Ese 12 de diciembre del 2022 María despertó ansiosa porque como nación celebraría dos acontecimientos de una importancia monumental en su vida: el Día de la Virgen de Guadalupe y sus 200 años de Relaciones Diplomáticas con los Estados Unidos de América.
Decir que la pobre se encontraba nerviosa era poca cosa. Solo para acompañar sus huevos rancheros ya llevaba cuatro tazas de café cargadas y dos de chocolate caliente por el frío ártico invernal que comenzaba a tomar fuerza desde el norte. Tachó con fuerza sus anotaciones en el bloque de notas amarillas que llevaba consigo y con la otra mano presionada el puente de su nariz: se había quedado sin ideas.
No sabía qué regalarle al gringo.
Había pensado en hacerle una carta, pero ya sus cancilleres celebrarían una reunión bilateral festiva para firmar actas que recalcarían sus dos siglos oficiales de relaciones, así que descartó la idea; además... muy cursi. Luego pensó en un collage de fotografías que se habían tomado casi que desde que se inventó la cámara... pero esos recuerdos ella los atesoraba demasiado como para entregarlos. Luego la idea de hacerle alguna manualidad que entrelazara a un águila real ya un águila calva alzando el vuelo juntas llegó a su mente... y fue cuando tachó el boceto de su bloque de notas, harta de que ambas aves parecieran estar cortejándose en vez de volar juntas.
En verdad que se había quedado sin ideas, al menos sin alguna que no involucrara algo demasiado sentimental porque no quería ser tan obvia. Si fuera realmente por ella, abrazaría al gringo del cuello, se le treparía y lo llenaría de besos, feliz de que, a pesar de TODOS los altos y bajos, seguirían ambos ahí: juntos.
Pero no iba a hacerlo, su cerebro se lo impedía, por más que el corazón se lo clamaba.
Al final decidió arrancar la hoja de su bloque de notas, hacer la bolita y tirarla al basurero antes de recoger sus trastes, lavarlos y salir de casa, no sin antes darse cuenta de una revisada por el espejo del baño ¿Lucía demasiado elegante? ¿Sobría? ¿Casual? ¿Sensual? Porque no quería dar ninguna de esas impresiones a pesar de vestir exactamente para ello, para deslumbrarlo inconscientemente. .. es que, de veras, esa mañana había amanecido demasiado contradictoria, demasiado ansiosa.
Tomó un Uber hasta el aeropuerto y abordó con destino a Tijuana, donde se les citó a ella ya Alfred para desarrollar una "escultura conmemorativa de los 200 años de relación entre sus dos naciones" justo en la frontera, en la Garita de San Ysidro. En las casi 4 horas que duró el vuelo desde la CDMX, tuvo la oportunidad de hacerle una llamada a la Cancillería mexicana para observar el evento que ahí se llevaría a cabo, firmando el acta de amistad entre ambos dos pueblos.
"La historia de México y Estados Unidos está íntimamente imbricada y es imposible entender la historia de cada uno sin la presencia del otro. En estas celebraciones reflexionaremos sobre el momento global complejo que vivimos, si nuestro pasado y nuestro presente están relacionados; el éxito de ambos países en el futuro también dependerán en buena medida de la relación bilateral". Había dicho el jefe de la Unidad para América del Norte, sacándole una sonrisa a María que ella ni notó.
"El Bicentenario de relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos conmemora algo más que una relación entre nuestros gobiernos. Ofrece una oportunidad única para explorar nuestro pasado, celebrar los vínculos que unen a nuestros pueblos en ambos lados de la frontera y proyectar nuestra colaboración conjunta para el futuro"... fue una frase que sacó a María un sonrojo que esta vez no pasó desapercibido y que trató de ocultar a toda costa, mirando a los pasajeros que tenía al lado para ver si la habían visto; por suerte cada quien estaba en su propio mundo.
