Ceremonia recurrente
El animal totémico con sus uñas de luz, los ojos que junta la oscuridad debajo de la cama, el ritmo misterioso de tu respiración, la sombra que tu sudor dibuja en el olfato, el día ya inminente.
Disclaimer: Harry Potter no me pertenece. Todo el universo y los personajes pertenece a la señora que todos ustedes saben, pero que se ha convertido en la que No Debe Ser Nombrada por ser una terfa. Yo solo uso los personajes de esta señora para hacer mis historias retorcidas y estúpidamente románticas.
Advertencias: Este fic tocará estará centrado en dinámicas A/O/B, si no estás familiarizado, intentaré explicarlo lo mejor posible. Si no te gusta, lo mejor es que lo dejes hasta acá. También tocará temas maduros y el consentimiento estará difuso. Es un tema delicado y que para algunos puede ser un detonante. Además, si no quedó claro, es Slash, todo lo que pase aquí será muy gay.
Capítulo I
Después de la guerra, las cosas habían ido inesperadamente bien para Draco Malfoy. Especialmente porque esperaba estar encerrado en Azkaban la mitad de su vida o simplemente, ser condenado al beso del dementor.
Pero sorprendentemente, la vida había sido injustificadamente benévola con él. Claro, su salud mental había decaído un poco. Los largos meses siendo asediado por Voldemort y los Mortífagos no se iban a disolver gracias a una sentencia reducida.
Aunque, si tenía que ser honesto consigo mismo, en realidad no había sido la vida quién había sido bondadosa con él y su familia. Había sido Harry Potter.
Después de la guerra, su vida se convirtió en un desenfoque borroso de juicios y sentencias. Los Mortífagos fueron cazados por los Aurores minuciosamente durante meses.
Él y su madre se habían entregado voluntariamente después de que su padre hubiese caído en una redada particularmente violenta de Aurores.
Su padre, siendo el imbécil narcicista y orgulloso que era se había empeñado en ocultarse del Ministerio y eludir a la justicia, pensando que nuevamente podría salirse con la suya. Sin embargo, Lucius Malfoy no era tan inteligente sin las órdenes del Señor Oscuro. Menos de tres semanas después de la muerte de Voldemort, Lucius había caído en manos de la justicia mágica en una cabaña maloliente y aislada de Escocia. El Ministerio quería darle a todos la misma sentencia que todos los Mortífagos: El beso del dementor.
Era entendible, después de la Guerra Mágica, no querían que ningún seguidor del Señor Oscuro reviviera la pequeña secta que pretendía "purificar" al mundo mágico de los Sangre Sucia y los muggles. No había espacio para magos y brujas clasistas, racistas y peligrosos en una sociedad mágica que apenas se estaba recuperando de años de decadencia, una decadencia que no había sido exclusivamente culpa del Señor Oscuro. La única solución que encontraban en ese momento, ante el desmoronamiento que el mundo mágico había sufrido por manos de los Mortífagos, era eliminar a cualquiera que llevara la marca. Y Malfoy tenía una bastante clara en su antebrazo.
Casi se había resignado a su destino antes de que Harry Potter, de todas las personas, interviniera por ellos. Se sorprendió cuando lo vio interviniendo en los juicios de él y su madre. Incluso Lucius Malfoy había recibido un poco de su bondad, pero con él no había funcionado tanto.
Su padre fue condenado a Azkaban, pero no al beso del dementor. Él y su madre no recibieron una sentencia. Fueron absueltos de toda culpa porque Potter testificó que habían sido "ayuda indispensable" para derrotar al Señor Oscuro. Draco se había sentado rígido durante todo el juicio, sin poder creer lo que estaba escuchando. No podía creer que Potter alterara la verdad e incluso mintiera descaradamente para salvarle el pellejo a su familia.
Era mentira. Su madre había ayudado un poco, sí. Pero él solo había entorpecido su camino hacia Voldemort e incluso, había intentado matarlo varias veces. Sin embargo, omitió completamente la situación en la Sala de los Menesteres, el fuego y cómo el propio Potter había que salvarlo de su propia estupidez. Draco no había hecho más que ser un cobarde y aceptar todo lo que su padre o Voldemort le pedían. Admitía que en algún momento tuvo consciencia de que aquello que hacía estaba mal, pero ya estaba suficientemente hundido en la mierda como para volver atrás.
