Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to Rochelle Allison. I'm just translating with her permission.


Capítulo 16

El silencio debió haberse vuelto audible, porque Edward levantó la mirada por un momento, y retrocedió ligeramente cuando me vio. De inmediato fue vergonzosamente obvio lo inapropiada que era mi presencia allí, y mi corazón se hundió. Edward bajó la mirada después de un momento para soltar con cuidado los cables en sus manos y aproveché la oportunidad para salir del cuarto, casi mareada con urgente necesidad de irme.

—Bella —su voz llamó suavemente, pero no quería escuchar lo que fuera que iba a decir.

Simplemente necesitaba lidiar con ello.

Hubo una ráfaga de murmullos en la habitación, y pasos detrás de mí mientras alcanzaba la puerta.

—No quise... lo siento —Comencé a abrir la puerta pero su mano se asomó de golpe y la cerró fuertemente, haciéndome sobresaltar, y que mi corazón martilleara maniáticamente en mi pecho como si intentara escapar de la prisión de mis costillas.

Edward no dijo nada.

El borde de su chaqueta tocaba mi brazo y mi mirada estaba fija en sus zapatos, tragando compulsivamente mientras intentaba calmar la tormenta dentro de mí.

¿Por qué actúas así? Sabes lo que hace, quién es...

Pero quizás había estado haciendo la vista gorda demasiado a menudo, permitiendo que las cosas que él no me contaba se esfumaran así simplemente no existían. Era fácil ignorar los detalles desagradables, desconsiderar la muerte y la destrucción cuando me perdía en sus preciosos ojos verdes.

Quizás solo era un ser humano horrible, dominada por mis deseos, comportándome porque amaba a Edward y no por algún verdadero sentido de moralidad o propósito. En ese momento, no sabía quién era peor, Edward o yo, o si incluso tenía el derecho a ser tan santurrona.

—¿Por qué viniste? —Su voz era dura, no un tono que normalmente reservaba para mí—. No puedes estar paseando por allí, especialmente sola... ellos saben quién eres ahora.

—Salí temprano... —Exhalé lentamente y lo miré, al fin.

Él me evitaba, miraba a la puerta, y entré en pánico un poco por dentro, sintiéndome temblorosa y descompuesta por lo errónea que la distancia se sentía entre nosotros. Desesperada por estar conectada, entrelacé mi meñique con el suyo, llamando su atención de vuelta a mí.

Nos observamos por un momento, nuestros ojos parpadeando de un lado a otro. Aunque mi corazón estaba baja la velocidad a un ritmo más pacífico, mi estómago seguía retorciéndose y acalambrándose ansiosamente.

Edward se apoyó contra la puerta, manteniendo sus ojos fijos en los míos como si estuviera estudiando los detalles de mi rostro.

—Quería verte —dije, dejando caer mi dedo del suyo—. Pero me iré.

—También quiero verte, pero este no es el momento.

—Ya lo veo. —Me moví nerviosamente, intensificando mi agarre en la correa de mi mochila.

—Haré que uno de los chicos te lleve...

Negué con la cabeza.

—No.

—No puedes quedarte, Bella.

—Obviamente —murmuré.

—Entonces, ¿cuál es el problema? —preguntó impacientemente, enderezando la postura.

—No quiero que uno de ellos me lleve a casa. Solo déjame ir, estaré bien —dije. Sabía por qué él quería que alguien me acompañara a casa, pero estaba tan cansada de ser mimada. Había sido un error venir, lo sabía, todos en el apartamento lo sabían, y todo lo que quería era regresar por dónde había jodidamente venido.

—No por tu cuenta.

—¡Está bien! —espeté, la energía nerviosa en mi interior manifestándose en irritación.

Emmett salió de la habitación, colocándose su chaqueta.

—Vamos, Bella, yo te llevaré.

Edward sacudió la cabeza, frunciendo el ceño.

—Quizás debería simplemente ir yo, Emmett.

