Arco de Reclutamiento I.

...

[Alguna parte de Estados Unidos]

"¡No, suelta!"

Naruto gruñó mientras peleaba con Stelle, que mantenía su expresión hueca con un ceño más profundo. Ambos estaban en el medio de un bosque, luego de haber llegado aquí tras unos meses caminando por América al dejar el Hydra en la Antártida.

Tras separarse, el rubio acurrucó en sus brazos a un gato, que tenía lágrimas en los ojos mientras miraba a Stelle con un ceño fruncido.

"Pero-"

"No".

Naruto se agachó al instante que un bate pasó con destino a arrancarle la cabeza. Saltó con el gato en brazos, esquivando los golpes cargados de energía por parte de Stelle.

Ese maldito bate le había arrancado la cabeza muchas veces cuando se distraía.

Todavía maldecía el día que tocaron tierras nórdicas y tuvieron que huir porque a Stelle le pareció divertido querer joder a los dioses.

Aunque el pecaba de también terminar divirtiéndose.

Los únicos a los que no jodieron fueron unos hermanos enanos, Brok y Sindri, que hasta le regalaron ese… Jodido bate.

Aún recordaba que Stelle fue lavada con un buen jarrazo frío por parte de Sindri debido a la misofobia (fobia a los gérmenes y la suciedad) que tenía. Que Stelle tenga una afición por la basura no ayudó.

Los enanos le crearon ese bate como regalo, debido a que ambos los habían ayudado a reconciliarse y reencontrarse, además de que tanto Stelle como Naruto habían conseguido materiales suficientes como para hacer lo que ella quería.

Un bate mágico hecho de Mithril, el más duro de los metales con diversas propiedades, y un mango mezclado entre el oro y el bronce celestial.

Fue el primero en recibir un golpe de ese bate, y en serio dolía.

Naruto pasó debajo de otro golpe, antes de pasar rápidamente al lado de Stelle y romper su defensa con un golpe de codo, para terminar derribándola en el suelo con su brazo libre en sus hombros y su pierna cruzada detrás de sus rodillas.

Stelle iba a hablar, pero abrió levemente sus ojos cuando escuchó el sonido de tres disparos, y la clara figura de Naruto doblándose hacía atrás, antes de caer de espaldas al suelo.

"¿Este era el niño diablo que jodió a Putin? No… Eso fue muy fácil".

Stelle se levantó rápidamente, girándose mientras se ponía en posición ofensiva contra la persona que apareció caminando en el claro del bosque hacía ella, que dio dos pasos al frente, cubriendo el cuerpo de Naruto.

Un hombre musculoso y de estatura alta. Su cabello es negro y lo lleva desarreglado. Tiene cejas delgadas y una cicatriz en el lado derecho de su boca. Sus ojos verdes son pequeños y transmiten una mirada cansada.

Su vestimenta es del tipo casual e informal. Camisa de manga corta negra, pantalones holgados de color claro con un cinturón oscuro con bailarinas negras.

Stelle miró inexpresivamente como una especie de bicho raro rodeaba el torso del hombre y dejaba su cabeza en el hombro derecho del mismo.

El gato pastel detrás de ella y en brazos de Naruto desapareció en un círculo mágico con el logo del Clan Phoenix, algo que el hombre pareció notar.

"¿Un Phoenix? Oh, esto va a ser divertido".

Naruto se levantó de un salto, parándose frente a Stelle, teniendo los dientes apretados con las tres balas entre los mismos. Su pecho se infló levemente, antes que las balas salgan disparadas de su boca a la misma velocidad hacía el cuerpo del hombre.

De la boca del bicho que lo rodeaba sacó una katana, misma con la que desvió rápidamente todas las balas hacía los arboles detrás de el.

Naruto lo miró con el ceño fruncido.

"¿Algún problema con que sea un Phoenix, cara de muerto?"