"Explorar nuestro pasado"... repitió en su cabeza. El pasado de ambos no era uno que a ella le gustaría recordar, especialmente durante la Guerra entre los dos y, más específicamente, sus consecuencias. Pero, reconsideró, lo que sí podría recordar con todo gusto y orgullo sería ese 12 de diciembre de 1822, cuando Alfred le hizo la primera visita oficial con el primer embajador gringo en tierras mexicanas, netamente mexicanas, recién clamadas como suyas de España.
La única forma de legitimar a un país es si otros lo reconocen, y haber tenido el reconocimiento de su cada vez más influyente vecino en ese entonces, tan solo un año después de su independencia, fue magnífico.
Desde entonces supo que siempre lo tendría ahí, a su lado, involucrado con sus asuntos... para las buenas y para las malas.
Aquel 12 de diciembre, tras el protocolo y la ceremonia correspondiente, ambas naciones jóvenes, con apariencia apenas de 15 años humanos, se escabulleron por los pasillos del recién nombrado Palacio de Gobierno de la Ciudad de México, a lo que ahora se conoce como " Balcón Presidencial" pero que antes era llamado comúnmente como el "Balcón de la Virreina", y se dio el abrazo más fuerte que pudieron.
Alfred y María se habían conocido desde muchísimo antes de aquel 12 de diciembre de 1822; llevaban jugando y haciendo travesuras desde que eran niños, muy niños, aún como colonias; pero nunca nadie lo había reconocido "oficial", ya que tanto Inglaterra como España se odiaban y les obligaban a mantener distancia... una distancia que nunca respetaron. Y ahora, sin aquellos molestos europeos controlando sus vidas, pudieron abrazarse intensamente, así como en ese momento en el balcón del palacio.
Ella seguía siendo más alta que Alfred en esos tiempos, porque su territorio era gigantesco; ella aún contaba con el 67% de los territorios que él le arrebató tras su guerra y con los países centroamericanos bajo su tutela; Además, ella era un Imperio poderoso... profundamente fracturado en lo interno.
¡Bah! ¡Y eso qué!
En aquel momento lo que más le interesaba a ella era fundir a Alfred entre sus brazos, mirarlo a los ojos rebosantes con alegres lágrimas porque al fin lo había logrado: había conseguido ser independiente, liberarse del yugo español, de la soga asfixiante de su padre. . Y él, aún con todo y su corta estatura, la alzó dentro de su abrazo y le dio dos vueltas, gritando a los cuatro vientos: YOU MADE IT! ¡ESTOY MUY ORGULLOSA DE TI, MARÍA!
María se dejó llevar por la ternura del recuerdo y dejó caer su frente contra la ventana del avión con una sonrisa de oreja a oreja. Sin embargo, al aterrizar en Tijuana las tazas de café del desayuno redoblaron su efecto.
Alfred, en cambio, había llegado a San Diego un día antes ¡¿Cómo podría olvidar la fecha?! ¡Si fue entonces que pudo empezar a estar con Mary sin supervisión de ningún adulto europeo fastidioso! Tanta era su emoción con el evento que se aseguró de tener su obsequio listo semanas antes.
Él había aprovechado la última reunión presencial que celebró con la Unión Europea para llamar al español a una reunión urgente, a solas con él. Antonio se puso muy nervioso, lo que engrosó el orgullo socarrón del estadounidense, pero decidió ignorarlo cuando sacó una libreta de dibujo, lápiz, borrador y un par de colores que intuyo, necesitaría.
-¿A qué va todo eso?- preguntó España, con la punta de su pie moviéndose inquieto.
-Bueno... tú vas a describirme a una persona con lujo de detalles y yo la plasmaré aquí. ¿Está claro?
-¿Pero por qué...?
-¿Está claro?- repitió Alfred con mayor fuerza en su voz.
-Si, joder, si quedó claro.
-¡Impresionante! Quiero que el retrato quede lo más apegado a la realidad como sea posible, así que ninguno de los dos saldrá de esta pequeña sala hasta que tú sientas que el dibujo cobró vida.