—No seas un idiota, yo la llevaré. Ve y termina, no puedes solo dejar esa mierda allí. —Emmett suspiró—. ¿Dónde están las llaves?

—En la encimera de la cocina. —Edward metió las manos en sus bolsillos, observándome una vez más. Sabía que había más que quería decir, podía verlo en su rostro y sentirlo, pero no habló así que no hablé.

—Te veré más tarde, ¿sí? —susurré, abriendo la puerta.

Pero él me siguió hacia el pasillo y me dio la vuelta, llevando sus dedos a mi cabello.

—Si algo te pasara, jamás me lo perdonaría —dijo con un susurro intenso, sus ojos oscuros y salvajes.

—Lo sé —susurré, sintiendo mis partes más profundas colapsar por dentro.

Siempre te hago llorar. —Cerró los ojos y apoyó su frente contra la mía.

—No es así. —Negué con la cabeza suavemente.

—Pero lo es. ¿Cómo soy bueno para ti? —preguntó.

Me aparté un poco, incitándole a que abriera los ojos.

—¿Me amas?

Retiró sus dedos de mi cabello y asintió.

—Entonces, eres bueno para mí.

Emmett salió y giré para seguirlo por el pasillo.

—Iré más tarde —prometió Edward detrás de mí. Le eché un vistazo por encima de mi hombro para verlo darse la vuelta y desaparecer dentro del apartamento.

Emmett bajó el ritmo, silenciosamente ofreciéndome su brazo, y lo enlacé con el mío.

~V~

Pasar el rato en la cocina mientras mamá preparaba la cena casi siempre me ayudaba a enfocar mis pensamientos y mis sentimientos. No era que quería olvidar lo que había visto en la guarida esta tarde; simplemente ansiaba normalidad, y el calor tranquilizante y aromático de la cocina de mi madre proveía eso. Este era el único cuarto en la casa que había permanecido igual toda mi vida, y eso en sí mismo era reconfortante.

Además, estaba preparando un bizcocho de postre, y yo siempre había tenido un don para hornear.

Emmett trajo a Rose alrededor de las seis y entonces se fue de nuevo, diciendo que tenía que hacer varios recados. Tenía mis sospechas sobre qué tipo de "recados" se refería, pero no era necesario decir que las guardaba para mí misma.

Una vez que la cena estaba preparada y cociéndose en la estufa, mamá preparó una pava de té y se sentó con Rose en la mesa mientras yo me perdía en la catarsis de preparar un pastel.

Rose había estado yendo a misa con nuestra familia regularmente durante el último mes. Al principio, le habían parecido un poco extrañas varias de las prácticas, como estar encerrada en una pequeña cabina para confesarse, pero parecía estar acostumbrándose a ello. También había comenzado las clases de conversión en septiembre; el proceso RCIA completo le llevaría hasta Pascuas, pero el padre Harrington había aceptado reunirse con ella dos veces por semana en vez del habitual una por semana debido a su situación.

Al ser criada católica, me compadecía con la asombrosa cantidad de información que Rose ahora tenía que procesar; era como ir a la universidad. Lo que nos había llevado a Alice, Em, Edward y a mí trece años, Rose lo iba a tener que lograr en seis meses. Ella estaba preparándose ahora para tomar su primera comunión, algo que todos habíamos hecho a los siete años.

Adicionalmente, Em y Rose habían estado asistiendo a sesiones de orientación premarital con el padre Harrington una vez por semana así podían casarse tan rápido como fuera posible. Aunque el padre no aprobaba el hecho que Rose y Emmett estuvieran esperando un bebé fuera del matrimonio, él podía apreciar su deseo de hacer las cosas bien.

La boda, la cual sería una simple y pequeña ceremonia en St. Mary's, estaba prevista para el primero de noviembre. Mamá y yo estábamos ayudando a Rose a planificarlo, junto con la fiesta íntima después en nuestro patio. El pequeño espacio detrás de nuestra casa era pequeño, muy bonito y muy acogedor gracias a la habilidad para la jardinería de mamá.

