

—¿Y bien?— cuestionó la Yamanaka, loca de la curiosidad y ansiedad entremezcladas.

—Cinco centímetros más que el mes anterior— leyó el Uchiha en voz. —Según esto, es perfectamente normal para un embarazo de seis o siete meses— tendió el diario a Sakura, quien asintió mientras revisaba las anotaciones.

—Que Dios me ayude si nace una niña— suspiró la reina, dejándose caer de espaldas sobre la cama.

Al momento de enterarse de que su matrimonio ya estaba totalmente consumado—con Choji y ella haciendo el amor todas las noches, con mesura, pasión y deseos mutuos de complacer al otro—, su madre la Emperatriz Miyuki no la había felicitado precisamente, es decir, si estaba feliz de que ello por fin hubiera ocurrido, pero en sus palabras "el trabajo no estaba hecho realmente" con solo consumar su unión y esperar que el embarazo llegara, por lo que su consejo fue redoblar sus esfuerzo en la intimidad y yacer con su esposo lo más posible hasta concebir al heredero que se necesitaba. Fue una suerte que Ino ya se hubiera quedado embarazada para el momento de recibir la respuesta de su madre, sosteniendo que había hecho algo bien, acariciando ahora su vientre a través de la tela del camisón, pudiendo sentir las difusas patadas que el bebé en su vientre le proporcionaba, rezando porque fuera un varón; no es como si fuera a tener problema si el bebé era niña, estaría igualmente feliz por ello, pero no podía decir lo mismo de la corte, de Francia o de su queridísima madre en Austria, puede que hasta su hermano Deidara—con quien mantenía correspondencia especialmente cercana desde su partida—estuviera feliz si ella tenía una niña, pero no podía decir lo mismo del resto, a excepción de su esposo. Acercándose para tomar asiento sobre la cama, junto a la reina, Sakura entrelazó una de sus manos con la de Ino, quien desvió la mirada en su dirección, estrechando su mano contra la suya y agradeciendo contar siempre con ella.

—Si sucede, habrá muchas oportunidades de intentar tener un varón, Majestad— intentó animar Sasuke, pues no le había tomado tanto quedarse embarazada.

—Dile eso a mi madre— contrarió Ino, entornando los ojos. —Me encantaría una niña, y sé que debería anteponer la sucesión, pero temo la reacción de mi madre y decepcionar a todos— admitió regresando su atención a la Haruno sentada a su lado.

—Pues la Emperatriz no está aquí; yo sí— refutó Sakura con una amable sonrisa. —Y sé que todos amaran a lo que nazca de ti— el rey lo haría y quienes la amaban.

—No sabes cuánto aprecio que digas eso— sonrió la rubia, permitiéndose el sentirse libre de preocupaciones. —Muchísimas gracias, Sakura; también a ti, Sasuke— apreció enfocando su mirada en el Uchiha.

—De nada, me alegra ser útil— sosegó el azabache, recibiendo el diario de manos de Sakura y regresándolo a la caja en que lo había traído junto a la cinta de medir.

—Y yo quiero llevar registro de todo— respaldó la pelirosa, contagiada de entusiasmo por el embarazo de la reina.

—Puede que los haga padrinos honorarios— comentó la reina, deseando poder hacerlo.

Una ligera risa no pudo evitar salir de los labios de Sakura, volviendo la mirada hacia Sasuke, quien sonrió ladinamente, inclinando la cabeza y agradeciendo la consideración que la reina—que jamás lo trataba como a un sirviente o plebeyo, sino que solo como a un amigo, al igual que hacia Sakura…algo así, ya que su relación era cada vez más íntima y cercana—tenia para con él. Sin embargo, luego de que se hiciera el silencio, se escuchó un ligero sonido del otro lado de las puertas de la habitación privada de la reina, tanto Sakura—con su agudo sentido del oído—como Sasuke lo notaron, la pelirosa permaneciendo junto a la reina por su seguridad y Sasuke rodeando la parte trasera de la cama, indicando a las damas presentes y que ocupaban los escaños tras la cama que permanecieran donde estaban, acercándose a abrir una de las puertas…mas no había nadie ahí. Lo había habido, sin duda, Sasuke lo corroboró al inclinarse para recoger un papel doblado del suelo, volviendo la mirada por sobre su hombro antes de cerrar la puerta tras de sí, desdoblando el papel y revelando un nuevo libelo pornográfico sobre la reina. Era el primero que Sasuke veía desde el embarazo de la reina; en el libelo, la reina aparecía retratando teniendo relaciones con el príncipe Orochimaru, uno de tantos nobles que en vano intentaban ganar su favor en la corte y se volvían cercanos a ella, era una mentira…pero que los ignorantes creían. Sakura se levantó de la cama junto a la reina, acercándose a Sasuke, quien le tendió el libelo, haciéndola suspirar por lo bajo.

—¿Qué pasa?— preguntó la reina sentándose sobre la cama y observándolos preocupada.

—Siguen rondando— suspiró la pelirosa, volteando el libelo y mostrándoselo a su reina.

—Creí que embarazarme haría que los rumores disminuyeran, pero no lo ha hecho— se lamentó la Yamanaka en voz baja.

—Ignóralos, no dejes que el bebé sienta nada de esto— aconsejó la Haruno, no deseando que se angustiara innecesariamente.

—Tienes razón, no me hace bien— asintió Ino, repitiéndoselo mentalmente una y otra vez.

No importa que llevara ocho años en Francia, no importaba que primero hubiera sido Delfina y ahora reina, no importaba que llevara el hijo indiscutible del rey en su vientre—no había estado con otro hombre y había esperado siete años para que su unión se consumara como era debido, además y aunque coqueteaba con nobles, lo hacía porque esa era la costumbre de una reina en la corte—, no importaba que no hiciera nada para despertar lo malos pensamientos de la gente, estos la odiaban sin razón, la llamaban "Austriaca" o "Perra Austriaca", y se beneficiaban o gozaban de verla sufrir. No queriendo pensar en nada de eso, Ino bajo la mirada a su vientre, centrándose en su bebé en camino únicamente, diciéndose que cuando diera a luz un varón, todo este hostigamiento de parte de sus enemigos o de los nobles ambiciosos en la corte desaparecerían, pero…¿Y si daba a luz una niña? Ino ni siquiera quiso pensarlo, es más, ni siquiera quiso pensar que sucedería si de cualquier forma diera a luz un varón, ¿Es que la corte seguiría cuestionando la paternidad de su bebé? Observando a Ino, preocupada por ella y despreciando enormemente estos juegos tontos de parte de los nobles sin cerebro, Sakura intercambió una distraída mirada con Sasuke, ambos acordando seguir rastreando el origen de estos libelos, sabiendo que la reina no diría nada de ello al rey para no angustiarlo o preocuparlo innecesariamente, y en cualquier caso no había mucho que él pudiera hacer, el tema ya estaba demasiado extendido.

Y no se veía una solución a la vista.


18 de Diciembre de 1778/Palacio de Versalles

Durante el resto de su embarazo, la reina Ino pidió dinero a su esposo para pagar las deudas de aquellos pobres que estaban encerrados en prisión por no poder pagar a las nodrizas de sus hijos; el rey Choji y la reina Ino estaban más unidos que nunca, compartían la misma cama todas las noches, eran verdaderamente inseparables fuera de los asuntos de estado…Los dolores del parto comenzaron la noche del 18 de Diciembre, y aunque la reina ya hubiera experimentado suficiente interferencia de la corte y los nobles durante su embarazo, tuvo que callarse y soportar el agónico dolor del parto cuando su habitación privada se vio abordada por una multitud que—de acuerdo al protocolo de la corte—debía presenciar el alumbramiento, el único consuelo para la reina fue tener a sus queridas amigas la princesa Matsuri y la duquesa Tenten durante las largas siete horas que duró el parto, viendo emerger el sol en el horizonte e iluminando la habitación, hora tras hora en tanto ella pujaba y buscaba ayudar a que el bebé en su vientre llegara al mundo, con el aire sintiéndose sofocante ante las puertas y ventanas cerradas, con alrededor de cincuenta personas presentes dentro de su habitación y el doctor examinando entre sus piernas en tanto el parto avanzaba. Tras un último esfuerzo, que detonó el primer llanto de la criatura—examinada y lavada por el doctor y la partera—, la reina se desmayó debido a la falta de aire en la habitación, ante lo que su esposo el rey ordenó a los nobles que abrieran las ventanas, corriendo él junto a la cama para sostener la mano de su esposa, que abrió los ojos tras unos instantes de inconsciencia.

—Mi amor— sonrió el rey Choji, inclinándose para besar el dorso de la mano de su esposa al verla reaccionar, habiendo contenido la respiración por la angustia.

—¿Qué fue?, ¿Un heredero?— preguntó Ino con un hilo de voz, en tanto su esposo volvía la mirada hacia el doctor que le dirigió una mirada en particular al responderle.

—Una princesa, como tú— negó el Akimichi sin estar decepcionado por ello, todo lo contrario.

—Ojalá hubiera sido un niño— se lamentó la Yamanaka en voz baja, sintiendo que había fracasado. —La próxima vez lo será— prometió, encontrando su mirada con la de su esposo.

