Corro, pero estoy rodeada de arbustos, helechos y árboles frondosos que dificultan mi huida. Brinco, pero caigo en un riachuelo lodoso, cuyo cauce no lleva agua, sino sangre. Grito, pero eso solo delata mi posición. Los esquicho, no muy lejos detrás de mí, batallando contra la naturaleza para apresarme. Me levanto, sacudiéndome la tierra y grava de mis rodillas, preparada para continuar mi escapada... se oye un sonido estremecedor a mi lado y me detengo en seco, tapándome los oídos para que no tronasen como aquella arma y cierro los ojos para que no presenciasen las consecuencias de su uso.

Pero nadie grita, nadie se queja, nadie llora, nadie cae. Solo silencio.

Hasta que abro los ojos y encuentro los orbes esmeraldas... oscuridad, y, luego... despierto.

Sujeté la mano de Wenutu con fuerza en cuanto terminé de colocarme mi huipil tras la roca, él me dirigió una sonrisa tranquilizadora y me devolvió al presionado, pero lo que no lograba comprender, era el verdadero motivo de mi preocupación. Aquel sueño... ese pedazo de aquella interminable pesadilla... le sonreí para disimular y luego avanzamos hasta llegar a la enorme roca sobre la que el Sabio Gran Jefe Apache nos estaba esperando.

No sabía por qué, pero esto no me presagiaba nada bueno. Con un gesto de brazo nos pidió asiento, y, tras sentarnos, el Jefe respiró hondo, perdiendo su mirar en la luna.

-He vivido una larga vida. He escuchado una y mil leyendas, historias, anécdotas... he visto demasiadas cosas y he atestiguado el propio pasar del tiempo en mis pueblos, la tierra, los astros, mis compañeros... y en mí mismo- un estremecimiento recorrió mi espalda cuando el abuelo de Wenutu posó sus ojos profundos y serios en los nuestros. –Pero aún con todos los secretos que la experiencia me ha revelado tras tantos años, nunca había visto lo que sé que soy, en unos niños.

Fruncí el entrecejo y viré mi rostro unos cuantos centímetros hacia la cara de ixtexotik, pero él reflejó mi expresión tan clara como el agua del oasis que reposaba nívea a nuestro lado.

-Xochitl- brinqué ligeramente y, casi con temor, observó al Jefe Apache.

-¿Si?

-¿Tu abuelo nunca mencionó a un viejo amigo de su infancia?- negué con la cabeza. -¿A un tal Ishna Witca?- volvió a negar y entonces el gran e imponente hombre frente a nosotros susspiró con tristeza, con derrota, con decepción.

-Abuelo ¿Qué ese no es tu nombre?- ixtexotik se inclinó más sobre la roca, queriendo alcanzar al mayor. –Me dijiste que una mujer comanche te lo puso de pequeño cuando descubrió lo que eras... ¿Pero eso qué te tiene que ver?

-¿Cómo que "lo que eras"?- preguntó.

-Es que el nombre de mi Abuelo significa hombre solitario, solo es eso... que él era, y sigue siendo, un hombre solitario...

-No es por eso- interrumpió el Jefe Apache, con una sombra oscureciéndole la mitad del rostro. –Soy Ishna Witca por otro motivo, un motivo que hace ser a tu abuelo lo que es, Xochitl.

Llevé mi mano a uno de los mechones de mi cabello y comencé a enredarlo, negando sin darme cuenta.

-No comprendo.

-Yo tampoco, abuelo.

El Jefe Apache respiró de nuevo y luego perdió la vista en el oasis... tan impasible. Quizás eso era lo que buscaba en el agua: calma y claridad.

-Yo no soy quién para revelarte todos los secretos de nuestra existencia Xochitl, si tu abuelo nunca me mencionó, pero te mandó a tu hermano ya ti, a mis tierras... entonces debe ser porque en el sur corren un grave peligro.- Sentí a mi corazón estrujarse y mi respiración comenzó a alterarse. –Y son muy especiales como para perderlos.

"Especiales" Esa había sido la misma palabra que el Huey Tlatoani había usado al hablar con mi koli... y si lo que el Jefe Apache decía, que él, al igual que mi abuelo, eran como nosotros, entonces... No , imposible.

