Nota

Texto entre " ", pensamientos de los personajes.

Texto entre «», consciencia o voces de personajes terciarios.

PVO POPP

Eira me explicó que había dos formas en que pudieran abrir el portal hacia el mundo de los demonios. El primero y el más sencillo, sería si las tres diosas usan sus conjuros para romper el sello maligno. El segundo y el más difícil, consiste en viajar astralmente para colocar unos pilares de oricalco en el centro del Inframundo e invocar desde el exterior el poder que rompa el sello, (siendo cualquiera de ellas la que podría hacerlo).

El problema con la primera forma es que sus otras hermanas al parecer tienen un hechizo que las debilitó mucho más que a ella y encontrarlas será más difícil, pero lo peor es que cuando Eira recuperó su cuerpo real, aparecieron los brazaletes que tiene en sus muñecas, los cuales son una especie de grilletes que la mantienen atada a la montaña y solamente la menor de sus hermanas es capaz de quitarles el hechizo. Desafortunadamente eso le impide acompañarme.

–No puedo sentir a mi hermana menor –mencionó luego de unos minutos en que se había concentrado para buscar un aura divina –y el alma de mi hermana mayor es muy débil. Seguramente la empequeñecieron más allá de sus quince años humanos, que es la edad que tenía cuando nos llevaron.

–Quince cuando se fue y dieciséis después de la batalla de mi maestro contra Hadler, dan una edad de treinta y un años –deduje para buscar una niña con bastante madurez mental.

–Exactamente, Skadi es la mayor y es una mujer increíblemente sabia, así que tendrás competencia porque si tú eres muy inteligente, ella te supera.

–Eso da miedo –le sonreí– bien, no es mucha información, pero algo podré hacer para encontrarla, por favor, ¿podrías indicarme el punto en el mapa donde sentiste su presencia?

Eira señaló la parte sur y rogué al Dios de los humanos que no fuera un sitio helado, (odio el clima frío).

Antes de partir, me entregó un amuleto de oro, que en lenguaje mágico representa a la triada de los hechiceros.

–Esto te ayudará en caso de que mi hermana mayor quiera matarte sin darte oportunidad de hablar –habló muy enserio y la miré preocupado –Skadi no tiene el mejor carácter del mundo. Ten cuidado al tratar con ella porque se enoja fácilmente. También detesta a los demonios y los destruye cada que puede aún sin ser atacada. Posee la habilidad de percibir auras malignas y si por mala suerte llegas a tener un pequeño pensamiento negativo, te odiará hasta la muerte.

–¿Alguna otra bonita cualidad? –ironicé porque prácticamente estaría buscando a mi futura asesina.

–Si... Su aura es demasiado helada para los humanos, por lo tanto, vas a tener que mantener algún hechizo de fuego cubriendo tu cuerpo todo el tiempo que estes con ella… no te preocupes, no morirás de inmediato, pero tendrás mucho sueño y puede que caigas inconsciente si a tu alrededor hay emociones negativas y si duras mucho en ese estado, quizás no sobrevivas. Recuerda que su poder la protege destruyendo al ser que emana maldad y a quien esté cerca de esa aura.

–Si tengo que usar magia de fuego cuando la encuentre, entonces no podré llevar a mis compañeras. No tengo tanto poder como para cubrirnos a los tres.

–Con ellas no hay problema. Únicamente ataca al sexo masculino, sea humano, monstruo o demonio, aunque si una mujer desprende aura maligna, la atacará igualmente.

–Afortunadamente mis amigas no tienen pensamientos malignos. Maam me golpea, pero eso no se considera maldad, ¿verdad?

–No, aunque sus celos son emociones negativas, así que por su bien, no le des motivos para sentirlos.

–Los celos de hermana no son malos. Maam me tiene cariño y obviamente le disgusta que me comporte como un pervertido –rasqué mi cabeza y me reí.

–Dirás lo que quieras, pero lo que sentí en ella, no eran celos de hermana.

–Da igual –caminé a la salida, pero al ver que el cielo estaba oscuro me quedé petrificado –¿cómo?... llegamos antes del amanecer y apenas tenemos conversando una hora o dos como máximo, ¿por qué el cielo se ve de esa forma?