Estaba feliz, cualquier bebé que naciera de ella, niña o niño, era una alegría, porque era suyo y ella veía la misma alegría en el rostro de su muy amado esposo…pero no era tonta, sabía que diría su madre la Emperatriz Miyuki en su próxima carta apenas recibiera la noticia del parto, le haría imperativo recuperarse del parto y volver a quedarse embarazada apenas la cuarentena terminase, porque su posición seguía sin ser segura, algunos verían el nacimiento de una niña como una decepción, una labor mal hecha, pero Ino no pudo verlo así en ese momento, haciendo un ligero esfuerzo para sentarse mejor sobre la cama y volviendo la mirada hacia el doctor y la partera, ansiosa porque estos le entregaran a su hija para cargarla. Luego de largos minutos junto a su esposa, el rey Choji se levantó y volteó a enfrentar a la corte, que se hallaba curiosa sobre el sexo del bebé, hasta entonces secreto entre el doctor y la partera, así como las doncellas de la reina y que procedieron a vestir a la bebé con la ropa que ya había estado dispuesta y que no estaba hecha para un género necesario; las palabras del rey fueron claras e inequívocas, causando tanto alegría como decepción a partes iguales en los nobles que habían asistido al parto, alegría por una nueva vida y siendo esta el primer vástago de los reyes de Francia, pero decepción porque no se tratara de un heredero varón, lo que secretamente alentó a que continuasen los perniciosos rumores contra la reina en cualquier caso. Madames, Monsieurs, tenemos una nueva princesa; Madame Royale


Con el mayor de los cuidados, Sakura recibió a la pequeña princesa Seramu o Madame Royal—título otorgado por el rey Choji tras su nacimiento—de brazos de la reina Ino, quien la había hecho dormir; estando juntas, la reina siempre podía prescindir de la servidumbre del resto de sus doncellas, y Sakura se sentía honrada por tener el privilegio de cargar en sus brazos a la primogénita de sus soberanos, meciéndola con sumo cuidado en sus brazos como había visto hacer a la reina y aproximándose a la cuna que yacía junto a la cama de la reina, para que esta pudiera ocuparse de la bebé en cualquier momento durante sus primeros días. Aunque era una mujer por naturaleza, Sakura había sido criada para actuar como un hombre en todo momento, sublimar sus emociones y actuar como se esperaría de un hombre, pero depositando cuidadosamente a la durmiente bebé al interior de su cuna, la Haruno debió admitir que su corazón se sintió cálido, tuvo deseos de poder experimentar el tener una pequeña criatura que llamar suya, que amamantar, que amar y adorar…pero no podría tener eso. Para lograrlo, debería renunciar a las libertades que poseía por vivir en el mundo de los hombres, debería someterse a ser un mero elemento decorativo, y entonces ni siquiera podría elegir con quien la casarían, ese era el destino de las mujeres y más si eran nobles, con seguridad la apartarían de Sasuke y no estaba segura de poder soportarlo; por ello, Sakura se centró en observar a la pequeña bebé y mecer ligeramente su cuna para que siguiera durmiendo apaciblemente.

—Es la bebé más hermosa del mundo, ¿verdad?— suspiró la reina, absolutamente encantada con su pequeña hija.

—No creo que haya habido nunca una bebé tan hermosa— confirmó la Haruno, meciendo lentamente la cuna de la bebé. —Creo que le agrado, me ve a los ojos y me sonríe— rio observando a la bebé adormecida y que parecía sonreír.

—Tu día llegara pronto, Sakura, no lo dudes— auguró la Yamanaka, deseando que su amiga pudiera experimentar la misma alegría un día.

—Eso quisiera, pero no puedo, no estoy casada— obvió Sakura, repitiéndose una y otra vez que ese era el mejor de los caminos posibles…o la apartarían de Sasuke.

—Tal vez, pero tienes todo lo necesario para poderlo hacer; un hombre— obvió la reina con una discreta, pero pícara sonrisa.

Llevar una vida atiborrada de emociones, viviendo aventuras, apostando, comprando joyas, ropas y embelleciéndose podía sonar muy idílica para una mujer, pero la verdadera felicidad—e Ino lo había entendido—estaba en amar a alguien como ella amaba a su esposo el rey Choji, en disfrutar de las pequeñas cosas y en formar una familia, ahora todo lo que Ino deseaba hacer era vivir una larga existencia para cuidar a su pequeña Seramu y verla crecer, ¿Ser reina? Era su deber, pero no era lo más importante en su mente en ese momento, sabía que debería de dedicarle tiempo…¿Pero no sería mejor para todos si se mantuviera al margen? Si aún apartada de la vida pública la condenaban, quizás si se apartara más, ya nadie tendría quejas sobre ella como reina o "Austriaca". Un ligero rubor se adueñó de las mejillas de Sakura al asociar inmediatamente a alguien a las palabras de la reina; Sasuke, por quien sus sentimientos estaban cada vez más claros, por supuesto que su relación seguía estancada en el mismo punto que meses atrás, interacciones intimas por sobre la ropa y besos muy subidos de tono, pero nada más, nada más era posible al encontrarse permanentemente rodeados de personas tanto en Versalles como en su mansión, había ojos y oídos de terceros en todas partes…pero sus padres habían mencionado que viajarían a Normandía en los próximos días para visitar a una de sus hermanas mayores, por lo que quizás pronto llegaría el momento de tener toda la privacidad que necesitarían para que ella pudiera decirle como se sentía.

—Majestad, ¿Puedo importunarla con un consejo?— solicitó Sakura, no olvidando en ningún momento su posición ante su soberana.

—Claro, el que quieras, ahora me siento como una experta— presumió fingidamente Ino, con una sonrisa cargada de alegría desde que su hija había nacido.

—¿Cómo he de hacerle saber a ese alguien lo que deseo?, ¿Cómo he de tomar la iniciativa?— preguntó la pelirosa, sintiendo que de otro modo Sasuke no haría nada.

—Es complicado— contestó la rubia inicialmente, meditando las palabras correctas. —Mi madre solía decirme que bastaba con ser sumisa y dejar que el hombre hiciera lo que quisiera. Claro que fui muy activa en la concepción y busqué mi placer también, pero es algo que debe aprenderse— diferenció, teniendo cuidado de plasmar que debía lograrse un balance. —Haz lo que sientas natural, será más fácil si amas a ese alguien. Cuando estuve por primera vez con mi amor, lo sentí— sugirió, siendo eso lo que ella había hecho. —Espero que mi consejo te sea útil— agregó, no sintiéndose la voz de la razón.

—Muchísimo, Majestad, gracias— sonrió la Haruno, sintiéndose lo suficientemente valiente para actuar en consecuencia con Sasuke cuando surgiera la oportunidad.

—¿Majestad?— consultó la duquesa Tenten, apareciendo en el umbral de la habitación y recibiendo el inmediato consentimiento de la reina para ingresar. —Os traigo dos tesoros; uno es un festín para los ojos, y otro una alegría para los oídos— anunció queriendo brindarle la mayor alegría posible. —¿Cuál quiere primero?— preguntó emocionada.

—Tengo como norma primero ver, y después oír— advirtió Ino disimulando su sonrisa de entusiasmo, viendo a un caballero reverenciarla desde el umbral. —Adelante— permitió, reconociendo al hombre cuando ingresó y quedo expuesto a su vista. —Monsieur Juzo, si esa caja que trae contiene el collar del que me hablo, deberá hacerla desaparecer. Debilitada como estoy, se convertiría en una gran tentación— previno al ver al caballero ingresar con un estuche bajo el brazo.

—Eso es lo que espero, Majestad— admitió el Biwa, acomodando el estuche y abriéndolo lentamente mientras avanzaba hacia la cama de la reina.

La pieza que el joyero traía consigo debía ser la más valiosa y opulenta de todas, reluciendo contra el aire con solo abrir el estuche; el collar se componía de una delicada guirnalda interior con tres pequeñas vueltas de diamantes pulidos, con uno en forma de lagrima pendiendo del centro a imagen de los tres interiores, y el exterior estaba compuesto de una gruesa cadena de diamantes de dos vueltas, largas y que debían de caer a la altura del pecho, sosteniendo dos finas literas de diamantes como una lluvia de escamas...era norma de las reinas de Francia ser el centro de atención, imponer tendencias de moda y ser la epitome de la elegancia, pero aquella pieza de joyería era tan opulenta en si misma que resultaba hortera a ojos de Sakura que la contempló sin mayor encanto, teniendo su mente en algo más importante para ella; Sasuke. Sintiendo innegable predilección por los diamantes y las perlas, la reina Ino tomó cuidadosamente el valioso collar del interior del estuche para examinarlo mejor, igual de embelesada que la duquesa Tenten…era una pieza maravillosa y que quizás ella en el pasado habría dado todo por obtener, y aunque valoraba su innegable y alto precio, al contemplarlo más atentamente la reina no pudo evitar sentir que aquella era una pieza de joyería de mal gusto, demasiado opulenta y que con el paso de los segundos bajo sus dedos dejo de ser tan encantadora, una voz en su cabeza le decía que la adquiriera y complaciera a la corte que disfrutaba de la opulencia…pero su voz dominante le dijo que no.

—Es un glorioso festín, ¿verdad?— más bien afirmó la duquesa Tenten, maravillada ante lo que veían sus ojos.

—Es precioso— respaldó la reina estudiando la bella estructura de aquella valiosa joya.

