Dimensional Loud: El poder de las palabras

Parte IV

La explosión de la estación de policía ocurrió simultáneamente tanto cuando el Ninguno Nadie traicionó a la Luan Loud de esa dimensión, así como cuando Lincoln y la otra Luan alcanzaron la paz. Lo que todos no sospechaban, es que el causante de esa explosión el mismísimo Profesor, el cual cargaba con diferentes artefactos con forma de pistola, pero que definitivamente no eran pistolas.

—Exijo hablar con la señorita Lori Loud.—dijo entrando por la puerta como si nada.

—¡Disparen!—fue una orden que dio algún policía.

Desde diferentes ángulos todos intentaron disparar al Profesor, pero las balas se detenían a pocos centímetros de distancia del hombre. El Profesor estaba presionando en el bolso de su bata un artefacto que frenaba magnéticamente las balas de sus adversarios, con la desventaja de que él tampoco podía usar armas porque era un escudo de ambos lados.

Las balas comenzaron a perder intensidad, hasta que finalmente todos los disparos terminaron. Fue entonces que el Profesor dejo de presionar el botón y todas las balas que habían estado flotando magnéticamente cayeron al suelo, muchas aún calientes.

—¿Por qué siempre es primero dispara y luego pregunta?—dijo el Profesor decepcionado y apuntando con uno de sus aparatos al techo.

Varios intentaron correr para detenerlo, pero era demasiado tarde, el Profesor disparó a una bombilla eléctrica provocando que distintos rayos salieran lanzados a todos los elementos metálicos, incluida su propia pistola. Al dar la electricidad todos caían desmayados por el impacto, los pocos que se mantenían de pie solo lograban dar uno o dos pasos antes de caer. Mientras que el Profesor solo revisaba el estado de esa arma con sus guantes de plástico aislantes ni siquiera sintió la descarga eléctrica.

Aunque parecía despejado, el Profesor utilizó sus gafas (que al hacer clic en el lente derecho comenzaron a brillar en verde) para examinar térmicamente sus alrededores, todas las fuentes de calor seguían en el suelo.

—Bueno, a menos que alguien quisiera detenerme, yo creo que entraré a por mí Luan, ¿Nadie está dispuesto a detenerme? ¿No? Que amables.—se burló para abrir la puerta a la siguiente habitación, no sin antes activar el escudo magnético.

Desde fuera tanto Donna como el Doctor habían sentido la explosión desde la parte trasera de la estación de policía, cosa que había provocado que el Doctor sacara su destornillador sónico y Donna, viendo de uno a otro lado, tomó lo primero que pudo usar como arma.

—¿Un bolígrafo? ¿Es enserio?—reclamó el Doctor.

—Tiene muchas más utilidades de las que estas dispuesto a admitir.—dijo Donna a la defensiva abriendo la puerta y apuntando de uno a otro lado con su bolígrafo.

Ambos recorrieron un pasillo que tenía el techo derrumbado, antes de girar a la derecha, entrando por un espacio en el que antiguamente debían hallarse oficinas o cuarteles. Pero ahora solo parecían ser mesas llenas de provisiones, muchas de estas parecían estar a medio quemar.

—Parece que la policía controlaba las raciones de la población.—dedujo el Doctor—Suena a socialismo, no me gusta.—dijo tensando los dientes y mejilla a la vez que sacudía la cabeza.

Donna siguió recorriendo con la mirada, hasta que giró en un pasillo y se detuvo en seco. Una ametralladora le estaba apuntando directamente.

—¿Quién eres tú?—exigió saber la chica con el arma.

—Donna Noble.—dijo rápidamente la mujer levantando las manos—Soy compañera del Doctor…

Eso fue suficiente para que el Doctor diera media vuelta y tratara de acercarse lentamente.

—¿Y qué hacen aquí? Pensé que Lincoln los había distraído.—dijo esa chica rubia—Doctor, no sé dónde este, pero tiene unos segundos antes de que decida abrir fuego contra la señorita Donna, a menos claro que entre en mi campo de visión.—dijo la chica sin tartamudear—Uno…

—¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy!—dijo el Doctor levantando ambos brazos, pero sin soltar el destornillador sónico—Nunca me han gustado las amenazas a mano armada.—dijo poniéndose delante de Donna, intentando protegerla extendiendo sus brazos.

—Tiempos difíciles requieren medidas complicadas.—dijo la chica—Vaya, usted enserio que no se parece al Profesor.—dijo esa chica levantando el arma—Así que dígame, ¿Por qué está en la comisaría usted? ¿Y por qué aparece justo después de que se escuchara una explosión y disparos de mis hombres?

—Debo admitir que las circunstancias no lucen favorables.—admitió el Doctor tratando de mostrar una sonrisa con todos sus dientes.

—Nunca lo son.—dijo Donna a su espalda.

—Estoy tratando de ayudarnos…—carraspeó el Doctor aun intentando mantener la sonrisa—Por lo menos, ¿Podría saber quién es usted?

—Me decían Lori antiguamente, últimamente me da igual.—dijo ella entrecerrando los ojos—Lo único que me importa es que responda mis dudas, creo que si conoce un poco la situación porque pasamos, entenderá mis preocupaciones.

—Dimos una vuelta para rescatar a Luan Loud, tienen a la equivocada.—dijo Donna ocultándose en la espalda del Doctor.

—Oh, excelente.—dijo Lori sonriendo—Por supuesto que la liberaré, ¿Tienen pruebas de que ella no es la asesina de la mitad de mi familia hace cinco años?—preguntó Lori toscamente y levantándose de su asiento—Al menos el Profesor trajo una especie de doble de universo paralelo, ¿Pero usted ni eso? ¿Por qué hay tantos problemas para matar a un malparido demonio? ¿Acaso ustedes son sus protectores?

—Yo sé lo que puede parecer.—dijo el Doctor a la vez que su destornillador se estiraba y abría— Pero realmente no quiero tener problemas, solo ayudo a mis amigos.—dijo a la vez que su destornillador brillaba de verde y hacia un ruido rápido—¡Ahora Donna!

Ambos saltaron de vuelta al pasillo anterior, justo antes de que el agua del sistema antincendios comenzara a ser liberada y los disparos de la ametralladora de Lori se dispersaran lo suficiente como para no darles.

En la parte exterior la Luan de fuego caía desde el tercer piso de un edificio debido a la sacudida que provocó la explosión del Profesor a la Comisaría. Pudo ver brevemente una especie de forma física de su aliado el Ninguno Nadie, sintió tanto miedo que no pudo encender sus flamas eternas.

—Aún me es útil.—dijo aquella voz sin cuerpo—Entonces Luan utilizó un último impulso en sus pies que evitó la fatalidad de la caída.

Y, como si no tuviera opción, Luan utilizó parte de sus poderes en sus pies, provocando que un impulso le hiciera levantarse y caer de pie. A pesar de haber caído más de cuatro metros sin sus poderes, ahí estaba ella, de pie frente a la comisaría, un logro que antes hubiera sido imposible.

—¿Por qué me salvaste?—preguntó Luan al aire.

—Para que mates al resto mientras yo me ocupo del Doctor.—dijo el Ninguno Nadie acercándose a su oído—Sobre todo a tu otra yo, solo imagínate el dulce néctar que sería que todos ellos clamen piedad por tu nombre, todo el poder que me darías, podría cumplir cualquier fantasía…

—¿Cómo la exterminación de toda la vida sobre la Tierra?—preguntó esperanzada—Eso haría feliz a mi amo…

—Sí, sí, todo tipo de vida.—dijo el Ninguno Nadie lanzando una última carcajada—Ve y mata Luan, mira, todos esos guardias desmayados en el vestíbulo, intenta...

—Ohhhhh…

Los ojos de Luan se iluminaron al mismo tiempo que una sonrisa inundó su rostro. Sus manos se encendieron en cuestión de segundos, comenzó a flotar al mismo tiempo que su cabello y vestido comenzaban a bailar el mismo caótico ritmo que el fuego de sus manos. Su risa hueca y demoniaca sonaba constantemente, sin que ella se detuviera para respirar lo más mínimo. Dio una vuelta en el aire al mismo tiempo que de sus manos salían montañas de fuego que cubrieron toda la habitación. No le bastó la primera vez, sino que dio otra vuelta y una tercera, hasta que todos los muebles ya se encontraban quemados, entonces el fuego regresó a sus manos. Todos los cuerpos de los oficiales oficialmente se estaban cremando. Luan pudo oler nuevamente ese dulce olor a carne chamuscada, aunque era una esencia exquisita, les faltaba el gusto a gritos de condolencia y agonía. Quitar la vida a seres sin conciencia no tenía el mismo encanto, al menos para ella.