Sin embargo, Potter mintió y él fue devuelto a una vida normal dentro de todo lo posible.
Ni él, ni su madre volvieron a la mansión. Pero Draco pudo completar sus estudios y graduarse como Auror, a pesar de las muchas limitantes que tuvo. Afortunadamente, haber sido conocido como uno de los ayudantes del Salvador del Mundo Mágico en la Guerra, le ayudó a progresar, aunque a paso lento.
También es cierto que, dentro de la sociedad mágica, un Alfa seguía siendo respetado y altamente valorado. Y Draco había usado eso a su favor, dentro de lo posible. Por supuesto, muchas personas todavía lo miraban recelosamente y desconfiaban de él, pero eso no le impedía hacer su trabajo. Y no era por presumir, pero era particularmente bueno en su trabajo. Aunque, claro, no le quedaba de otra que ser el mejor en su Departamento, porque siempre lo tenían vigilado. Su mera presencia en el cuerpo de Aurores era un milagro y él aprovechaba ese milagro.
Tampoco podía ascender dentro de la jerarquía de Aurores, pero realmente no le importaba particularmente. Estaba feliz con su puesto actual y estaba conforme con su desempeño en su trabajo. Y, aunque su jefe era un imbécil autoritario que odiaba fervientemente a los Mortífagos, para su disgusto, no podía quejarse del trabajo de Draco.
También había recuperado algunas amistades, como Blaise Zabini y Pansy Parkinson.
En su escuadrón, también había hecho buenas migas con gente que no esperaba que lo tratara bien, como Neville Longbottom, Terry Boot, Katie Bell (con la que se había disculpado profusamente) y Hannah Abbott, entre otros compañeros antiguos de Hogwarts que no pertenecían a Slytherin. Debía admitir que, fuera de la burbuja de cristal en la que vivía cuando era pequeño, las personas eran agradables. Y, también, que ser Slytherin no te hacía superior a otros magos.
Sin embargo, lo más extraño era que Harry Potter había desaparecido del ojo público desde que terminaron los juicios contra los Mortífagos. No se había sabido nada de él desde entonces y aunque le había preguntado (fingiendo indiferencia, por supuesto) a Neville e incluso a Luna Lovegood (cuando se había topado con ella en busca de pistas para uno de sus casos asignados), ninguno sabía nada. Y Neville parecía un poco inquieto cuando mencionó el nombre de Potter en la conversación.
En retrospectiva, Potter había lucido fatal en su juicio y durante las largas horas que duró el interrogatorio. Tenía ojeras y estaba claramente más delgado de lo que había sido alguna vez. Su piel estaba gris y sus ojos verdes estaban inquietantemente apagados. En ese momento, Draco había adjudicado su mal aspecto a la Guerra. Él mismo no lucía mejor, pero había algo extraño en Potter que no podía sacarse de la cabeza.
Y cuando desapareció, todo se sintió tan… mal. Draco siguiendo con su vida y siendo feliz con su inesperada normalidad. Su madre feliz con un pequeño apartamento en París y su padre, aunque obstinado, vivo y sin recibir el beso del dementor. En prisión, pero vivo.
Harry Potter también debería tener una vida feliz, siendo un Auror cómo todo el mundo esperaba, atrapando a los malos y siendo insufriblemente benévolo. Casándose con Ginny Weasley, que ahora sabía que era una estrella del Quidditch, estaba vinculada con Dean Thomas, que resultó ser un omega y ella, una orgullosa alfa.
Pero nada de eso había ocurrido. Potter simplemente se esfumó del mundo mágico y ni siquiera El Profeta podía encontrar una fuente confiable que hablara sobre El Salvador del Mundo.
La verdad, la dinámica de los segundos géneros en el mundo mágico siempre había un tema bastante complejo. Era innegable la preferencia y la jerarquía en torno a los alfas, el desprecio tácito a los omegas masculinos y la indiferencia categórica hacia los betas.
La mayoría de las personas daban por sentado su rol en la sociedad depende de su presentación a los 16 años. Él mismo se había presentado un poco antes de lo acostumbrado, durante su tumultuoso sexto año en Hogwarts. Afortunadamente, madame Pomfrey le había suministrado supresores tan potentes como para calmar a un Alfa tan dominante como él.