—Los dioses saben que el collar ganara belleza alrededor de su espléndido cuello— aseguró Juzo, intentando convencer a la soberana de adquirirlo. —Y 1.600.000 libras es una ganga— la joya no podía venderse a un precio menor.

—Tal vez, pero me temo que no puedo permitírmelo— negó la Yamanaka tras pensarlo, regresando el valioso collar al estuche. —Ahora más que nunca, mi pueblo necesita que piense en ellos, y no podría presentarme en la corte si reclamara de la tesorería semejante suma para costearme un capricho— ya no era una niña, era la reina y una madre.

—¿Y un pago a plazos?— sugirió el joyero, más que dispuesto a acordar tal cosa.

—Lo siento, pero no. Debo mantenerme firme en esto— insistió Ino digno a la par que pétreo. —Gracias— despidió al noble joyero, que la reverenció respetuosamente antes de abandonar la habitación.

—Sabia decisión, Majestad— celebró Sakura con una sonrisa, admirando su actitud.

—La maternidad me ha convertido en una mujer más frugal. No quiero nada de lujos— asintió la reina, ya no sintiendo deseo alguno de ser frívola. —¿Y bien, querida Tenten?, ¿Cuál es la alegría para los oídos?— cuestionó ahora, no olvidando sus palabras.

—Algo inmejorable; el conde Sai ha vuelto— anunció la Namiashi con un chillido de emoción.

Hasta ahora la mayor alegría de Ino había sido disfrutar de alegría de ser una con su esposo, quedarse embarazada y luego disfrutar del paso de los meses mientras su vientre crecía, habían sido los días más felices de su vida y ahora era aún más feliz por tener a su pequeña Seramu que dormía inocentemente en su cuna...pero, por alguna razón que Ino no pudo entender, una deslumbrante sonrisa se plasmó en su rostro, sintiendo como su corazón se aceleraba vertiginosamente y aunque se reprochó el sentir tanto jubilo, no dejo de tener aquella emoción en su corazón. Era inmensamente feliz con Choji, sentía todas las emociones que su madre la Emperatriz Miyuki le había dicho que debía sentir una esposa por su esposo...pero, mentiría si dijera que no se le aceleraba el corazón aún más cuando estaba en presencia del conde Sai, quizás fuera por su atractivo, por su labia, seguridad o por lo seductora que era su presencia, pero Ino se encontraba constantemente teniendo que hacer acopio de su autocontrol emocional para que no se le subieran los colores al rostro, ¿Y por qué? Ella no lograba entenderlo y como siempre sepulto aquellas emociones en su interior. Recordando su anterior desencuentro con el ilustre conde sueco, que la había discriminado por ser mujer, sin saberlo, Sakura entornó disimuladamente los ojos, mas sonriendo muy ligeramente al descender la mirada y observar a la pequeña bebé dormida en su cuna, deseando un día poder experimentar algo así, pero primero debía de convencer a Sasuke de llegar a la culminación.

Esperaba estar a la altura.


Mansión Haruno

Aun con las palabras o el consejo de la reina Ino muy presente en su subconsciente, Sakura regresó a su hogar esa noche, enterándose por Mikoto que sus padres ya se habían marchado a Normandía y que regresarían dentro de varias semanas; por costumbre, Sakura delegó todos los asuntos domésticos a Mikoto y a Hinata, quien se había vuelto su brazo derecho en la toma de decisiones, ya ella por su parte debía centrarse en hacerse cargo de sus propias obligaciones como capitán de la guardia real. Quitándose la guerrera de su elegante uniforme militar, Sakura apenas y pudo contener las melodiosas carcajadas que brotaron de sus labios mientras ingresaba en su habitación, con Sasuke tras de sí y cerrando la puerta a su espalda, teniendo él por su parte una expresión muy seria, mas viéndose sumamente tentado a dejarse seducir por la melodía de sirena que era la risa de su amada, pero el tema que la había detonado no era hilarante ni irrisorio para él. Que la reina Ino se hubiera quedado embrazada había sido una bendición, significaba que por fin había un heredero en camino, y aunque hubiera nacido una pequeña niña, ya había una base para el futuro, ahora era cuestión de tiempo que se concibiera y naciera el heredero…pero, así como la reina ahora tenía nuevas presiones sobre sí misma, el mismo futuro de Sakura estaba en entredicho; aunque había partido a Normandía con su esposa, el señor Haruno había dejado una carta para Sasuke, en que pedía que discutiera el tema de un matrimonio con su hija, de ahí que la pelirosa riera ante la sola idea.

—¿Qué disparates dices?— rio Sakura, controlando lo suficiente su hilaridad para hablar con claridad. —Mírame bien, creo que todos los días envió un mensaje bastante claro a la distinguida corte francesa— señaló, colgando su guerrera en una de las sillas y señalando su innegable atuendo masculino.

—A pesar de eso, tu lista de admiradores es muy larga y sigue creciendo— señaló Sasuke, no pudiendo ignorarlo. —Estoy harto de tener que espantar a tus pretendientes— no era una mentira, sentía celos al respecto.

—Nadie te ha pedido que lo hagas— contrarió la pelirosa con voz seria. —Sé cuidarme muy bien, y estás exagerando— diferenció, teniendo el cuerpo débil de una mujer, pero la voluntad de un hombre. —No sé cómo comenzamos a hablar de esto…No me digas que mi padre te pidió que me convenzas de escoger un esposo, ¿Qué ahora le conviene que sea una dulce señorita?— cuestionó, enfureciendo ante la sola idea.

—No es eso, pero puedo ver que cada vez estás más y más cansada, te es más difícil sostener la mentira en que vives— espetó el azabache, siendo esa la causa, pero también su preocupación por ella.

Por primera vez en años de leal servicio como sirviente de la familia Haruno, y como incondicional amigo de Sakura en todos los aspectos, Sasuke sentía que había llegado a su límite y ni siquiera se debía a causa del amor que sentía por ella, se trataba de que tras veintitrés años viéndola obligada a vivir como un hombre, Sasuke sentía que Sakura había llegado a su límite, puede que en el exterior se mantuviera perfectamente imperturbable…pero cada día su máscara de inalterabilidad se desbarataba más y más; sus sentimientos por él, aquel aire seductor que tenía cuando era consciente de su atractivo, la mirada que había tenido durante el embrazado de la reina y su interés por entenderlo, su afecto por la pequeña Madame Royal…era evidente que deseaba dejar de vivir como un hombre y ser la mujer que era realmente. La parte dominante de su ser, aquella que había existido desde que tenía memoria para vivir siendo un hombre, tuvo deseos de acercarse a Sasuke y voltearle el rostro con una bofetada, no quería admitirlo ante nadie, pero estaba cansada, ya no se veía capaz de mantener la mentira de que era el capitán de la guardia real, ver a la reina, aprender de su maternidad y de lo que le estaba prohibido a ella la estaba consumiendo, y Sakura estaba comenzando a pensar que lo mejor sería enterrarse en el mundo masculino y tratar de volver a mantener la mentira que había crecido experimentando; pero, también deseaba ser una mujer como cualquier otra, amar y dejarse amar por Sasuke, formar una familia…pero eso no le era posible.

—Sí, estoy muy cansada, pero no sé qué más hacer— admitió Sakura por fin, dejando pasar varios segundos de silencio. —Nunca he conocido otra vida que pretender ser un hombre, ¿Cómo se supone que viva como lo haría una mujer?— se preguntó a sí misma, no consiguiendo hallar respuesta. —Confieso que envidio un poco a la reina; poder llevar la vida de una mujer, ser ella misma con sus amigos, poder dejarse amar por un hombre, tener hijos…yo jamás podre tener eso— su voz se quebró al afirmarlo en voz alta.

—Claro que sí— contrarió Sasuke, dispuesto a mover cielo y tierra para darle a ella lo que deseaba.

—No, no podré, porque hacerlo implicaría abandonar todo lo que me ha definido hasta ahora— insistió la pelirosa, teniendo que ser realista, —e implicaría encontrar a alguien que pudiera aceptarme, ser mi amigo, mi compañero, mi apoyo, y eso no es fácil de encontrar en absoluto, por no decir imposible— obvió, describiendo a Sasuke, pero no consiguiendo que él entendiera lo que ella quería decir. —Lo he estado pensando, y no deja de ser solo una idea provisoria…pero quisiera renunciar a mi puesto en la guardia imperial— declaró, siendo Sasuke la primera persona que escuchaba eso de ella.

—¿Qué?, ¿Y qué harías?— el azabache se preocupó de inmediato, temiendo las represalias que ella pudiera recibir, a la par que estando incondicionalmente de su lado.

—No lo sé— admitió la Haruno encogiéndose de hombros con simpleza, —pero ni siquiera sé quién soy ni lo que debo hacer, no sé nada…solo hay una cosa que quiero— relacionó, siendo quizás el único momento de valor que tendría para confesarle lo que sentía.

—¿Y qué es? Dímelo, Sakura, haría cualquier cosa por ti— aseguró el Uchiha, indisolublemente comprometido con ella. —Di la palabra y daré mi vida por ti— él trataría de obtener o hacer posible lo que sea que ella quisiera o desease.

