Arco del Comienzo V.

...

La tensión en el laboratorio de Ajuka se sentía incluso al respirar. Un ambiente pesado, como si la gravedad hubiese aumentado varios niveles repentinamente.

Naruto y Ajuka se veían con mucha seriedad en sus rostros, mientras el rubio sostenía en sus manos la pieza del Rey con cuidado, como si fuese una pieza frágil capaz de romperse al instante.

"Desde que he creado las Evil Pieces, no ha habido diablo vivo o muerto que tenga toda su nobleza mutada, y la pieza del rey como extra. Ni siquiera Sirzechs y yo, aunque supongo que era debido a que no había desarrollado del todo este… invento".

Naruto guardó silencio, antes de posar sus ojos en aquella pieza en sus manos, sintiendo como si esta quisiera unirse a el.

Como si fuese una parte faltante de su alma.

"Sabes que debo quitártela".

"¿Cuál es el precio por quedarme con el Rey?"

El rostro de Ajuka se volvió oscuro mientras veía a Naruto, que estaba mirando fijamente su pieza del Rey,

"No tiene precio. Está prohibida, y-"

"No hablo solo de dinero. Dime, Ajuka… ¿Qué es lo que más deseas?"

Ajuka lo pensó seriamente por unos segundos.

¿Qué era lo que más deseaba?

"Tengo pensado hacer un viaje, armar mi nobleza y derrotar gente poderosa. Podría conseguirte sangre de Dioses, carne de los mismos, sus almas, lo que desees. Solo quiero lo mejor para el Inframundo y mi familia, y se que si consigo los materiales podrías hacer los inventos que quieras".

Ajuka frunció profundamente el ceño.

Sabía que Naruto hablaba en serio, cada parte del mismo lo decía.

A el no le gustaba crear o investigar algo a partir de una base, sino crear de la nada.

La idea era tentadora, puesto que el no podía ir a conseguir esos dichosos materiales sin poner en riesgo a todo el Inframundo.

En cambio, mientras Naruto esté fuera, podría ser considerado un diablo no ligado al Inframundo. Podría causar molestias en otros panteones, pero no una guerra, sino algo que se resolvería charlando o… Bueno, sacrificando al causante del desastre.

'Sin embargo… ¿Vale la pena poner mis deseos sobre el resto ante una posibilidad momentáneamente baja?'

Antes, hubo momentos donde deseaba que sus talentos científicos fueran mayores que los del Clan Nebiros y los Satán originales.

Ahora no se sentía inferior, pero sabía que le faltaba mucho por investigar, crear, destruir, rehacer y demás.

"Hagamos un trato".

…...

[Castillo Phoenix]

Lord Phoenix no sabía porque, pero había sentido un miedo repentino al ver a su hijo salir del laboratorio de Ajuka rodeado de un aura poderosa y llena de confianza a su alrededor.

El poder del mismo solo parecía haber crecido, como si se hubiese multiplicado por mucho.

Sin embargo, solo respiró y decidió ignorar el hecho de que su hijo ahora era más poderoso que Raiser, y probablemente lo deje en ridículo.

Naruto, sentado en su cama, miró a Ravel de pie frente a el con serenidad. La rubia había crecido también, y daba claros indicios que iba a ser una mujer hermosa cuando sea mayor, incluso con esas dos coletas en forma de taladro.

"Ravel… Supongo que sabes porque te he pedido que hablemos a solas".

La Phoenix menor asintió. Era de conocimiento público en el Castillo que Naruto ya tenía sus Evil Pieces, y ahora tenía dudas.

"Se que Raiser te ha ofrecido convertirte en su Obispo, pero… No decirte esto sería estúpido de mi parte".

Con un círculo mágico, Naruto sacó una pieza de su juego de Evil Pieces. Sin embargo, Ravel no pudo ver cual era.

"Ravel… Hemos crecido juntos, básicamente. Me has acompañado en mis entrenamientos, me ayudaste en momentos que sentía que no podía más, y no te has separado de mi cuando estaba incluso enojado con existir".

La rubia menor sentía que su corazón iba a salir de su pecho. Sus mejillas estaban sonrojadas ante las palabras sinceras de su medio hermano, y el nerviosismo era evidente en su rostro, mientras tanto ella como Naruto se veían fijamente.

Naruto podía recordar claramente los días donde se levantaba con odio hacía todo el mundo, cuando tenía pesadillas con su madre, y solo Ravel se mantenía ahí, soportando su cara de amargado y su boca floja hasta con los otros niños en el Inframundo mientras paseaba.