Me ponía un poco triste que los padres de Rose no estarían presentes, pero ella me había asegurado que eso era lo mejor. Ella aún estaba distanciada de su padre y su lado de la familia, y aunque hablaba de vez en cuando con su mamá, tampoco eran cercanas. Aún así, no podía imaginar que mi propia carne de mi carne me desconociera así, y el hecho que mis padres recibieron a Rose como una hija, a pesar de la religión y el embarazo no planeado, realmente llenaba de calor a mi corazón.

Mamá y Rose hablaban sobre posibles diseños de pastel de bodas cuando Emmett y Edward entraron a la casa. Mi corazón aún latía raro cuando sabía que él se encontraba cerca y puse los ojos en blanco para mi misma, rompiendo un pedazo de papel manteca con el cual podía enmantecar el molde.

—Está bien, está bien, tranquilas. —Emmett entró molestamente al cuarto, plantando besos ruidosos y húmedos en mamá y Rose. Me encogí, esperando el ataque y ciertamente plantó uno en mí entonces. La entrada de Edward fue más sutil, e incluso sin darme la vuelta, sospechaba que estaba abrazando a mi madre.

—¿Te quedarás a cenar, amor? —ella le preguntó, y volteé para verla frotar su brazo cariñosamente.

Edward me echó un vistazo, sonriendo torcidamente cuando nuestras miradas se encontraron.

—Podría, sí.

—Deberías —dije despreocupadamente, llevando mi atención de regreso a la mezcla. Levantando cuidadosamente el bol pesado de cristal, vacié su contenido en el molde.

—¿Una hora, cierto? —grité por encima de mi hombro, metiendo el molde en el horno.

Mamá se puso de pie, incapaz de resistir meter su mano en la proverbial cacerola.

—Cierto. —Asintió, colocando el cronómetro ella misma. Revisó las cacerolas y sartenes en la estufa y, satisfecha que todo estuviera bien, regresó a la mesa donde Rose le estaba mostrando a Em un boceto de la torta que a ella le gustaba.

Edward se apoyó contra la encimera a mi lado, perezosamente lamiendo la cuchara de palo que yo había estado usando con la mezcla.

—Sabrá mejor cuando esté cocida —comenté, tratando de ignorar la manera en que su lengua lamía la mezcla. Arrancando la cuchara de sus dedos, me incliné para darle un beso rápido.

—Supongo que no podía esperar a probarla —respondió, sonriendo ante su propia provocación.

Teníamos cosas más importantes que discutir, pero en momentos como este no se podía negar lo cercanos que nos habíamos vuelto, lo fácil que nos llevábamos. Había visto suficientes relaciones y matrimonios de larga duración para comprender que las mariposas y los sonrojos no durarían para siempre, pero eso estaba bien.

Quería estar con Edward siempre, tener lo que mis padres tenían.

Y sabía que "siempre" era una palabra de cuentos de hadas, que muchas personas se prometían "por siempre" y "siempre" y terminaban en nada; a veces me preguntaba si era ingenua al pensar que después de solo unos meses Edward y yo seríamos diferentes. Si él no hubiera indicado que pensaba en el futuro, tendría mucho más cuidado al proteger mi corazón.

El sonido de Em acercando su silla a la mesa me sacó de mis pensamientos, y me acurruqué más cerca del horno, contenta con el calor que proveía en una cocina un poco fría.

—¿Cuándo llega Pa a casa? —pregunté, echándole un vistazo al reloj. Eran pasadas las siete, y él a menudo estaba en casa después del bar para estos momentos. Él pasaba mucho tiempo socializando con sus viejas camaradas; aparentemente ninguna violencia o amenaza de peligro era bastante severa para evitar que disfrutaran sus pintas cada noche.

—Ah, el coche estaba teniendo problemas de nuevo. Pasó por el mecánico después del trabajo —dijo mamá.

