Nota.- Perdón por el retraso... He tenido esto olvidado por un tiempo, pero aquí estoy de nuevo.
CAPÍTULO 33
— ¡Vaya! ¡Sí que sabes cocinar!— Exclamó Olivia mientras devoraba los macarrones con queso que Morgan había preparado. La pasta siempre era su primera elección cuando no había tiempo para la cocina, lo que sucedía muy a menudo, y además tenía la ventaja de que tanto a Emily como a él les encantaba — Esto no lo me habías contado— Añadió haciéndole un guiño a la morena.
Emily, que había sido la última en incorporarse a la mesa, sonrió al recordar todas las ocasiones en las que Morgan la había deleitado con sus habilidades culinarias.
— Acabas de alimentar su ego por un año— Bromeó.
— Nunca te escuché quejarte…— Protestó Morgan.
Emily masticó el bocado de macarrones que se había metido en la boca, y se lo tragó.
— Ya sabes…— Dijo haciendo bailar el tenedor en el aire— Soy una chica de buena familia… Las reglas de cortesía me impiden comportarme de forma desconsiderada…
Morgan se echó a reír.
— Sí, claro… Qué diría tu madre…
Olivia observó a la pareja. Hasta el momento no se había dado cuenta realmente de lo bien que encajaban sus personalidades. Sus gestos, sus palabras y sus miradas desprendían una complicidad que incluso podría percibir alguien que no los conociera. Sophie afianzaba el vínculo entre ellos, sin duda, pero Olivia tenía el convencimiento de que, de cualquier forma, estaban hechos el uno para el otro. Y eso era precisamente lo que tanto había molestado a la sudes.
La joven carraspeó, llamando su atención.
— Derek, tenías que regresar a la oficina, ¿no?
Morgan miró fugazmente a Emily antes de contestar. Ciertamente no era un secreto. Lo había comentado con ambas poco antes. Quería cerciorarse por sí mismo de cómo se desarrollaba el caso y estar disponible por si surgía alguna pista nueva.
— Sí, en un momento.
Olivia dudó. Le había estado dando vueltas al tema tras su conversación con Morgan, y finalmente había tomado la que creía que era la decisión correcta.
— ¿Te importa llevarme?
La pareja intercambió una mirada extrañada.
— No es necesario que vayas… Ya has hecho bastante— Le dijo Emily.
Olivia negó con la cabeza.
— Bueno… J.J. me ofreció quedarme en su casa… Y creo que tal vez sea buena idea.
Ni para Morgan ni para Emily resultaba un misterio el motivo que había detrás, tanto del ofrecimiento de J.J. como de la aceptación de Olivia.
— Oye, no es ninguna molestia que estés aquí— Le aseguró Morgan. Emily le había dejado claro lo importante que era para ella la presencia de Olivia en la casa, y para él eso era lo que primaba.
El problema era que Olivia no era una persona famosa por su discreción, más bien por lo contrario, y aquel penoso intento de Morgan por ocultar que en el fondo estaba feliz con la idea de quedarse a solas con Emily, le causó ternura. No podía reprochárselo. Estaba bastante segura de que Emily sentía lo mismo.
— Oh… Qué encanto…— Se burló Olivia entre risas ante la mirada perpleja de Morgan y la menos sorprendida de Emily— Pero muy a vuestro pesar, que no al mío, definitivamente soy una molestia… Y de verdad, chicos… — Continuó alegremente— Mis oídos no están preparados para escuchar según qué cosas puedan ocurrir en el dormitorio de al lado…
— ¡Olivia!— Se escandalizó Emily con voz ahogada ¿Cómo podía asumir la joven con tanta naturalidad que iba a ocurrir algo entre ella y Morgan aquella misma noche? Desde luego eso no se encontraba en los planes de Emily. Especialmente porque dudaba que algo así estuviera a corto o medio plazo en los de Morgan. Tal vez ni siquiera a largo plazo. Tal vez Morgan y ella nunca podrían recuperar lo que habían perdido.
— ¡¿Qué he dicho ahora?!— Replicó Olivia.
Emily no salía de su asombro.
— Puedo asegurarte que tus oídos estarán a salvo— Le reprochó lanzándole una mirada asesina.