Porque sí, habían Alfas dominantes y recesivos. Era menos frecuentes los recesivos, por supuesto. Pero existían, por ejemplo, su propio padre. Sus genes Alfas podían ser fácilmente aplastados por genes Alfa dominantes (como los del Señor Oscuro).
Sin embargo, en los Omegas era todo lo contrario. No había nacido un Omega Dominante desde hace más de cuatro décadas. O al menos, no habían vivido para contarlo. Los pocos que habían nacido, morían al presentarse. Los síntomas eran tan arrolladores que sus cuerpos raramente podían aguantarlo.
Por eso, el Omega Dominante había sido poco más que un cuento dentro del folclore de Gran Bretaña.
Afortunadamente, todos los amigos cercanos de Draco que se habían presentado como Omegas habían sido recesivos y simplemente vivían su vida con toda la normalidad que les permitía la sociedad. Porque aun siendo una mayoría, seguían siendo reprimidos sistemáticamente por el sistema del mundo Mágico. Una puta mierda, la sociedad mágica seguía siendo increíblemente clasista, incluso después de todo lo que había pasado.
Draco no podía evitar pensar lo desalentador y vulnerable que es ser un omega. Astoria Greengrass, la mujer con la que había estado comprometido por un absurdo acuerdo de su padre para tener un heredero y un matrimonio sangre pura, también era omega. Draco nunca reaccionó a ella, ni siquiera cuando estuvo en la misma habitación con ella en celo. Su Alfa la rechazó y ella también lo rechazó a él. Y después que su padre entrara en Azkaban, no tuvo necesidad de seguir ese absurdo compromiso. Así que simplemente, decidió romperlo. Ambos quedaron como conocidos, pero no tan cercanos debido a que la familia de Astoria no quería que ella se involucrara con Draco Malfoy, que ahora se rodeaba de magos que no eran Sangre Pura.
A Draco no podía importarle menos. Sin embargo, se preguntó por qué la relación de Ginny Weasley y Harry Potter había llegado a su fin tan abruptamente como la suya con Astoria.
Suponía que Potter había sido un beta o un Alfa, lo cual habría incrementado la posibilidad de criar niños potencialmente Alfas.
Si Draco era completamente honesto, la incertidumbre en torno a Potter lo inquietaba. Habían pasado años desde que se le vio por última vez, Granger y la comadreja habían sido evasivos con la prensa. Incluso, aunque Weasley era el jefe de Aurores, por ende, la mayor autoridad dentro de su trabajo, nunca había escuchado a nadie hablar de Potter. Él mismo no había mencionado absolutamente nada.
Claro, eso fue hasta que Granger se lanzó como candidata para Ministro de Magia. Después de dos meses de una agresiva campaña, tuvo que dar una conferencia de prensa.
Draco no se hubiese enterado de ese suceso si no se hubiera levantado tarde para ir a trabajar y usado la Red Flu del Departamento de Estudios de Artefactos Muggles en el Ministerio, que era el lugar menos frecuentado y de donde podría coger las escaleras para llegar al Departamento de Aurores sin ser atrapado en una congestión masiva como todos los lunes a las 9 de la mañana. No quería tener una confrontación con su jefe, que en la mañana de los lunes parecía ser aún más arisco que de costumbre.
De pronto, en uno de los escritorios pertenecientes a las largas filas de cubículos que no podían llamarse oficinas, vio el titular del Profeta. Su corazón se apretó cuando leyó "¿EL HÉROE HARRY POTTER DESAPARECIDO?", abajo había una foto de Granger en un podio, con una mirada sombría.
A pesar de que el Departamento de Estudios de Artefactos Muggles estaba medianamente concurrido, el dueño del periódico no estaba en su escritorio, así que lo tomó y salió de allí rápidamente.
El camino hacia su oficina fue un desenfoque borroso y apenas saludó a algunos compañeros brevemente. Detrás de las seguras paredes de su oficina, Draco pudo sentarse a leer el artículo.
"Hermione Granger, la actual aspirante a Ministro de Magia, ha realizado su primer discurso público ante el Ministerio de Magia durante el día 21 de Marzo. Su discurso fue emotivo e hizo que las personas reunidas entorno a ella gritaran y lloraran de emoción.
De convertirse en Ministra, sería la primera bruja mestiza en llegar al cargo.