Fue entonces cuando el agua que activó el Doctor llegaron hasta esa zona y estuvieron a punto de dejar a Luan nuevamente sin poderes.

—Pero una de las tuberías exteriores se rompió y el agua dejo de fluir.—dijo la voz harto de aquellas intervenciones—Luan, te dije que dijeran tu nombre.

—Lo sé, pero la emoción del momento y ya sabes…—dijo Luan intentando chantajearlo con el aroma.

—No, no lo sé, yo tengo solo un objetivo niña estúpida, es matar al Doctor, y necesito todo el poder posible a mi disposición.—dijo aquella voz encorecida—Si te interpones, no olvides que yo puedo eliminarte.

Aquella Luan frunció sus cejas, nadie le daba ordenes, solo su amo, pero si quería exterminar al resto de su familia, no le quedaba más que obedecer.

Desde la parte baja, tanto Lincoln la Luan buena, se encontraban intentando ocultarse en las sombras para que nos los descubrieran. Luan sabía que el Profesor sería capaz de dispararle a este Lincoln, pero ella no quería eso.

—¿Por qué me proteges?—preguntó molesto ese Lincoln—Si tu puedes ser libre, deja que haga lo que sea conmigo…

—Porque no tuviste una infancia, has vivido tantos años en miedo.—dijo ella acariciando su rostro—Ven conmigo, yo perdí a mi Lincoln en la oscuridad, tu perdiste a tu Luan en una oscuridad similar… Sé cómo suena, pero siento que el hermanito que perdí está dentro de ti.—admitió ella sonrojada.

—Y yo puedo ver en ti la hermana que perdí.—admitió él—Aunque no sé si deba acompañarte… Intenté matarte, ¿Qué pasaría si voy a otro universo y veo a mis hermanas muertas? No sé si podría soportarlo.—admitió él con miedo en la mirada.

—Al principio es terrorífico.—admitió ella—Pero podrás redimirte, todos siempre lo logran con el Profesor.

—¿Cuáles todos? ¿Dónde están?—preguntó entonces Lincoln confundido.

"Muertos" esa era la respuesta que tenía que dar Luan, pero se sentía incapaz de hacerlo, no después de todo lo que el Profesor había hecho por todos y cada uno de los acompañantes que tuvo. El hecho de que la mayoría murieran, o lo abandonaran, o se pelearan con él, era un destino casi certero para quienes se atrevieran a entrar a la Nave de la Imaginación.

Pero Luan no tuvo que seguir hablando, porque la puerta del sótano fue abierta, un hombre con una pistola, que en nada se parecía a un arma de fuego, bajó las escaleras y lanzó una risotada.

—No me vuelvas a dar esos sustos Luan Loud.—dijo el Profesor lanzando un suspiro de alivio al ver a su compañera de aventuras apretujada en una esquina—¿Ese es el Lincoln de esta dimensión? ¿Qué están haciendo aquí?

Sin saberlo, la emocionalidad con la cual el Profesor dijo esas palabras, provocó que los poderes del Ninguno Nadie crecieran desmesuradamente, todos presintieron una horrible amenaza desde arriba.

—Profesor, ¿Por qué está aquí? ¿No debería estar grabando su programa?—preguntó entonces Luan acercándose, siempre manteniendo al Lincoln de esa dimensión en su espalda.

—Lo estaría haciendo, pero aparentemente la señorita Lori Loud consideró preciso advertirme de tu ejecución pública, quería confirmar si habían capturado a la real, o a mi compañera, pero estoy casi seguro que aquello no le importaba, puesto que aunque le dije que volviste, insistió en que debían matarte, por si las moscas.—explicó rápidamente el Profesor mientras acomodaba su bata, como si aquello no fuera nada—Entonces le dije que si no se detenía, la iba a frenar personalmente, y aquí estoy.

Lincoln se puso rojo de la vergüenza por aquellas palabras, ahora sabía que su hermana Lori solo quería hacer lo mismo que él. No podía culparla, él mismo intentó hacer ese plan. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una explosión en la parte superior.

—Adivinaré, ¿Usted provocó las explosiones?—preguntó Luan mirando al techo.

—Solo la primera.—dijo el Profesor mirando a su espalda—Oh no… Deje a todos los guardias inconscientes.—dijo abriendo los ojos de par en par.

—¿Entonces quién está defendiendo la base de los ataques de mí Luan?—preguntó Lincoln con un hilo de voz.

Había gritos en la parte superior. Los tres se echaron a correr, Lincoln y Luan hasta ignoraron totalmente que estaban esposados para pasar por la puerta lo más rápido posible e intentar seguir al Profesor. Giraron en un pasillo cerrado donde estaba cayendo agua a montones, hasta que de repente varias balas interrumpieron el camino de ambos.

—¡Ahí está Luan!—gritó Lori Loud sin importarle mantener la cordura—¡Gracias Doctor! ¡Gracias Profesor! ¡Han traído a la asesina a donde pertenece!—volvió a levantar el arma mientras su cabello escurría montones de agua.

El Profesor dio un salto hacia adelante, ocultándose en un escritorio, mientras que Luan y Lincoln hicieron lo mismo, pero del lado contrario. Las balas se hundieron en la pared trasera, al mismo tiempo que los dos jóvenes se agachaban.

—¡Lincoln! ¡Ahí estás hermanito!—gritó entonces Lori—Tengo que admitirlo, eres muy listo, muy, muy listo.—remarcó la chica disparando al techo—¡O extremadamente estúpido!

Tanto Lincoln como Luan sintieron que las balas atravesaban la madera con suma facilidad, y que en cualquier momento un disparo iba a volarles los sesos, así que se levantaron de rodillas a la vez y de un salto llegaron a otro escritorio.

—¿Lincoln? ¿Luan? ¿Están ellos también aquí?—gritó entonces Donna desde otro punto de la habitación.

—Me imagino que también el Profesor, hola a todos.—saludó el Doctor levantando la mano y bajándola rápidamente, evitando más disparos de Lori.

Hubo un silencio de más de tres segundos.

—¡Sí estamos aquí!—gritó el Profesor levantando un espejo—¡Está recargando!

Y entonces todos en la habitación cambiaron de posiciones mientras Lori se apresuraba a cargar directamente contra Luan.

—¡¿Por qué Lincoln?! ¡Te envíe abajo para que la mataras a solas!—gritó Lori con voz casi quebrada y disparando una nueva ráfaga hasta un escritorio al azar—¡¿Por qué no lo hiciste?! ¿Qué te detuvo?

Hubo un silencio prolongado, solo distorsionado por el agua del sistema antincendios que cada vez caía con menos intensidad. Una vez terminara su flujo, Lori tendría toda la ventaja.

—¡Recarga!—gritó entonces el Doctor y todos movieron sus posiciones estando agachados, provocando que Lori acelerara aún más sus movimientos y volviera a disparar a distintos escritorios, no logrando nada.

—¡Paren ya! ¡Solo quiero hacer un bien!—gritó Lori dando vueltas sobre sí misma, no iba a disparar una sola vez más sin antes saber al menos donde estaban ocultos cada uno de esos tipejos.

—Asesinar inocentes no puede ser ningún bien.—habló el Profesor sin que ella pudiera identificar bien, pero algún lugar por su izquierda.

—Cuando justificas un fin con los medios, pierdes el punto de una buena acción.—dijo desde su espalda el Doctor.

—¡Eso!—gritó Donna que definitivamente estaba justo al lado de ese hombre.

Gracias a ese grito agudo Lori pudo identificar mejor dónde estaban en su espalda y mandó una ráfaga a un escritorio, esperando terminar cuanto antes con eso, pero no logró nada.

—¡No lo entiendes Lori! ¡Esta Luan no es mala! ¡Ella es buena!—gritó Lincoln harto de todo aquel espectáculo—¡¿Tú por qué haces eso?!