No eran nada como nosotros, ellos si eran aceptados, respetados; nadie dudaba de sus orígenes, de lo que representaban, de sus subordinados, su posición, su estatus. Ellos no comprendían lo que era no ser acetado por ser distinto. Ellos no entenderían, pero, aún así, ellos han sido lo único constante en nuestras vidas. Pensándolo bien, mi koli era lo único que, aun con el paso de los Huey Tlatoanis por el trono, nunca se desvanecería ni envejecía.

Llevé mi mano al pecho y sentí como si un hueco se abriese por donde debería estar mi corazón. ¿Qué éramos? Observé la palma de mi mano con discreción... ¿Quién era yo?

-Xochitl me dijo que su abuelo los llama especiales también ¿Lo dices igual por cómo luce su piel? - alcé la vista y apreté de nueva la mano de ixtexotik para que se callara, pero él solo frunció el entrecejo. -¿Qué pasa? Dijiste que así era.

Rodé los ojos, Mixcóatl había entendido mi presión.

-¿Tú abuelo ya les explicó por qué son especiales, Xóchitl?

-No...- nunca le había externo a nadie más mi preocupación, en parte porque nunca había sentido el deseo tan intenso de hacerlo como desde que empezaron mis pesadillas. -...pero mi hermano y yo suponemos que es por la forma en que nos vemos.

-Sí, también yo supongo eso- Wenutu soltó mi mano y tocó su cabeza. - Este cabello dorado y estos ojos cielo son muy raros ¿No crees abuelo?- alzó sus hombros y se acercó aún más al Jefe Apache. -Igual los llamaría especiales si los descubriera en otra persona...- volteó a verme. -Como con Xochi, pero ella no es tan clara como yo. Lo que la hace aún más especial ¿No crees abuelo?- me sobresalté cuando ixtexotik acortó la distancia que fue creando entre nosotros sin darse cuenta, y acarició mi rostro. - Es increíble su belleza, muy rara y especial... ¿No crees abuelo? ¿Abuelo?

Yo sentí un ardor recorrer mi cara e intenté cubrirme con el mechón que había estado jugando, pero para mi suerte nadie lo notó realmente, no solo gracias a la noche, sino también al hecho de que Wenutu había hablado de mí como si yo no me. encontrara allí mismo y que, al voltear para ver al Jefe Apache, éste ya no estaba.

Al menos ya no en la roca.

-Eso me temí cuando los vi entrar juntos a la aldea- ixtexotik y yo brincamos al escuchar la grave voz del Jefe Apache tras nosotros, de pie, mirando de nuevo el agua. –De aquellas leyendas, historias, anécdotas... solo una había resultado cierto. Y, por más que Azteca y yo procuramos evitarla al sabernos creadores de niños especiales , sucedió tal y como estaba predicho.- tomé la mano de Wenutu de nuevo, mientras su abuelo giraba lentamente y nos miraba de nuevo a los ojos con una sonrisa triste. –Las águilas se unieron ya en el agua brava...- fruncí el entrecejo al escuchar eso, porque tenía la sensación de que no era la primera vez que lo oía.

-...Y del gran vuelo de sus alas nacerán, bajo el yugo de los hombres del horizonte, dos grandes representaciones que, al haber bañado calatos en el oasis de las tierras blancas del desierto, sellarán en su piel un juramento que profeso ahora y mantengo hasta el fin de los tiempos...- el Jefe Apache dio dos zancadas hasta nosotros y extendió sus brazos al cielo nocturno. –Que los astros, la luna y el universo escuchen atentamente, porque de estas dos águilas tan distintos y tan capaces del mismo vuelo, surgirá una magnanimidad y una devoción cuya profundidad y pasión solo el río que los unió, conocerá... que de su arrebato, adoración y lealtad se perderán, crearán y crecerán vidas que enaltecerán sus existencias mismas.

El Jefe Apache bajó los brazos y los dejó caer a sus costados, estaba observándonos de nuevo.