Sin embargo, Hermione Granger no solo respondió preguntas sobre el proceso electoral y todas las renovaciones legales, estructurales y sociales que amerita el mundo mágico, especialmente para favorecer a las minorías oprimidas. También respondió preguntas acerca del paradero del salvador del mundo y uno de sus amigos más cercanos, Harry Potter.
Sus respuestas no fueron más que deprimentes y desalentadoras para los que estaban presentes, que no podían creer que sus miedos se confirmaran. Dijo que Harry Potter ha estado desaparecido desde aproximadamente un año y medio. Sus amigos cercanos hicieron las respectivas denuncias hace casi once meses al departamento de Aurores. Ron Weasley, el Auror con más rango del país, es el encargado del caso. Y afirmó que él, junto con un grupo de Aurores veteranos, está haciendo lo posible para encontrarlo"
Draco no supo qué pensar, qué debería hacer y por qué su pecho se retorció incómodamente. Se quedó mirando fijamente la foto del héroe de Guerra que habían puesto justo debajo de las declaraciones de Granger. Su cara, pálida y decaída, parecía revolver todas sus preocupaciones. Sabía que esa foto había sido tomada antes de su desaparición de la mirada pública, justo después de que terminaran los juicios a los Mortífagos y sus testificaciones fueran cerradas.
¿Era verdad? ¿Ni Granger ni la comadreja sabían dónde estaba Potter? ¿Ni siquiera la más pequeña de los Weasley? Recordaba haberla visto de gira con su equipo de Quidditch en una de las revistas de deporte que compraba periódicamente. ¿Realmente ella estaba simplemente continuando su vida sabiendo que Potter estaba desaparecido? ¿Ni siquiera se preocupaba por el paradero del que había sido su interés amoroso por más de un año?
Inexplicablemente, se sintió furioso. Potter no tenía familia, todos habían muerto. Había escuchado algo sobre un sobrino hijo del profesor Lupin, que a su vez era su primo debido a su parentesco con su tía Andrómeda, pero más allá de eso sabía que Potter solo tenía a sus amigos.
¿Y simplemente lo habían dejado así? ¿Habían dejado que pasara el tiempo, haciendo sus vidas y sin notar la ausencia de Potter? ¡Hasta él mismo se había dado cuenta que algo andaba muy mal con él la última vez que lo vio en los juicios de su familia! Se veía demacrado y sus ojos estaban inquietantemente vacíos. Era evidente que no estaba bien. Tal vez la guerra le había afectado demasiado, quizá estaba enfermo de gravedad o con trastornos mentales terribles.
Y lo peor de todo, estaba solo.
Entonces, impulsado por la rabia que burbujeaba en su sangre, una rabia intensa que no se cuestionó, ni le preocupó en ese momento, marchó directamente a la oficina que había eludido exitosamente durante toda su carrera de Auror. La oficina del jefe de Aurores: Ron Weasley.
Ni siquiera se dio cuenta cuando había llegado frente a esta, ni se percató de las miradas curiosas que le dieron sus compañeros. Incluso ignoró la mirada desaprobadora de su jefe directo.
Simplemente llegó ante la oficina de Weasley y tocó.
Inexplicablemente, Weasley apenas se sorprendió cuando vio entrar a Draco a su oficina y lanzó el número del Profeta con la cara lúgubre de Granger en la portada en su escritorio estúpidamente desordenado (un comportamiento inadecuado para un superior).
— ¿Qué se supone que significa que Potter está desaparecido desde hace año y medio? ¿Cómo es posible que no has desplegado todas las fuerzas de Aurores para encontrarlo? — cuestionó, su voz era casi un rugido. Se hubiese sobresaltado ante eso si no estuviera tan furioso para percatarse realmente de lo que estaba haciendo.
Ron Weasley lo miró un momento en silencio. Parecía evaluar la presencia de Draco en su oficina, no cuestionarla.
Su cara estaba cuidadosamente en blanco hasta que simplemente su expresión cambió a una de total furia. Su piel pálida y cubierta de pecas se coloreó lentamente con un profundo color bermellón.
— No puedo creer esta mierda — gruñó, poniéndose de pie y cerrando la puerta de la oficina, ignorando adrede la presencia de Draco — Por Merlín, esto es una completa basura. Tú, de todas las personas. Qué maldito karma.
Seguía refunfuñando mientras tomaba un pergamino y una pluma para garabatear algo rápido. Llamó a un búho de aspecto un poco tonto que apenas podía sostenerse en sus patas y enrolló el pergamino. Murmuró un "Para Mione" malhumorado y volvió a caer en el asiento detrás de su escritorio.