—¡Porque lo perdí todo cuando ella mató a mi familia!—gritó Lori disparando hacia la dirección de dónde venía la voz de Lincoln—¡NO ME IMPORTA SI ES LA CORRECTA O NO, ESTÁ MUERTA PARA MÍ!

El agua dejó de caer, provocando que ahora no hubiera ruido que distrajese a Lori, ni que esta tuviera una visión borrosa. El corazón de Luan estaba a punto de estallar de lo acelerado que iba, cuando repentinamente un frío tremendo recorrió a todos, paradójicamente, porque se sentía demasiado calor en la habitación.

—Owh Lori, ¿Eso es lo que sientes por mí?—dijo desde la puerta la Luan de fuego.

—¡Tú!—gritó Lori sin siquiera dudarlo volteando a esa dirección y disparando toda su munición, pero Luan simplemente se volvió completamente de fuego y las balas la atravesaban sin hacerle daño.

El cargador finalmente se terminó, Lori intentó buscar en sus bolsillos para volver a cargar mientras retrocedía, pero no tenía más, había usado las pocas reservas para intentar matar a esas personas indeseables. Su rostro se volvió pálido y sus pupilas se encogieron mientras apuntaba y apretaba un gatillo que no disparaba.

—¿Eso es todo? ¿Después de tantos años?—dijo entonces el fuego en la puerta para después lanzar una larga risotada—Veo que nos hicieron un favor muy grande al deshacerse del agua y el resto de policías.—dijo Luan volviendo a materializarse—Gracias.

—¿Ayudarte a ti y a quién más?—se levantó entonces el Profesor de su escondite.

—Profesor baje…—intentó susurrar la Luan esposada.

—¿Aquí está mi copia? Oh excelente, excelente.—dijo Luan de fuego generando fuego en sus manos—Digan mi nombre y seré piadosa con una muerte rápida.—dijo eso último apuntando tanto a Lori como al Profesor—Esto es algo que debí hacer hace mucho tiempo.

—¡Alto ahí!—salió el Doctor al rescate apuntando su destornillador sónico—¡Este es un generador de agua!—mintió descaradamente—Wow, enserio esto de los universos paralelos es real, mira Donna…—dijo agachando su mirada desde el escritorio donde se habían ocultado.

—No creo que sea el mejor momento Doctor…—respondió aun en el suelo Donna.

—Oh vamos, he enfrentado cosas peores, una niña con poderes de fuego no es…

—Entonces el escritorio donde estaba el Doctor no soportó su peso y se rompió en dos.—dijo una voz que estaba en la habitación pero no parecía venir de ninguna parte.

Dicho y hecho, el Doctor sintió como su escritorio era roto a la mitad, pero el Doctor dio un salto hacia el suelo y evitó por poco una caída mucho peor.

—Esa voz…—dijo entonces el Doctor abriendo mucho los ojos—No puede ser…

—¡Pero sí puedo ser!—la voz volvió a hablar—¿Me extrañaste vieja presa?

—¿Vieja presa?—preguntó Donna sin entender—¿Qué está pasando aquí Doctor?

—Oh veo que cambiaste a la joven Ace y ese tonto de Tomas.—dijo entonces el Ninguno Nadie provocando que todos, menos la Luan de fuego sintieran mucho frío—¿Quién esta nueva víctima?

—¡Aléjate de ella!

La usual aura de amabilidad del Doctor fue removida cuando dio media vuelta, volteando a ver que Donna seguía de una sola pieza. Respiraba fuertemente de la nariz y apuntaba con su destornillador sónico al aire.

—¿Por qué Doctor? ¿Qué sucede? ¿Temes que le haga lo mismo que le haga a la maldita e indefensa Evelyn? ¿Aún te duele su perdida?—dijo el Ninguno Nadie rebozando de alegría—¡Bueno, espero que estés listo para otra perdida entonces!

—¡Donna corre!—gritó entonces el Doctor con tanta fuerza que las venas de su cuello se mostraban.

La mujer adulta se levantó a tropezones, pero obedeció la orden a duras penas, aunque el Ninguno Nadie solo le faltó decir una palabra, con simpleza y tacto.

—Luan.

Inmediatamente una bola de fuego recorrió la habitación y golpeó justo enfrente de Donna, casi le provocó quemaduras de alto grado, de no ser porque Donna saltó hacia atrás y se dio un golpe en la espalda que la dejo en el suelo, viendo una luz potente de un candelabro.

—Pero lo que Donna no podía sospechar era que el candelabro del techo debido a la explosión sufrió una caída y atravesó su cabeza.—dijo el Ninguno Nadie con simpleza.

—¡Donna!—gritó el Doctor intentando correr en su dirección, pero era demasiado tarde.

El Profesor entonces apuntó con el arma que había apuntado antes al candelabro en caída, sin importarle que la Luan de fuego apuntó a su dirección, disparó, provocando que un rayo fuera en dirección hacia el candelabro, dando en el blanco a mitad del aire y provocando que este rebotara en el aire y cayera a un metro de distancia de Donna Noble. Todos voltearon a ver al Profesor, el cual lanzó una sonrisa y se movió a la derecha esquivando una bola de fuego de Luan.

—Oh, Profesor, Profesor, Profesor, al fin nos conocemos.—dijo el Ninguno Nadie contento, invadiendo las proximidades del Profesor.

Aquella entidad provocaba que, a pesar de estar al lado de una pared con rastros de fuego, sintiera frío recorriendo su cuerpo.

—Creo que no nos han presentado.—dijo el Profesor intentando correr de donde estaba, pero la voz siempre lo perseguía, más bien dicho, no necesitaba perseguirlo era como si estuviera en toda la habitación.

—Ninguno Nadie, Lord de las Palabras y próximo asesino del Doctor.—dijo la voz como si fuera una tarjeta de presentación—Debo agradecerle, es gracias a usted que estamos todos aquí presentes, por ahora.

El Profesor estuvo a punto de preguntar, pero entonces el Ninguno Nadie comenzó a volverse menos importante a medida que una pared de fuego se acercaba al Profesor. Este se lanzó hacia adelante, hizo una voltereta en el piso y comenzó a correr.

—¡Te dejo a esos idiotas!—gritó la Luan de fuego creando una barrera de fuego con los escritorios entre la parte donde estaban el Profesor, el Doctor y Donna—Yo me encargo de darte más poder… Y vengarme.

—Me parece una excelente idea.

—¡No!—gritó el Profesor intentando retroceder, pero el fuego se lo impedía—¡LUAN!

—¡PROFESOR!—gritó desde el otro lado de la habitación la Luan encadenada.

—¡Tenemos que irnos!—gritó Lincoln abriendo la puerta del calabozo donde habían salido.

Lori y Lincoln bajaron y arrastraron a Luan, mientras la Luan de fuego hacia un lanzallamas con sus manos y gritaba enloquecida una y otra vez:

—¡DIGAN MI NOMBRE! ¡DIGAN MI NOMBRE! ¡MI MALDITO NOMBRE!

Del otro lado de la habitación, tanto el Doctor como el Profesor ayudaron a Donna a levantarse y salir corriendo por el vestíbulo principal. El Ninguno Nadie simplemente seguía en la sintonía de aquellas mentes.

Desde el sótano con el agua hasta las rodillas, los tres Loud corrían desenfrenadamente por la escalera de madera, pero fue prácticamente inútil porque las llamaradas casi los alcanzaron, de no ser porque Lori los tomó de los costados y saltó hacia al lado, rompiendo la madera, evitando que los tres fueran calcinados en cuestión de segundos.

—¡Buen esquive hermanita!—dijo desde la parte superior la Luan de fuego—Veo que tantos años de persecución sirvieron de algo.—dijo flotando en el aire, con una aura de fuego—Que tierno, ¿Creyeron enserio que una habitación como esta podría detenerme?

La Luan buena salió a respirar, pero entonces la Luan de fuego le apuntó, provocando que ella volviera a hundirse en el agua y sintiera como la parte encima suya prácticamente se evaporaba.

Ya no llegaba hasta los tobillos, toda esa agua que se había usado en la parte de arriba por el sistema antincendios había llegado por las tuberías hasta esa parte provocando que ahora llegase hasta prácticamente la cintura y todos pudieran hundirse ligeramente.