-Las águilas se unieron ya en el agua brava... y ni la fuerza más poderosa en este mundo corromperá su unión; Pues aún si en la muerte se desvaneciesen sus cuerpos, la historia de lo que representaron alguna vez, continuará... atestiguando con sus leyendas, historias y anécdotas, el gran vuelo de sus alas; la vida que, aún sin quererlo, compartieron... y el amor que, tras bañarse en el oasis secreto del desierto, se perpetuó, uno que nunca podrán dejar de tenerse, de buscarse, de olvidarse, de perdonarse, de ser fieles y pasionales... a pesar de los dolores, de las traiciones, de los malos sabores... porque las águilas se han unido ya en el agua brava, y será aquel mismo cauce el inicio de todas sus armonías y disputas, de toda su vida y sus desvividas... será la marca, el límite, el lugar donde su historia, por las buenas o por las malas... ha comenzado ya.

Abrí los ojos y, al notar la luz colándose del techo en punta del tipi, llevé mis manos a la cabeza... sentí como si me diera vueltas por dentro.

-Buenos días hermana- la voz de Mixcoatl se me antojó muy lejana, casi como si me hablara desde un sueño. –Espero que hayas dormido bien, porque nos iremos pronto- un suspiro de alivio llenó al lugar. –Por fin... iremos a casa, muy lejos del calor de este desierto.

Desierto.

Me levanté de un salto y observé a mí alrededor, ya todas nuestras cosas y las provisiones estaban listas dentro del tipi, organizadas en bolsos que seguro volverían a cargar los guardianes de nuestra caravana.

-N-No podemos irnos...- murmuré, revolviendo mi cabello y tropezando con las pieles en el suelo. –Anoche pasó... bajo la luna, en el agua... fue algo muy raro, pero... pasó.

-Xochitl ¿De qué hablando?- miré a mi hermano con la visión nublada, me sentí extraña, como si soñara estás despierta.

-El Jefe Apache...

-El Jefe Apache mencionó que anoche Wenutu y tú se golpearon con una roca cuando le pediste que te acompañara para ir al baño, por eso los dejaron dormir por más tiempo, pero ya debemos irnos.

Llevé mis manos de vuelta a mi cabello y noté un pedazo de tela que envolvía una supuesta herida de la que ni siquiera sentía dolor.

-Le diré a Cualli que tendrá que cargarte otra vez, no pareces estar bien... ¡Agh! No entiendo hermana, si querías ir al baño, me hubieras despertado a mí ¡No al pálido ese! Yo te hubiera cuidado, no te habrías golpeado conmigo.

Sentí las manos y Mixcoatl en mis hombros y mis ojos pudieron enfocar levemente su rostro.

-La curandera te dio de beber una infusión muy fuerte para el dolor, dice que es la que usa en los guerreros heridos, porque igual ayuda a olvidar la sangre vista en la batalla... será mejor que sigas durmiendo ¿No crees?

-N-No- cerré los ojos y me sostuve también de los hombros de mi hermano. –No quiero olvidarlo.

-¿De qué hablas?

-Lo que pasó anoche junto a... a...- estrujé mis ojos, haciendo memoria. –A ese lago raro.

Sentí la risa de Mixcóatl moviendo mi soporte.

-Aquí no hay lagos Xóchitl. Solo hay calor, arena, cactus, rocas y helechos- Negué con la cabeza.

-No entiendes Mixcoat...

-Shh... ten, bebe más- Sentí la orilla fría de una jícara en mis labios y los abrí sin pensarlos. Me dolía tanto la cabeza que no había notado también la tremenda resequedad en mi garganta. –Creo que, después de todo, será mejor que duermas...- la voz de mi hermano se hacía cada vez más lejana y poco a poco la oscuridad me tragaba. –Ya me contarás de tu golpe en el camino de vuelta a Tenochtitlán.

Hasta que, en un momento, dejé de oír y todo volvió a ser negro de nuevo.

La caravana se había detenido a descansar un rato, aprovechando un lindo arroyo que yo no había visto la primera vez que pasaba por estas planicies; lo único que recordaba de ellas, era la manta de flores silvestres que, por el cambio de estación, ya no encontraba por ninguna parte. ¿Tanto tiempo había pasado ya? La verdad es que no me había percatado en las fases de la luna desde que encontré a Wenutu.

Alcé la vista y observé el azul con un sabor amargo en la boca, pues el color provenía del cielo, no de sus ojos. Suspiré con pesar y me recosté de nuevo contra el séptimo árbol con el que nos habíamos topado... poco a poco dejábamos el desierto atrás.