No importaba que decidiera hacer Sakura o lo que ella deseara, de alguna forma Sasuke encontraría como acompañarla en lo que fuera o de brindarle aquello que ella deseara o necesitara, se lo había prometido desde el primer momento en que la había conocido y era una promesa que había cumplido sin falta a día de hoy; mas, el entusiasmo y dedicación de Sasuke para con la pelirosa fue recompensado por ella, que alzó sus manos para situarlas cuidadosamente sobre su pecho, palpando sus músculos a través de la camisa, ascendiendo para envolver sus brazos alrededor de su cuello y acunando su rostro, halando su rostro hacia el suyo y presionando sus labios en un beso dulce y tierno al que Sasuke no pudo resistirse, cerrando los ojos y envolviendo sus brazos alrededor de su menuda figura, moviendo sus labios contra los suyos. Recordando el consejo de la reina, diciéndose que tomar la iniciativa era el único camino posible para que Sasuke entendiera lo que ella deseaba y sentía por él, Sakura rompió lentamente el beso y se separó lo suficiente de Sasuke para desconcertarlo, bajando ella la mirada con nerviosismo y desanudando la corbata blanca alrededor de su cuello, dejándola caer al suelo y luego desabrochando su camisa lentamente, temblando a causa de los nervios cuando desabrochó el ultimo botón, sintiendo la tela resbalar por sus hombros y exponer su desnudez; no pudiendo creer lo que veían sus ojos, Sasuke entrelazó sus manos con las de Sakura, haciéndola alzar la mirada, buscando calmar su nerviosismo, alzando su otra mano para soltar su coleta y liberar delicadamente sus rizos rosados.

—No te quiero muerto, te quiero aquí, conmigo— aseguró Sakura, aun temblando ante la idea de no ser lo que él deseaba. —Te amo— declaró, sintiendo que el nudo en su garganta se desvanecía tras decirlo.

—¿Me amas?— repitió Sasuke absolutamente sorprendido…aquello debía ser un sueño.

—Es una locura, no estoy segura de nada, ni siquiera entiendo bien lo que estoy sintiendo por ti…pero si tengo claro que te quiero en mi vida— aclaró la pelirosa si es que él no lograba creerle, —siempre lo he hecho y siempre lo querré— acunó con cuidado el rostro del azabache entre sus manos. —Y no puedo sentir por nadie más lo que siento por ti. Entiendo si no es suficiente…— toda ella estaba demasiado confundida y era una carga demasiado grande para cualquiera.

—Lo es, eres más que suficiente— interrumpió el azabache, entrelazando sus manos contra las suyas. —Eres el amor de mi vida, te amo con todo mi corazón; te he amado toda mi vida y tengo derecho a seguir amándote— afirmó en voz alta, aceptando sus sentimientos y sintiéndose como el hombre más afortunado sobre la Tierra, —si tú me amas— suspiró con una sonrisa, necesitando volver a escucharlo de ella.

—Te amo— volvió a decir ella, arqueando su cuello y ofreciéndole sus labios, —te amo…— jadeó sintiendo sus labios besar los suyos.

Creyendo en las palabras de Sakura y más en la declaración que ella misma era, con la camisa abierta y deslizándose por sus hombros para revelar su perfecta desnudez, Sasuke devoró sus labios con hambre inagotable, entreabriendo sus labios con su lengua y tomando posesión de la suya, sintiendo los brazos de ella enrollarse alrededor de su cuello en tanto él deslizaba la camisa por su piel para enviarla al suelo, trazando con su tacto cada perfecta curva de su cuerpo contra el suyo; quería dedicarse a la mujer que amaba y deseaba apreciar cada momento de esa noche juntos, su primera noche. Rompiendo el beso para recuperar el aliento, presionando su frente contra la de Sasuke y jadeando ante la necesidad de aire, Sakura deslizó sus manos de su cuello a sus hombros, buscando el nudo de su corbata y deshaciéndola, enviándola al suelo como la suya anteriormente, descendiendo para desabrochar los botones de su chaleco y que deslizó por sus hombros, enviándolo también al suelo, pero siendo más lenta y titubeando al desabrochar su camisa, mordiéndose el labio inferior al sentir los labios de Sasuke recorrer sus mejillas, bajar por su cuello y mordisquear ligeramente sus hombros, haciéndola arquearse contra él…era demasiado para alguien que no sabía nada de hacer el amor, porque era lo que iba a ocurrir entre ambos. Sintiendo a Sakura lo suficientemente entregada y obnubilada en sus brazos, Sasuke no tuvo problema en cargarla hasta la cama, recostándose encima de ella, recargando su peso en sus brazos y observándola enamorado.

Su perfecta piel semejante al marfil era como seda bajo sus dedos que trazaron respetuosamente su anatomía, en particular la curvatura de sus pechos y que amasó con delicadeza, sonriendo ladinamente y presionando su frente contra la suya, reclamando sus labios al escuchar un jadeo emerger de sus labios y que se convirtió en un gemido ante el roce de su cuerpo contra el de ella; sin romper el beso y habiendo notado su anterior titubeo, Sasuke se desabrochó la camisa en ayuda del inexperto tacto de Sakura, deslizándola por sus hombros y arrojándola al suelo sin miramiento, escuchando el gemido de la pelirosa, amortiguado por el beso, arqueando su cuerpo contra el suyo y deseando más del contacto piel con piel. Agradeciendo el momento en que el beso se rompió, no porque no lo disfrutara sino porque sentía la respiración quemarle en la garganta, Sakura gimió y se arqueó contra Sasuke, sintiendo sus besos deslizándose por su mentón y cuello, bajando respetuosamente sus besos por el valle entre sus pechos y la curvatura de los mismos, aprisionando sus pezones entre sus labios y detonando un placer que Sakura jamás hubiera imaginado que sentiría, deslizando ella sus manos para jugar con su rebelde cabello azabache, animándolo a continuar y tras lo que Sasuke descendió más sus besos hasta llegar al extremo de sus pantalones; separándose de la hermosa pelirosa, Sasuke primero le quitó cuidadosamente las botas y luego, con un movimiento rápido, pero sin ser brusco, la despojó de sus pantalones y ropa interior al mismo tiempo, disfrutando del honor de poder contemplar su desnudez por primera vez.

Volviendo a recostarse sobre Sakura y apoyándose en sus brazos para no aplastarla, Sasuke se dedicó un momento a admirar su magnífica belleza, la luz de la luna parecía embellecerla aún más, haciéndola lucir como la mayor maravillosa sobre la tierra a sus ojos; sintiendo la mirada de Sasuke sobre si, Sakura no intentó cubrirse, mentiría si dijera que no se le pasó por la cabeza hacerlo, pero en su lugar envolvió sus brazos alrededor del cuello del Uchiha y arqueó su cuello contra el suyo, rogándole silenciosamente que continuase, ofreciéndole sus labios y que él reclamó sin dudarlo, acunando su rostro entre sus manos y recorriendo el interior de su boca con su lengua, sintiendo la de ella envolver la suya. Aunque Sakura nunca había visto a un hombre desnudo y sentía una vergüenza inconmensurable en ese momento, también disfruto enormemente por ver a Sasuke sin camisa, deslizando sus manos por sus hombros en medio del beso, trazando los músculos de sus brazos, pecho y abdomen, sintiendo su piel estremecer al entrar en contacto con la suya y más cuando sus pequeños pechos se estampaban contra su torso…concentrada como había estado en ceder a las atenciones del Uchiha, Sakura ni siquiera había prestado atención al hecho de que Sasuke estaba tan desnudo como ella, ahogando un jadeo en medio del beso al darse cuenta de ello. Sentir el duro miembro del azabache entre sus piernas la sorprendió y elogió a partes iguales, no tenía idea sobre el sexo, pero si había escuchado conversaciones y sabía que ello significaba cuanto la deseaba.

Rompiendo brevemente el beso, Sasuke encontró su mirada con la de Sakura, sin que las palabras fueran necesarias en absoluto para confirmar aquello que ellos ya deseaban, ese era su momento y no había porque perder el tiempo con minucias; intercambiando una última mirada con Sakura, Sasuke se inclinó y volvió a capturar sus labios con los suyos, iniciando un beso abrumador, deslizando sus manos por la perfecta anatomía de la pelirosa que se arqueó contra él, amasando sus pechos, escuchando a la Haruno gemir en medio del beso ante su tacto y el roce de su lengua contra la suya un instante antes de que el beso se rompiera y sus labios recorrieran el sendero que su tacto había trazado antes. Siendo una alumna entregada, capaz de aprender a gran velocidad, Sakura intentó imitar cada acción por parte del Uchiha, trazando sus músculos, halando de su rostro en un nuevo beso, esta vez siendo ella quien llevara el ritmo del beso, saqueando el interior de su boca con su lengua y separando sus piernas para acomodarlas a cada lado del cuerpo del azabache para permitirle acomodarse para la inminente primera vez, disfrutando de cada nueva caricia de su parte y deseando más, cerrando los ojos con placer y gimiendo al sentir el intimo toque de su cuerpo contra el suyo; estaba lista y entregada debajo suyo y quería pertenecerle por completo, quería ser enteramente suya. Rompiendo el beso y encontrando sus miradas, solo para estar seguro, Sasuke se acomodó entre las piernas de la pelirosa y lentamente penetró en su interior.