—¿No es irónico?—gritó entonces la Luan de fuego—¡Ustedes podrían morir tan fácil si solo dijeran mi nombre! ¡Pero noooo! Prefieren morir asados como langostas, jajaja, como langostas, buena esa.—dijo ella lanzando una carcajada infernal—¡¿Eso te parece más de cómica profesional Luan falsa?!—gritó al mismo tiempo que lanzaba otra bola de fuego a un punto de la habitación.

Los tres jóvenes se encontraban en una esquina de la habitación bajo el agua, intentando aguantar la respiración lo mejor que podían, pero llevaban casi cuarenta segundos bajo el agua, Lori no pudo más y salió a respirar.

—¡Luan Loud!—gritó entonces entre respiraciones aceleradas y fallidas—Está bien, está bien, si quieres que digamos tu nombre lo haremos, Luan Loud, Luan Loud…—dijo Lori levantando ambas manos y poniéndose de rodillas.

Entonces Lincoln y Luan también salieron a tomar aire, provocando que la Luan de fuego comenzara a generar de su mano una pequeña bola de magma.

—¡Al suelo!—gritó Luan empujando al Lincoln y provocando que ambos se hundieran, excepto sus manos.

La bola de magma dio en el blanco, solo que no el esperado por Luan de fuego, sino en las cadenas que mantenían juntos tanto a la Luan buena como al Lincoln de esa dimensión. Durante un segundo Luan acarició su mano bajo el agua, antes de que una segunda bola de fuego fuera lanzada a su dirección y ella tuviera que nadar bajo el agua para moverse.

—¡Luan Loud! ¡Luan Loud!—gritaba Lori esperando que así ella dejara de disparar—¡Yo lo siento!

Una bola de fuego casi le da de pleno.

—¡¿Te dije que pararas de decir mi nombre?!—gritó entonces Luan enfurecida por no poder calcinar a otra versión suya—¡Todos ustedes van a morir!—gritó hecha furia, pero aún así riendo mientras las orbitas de sus ojos salían al igual que su lengua, órganos que se volvieron de puro fuego.

—¡Cállate!—gritó Lincoln Loud lanzando agua a los ojos de Luan de fuego, provocando que estos se extinguieran.

El resto del cuerpo permaneció en estado sólido, y a la Luan de fuego solo le tomó unos segundo regenerar sus ojos perdidos, momentos en los cuales Lori intentó tirarle también algo de agua, pero esta al ser tan poca prácticamente se derretía.

—¿Qué pasa? ¿Acaso no tienen armas contra mí? ¿O las desperdiciaron todas con esa farsante?

Una nueva risotada antes de que una pared de fuego surgiera de sus manos y los tres volvieran a hundirse, nadando cada uno por su cuenta.

—¡Salgan! ¡Salgan y digan mi maldito nombre!—gritó Luan subiendo a la puerta—¡Sí no salen voy a quemar toda la habitación con ustedes adentro!

Fue entonces que tanto Luan como Lincoln se posicionaron en la esquina oscura donde antes se habían dado su primer abrazo.

—Luan, Luan mírame.—dijo ese Lincoln acariciando el rostro de su hermana—Sé que intenté matarte, y que fui un gran idiota, pero quiero que sepas que eres buena, y espero que nunca cambies. Gracias por todo…

—¿Qué?—dijo la Luan buena sin entender—Lincoln tenemos que planear algo para escapar… Hay tanto por ver…—intentó continuar ella entre llantos.

Pero Lincoln sabía que no había tiempo, le dio un golpe en el cuello, provocando que Luan buena se hundiera en el agua al no poder controlar el dolor. Lincoln se impulsó de vuelta a la luz y se agarró de la madera quemada de las escaleras mientras respiraba dificultosamente y mantenía lágrimas en los ojos.

—Vaya, jajajaja, parece que al final sí eras un hombrecito.—dijo Luan malvada acercándose a su hermano con un puño envuelto en fuego—Sé un niño bueno y di mi nombre una última vez.

—Luan Loud.—repitió Lincoln su nombre, provocando que ella bajara la intensidad del fuego—Luan Loud, yo…

—¡Oh mi hermano querido! Créeme que siempre quise matarte de último, pero no desperdiciaré una oportunidad como esta en absoluto.—dijo ella concentrando toda su energía en un puño y poniendo un rostro rojo—¡¿Una última palabra?!

—¡Te amo!—gritó él provocando que la bola de fuego en la mano de Luan se desestabilizara—¡Aún después de todo lo que hiciste creo que queda algo de la hermana que amé en el fondo!—gritó Lincoln entre llantos.

—¡JA JA JA JA!—comenzó ella a materializarse y volver su forma totalmente física, llevándose ambas manos al estómago—¡Eres patético! ¿Cómo es posible que sigas vivo? Debí haber dejado a Lisa viva, al menos ella no diría tal sentimentalismo barato, pero ohhh Dios…—comenzó a destornillarse y dar golpes que cremaban la escalera— Esto es demasiado bueno…

—Puedes cambiar…Luan Loud.—intentó decirle Lincoln acercándose más—Si en el fondo…

Pero la Luan de fuego estaba en el suelo, regodeándose de la risa, incapaz de pensar que su hermano fuera tan estúpido. Fue demasiado tarde para ella cuando se dio cuenta que Lincoln se abalanzó sobre ella. Al principio intentó atacarlo con un ataque, pero no tenía nada cargado, provocando que sus pieles chocaran y la de Lincoln comenzara a sentir el calor incandescente.

—¡¿Qué intentas?!—gritó Luan mientras las manos de Lincoln comenzaban a arder en fuego debido a que el calor de Luan lo estaba quemando.

—¡Algo que debí hacer hace mucho tiempo!—gritó Lincoln Loud aguantando el tremendo dolor que era tocar a su hermana, tanto físico como mental—¡Abrazarte!

Dio un impulso con sus pies y ambos salieron impulsados de las escaleras. Durante un momento flotaron en el aire, debido a los poderes de Luan, pero ella no esperó que su hermano continuara abrazándola a pesar de estar literalmente adquiriendo verrugas en sus manos y brazos. Cuando el pecho de Lincoln chocó contra el de Luan, ella no pudo mantenerse en el aire. Intentó cambiar de vuelta a su modo intangible de fuego puro, pero fue un error, porque no hubo tiempo suficiente y a nadie transformación el agua la tocó.

Al instante la temperatura promedio del agua de ahí abajo paso de unos pocos grados a estar a mínimo treinta y tantos grados, pero en la zona donde Lincoln intentaba hundir a su hermana, no estaba a cuarenta y tanto, ni a sesenta, sino a más de noventa grados. Luan en su forma de fuego intentó escapar, pero Lori rápidamente comenzó a lanzarle agua donde estaba su hermano menor.

No tenía escapatoria el monstruo. Para la Luan de fuego, lo último que vio fue el techo de madera… Sorprendentemente parecido al techo de su baño hace cinco años atrás, cuando su ex novio había terminado con ella después de engañarla con su mejor amiga, provocando que ella estuviera bajo el agua en la bañera, mirando al techo desde debajo del agua durante casi media hora… Sí, esa sensación de que una parte de ella estaba muriendo era la misma. La única diferencia era que en aquella ocasión años atrás, un fuego profundo invadió todo su ser, y su amo le dio las ordenes claras de exterminar a todos los que pudiera, claro, no sin antes darle una visión del mundo perfecto, un mundo donde los monstruos como Luan podrían campar a sus anchas… Sin gente que pudiera lastimarla. Una sociedad purgada desde las cenizas.

Pero mientras se hundía y todo su cuerpo, flama o no, eran cubiertos con agua, fría agua y su visión se volvía borrosa, ella pudo sentirlo, esta vez no habría nada que la salvaría, esta vez cuando la oscuridad llegó, no le dio una nueva oportunidad. Estaba vez su flama estaba siendo apagada para siempre. Intentó generar mucha energía con su cuerpo, provocando que la piel de Lincoln quedara cosida.

Pero no pudo resistirlo mucho más, al haber estado bajo el fuego en forma de fuego puro, estaba siendo apagada.