Casi tres horas después, Alfred abandonó el edificio con una enorme sonrisa de satisfacción y dejando atrás a un español sollozando.
Y el dibujo que había hecho esta ahí a su lado, enmarcado y envuelto dentro del maletín que portaba para el evento de la escultura conmemorativa en Tijuana. Faltaban poco minutos para que empezara y él no dejaba de observar el segundo en su reloj... María aún no llegaba.
¡Pero claro que aún no llegaba! Si andaba apurada comprando en el Oxxo el obsequio que, de último momento, se le ocurrió que le gustaría a Alfred. No era lo más "Woah" , ni nada por el estilo, pero bueno... era un detalle ¿O no? Y la intención es siempre lo que cuenta; al menos de eso se convenció.
Cuando María llegó a la puerta de acceso de la Garita de San Ysidro apurada y saludando a las autoridades con una sonrisa abierta por la hora, Alfred soltó un suspiro de alivio, feliz de que su vecina no había olvidado tan importante fecha, feliz de por fin verla.
Estaba hermosa, con un traje negro empresarial a medida, claro que sí, pero estilo mexicano: sin corbata y abierto en el costo solo lo suficiente para dejar picados a quienes desviaran la mirada, con un bordado colorido en sus mangas y botones que contrastaban delicadamente. , dándole ese toque (junto a sus aretes largos de oro) muy ella. Su cabello caía en ondas largas, medio recogido con una trenza alta, a forma de coronilla y enmarcada con flores rojas sutilmente. Su maquillaje era ligero, que le daba un adorable sonrojo a su rostro risueño y sus pantalones largos y ligeramente acampanados cerraban el look junto a unos tacones con detalles del mismo bordado que se presumía en su saco.
Era una visión que robaba el aliento... y eso no era todo, porque María llevaba también consigo una bolsa de compra y el estadounidense brincó emocionado ¡Tampoco había olvidado su regalo! Seguro sería algo muy especial, como lo que él le tenía planeado. Ya se moría de ganas de verle la cara cuando se los entregaron.
-¡María!
Exclamó USA en cuanto su vecina terminó de estrechar manos con la última de las autoridades presentes.
-¡Alfredo!
Le sonó México de vuelta, dando pasos presurosos con sus tacones para alcanzarlo antes posible, abrazándose igual de fuerte que cuando estuvo en el balcón del Palacio de Gobierno exactamente dos siglos atrás. Claro que ahora era él quien le sacaba más de una cabeza de altura a la mexicana, pero el cariño y la emoción seguían intactas, igual de intensas y presentes.
Las autoridades comenzaron a hacer las pruebas con el micrófono y pronto pidieron silencio al público ahí reunido para que pudieran comenzar. Solo hasta entonces ambas naciones deshicieron su abrazo y se miraron a los ojos con un brillo y una felicidad que irradiaban a la distancia, contagiando con sonrisas sinceras a la gente binacional.
Ni Alfred ni María notaron cuando las autoridades comenzaron sus discursos, cuando presentó al artista de la obra ni a aplaudir todos orgullosos cuando ésta fue relevada; ellos solo tenían ojos para el otro, cada quien en su hundido en sus recuerdos, en sus memorias y pensamientos sobre todo lo que habían compartido, vivido, llorado, afrontado y disfrutado juntos como vecinos, amigos, socios, amantes o adversarios; de cualquier forma que fuere, siempre habían estado allí, pegados por la historia, por la tierra, por el destino que, caprichoso, los unía una y otra y otra vez; constantemente, como si no pudiera tener suficiente de ambas naciones. Fuera aquello bueno o malo, conveniente o inconveniente... eso ya dependía del criterio de la gente que los analizara a ellos y su peculiaridad, su relación tan especial y sin comparación en el mundo.