Una sonrisa empezó a crecer en el rostro del hombre cuando notó que el rubio estaba por lanzarse a atacar, pero se detuvo para analizarlo.

Movimiento inteligente.

"Hace años no enfrentaba uno, menos un niño con tal precio sobre su cabeza, junto a su peón".

Stelle hizo que su magia invada lentamente el bate, que empezó a brillar con potencia, rodeándose de rayos incluso en la parte del mango.

Naruto hizo crujir su cuello antes de quitarse la gabardina que traía puesta, tirándola al suelo para revelar que abajo llevaba solo una camiseta negra de manga larga y cuello alto, ajustada a su cuerpo.

El hombre miró con un brillo algo enloquecido a ambos, antes de verse obligado a agacharse para esquivar una potente patada cargada de fuego, cortesía de Naruto.

Stelle apareció a su espalda, moviendo rápidamente su bate para buscar un golpe directo a la espalda baja, pero el hombre saltó sobre ella, lanzando una patada a su mandíbula que la peligris no esquivó.

Viendo a su peón volar hasta estrellarse contra unos árboles, Naruto lanzó una patada de talón al rostro del pelinegro, que tiró su rostro hacía atrás en el momento justo, e intento patear con fuerza en la entrepierna de Naruto, que abrió los ojos con miedo por eso.

Para su suerte, Stelle lanzó un poderoso golpe con su bate justo al torso del hombre, que no vio el momento en que ella volvió, y salió disparado varios metros. Stelle no había hecho ningún ruido.

"Te debo una".

Stelle asintió, antes de ver como Naruto movía sus manos para rodearse de fuego, ponerse en una pose de combate con aperturas poco notables, y lanzarse como una bala hacía el pelinegro.

Naruto agachó la cabeza a duras penas, esquivando una patada que le habría arrancado la cabeza, lo que le hizo sentir un leve escalofrío en la nuca.

El hombre empezó a lanzar múltiples golpes ágiles y precisos a una velocidad de 25 mach, velocidad que Naruto podía seguir con facilidad, aunque notó que al instante el hombre aumentaba el ritmo, y eso lo complicaba por segundos.

Stelle, a lo lejos, estaba buscando una apertura para atacar, pero no encontraba ninguna.

Ese hombre tenía una postura impecable, y el aura que estaba liberando poco a poco, mezclada con la expresión enloquecida en su rostro, le estaba causando una sensación extraña, como si estuviera frente a un depredador mayor.

Naruto y el pelinegro estaban enfrascados en una lucha que rápidamente empezó a destruir el ambiente alrededor de ambos, debido a que incluso usaron los árboles para intentar golpearse, aunque los mismos se rompían al mínimo contacto con el cuerpo del otro.

Ahora, Naruto era el que estaba lanzando golpes poderosos, pero el musculoso hombre frente a el esquivaba sus golpes con una defensa impecable, aún si la velocidad de Naruto lo superaba por poco.

Derecha recto, gancho izquierdo, gancho derecho, izquierda recto. Patada alta, media o baja, todas eran bloqueadas o evitadas con precisión y velocidad por el tipo de expresión enloquecida, pero con mente fría y calculadora.

Años de experiencia más que el, y en definitiva mucha más fuerza física.

Naruto tuvo que reaccionar rápidamente cuando el hombre empezó a contraatacar, con movimientos fluidos y ágiles, pero agresivos. Una combinación ridículamente fuerte de puñetazos, patadas, rodillazos y codazos.

La fuerza detrás de esos golpes, sumado a la alta velocidad que se movían, estaba entumeciendo las extremidades de Naruto, que sabía claramente que sin su entrenamiento y la ayuda de su regeneración, estaría con los brazos rotos, y ya habría perdido.

Sin embargo, Naruto no desistió y siguió absorbiendo los golpes, sin notar la sonrisa que se empezó a formar en su rostro, antes de contraatacar con una ferocidad renovada.

"¡Eso es! ¡Hace años no tenía un desafío igual!"

