Log 4
Salió volando con la última explosión, la luz abrasadora le arrebató la mayor parte de sus extremidades y finalmente, impactó en algún lugar desconocido del bosque. Apenas y logró arrastrarse entre las raíces de un árbol para dejar lo que restaba de su cuerpo en un lugar seguro. Esperando que alguno de sus compañeros lo encontrara.
Buscó en su bolsillo, buscando alguna cosa útil, pero lo único que encontró fue el botón del uniforme de Black. Sonrió. Y comenzó, como siempre a jugar con él, escalonando sus dedos, haciendo avanzar y retroceder aquel botón. Ya antes, se había ocupado de arrancar botones de los uniformes del resto de sus compañeros en los combates, pero siempre los desechaba o los devolvía. Sin embargo, ese, el botón del instructor, le pertenecía.
Como androides, no poseían un corazón que bombeara sangre para mantenerlos con vida, y no podría jamás olvidar que Black no poseía una caja negra, pues no era un modelo Yorha como él mismo y el resto de sus compañeros. Ese botón, era lo más cercano que tendría de sus entrañas…por ahora.
Mientras jugueteaba con él, imaginaba qué cara y qué clase de ideas se formaría el instructor al encontrar su cuerpo con ese botón en la mano. Era risible. Lo había observado lo suficiente para darse cuenta de que Black era demasiado cobarde como para atreverse a pensar lo peor de él. Aun cuando Black estaba consciente de que lo acechaba, de que conservaba su botón y de lo peligroso que podía llegar a ser, seguramente su adorable instructor pensaría en alguna tontería sentimental antes de aceptar el verdadero motivo. Sintiendo que su fin estaba cerca, tomó el botón y lo llevó a sus labios para imitar lo que había visto en archivos de la humanidad, algo que llamaban "beso". Finalmente, mandó una señal de su ubicación, empuñó el botón y lo llevó con su mano a descansarla en su pecho. Se apagó por completo con el perverso pensamiento de que ojalá fuera su instructor quien lo encontrara primero.
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Se había escondido tan bien, que su cuerpo había sido el ultimo en ser buscado. Priorizaron la reparación del resto del equipo, quienes terminaron por unirse a la búsqueda del cadáver de No.6.
— Ese engreído, tanto que me retó al inicio de la misión y no pudo resistir nada — esta vez se quejó No.3, partiendo la maleza con su espada.
— Al menos podría habernos hecho más sencilla la búsqueda — bromeó No.22 intentando aligerar el ambiente — Pero al menos estamos conociendo un poco más el área.
— Con la explosión que lo mandó a volar, dudo que haya sido elección suya al cien por ciento el elegir una zona difícil de alcanzar— comentó No.4, como siempre, sin entender las bromas.
— ¿Hay alguna actualización, No. 21? — preguntó No.9
— Según las señales que capto de su caja negra, No.6 tiene que estar en esta zona, en un radio de 6 metros — comentó el escáner.
— No. 21, No.9 y No. 22, permanezcan aquí, alertas. Seguiremos las instrucciones de los análisis No. 21 para continuar la búsqueda. No. 22 permanece custodiando a No.9 y No.21 — ordenó Black, dividiendo rápidamente las labores de búsqueda — No.3 a la derecha, No.4 a la izquierda, yo iré recto.
— Esta vez esa comadreja sí tendrá que llamarme "señor" después de toda esta condenada búsqueda — refunfuñó No.3 quien como siempre, por la potencia de su voz, parecía que, pese a la distancia, estaba al lado de cada miembro del equipo.
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Black fue quien encontró su cuerpo y no era para menos, había estudiado detenidamente a sus aprendices y podía darse una idea de algunas de sus posibles decisiones que tomarían. Ya en una misión anterior No.6 se había ocultado entre matorrales junto a No.3 durante ocho horas completas.
— Lo encontré — se comunicó con una pequeña transmisión al resto del equipo— Reagrúpense donde No.9
Observó entre aquellas raíces el cuerpo magullado de No.6, quien, aparentemente se había asegurado de que su cadáver no fuera de fácil acceso para el enemigo, ni para sus aliados. Se encontraba casi en posición fetal, con su única mano empuñada y pegada a su pecho.
Jaló de las piernas hacia sí, el cuerpo lánguido de No.6. Extraer los cadáveres de sus estudiantes nunca había sido su tarea favorita, pero desde hacía un tiempo, se había vuelto rutinario.
Cuando logró sacarlo, notó que había muerto con algo en la mano, pues cuando lo jaló hacia sí, se abrió y algo había rodado desde ahí. Lo buscó con la mirada, no fuera a ser algo importante de la unidad No.6.
No obstante, cuando lo encontró, se topó con algo conocido: era el botón de su uniforme.
Un escalofrío le recorrió la nuca.
No había pasado de ser percibido que No.6 le había arrancado el botón aquella vez en la cueva, pero le sorprendía que aún lo conservara. Si bien, nunca se lo pidió, había visto antes a No.6 juguetear con botones que tomaba de los cadáveres de sus compañeros, pasándolos entre las falanges de sus dedos, escalonándolos. No obstante, siempre terminaba devolviéndolos o tirándolos por ahí. Como nunca le devolvió el suyo, había asumido que lo había perdido en alguna batalla.