-...es muy importante para nosotros seguir haciéndoles saber a los tijuanenses ya nuestros amigos de Estados Unidos, sobre esta relación armoniosa binacional en estos 200 años, y esta escultura representa eso, el cómo encajamos como un rompecabezas en lo que compite a ambos. países, ojalá que sigan representándonos como parte de esta relación binacional, todos los artistas, y gente buena y trabajadora, porque esto es Tijuana- dijo la alcaldesa de la ciudad. -La escultura que lleva por nombre "200 años de Relaciones Diplomáticas México-USA", significa la sinergia que hay entre ambos países, para tener una buena relación en los aspectos económicos, sociales y políticos.
Justo después de que el micrófono se le pasó al Cónsul General de Estados Unidos en Tijuana, quien dijo contento:
-Es un honor estar aquí con ustedes, hoy que se cumplen 200 años de esta relación bilateral tan cercana y tan importante, y que continuamos fortaleciendo cada día.
Luego el Cónsul de México en San Diego, agregó:
-Hace 200 años, el 12 de diciembre de 1812, Estados Unidos se convirtió en el primer país del mundo en reconocer como un país independiente a México. Eso es lo que celebramos hoy, que a mí me llena de orgullo que en Tijuana se haya celebrado no solo con un evento, sino con un monumento que queda para la posteridad para reconocimiento de quienes cruzan por esta garita.
Los aplausos sacaron a las dos naciones de su ensimismamiento y se sonrojaron ambos, imitando al público en sus vítores y alegría. Cuando el evento hubo finalizado Alfred se dirigió directamente con las autoridades para felicitarlos y agradecer personalmente al artista de la escultura, despidiéndose al mismo tiempo.
Pero María, en cambio, se dedicó a observar la nueva pieza que decoraría la entrara a su garita de ahora en adelante: era una estructura integrada por una jardinera con las banderas de ambas naciones, con personajes y elementos que simbolizaban la relación entre México y Estados Unidos, plasmados como piezas de rompecabezas que, juntas, encajan perfectamente.
-Es bastante bonito. ¿No crees? [Es bastante agradable ¿No crees?]- murmuró Alfred mientras se posaba a un lado de la mexicana.
-Si... es muy linda. Qué lindo que hayan pensado en esto.
-Sí... y eso sin contar los otros más de 200 eventos que nuestros gobiernos igual planearon tanto en tu territorio como en el mío. Jajajaja!- Alfred se revolvió el cabello, un poco cohibido. -Si se emocionaron mucho.
María volteó a verlo y le ofreció una de sus más resplandecientes sonrisas.
-Pues no creo que sea poca cosa lo que celebramos. A pesar de lo que tenerte por vecino ha significado en mi historia personal y en mi nación... no te cambiaría por nadie más- María desvió la mirada, con un sonrojo queriendo clamar sus mejillas. -No creo que sería capaz ¿Sabes?
-Lo sé. La verdad es que tampoco sé qué sería de mi sin haberte tenido en mi historia- ambos sonrieron, cada vez más rojitos. -Y eso por eso que...- agregó mientras abría su maletín -¡Tengo un regalo para ti! [¡Tengo un regalo para ti!]
-¡Oh! Alfred eso es... uhmm. Si quieres que podamos ir al malecón, sentanos ahí para intercambiar nuestros obsequios.
-¡Si seguro!
Los dos tuvieron un trayecto plácido hasta la playa. Era invierno, así que el calor no molestaba, por el contrario, hasta se extrañaba; pero las preciosas vistas del océano Pacífico compensaban todo ¿Lo único feo? Aquel muro que dividía hasta las aguas que, más allá, por naturaleza, se juntaban; porque al final eran parte de un todo, de una sola tierra, de un solo planeta.
-¿No te molesta la arena?- preguntó María mientras se sentaban haciendo todo lo posible para no incomodarse viendo al muro justo al lado, como un triste recordatorio de lo que los humanos y sus políticas irracionales eran capaces de hacer: dividir lo indivisible, a la naturaleza de la unidad del mundo.
-No... está bien.
-Bueno- murmuró, asegurándose de que sus tacones no se llenaran de arena. -¿Comienzo yo o...?