–En esta montaña el tiempo transcurre lento, pero en tu mundo todo avanza normal y lo que sentiste como dos horas, en realidad fue un día.

–¿Quieres decir que me perdí el cumpleaños de Maam? –me alteré al darme cuenta de que no cumplí mi promesa.

–Lo lamento –me dedicó una mirada triste –si quieres puedo intentar regresar el tiempo. No es una de mis habilidades, pero he visto cómo lo hace mi hermana menor.

–No es necesario. Probablemente fue mejor así –respondí resignado y giré para despedirme –¡gracias, Eira!

–No he hecho nada por ti, ¿por qué me agradeces?

–Me has dado esperanza –puse mis manos en sus hombros y le sonreí con sinceridad –hasta hace unas semanas pensaba que nuestros esfuerzos por encontrar a Dai eran inútiles, pero ahora que apareciste, finalmente pude vislumbrar un camino que se ha iluminado con tu presencia y el de tus hermanas.

–Ojalá que podamos ayudarte, sobre todo porque si tienes razón, nuestro deber es proteger a tu amigo y no me perdonaría fallar esa misión.

–Sé que Dai es el humano por el que las enviaron aquí. También sé que entre todos encontraremos una manera de traerlo de vuelta y entonces deberás cuidarlo bien para que nunca le suceda nada malo.

–Lo cuidaremos juntos –su sonrisa amable tiene la capacidad de animarme y le agradecí otra vez con una reverencia galante.

Con una última mirada a mi nueva compañera de aventura, invoqué Ruura para ir a la aldea de Maam.

Aparecí en el claro en el que estuvimos ayer y de ahí me dirigí a su casa.

A los lejos escuché una melodía y corrí emocionado porque aún estaba a tiempo de felicitarla, sin embargo toda mi alegría se esfumó, con la imagen de Maam y Hyunckel bailando abrazados mientras se miraban con amor.

«¿Cuándo vas a entender que Hyunckel es el hombre que ama con todas las fuerzas de su corazón?», mi consciencia volvió al ataque y aunque esa era la verdad, mi estúpido corazón sigue negando lo evidente, pero ya no permitiré que lo haga más.

Para mi tranquilidad nadie me vio y di la vuelta para regresar al claro, en el que me quedé toda la noche mirando las estrellas.

Antes del amanecer me dirigí a buscar a Merle. Por su mirada supe que estaba enterada de lo que vi, pero es una mujer respetuosa de mis sentimientos y no me humilló con palabras de consuelo que sólo herirían mi orgullo.

Para hacer tiempo y permitir que Maam disfrutara más de la compañía de Hyunckel, me puse a platicarle a Merle lo que teníamos que hacer, cuidando de no recordar a Eira, (por si se le ocurría leerme la mente).

Buscar los portales no era muy importante, (al menos no por el momento), pero necesitaba una excusa para disculpar mi ausencia en la fiesta y era una oportunidad magnífica para que Maam se vaya con Hyunckel, aunque como siempre pasa, al final decidió que cuidar al inútil mago era lo mejor, y por segunda vez se negó a irse con su amado.

El desierto no era nada comparado con este lugar. Las ventiscas de viento frío nos golpean con una fuerza terrible y casi no podemos movernos, ni ver hacia donde vamos.

Merle es quien más está sufriendo las inclemencias del clima y para ayudarla, la cubro con mi capa y la abrazo para darle calor corporal.

Después de lo que me parecieron varias horas caminando, Maam me grita que me detenga.

–¿No crees que deberías llevarnos de regreso? –observo que intenta producir calor frotando sus brazos con las manos –soy fuerte, pero estas ventiscas cada vez se hacen más intensas y no tardaré en perderte de vista porque casi no puedo ver hacia dónde camino.

–En esta ocasión tengo que darle la razón a la señorita Maam –Merle responde con un castañeo de dientes que me demuestra que su situación es peor que la de nosotros –es la primera vez que me encuentro en un lugar tan frío y… y no sé si esto es normal, pero presiento que no porque conforme avanzamos, el viento sopla más fuerte y lo que antes eran copos de nieve, están convirtiéndose en duras piedras de hielo.