Olivia dejó los ojos en blanco, con expresión aburrida. Se volvió hacia Morgan en una clara demostración de que no le interesaba lo más mínimo la opinión de Emily.
— Entonces, ¿puedes llevarme?— Lo interrogó de nuevo.
Morgan se encontró entonces entre la espada y la pared. Daba igual lo que respondiera, porque no podría contentar a ambas. Así que al final, todo se reducía a una votación de tres, y teniendo en cuenta que Olivia se había puesto inesperadamente de su parte, ¿quién era él para desaprovechar la ocasión?
Le dirigió una mirada de disculpa a Emily, y se encogió de hombros.
— Supongo…— Aceptó con cierto temor.
— ¿En serio?— Resopló la morena, incrédula— ¿En qué momento os habéis hecho tan amigos?
— Bueno… Tuvimos una conversación bastante interesante hace un rato…— Respondió Olivia crípticamente.
— Por supuesto…— Claudicó Emily, y sus ojos acusadores se desviaron entonces a Morgan, que prudentemente había optado por permanecer en silencio.
Así que, después de recoger la mesa, Morgan y Olivia se encaminaron hacia la oficina, donde ya les esperaba el resto del equipo. Emily, por su parte, aun rezongando, se escabulló al dormitorio de invitados donde Sophie, instalada en la cuna, comenzaba a desperezarse. J.J. le había prestado el intercomunicador de bebés de Henry, y dado que la casa tenía dos plantas, Emily se lo había enganchado a la cinturilla del pantalón para poder moverse sin preocuparse de si la pequeña se despertaba.
Sin mucho más que hacer, Emily dedicó el resto de la tarde primero a ocuparse de Sophie, y luego a curiosear por la casa comprobando los cambios que Morgan había hecho durante su ausencia. No había demasiados en el interior, más allá de la aparición de más mobiliario y algo de decoración añadida. Morgan, al igual que ella, tenía tendencias minimalistas. El piano seguía en el mismo lugar. Emily ya se había fijado al entrar en la sala, pero ahora que se encontraba a solas aprovechó para tocar algunas notas de sus piezas favoritas. Se sorprendió al constatar que aún sonaba bien, teniendo en cuenta su desuso.
Anochecía ya cuando decidió darse una ducha. Olivia había guardado las cosas de Sophie, pero Emily había insistido en que ella misma se encargaría de las suyas. Hurgó en el bolso que aún seguía sin deshacer sobre la cama, rezando para que Olivia y J.J. hubieran hecho una buena selección de prendas.
— No puedo creerlo…— Rumió Emily, al percatarse de que, para dormir, tendría que escoger entre un camisón corto negro de encaje, o un camisón corto rojo de encaje. Ninguno de ellos dejaba demasiado a la imaginación. Y la ropa interior, para su horror, seguía la misma línea. Tuvo la certeza de que aquello no había sido cosa de Olivia. No, aquello había sido idea de una rubia con mucho sentido del humor— Muy divertido, J.J…
Demasiado orgullosa como para ceder a las sugerencias de J.J., optó por rebuscar entre el resto de ropa algo que le pudiera valer para pasar la noche sin sufrir el bochorno de lucir su lencería más selecta delante de Morgan. Por desgracia, J.J. se había asegurado de que no hubiera nada más que pudiera servir para el simple propósito de dormir. Decidida, se dirigió entonces a la habitación de Morgan y husmeó en su armario. No es que se sintiera especialmente orgullosa, pero estaba segura de que a Derek no le molestaría que tomara prestada alguna camiseta vieja, y al fin y al cabo, cualquier cosa la cubriría más que aquellas prendas escasas de tela.
Para su sorpresa, y cuando ya había localizado una camiseta de la época de la universidad de Morgan, descubrió algo más.
Exactamente ropa femenina que no era de ella, ni había visto anteriormente durante el tiempo en que habían estado juntos.
Aquello supuso una verdadera conmoción. No es que Emily no hubiera considerado la posibilidad de que Morgan hubiera continuado con su vida, especialmente porque no era proclive al celibato, pero en su corazón había guardado la esperanza, quizás ingenua, de que él no la hubiera olvidado.