-¡Yo primero!- exclamó como niño en dulcería Alfred, colocando su maletín abierto en sus piernas extendidas. -Debo admitir que pensé mucho en tu regalo. ¿Sabes? 200 años no son poca cosa. So... quería darte algo que apreciaras tanto, que terminarías colgándolo en la sala de tu casa.
María no pudo contener el sonrojo que ahora sí clamó la totalidad de su rostro tras palidecer como si le hubieran drenado la vida. ¿En verdad él, Alfred F. Jones, se había esmerado tanto en su obsequio? ¡Nooo! Estaba que se moría de ternura, sorpresa y preocupación... porque entonces el regalo que ella había comprado a última hora terminaría siendo un mal chiste.
-Estaba repasando los temas a tratar en enero para nuestra Cumbre de Líderes de América del Norte cuando noté un apartado que tanto Matthew como tú resaltaron: inclusión y atención a los pueblos originarios. ¡Eso realmente me llamó la atención! ¿Por qué lo pusieron, eh?
-¿Q-Qué?- se extrañó María por el aparente arrepentido cambio de tema.
-Sí, quiero saber por qué consideran eso una prioridad.
-¡Oh! Bueno... supongo que Mattie lo hace por el escándalo que hubo con sus pueblos originarios y las escuelas religiosas. Eso realmente le afectó mucho porque aquellas acciones que llevaban a cabo sus gobiernos jamás le fueron informadas, ya sabes, fue horrible y encima él es muy sensato. Ahora, en mi caso, le he estado dando atención directa a mis pueblos originarios para resolverles cuestiones de tierras, agua y concesiones a empresas que solo contaminan sus territorios. Así que también consideramos importante su bienestar y su representación.
-Eh... interesante.
-Yo diría necesario, pero... eh, supongo que interesante también le hace.
-¡Entonces sí amarás tu regalo!- Alfred sacó el dibujo enmarcado que realizó con la descripción de Antonio y lo dejó caer (un poco brusco por la emoción) en las piernas de su vecina, sonriendo a más no poder. -¿Entonces? ¿Qué piensas?
Decir que María estaba en shock era poca cosa, su cuerpo había entrado en una especie de aletargamiento, hipnotizado por los ojos dorados que la devolvían la misma mirada suya a través del papel: era la extraña sensación de verso en un espejo sin que fuera su reflejo completamente, sin ser ella misma del todo. Se trataba de un retrato super realista de una mujer de piel canela, cabello largo, lacio y negro como la obsidiana; con facciones extrañamente duras y suaves a la vez.
Alfred la observaba con detenimiento, maravillado con cómo su vecina pasabaaba inconscientemente la yema de sus dedos por el grosor de sus labios, la altura de sus pómulos, el nacimiento de su cabello, la forma de sus cejas y se detenían al borde de sus pestañas. tupidas, perdida en las pupilas de la mujer del papel.
-Spain lloró cuando terminé el dibujo, dijo que era idéntico a como la conoció y de repente se derrumbó, supongo que arrepentido de su pasado- Alfred se inclinó hacia su vecina y esbozó una sonrisa triste cuando la notó contener un par de lágrimas. -Ella es tu mamá, Mary. El único retrato que jamás tendrás de cómo fue ella cuando tuvo vida.
-E-Es... esto...- María acarició el cristal que protegía el dibujo y escuchando de oreja a oreja, sin contener el agua que ahora corría libre por sus mejillas. -E-Era hermosa ¿No crees?
-Bueno, yo siempre dije que lo divino no lo heredaste de España- María rio en corto, ahogado, con un nudo en la garganta mientras las olas del mar acompañaban su sollozar. -Lo único que Spain dijo que faltaba...- Alfred posó un dedo en la barbilla de su vecina y la hizo mirarlo suavemente. -Era el reluciente brillo en tus ojos, vivo.
-Por D-Dios, Alfred...