Los entrenamientos… Desde que Ravel se había empezado a aburrir de solo entrenar sus habilidades mágicas, empezó a entrenar su cuerpo junto a el, y no solo a verlo mientras comía o tomaba té.

Incluso habían estado practicando Artes Marciales, en caso de que su magia sea inútil en alguna ocasión, que sepa pelear para defenderse.

Las pocas veces que había llegado la noche y el lloraba a solas en su habitación, recordando los momentos con su madre y su final, un final que deseaba no haber visto, Ravel aparecía para darle un abrazo.

Era la única en el castillo con la que tenía una relación más cercana, además de su padre, Layla y Ruval. Los sirvientes eran tema aparte, aunque nunca los había tratado como inferiores de la forma en que solía hacer Raiser.

Naruto se paró y se acercó a Ravel. Tomó su mano derecha, aún teniendo la pieza en su mano libre, pero con el puño cerrado para que no lo vea.

La rubia tragó saliva.

"Eres la persona en la que más confío, y no le pediría esto a nadie que no seas tú. Así que, Ravel Phoenix…"

Naruto abrió su mano y la levantó. Los ojos de Ravel se abrieron en sorpresa, mientras apretaba con más fuerza la mano de Naruto sin darse cuenta.

"¿Serías mi Reina?"

Por unos segundos, Ravel guardó silencio, mirando fijamente la pieza brillante de color dorado con detalles rojos, como si estuviese hecha de oro puro y rubíes.

Podía sentir el poder emanar de esta, tal y como la pieza mutada que le mostró una vez su madre, pero elevado a la decimoquinta.

Naruto no se dio cuenta en que momento Ravel lo abrazó, mientras enterraba su rostro en su pecho. Él la abrazó de igual forma, mientras oía un leve sollozo de la rubia.

"Si… Si quiero ser tu reina".

Naruto le sonrió a Ravel cuando ella se separó de el y le devolvió la sonrisa. Una sonrisa genuina, llena de felicidad y cariño.

La pieza de Reina flotó hasta quedar frente al pecho de Ravel, siguiendo la voluntad de Naruto.

"Ego, Rex Nobilium, Naruto Phoenix Bael, te declarabo, Ravel Phoenix, Reginam meam, quae me comitabitur et monebit usque ad finem temporis".

La pieza brilló antes de hundirse lentamente en el pecho de Ravel, que sintió como su alma reaccionaba ante la invasión en la misma. Haciendo caso a la voluntad de Ravel, su cuerpo, mente y alma se fundieron con la Evil Piece.

La rubia inhaló una buena cantidad de aíre cuando sintió que su cuerpo se volvía más duro y ligero a la vez, y como sus reservas mágicas aumentaban en un nivel considerable.

Un leve aura dorada con tintes rojos la rodeó, antes que esa misma aura se funda en ella, y se sienta totalmente renovada.

Ravel miró a Naruto nuevamente, que le dio una sonrisa antes de inclinarse y depositar un beso en la frente de la rubia, que se sonrojó ante el gesto.

"Vamos a hablar con Kuroka. No tengo dudas de que ella será más poderosa en el futuro, y me gustaría tenerla de nuestro lado a la hora de una pelea".

"No puedo negar eso".

Aunque Ravel tenía una relación rara con las dos Nekoshou por igual, eran amigas dentro de todo, con una rivalidad natural.

Naruto y Ravel salieron de la habitación, con ella caminando a su lado con una sonrisa feliz. Los sirvientes juraron ver un aura brillante alrededor de la misma.

Sin embargo, no se abrieron a malinterpretaciones perversas. Conocían bien tanto a Naruto como a Ravel como para no pensar en lo que pensaban.

Aunque ya lo habían pensado.

Ambos rubios salieron al patio del castillo, viendo a Kuroka entrenar junto a Layla mientras practicaban algunos hechizos mágicos, al menos la teoría antes de empezar con la práctica.

Naruto no entendía la maña de Layla de ponerse lentes y vestirse como profesora para explicar, aunque parecía más sabia cuando tomaba una postura firme y hablaba con tanta serenidad y paciencia.

Layla y Kuroka se giraron cuando los vieron llegar. La mayor sonrió al notar el cambio en Ravel, sin poder ocultar su felicidad al sentir que se había vuelto más poderosa y fuerte de repente.

Kuroka notó lo mismo y miró a Naruto, que tenía las manos fuera de sus bolsillos mientras se acercaba un poco más a la chica Nekomata.