—En ese caso, estaremos arriba. ¿Me llamas cuando suene el cronómetro, sí? —dije, captando la mirada de Edward. Él me siguió fuera de la cocina, colocando su mano en la parte baja de mi espalda mientras subíamos las escaleras.

Asegurándome de cerrar la puerta completamente, me senté en la cama y palmeé el lugar a mi lado.

Edward suspiró, una pequeña sonrisa asomándose en sus labios.

—Supongo que quieres hablar de ello —dijo.

—Sí. —Me encogí de hombros.

Él se acostó sobre la cama, haciendo que el colchón, y yo, rebotara.

—Aquí es donde me besaste por primera vez —comenté románticamente, acostándome así estábamos uno al lado del otro.

—Lo es, ¿o no? —dijo, mirándome de soslayo. Soltó una risita y sacudió la cabeza un poco, probablemente ante mi completa infantilidad—. Así que, adelante. Puedo ver que has estado pensando todo el día.

Girando sobre mi costado, puse mala cara suavemente.

—¿Cómo sabes en lo que he estado pensando?

—Porque te conozco. Estabas lista para matarme temprano —bromeó.

—¡No lo estaba! —Lo empujé.

—Lo estabas —dijo suavemente, entrelazando sus dedos detrás de su cabeza.

—No estaba molesta. —Suspiré—. Me tomó por sorpresa, y estaba muy aterrada... por ti.

Él no dijo nada por un momento, y permanecí callada, escogiendo mis palabras. Había mucho que necesitaba decir, y lo haría, pero no lo había traído aquí arriba solo para quejarme. A veces, solo estar con él era suficiente, y podía permitirme apreciar eso aunque fuera.

Aún así, ver la bomba hoy me había enervado, y quería que lo supiera.

La vida es lo suficientemente fugaz sin tener que meterte en peligro cada vez que puedes...

Él respiró profundamente y volteé hacia él a la espera.

—¿Qué quieres que diga, Bella? No podemos seguir teniendo la misma discusión una y otra vez. Esto es lo que hago.

—Dijiste que si algo me pasaba no podrías perdonarte a ti mismo —comencé, apoyándome sobre un codo.

Él asintió, mirando al techo.

Obligándome a mirarlo, solté las palabras que habían estado dando vueltas en mi mente, de una manera u otra, todo el día. No tenía la energía para ser discreta o evasiva.

—¿No sabes que siento lo mismo? Nada que diga puede evitar que hagas esto. Te llama, y eso lo acepto. Pero necesitas ponerte en mis zapatos. Pat murió haciendo lo mismo que estabas haciendo hoy, y la idea de perderte de esa manera me mata. Dices que jamás te perdonarías si saliera lastimada, pero me volvería loca por completo si algo te sucediera a ti. Te amo, pero odio esto. Odio esta vida. ¡No puedo tener un por siempre contigo si te mueres!

Llegados a este punto, las lágrimas que habían estado amenazándome todo el maldito día se escaparon y me senté, secando mi rostro. Francamente, no me importaba si él me veía llorar; esta era mi verdad, y él podía hacer con ella lo que quisiera.

La cama se movió al acercarse.

—Bella. —Su voz parecía muy susurrante.

Sorbiéndome la nariz, lo miré, avergonzada por lo deliberadamente directa acababa de ser.

Él apoyó una mano en mi muslo y le dio un apretón.

—¿En serio quieres eso?

Mi mente se sentía revuelta y fruncí el ceño, confundida.

—¿Querer qué?

—Dijiste —Hizo una pausa, y por una de las primeras veces vi su vulnerabilidad—. ¿Por siempre?

Allí se fue la maldita sutileza.

Quizás ir de frente sería la mejor opción, después de todo.

—Sí, pienso en... eso.

Él asintió pensativamente, mirando al piso.

—Te he conocido toda mi vida; simplemente no hay nadie más —solté, silenciosamente maldiciendo mi incapacidad de ser incluso un poco cortés.