Lincoln continuó abrazándola mientras sus piernas luchaban por hundirse, cada vez iba sintiendo menos cuerpo, al mismo tiempo que mover cada uno de sus músculos provocaba que estos dolieran demasiado, estaba comenzando a sangrar de las heridas… Pero Lincoln sonrió cuando pudo ver ese demonio desaparecer bajo el agua. Lincoln no le importaba lo que perdió, con tal de ver a ese monstruo desaparecer.

Cuando finalmente no quedó ni pizca de Luan él dejo de luchar, ya sin sentir apenas toda la parte de arriba de su cuerpo. Y comenzó a flotar, ahora él veía el mismo techo. Le pareció sorprendente que nunca se fijara en los pequeños detalles como esos… La vida era preciosa si lo pensaba de la manera correcta… Pero llevaba cinco años pensando tanto en el odio y la venganza, que hasta ese momento no pudo darse cuenta que en el techo una de las luces fallaba, provocando una zona ciega.

—¡Lincoln!—gritaron tanto Lori como la única Luan que quedaba.

Luan quedó de su lado derecho y Lori del izquierdo. Ambas lo tomaban de sus manos chamuscadas y llenas de quemaduras, hubiera tenido varias ampollas como en su cuello, pero todas estaban reventadas y de estas salía sangre.

—Hey, lo logramos…—intentó sonreír Lincoln.

—No, no, no…—comenzó a llorar Luan—Lincoln, no tú…

—Está bien, ¿Sabes? Alguien me dijo que cuando todo acabase, volvería a ver a mi familia y amigos, ¿No?—le recordó Lincoln intentando lanzar una risotada al final, pero solo provocó que escupiera sangre—Abrásenme… Tengo frío.

Ambas obedecieron sin rechistar, a pesar de que la carne de Lincoln tenía un olor extraño, pesado y horroroso a quemado.

—No, no después de tantos años Lincoln… Te prohíbo morir soldado, Lincoln, no.—hablaba por primera vez con voz quebrada Lori—Hermano, no…

—Está bien Lori, morí por la causa.—dijo Lincoln comenzando a llorar, aunque ambas estaban seguras que no por dolor, era imposible que alguna vez volviera a sentir dolor.

—¡Por favor no digas eso! ¡Te vas a poner bien!—dijo Luan comenzando a asentir rápidamente—¡El profesor tiene cura para casi todo!

—No quiero una cura, quiero paz.—dijo entonces Lincoln volviendo a mirar al cielo estrellado encima suyo—Y lo encontré al fin, gracias a ti, Luan Loud…—volvió a escupir sangre a la vez que sus diez hermanas lo rodeaban, Luan no era su vieja hermana, sino aquella que estaba a su lado derecho—Las amo…

Intentó volver a inhalar, pero nunca volvió a exhalar.

Lori entonces lanzó un grito que casi rompió su garganta y se abalanzó sobre el cuerpo para intentar hacerlo reaccionar, pero no encontró nada. Lincoln finalmente había alcanzado paz.

Luan Loud había visto tantas veces morir a su hermanito pero aquella vez era diferente. Volvió a sentir lágrimas cayendo de su rostro, las limpió y le dio un beso en la frente.

—¡ALEJATE DE ÉL!—le gritó Lori intentando retener el cuerpo entre llantos desesperados.

Luan también había visto muchas personas que no podía ella salvar, sin importar cuanto lo intentase. Y su hermana Lori de esa dimensión, era una de ellas. Así que decidió respetar el deseo y luto de ella, levantándose y dirigiéndose a las escaleras. Cerró la puerta detrás suya, solo para encontrarse con que el fuego aún consumía gran parte de las oficinas. Así que volteó a otro pasillo, este con salida externa y salió de aquel infierno para no volver.

Aunque sabía que nunca olvidaría a ese Lincoln. Al fin podía tener un recuerdo agradable de su hermano, uno que llegó a conocer más de cerca después de tantos años.

Y eso hizo que Luan sonriera de medio lado mientras la luz del sol caía en su rostro.

Pero, mientras Luan Loud podía tener al fin paz. La cosa no era igual para el Doctor y el Profesor, los cuales habían logrado evadir al Ninguno Nadie mientras dejaban que Donna se apoyara sobre ellos, pero una vez estuvieron afuera reconocieron que no iban a poder correr con Donna entre brazos, causando que el Doctor la dejara escondida detrás de una piedra.

—Donna, cúbrete los oídos, no tiene forma física, si no lo escuchas, nada de lo que él diga se volverá real.—dijo el Doctor poniendo ambas manos de su compañera—¡Hasta que no me vuelvas a ver no oigas nada de nadie!—le ordenó el Doctor firmemente antes de levantarse y salir corriendo junto al Profesor.

Ambos hombres se acercaron a la zona de derrumbes donde previamente habían estado ocultados el Doctor y Donna, a la distancia el cadáver de Zach se podía ver si escalaban por la montañita.

—Entonces, ¿Llevan muchos años conociéndose?—preguntó el Profesor ocultándose junto al Doctor.

—Solamente me lo he topado como tres o cuatro veces, pero siempre me toma desprevenido.—comentó el Doctor molesto, luego mostró los dientes—Una vez mató a una de mis acompañantes…

—Lamento oírlo, sé lo que es perder.—dijo el Profesor con pésame intentando ver por encima del hombro—¿Es un ser adimensional?

—Sí, viene de un universo paralelo donde no existe el espacio tridimensional, o el tiempo como lo conocemos, es un lord de las palabras, toma la energía que provocan las palabras y las usa para expandirse.—explicó rápidamente el Doctor—Y no sé cómo derrotarlo.

—¿Palabras con significado?—preguntó entonces el Profesor—¡Entonces por eso Luan quería que dijésemos su nombre!—entendió finalmente.

—Sí, puede que tomara fuerza de esa manera.—admitió el Doctor—¿Y por qué dijo que fue gracias a ti que todos podemos estar aquí?—preguntó el Doctor inquisitivo.

—Cuando tu Tardis y mi Maquina de la Imaginación coexistieron sin ningún problema, supe rápidamente que algo malo había pasado.—dijo el Profesor como si fuera lo más natural—Tal vez esa cosa me encontrase en mis viajes interdimensionales y usara mi energía de salto para redirigir tu Tardis a mi espacio tiempo doblado.—dijo con simpleza.

—Oh claro, clásica coyuntura del punto de origen.—dijo el Doctor como si aquello fuera lo más simple del mundo.

—Sí, eso, sigan hablando.—dijo el Ninguno Nadie apareciendo en cualquier lugar alrededor de ambos—Wibidu babilu, parloteo científico, me encanta.

Ambos juntaron sus espaldas, el Profesor levantando su arma de rayos eléctricos y el Doctor levantando su destornillador sónico. No había nadie más en aquel lugar de manera física, pero el Ninguno Nadie no necesitaba que hubiera nadie más, tenía todas las herramientas necesarias para acabar con su presa.

—¡Alto ahí!—gritó el Profesor apuntando al cielo y luego al suelo.

—El arma del Profesor fue accionada y dio contra el Doctor mandando a ambos en el aire.—dijo el Ninguno Nadie al oído del Profesor, provocando que este se asustara y al intentar voltear hacia atrás accionara su propia arma.

El rayo acertó en una viga de construcción derrumbada, subiendo hacia arriba, luego dando en el techo de la parte superior y debido al ángulo de vuelta el rayo se dirigió directamente al rostro del Doctor. Este intentó apuntar con su destornillador sónico, pero el rayo fue tan veloz que en lugar de darle en el rostro le dio en su codo.

—¡Ahhhh!—gritó llevándose su mano izquierda al codo derecho y dejando caer el destornillador sónico, provocando que una onda expansiva saliera en todas direcciones.

Tanto el Doctor como el Profesor terminaron volando en el aire durante un momento hasta que cayeron de bruces contra el suelo lleno de escombros, levantando una gran humarada de polvo.

—¿Ninguno se lastimó? Que decepcionante Profesor, pensé que su arma era útil.—dijo el Ninguno Nadie haciendo sonidos como si chasqueara una boca inexistente.

—¡Cállate!—gritó el Profesor volviendo a disparar al aire, provocando que el disparo se perdiera en el aire.