No veía necesidad de saludar, puesto que las había visto en la mañana.

"Los dejaré hablar".

Layla desapareció en un estallido de velocidad, ocultando su sonrisa feliz ante su hija, Naruto y Kuroka.

Los últimos dos se estaban viendo, con la Nekoshou pelinegra nerviosa por la profundidad de los ojos azules de Naruto.

Podía sentir el poder emanar de el incluso sin quererlo, como si fuese un chico distinto al que saludó y con el que desayunó en la mañana.

"Kuroka".

El tono en el que dijo su nombre la relajó. Era un tono suave, tranquilo, pero firme.

"¿S-si?"

Masculló un poco por los leves nervios, pero respiró un poco para relajarse.

"Esta semana he estado pensando mucho en el futuro, y tras pensarlo un poco, me he decidido".

El rostro de Naruto se volvió más serio.

"Has pasado por mucho. Tienes habilidades excepcionales, confío en ti y valoro nuestra amistad. Creo que podrías ser un activo muy valioso, y que mejor que tenerte a nuestro lado. Por eso, me gustaría que te unas a mi nobleza".

Kuroka se quedó en silencio. Sus ojos estaban abiertos en sorpresa, y sintió como su mundo se volvía más lento por unos segundos.

"Esto… es inesperado. No pensé que considerarías algo así por… bueno, yo".

Naruto puso una mano en el hombro de Kuroka, dándole un poco de calor reconfortante a la pelinegra, que lo miró con ojos brillantes.

Una sonrisa pequeña pero verdadera se formó en el rostro de Naruto.

"Todos merecen una oportunidad en la vida. Se que tienes mucho para ofrecer, y ya eres familia aquí. Te valoro por quién eres, y estoy seguro que todos en casa también".

Kuroka sonrió suavemente.

No había pensado en volverse nuevamente parte de un séquito, sino ser independiente al menos hasta que se sienta segura.

Aunque esa independencia iba a ser acompañando a Naruto y Ravel, sabiendo que el primero iba a salir a pasear por el mundo, y la otra lo acompañaría cuando Layla le de permiso.

Sin embargo, estos dos años junto a los Phoenix le habían dado esperanza de un futuro mejor.

Y esa esperanza tenía cabello rubio, ojos azules, y un rostro sereno con un claro destello de cariño.

"Es... Reconfortante saber que piensas así de mi. Acepto tu oferta. Estoy lista para empezar una nueva etapa".

Naruto sonrió y acarició el cabello de Kuroka, que ronroneo un poco antes de ver como en la mano de Naruto aparecía una pieza que ella identificó como un Peón.

No le importaba, menos aún sintiendo el poder tras la misma, sumado al brillo que emite.

Tras un pequeño cántico en Latín, la pieza flotó hasta el pecho de Kuroka y se hundió en el mismo.

Un brillo dorado rodeó a Kuroka, aunque solo duró unos segundos antes de desaparecer. Del pecho de Kuroka salió una pieza de obispo normal, que estaba apagada.

Kuroka apretó sus manos en puños, sintiéndose un poco más poderosa cuando su alma se vinculó con la nueva pieza mutada de Peón.

Naruto asintió con satisfacción.

"Vamos a entrenar un poco".

……

Cambio de Arco.

[Mundo Humano – Moscú, Rusia]

Naruto, ahora cubierto por una larga gabardina negra, y una boina que cubría su cabello, ahora recortado a los lados y detrás, solo quedando la parte superior de cabello con un diseño degradado a los lados, estaba caminando por las calles de la fría ciudad, ahora llena de nieve.

Sus brazos cuelgan a los lados de su cuerpo, y sus manos están cubiertas por guantes.

Su altura de 1,70 teniendo solo 10 años lo hacían pasar como un adolescente, aunque solo sea un niño de momento.

Algunas personas al pasar no podían evitar verlo, como si se sintiesen atraídos por su presencia, incluso sin parecer mayor a un adolescente.

Pasos lentos y seguros, sus puños apretados, postura firme y barbilla levantada. Todo le daba un aíre de autoridad y seguridad que les hacía sentir como si el mismo presidente estuviese caminando por ahí.

Naruto se metió a un callejón, queriendo buscar algo que había llegado a sus oídos hace poco.

Hace dos meses había empezado su viaje, empezando por Rusia. Se había enfrentando a renegados y caídos que lo atacaban por solo existir, y todos habían sido derrotados.