–Es que yo… –un aura divina se dejó sentir y me callé para escuchar.

«Mi hermana está muy cerca», la voz de Eira habló directamente en mi mente, «pero tus amigas no van a aguantar mucho tiempo ese frío… me imagino que mi hermana está en problemas porque su poder se libera si se encuentra en peligro y es obvio que esa tormenta de nieve no es natural»

–¡Maldita sea! –expresé en voz alta –si estamos cerca, entonces no podemos irnos.

–Popp –Maam me habló conciliadora –comprendo tus sentimientos. Sé que quieres encontrar a Dai porque es tu mejor amigo y te sientes culpable por lo que le pasó, pero si mueres aquí, no habrá nadie que lo ayude.

–Tú no sabes hasta qué punto aprecio a Dai –mi voz demostraba que aún estaba dolido por lo que vi anoche y no pude evitar hablarle de forma grosera –nadie es más importante que él y si me voy ahora, perderé la oportunidad de encontrar lo que necesito para salvarlo.

–Pero Popp… –quiso seguir hablando, sin embargo el tiempo es demasiado valioso como para desperdiciarlo en conversaciones absurdas, así que le entregué a Merle para que la protegiera e invoqué toda mi magia de fuego.

«Si continúas liberando magia de manera tan inconsciente, te quedarás sin poder y ninguno saldrá vivo, sobre todo si estás sufriendo el efecto de la magia de mi hermana», Eira me habló un poco más seria y supe que por primera vez se había enojado conmigo, pero la ignoré y seguí liberando mi aura mágica.

Extraje todo lo que pude y aunque no estaba seguro de lo que hacía, lancé una bola de fuego al cielo e imaginé una estrella de cinco picos que utilicé para contener la explosión que provoqué posteriormente. Con las llamas formé unos aros que las rodearon y sonreí al ver que mi plan había funcionado, ya que las dos quedaron dentro de ellos y mientras estos giraran, producirían el calor suficiente para que el frío no les afecte.

–¡Quédense aquí!, y por nada del mundo intenten salir de esos aros de fuego, ¿entendido?

–¿A dónde vas? –Maam se alteró y quiso salir, pero negué con la cabeza –¡déjame ir contigo!, usaste demasiado poder en estos aros y si te encuentras con algún enemigo, no podrás defenderte por mucho tiempo.

–¿Tan inútil te parezco? –no quería verme patético, pero no pude evitar preguntárselo con dolor –sé que de todos nuestros amigos, soy el único inútil y siempre termino por meter la pata, pero por una vez, ¿podrías dejarme luchar solo?

–¡No pienso que seas inútil! –gritó demasiado fuerte que incluso los aros ondularon –no quiero que nada malo te pase. Yo… yo no podría…

El aullido de un lobo resonó cerca y dirigí mi atención hacia donde provino.

–Después hablamos –le di la espalda para no dejarme convencer por su mirada preocupada –por favor, no vayas a salir.

Maam quiso insistir en acompañarme, pero la ignoré y corrí hacia el sitio donde aún se escuchaba aullar a un lobo.

La ventisca volvió a aumentar sus corrientes y las rocas de hielo golpeaban mi cuerpo causándome heridas que por ahora no necesitaba curar, pero entre más cerca estaba de lastimero aullido, más grandes se hacían las rocas y en consecuencia, mis heridas empeoraban.

Como casi no podía ver, no me di cuenta de que frente a mí se encontraba un enorme gigante de hielo y choqué con lo que sería su pierna y caí al piso por culpa del fuerte impacto.

Quise aprovechar para curarme, pero la visión de una joven rubia con una vestimenta hecha de pieles, tratando de clavar una espada en el cuello del monstruo, cambió mis planes y levité hacia ella cuando éste la sacudió de su cuerpo.

Alcanzarla fue un milagro, más que nada porque moverse con una tempestad de hielo golpeándote por todos lados, es prácticamente imposible.

Escapar era una magnífica idea y en eso estaba cuando la joven me pidió regresar.