Sacó la camiseta del armario, y con brusquedad cerró la puerta, tratando de apartar de su mente aquellos pensamientos invasivos.
— No es asunto tuyo, Emily…— Se reprochó.
No fue el único descubrimiento. En el espejo del baño había productos de higiene femenina, y un cepillo que claramente Morgan no necesitaba.
Obligándose a no caer en especulaciones, tomó una ducha larga, y a continuación se acostó en la cama, junto a la cuna. Pronto se quedó tan profundamente dormida, que no escuchó a Morgan cuando regresó, ya entrada la noche.
Derek no había tenido intención de pasar tanto tiempo en las oficinas, pero a última hora de la tarde, había llamado una persona que aseguraba conocer a la sudes y no quería irse de allí sin cerciorarse de verificar la información.
Saludó a los agentes que seguían apostados en la puerta. Conocía a ambos, y eran de su total confianza. Entró en la vivienda y subió las escaleras que daban a la planta alta. No se escuchaba ningún ruido, así que asumió que Emily estaría en el dormitorio. La puerta estaba abierta, se asomó y la vio en la cama, aparentemente dormida.
Se percató de que había echado de menos incluso contemplarla mientras dormía. Habían perdido demasiado sólo por no ser capaces de ser sinceros el uno con el otro y por dejar que el orgullo se interpusiera en su relación.
Se acercó a la cuna con sigilo. Sophie también dormía. Se inclinó un poco y puso su mano sobre su pequeño cuerpecito, como si necesitara comprobar que respirara.
— ¿Derek?— Murmuró entonces Emily con voz somnolienta.
Morgan la miró con la misma ternura con la que un segundo antes había mirado a Sophie.
— Lo siento, no pretendía despertarte…— Se disculpó en voz baja. Rodeó la cuna y se acercó a la cama, sentándose sobre un pequeño espacio vacío en el borde. Emily luchaba por desperezarse. En un puro gesto instintivo, Morgan le acarició la mejilla, antes de que pudiera incorporarse— Duérmete… Debes estar agotada.
En cualquier otra circunstancia, lo lógico habría sido que Emily le preguntara si había habido algún avance en el caso, pero lo cierto era que no le apetecía en absoluto hablar de la sudes.
En lugar de eso, colocó su mano sobre la que Morgan mantenía en su rostro, cerró los ojos y suspiró.
Cómo había extrañado Emily aquella calidez, y cuanto más la recuperaba, más la anhelaba.
Y Derek no sabía qué pensar. Se sentía confuso. No tenía la menor idea de en qué punto se encontraban las cosas entre ellos.
— Emily…
Ella negó con la cabeza tímidamente.
— Por favor…
Su mirada suplicaba más que sus palabras.
— ¿Qué quieres?— La instó, aturdido.
¿Algún día aquella mujer dejaría de ser un misterio para él?, divagó Morgan, ¿Deseaba él siquiera que dejara de serlo?
— Nada…— Emily balbuceó. Se la veía terriblemente mortificada, dudando incluso de sí misma — Sólo… ¿Puedes abrazarme?
Morgan vaciló. ¿Era adecuado?
Y a continuación se dio cuenta de que en realidad no tenía la menor importancia.
En silencio, Morgan se descalzó y cuando Emily se apartó para dejarle sitio, se recostó junto a ella, primero con cierta cautela, y luego, cuando la propia Emily dejó reposar su cabeza sobre su pecho, Morgan simplemente la rodeó con su brazo.
Permanecieron en silencio hasta que sus respiraciones se acompasaron. Morgan habría jurado que incluso sus corazones habían comenzado a latir como uno solo.
Y todo lo que para él una vez había sido un obstáculo, de pronto se desvaneció en el pasado. Ahora que la tenía de nuevo en sus brazos, se sentía incapaz de renunciar a ella.
Y entonces, su disculpa sincera salió de forma natural de sus labios.
— Siento muchísimo no haber estado ahí cuando lo necesitabas.
Emily, no tuvo dudas de que Morgan sabía exactamente de qué estaba hablando.
— Olivia te lo contó…— Adivinó ella. El vago comentario de Olivia durante el almuerzo sobre su conversación con Morgan, le había dado la pista. Sospechaba que la joven no habría sido precisamente diplomática. Levantó el rostro para mirarlo a los ojos — No es culpa tuya Morgan.