Finalmente, después de unos interminables segundos de incómodo silencio, Ron Weasley volvió su mirada resignada y teñida de desaprobación hasta la figura rígida de Draco.
— Siéntate. Tendremos que esperar a que Hermione venga — dijo simplemente. Como si aquella interacción fuese lo más normal del mundo.
Draco permaneció frustrantemente confundido y aturdido, con la rabia apenas escociendo en sus venas. La reacción de Weasley lo había dejado terriblemente perdido y por primera vez desde que llegó aquel día a su trabajo tuvo un momento de completa consciencia.
¿Por qué Weasley actuó como si hubiese esperado que Draco entrara en su oficina esa mañana? ¿Por qué le había dicho que se sentara a esperar? ¿Por qué vendría Granger, de todas las personas, a verlo a él? ¿Por qué en primer lugar se había enfurecido tanto como para venir a la oficina de Weasley para gritarle como un demente, poniendo en riesgo su trabajo y toda su vida como la conocía?
Todas sus preguntas se vieron reflejadas en un estúpido e indigno "¿Disculpa?" que salió de forma temblorosa de sus labios.
Weasley apenas lo miró mientras ojeaba de forma desinteresada unos papeles sobre su desastroso escritorio que parecían ser poco importantes y que solo estaba usando de excusa para no mirar la cara de Draco.
— Malfoy, estoy seguro que tú quieres estar aquí tan poco como yo quiero que estés aquí. No lo hagas más incómodo. Solo cállate y siéntate, por amor a Merlín.
Draco quería enfurecerse y salir de su oficina de forma digna, dando un portazo y quejándose en voz alta de lo imbécil que era el pelirrojo, pero después de todo, Weasley era el jefe de los Aurores. No podía simplemente desobedecerlo y salir impune, especialmente porque no era particularmente aficionado a Draco. Si era una pista que siempre lo evitaba y apenas le dirigía miradas desdeñosas desde que se había topado con él en su entrenamiento de Auror.
Entonces Draco, no queriendo poner en más riesgo su puesto, al menos más de lo que ya era, se sentó.
Pero incluso con todos esos pensamientos, Draco sabía que lo que lo mantenía sentado allí era una genuina curiosidad. ¿Cómo había llegado a esto? Quería entenderlo. Quería entender las acciones de Weasley, su reacción y su aspecto agotado, amargado y casi demasiado desaliñado, incluso para ser un Weasley.
No quería lucir tan aturdido y confundido, pero realmente lo estaba. Ni siquiera podía enfurecerse. No tenía idea de por qué estaba en la oficina de Weasley, por qué estaba esperando a Granger y por qué todo esto había sido una respuesta inmediata a su inusual comportamiento errático que, extrañamente, estaba relacionado con Potter.
Afortunadamente, no tuvo que esperar mucho más, porque la futura Ministra de Magia se apareció en la oficina de Weasley luciendo incluso más agotada y desaliñada que la propia comadreja. Cuando miró a Draco, apenas cruzó por sus ojos una breve chispa de temor, antes de que en sus facciones se reflejara una expresión casi esperanzadora.
— Gracias a Dios — fue lo único que sollozó antes de lanzarse a los brazos de Weasley, con gruesas lagrimas surcando sus mejillas — Funcionó, Ron, te lo dije. Te dije que funcionaría. Gracias, gracias, gracias.
Weasley frunció el ceño, pero aún así devolvió su abrazo: — No lo sabemos todavía. No te hagas esperanzas falsas. Después de todo, puede ser solo una coincidencia horrible — le dijo, apenas parpadeando en dirección a Draco.
Hermione se apartó de Ron, su cara roja y sus ojos inyectados en sangre tanto llorar. Se podía notar en su cara las marcas que dejan una tristeza y preocupación permanente. Como la que se ve en los familiares de alguien con una enfermedad terminal. Finalmente miró a Draco directamente, sus ojos avellana brillantes de una juvenil determinación.
— Malfoy, disculpa la confusión —dijo, mirándolo como si no fuese el matón que la atormentó durante seis años en Hogwarts — No podemos decirte nada aquí. Es información delicada y no puede caer en las manos equivocadas. Pero creemos que puedes ayudarnos.