Edward resopló, mirándome.

—Entonces, ¿gano por defecto?

—Sí. —Sonreí, apartando la mirada. Esta conversación no estaba yendo cómo quería, lo cual era bueno y malo. Bueno, porque estábamos hablando sobre nosotros, malo porque estábamos esquivando el verdadero problema.

—Cielos, estás roja —comentó, pasando el dorso de su mano por mis mejillas ardientes.

El silencio nos rodeó. La puerta del frente abajo se cerró fuerte, a la distancia; Pa estaba en casa.

—No quiero perderte, Edward, no cuando acabo de tenerte —admití, quitando su mano de mi rostro así podía sostenerla en mi regazo.

—Esto complica mucho las cosas —dijo, mirando nuestras manos.

—¿Por qué?

—A veces es más fácil morir por algo que vivir por ello. No quiero romperte el corazón, Bella.

—Demasiado tarde —susurré.

Él volteó mi rostro así lo miraba.

—No puedo prometerte que nada malo sucederá, pero haré todo lo posible para prevenirlo. Va a tener que ser suficiente por ahora.

Asentí, comprendiendo. Esto era lo que había acordado desde el principio, tanto si me había dado cuenta de eso o no. Lo malo venía con lo bueno, y así es como era.

—Es por esto que es más fácil no involucrarse. —Se acostó, jalándome suavemente con él—. Tú me complicas las cosas.

—Lo siento —dije, tanto arrepentida como encantada con sus palabras.

—Estás en mi mente en los peores momentos —dijo.

—¿Sí?

—Sí.

—Bien —dije, y él frunció el ceño.

Llamaron a la puerta. Secando mi rostro, me senté, dejando a Edward con sus pensamientos.

—Vamos a comer —avisó Rose, y me preguntaba por qué la enviarían a ella de todas las personas a que nos lo dijera.

—De acuerdo, en un momento estaremos allí —contesté, preguntándome por cuánto tiempo habíamos estado aquí arriba y si el bizcocho ya casi estaba hecho. Conociendo a mamá, seguramente se había hecho cargo y lidiado con ello ella misma.

Edward me volvió a jalar hacia abajo, haciendo que mi estómago diera un vuelco ante su cercanía.

—Estarás bien, ¿no?

—Claro. —Me acerqué aún más a él así nuestras bocas estaban casi tocándose. Sintiendo lo que quería, me empujó sobre mi espalda y se inclinó para besarme.

~V~

—Hablo mucho —estaba diciendo Pa, tamborileando sus dedos sobre la mesa de la cocina. Sacudió la cabeza con diversión cuando Edward y yo entramos—. Ah, qué bueno de su parte unirse a nosotros.

—Hola, Pa. —Fui directamente a él y lo abracé tan fuerte como podía, besando ambas mejillas cariñosamente.

—¿Eres francesa ahora? —bromeó, sus ojos brillaban.

—No que yo sepa, a menos que mamá tenga algunos secretos —contesté con insolencia. El cronómetro sonó y me di la vuelta rápidamente, arrogante cuando llegué al horno antes que mamá.

El bizcocho estaba perfecto cuando lo saqué, e inhalé indulgentemente.

Abarrotados alrededor de la mesa, rápidamente entonamos el "Bendícenos Señor" antes de probar la cena de mamá.

Mamá y Pa estaban sentados juntos, hablando en voz baja, riendo cada cierto tiempo con algún chiste privado u otra cosa. Em posaba una mano en el respaldo de la silla de Rose mientras la otra metía constantemente comida en su boca. Cada tanto plantaba un beso en su mejilla o tocaba su cabello, y ella lo alimentaba con un poco de comida de su plato.

—Tendré que irme en un rato —Edward me susurró al oído, robando mi sonrisa.

—¿Ya? —pregunté—. ¿No quieres bizcocho?

—Comeré una porción. —Asintió, bajando su tenedor.