–¡No podemos! –le dije como pude porque hablar tampoco era posible –si no nos vamos, terminaremos congelados por la tormenta.

–¡No, por favor!, tenemos que volver por White.

–¿Quién es White?

–Es mi amiga –sus ojos negros me miraron con súplica y como siempre mi lado caballeroso le ganó a la razón.

–Está bien, pero no sé en dónde está tu amiga.

–El monstruo quiere matarla y cuando estábamos escapando, cayó en una trampa.

–No me digas que tu amiga es… –el aullido de un lobo volvió a dejarse escuchar y con el asentimiento de la joven entendí que se refería a ese animal.

En serio esto no podía estarme pasando. El hielo es mi peor enemigo y se puede comprobar con mi pobre habilidad para usar hechizos de ese elemento. Para empeorar las cosas, el frío me hace más lento, también tengo varias heridas que aunque no son graves, sí duelen bastante por culpa del viento helado. Sin embargo, a la extrañamente amable diosa Skadi, se le ocurrió querer salvar a un simple lobo que dice que es su amiga.

El monstruo ya había perdido interés en nosotros, pero la recuperó al vernos regresar y nos empezó a lanzar una especie de puntas de hielo bastante afiladas, (lo comprobé cuando atravesaron mi pierna).

Con las ventiscas aumentando, mi cuerpo se fue debilitando más y más y fue ahí donde recordé lo que Eira me advirtió.

Era lógico que llevando en brazos a la diosa con el aura helada que ataca a cualquier hombre que se encuentre cerca de un poder maligno, mi vida correría peligro, por eso invoqué un hechizo de fuego para cubrirme con él y por fortuna sirvió para que pudiera acercarme al lobo.

–¡Apresúrate a liberarla, por favor! –la joven se aferraba a mi cintura, mientras yo usaba toda la fuerza que le quedaba a mi cuerpo, para separar la trampa que tenía atrapada la pata de un hermoso lobo blanco de ojos azules como el mar.

Mis dientes castañeaban porque el aura fría subió nuevamente su nivel helado. Mi vista se nubló y mis ojos se iban cerrando poco a poco, (lo único bueno es que había liberado al lobo).

–¡Dios mío!, aquí viene el monstruo –la joven gritó y me abrazó, sin embargo mi debilidad me hizo caer al suelo con ella sobre mí.

El monstruo se había acercado a nosotros y estaba a punto de aplastarnos, pero algo lo derribó y la luz del poderoso ataque de mi compañera de viaje, consiguió derrumbarlo.

Maam es una guerrera muy hábil y su fuerza es descomunal. Mi admiración por ella creció al verla luchar contra un monstruo gigantesco, que no paraba de lanzarle filosas puntas de hielo que esquivaba con mucha facilidad, a pesar de las fuertes ventiscas que traían consigo esas piedras congeladas que impactaban su delicado cuerpo.

Estaba tan atento al combate de mi compañera, que no presté atención a la joven cuando enredó sus piernas con las mías, haciendo que la posición en la que estábamos se viera un poco desvergonzada.

Por un instante creí ver que la mirada de Maam se dirigió hacia acá, antes de que su aura roja se incrementara y sus puños brillaran de manera diferente al de su ataque habitual, y cuando impactó al inexistente rostro del monstruo, el cuerpo de hielo se desquebrajó hasta que sólo quedaron pedazos que se esparcieron por todo el lugar.

Maam dio un giro y cayó de pie en la alfombra de nieve, como la maravillosa guerrera que es, mientras yo babeaba por lo hermosa que se veía.

–Tu perversión es la verdadera culpable de que siempre termines en el suelo –Maam caminó hacia nosotros sin dejar de emitir su aura roja que la cubría de pies a cabeza –¿por qué demonios no te levantas? –se alteró y miró a la chica con verdadero enojo, cuando no hice el intento por obedecerla –¡oye tú!, ¿te encuentras muy a gusto acostada indecentemente sobre ese idiota pervertido?

–¡Perdón! –la joven se levantó y trató de ayudarme, pero debí pesarle mucho, porque ni siquiera pudo moverme ni un centímetro –está herido, por favor, ¿puedes curarlo?