Weasley bufó, pero no agregó nada.
Draco la miró, aún más desconcertado y aturdido de lo que estuvo antes de que llegara.
— Lo siento, Granger, pero no entiendo… — empezó a decir, queriendo hacer algunas preguntas. Pero Granger lo interrumpió tomando sus manos entre la suyas. Su agarre era fuerte y firme, inexplicable para una mujer que parecía que iba a romper en llanto en cualquier momento.
— Lo siento, Malfoy, te daré los detalles, pero no aquí — entonces extendió una bufanda de un color rojo desvaído — Sé que es confuso, pero por favor, quisiera pedirte que me siguieras — le dijo, incitándole a tomar un lado de la bufanda. Por lo que sabía, la bufanda parecía ser un traslador.
Draco parpadeó confundido y miró a Weasley. Este gruñó, su expresión era una mueca de resignación.
— Tómalo como una misión de alto perfil, Auror Malfoy. No soy tu jefe directo, pero sigo siendo tu jefe. Acata mis órdenes y sigue a Hermione, yo rellenaré el formulario por ti. Vete — dijo en un tono de voz autoritario que nunca antes había usado con él.
Draco notó cómo la presencia Alfa Dominante de Weasley comenzaba a asfixiarlo.
Estaba usando sus instintos adrede, empleando sus feromomas para someterlo. Draco quiso defenderse, comenzar a expulsar sus feromonas Alfa, pero Hermione apretó su agarre. La mirada de la bruja estaba teñida de desesperación y eso lo hizo ceder fácilmente.
Entonces, tocó la bufanda y su estómago dio un giro vertiginoso típico de las que generan las apariciones con un traslador.
•••
Cayó sobre una alfombra de color verde oscuro. Era de un material esponjoso, reconocía también lo exclusivo y costoso, algo parecido al pelaje de algún animal en peligro de extinción. Sin embargo, no logró amortiguar la caída. Aun siendo Auror, no se acostumbraba a lo desastroso e inexacto que era la aparición cuando se usaba un traslador. Sentía como su estómago retumbaba enojado y sus huesos crujían por la caída.
Enseguida, la mano firme de Granger lo ayudó a ponerse de pie. A pesar de que parecía una mujer menuda y delgada, era más fuerte de lo que demostraba normalmente. Aunque eso podría explicar por qué se había presentado como una Alfa Dominante, al igual que su esposo.
Sin embargo, al contrario de Weasley, las feromonas que liberaba Granger estaban destanadsas a relajarlo, más que a someterlo. Quería que no se sintiera amenazado y él mismo podía sentirlo. También podía oler su ansiedad y preocupación bajo sus feromonas. Eran más ácidas y amargas de lo naturalmente aceptable. Y sabía que Granger le estaba mostrando esto a propósito.
Seguía siendo una de las brujas más perspicaces e inteligentes que había conocido, así que no era de extrañar que supiera usar a su favor sus características Alfa.
— Estamos a salvo, Malfoy. Gracias por venir — dijo, su voz era agradable, aunque tensa.
Draco se incorporó con ayuda de Granger, demasiado desorientado para negar su toque, y se separó de ella para mirar a su alrededor.
La habitación gritaba Slytherin por todas partes, especialmente por la decoración y el tapiz verde de las paredes. Además, los muebles eran de una madera fina que parecía pertenecer a una larga fila de Sangre Pura, con serpientes talladas delicadamente sobre el roble.
— ¿Dónde estamos? — Fue lo único que pudo preguntar sin sonar como un tonto.
Granger parecía reacia a dejar sus manos, apretando su agarre mientras este evaluaba con la mirada el lugar a donde lo había llevado.
— Estamos en la casa de Theodore Nott — dijo, mirando de cerca su reacción — Sé que no has tenido contacto con él desde hace unos años, pero es el Sanador a cargo del caso. Es el más confiable, dado las circunstancias.
Draco parecía no entender nada de lo que Granger decía. Cada palabra que salía de sus labios solo lo confundía más.
— Granger, no estoy entendiendo nada…
— Lo sé, lo siento. Esto debe ser muy confuso para ti — suspiró, sus ojos cristalizados y sus labios agrietados. Parecía exhausta — No voy a dar más rodeos: Nott se convirtió en el Sanador a cargo del caso de Harry. Ha sido así desde hace casi un año, después de tropezar una y otra vez con sanadores que estaban cegados por el prejuicio. Estás aquí porque, por tu reacción, creemos que puedes ayudarlo.