Me puse de pie, juntando algunos de los otros platos vacíos y los dejé en el fregadero. Aunque estaba increíblemente contenta por mi hermano y Rose, ver la cercanía que compartían me ponía triste; pronto se irían con Edward, serían libres de pasar la noche —y el resto de sus vidas— juntos, y yo me quedaría aquí en casa, sola.

~V~

Jasper, Alice y yo nos encontrábamos afuera de la biblioteca, observando a la multitud reunida para otra sentada por los derechos civiles. Había llovido temprano, y tanto el césped como el concreto seguía mojado en algunas partes, pero mayormente el clima había mejorado, dejando el día fresco y resplandeciente. Los jueves eran mis días libres; me había asegurado de llamar al Sr. Connelly por si acaso, pero la tienda estaba tranquila y él me había incentivado a que disfrutara mi día libre.

Lleno de gente joven e idealista, la universidad aún era un lugar bastante popular para las sentadas, protestas y marchas, especialmente aquellas de naturaleza conciliadora. Jasper y Alice habían asistido a muchos eventos al principio, pero últimamente los estallidos de violencia tenían un efecto disuasorio. Yo a menudo estaba trabajando, desconectada y ajena a cualquier emoción, buena o mala.

La protesta de hoy era un esfuerzo conjunto entre el grupo NICRA del campus y Democracia Popular, dos organizaciones estudiantiles que se unían para manifestarse en contra el sectarismo y la brutalidad policial por parte de fuerzas especiales como el RUC y el USC, conocidos por la mayoría como los Especiales B.

Encontramos un lugar menos concurrido cerca de un banco y nos sentamos, un poco apartados de la mayoría de los estudiantes que sostenían carteles y cantaban. Los oradores subían al podio improvisado uno por uno, incitando a todos a incluso yo comencé a sentirme un poco luchadora.

Jasper sonrió con diversión después que yo gritara en aprobación después de un particular llamado elocuente a la unidad.

—De acuerdo, es difícil resistirse. —Le devolví la sonrisa, encogiéndome de hombros.

—Son un grupo carismático, eso es seguro —comentó arrastrando las palabras, entrelazando sus dedos detrás de su cabeza mientras se reclinaba cómodamente en el banco—. No importa dónde vayas, Belfast o Boston, esto es lo que está sucediendo.

—¿Por cuánto tiempo crees que te quedarás? —pregunté.

—Probablemente regresaré la próxima primavera —dijo, echándole un vistazo rápido a Alice antes de mirar al frente.

—¡Oh! Antes de lo que pensaba —dije, también mirando a Alice para ver cómo se sentía al respecto.

Ella me sintió observarla y me miró de soslayo, sacudiendo la cabeza casi imperceptiblemente. Tenía el presentimiento de que íbamos a charlar al respecto más tarde.

—Sí, bueno... Originalmente quería hacer un año, pero he estado progresando mucho con mis clases. Difícilmente salgo, a menos que sea con la pequeña señorita de aquí —dijo cariñosamente, estirando un brazo para acercar más a Alice.

—Lo entiendo. —Suspiré, pensando en mis horarios de clase alocados.

Justo entonces, Deklan Crowley pasó por allí, mirando dos veces cuando me vio.

—Hola —dije, sentándome derecha. De inmediato, estudié los rostros en la multitud, preguntándome si Edward estaba cerca.

Deklan se acercó, asintiendo en dirección a Jasper.

—¿Estás metida en esta mierda ahora? —Se rio, señalando con la cabeza hacia la conmoción.

—Sí, es todo lo mismo, ¿o no? Menos las armas —respondí, entrecerrando los ojos, pero sonriendo también.

—Supongo, sí —concedió, mirando alrededor.

—¿Los otros están aquí? —Quería saber.

Él inclinó la cabeza en la dirección que había venido. Tyler, Seamus, Emmett y Edward estaban acercándose por el sendero junto con cuatro o cinco chicos más que conocía un poco.

