Tras oírse la explosión, Yisugo rápidamente se apresuraba a alcanzar a la flota de Joseph, buscándolo entre los barcos, enfrentando todo el que se le intentaba hacer frente. En medio de sus multiples pequeñas incursiones, lograba oír una segunda explosión en la que cayeron tanto barcos aliados, como enemigos, causando muchas bajas.

A lo lejos podía verse cierta pelirrosada cayendo hacia el vacío, y una gárgola yendo tras ella. Fúrico, lanzaba una especie de ráfaga de viento que no logró darle. Para peor caso, la misma le había arrebatado la esfera de fuego de Louise, dejándola caer. Louise, en medio de la caída, fue rescatada por Saito y Tabitha. En cuanto sintió el agarre, no dudó en abrazar a su amado.

—"Saito, Saito, Saito, Saito"—Decía Louise, aliviada.

—"Tabitha, necesitamos ir por Yisugo"—Indicaba el chico.

—"Primero tenemos que ir por la esfera de fuego"—Replicaba Tabitha, indicándole a Sylphide para que persiguiera a la gárgola.

En ese mismo momento, se encontraba pasando por el resto que guiaba a los civiles a refugiar en la catedral.

—"Chicos, miren"—Indicaba Tiffania.

Los demás voltearon y vieron la gárgola, volando y esquivando los ataques de viento provenientes de Tabitha.

—"Deben estar persiguiéndola para quitarle lo que tiene en las manos"—Deducía Kirche.

—"Y nosotros no podemos hacer nada..."—Decía Tiffania, impotente al verlos.

—"Eso no es cierto, Westwood-san"—Contradecía emocionada Siesta—"Recuerde la magia que hizo olvidarnos de ese accidente".

Tiffania, al recordarlo, no dudaba en sacar su varita para conjurar el hechizo contra la gárgola, haciéndola olvidar su misión, deteniéndola.

Justo en ese momento, Tabitha y Sylphide la interceptan y le arrebatan la esfera de fuego, dejándola caer al olvido.

Una vez recuperada, redirigen su vuelo a toda velocidad hacia la nave del enemigo para suplir a su aliado.

En otras instancias Yisugo, se encontraba luchando contra las gárgolas, hasta que se hartó y le lanzó un kunai a Sheffield, causándole dolor que la distraería y detendría a sus esbirros, dándole tiempo para que se encontrara con Joseph, momento en el que Saito saltaba desde Sylphide y aterrizaba en la cubierta del barco, acabando con las gárgolas y alcanzando a Yisugo.

—"Ah, el legendario guerrero y Gandalfr"—Decía Joseph, con una sonrisa arrogante.

—"Joseph, tus crímenes de guerra han terminado, desiste y entrégate"—Declaraba Yisugo firmemente, mirándolo a los ojos de manera penetrante.

—"tu mirada matadora no funciona conmigo"—Responde Joseph, riendo leve.

—"Claro que no, los tres sabemos que no cuentas con sentimientos"—Decía el guerrero de cabello alborotado negro/rojo/plateado—"¿Qué tal enfrentarte a alguien de tu calaña?".

—"Uh, así que ¿Eres de mi calaña?"—Le provocaba Joseph, viéndolo también, con una sonrisa arrogante—"¿También careces de sentimientos? Veo algo de ira en ti".

—"Saca tu as en la manga y lo veremos"—Respondía, esbozando también, sacando su Wakizashi al ver que su oponente había sacado un cuchillo lo suficientemente filoso—"Saito, sal de la habitación".

—"¿Qué demonios? ¡Yo te ayudaré!".

—"¡He dicho que te salgas!"—Le ordenaba dándole una fuerte patada para ocasionar un impacto que lo sacara del puente y cerrara la puerta, para fijar su vista en Joseph, colocándose en guardia y manifestando cierto patrón de ojos combativos.

—"¡YISUGO!"—Gritaba Saito, viéndolo desde la ventanilla de la puerta, golpeándola.

De un momento a otro ambos combatientes comenzaban a pelear a la velocidad del rayo que a simple vista podían verse solo las chispas causadas por los choques entre hojas blancas.

Tras unos minutos de mostrarse sus mejores ataques, habían parado por unos segundos, notando que Yisugo jadeaba un poco, y tenía múltiples cortes en su cuerpo. Aun así, permanecía en guardia, intentando controlar su respiración.

—"Uh, a pesar de tus palabras rudas, pude hacerte varios cortes en el cuerpo mientras que tú no me hiciste ninguno"—Proliferaba Joseph—"Deberías desistir antes que tengas que perder más sangre".

De un momento a otro, así como Yisugo, las ropas de Joseph comenzaron a mancharse de sangre, dándose cuenta de múltiples cortes.

—"Estamos...parejos"—Le indicaba con una respiración entrecortada.