—¡No lo escuches!—gritó el Doctor rechinando los dientes—¡Y tira esa arma, cada que la dispares tú va a…!

Fue interrumpido porque desde el cielo el Doctor pudo ver un rayo cayendo directamente hacia su rostro, a pesar de que el Profesor había disparado hacia otro lado, pero el viento debió haberlo desviado. El Doctor giró sobre si mismo y aunque pudo sentir el impacto a su lado, no salió lastimado.

—¿Por qué sigues luchando Doctor? Mientras más vivas, más gente voy a lastimar.—dijo el Ninguno Nadie como si de un buen consejero se tratase—Solo tienes que morir… Unas, ¿Cuántas regeneraciones te quedan?

—Una…—dijo el Doctor intentando levantarse.

—Dos veces, ¿Ves? No es tan difícil.—dijo el Ninguno Nadie—Morirás, yo recibo mi paga de los Daleks, y el Profesor puede dejar a Donna en su dimensión de origen.—comenzó a hablar de manera que solo el Doctor pudiera escucharlo.

—¿Dónde está?—gritó el Profesor levantándose y apuntando a todos lados, aunque supiera que era inútil.

Entonces el Profesor recordó, todas las veces que él disparara el arma iba a provocar que el Doctor recibiera una descarga… Intentó recargarse una columna mientras pensaba en cómo deshacerse de un ser sin dimensiones físicas… Entonces era solo un montón de palabras con significado… Si las palabras no eran cumplidas, entonces podría debilitarlo, pero no era posible debilitarlo si volvía disparar entonces el arma iba a dar contra el Doctor. A menos que jugara con los significados, todo siempre tiene un vacío legal.

—¡Eso es!—gritó el Profesor tomando desde su bata un dispositivo con un gran botón rojo—¡Hey Doctor!

A un metro de distancia, el Doctor estaba escuchando las distintas voces del Ninguno Nadie, el cual estaba totalmente sumergido en hundir al Doctor en su miseria, le hizo recordar las voces de sus más preciados acompañantes, ya sea que estos hayan muerto, olvidado o peor. Escuchó a su nieta Susan, a su mejor amigo escoces Jamie, a la tierna Jo Grant, a su querida Sarah Jane Smith, el niño que mató Audric, a la chica que nunca pudo salvar Peri Brown, y así otras tantas voces que se acumulaban en su cabeza y decían todas las mismas frases, a veces alguno resaltaba sobre los demás.

—¡Es hora de morir abuelo! ¡Como cuando me abandonaste en un país en guerra! ¿Recuerdas?—gritaba desde el torbellino de voces su nieta.

—¡Sí! ¡Que muera el Doctor! ¡Que muera el Doctor!—festejaba la voz de su más reciente compañera, Martha.

—¡Te lo mereces por dejarme morir!—habló desde el fondo la voz de Peri.

—¡Dí mi vida por ti!—habló también de cerca Charley Pollard.

—¡Nunca volviste por mí!—dijo la voz de Rose Tyler.

Todas las voces se aglomeraban para torturar la vida del viajero del tiempo, tanta gente que conocía, tantos amigos

y acompañantes, tanta tristeza y soledad acumulada en cientos de años de viajes por el espacio y el tiempo. El Doctor estaba más herido que por cualquier bala o disparo directo. Tenía lágrimas recorriendo su rostro mientras intentaba tapar sus oídos, pero era demasiado tarde, el Ninguno Nadie ya tenía su mente totalmente.

—¡Que muera el Doctor! ¡Que muera el Doctor!—proclamaban las voces al mismo tiempo siendo guiadas por una sola, la del Ninguno Nadie, que se escuchaba por encima de todas cada vez más y más.

—¡La viga del techo cayó sobre el Doctor y atravesó sus dos corazones!—gritó el Ninguno Nadie al mismo tiempo que volvía a provocar que las voces corrieran como remolino alrededor de la cabeza del Doctor.

La viga que antes había sido acertada con un rayo se balanceó por un ventarrón y aunque se resistía, posiblemente porque el Ninguno Nadie estaba usando mucha de su energía en el ataque mental al Doctor, era evidente que estaba a pocos segundos de caer, si el Doctor se moviera podría evitarlo, pero estaba de rodillas vencido.

—¡Doctor!—gritó entonces el Profesor lanzando al aparato—¡Presione el botón rojo!

El Doctor levantó la vista y vio el pequeño aparato ser lanzado a su posición, sin saber que al mismo tiempo la viga encima suya estaba a punto de caer. Logró capturar el aparato, le dio un vistazo rápido, parecía hecho de una forma precaría, pero tenía tecnología que él desconocía, subió la mirada para ver directamente al Profesor, un humano con tecnología totalmente nueva para él.

La viga cayó y el Doctor presionó el botón, provocando que las voces salieran disparadas de su cabeza y la viga se detuviera a mitad del aire por alguna especie de campo magnético. El Doctor, que ahora solo escuchaba esas voces a la distancia sonrió y medio lado y dio un salto en dirección al Profesor, causando que la viga cayera en el suelo, sin darle un golpe. El Doctor dejo de presionar el botón, las voces a su alrededor apenas eran escuchadas por encima del latido de sus dos corazones, acelerado.

—¿Contradecirlo?—preguntó el Doctor viendo a los ojos al Profesor.

—¿Qué poder va a tener si sus palabras no tienen valor?—contestó el contrario volviendo a tomar su arma y disparando al Doctor dos veces.

Con tan solo dejar presionado el botón los rayos eléctricos golpearon alrededor del Doctor, pero no le hicieron nada, provocando que finalmente las voces quedaran calladas, ahora solo quedaba la del Ninguno Nadie.

Tanto el Doctor como el Profesor lanzaron una risotada antes de que un ladrillo explotara en mil pedazos seguido de un grito endemoniado.

—¡Basta!—gritó el Lord de las Palabras tratando de imponer su autoridad, pero le faltaba fuerza, era como si estuviera siendo drenado a medida que Luan fallaba en hacer que otros dijeran su nombre—¡No debí ser tan amable!—gritó el Ninguno Nadie a ambas figuras—¡Profesor dispare a matar al Doctor!—gritó el Ninguno Nadie.

A pesar de que el Profesor intentó negarse, este apuntó rápidamente al Doctor, pero la reacción del viajero del tiempo fue precisa, causando que solo volvieran a chocar el campo magnético y los rayos eléctricos, pero esta vez no eran disparos cortos, sino un rayo extendido, provocando que alrededor del Doctor se formara una cadena de rayos que intentaban cruzar el campo magnético.

—¡No quiero hacerle daño!—gritó el Profesor intentando mover su mano con el arma, pero era inútil, esa mano no tenía él voluntad.

—No, no, no…—hablaba el Ninguno Nadie sin ser escuchado, su poder se estaba desvaneciendo, si no mataba al Doctor de manera directa, tendría que caer nuevamente a amenazas—¡Suficiente Profesor!

Dicho eso el Profesor dejo de disparar, causando que tanto él como el Doctor cayeran al suelo agotados, uno por pelear contra su mano y el otro porque dentro del campo magnético había poco oxígeno.

—¿Así que no quieres morir Doctor? Entonces mataré al resto, y te quedarás estancado aquí para siempre.—dijo el Ninguno Nadie a ambas cabezas—¡Profesor! ¡Viajero Interdimensional! Ya ha sufrido suficiente, tome una piedra y golpee su cabeza hasta que la rompa para que el Doctor miré el proceso y sepa que seguirá después su amiga Donna, la niña Luan esa y de ser necesario todos los que pueda hasta que él decida morir de una maldita vez.

El cielo fue oscurecido, provocando que, a la distancia, la Luan buena y Donna voltearan a ver hacia la dirección donde sus compañeros estaban luchando una batalla perdida. Donna con su levita enredada en sus oídos para no escuchar nada salió corriendo, mientras que Luan fue sin saber del todo cuál era la forma de combatirlo.

Ambas llegaron a la escena al mismo tiempo que el Profesor tomaba una piedra grande y comenzaba a temblar violentamente, definitivamente no quería hacer lo que siguiera. Ambas intentaron correr para detenerlo, sin darse cuenta del problema que aún rondaba en ese pequeño espacio.