Lo que Sasuke sintió al embestir contra el interior de Sakura, ingresando lentamente, fue una pequeña resistencia, observando atentamente el semblante de la pelirosa en busca de cualquier ápice de dolor…pero no lo hubo, lo que incluso la sorprendió a ella misma; quizás fue por tanto montar a caballo o cada desventura que había tenido que experimentar hasta ese momento de su vida, pero Sakura no sintió dolor alguno al sentir el miembro de Sasuke en su interior, arqueándose contra él y gimiendo al sentirlo envainado por completo, brindándole una sensación obscena a la par que placentera, sintiendo que eso era lo correcto, sintiéndose llena, lo que la hizo envolver sus brazos alrededor de su espalda en un abrazo, meciendo sus caderas contra las suyas en busca de más placer. Preocupado por Sakura, pese a no ver señal alguna de dolor en su hermoso rostro, Sasuke se retiró lentamente para volver a embestir, pausadamente a la par que con profundidad; él si había tenido un par de experiencias con el sexo opuesto hace ya varios años, con prostitutas, pero ella…el Uchiha enterró su rostro contra el costado del cuello de Sakura, mordisqueando la piel a su paso, reteniendo inevitablemente sus caderas contra las suyas, retirándose y volviendo a embestir a un ritmo acompasado, sabiéndola enteramente suya, amándola y deseándola como solo un hombre enamorado podía amar a una mujer; ella era más que una mujer para él, más que una reina, era su diosa y así como ella era suya, él deseaba pertenecerle por completo.

El inicial ritmo de las embestidas fue lento, pero no dejo de abrumar a Sakura que se arqueó bajo el cuerpo del Uchiha, frotando sus pechos contra su firme torso, meciendo sus caderas al encuentro de las suyas; sin embargo, ella había deseado eso por tanto tiempo y se la realidad se sentía aún mejor, haciéndola gemir deseosa por más, sabiendo que no había nadie más en casa que los sirvientes, presionando sus labios contra el oído de Sasuke, suspirando y gimiendo su nombre, queriendo hacerle saber lo maravillosa que se sentía por ser suya, por dejar que él la tomara a su antojo y le hiciera el amor, sintiéndolo embestir más profundamente en su interior, aumentando su coro de gemidos. Perdidos el uno en el otro, presos por un deseo inmenso, Sasuke no pudo evitar preocuparse cuando—tras una embestida particularmente brusca en relación con las anteriores—Sakura emitió un gemido ligeramente fuerte, recargando él su peso en sus brazos y encontrando su mirada con la de ella, que haló de su rostro hacia el suyo en un beso apasionado, sintiéndola moverse debajo suyo, envolviendo sus esbeltas y perfectas piernas alrededor de sus caderas, sintiendo el interior de ella adaptándose perfectamente a él, tras lo que Sasuke finalmente comenzó a embestir más rápida y profundamente, amasando sus pechos, queriendo alcanzar el clímax y que ya percibía cerca por solo estar en el interior de ella, cuyos gemidos se tornaron más acelerados la igual que su respiración, subiendo de tono, tornándose más largos y placenteros

—Sasuke, no podemos…— intentó advertir la pelirosa al percibir el clímax próximo, con un gemido dulce como el canto de una sirena.

—Tranquila, confía en mí— asintió el azabache comprendiendo su preocupación, mas entendiendo lo que debía hacer.

La preocupación de Sakura era que, ambos cegados por la lujuria y lo que inevitablemente ocurría con mayor fuerza, no pensaran en las consecuencias; si al momento del clímax él se derramaba en su interior, existía la gran posibilidad de que ella se quedara embarazada, ¿Cómo lo justificarían? Sakura era aristócrata, casarse era algo fundamental y más en su posición como capitán de la guardia real, mas ya el momento que estaban experimentando se sentía como el cielo mismo para Sasuke, quien no ignoró aquella situación, reteniendo las caderas de ella contra las suyas, embistiendo más rápido y con más fuerza en su interior, sintiendo a Sakura arquearse debajo suyo y gemir su nombre sin inhibiciones. Sintiendo su cuerpo estremecer por un placer que no dejaba de crecer más a cada momento, Sakura sintió como una nueva pero a la vez deliciosa sensación se apoderaba de todo su ser, arañando la espalda de Sasuke y arqueándose contra él, gritando su nombre y temblando al alcanzar lo que supuso era el clímax, siendo envuelta por sus firmes brazos de Sasuke, quien continuó embistiendo en su interior, deleitándose con el éxtasis alcanzado por su amada, completamente complacido, intensificando el ritmo sus embestidas en busca de su propio clímax, retirándose en el último momento y derramándose contra el valle entre sus piernas. Escuchando el ronco gemido de Sasuke contra el costado de su cuello, Sakura envolvió sus brazos alrededor de sus hombros en un abrazo, acunando su rostro y besando lentamente sus labios…


Palacio de Versalles

La mañana del día siguiente comenzó serenamente para la reina Ino, acostumbrada a despertar muy temprano, alargando sus brazos por encima de su cabeza y estirándose con somnolencia, alargando su brazo derecho hacia el lugar vacío junto a su cama y que ya sentía frio, sabiendo que Choji se había retirado hace quizás una hora o más para ocuparse de los asuntos del reino, pero durmiendo junto a ella cada noche desde el embrazado y aún tras el parto, disfrutando como el que más de poder tener tan cerca a su pequeña hija, lo que hizo sonreír de nueva cuenta a la reina, que saludo con una sonrisa a sus damas ya presentes en la habitación y que la reverenciaron respetuosamente. Su mayor preocupación al momento del nacimiento de Seramu—sentándose ahora sobre la cama y acomodándose el camisón para levantarse y acercarse a la cuna—, había sido desilusionar a Choji, él no se lo había dicho, pero todo lo que Ino deseaba era darle un hijo, su sucesor, alguien pequeño en quien él pudiera verse reflejado y que espantase los rumores sobre que ella le era infiel con media corte—meras calumnias por supuesto—, pero asombrosamente Choji había estado encantado con Seramu desde que había nacido, había sido el primero en cargarla luego de que la partera y era quien la había depositado en sus brazos, se sentía enamorado de su pequeña hija desde el principio e Ino no podía estar más orgullosa. Inclinándose sobre la cuna de su pequeña, que abrió los ojos y esbozó lo que parecía una sonrisa, Ino trazó la curvatura de sus diminutos labios.

—Pobre nenita— murmuró la reina, encantada con su pequeña Madame Royal. —No eres lo que todos querían, pero no por eso te amo menos— aseguró viendo la sonrisa de su bebé crecer al oír sus palabras. —Un varón habría sido hijo de Francia, pero tú, Seramu, eres mía— es pequeña nenita siempre seria suya y de Choji.

Ahora sonaba hermoso y egoísta, porque mientras que cualquier hijo varón que ella tuviera seria forzosamente el delfín de Francia, su pequeña hija era nada más "Madame Royal"…pero en el futuro Ino sabía que las cosas cambiarían, su madre la Emperatriz Miyuki se había dedicado a casar a sus muchas hijas con importantes casas reales de Europa, para eso servían las hijas en la realeza o aristocracia—ella había sido comprometida con Choji por esa razón, para pactar una alianza, y quizás un día ella debiera de casar a su pequeña Seramu también, pero no hoy, se dijo Ino envolviendo sus brazos alrededor de su pequeña hija y sacándola de su cuna, retrocediendo hacia la cama donde tomo asiento, meciéndola dulcemente, prometiendo que esa pequeña nunca se alejaría demasiado de su vida. Su madre la Emperatriz Miyuki había sido y era una gran gobernante, como no podía haber otra en Europa en cuanto a poder, dignidad, misericordia y grandeza…pero, aunque Ino la amaba profundamente, debía admitir que su madre le había fallado mucho como progenitora y ella no se permitiría cometer el mismo error, antes muerta. Las puertas de su habitación estaban abiertas de par en par, permitiendo el ingreso de su camarera, Madame Koharu Utatane, quien la reverenció respetuosamente al igual que la enfermera o nodriza que la acompañaba, ambas aproximándose a la cama, Madame Utatane deteniendo a unos pasos de distancia, pero la nodriza aproximándose respetuosamente para tomar a la niña de sus brazos.

—Con permiso, su majestad— se excusó la mujer, acomodando a la bebé en sus brazos y procediendo a retirarse.

—Disculpen, quisiera alimentarla yo misma— protestó la Yamanaka a su camarera, la Condesa Utatane.

—Pero, Madame, la enfermera esta para eso— señaló Madame Koharu, no siendo costumbre que las reinas dieran el pecho a sus hijos, —y no es una buena idea en su frágil condición— agregó, recordándole la importancia de volver a embarazarse y dar a luz un heredero tan pronto como la cuarentena llegase a su fin.

—Está bien— suspiró la reina sin otro remedio, permitiéndole a la condesa Utatane retirarse tras reverenciarla como correspondía.