—"¡YISUGO, NO SEAS...MALDITO! ¡DEMONIOS!"—Exclamaba desde fuera Saito, siguiendo con los golpes, intentando abrir la puerta.

Por otro lado, Yisugo, viendo la arrogancia que reunía cada vez más por sus aciertos, hacía brillar más sus ojos, pero lo hacía más calmado, adoptando una postura más firme, logrando hacer reaccionar a Joseph.

Iracundo al verlo más calmado, Joseph comenzaba a usar su hechizo con tal de ocasionarle más cortes, sin esperar que su oponente acumulara la suficiente furia y adrenalina como para tomarlo por sorpresa del cuello, asfixiándolo y lanzándolo contra la pared, acercándose de manera despiadada.

—"¡¿Q-Qué demonios?!"—Exclamaba Joseph, tosiendo para recuperar el aliento.

—"Ahora sientes ¿Verdad?"—Respondía expresando una sonrisa despiadada, emanando una fuerte aura de muerte, formando una esfera de fuego sobre su mano—"¿Qué se siente el terror de tener a un enemigo aun más poderoso que tú?".

Si bien teniendo la situación a su favor, el guerrero de cabello alborotado negro/rojo/plateado recibió una fuerte retroalimentación por la adrenalina y terminó por caer al suelo, cambiando la balanza de poder.

—"Podrás ser poderoso, pero eso al final terminó consumiéndote"—Declaraba Joseph, preparando un ataque mortal.

Para su mala suerte, Tabitha desde fuera montando a Sylphide lanzaba un hechizo de ráfaga compuesta por varios fragmentos de hielo filosos, hiriéndolo hasta derribarlo contra el muro.

Después ambas: Louise y Tabitha entraban, junto con Saito, quien ayudaba a Yisugo intentaba levantarse a duras penas.

—"Demonios Yis, de verdad que tienes un problema de confianza"—Suspiraba Saito, agarrándolo del brazo.

—"Charlotte"—Decía Joseph, mirándola frente a él—"Veo que has heredado los poderes mágicos de tu padre".

—"Tú mataste a mi padre, e hiciste perder el corazón de mi madre"—Le acusaba con una mirada llena de rencor—"Nunca te lo perdonaré".

Dicho esto, comenzaba a conjurar un gigantesco pedazo de hielo con tal de darle un golpe final.

—"Como quieras, haz conmigo lo que quieras, ese es tu derecho"—Respondía aceptando su destino.

—"¡Tabitha, no lo hagas! ¡No tienes que mancharte las manos con sangre!"—Intentaba convencerla Louise, preocupándose por ella.

—"P-pero...yo no se lo perdonaré"—Respondía titubeando Tabitha.

—"S-Saito, detenla"—Le pedía Louise.

—"Esta es la decisión de Tabitha"—Contestaba Saito, mirándola serio—"¿Cierto, Tabitha?".

Yisugo, con la poca fuerza que le quedaba, la abrazaba por detrás cancelando el hechizo, sorprendiendo a Tabitha al punto de sonrojarse aun manteniendo una mirada seria.

—"Louise tiene razón, Tabitha, no necesitas mancharte las manos de sangre"—Le aconsejaba Yisugo, jadeante, luchando contra el dolor de sus heridas.

—"Lo entrego todo a Romalia"—Decía, algo sonrojada y con la vista sombría, haciendo que Louise y Saito se aliviaran.

—"Si te tratas de inmediato, te podrás salvar"—Le recomendaba Louise a Joseph—"Vive y expía tus pecados".

Sin embargo, pese al conmovedor momento, Yisugo fue sorprendido con un ataque al costado, haciendo que cayera al suelo, intentando presionar la herida para evitar perder más sangre y que Tabitha perdiera la esfera de fuego, ambos, ante Sheffield.

—"¡No dejaré que Joseph-sama pase por esta vergüenza!"—Exclamaba de manera defensiva Sheffield, interfiriendo.

—"¡Maldita!"—Le acusaba Saito.

—"La vida de Joseph-sama desaparecerá...déjanos a solas"—Suplicaba Sheffield viendo a su amado amo moribundo.

A este momento, Yisugo lentamente se levantaba y se dirigía hacia la cubierta.

—"¡Yisugo!"—Exclamaba Saito, apresurándose a agarrarlo—"Oh, no, no te irás".

Así, Louise y Tabitha lo ayudaron y se montaron a Sylphide, yéndose de la escena, la cual minutos después había explotado.


Tras llegar a tierra, Yisugo había quedado inconsciente, y justo en ese momento lo llevaron a urgencias para tratar sus múltiples heridas, acompañado por Henrietta, Tiffania, Kirche y Tabitha. Cabía decir que sus familiares animales las acompañaban, como intento de tranquilizarlas.

—"¿Cómo es que llegó con tantas heridas?"—Se preguntaba Henrietta, ofuscada por la situación en la que estaba su amado.