Él sonrió con tristeza. Agradecía su gesto considerado, pero lo cierto era que se merecía cualquier reproche que Emily pudiera hacerle.
— Por supuesto que lo es— Se reafirmó Morgan.
Su tono determinado la hizo comprender que ninguno de los dos necesitaba enfrascarse en aquella lucha de culpas.
— Bueno, los dos hemos cometido errores— Concedió ella finalmente— Eso es todo lo que voy a aceptar. No he venido hasta aquí para recriminarte nada… Ni para pedirte nada…— Dejó reposar de nuevo su cabeza sobre el calor del pecho de Morgan— Sólo quería sentir esto una vez más…
A Morgan le dio la impresión de que Emily no había pretendido hacer aquel último comentario en voz alta. Apenas había sido un susurro.
Morgan alzó un poco la cabeza, tratando de distinguir la expresión de su rostro.
— ¿Qué ocurre?
Emily se acurrucó aún más contra su cuerpo.
— Nada— Respondió con un hilo de voz.
Morgan simplemente, no estaba dispuesto a dejarlo pasar.
— Oye, te conozco, y sé que un "nada" tuyo siempre es un "algo".
— No es nada…— Insistió Emily, sin ninguna convicción.
Por fin Morgan se incorporó hasta quedarse sentado, obligándola a hacer lo mismo. Y así, sus rostros quedaron frente a frente.
— Emily…
Ella suspiró.
— Quiero decir… — Sintió que algo en su interior se estremecía. No quería tener aquella conversación. No necesitaba escuchar de sus labios lo que significaban aquellas prendas femeninas en su armario ni el resto de objetos que había descubierto en su recorrido— No pretendo inmiscuirme en tus asuntos personales. Como te he dicho, no he venido aquí para pedirte nada.
Trató de ser lo más cauta posible, con la esperanza de que Morgan no se ofendiera, porque ¿Tenía acaso derecho a reclamarle absolutamente nada?, pensó Emily.
La respuesta era sencilla. No, en absoluto.
Los ojos de Morgan se desviaron momentáneamente hacia la cuna, donde Sophie seguía durmiendo ajena a los problemas sentimentales de sus padres.
Sus padres.
Estrechó sus ojos, mirándola fijamente.
— Tenemos una hija.
Sí, era absurdo que precisamente él tuviera que recordarle algo tan evidente, pero Emily comenzaba a comportarse como si lo hubiera olvidado.
Ella abrió la mandíbula, con un pequeño balbuceo.
— Por supuesto, y sé que serás un gran padre para ella…— Declaró Emily, dándose cuenta de que Morgan la había malinterpretado— Me refiero a que no soy tan ingenua como para creer que durante todo este tiempo has mantenido tu vida en pausa. Fuiste muy claro en eso y me parece bien...— Le reveló al fin.
Pero aquella confesión no surtió el efecto que ella esperaba.
— Emily, ¿se puede saber de qué estás hablando?— La cuestionó Morgan cada vez más perplejo.
Esa perplejidad, resultó frustrante para Emily ¿En serio iba a tener que entrar en detalles para que captara el mensaje?
— Morgan, vamos, he visto ropa de mujer en tu armario… Y todo lo demás…— Le espetó ella, exasperada— Me preocuparía si me dijeras que es tuyo—Añadió con sorna en un esfuerzo por aparentar que no le había dado mayor importancia.
La inmediata sonrisa burlona de Morgan fue la prueba de que no había conseguido engañarlo.
— Emily Prentiss… ¿Has estado hurgando entre mis cosas?
— Estupendo…— Se lamentó Emily— Ahora de pronto parezco una acosadora… — Añadió, y a continuación se dejó caer de espaldas contra la cama, agarró una de las almohadas y se cubrió el rostro, avergonzada. Contó hasta tres antes de volver a dejar la almohada a un lado. Por desgracia, Morgan seguía luciendo aquella expresión engreída en su cara. Emily no dudó en lanzarle la almohada, que Morgan esquivó con facilidad— Oye, sólo buscaba algo para ponerme…— Afirmó en su defensa — No alucines…
Fue entonces cuando Morgan reparó en la indumentaria que lucía la morena. La sábana que la cubría se había deslizado a un lado durante su fallido intento de alcanzarlo, y ahora Morgan podía ver claramente el logo del equipo universitario de fútbol.