Draco se quedó en silencio por lo que pareció una eternidad. Se mantuvo ahí, parado, mirando a Granger, seguramente con la boca medio abierta y con una mirada desenfocada en su rostro.
— ¿Te refieres a Harry Potter? ¿Nott es el Sanador de Potter? — preguntó, sin disimular su aturdimiento.
Granger asintió y finalmente soltó sus manos.
— Sí, Theodore Nott se está encargando de su caso — repitió la información, intentando que Draco entendiera lo mejor posible. A pesar de que, de todas formas, todo eso parecía ser la cosa más absurda del mundo. Estaba comenzando a pensar que no se había despertado aquella mañana y que todavía seguía dormido, teniendo sueños febriles relacionados con Potter.
Debía admitir que, dadas las circunstancias, esa era la respuesta más coherente a todo lo que estaba pasando.
— Pero… En El Profeta… Tu declaración… — balbuceó Draco miserablemente — Dijiste que Potter estaba desaparecido.
Granger le envió una sonrisa culpable.
— Sí, lo sé. Eso fue una carnada.
— ¿Una carnada? — repitió tontamente.
Odiaba sentirse tan perdido, pero era imposible seguir el ritmo de las palabras de Granger.
— Esperábamos que el Alfa de Harry apareciera a través de esa carnada, Malfoy — esta vez, la voz de Granger se agrietó un poco — Sé que es inexacto y que puede que te hayamos traído aquí para nada, pero es una medida desesperada. Harry está muriendo.
Malfoy no respondió. No pudo. Simplemente se quedó ahí, escuchando a su cerebro trabajar y sintiendo su sangre congelándose en sus venas.
Potter necesitaba a un Alfa. Potter estaba muriendo. Potter que llevaba más de un año desaparecido. La ecuación estaba ahí, solo tenía que resolverlo. El cerebro de Draco estaba trabajando por solucionar el problema práctico que se le estaba dando.
— Harry es un Omega Dominante. Se presentó hace más de un año. Ha pasado por cuatro sanadores distintos, pero solo Nott ha confrontado el problema desde un punto de vista sin prejuicios. No sé si lo sabes, pero Theodore es, de hecho, un sanador experimental que ha tenido mucho éxito en su campo, se especializó en los géneros secundarios y su impacto en los roles que tienen atribuidos a la sociedd — dijo Granger, respondiendo finalmente a la pregunta y dando una explicación más extensa de lo que ocurría — Lo habíamos mantenido en silencio porque confiábamos en las habilidades de Nott para arreglarlo sin necesidad de que Harry encontrara a su Alfa destinado, especialmente por lo improbable de esa solución. Pero nada ha funcionado. La magia de Harry lo está consumiendo, su Omega lo está matando. Necesita a su Alfa.
Draco se estremeció, sintiendo todo su cuerpo entumecido. Su cerebro parecía estar trabajando a su máxima capacidad. Se sentía dentro de un sueño.
— ¿Potter es un Omega? ¿Pero…?
Se quedó en silencio, dejando que las palabras de Granger se hundieran por fin. ¿Estaban diciendo que Draco podría ser el Alfa destinado de Harry? ¿Eso no era un cuento de hadas que le leían a los niños para que se prepararan para la presentación de su género secundario?
— ¿Cómo saben que podría ser yo? — preguntó después de unos largos minutos de silencio, pensando en cuál era la mejor pregunta para hacer dada su situación. Su voz era más áspera de lo normal, sentía su garganta reseca.
— Nott nos sugirió que Harry pudo haber conocido ya a su pareja destinada — explicó Hermione, esta vez tomando asiento en uno de los lujosos muebles de cuero y roble negro — Dijo que ese Alfa probablemente estaba inquieto por la ausencia de Harry durante tantos años. Por la falta de información. Que, si viera que habíamos sido negligentes con Harry, se enfadaría y reaccionaria de forma impredecible para llegar a él — Hermione hizo un gesto vago con las manos, señalándolo — Por eso di esa declaración. También por eso dejé que llegara a manos del Profeta. Era algo inexacto, una acción desesperada, pero llegaste a nosotros. A Ron. Vulgarmente, fuiste el único que mordió la carnada.