En ese preciso momento, tomó el botón y lo guardó en uno de los bolsillos del uniforme de No.6. No solo no le hacía falta a él, sino que parecía ser que No.6 tenía alguna especie de apego a dicho objeto. Y él como instructor de todos esos pobres chicos, que no eran más que ratas de laboratorio del alto mando, no quiso negarle eso. Si No.6 o cualquiera de sus alumnos encontraba consuelo en un simple botón, por más escalofriante y agresivo que pudiera ser el chico debido a su naturaleza como atacante, le permitiría conservarlo. Su autocomplacencia lo guio a pensar que de una u otra forma, para No.6 el botón era una especie de amuleto
Bufó y se reprendió a sí mismo.
Esa era solo una idea, una fantasía suya. No.6 seguramente lo había conservado como un juguete o un trofeo, no como un objeto de valor. Y si lo pensaba, era más probable que fuera un trofeo. No.6 a través de su conducta infantil y excéntrica, gustaba de retar las órdenes y las figuras de autoridad si algo no le complacía. O a veces, simplemente no mostraba entusiasmo alguno por completar misiones que consideraba imposibles; así que, conservar el botón de su uniforme, era una manera de retar su autoridad.
Lo merecía. No.6 era demasiado inteligente. De no ser por su alta habilidad física y su sed de sangre, habría sido un excelente escáner. Si lo pensaba, quizá su alumno ya había notado el patrón de tareas imposibles a las que habían sido asignados. De ser así, quizá era la manera de No.6 de decirle que estaba consciente de ello y en total desacuerdo.
No.
Era imposible que lo supiera, quizá todo ese pensamiento era la culpa que no quería admitir que sentía. No.6 ni siquiera estaba consciente para admitir o negar sus pensamientos si es que se los compartiera. Debía dejar esas ideas de lado.
Si bien, le perturbaba ser el objeto de observación e interés de ese chico de sonrisa siniestra, a veces no podía evitar pensar que no podría haber sido de otra forma.
Ocasionalmente, recordaba cómo fue que se había ganado dicho puesto. Era ya conocido que fue cuando le dio aquel escaneo antivirus con el SSU. Inicialmente asumió que el cosquilleo que tanto habló No.6 era lo que le había dejado tal fijación, una sensación placentera que no fuera el dolor del combate y la guerra. No obstante, después, cuando repasó la imagen en su cabeza tantas veces, fue que se percató sobre el punto de la sumisión.
En esa ocasión, él, como su figura de autoridad, intentó meterlo en cintura y había tomado control sobre el cuerpo de No.6, sometiéndolo contra su voluntad, provocando sensaciones extrañas, dispersas y placenteras, según mencionó el mismo No.6.
Siendo su alumno una unidad con una fuerza descomunal que difícilmente podía ser detenida y que se la pasaba despojando de su voluntad y vida a los demás, no le extrañaba ya que se quedara fijado en ese momento en el que había vivido lo opuesto. Esa contradicción le recordaba a la humanidad que tanto intentaban salvar.
Una vez más, llevó en sus brazos a No.6. Se fijó que, por la ausencia de sus extremidades, el cuerpo era aun más ligero que antes. Sus ojos estaban cerrados así que no podía ver su reflejo en ellos, esta vez. Y lo agradecía. Verse encerrado en esa mirada depredadora y verlo tan cerca, lo inquietaba.
De estar despierto, probablemente volvería pedirle el escaneo de virus o tomaría su rostro para orillarlo a verlo, tal cual en la cueva. Pensó en que debería empezar a generar contramedidas, más allá de solo ignorar sus avances.
Cuando volvió con el resto del equipo, tomó algunas horas para No.9 el sanarlo. El cuerpo estaba realmente dañado.
— ¡Buenos días, No.9! — saludó animado No.6 al despertar.
— Buenos días — correspondió No.9 con un tono más tranquilo y una sonrisa suave — Me alegra que estés bien.
— Al parecer, esta vez terminaste muy mal gracias a una explosión que te arrojó lejos — completó No. 21, mientras revisaba unos datos.
— No.3 y No.4 fueron en tu búsqueda también, pero fue el instructor Black quien te encontró. — esta vez fue No.22
— Y eso que habías dicho que derrotarías más objetivos que yo, fuiste el primero en caer y el ultimo que encontramos — se burló No.3 revolviéndole el cabello.
No.6 le golpeó la mano con una mueca.
— No me toques, No.3, no permitiré que los brutos y feos como tú me toquen.
— ¡Pequeña sabandija! — gritó No.3 queriendo darle un golpe.
— No.3 detente — pidió No.4 no muy lejos de ahí.
— ¡No peleen! ¡Los acabo de sanar!
— Por otro lado, tú sí puedes tocarme cuando quieras No.9 — comentó No.6 con una sonrisa ladina— Tus manos sanadoras siempre hacen que me sienta mejor.
No.9 se sintió incómodo por el comentario, como siempre, no estaba seguro si No.6 bromeaba o no, pero había conseguido su objetivo usual: hacer el ambiente tenso para todos. El silencio que se realizó lo confirmaba.
No.6 se sintió observado y al voltear se encontró con la mirada del instructor Black sobre él. Sonrió y de inmediato alzó una mano agitándola para llamar más su atención, entonces, dijo en un volumen más alto:
— Por supuesto que usted también puede tocarme cuando quiera y como quiera, instructor Black.
Un leve movimiento de ceja delató la incomodidad de Black, pero fue tan leve que nadie mas que No.6 y No.9 lo habrían notado. La ausencia de respuesta verbal de Black hizo a Non.6 encogerse de hombros. De su bolsillo sacó el botón de Black y comenzó a juguetear con él. Ya le sacaría más expresiones diferentes después.