–Él se puede curar solo –dio la vuelta y se alejó con la furia aun rodeándola.

El gruñido del lobo logró que apartara mi mirada de Maam y lo que no consiguieron ninguna de las dos mujeres, lo consiguió el animal al correr hacia mí con la clara intención de atacarme y aunque estaba débil, me levanté como rayo para escapar de sus puntiagudos colmillos.

No había dado más de tres pasos, cuando el animal ya estaba sobre mí con sus fauces a centímetros de mi cara.

–¡Señorita Skadi, por favor!, ¡quíteme a su amiga! –grité porque con las heridas y el aura helada, no me quedaban fuerzas ni para levitar.

Llamé a la diosa varias veces, pero la joven únicamente me miraba como si no me entendiera.

–¡Ya deja de gritar mi nombre!, además, ¿por qué habría de perdonarte la vida, humano? –el lobo habló y mi mandíbula se abrió más de lo que se considera normal –ningún ser en este mundo tuvo compasión de mí, así que de nada te servirá suplicar que te deje vivo.

Al parecer no me salvaría; la joven únicamente nos observaba con el miedo reflejado en su cara. El aura helada no dejaba de aumentar y estaba a punto de perder el conocimiento, pero antes de abandonarme al sueño eterno, saqué de mis ropas el amuleto de la triada que Eira me entregó y después de eso ya no supe más.

Una caricia en mi mejilla me despertó y al mirar hacia un lado, encontré a Merle que me miraba angustiada. Me impresionó verla con ropas de piel, pero no le pregunté de dónde la sacó.

–¡Qué bueno que despertaste! –observé a mi alrededor y vi que estábamos en una cabaña muy pequeña, que contaba únicamente con una mesa bajita.

En medio estaba una fogata que calentaba el lugar y al seguir mirando, me topé con el lobo, (más bien, loba), que aunque mantenía su ceño fruncido, no hizo algún movimiento que me indicara que seguía queriendo matarme.

–Merle, ¿podrías ir a buscar a Maam? –le dije sin dejar de mirar a la loba.

–No iré muy lejos. La señorita Maam está afuera recibiendo unas ropas que la joven nos trajo para poder aguantar el este clima.

–Entonces ¿podrías ir a buscar comida junto con ella?, necesito quitarme esta ropa porque está húmeda por culpa del frío, y como soy un debilucho, si no me cambio rápido, terminaré con un resfriado que no me permitirá llevarlas de regreso a un sitio cálido.

–Haré lo que me pides, aunque no será fácil llevarme a la señorita Maam. La pobre está muy preocupada por ti y no ha querido despegarse de tu lado en las largas horas que estuviste dormido.

–Sólo será poco tiempo. Debo secarme y no quiero que luego Maam me reclame por ser tan pervertido si se me ocurre hacerlo frente a ustedes.

Merle me dio la razón y luego de que salió, me senté para ver de frente a la diosa convertida en loba.

–No necesitas contarme nada, humano –ella habló primero –todas las memorias de mi hermana estaban en el amuleto y vi lo que estuvieron conversando.

–Me imagino que no estás de acuerdo en ayudarme porque soy un hombre humano que además no cuenta con un corazón puro.

–Yo no dije que no te ayudaría, es más, me disculpo por intentar matarte –mi sorpresa fue grande y la loba sonrió –lo que hice contigo, lo hago con cualquier humano, demonio o monstruo que se encuentre en mi camino, y aunque no niego que he llegado a tomar sus vidas, solamente destruyo a seres malignos.

–Si solamente destruyes seres malignos, ¿por qué tu aura también me estaba afectando junto con el monstruo?

–Sin mi verdadero cuerpo no tengo control de mi poder y cualquier macho que esté cerca de mí mientras haya energías malignas a mi alrededor, también será afectado sin importar que tenga un aura de justicia.

–Es un alivio saber que no me estabas atacando precisamente a mí –también le sonreí y volví a sorprenderme cuando amplió su gesto de hace un momento –ahora que conoces lo que está pasando, creo que vas a necesitar que te lleve con Eira para que puedas romper el hechizo que te convirtió en un lobo, ¿no?