Aunque debía admitir que ser atravesado en el abdomen por una lanza de luz no es lindo.

Sus ojos azules, ensombrecidos por la boina, vieron a lo que debería ser una niña buscando en la basura. Se detuvo a unos metros de los botes, esperando que la misma salga de ahí.

Un minuto después, la niña salió de dentro del bote, con clara molestia brillando en sus ojos, a pesar de su rostro inexpresivo.

"¿Qué haces revisando la basura?"

Ella dio un salto, lanzando la tapa del bote hacía Naruto, que la atrapó sin problema antes que lo golpee. La lanzó hacía el bote, tapando el mismo, antes de mirar a la chica con atención.

Una niña de una estatura similar a la de Kuroka, con cabello gris y ojos ámbar, vestida solo con una falda, una remera blanca y lo que parecía ser una chaqueta.

Otro detalle era la cantidad de restos de basura que tenía en su cuerpo por recién haber salido de ahí.

"¿Un mafioso?"

"Si consideras a un diablo un mafioso, entonces sí".

Ella lo siguió mirando inexpresivamente, aunque con un destello de curiosidad en los ojos.

Naruto se mantenía sereno, viendo a la niña que parecía alerta a su presencia aún, como si fuese su instinto de supervivencia que le decía de su presencia claramente negativa, aunque no fuese así.

No hubiese dicho que era un diablo si no fuese porque sintió una buena cantidad de energía mágica dentro de ella.

"Diablo… ¿Cómo Lucifer, o algo relacionado a Dios?"

El rubio alzó una ceja, curioso por no ver siquiera un rastro de miedo o duda en la chica. Ignoró totalmente el pequeño dolor de cabeza que le dio la mención del enemigo número 1 del Inframundo.

"Sí. No pareces perturbada…"

"He visto cosas raras en estos botes".

Naruto podía suponer que vió. Algún cuerpo humano, o parte del cuerpo cortada y tirada ahí.

Había visto en ciudades hundidas en la miseria como cortaban los cuerpos de humanos, sea por narcos, venganza o cualquier motivo suficiente para ellos, y luego dejaban esos cuerpos cortados en bolsas de basura.

Curioso que haya pasado en pleno Rusia, al menos en el día y medio que llevaba ahí.

"¿Cómo te llamas?"

"Te lo diré si me ayudas".

Naruto sonrió. Podía ver un brillo lleno de vanidad y orgullo en los ojos de la chica.

Aún no había encontrado gente para su nobleza, y tanto Kuroka como Ravel se quedaron en el Castillo Phoenix hasta que ambas terminen su entrenamiento.

Necesitaba gente con ganas de crecer.

"¿Harías un trato con el diablo?"

Ella asintió.

"Aunque me guste la basura, quiero hacerme mi nombre. Puedo sentir que eres fuerte, mucho. No pienso desperdiciar esta oportunidad".

Naruto se quitó su boina, revelando a la chica su rostro afilado y levemente cuadrado por la zona de la mandíbula, más sus ojos azules entrecerrados y penetrantes.

"Naruto Phoenix. Un placer".

Ella se acercó, ignorando el leve destello rojo en sus mejillas.

"Stelle".

…...

La peligris no sabía como había terminado en esta situación.

Naruto le dijo que debía cumplir un requisito antes de unirse a el, y ese era uno jodido. Mucho.

Estaba escondida en la pared plegable unos metros detrás de la silla donde se sentaba el presidente, Vladimir Putin, mientras esperaba que el mismo terminé de hablar con otro miembro importante del gobierno que venía con noticias.

Aunque no le importaban, ahora debía cumplir su misión.

Naruto estaba de pie en una pared de la sala, camuflado mediante un hechizo mágico que ocultaba su presencia, su olor y cualquier otra chance de ser encontrado por un humano. Era invisible ante los ojos de cualquier ser.

Putin se sentó en su silla, y empezó a revisar unos papeles que debía firmar o botar a la basura, que eran más de 100 papeles.

Stelle movió el pedazo de pared lentamente, haciendo ningún ruido posible, antes de empezar a caminar con pasos lentos y silenciosos hacía la espalda de Putin.

Naruto estaba apretando sus labios, viendo como la peligris levantaba su mano y se preparaba para la primer misión de dos que debía cumplir para volverse una pieza de su nobleza.

¡Plaff!

La cabeza de Putin chocó contra su mesa cuando un fuerte cachetazo le golpeó la calva, mientras oía una fuerte risa infantil, y como alguien corría.