Sublimando su frustración y no teniendo otra opción, Ino entornó los ojos al encontrarse nuevamente a solas en sus aposentos, salvo por la presencia de sus doncellas; no era apropiado que una reina amamantara a sus hijos, eso Ino ya lo sabía de pequeña al haber visto a sus hermanas mayores crecer y marchar a sus respectivos matrimonios, intercambiando cartas y aprendiendo de sus experiencias personales, y de hecho Ino agradecía que en sus primeros días su rutina como madre hubiera sido lo suficientemente flexible para sí dar su leche a su pequeña Seramu…pero eso fue solo durante los primeros días. Ahora que ya había pasado una semana del parto, y por orden de su madre en sus cartas, Ino debía dejar de dar el pecho a su hija, pues se creía que amamantar a un bebé provocaba un efecto anticonceptivo, de hecho, en su última carta su madre le aconsejaba eliminar cuanto antes la leche de sus pechos y recuperarse tras pasar la debida cuarentena para volver a recibir a su esposo en su cama y engendrar rápidamente al heredero al trono que se necesitaba, con dos de repuesto; ¡Gobernar y tener hijos, es el deber de los Yamanaka! Ino bufo al recordar el lema de su madre, tumbándose sobre la cama antes de escuchar el eco de unos pasos acercándose a sus aposentos y detenerse en el umbral de su habitación privada, se trataba de su querida amiga la princesa Matsuri, que sonrió con aquella presencia angelical que tanto la caracterizaba y la reverenció respetuosamente antes de ingresar, teniendo siempre su entero permiso.

—Matsuri— saludó la Yamanaka, sentándose sobre la cama e invitando a su amiga a unírsele, —¿Noticias de Sakura?— inquirió, cruzando los dedos mentalmente.

—No ha llegado aún— contestó la Namiashi al sentarse junto a su amiga sobre la cama, — ¿Debo llamar a alguien para que vaya a buscarla?— consultó, extrañada de que la guardiana de la reina no se hubiera presentado aún a sus deberes.

—No, creo que sé dónde está— negó la reina entrelazando una de sus manos con las de su amiga, —y espero que mi consejo le haya sido útil— agregó, rememorando el consejo que la pelirosa le había pedido la mañana del día anterior.

El día anterior había quedado opacado en su mayoría, era natural luego de que Monsieur Juzo Biwa presentara el opulento collar que originalmente había sido diseñado para la desterrada Madame Emi, y que sin embargo ella no podía permitirse ni iba a adquirir; luego había recibido la noticia de que el conde Sai había vuelto, quien aún no se había presentado a sus aposentos para rendirle sus respetos—no sería aconsejable pues solo aumentarían los rumores que ya circulaban sobre infidelidades de su parte—…mas la Ino entendía perfectamente porque su guardiana había tardado en llegar esa mañana. Para alguien de su posición y rango, con tantas presiones emocionales, había sido extraño e incómodo tentar o seducir a su esposo, ambos debían tener relaciones sexuales por el bien de Francia para engendrar un heredero, ¿Sería igualmente difícil para Sakura convencer a Sasuke de tener intimidad? Ambos no estaban casados y eran una pareja bastante poco convencional—ella una aristócrata y él un plebeyo, su sirviente—, y aunque Sakura no tenía las presiones que ella si para quedarse embarazada, imaginaba que tener que vivir actuando como un hombre no hacía más fáciles las cosas, y de hecho, Ino se encontraba pensando constantemente qué clase de tormenta llevaba Sakura día sí y día también, debía ser abismal y sin embargo jamás se quebraba, siempre era fuerte, capaz, digna y valiente; sonriendo para sí, Ino llegó a una indiscutible conclusión.

Sakura podía con lo que fuera, y pobre de Sasuke si no cedía a ella.


Mansión Haruno

La luz del sol se filtraba por las cortinas que no se habían cerrado esa noche, Sakura acostumbraba a conducirse perfectamente sin necesidad de servidumbre en su propia casa—claro que Mikoto se encargaba de cocinar, y las demás sirvientas de mantener en orden la mansión, Hinata ahora entre ellas—, ni siquiera necesitaba que nadie la despertara por las mañanas desde su adolescencia, su rutina de trabajo estaba tan marcada en ese punto de su vida que podía seguirla perfectamente y por lo que tan pronto como el alba despunto, la pelirosa abrió los ojos y se familiarizó con lo que la rodeaba. Esbozando una sonrisa de plenitud al recordar los acontecimientos de la noche anterior y que la hicieron estremecer, aun desnuda bajo las sábanas y envuelta en los brazos de Sasuke recostado a su espalda, abrazándola protectoramente por la espalda, ella podía sentir su respiración uniforme contra su cuello, donde se encontraba recostada su cabeza haciendo crecer su sonrisa, sintiendo al Uchiha despertar tras lo que parecieron largas horas, afianzando su agarre alrededor de ella que alzó la mirada en su dirección. Observando en los ojos del otro, ambos acercaron sus rostros para un beso, presionando sus labios y uniendo sus lenguas, apenas y respirando ante la unión de sus labios; era diferente a lo ocurrido la noche anterior, sus labios y lenguas se conocían, ambos se amaban, eran uno solo y Sakura no pudo evitar soltar un ligero gemido cuando el beso se rompió, encontrando su brillante mirada esmeralda con los pozos ónix del azabache.

—Creí que cuando abriera los ojos, todo sería un sueño— admitió Sakura con voz suave, tal vez la más suave que había articulado en su vida.

—No lo fue— sosegó Sasuke entrelazando una de sus manos contra la suya. —¿Cansada?— preguntó, estremeciendo al acariciar su sedosa piel.

—No mucho— desestimó la pelirosa, moviendo su cuerpo para recostarse sobre su pecho.

—Diablos…— gruñó el azabache, regresando su mente a la realidad y buscando levantarse rápidamente de la cama, —mi madre debe estar buscándome, debería haberle levantado hace horas— se regañó en voz alta, buscando su ropa apresuradamente.

—Vuelve a la cama— protestó la Haruno recostada boca abajo sobre la cama, haciendo que volteara a verla. —Mikoto no te molestará, nadie lo hará. Confía en mí— aseguró con voz serena y sosteniéndole la mirada, sin necesidad de ser más explícita.

Sería tonto de su parte simplemente aprovechar la ausencia de sus padres—especialmente la de su progenitor—e irse a la cama con Sasuke, aunque más que irse a la cama, lo que ambos habían hecho había sido hacer el amor, pero el foco era el mismo; no, ella le había informado a Mikoto al llegar esa noche que tenía la noche libre, que ella y el resto de los sirvientes podían hacer lo que quisieran hasta el día siguiente, teniendo ella el permiso de la reina para faltar o llegar tarde al trabajo. Toda ella en si misma era una imagen demasiado tentadora para que cualquiera pudiera resistirse; desnuda sobre la cama, con los brazos bajo su cabeza como una almohada y su perfecta desnudez expuesta, sus pechos presionados contra el cochón y la cintura hacia abajo parcialmente cubierta por la sabana que él había apartado al levantarse…y, siendo débil por ella desde siempre, más especialmente después de los eventos de anoche, Sasuke no pensó siquiera en rechazar la tentación que ella era, regresando a la cama con cuidado, recostándose sobre el colchón y casi teniendo miedo de tocar la exquisita piel de ella, que gateó para recostarse sobre su pecho, apoyando sus brazos sobre su torso mientras sus pechos se presionaban contra su piel. Familiarizándose de nueva cuenta con la perfecta desnudez de la pelirosa, quien se mostraba enormemente segura por ello a diferencia de la noche anterior—consecuencia de su muy satisfactoria primera vez—, Sasuke finalmente proceso las palabras que ella había dicho, necesitando más información al respecto.

—¿Le dijiste algo a mi madre?— preguntó Sasuke pese a lo peligroso que sonaba.

—Ni soñarlo, ya es una suerte que mis padres no estén cerca— rio Sakura, entornando los ojos ante la sola idea. —Pero si le dije a Hinata que te excusara de tus deberes. Y si nadie ha venido a buscarme, es porque la reina adivino lo que iba a hacer. Le pedí consejo— aclaró, viendo al azabache sorprenderse ante eso último.

—¿Qué clase de consejo?— inquirió el Uchiha con inevitable curiosidad, trazando la seductora curvatura de sus caderas.

—No quieres saberlo— sonrió la Haruno, abochornada por el asunto pese a ser buena disimulándolo. —¿Crees que podríamos…?— consultó presionando sus pechos contra su torso y acercando su rostro al suyo, casi rogándole un beso.

—Si es lo que quieres— asintió el azabache, no pudiendo ni queriendo negarle nada, menos si él también lo deseaba. —Pídemelo— susurró pese a ser una estupidez.

—Hazme tuya otra vez— rogó Sakura sin vergüenza o titubeos, sabiendo que no tenía por qué callar lo que deseaba con él.

Era una estupidez de su parte pedirle a Sakura que pidiera aquello que él no tenía problema en darle libremente, mas era un juego que no podía evitar enardecer a Sasuke por su posición de sirviente y la de ella de aristócrata; acercando su rostro al de Sakura, Sasuke besó lentamente sus labios, mucho más tranquilo al saber que nada ni nadie los importunaría esa mañana o bien el resto del día en caso de que a ambos se les ocurriera no salir de esa habitación y en esta ocasión no había temor o inseguridad, en contraste con la noche anterior. Rompiendo el beso, lento y mesurado, que disfruto en todo momento, Sasuke deslizó sus labios por el mentón y cuello de la pelirosa, moviendo su tacto para amasar sus perfectos pechos con una de sus manos, sintiéndola arquearse contra él y permitiéndole separarle las piernas y acomodarse entre ellas, solo hallando aceptación y entrega absoluta, lo que lo hizo sentir como el hombre más afortunado sobre la Tierra, porque la tenía a ella, a la mujer de sus sueños, a quien más amaba, y ella era solo suya. Arqueándose contra el cuerpo de Sasuke, Sakura sonrió mientras sentía sus dientes mordisqueando la piel de su cuello, casi como intentase dejar una marca…algo peligroso, pero que a ella no le molesto, ya vería como ocultar esas y otras marcas con la ropa que usaba, particularmente con su corbata o el cuello de su guerrera; el placer la hacía estremecer y desear apretar las piernas, mas Sasuke se lo impidió, aumentando su deleite, él le hacía decir que si a todo lo que deseara y olvidar cualquier riesgo.