Draco se sintió momentáneamente mareado y se recostó de la pared más cercana. Sentía que todo le daba vueltas y que su estómago estaba pesado, como si hubiera tragado piedras.
— ¿Me estás diciendo que están intentando salvar a Potter basándose en una historia romántica que les leen a los niños sobre parejas destinadas? — Draco preguntó, sintiéndose enfermo — ¡Ni siquiera hay evidencia científica acerca de eso! ¡Todas son historias para niños!
— Malfoy, Harry se ha mantenido con vida durante más de un año, a pesar de que todos los Sanadores habían dicho que moriría inevitablemente debido a los síntomas de su presentación — Granger dijo, su voz quebradiza y aguda — Nott ha estudiado las dinámicas A/O/B durante años. Él dice que, cualquier pequeña posibilidad hay que tomarla. Y estamos desesperados por mantener con vida a Harry, incluso si es creyendo lo improbable y aferrándonos a una esperanza marchita.
Granger parecía más decidida cuando se puso de pie, mirándolo fijamente, su mandíbula apretada y sus ojos avellana brillando con una ferocidad que solo había visto en Alfas que querían cuidar de su manada.
— No estás obligado a intentar ayudar. No tienes que verlo. Puedes salir de aquí, mantenerlo en secreto y olvidarte de que te trajimos aquí — ofreció, con la voz apretada y las manos aferradas a sus túnicas negras — Pero te ruego, por favor, que intentes ayudarlo. Tu presencia aquí me indica que estás mínimamente interesado en Harry, entonces, te pido por favor que lo ayudes. Que nos ayudes. Por favor, Malfoy, te lo suplico.
La voz de Granger se quebró y en la habitación solo se escuchaban sus sollozos desesperados. A Malfoy se le apretó el corazón incómodamente.
¿Qué tan mala era la situación de Potter para que Granger haya tenido que mentir en una conferencia de alto nivel? ¿Arriesgar su puesto como futura Ministra de Magia? ¿Para que, incluso Ron haya tenido que empezar el papeleo para una búsqueda que no llegaría a nada? ¿Para que Granger le suplicara por su ayuda, a él, la persona que la atormentó y humilló durante toda su adolescencia? ¿Para que incluso Weasley lo dejara entrar a su oficina, le dejara gritarle y ni siquiera se negara a dejar que un exmortífago como él se acercara a su preciado amigo?
Tragó y sintió cómo el nudo en su garganta se apretaba tanto que dolía.
Draco le debía la vida y su libertad a Potter. No importa lo descabellado que fuera la petición, no podría negarla.
Se enderezó todo lo firmemente que le permitía su cuerpo tembloroso.
— Lo haré, Granger. Por favor, explícame la situación y cómo proseguiremos.
Ni siquiera pudo moverse cuando los brazos de Granger se enroscaron alrededor de su cuello y lo abrazó con una fuerza atronadora que casi le rompe las costillas.
Nunca se hubiera imaginado, ni en mil vidas más, que Hermione Granger, de todas las personas, lo abrazaría con tal ímpetu que haría que sus ojos se humedecieran por la confusión de sus emociones. Que la escucharía llorar, con su cara escondida en su cuello y que él mismo terminaría devolviéndole el abrazo de manera temblorosa.
Estaba seguro que hace cinco años, esto hubiera sido lo último que hubiese cruzado por su mente destrozada por los maltratos de Voldemort.
N/A: Esta es la primera vez que escribo algo sobre las dinámicas A/O/B, así que ténganme paciencia. He leído mucho de esto, pero hay tantas variaciones entre autores sobre el tema que simplemente voy a hacer mi propia versión. No me juzguen, toy chiquita. Este fic lo estoy comenzando a escribir, apenas edité este capítulo, tengo lo demás en bruto, pero mi psicóloga me recomendó que me reconectara con la escritura así que aquí estoy. No sé cuántos capítulos serán. Lo estaré publicando al mismo tiempo en mi cuenta de AO3 también, (nonbinarybabe). Si quieren que lo siga, déjenme comentarios. Siempre los leo y me gusta mucho conocer sus opiniones sobre mi trabajo. Aunque es medio deficiente, está hecho con amor y trastornos mentales jajaj. Lqm, nos leemos en el próximo capítulo.
Btw, sí, el título es de un poema de Julio Cortázar. Es precioso y gracias a él se formó la idea para hacer este fic.