Una serie de patadas llenas de potencia y precisión letal buscaron obscenamente los puntos vitales del hombre mayor, que esquivo todo lo que pudo con máxima agilidad.

En un movimiento rápido, el pelinegro cerró la distancia y lanzó un poderoso gancho de derecha que Naruto no pudo esquivar, y no terminó ahí.

Antes de siquiera poder elevarse en el aíre, Naruto empezó a ser golpeado con brutalidad y precisión pura por un bastón de tres secciones, sin poder contraatacar o moverse antes de volver a ser golpeado.

Stelle agarró con fuerza su bate cuando miró a su líder/amo ser golpeado de tal forma.

Aún no había encontrado una apertura para poder meterse, y eso la estaba molestando. No había visto todo el poder de Naruto en acción, pero sabía que Naruto podía dar más que eso.

Mucho más.

Ese hombre era el más fuerte que había visto incluso entre los tantos caídos y diablos renegados que se encontraron en el camino.

Algo que muchos no entienden, es la diferencia entre ser poderoso y ser fuerte.

Stelle sintió que su mundo se ralentizaba cuando notó como el hombre tomaba a Naruto del cuello, que ya estaba todo ensangrentado y con la ropa casi destruida, a excepción de una buena parte de sus pantalones.

Miró como el pelinegro estiraba la mano hacía el bicho que lo acompañaba, y de la boca del mismo sacaba un arma… Extraña.

Una daga con una hoja en forma de jitte. Tiene un guardamanos circular en forma de «q» que apunta hacia el costado de la hoja más larga.

Además, el arma tiene un mango negro con un eslabón circular en el extremo que permite conectarla a cadenas de metal. Parece que se pudo haber ubicado una tercera hoja en la parte frontal del arma, pero evidentemente se ha roto.

Stelle sintió que algo muy malo iba a pasar.

Y no se equívoco.

El pelinegro apuñaló a Naruto a través de su garganta, que lo miró con los ojos abiertos al notar algo casi al instante.

No estaba regenerándose.

La sangre salió disparada como un chorro potente de una manguera desde su cuello hasta el suelo, manchando su ropa y el brazo del hombre, antes de volver a ser apuñalado y cortado en todo su cuerpo.

Stelle se llenó de terror mal escondido al notar que Naruto no se estaba regenerando. Tela, carne, músculo y hueso había sido cortado, y la sangre ya había creado un charco debajo de el.

Una patada del pelinegro mandó a volar a Naruto, que cayó a los pies de Stelle, que miró el cuerpo arruinado y destruido de Naruto con los ojos llenos de conmoción.

"Eso le pasa por no ir con todo desde el inicio. Si le pusieron 100 millones en la cabeza a cada uno es por algo. Deberían haber trabajado juntos".

Stelle lo ignoró totalmente. Estaba viendo el estado de Naruto, aún en shock.

En todo el tiempo que habían pasado juntos, nunca lo habían dejado en tal estado. Se habían enfrentado a caídos de 2 pares de alas, diablos renegados con habilidades que los hicieron ingeniarse para derrotarlos, e incluso pudieron bromear contra los dioses nórdicos sin ser descubiertos.

Incluso cuando ella le arrancó la cabeza fue cuando el estaba relajado, y lo hacía para molestarlo y desestresarse, puesto que sabía que se regeneraría de igual forma.

La mano de Naruto, al caer del aíre, tocó la pierna de Stelle, que salió de su estado en shock lentamente, antes de levantar la cabeza para ver con un rostro mucho más expresivo que su habitual cara hueca.

El pelinegro finalmente pudo ver una expresión clara en el rostro inexpresivo de la niña que debía matar.

Enojo, y miedo.

Eso lo hizo sonreír.

El bate de Stelle volvió a brillar con potencia, y con rayos alrededor.

"Voy a matarte".