Alzó una ceja con expresión de asombro.
— ¿Esa es mi camiseta de los Wildcats….?
A la expresión de asombro le siguió otra de pura autosuficiencia.
Emily lo miró, atónita. Definitivamente había algunas cosas que nunca cambiarían.
— De todo lo que he dicho, ¿eso es lo único que te resulta relevante?— Le reprochó.
— Oh no…— Derek balanceó la cabeza, sin perder la perspectiva de lo increíblemente sexi que se veía la morena en su camiseta. Sin embargo, había algo más importante que no podía ignorar— También me resulta relevante ese interés tuyo por la ropa femenina que guardo en mi armario…
Emily suspiró hondo, muy consciente de que Morgan la había atrapado, y no pensaba soltarla.
— Morgan, yo no…— Balbuceó.
Lo cierto era que a Emily no se le ocurría nada medianamente racional que decir.
— Si no me hubieras asegurado que no querías inmiscuirte en mis asuntos personales, habría asumido que estabas celosa…— Continuó Morgan, utilizando contra ella sus propias palabras.
— ¡Yo no estoy celosa…!— Protestó ella, indignada.
— Por supuesto que no lo estás…— Morgan se encogió de hombros, pero mantuvo una pequeña sonrisa en los labios. De algún modo, la situación había adquirido un tinte realmente divertido— Así que como no lo estás, no necesitas escuchar la explicación que tengo para eso…— Frunció el ceño, e inclinó la cabeza a un lado, fingiendo dudar— No la necesitas, ¿no?
Emily dejó los ojos en blanco. Ya había un bebé en aquella habitación, no necesitaba lidiar con más comportamientos infantiles. Y si Morgan creía que iba a comenzar a lloriquear como una adolescente dolida, estaba muy equivocado.
O eso creía.
— No voy a seguirte el juego— Refunfuñó, y apartó la mirada, más molesta de lo que quería reconocer.
Aquel gesto fue lo que hizo recapacitar a Morgan. Más allá de sus palabras, se la veía abrumada, y no era eso lo que Morgan pretendía.
Se inclinó, acortando aún más la escasa distancia que los separaba. Bajó el rostro un poco para ponerlo a la altura del de ella. Varios mechones de su cabello alborozado, ocultaban parcialmente sus ojos, y Morgan los apartó con delicadeza. Sin embargo, Emily continuó negándose a mirarlo.
— Emily…— Susurró— Esa ropa es de Desiree. Vino a visitarme hace un par de meses… Su concepto de la propiedad privada es un poco particular y dejó sus cosas por todas partes.
Emily se sintió la persona más estúpida en la faz de la tierra. Se obligó a levantar la vista para enfrentarlo. Encontrarse con sus ojos indulgentes fue casi peor.
— Oh, Dios…— Se quejó, abochornada— No puedo imaginarme una situación más humillante.
Morgan sonrió ampliamente, y señaló hacia su indumentaria.
— ¿Más que llevar mi camiseta?— Se burló.
Ella se encogió de hombros, arrepintiéndose de aquella decisión, y de paso, tomando nota mental para vengarse de J.J.
— La alternativa era peor…— Dijo. Morgan la miró confuso, pero el orgullo de Emily estaba demasiado herido como para proporcionarle los detalles— No preguntes…
— Está bien…— Rió Morgan, seguro de que tarde o temprano lo descubriría. — Anda, ven aquí— Añadió, y tirando de ella suavemente, la estrechó contra su cuerpo hasta regresar a la posición inicial que habían tomado en la cama. Y así Emily volvió a reposar la cabeza sobre su pecho, y Morgan enredó de nuevo los dedos en su cabello— No ha habido nadie— Confesó entonces Morgan— Esa nunca fue una posibilidad real.
Sonrió cuando notó cómo el cuerpo de Emily se relajaba.
Si no hubiera sido por la pequeña personita que dormía plácidamente apenas a un metro de distancia, tanto Morgan como Emily habrían jurado que el tiempo había retrocedido.
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