–Lamentablemente la única que puede romperlo es mi hermana menor. Recuerda que Eira está encadenada a su montaña debido a sus brazaletes hechizados, y en mi caso, el demonio que me transformó en esto tiene un nivel alto en el Inframundo y para contrarrestar ese poder, debes utilizar una magia similar.

–Analizando lo que me contó Eira, ella usa la magia celestial, la menor maneja la del infierno y eso te deja a ti la magia astral –mencioné todo con mucha seguridad.

–Eres un sabio, ¿verdad?

–¡Claro que no! –hice una mueca de desagrado –soy el Gran hechicero y…

–¡Y nada, niño!, eres un sabio y punto –la diosa lobuna volvió a usar un tono enojado –ya hablaremos en otro momento sobre lo que quieres conseguir con nuestro apoyo. Esta noche descansa y recupera tus fuerzas. Mañana regresarás a tus amigas a un lugar cálido y luego me llevarás con Eira a su montaña. Ahí nos pondremos de acuerdo con lo que sigue, porque yo tampoco puedo sentir a mi hermana menor y como sabes, sin ella no te seremos de mucha utilidad.

–¡No puedo esperar! –alcé la voz –si no nos apresuramos con este asunto, Dai puede morir –estaba exaltado y traté de levantarme, pero seguía débil y me caí nuevamente.

El cuerpo de la loba se cubrió de un aura mágica y de repente fui despojado de mis ropas.

–¡Espera!, ¡no puedes hacer esto! –mi cara se puso roja por la vergüenza de que me viera desnudo, pero la loba no detuvo su magia.

–¡Eira! –gritó con fuerza –¡cúralo, por favor!, está bastante herido y morirá desangrado si no sanas su pierna.

Miré mi pierna y era cierto que sangraba demasiado por las dos heridas que me provocaron las puntas de hielo que lanzó el monstruo.

Una cálida luz azul claro me rodeo y el alivio que sintió mi cuerpo fue inmediato. Mis heridas desaparecieron y de nuevo recuperé mis fuerzas y mi poder mágico. Mi cuerpo fue cubierto por ropa de piel de algún animal de gran pelaje e incluso mis guantes y botas eran del mismo material, y muy cálidos.

La puerta se abrió y entró la joven que es amiga de la loba, (lo bueno es que ya estaba vestido).

–¿Ya tenías ropa para el invierno? –su pregunta y el silencio de la diosa, me indicó que la joven no sabe que su lobo puede hablar –antes de que preguntes, tus amigas fueron a la aldea por comida. Yo les indiqué el camino y prometí alcanzarlas después de decirte algo –dejó en la mesa la ropa que traía y luego me miró atentamente –te ves muy guapo así vestido –sus mejillas se enrojecieron y me pregunté el motivo por el que otras mujeres piensan eso de mí, mientras que para Maam soy tan poca cosa que sólo me ve como un hermano menor.

La joven se me acercó y sin más, me dio un fuerte abrazo.

–¡Gracias por salvarnos!, eres un chico muy amable –el ruido de la puerta al azotarse la asustó y se aferró más a mí.

–Nunca pierdes el tiempo para coquetear con las mujeres –la mirada de Maam daba miedo y por instinto di unos pasos hacia atrás junto con la joven porque no quiso soltarme –¡maldito mentiroso!

La loba gruño y adoptó una posición de ataque. El temor a Maam, fue reemplazado por el miedo de que la diosa le hiciera daño y corrí cuando saltó para atacarla.

La mordida que era para mi amiga, me la llevé yo y mi brazo sangró manchando mi ropa y el piso, pero no tuve tiempo de preocuparme por eso, debido a que la diosa lobuna y Maam, se habían preparado para enfrentarse.

–¿Qué haces? –le grité a la diosa.

La loba no me respondió, pero aumentó sus gruñidos y su aura helada volvió a afectarme.

La escena que se desarrollaba en la cabaña era irreal para mí, pero para la joven debió ser peor y prefirió escapar, (ojalá que en busca de ayuda).