Pese a no decirlo durante la noche, Sakura había temido que sus pechos fueran demasiado pequeños, no podía olvidar que era Sasuke quien tenía experiencia con el sexo opuesto; ella siempre ocultaba cualquier aspecto femenino de su anatomía con los uniformes de la guardia real, no era como las damas de la corte, que seducían con sus escotes, vestidos y corpiños ceñidos, no era voluptuosa en absoluto…pero, cualquier inseguridad se esfumo de su mente al sentir las manos de Sasuke amasándolos con deleite. Sentándose sobre la cama y halándola a ella para estar sobre su regazo, Sasuke descendió sus labios para aprisionar uno de los pezones de la pelirosa y luego el otro, no dejando poro de piel desatendido, haciendo que Sakura gimiera y se arqueara contra él, meciendo sus caderas al encuentro de las suyas, envolviendo sus caderas con sus piernas, deseosa y en busca de más contacto hasta que él decidiera tomar lo que era suyo desde anoche; toda ella. Gozando de volver a trazar cada curva de la perfecta anatomía de la pelirosa en sus brazos, devorando la curvatura de sus perfectos pechos, Sasuke gruñó contra su piel, disfrutando de su melodiosa voz pronunciando jadeos y gemidos entrelazados con su nombre, deseaba escucharla para siempre, hacia crecer su deseo por ella, guiándolo a envolver sus brazos alrededor de su cintura, elevando sus caderas y lentamente dejando que su miembro penetrara en su interior, dándole libertad de tomar el ritmo esta vez y disfrutando de verla a los ojos mientras la hacía suya.

Inclinando su cabeza, Sasuke enterró su rostro contra el valle de los pechos de la pelirosa, gruñendo ante la placentera sanción de ser uno con ella, no pudiendo contener el impulso de tenerla, alzando a tientas una de sus manos para cubrirle la boca a Sakura, recordando que—pese a haber sido su primera vez—ella había sido muy…vocal la noche anterior, entonces él había estado completamente volcado a complacerla y no había podido pensar en nada más, pero si iban a repetir aquello cada vez que lo desearan—lo que involucraría tener bajo el mismo techo al señor Haruno y su esposa—, ella necesitaba aprender a guardar silencio lo suficiente o se delatarían a sí mismos. Alzando su mirada para encontrarla con la de Sakura, a quien vio asentir, Sasuke intercambió una mirada con ella que se tomó un instante para elevar sus caderas y retirarlo casi por completo de su interior antes de dejarse caer, tomándolo completamente en su interior, teniendo el control del ritmo esta vez, intercalando entre si moverse de arriba hacia abajo o de adelante hacia atrás, disfrutando enormemente de poder contemplar sus reacciones, quitándole él finalmente la mano de la boca para estar seguro y atestiguando como ella esta vez era perfectamente capaz de acallar sus gemidos, apoyando sus manos en su pecho y meciendo sus caderas contra las suyas. Ya de por si estar en esa habitación con ella era un sueño, mejor que cualquier fantasía que hubiera tenido, envolviendo sus brazos alrededor de su estrecha cintura y alzando sus manos para amasar sus pechos.

Tener el control del rimo de las penetraciones que devastaban su interior era algo completamente nuevo y muy diferente, la noche anterior y por la costumbre que se educaba en el matrimonio, Sakura había estado preparada para dejar a Sasuke tener el control, que los roles se invirtieran ahora la hizo estremecer, le dio deseos de gritar como nunca, obligándola cubrirse la boca, deseó que todos en el mundo supieran que ya no era virgen, que Sasuke Uchiha la estaba haciendo suya y que se sentía como lo más perfecto y obsceno sobre la tierra...se sentía tan suya y lo adoraba, ello y su amor por él, su deseo de retribuirle el placer que él ya le daba la guiaba a mecer sus caderas contra las de Sasuke, retirándolo por completo de su interior y dejándose caer sobre este, escuchando sus gruñidos mientras él tenía su rostro enterrado contra sus pechos, ayudándola a marcar el ritmo de las penetraciones con sus brazos alrededor de su cintura. Sintiendo el clímax cada vez más próximo y necesitando tener el control, Sasuke invirtió las posiciones e hizo quedar a Sakura debajo suyo, tomándola por sorpresa y provocando que soltara un gemido ligeramente más fuerte, ante lo que él detuvo sus embestidas, diciéndole sin necesidad de palabras que mantenerse en silenció era fundamental, ante lo que ella asintió desesperada porque el volviera a moverse...y Sasuke no pudo negarse a su ruego, no cuando estar en su interior era suficiente para hacerlo gemir, esbozando una sonrisa ladina al darse cuenta que no solo ella tenía problemas para guardar silencio.

Haber estado arriba esta vez y tener el control había sido maravilloso...pero la noche anterior Sakura había disfrutado de dejarse hacer y que Sasuke tuviera el control, y esta vez no tuvo reparo en demostrar cuanto placer le brindaba aquella posición, apretando las sabanas bajo sus manos, meciendo sus caderas al encuentro de las embestidas del Uchiha y echando la cabeza hacia atrás, manteniendo sus gemidos al tono más bajo posible, lo que solo pareció hacer que Sasuke embistiera más rápida y profundamente en su interior, como si buscara obligarla a gritar de placer, lo que ella no se permitió, pero ello sí que desencadenó su orgasmo, obligándola a cubrirse los labios con una de sus manos para ahogar el grito que habría liberado; Sasuke en vano intentó marcar un ritmo más lento para poder durar más, queriendo disfrutar largamente de ser uno con ella, pero Sakura meció sus caderas contra las suyas, persiguiendo desesperadamente su orgasmo y el Uchiha no pudo hacer otra cosa que retener sus caderas y embestir fuertemente en su interior hasta alcanzar el clímax entre embestidas imprecisas, retirándose del interior de la pelirosa en el último instante, recostándose encima de ella y derramándose sobre su vientre. Temblando a causa de un segundo orgasmo, que se había detonado al solo buscar que Sasuke alcanzara rápidamente la misma cúspide que ella, Sakura se cubrió la boca para acallar un grito, percibiendo la agitada respiración de Sasuke contra el costado de su cuello que la hizo sonreír, envolviendo sus brazos alrededor de su espalda y abrazándolo, sintiendo como él la abrazaba. La noche había sido verdaderamente perfecta…


Abandonar la cama había sido todo un reto para Sasuke, si de él dependiera se quedaría días enteros encerrado en esa habitación junto a Sakura…pero no era lo correcto, él más que nadie y teniendo experiencia con el sexo opuesto debería de tener mesura, debería de marcar reglas para Sakura, la amaba con locura y se había vuelto devoto a demostrárselo con su cuerpo desde la primera vez…pero debían aprender a comportarse, a disimular y ocultar sus pasiones o de otro modo se delatarían a sí mismos y ello no era una opción. Con un infantil puchero en el rostro, Sakura había obedecido lo que Sasuke había dicho; el Uchiha había abandonado su habitación y se había dirigido a la suya para asearse y cambiarse de ropa, dejando a Sakura a solas y agradeciendo mentalmente que nadie hubiera acudido a buscarla hasta esa hora, siendo ya medio día; era asombroso el cómo una persona podía volverse adicto a algo que nunca antes había tenido, Sakura se encontraba juntando constante e inconscientemente las piernas, con los recuerdos de tan apasionada noche y mañana aun frescos en su mente, luego de bañarse y cambiarse de ropa, llamando a la puerta de la habitación de Sasuke y haciéndole saber que ella pretendía dirigirse a Versalles pese a la hora, encontrándose ambos en la entrada de la casa y donde el carruaje los esperaba, abordándolo ella primero y el Uchiha tras ella, cerrando la puerta y haciendo una señal al cochero al golpear el interior del carro, permitiéndole iniciar su viaje a Versalles, en completo silencio:

—¿Y esto va a ser así ahora?— preguntó Sakura al aire tras tan largo silencio entre ambos.

—¿Así cómo?— inquirió Sasuke extrañado, habiendo actuado así hasta ahora en base a su propio nerviosismo.

—No lo sé, eso es lo que me preocupa— admitió la pelirosa observándolo atentamente.