"¡Toma eso, adicto al vodka!"

Putin levantó la cabeza a tiempo para ver como Naruto se burlaba de él, levantando el dedo medio frente a sus ojos mientras tomaba a Stelle en brazos y saltaba por la ventana, abriendo sus alas para volar como un misil guiado hacía quien sabe donde.

Unos guardias entraron al oír un fuerte grito, con sus armas levantadas y listos para fusilar a quien haya osado atacar al presidente.

Para su curiosidad, solo estaba Putin sentado, con un chichón formándose en su frente mientras su nariz sangraba. Una expresión molesta y enojada estaba en su rostro.

"Un niño diablo y una mocosa me acaban de humillar".

Para Putin, no era sorpresa que existan los sobrenaturales. Desde que tenía memoria conocía a estos, puestos que los más poderosos humanos, al menos a nivel político y monetario, habían hecho tratos en el pasado con diablos.

Se decía que Hitler era un hijo bastardo del mismo Lucifer, o al menos un descendiente del mismo.

Sin embargo, Putin sabía como podía manejar esto.

….

Stelle miró inexpresivamente a Naruto, que aun mantenía una sonrisa en su rostro mientras volaban a su próximo destino.

"Aunque fue divertido golpear al presidente, no entiendo como esto me consideraría… Alguien fuerte y de renombre".

Naruto la miró de reojo, antes de bajar un poco la velocidad al sentir que estaban llegando a su próximo destino.

"Todos los presidentes o altos mandos, incluso la élite de los humanos sabe de lo sobrenatural. Putin es alguien bastante poderoso, y no cualquiera se metería a su oficina para darle un golpe en la calva".

Stelle no pudo evitar sentir como si estuviese siendo manipulada para divertir al rubio, y eso no le gustaba.

Sin embargo, Naruto era muy sincero con cada palabra que decía. El mismo o no te decía nada, o te decía la verdad.

"Ciertamente será llamativo que una niña haya podido colarse en tal lugar, aunque el próximo si es más… Extravagante".

Naruto sacó una pistola de su gabardina, y se la dio a Stelle, que por primera vez mostró algo de sorpresa.

Un revólver de oro, aunque sentía como una vibra extraña del mismo.

"Tengo gustos algo… Lujosos. Puedo sentir que tienes una cantidad decente de energía dentro de ti, magia. Este revólver tiene munición mientras tenga magia en el, así que este será el primer trabajo jodido, aunque dudo que haya otros en un corto lapso".

"¿Tengo… que matar?"

Naruto se encogió de hombros mientras terminaba de bajar a su destino, a más de 1 kilómetro de una base militar naval Rusa, en la cual se encontraban su próximo objetivo.

Aunque funcionaba como portaaaviones.

"Puedes matar o no. Está en tus manos esa decisión. Sin embargo, primero tendremos que ser sigilosos. Te explicaré lo sencillo de esto. La base tiene 3 suelos, el de abajo tiene una entrada para lanchas y botes, y un camino hacía el piso medio, donde hay material militar como torpedos, cajas llenas de armas y material militar. En el primer piso está la pista de aterrizaje, con algunos aviones aparcados y un montacargas".

"¿Sabes que no entiendo nada de lo que dices?"

"Antes de robar un Hydra, regalo de los Estados Unidos supuestamente, aunque es mentira ya que fue un regalo de un poderoso diablo, debes desactivar las torretas Anti-aereas, en la sala del control. Si te descubren, sea un militar o un mecánico del lugar, hay alarmas en todos lados, así que deberás ser rápida".

Stelle se mantuvo inexpresiva cuando Naruto le sonrió, luciendo como un niño a punto de hacer una travesura.

No entendía en la mente de que niño entraba querer hacer esto, pero tenía confianza en que iba a funcionar.

……

Stelle estaba emocionada, asustada, nerviosa y feliz.

Estaba confundida, a fin de cuentas.

Se habían colado en la base a nado, con ella en la espalda de Naruto ya que no sabía nadar, y tuvieron que desmayar a unos mecánicos y, para su mala suerte, asesinar unos militares antes de que alerten a todo el lugar.

Naruto había recibido 1 disparos de un Ak-47 en la cabeza, pero se había levantado de repente, antes que la maten a ella y que toquen la alarma, para partirle el cuello al soldado y casi arrancarle la cabeza.

Ver al rubio sin la mitad de la cabeza no fue bonito, y tuvo suerte de no mancharse con sangre y los sesos del mismo, antes que se regenere.