Suspiré tristemente, los valles no tardarían en aparecer, al igual que tonos verdes más intensos que darían paso a un horizonte matizado de montañas, bosques, frío y volcanes cubiertos de nieve. Tenochtitlan no quedaría lejos entonces... mi abuelo estaría a pocos pasos, tras los templos, dentro del palacio, esperándonos; o quizás lo encontraría en la propia escalinata, guardando nuestro arribo ansiosamente.

Sonreí, o al menos me forcé a hacerlo; estando lejos de mi cuidad extrañé a mi familia, y ahora, estando lejos del desierto, no paraba de extrañar a mi amigo. Mi único y mejor amigo. Tomé entre mis manos mi collar de jade y lo examiné... ya me sabía de memoria cada relieve, cada curva tallada en la piedra... pero, aun así, me descubrí maravillándome en ella como la primera vez que la recibí. Me confortaba sosteniendola, sentirla alrededor de mi cuello... era como si el mirar del águila de su forma me asegurara que, por más feo que el sueño fuera, todo resultaría bien.

Y confiaba en ella, porque así había sido todo hasta el momento, porque sin importar las similitudes entre los comienzos de mis visiones al dormir, nada de lo malo vivido en ellos, parecía colarse a la realidad. Por el contrario, todo había resultado más que bien... en especial porque, a pesar de yo nunca soñé con un amigo, ahora tenía uno.

Uno que extrañaba muchísimo, en especial por, miré de nuevo al cielo, el color de sus ojos.

-¿Xochitl?- bajé la vista y me topé con una jícara extendida frente a mí, al seguir el camino del brazo que la soportaba, el rostro de Cualli me sonriendo de vuelta. -Debe beber algo, aquellos días en la aldea no me hicieron olvidar que usted, aunque no se haya comportado como tal, todavía es una noble. Una noble bajo mi protección- sonreí y acepté el agua, fresca como el arroyo donde los otros platicaban. -Bien, si necesita algo más solo...

- ¿Sabes por qué mi abuelo nos hizo tomar este viaje? - la mirada de Cualli se apartó de mí y cruzó sus brazos, incómoda. -Oye... sé que sí. ¿Por qué no pueden decirme? - suspir y tom asiento un poco ms abajo en la colina, de modo que nuestros rostros quedaron a la misma altura.

-Yo soy solo tu protector, no el encargado de la caravana. Sé tanto como tú, Xochitl- enredó un poco de pasto entre sus dedos, solo para arrancarlos con frustración. -Al menos así se supone que es.

-¿Qué?- me acerqué más a él -¿Qué más sabes?- él volteó hacia el arroyo, asegurándose de que todos estuvieran lo suficientemente distraídos para que no nos vieran.

-Mientras uno está siendo sano de sus heridas, se pueden escuchar muchas cosas.- volvió a sujetar el pasto. -Yo tenía los ojos cerrados, para intentar descansar un poco, pero al tipi llegó el abuelo del niño raro con el que estuviste todo el tiempo, y se puso a hablar con el curandero sobre... bueno- y jaló otra vez, arrancándolos . -Se quejó que su "viejo amigo" nos hubiera mandado sin avisar, yendo en contra de la promesa que se había hecho, de nunca hacerles ver a las águilas, la existencia de la otra.

-¿Las águilas?- fruncí el entrecejo ¿Por qué la mención de ese animal se me hacía tan familiar? Apreté mi collar y grabé su forma ¡Claro! Debía ser por eso... aunque -¿Y eso que tiene que ver?

-No lo sé, pero se veía muy preocupado, dijo que ahora todo lo predicho se cumpliría, que ya no había marchado atrás... se fue murmurándose a sí mismo que pronto llegarían lo pálidos desde las costas y que debía prepararse para recorrer todas. sus tribus también, antes de que el primer mensajero del Imperio llegara, confirmando sus temores.

-No lo entiendo- apreté con más fuerza mi collar y escuché otro suspiro de Cualli.

-Tampoco yo, pero eso fue todo lo que se dijeron.

Sentí una mirada sobre mí, pero yo no levanté la vista del suelo, contaba cada roca que aparecía por el camino.

-Ya no falta mucho, hermana- asentí, con el ceño fruncido.