—"Siempre se está metiendo en problemas y la mayoría sale herido casi de gravedad"—Suspiraba molesta Kirche.

—"Fue atacado por Joseph...él usó su magia"—Explicaba Tabitha, estando a punto de contarle de su ataque anterior con Aarón—"Sheffield lo atacó con uno de sus propios cuchillos".

—"Debió haber estado sufriendo mucho dolor"—Mencionaba Tiffania.

—"De todas formas, nosotras tenemos que ir con Su Eminencia"—Declara Henrietta, yendo con Agnes y Tabitha.


Mientras tanto, en la sala principal con el papa de Romalia y su caballero Julio, Louise hacía entrega del artefacto que utilizó Joseph para obtener el hechizo explosivo.

—"Les agradezco de corazón por sus acciones"—Expresaba el papa Vittorio Serevaré, a la vez que Su familiar recibía el espejo mágico—"Por cierto ¿Cómo sigue Yisugo-dono? ¿Está fuera de peligro?".

—"Aun no sabemos"—Respondía Saito—"Pero pasando a otro tema, el que haya pedido a Yisugo ir tras Joseph, quiere decir que querían derrotarlo".

Esto hizo reaccionar a Julio.

—"Eso pensé"—Deducía—"Haciendo a Louise de sacerdotisa, sería secuestrada por Joseph, y para rescatarla, necesitaría que Yisugo derrotara a Joseph ¿Todo fue de acuerdo a sus planes?".

—"¡Saito! ¿Cómo puedes decir eso de él?"—le reclamaba Louise.

—"¿Cómo fue todo, Su Santidad?"—Le acusaba Saito, a pesar que ella intentaba defenderlo

—"Es cierto, no puedo negarlo del todo"—Contestaba el papa—"Haciendo a un mago del vacío vestirse de sacerdotisa, no fue para convencerlo, sino para provocarlo. Con esa acción, tendríamos razón suficiente para lanzar una guerra santa contra Gallia. Pese a eso, nunca tuvimos intención de dañar a la señorita De la Valliere. Tampoco esperaba que Joseph causara tanta destrucción. Espero que puedan perdonarnos".

En eso hacían una reverencia de disculpas, y aunque las chicas lo veían con algo de angustia, Saito los veía con enojo.

Sin poder hacer más, Louise y Saito se retiraban.

—"Debiste haberles dicho algo"—Le decía Saito, siguiéndola.

—"No importa ahora el secuestro"—Responde Louise, deteniéndose—"Sabía que ibas a ir por mí. Mientras te tenga a mi lado, me sentiré más segura".

—"Me alegra oír eso,aunque me hubiera gustado hacer más, como combatir contra Joseph"—Opinaba Saito.

—"Alegrémonos que no fuera así, si no, estarías en la misma situación que Yisugo"—Agregaba la pelirrosada, abrazándolo.

—"Sí, supongo que sí"—Respondía el azabache de azul, correspondiendo el abrazo.


Entretanto, Yisugo, una vez vendado y sus heridas estabilizadas comenzaba a despertarse, algo desorientado por ver una iluminación diferente.

—"¿D-dónde estoy?"—Preguntaba, levantándose poco a poco.

—"¡Tranquilo! Estás en un pabellón médico"—Respondía Tiffania, deteniéndolo e intentando acostarlo—"Solo descansa, no va a pasar nada".

—"Herido en combate...nada que no haya sufrido antes"—Decía mientras tomaba sus manos para apartarlas y levantarse—"Aun así, agradezco que me hayan ayudado con mis heridas".

Dicho esto se paraba y se quitaba las vendas. Posteriormente se acercaba a su ropa para vestirse.

—"Darling, debes descansar, estás muy herido"—Le aconsejaba Kirche, caminando hacia él para abrazar su brazo y detenerlo.

—"Chicas, está bien, estoy mejor—"Menciona suspirando—"Por cierto, Kirche, me estás estorbando, necesito quitarme las vendas".

Al notar eso rápidamente se aparta algo avergonzada, pero hacía un puchero.

Finalmente se colocaba la camiseta, su gabardina de mangas cortas y su capa negra con capucha para luego caminar hacia afuera del pabellón, estirándose un poco, seguido por las dos chicas.

Llegando a la entrada podía ver a toda una multitud de personas celebrando a Saito y Louise, vitoreandolos. Las chicas voltearon a verlo, sobre todo Tabitha, pensando que se enojaría por no recibir el mismo trato de héroe.

—"Y-Yisugo-san, t-tranquilo, sabemos que tú salvaste a Romalia en verdad"—Se apresuraba a decir Tiffania.

—"No, ellos lo hicieron, se merecen tal reconocimiento"—Declaraba en voz baja, con una expresión seria y fría, colocándose su capucha y retirándose.

Las chicas suspiraron algo tristes.

Esta historia continuará.