—¡¿Por qué no me obligaste a mí desde el principio?! ¿Por qué siempre a los demás?—gritó el Doctor al cielo, no encontrando respuesta—Son humanos… No importa que el Profesor tenga super tecnología, todos los que manipulas son humanos… ¡No puedes controlarme lo suficiente a mí!—gritó lleno de alegría el Doctor cerrando los ojos—¡JA! ¡Oblígame a abrir los ojos!

Pero nada sucedió, la presencia maligna seguía ahí, sin decir palabra alguna, el Doctor ya no podía ver nada, pero sí podía escuchar, sobre todo como tanto Luan como Donna intentaban por todos los medios frenarlo después de que se diera el primer golpe.

—Oh, noooo, el Doctor me ha derrotado de nuevo.—dijo el Ninguno Nadie de manera sarcástica en las mentes de todos, menos Donna.

—¡¿Quién está hablando?!—gritó entonces Luan volteando de uno a otro lado, provocando que el Profesor y Donna negaran con la cabeza.

—Hola pequeña, veo que si estás aquí, eso significa que mi Luan fracasó miserablemente, no esperaba menos de alguien tan estúpida.—dijo el Ninguno Nadie provocando que Luan se levantara para limpiar el aire a su alrededor—Oh, que ternura.

—¡ALEJENLO DE MÍ!

—¡LUAN!—gritó el Profesor a la vez que con su mano libre intentaba volver a golpearse su cabeza, pero Donna lo tomó rápidamente.

—No temas niñita, tu otra parte estuvo tan feliz de ayudarme, de hecho, ríe para mí.—ordenó el Ninguno Nadie.

—JA JA JA JA JA JA JA.—comenzó a reír Luan sin ninguna señal de risa en su rostro, estaba con los ojos bien abiertos y respirando entrecortadamente entre risa y risa—¡JA JA JA JA!—intentó llevar sus manos a la boca, pero su cuerpo se retorcía con tal de reír una y otra vez.

El Doctor entonces se permitó abrir los ojos, y notó que su tan preciado destornillador sónico se encontraba al alcance de su brazo, si tan solo se estiraba un poco, pero a sabiendas que el Ninguno Nadie intentaría algo, prefirió dar un salto y tomar el destornillador con una mano y con la otra el artefacto protector del Profesor.

—Buena chica.—dijo el Ninguno Nadie estando concentrado en Luan—¡Ahora ve a obligar al Doctor que vea como el Profesor se mata a sí mismo, quiero que rías más fuerte a medida que se va dando más golpes.

Luan intentó resistirse, pero su cuerpo no respondía a ella, igual que las risas compulsivas, se levantó cual muñeca de trapo y se abalanzó contra el Doctor entre risas para tomarlo de entre las axilas y abrirle los ojos, usando sus piernas para que el Doctor no pudiera atacarla de vuelta.

—¡JA JA JA JA JA!—intentaba llorar Luan mientras las lágrimas caían de su rostro.

—¡PARA!—gritó el Doctor molesto.

—No, no, no, ya me desespere, esta caza ha durado demasiado, eres un rival digno Doctor, pero tienes una debilidad importante y depreciable.—dijo el Lord de las Palabras provocando que las nubes que cubrían el cielo incrementaran en negrura—Tus sentimientos patéticos y débiles ante seres inferiores son los mismos que crearan tu propia muerte, hermoso, ¿No es así?—dijo eso último para después sonar más fuerte del lado del Profesor—¡Por favor Profesor, realice lo que se le pidió, pero antes quite la protección de Donna!

El Profesor respiraba entrecortadamente, intentando pelear contra sus brazos, dejándose caer al suelo, pero era inútil, con un simple estirón retiró a Donna su gabardina provocando que esta se quejara. Todos temblaron de miedo, si esa cosa también obtenía el control de Donna entonces todo estaba perdido. Pero el Profesor supo que era entonces o nunca.

—¡Donna me ordenó que tomara una piedra y rompiera la cabeza!—gritó el Profesor rompiéndose la garganta para que la voz del Ninguno Nadie no fuera escuchada por Donna—¡NO LO ESCUCHES!

—¿Romper una cabeza?—repitió Donna sin poder escuchar al Ninguno Nadie debido al grito del Profesor.

Fue en ese momento que Donna tomó el bolígrafo que antes había tomado de arma, la dejo en el piso, pudo escuchar al Ninguno Nadie susurrando, pero estaba gastando gran parte de su poder en obligar a los otros dos, causando que Donna tuviera unos segundos para pensar, tomó la mano del Profesor donde tenía una piedra y lo obligó a machacar una punta del lápiz.

—¡¿Qué?!—el Ninguno Nadie se sintió ofendido—¡¿Cómo?!

—¡Ya está Profesor! ¡Rompió una cabeza con una piedra!—gritó Donna mostrando la parte de la punta, la cual estaba totalmente rota por el golpe.

El Profesor sintió nuevamente sus músculos y sin perder el tiempo llevó sus manos a los oídos y se levantó para correr en dirección a Luan.

—¡Alto!—ordenó el Ninguno Nadie sin ningún efecto al no ser escuchado.

El Profesor logró teclear a Luan, dejando expuesto sus oídos.

—¡Al fin libre!—gritó el Profesor levantando ambos brazos, activando el campo magnético y usando su destornillador sónico, el cual comenzó a brillar en verde, causando que el campo se expandiera por el suficiente terreno para cubrir a los cuatro.

Al principio Luan continuó riendo aunque su cara estaba roja del esfuerzo, pero una vez el silencio los inundó ella terminó de reír, provocando que su llanto inundara su rostro nuevamente.

—Por un demonio…—dijo el Profesor dejándose caer en el suelo y tocando la parte donde se golpeó con la piedra—No tenía control sobre mi cuerpo…

—Doctor, Doctor, ¿Estás bien?—se acercó Donna Noble arrodillándose.

—Sí, sí, estoy bien.—dijo el Doctor mirando al cielo durante un segundo para poder respirar—Le voy a ser sincero Profesor, para derrotar a ese malnacido monstruo necesitaría mi Tardis, para provocar que el sistema de traducción automática universal nos prohíba entender lo que él dice, de esa manera, aunque hable, no tendría sentido para cualquiera que lo escuche.—admitió el Doctor.

—Pero su Tardis está en mi Nave de la Imaginación, que está en orbita ahora mismo con esta Tierra paralela…—dijo el Profesor llevándose una mano a la frente—Y aun falta más de media hora antes de que el sistema de teletransportación vuelva a funcionar.

Todos miraron al cielo.

—Profesor, pensé que su capa magnética de protección solo cubría a una persona.—admitió Luan.

—Lo hace normalmente.—interrumpió el Doctor—Pero yo amplifique la señal para que tuviéramos unos treinta y ocho metros de espacio cuadrado de protección… treinta y siete.—dijo el Doctor viendo el aparato—Y seguirá bajando hasta que se quede sin energía.

—No podemos estar aquí recostados para siempre, tenemos que escapar.—dijo Donna molesta.

—No tenemos forma de derrotarlo, si nosotros evitamos escucharlo manipulará a la gente de esta dimensión, si eso falla, intentará algo más, si eso falla creará una forma física para tomar un arma y dispararnos directamente, aunque ya fallara así antes, lo volvería a hacer, es un cazador, no se va a rendir…—dijo el Doctor molesto.

—¿Cómo es posible que un montón de palabras sin cuerpo tengan tanto poder?—dijo Luan molesta—No lo sé Luan Loud.—se contestó su mano mientras fingía moverla como ventrilocuista.

—¡No digas tu nombre!—intentaron interrumpirla tanto el Profesor como el Doctor a la vez, temiendo que el Ninguno Nadie obtuviera más poder.

—¿Por qué?—dijo Luan sin entender.

—Así ganó poder, cuando la gente decía tu nombre solo le daban más poder a él para que pudiera manipular más y más.—dijo el Doctor decepcionado.

—¿Por qué mi nombre le da poder? ¿Qué tiene de especial?—preguntó ella con cierta culpa—Yo no soy importante…

—¡Exacto! ¡No eres importante!—gritó el Profesor levantándose—No es importante para gente como el Doctor y Donna porque no te tienen el suficiente aprecio, y para ti es solo tu nombre una palabra tan natural, pero en este universo, particularmente esta ciudad, es un nombre temido y respetado que provoca muchos sentimienñtos… ¡Claro!