Rodeada de una repentina aura azul, Stelle salió disparada hacía el hombre, lanzando un tajo vertical y un tajo horizontal con el bate, ambos hechos de energía, que avanzaron a más de 50 mach hasta el pelinegro con energía pura destrozando el camino.

El ataque se mantuvo en el aíre unos segundos, antes de causar una explosión que abarcó más de 5 kilómetros a la redonda, elevando una potente columna de energía en el aíre.

Dicha explosión causó un pequeño terremoto en el bosque.

Unos segundos después, entre el humo causado por el polvo levantado de aquel ataque con una potencia similar a la de unos 50 mil kilos cayendo, Stelle se mostró intentando golpear con fuerza y velocidad al pelinegro, cuya ropa de la parte superior estaba destruida en pedacitos mientras algo de sangre causada por heridas mezcladas entre las causadas por Naruto, mínimas al igual que el ataque de Stelle.

Lo había tomado por sorpresa, pero su cuerpo estaba hecho para soportar más que esos ataques.

Stelle, a pesar de que su ataque iba a más de 50 mach, ella no tenía esa velocidad. No había sido entrenada desde muy joven cómo Naruto, e incluso si su taza de crecimiento era bastante alta, ella seguía siendo una mera mocosa en lo sobrenatural.

La única razón por la que se mantenía fervientemente peleando era por sus enormes ganas de avanzar, de crecer. De dejar de ser una don nadie, la razón por la que aceptó volverse una diablesa.

Naruto se lo dijo en uno de sus entrenamientos.

'No tienes un Sacred Gear, ni una línea de sangre potente o algo que te destaque sobre los demás, al menos a simple vista. Sin embargo, me gusta ver más allá, y se que tienes algo que otros no. Potencial, capacidad de crecer, voluntad, determinación… Motivación. Si pones esfuerzo y trabajo duro de tu parte, podrías ser la reencarnada más poderosa del Inframundo en el futuro'.

Su voz resonó con fuerza en su cabeza, incluso si sabía que posiblemente su amo y líder estaba muerto.

No fallaría a la oportunidad que le ofreció.

El bate nunca dejó de moverse, como si poco a poco fuese una extensión más del cuerpo de Stelle.

En el baile de su vida, la belleza y la elegancia se entrelazaron con la sombra del deseo de muerte, donde la brutalidad susurra su canción macabra entre los pétalos de la existencia.

El hombre tampoco detuvo su cuerpo de cualquier movimiento. Su bastón de tres secciones era su mayor herramienta al momento contra esa arma hecha de un material raro, que supuso al instante no era diamante, porque ya lo habría destruido.

Stelle perdió la noción del tiempo en el momento que su mente se puso en blanco, y su cuerpo empezó a actuar por instinto.

Sentía que su cuerpo estaba fatigándose con cada minuto que pasaba. Con cada choque de su bate lleno de energía contra aquél bastón de tres secciones, más se entumecían y fatigaban sus músculos.

Ella no tenía la regeneración de Naruto, pero su voluntad es inquebrantable.

Hasta que todos su huesos estén molidos o sus órganos sin función, ella no iba a caer.

Podía quedar ciega, sorda, muda, invalida e incluso podían arrancarle su alma, pero ella seguiría peleando.

Su alma estaba ligada no solo a su nuevo lado de diablesa, sino a la única persona que se hizo su amigo sin importarle que sea una amante de la basura, o que no tenga nada destacable como los otros humanos.

El único que no la miró como un objeto a utilizar para sus planes a futuro, y no pensó en engañarla.

Y también al Gato pastel.

La potencia en cada choque destruía poco a poco el bosque de cientos de kilómetros, dejando sin su hábitat a muchos animales que hace rato habían huido lejos.

A los oídos de Stelle no llegaba ninguna de las bromas e intento de juegos mentales que intentaba hacer el hombre.

Lo único que estaba en su mente era matar.

Incluso cuando un poderoso chillido resonó en la mitad de Estados Unidos, ella no dejó de atacar al pelinegro.