Poniéndome de pie, metí las manos en los bolsillos de mis jeans.

—¿Qué hacen todos aquí? —le pregunté a Deklan en voz baja, notando el segundo que los ojos de Edward me encontraron.

—¿No crees de verdad que todos están aquí para una protesta pacífica, o sí? Vamos, eres inteligente —contestó.

Los otros se detuvieron cuando alcanzaron nuestro banco, Emmett me guiñó un ojo antes de agacharse para hablar con Jasper. Edward y yo nos encontramos a mitad de camino, me paré de puntitas de pie para saludarlo.

—No esperaba verte aquí —comenté, mi corazón martilleaba mientras el viento revolvía su cabello.

—Tampoco esperaba verte aquí —dijo. Su voz era dulce, pero su lenguaje corporal se veía extraño, tenso de alguna forma.

—¿Está todo bien? —pregunté, mirando alrededor nerviosamente.

—Está bien, solo... —Su voz se apagó, sus ojos continuamente estudiando la multitud.

Entonces, lo entendí, y el potencial de que algo horrible sucediera pinchó mi sensación de bienestar. ¿Cuándo nuestras vidas iban a ser tranquilas?

Después de un momento, Emmett le dio unas palmadas en el brazo a Edward.

—¿Dónde está Tyler ahora?

—Fue al baño —respondió Deklan.

—Ha estado ausente por un tiempo, ¿o no? —insistió Em, frunciendo el ceño.

Deklan se apoyó contra un árbol cercano.

—Quizás fue ese nuevo lugar de pescado y papas, le dije que no fuera pero él...

Lo dejé de escuchar en algún punto, sin interés en los problemas digestivos de su hermano. Edward se veía afligido, incluso más que antes, y toqué su brazo.

—¿Cuál es el problema? ¿Esos tipos están aquí hoy?

Me miró intensamente.

—Sí, de hecho, afuera, en la calle.

—Voy a buscarlo —anunció Em, mirando significativamente a Edward. Miré de uno a otro con aprehensión, sintiéndome cada vez más preocupada con el paso de los segundos. ¿Había una razón por la que se encontraban tan conscientes de la ausencia de Tyler?

¿Esto tenía algo que ver con todas las casi peleas en las que él había estado metiéndose?

—Cielos, está bien —masculló Deklan, apartándose del árbol. Realmente no lo entendía; era su hermano en discusión; ¿por qué no estaba más preocupado?

Los Crowley jamás habían sido conocidos por ser inteligentes, pero Jesús, María y José, este tenía tan pocas luces.

Jasper se puso de pie también suspirando.

—Como siempre, las cosas están a punto de complicarse, así que creo que las llevaré a un lugar seguro, señoritas.

A simple vista, nada parecía estar mal. El acto seguía en marcha, los discursos enfatizados por fuertes cánticos y vítores, todos se comportaban civilmente. Por supuesto, la presencia de oficiales RUC en el perímetro, que se aseguraban de que las actividades permanecieran pacíficas, era un espanto, especialmente ya que eran sobre sus métodos por lo que protestaban en el acto, pero, dentro de todo, todo parecía estar bien.

—Las llevaré a mi apartamento, ¿de acuerdo, amigo? —Jasper le dijo a Edward.

—Sí, está bien —contestó Edward, distraídamente, ya en movimiento. Mi estómago se contrajo asquerosamente; odiaba cuando él se ponía así, actuando de forma nerviosa y en piloto automático. Si acaso, no saber solo empeoraba mi estrés.

—Alice, dale el número de teléfono de Jasper así puede recogernos más tarde —dije. Ella rápidamente rompió un trozo de papel de su mochila y anotó el número, tendiéndoselo a su hermano.

—Vayan, iré a buscarlas más tarde —dijo, echándome un vistazo.

Nos separamos al llegar al extremos del campus, Edward y los chicos girando a la izquierda hacia la calle y Jasper llevándonos hacia la derecha, en dirección a su apartamento.