María se lanzó contra su vecino, aprisionándolo entre sus brazos con la facilidad de cuando eran aquellos niños recién independizados, cuando ella aún era más alta, más grande, y podía apretarlo con la fuerza que quisiera, con la intensidad que considerara necesaria para que le quedara muy claro todo el agradecimiento y toda la pasión que le tenía; toda la ilusión, toda la felicidad que tenerlo dentro de su amoroso abrazo significaba para ella, para su vida.
Pero los musculosos brazos y las grandes manos que le devolvieron el abrazo por su cintura le hicieron recordar que aquel adorable niño había crecido hacía mucho tiempo atrás, que ahora se necesitaban cinco Méxicos para hacer 1 solo Estados Unidos. Y, cuando Alfred decidió demostrarle su amor tanto como ella, la envolvió por completo.
En la playa solo se veía a un gringo abrazando un pedazo de tela negra con tacones resguardados de la arena a un lado del muro fronterizo.
-¡Me alegro mucho que te haya gustado! [¡Estoy tan, tan jodidamente contento de que te haya gustado!]
María escuchó su exclamación de júbilo directamente desde su ronco pecho, ahí donde su corazón latía extasiado contra su oído y las lágrimas de ella corrieron aún más presurosas por sus mejillas hasta perderse en su inmensa sonrisa o ser absorbidas por la camisa de su vecino. No caía en sí de lo gozosa que estaba en esos instantes.
...hasta que recordó que sería su turno de entregarle al gringo "su obsequio".
-¿Alfredo?
-¿Eh?- USA la separó de sus brazos solo lo suficiente para poder verla a los ojos mientras hablaba, pero no la soltó. No quería soltarla nunca.
-Creo que mi regalo... es decir, n-nada que pueda darte ahora se podría comparar al tesoro que me hiciste. En verdad.
-¡¿Mi presente?! ¡OH SÍ! ¡No puedo esperar! [¡¿Mi regalo?! ¡Ay si! ¡No puedo esperar!] - gritó con esa actitud de niño en dulcería de vuelta.
-P-Pero es que... ¿Si me oíste?
-Vamos Mary ¡Ya diez centavos qué es! Por favor...
-Solo... no te vayas a decepcionar ¿Eh?- advirtió mientras se hacía espacio entre los brazos de Alfred para sacar la bolsa del Oxxo. -Bueno, aquí vamos- respiró hondo y de un tirón sacó el regalo que había comprado de último minuto con los ojos cerrados. -¡TARÁN!- Gritó para esconder su nerviosismo.
Por un par de segundos (que fueron una eternidad para María) hubo silencio, pesado e incómodo silencio. No fue hasta que ella se atrevió a levantar sus párpados temerosamente que notó a su vecino con una de las miradas más refulgentes que le había visto, contemplando la botella que ella sostenía como si fuera la segunda cosa más maravillosa del universo.
-OH. MI. DIOS. Una Coca-Cola mexicana endulzada con caña natural en botella de vidrio... [Una Coca-Cola mexicana endulzada con caña natural en botella de vidrio...] - Alfred sujetó la botella y se dejó caer de espaldas a la playa, elevando la bebida a los cielos. -¡Esto es el paraíso!
María miró a sus alrededores, asegurándose de no estar pasando un tremendo oso frente a otras personas por el comportamiento del gringo.
-¡MARÍA! ¡Este es el mejor regalo de todos! [¡Éste es el mejor regalo de todos!]- volvió a gritar Alfred, esta vez ya sentándose nuevamente.
-¡Pues dah! ¡Obvio que ya sabía! Todo estaba planeado para que te gustara, eh... s-si, si... por supuesto. Así como tú planeaste mi regalo también.
Alfred destapó la Coca-Cola con su llavero y la miró contento.
-Somos los mejores vecinos, ¿no?- tomó un sonoro trago. -Oh hombre... esto es el cielo embotellado [Esto es el cielo embotellado]- susurró.
María dejó escapar una mirada incrédula y luego un par de risas, presionando el retrato de su madre contra su pecho.