Anoche, cuando nos detuvimos a dormir al lado de un lago, una imagen borrosa llegó a mí, éramos Wenutu y yo, nadando desnudos bajo la luna. Pero, que yo recordara, en el desierto nunca nos topamos más que con pequeños arroyos donde poder chapotear, pero no nadar como tal ¿O sí?

-Llegaremos pronto a casa- alcé las manos y me abracé a mí misma... había algo en mi cabeza que no quería salir a la luz de lo que yo sabía. -Koli notará lo rara que estás y no te dejará descansar de sus preguntas.

-Ajá...- respondió. Ese no saber me preocupaba, pues no estaba segura si se trataba de un sueño ya olvidado, o una aventura con un algo que se escondía.

Escuché un jadeo exasperado y luego la voz de Mixcóatl, ahora irritada.

-Llevas así todo el día ¿Acaso es por tu amigo pálido?- inflé mis mejillas en cuanto las sentí arder. Mi hermano no sabía nada, jamás entendería. -¡Argh Xochi! ¿Qué tiene él de especial? ¿Por qué no puedes dejar de pensarlo? Ya te dije que ni su propia gente lo quiere, y tu bien sabes que eso solo sucede por un motivo, como...

-¡¿Cómo qué Mixcoatl?!- separé mis brazos y los dejé caer con fuerza a mis costados, sorprendiendo a mi hermano y, supongo, a nuestros guardianes de atrás, por el repentino sonido de los macuahuitls empuñándose. -¡Tampoco es que a nosotros nos adoramos nuestra propia gente! Así que dime ¿Qué cosa tenemos de "especial" que hace que nos rechacen? ¿Eh? ¡¿No te lo has preguntado nunca?!

-Claro que no... ¿Por qué me interesaría eso? Todavía no soy hombre como para dudar del mundo y las buenas intenciones de la gente que conozco... pero lo que sí sé, es que decide pasar más tiempo con ese...- alzó los brazos con una mueca de repudio, buscando sus palabras. -...ese desabrido pálido, que con tu propio hermano.

Sentí mi mandíbula caer en menos de un pestañeo y volví a inflar mis mejillas.

-¿Entonces es eso? ¿Te molestaste porque fui a jugar con él en vez de contigo? ¡Yo te invitamos a nuestros juegos! ¡Pero tú nos rechazaste siempre!- Mixcóatl rodó los ojos y avanzó con pasos rápidos, pero fuertes.

-Ya olvídalo... me culparás como siempre.

-¡No, no te vayas!- corrió detrás y tiré de su hombro. -Quiero entenderte, hermano ¿Por qué te molestas de algo que tú mismo elegiste?

-¡Argh! No es eso, Xóchitl. Es solo que... mientras tú te golpeabas felizmente la cabeza al lado de ese tal Wenutu en medio de la noche, yo tuve... bueno...- su tono de voz se volvió a penas un susurro. -Otra pesadilla.

Algo dentro de mí tronó, agitando a mi corazón y encogiendo mi estómago.

-¿Pero sabes qué es lo peor de ese sueño?- negué con la cabeza y cerré los ojos... en realidad no quería saber. -Que hasta el momento se ha estado cumpliendo.

-No... eso no puede ser cierto- abrí los ojos y me topé con el suelo lleno de piedras, pero no dispersas, sino acomodadas una contra la otra, formando un puente que reconocía perfectamente.

-¿Por qué dices eso? No puedes saberlo.

-...es que, los niños no ven a otros niños volverse adultos sin crecer al mismo ritmo- alcé la vista cristalina hacia Mixcoatl y Tenochtitlán se alzó imponente detrás de él. -No me digas que en tus sueños antes del viaje habías visto a un pálido a mi lado... por favor, no... él era lo que hacía que mis sueños eran solo eso, y no alguna especie de visión.

-Es que Xóchitl, los ojos de tu amigo son como el cielo. Los que yo vi...- se acercó a mí y tocó con delicadeza mi collar de jade. -...eran incluso más verdes que tu águila de aquí, como si ellos fueron lo nuevo y nosotros, nosotros... como si p-perteneciéramos a un mundo perdido.


¡Tarán! Espero que les haya gustado esta mini, mini serie de historia alternativa. Quizás se corta de forma un poco brusca, pero recuerden que son capítulos rescatados de otra historia que tuvo que cambiar; y ahora son tipo one-shots, así que pues... ya que xD.

¡Saludos!