Era igualmente bueno que Sakura ocultando sus emociones, ambos habían crecido teniendo que mantener ciertas cosas en secreto del resto del mundo; ella su naturaleza femenina y él sus sentimientos prohibidos por ella, prohibidos para alguien que había nacido para vivir y morir como un sirviente…¿Cómo se suponía que actuara con ella ahora? No cambiaria lo ocurrido la noche anterior, había sido la mejor noche y mañana de su existencia, pero mentalmente admitía preferir no haber experimentado nunca tal placer si es que no iba a volver a sentirlo, porque ambos sabían que siempre tendrían a terceros observándolos y rondando, ¿Qué clase de relación tendrían entonces? Era egoísta, pero Sasuke tuvo deseos de pedir a Sakura que abandonara todo, que solo fueran ellos dos...pero inmediatamente se arrepintió de pensar así, porque quien amara no haría eso. No pudiendo leer los pensamientos de Sasuke, pero intuyendo lo que pasaba por su mente en ese momento, Sakura alargó una de sus manos para estrechar la del Uchiha, entrelazando sus dedos y recordando la forma en que sus manos se habían estrechado la noche anterior y esa mañana, dándole ánimos para amarse hasta el final, porque ella estaba aún más segura que antes de lo mucho que lo amaba y realmente desearía que ambos pudieran tener una vida normal como cualquier hombre y mujer del mundo, cuyos corazones y vidas era libres; pero ellos no eran como la mayoría, tenían grandes limitaciones, pero Sakura no perdía la esperanza de deshacerse de ellas.

—Mantengo mi postura de anoche, sigo sin saber qué hacer con mi futuro— confesó Sakura tras otro nuevo silencio, más cómodo esta vez, —la única certeza que tengo eres tú— estrechó más fuertemente su mano al decirlo, sintiéndose cómoda con él.

—Y te seguiría a donde fuera preciso— asintió Sasuke sonriendo ladinamente al encontrar su mirada con la suya, no pudiendo ignorar sus sentimientos ni los suyos.

—Lo sé— sonrió la pelirosa, cerrando los ojos un momento y disfrutando de estar juntos, sin nadie más importunándolos o molestándolos. —Por ahora, seguiré en la guardia imperial, pero apenas vuelva a tener dudas, dimitiré mi puesto— admitió en voz alta, tanto para él como para sí misma. —Y si a mi padre se le ocurre casarme…ni siquiera sabría qué hacer— suspiró, apesadumbrada ante la sola idea.

—No pensemos en eso, no ahora— desestimó el azabache, no queriendo pensar en ello ni queriendo que ella se angustiara por lo que no merecía la pena.

—No querría casarme, porque te tengo a ti, y hablo en serio— declaró ella, viéndolo a los ojos y reafirmando los sentimientos que le había declarado la noche anterior.

Si las palabras de Sasuke la noche pasada habían sido verdad, su padre lord Kizashi Haruno estaba comenzando a albergar la idea de casarla a futuro como consecuencia de la nueva situación de la reina Ino Yamanaka, si ella ya había dado a luz un heredero, era natural que de igual forma Sakura comenzara a pensar en transmitir el apellido familiar a un sucesor, no había más hombres en la familia y sus hermanas que vivían en distintas partes de Francia habían tenido hijas en su mayoría hasta la fecha, y aquellos escasos niños que habían nacido tenían el apellido de sus respectivos padres, no el apellido Haruno que lord Kizashi tanto se ufanaba de haber exaltado con sus logros, y los de Sakura no eran menores. Pasar el apellido a la siguiente generación era un deber, y de casarse y verse obligada a formar una familia, Sakura sabía que el hijo que tendría no heredaría su apellido sino el del hombre con el que se casara, pero su padre lord Kizashi buscaría educar y criar al infante él mismo, como la había educado a ella, para convertirlo en su incuestionable sucesor, en ese juego político tan carente de sentimientos ella no dejaba de ser solo un instrumento para concebir esa vida, sin voz ni voto, pero si con corazón y le hería profundamente la idea de que un matrimonio político la apartara de Sasuke, la obligara a unir su vida a la de alguien más, a compartir la cama con alguien más, a…ni siquiera quería pensarlo, apartando la mirada y cerrando los ojos con dolor por un momento, causando que el Uchiha la observara con inconfundible preocupación.

—Sasuke, no podemos tener una relación normal como quisiera que la tuviéramos…— inició la Haruno, necesitando hablar del tema mientras tenían tiempo.

—Porque soy un sirviente, lo sé— interrumpió el Uchiha, adivinando lo que ella le diría.

—No, no es por eso— negó ella, protestando para que la dejase terminar. —No podemos casarnos, porque ello involucraría quedarme embarazada, y si lo hiciera perdería mi puesto, no sabría qué hacer— inició, desconcertando al Uchiha al no haber esperado que ella dijera eso. —Te amo, pero tener una relación normal dentro de los cánones femeninos o masculinos no es algo con lo que sepa lidiar, no sabría…— lo amaba, pero no tenía idea de cómo corresponder a sus sentimientos dentro de lo "normal".

—Entiendo— asintió él, volviendo a interrumpirla, mas porque no necesitaban seguir convención alguna, sino que ser solo ellos mismos. —No hay prisas— aseguró estrechando sus manos entre las suyas y viéndola a los ojos. —Soy tuyo y tú eres mía, solo eso importa— simplificó, siendo ya esto su mayor alegría.

—Solo tuya…— confirmó la Haruno acercando su rostro al suyo y que halo en un beso al que Sasuke no pudo negarse.

—Creo que deberíamos dejar esto aquí, por ahora— sosegó el Uchiha rompiendo el beso para dejarlo casto, entrelazando las manos de ella contra las suyas.

—Tienes razón— secundó Sakura bajando la mirada con un suspiro derrotado. —Pero querré retomarlo más tarde; en mi habitación, el establo o donde quieras— aseguró, no dándose por vencida aún y queriendo aprovechar la ausencia de sus padres.

—Vas a volverme loco— gruñó Sasuke pegando su frente a la suya, cerrando los ojos y simplemente disfrutando de estar juntos.

—Bien, tú ya me vuelves loca a mí— sonrió ella con expresión inocente, propia de una niña.

Se sentía liberada desde que le había confesado sus sentimientos a Sasuke—estando en deuda con la reina, lo que debía hacerle saber tan pronto como llegara a Versalles, embelesada con la pequeña Madame Royal y queriendo cargarla en sus brazos cuanto antes—, siempre había callado su naturaleza femenina como consecuencia de su crianza masculina, forzada a tener que pretender ser un hombre en todos los sentidos, pero…dejarse hacer, seducir, amar y entregarse a Sasuke había sido la mayor alegría de su vida hasta entonces, era muy diferente a hace un año, cuando ella se había vestido como la mujer que era y asistido a uno de los bailes de la corte, esa había sido una experiencia igualmente novedosa, pero no lo más cómodo del mundo por el opresivo ajuste del corsé, la inmovilidad del miriñaque o los molestos zapatos de tacón, sin mencionar los extravagantes peinados de la corte, ¡No se imaginaba llevando esa vida en absoluto! Era aristócrata, eso le daba más libertades que las personas de la clase baja, y por haber sido criada como un hombre, para vivir en el mundo de los hombres, tenía libertades que las mujeres de su tiempo jamás tendrían, por ello no quería renunciar a ese mundo, las presiones continuaban siendo grandes y sabía que un día serían mayores, insostenibles, pero hasta entonces ella seguiría manteniendo esa mentira, porque era el único camino que existía para estar con Sasuke, para amarlo y él entendía eso. Ambos querrían más, con el tiempo, pero como Sasuke había dicho, ya lo resolverían cuando llegara el momento.

Por ahora solo pensarían en el presente.


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones a esa serán; "A Través de las Estrellas", luego "El Origen del Clan Uchiha" y por último "Avatar: Guerra de Bandos" :3 Esta historia esta dedicada a mi querida amiga DULCECITO311 (esperando que el capitulo sea de su agrado), a laus963 (disculpándome por la demora, agradeciendo su apoyo y prometiendo que el romance en la trama no le decepcionara), a Kiome (prometiéndole no abandonar la historia y dedicándole todos y cada uno de los capítulos de esta historia), a UchihaMun (agradecida por su apoyo y sus halagos a este despreciable intento de escritora, dedicándole cada capitulo de esta historia), a ktdestiny (honrada profundamente por su reconocimiento y agradeciendo cualquier sugerencia que se quiera hacer), por supuesto a YessCristopher (dedicándole este capitulo y los que siguen por sus hermosas palabras) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Embarazo, Madame Royal & Primera Vez: Inicio el capitulo transcribiendo parte de una carta original que la reina María Antonieta escribió a su madre la Emperatriz María Teresa con motivo de su embarazo, alrededor de un año luego de la visita de su hermano el Emperador José II, y elegí censurar o no representar la intimidad de pareja entre la reina y el rey de Francia, si la insinuó, pero elijo no ser explicita por respeto al personaje histórico y porque no es necesario. Para el embarazo de la reina Ino, me inspire en lo que mostró brevemente la serie "María Antonieta" de manera más informal, por lo que yo represento que Sakura y Sasuke se encargan de ayudar a la reina usando "técnicas" medicas a las que recurría la plebe en lugar de la nobleza y aprovechando de tocar el tema de los libelos, que para la época cuestionaban la paternidad del bebé de la reina. Al final, nace la princesa Seramu—María Teresa de Francia—, quien no es absoluto una decepción para sus padres pese a serlo para la corte y con ello recibe el titulo de Madame Royal. También aludo brevemente el collar de diamantes que dará lugar a problemas en el futuro, en medio de una escena en que Sakura pide consejo a la reina para atreverse a confesar a Sasuke lo que siente por él. En tres de las últimas escenas del capitulo la relación entre Sakura y Sasuke progresa enormemente, ambos declaran sus sentimientos y consuman su relación, pero esto no significa el final de sus problemas sino que precisamente lo contrario.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3