-Posi si. Al final del día, nos conocemos mejor que nadie más en el mundo.
-Feliz día, María.
Dijo USA alzando su botella como si brindara.
-Feliz día, Alfred.
Contestó México contemplando nuevamente el dibujo en sus manos.
Ambos permanecieron así por un buen tiempo, perfectamente cómodos con el poco común y agradable silencio en su amistad, tanto que las cocinas de los restaurantes del malecón ya habían comenzado a emitir ese delicioso aroma a marisco tan característico de las Bajas. Y los estómagos de ambas naciones rugieron sincronizados.
Con una sola mirada supieron ambos lo que debían hacer.
Cuando sus panzas estaban llenas y sus corazones contentos, caminaron cerca del estadio, como si fueran hacia el muro; y entonces a Alfred le dolio la idea de que tendrían que separarse, cada quien de un lado de aquella fea barda de acero; porque, aunque del lado mexicano la pintura y la cultura se vertían torrencialmente en el muro, queriendo empujarlo para que atestiguara las vivencias de tanta gente esperanzada, para que uniera familias y desapareciese; del lado estadounidense no había color, solo alambrados de púas y una segunda barrera; Estaba todo vacío, sin vida.
Fue un pensamiento que enfureció a Alfred y volteó bruscamente para evitar verlo, interrumpiendo el chismecito que le contaba a María con tanta emoción.
-¡¿Qué harás hoy por la noche?!
-¿Q-Qué ped...?
-¡¿Nada?! ¡EXCELENTE! Paso por ti a las 8pm.
-¡GUAU! ¡Alto ahí vaquero! Hoy no estoy disponible. Además ¿Pa' qué chingados me querrías disponibles a esa hora?
-Hoy es nuestro día, María. Debemos pasarlo juntos.
La cara de la mexicana se transformó en una mezcla de incredulidad, diversión y exasperación.
-¡Hoy es 12 de diciembre, wey!
-Precisamente por eso, DUUH.
-No, no seas más pendejo de lo habitual, Alfred. Hoy se le cantan las mañanitas a la Virgencita y eso definitivamente NO me lo salto solo para estar contigo. Nuestra madrecita Tonantzin-Guadalupe es más importante ¿Okey?
-P-Pero...
-¡Sin peros! Es más, mira la hora. Ya tengo que irme, son casi cuatro horas de avión y no puedo llegar tarde a la Basílica del Tepeyac ¡De por sí con el embotellamiento que va a haber!
María colocó el retrato que Alfred le hizo dentro de la bolsa del Oxxo y se puso de puntitas para darle un beso rápido en la mejilla al estupefacto gringo, incrédulo de que de verdad lo dejara así sin más.
-¡Nos vemos, vecino ! ¡Prepárate bien para la cumbre norteamericana de enero!
Y de la misma forma rápida que llegó al evento de la mañana, fue de la misma forma rápida en que partió.
Pero USA no dejaría las cosas así, por supuesto que no. Es más, si él iba a tener que ir a la Basílica ¡Iría! Porque simplemente era inaceptable que un par de horas en la playa bastaran para rendir homenaje a 200 años de relaciones diplomáticas. No, semejante hito necesitaría cerrar con broche de oro...
Alfred sonriendo, sin molestarse en lo absoluto en ocultar su sonrisa pícara...
Ya sabía cómo cerrarían ambos la noche, y con broche de oro.
7w7 Ojalá les haya gustado la primera parte de este especial UwU ¡Gracias por leer!
PD: Algunas referencias a las que podrían entrar son estas de abajo, por si están interesados en la info. y cantidad de eventos que hubieron XD.
* .mx/sre/prensa/mexico-y-estados-unidos-celebran-200-anos-de-relaciones-diplomaticas-con-firma-de-declaracion-de-amistad?idiom=es
* .gov/es/mexico-y-estados-unidos-cumplen-200-anos-de-relaciones-bilaterales/