Camionetas RUC e incluso una ambulancia se encontraban junto al bordillo, esperando en caso que las cosas se pusieran feas. Jasper dijo que vivía a solo tres cuadras de distancia, y caminamos rápidamente, silenciosamente reconociendo la necesidad de salir de la calle.

De repente, Alice jadeó, jalando a Jasper y a mí para detenernos.

Antes que pudiera preguntar qué pasaba, seguí su mirada hacia el callejón por el que estábamos a punto de pasar. Tyler Crowley yacía ensangrentado en el suelo, una de sus piernas doblada en un ángulo nada natural.

—¡Oh, por Dios! —chillé, corriendo hacia el callejón. Jasper se encontraba justo detrás y se dejó caer de rodillas, cuidadosamente sosteniendo la muñeca de Tyler para poder buscar un pulso.

—Esto no es bueno, difícilmente puedo sentir algo —dijo sin aliento. De pie, miró a su alrededor frenéticamente—. ¿Dónde se encuentra el teléfono más cercano?

—¡Ya hay una ambulancia allí afuera! —gimoteó Alice, las lágrimas caían por su rostro. Yo también estaba llorando, temblando tan fuerte que apenas podía respirar.

Sin otra palabra, Jasper salió disparado del callejón. Alice y yo nos quedamos con Tyler, susurrando y rezando sobre su cuerpo inmóvil. Su cabello rubio estaba empapado de sangre, su rostro pintado de rojo, negro y azul.

—Alice, sus ojos —sollocé.

—¿Qué? —Ella se inclinó, chillando cuando vio por sí misma lo hinchados que estaban sus ojos, lo magullado que estaba su rostro.

La ambulancia se detuvo en la calle y dos paramédicos se apresuraron a bajar, rápidamente haciéndonos a un lado así podían evaluar las heridas de Tyler.

—¿Puedo ir con él? —pregunté momentos más tarde, una vez que lo habían asegurado en una camilla y estaban llevándolo hacia la ambulancia.

—Solo uno de ustedes —respondió el paramédico de cabello oscuro, sin apartar su mirada de Tyler.

—Yo iré —le dije a Jasper y a Alice—. No quiero que esté solo.

Jasper asintió.

—Si veo a los otros, o si Edward llama, se lo haré saber.

Dentro de la ambulancia, pregunté si estaba bien que sujetara la mano de Tyler, pero aparentemente había grandes posibilidades de que algunos de sus dedos estuvieran rotos. Eché un vistazo a su cuerpo roto, y grandes olas de temor e impotencia me impactaron.

—Vemos esta mierda todo el tiempo... —El otro paramédico suspiró, sacudiendo la cabeza—. Es una lástima.

Me miró directamente, al fin.

—Puedes colocar tu mano sobre la suya; solo no la sujetes, ¿sí?

Gentilmente, hice justo eso, rezando durante todo el trayecto.


NICRA - Northern Ireland Civil Rights Association. Asociación por los Derechos Civiles de Irlanda del Norte. Luchaban por los derechos civiles de la minoría católica en Irlanda del Norte durante finales de 1960 y principios de 1970.

People's Democracy. Democracia Popular. Sentía que la única manera de conseguir derechos para la minoría católica en Irlanda del Norte sería estableciendo una república socialista para toda Irlanda. A menudo trabajaba con NICRA en términos de marchas, etc. (aunque NICRA no compartía las políticas de extrema izquierda.)

USC/ "B Specials" - Ulster Special Constabulary. Policía Especial del Ulster. Fuerza policial de reserva; bienvenida por la comunidad unionista (leal/protestante) porque sentían que les ayudaba a defenderse contra el IRA. Desconfiada y odiada por la comunidad católica/nacionalista, que sentía que la USC era anticatólica.

RCIA - Rites of Christian Initiation for Adults. Ritos de Iniciación Cristiana para Adultos. Básicamente, el conjunto de cursos oficiales para la conversión católica. Para adultos.