Algunos soldados se movilizaron hacía el lugar sin necesidad de tocar una alarma, ya que no sería la primera vez que uno se suicidaba en el lugar o que disparaba sin querer.

Tuvieron que asesinarlos, y luego limpiar la sangre de Naruto. Sabía que podía usarse para experimentos no deseados, y que ningún sobrenatural deseaba.

Hasta llegar a la sala de control, no hubo problemas. Desactivaron las torretas, y Naruto al llegar al piso medio usó magia de fuego para destruir todas las armas mientras se reía.

Ahora, ambos estaban en el Hydra, volando sobre el océano mientras Naruto manejaba y evitaba disparos y misiles de otros aviones que llegaron de urgencia. Stelle no entendía como alguien de su misma edad sabía manejar una cosa de estas, pero no dijo nada.

Mientras ella mantenía en lo posible su rostro inexpresivo, Naruto se reía como si esto fuese lo más divertido del mundo.

Stelle, sin embargo, no podía evitar la leve sonrisa en su rostro. Estas dos experiencias era algo que ningún adulto mentalmente sano pensaría en hacer, y ellos como niños lo habían hecho.

Aunque Naruto sea un diablo, y aparentemente inmortal si sobrevivió a un disparo de Ak-47 en la cabeza, hasta se regeneró, estaba muy feliz por ese momento.

En menos de 8 horas había dejado de ser una don nadie que vive en la basura (por más que le guste la misma), a alguien que se estaba dando a conocer con todo en el mundo, empezando por golpear al propio Vladimir Putin, y luego colarse en una base rusa y robar un Hydra.

"Dime, Stelle. ¿Quieres convertirte en alguien de mi familia entonces? Ya sabes, una diablesa".

Las palabras de Naruto la sacaron de su mente, notando que aún seguían volando a alta velocidad, y ella estaba rodeada por un aura extraña, producto de Naruto para que la misma velocidad a la que iban no la mate.

Naruto aprovechó para explicar beneficios y desventajas, pero Stelle no encontró nada malo en esas desventajas, más allá de ponerse al Cielo y seguramente a Dios como enemigo.

No necesitó pensarlo dos veces.

"Acepto".

Sabía que Naruto no la veía como un objeto o peón descartable, y que en verdad estaba valorando este momento. La felicidad con la que la veía a sus ojos, y la sinceridad en su sonrisa llena de dientes no podía mentirle.

Mediante un círculo mágico, una pieza de ajedrez extraña apareció frente a su pecho. La peligris oyó atentamente un leve discurso en Latín del mismo Naruto, antes que la pieza se hunda en su pecho.

Al poco tiempo, Stelle sintió un repentino impulso de orgullo y soberbia, aunque se relajó cuando miró como Naruto daba una vuelta de 360 grados en el aíre, dejando pasar dos misiles y a los dos aviones que lo seguían, antes de tomar un rumbo distinto a máxima velocidad, alejándose de los seguidores en menos de unos segundos.

"¿Algo que te guste como arma?"

Stelle se quedó pensando unos segundos, manteniendo su cara inexpresiva.

Solo había usado una en la vida, y se le rompió al golpear a un anciano pervertido en la calle. Aún sentía satisfacción del momento que salvó una niña menor que ella de ser... Profanada por un viejo.

"Un bate".

Naruto alzó una ceja hacía Stelle, pero solo dio un asentimiento.

"Pareces un gángster de esos videojuegos… Grand Theft Auto, creo".

"Lo he jugado cuando una familia me dejó descansar en su casa hace una semana. Eso me hizo querer meterte a golpear a Putin y luego robar un Hydra".

Stelle se rió un poco. Naruto igualmente se rió, mientras veía de reojo como los aviones volvían. Giró su rostro hacía Stelle, antes de dar una sonrisa salvaje.

"¿Lista para el tramo final?"

Stelle asintió. De repente, Naruto aumentó la velocidad del Hydra a máxima potencia, rodándolo de su magia, y empezaron a volar a una velocidad muy superior a la del sonido.

La magia de Naruto era la que permitía que su transporte no se destruya.

Stelle sintió como si estuviese empezando una nueva etapa de su vida, y sabía que no se equivocaba.

Tenía un compañero y aparente maestro fuerte, dispuesto a humillar a uno de los presidentes más respetados del mundo y robarle un avión de tal calibre a su unidad militar.

Su camino a hacerse el nombre de alguien fuerte y respetada recién empezaba.