Estaba aterrado. Mi instinto me decía que Skadi no se contendría con Maam. Las encías enrojecidas y su mirada asesina no mentían, pero lo más extraño es que mi compañera de aventuras miraba a la loba con odio. Un gran odio que jamás pensé ver reflejado en los ojos de una mujer tan compasiva como ella.

Lo que pasó después lo viví como si todo sucediera de manera muy lenta.

Skadi saltó y Maam le lanzó su Puño de luz arrollador, que la loba esquivó sin problema. Del cuerpo de la diosa, salieron diminutas flechas que atravesaron a mi amiga, pero aunque no brotó sangre por los orificios que dejaron sus puntas, se notaba que estaba mal herida. Aun así, volvió a contraatacar usando ahora el puño dorado de la armadura que le otorgó Lon Berk, sin embargo, yo era consciente de que nuestro nivel no se compara con el de una diosa que posee magia astral y a pesar de que nunca había visto esa clase de poder, supe que la atacó mentalmente porque Maam pareció caer en un trance que la dejó inmóvil y con los ojos carentes de vida.

Una flecha plateada apareció y sin pensarlo usé Ruura al ver que iba directo a incrustarse en el pecho de Maam. La flecha atravesó mi espalda en el momento en que aparecí frente a mi amiga y aunque el dolor era intenso, el alivio de haber podido salvar a la mujer que amo me hizo sentir orgulloso.

Maam se desvaneció y la abracé para que no se lastimara, pero al final los dos caímos al piso.

Skadi no iba a conformarse con ese resultado y nuevamente su cuerpo estaba liberando su poder mágico.

–¡No lo hagas! –grité con todas mis fuerzas –¡por favor!, ¡te suplico que te detengas! –esto lo dije con la voz temblorosa por el miedo a que no me escuchara y terminara matando a mi adorada Maam.

–Nunca me detengo cuando hay un aura maligna cerca de mí –respondió rechinando sus dientes por la contención de su ira.

–Maam no tiene un aura maligna, solamente se enojó porque siempre hago estupideces –mientras hablaba la puse detrás de mí.

–Esa aura no es de un simple enojo. Es un aura maligna que proviene del fondo de su corazón.

–Ella es discípula del amor. La insignia del maestro Aván lo ha demostrado, así que debes estar equivocándote por culpa del sello que te convirtió en lobo.

–¡No estoy equivocada! –se agachó y supe que volvería lanzarse contra Maam –puedo sentir perfectamente que tiene un aura llena de sentimientos negativos que está a punto de tomar el control de su cuerpo, y si eso sucede, te va a matar sin importar que le supliques que no lo haga.

–Maam no sería capaz. Es enojona cuando cometo errores, pero jamás lastimaría a nadie de esa forma. Ni siquiera se atreve a matar a sus enemigos porque tiene un alma compasiva.

–¡Ingenuo!, tus sentimientos por ella te vuelven ciego a lo que le pasa, pero a mí no me engaña y morirá porque no perdono a seres malignos sin importar lo inofensivos que parezcan.

Skadi saltó hacia una parte desprotegida del cuerpo de Maam, pero antes de que sus mandíbulas alcanzaran su cabeza, me moví y mi hombro recibió la mordida mortal.

La sangre salió más abundante y toda mi ropa quedó cubierta de líquido escarlata.

–¿Por qué? –el lobo me miraba con mi sangre escurriendo de su hocico –físicamente eres más débil que ella, pero a pesar de todas tus heridas, no has cedido a tu debilidad e insistes en protegerla… ¿tanto la quieres, que no te importa morir en su lugar?

–Una vez permití que un ser muy querido se sacrificara por mí y no hay día en que no me odie por no haber luchado más por él –mi vista se estaba nublando y ya no podía articular bien las palabras –a Maam nunca he podido protegerla y ha sido otro el que siempre la salva, pero aunque sea un debilucho… por ella y por Dai, jamás volveré a rendirme, y si tengo que morir para que le perdones la vida, con gusto lo haré.

Eso fue todo lo que pude decirle. La pérdida de sangre se estaba llevando mi vida y mis ojos se cerraron cuando ya no pude mantenerme despierto.

- Comentarios finales en la tercera parte. - -