—Estamos en veinte metros cuadrados, ¿Qué se le ocurre Profesor?—preguntó entonces el Doctor.

—Basta de misticismos baratos.—dijo el Profesor acercándose al Doctor y ayudándolo a ponerse de pie—Es evidente que usted desea saber mi nombre y yo el suyo.—admitió mientras le limpiaba el hollín—Thalemus, Profesor Palidemus Thalemus.—dijo el Profesor Thalemus después de tantos años sin haber usado ese nombre.

—¡¿Ese fue su nombre?!—gritó ofendida Luan—¡Me dijo que después de perder a sus sobrinos no quería volver a escucharlo!

—He cambiado de opinión, hay tantos universos que explorar, mundos enteros que ayudar, ¿No lo crees Luan? Hace tres años casi exactos, tú me dijiste esas palabras y es por eso que hoy seguimos aquí.

—Las palabras, cuando son dichas con convicción, efectivamente tienen un gran poder.—contribuyó el Doctor—Y ya que insiste en saber mi nombre, aunque no es importante el nombre, sino la persona…—intentó resistir a revelarlo—Que rayos, es usted un ser humano capaz de viajar entre dimensiones, algo que yo no puedo, lo merece.

Dicho eso el Doctor se acercó al oído del Profesor Thalemus y susurró algo que ni Luan, ni siquiera la mismísima Donna pudieron escuchar. Pero que el Profesor quedó impactado, luego volteó a ver al Doctor.

—Vaya, es un nombre algo feo.—dijo finalmente provocando que el Doctor comenzara a reírse con el rostro avergonzado—Entiendo que nunca quisieras decirlo a tus compañeros.

—Tal vez algún día debería, hasta entonces, diga su plan Profesor.—dijo levantándose y acercándose a las chicas—Quince metros cuadrados.

—¡Él quiere poder para manipularnos!—dijo el Profesor Thalemus provocando que todos asintieran—¡Entonces démosle lo que quiere!—gritó con fuerza.

Tanto Donna como Luan lo miraron con confusión, pensando que se había deschavetado.

—Temo que ni siquiera yo lo sigo Profesor.—admitió el Doctor—Queremos precisamente que pierda el poder…

—¡Planta!—dijo entonces el Profesor Thalemus dando un pequeño salto en su posición—¡Planta planta planta plantaplantaplantaplantaplantaplantaplantaplan!—decía cada vez más emocionado—¡Taplan!

—¿Se golpeó muy fuerte en la cabeza Profesor?—sugirió Luan sin entender nada.

—¡Planta taplan!—gritó entonces el Doctor llevando ambas manos a la cabeza—¡¿Cómo no se me ocurrió antes?!

—¿Estamos seguros que esa cosa no era una alucinación de histeria colectiva?—dijo entonces Donna asustada.

—¡Él tiene el poder de las palabras!—dijo el Profesor Thalemus de manera simplificada—¡Si las palabras pierden su significado!

—¡Él pierde su poder!—gritó entonces el Doctor emocionado—¡Rápido tapen sus oídos y comiencen a gritar Luan Loud lo más fuerte que puedan!

Ambas mujeres voltearon a verse, subieron sus hombros y obedecieron, dejando que la locura colectiva de ambos se apoderara de ellas.

—¡Luan Loud!—gritó entonces el Profesor Thalemus.

—¡Luan Loud!—gritó el Doctor sin taparse los oídos.

—¡Luan Loud!—se unió Donna Noble intentando dar saltos para darle más energía.

—¡Luan Loud! ¡Luan Loud! ¡Luan Loud!—repetía la susodicha en múltiples ocasiones.

El Doctor lanzó el escudo a otro lado provocando que la barrera que tenían contra el Ninguno Nadie fuera rota, volviendo a sentir el frío que previamente los había paralizado, pero esta vez no estaban dispuestos a escucharlo.

—¡Luan Loud! ¡Luan Loud! ¡Luan Loud!

El Ninguno Nadie comenzó a estar confundido, pero rápidamente se sintió agradecido, su víctima finalmente había aceptado su destino pusilánime y le estaba dando el poder.

—¡Gracias Doctor!—gritó el Ninguno Nadie, sin que fuera capaz de que alguien lo escuchara.

—Luan Loud, LuanLoudLuanLoudLuanLoudLu…—repetían en coro las chicas una y otra vez mientras sus lenguas se cansaban y comenzaban a decir ocasionalmente variaciones como "lu lou" o "luan lad" entre tantas.

—¿Qué están haciendo?—gritó el Ninguno Nadie viendo que el Doctor no tenía los oídos tapados—¡No importa! ¡Con este poder tengo el necesario para que me obedezcas de una vez inútil bola de espacio!—gritó el Ninguno Nadie.

—Luan Luan Luan Loud Loud Luan Luan Loud Luan Loud loduan luan loud luanlnloud luan loud.

—lUan lud luan loudluanlud luan loud.

—¡Al Doctor le cuayó un radio!—gritó el Ninguno Nadie repentinamente comenzando a sentirse raro—¡¿Quie está puasando?!

—LuanLoudLunloudLulululuanloudu.

Las palabras de todos comenzaban a formar una cacofonía sinfónica provocando que el Ninguno Nadie, al absorber poder de esa palabra se llenara de esas impuresas también.

—¡Nuo!—comenzó a entender el Ninguno Nadie—¡Niu puere akavar azio? ¡Zoie Ninguno Nadie! ¡pAraAaAAah!

—¡LuluanluanloudLoudluanalud!

La danza frenética de palabras provocaban que el Ninguno Nadie se llenara de tanto poder contaminado que no podía hablar, sus vocablos eran siempre incorrectos o mal dichos, su poder efectivamente había jugado en su contra.

—¡NIIIIIOOOO!—gritó el Ninguno Nadie para después mandar mensajes inentendibles para el oído humano mientras los otros gritaban con más y más fuerzas el coro.

—¡Esto es por Evelyn Smythe maldito!—gritó el Doctor mientras escuchaba sus gritos de agonía—LUANLOUDLUDLUANLOUDLUAN!

Aunque no era posible verlo, sí que era posible sentirlo, su presencia disminuyó hasta que fue inexistente y la luz del Sol pudo volver a ser sentida en el cuerpo de los cuatro presentes. Aun así no pararon y repitieron una y otra vez el nombre hasta que sus gargantas no pudieron más.

—¿Lo logramos?—preguntó entonces Donna soportándose en sus rodillas con su voz destrozada.

—Felicidades Lu La…—dijo el Profesor Thalemus incapaz de repetir esas palabras—Tu nombre no significa nada…

—¡Hurra!—intentó festejar Luan, pero apenas un silbido salió de su garganta.

Los cuatro se sentaron a quedarse en completo silencio, esperando que el contador para entrar a la Nave de la Imaginación llegara a cero, cosa que fueron media hora. Tiempo suficiente para ver una puesta de sol y un cielo estrellado. Pasado un rato Lori salió de la comisaría, pero al ver todos ahí afuera, ella solo les lanzó una mirada de desprecio. Ella lo había perdido todo por la llegada de esos sujetos. Pero al menos su hermana Luan estaba muerta… A un terrible costo que no compensaba nada en absoluto. Lori se sintió tan terrible que intentó disparar a sus sesos un par de días después (cuando se descubrió que ella fue la única que sobrevivió al ataque de Luan a la Comisaria, provocando que todos adjudicaran que ella era una heroína, su hermana Luna también sobrevivió, pero tenía signos de tortura por todo el cuerpo y se demostró que había enloquecido) sobra decir que falló miserablemente el intento de suicidio y cargó durante muchos años por sus errores.

Había sido fuerte tanto tiempo para una meta donde ella ahora le tocaba ser la débil. Y sin una familia con quien apoyarse.

Pero eso no le importó a todos ellos, finalmente podían ver con tranquilidad relativa el cielo nocturno. Apreciando por una vez el silencio y la tranquilidad de sus pensamientos.

Habían vencido a las palaras mismas.

—Creo, creo en el portal de la imaginación.—dijo después de más de una hora el Profesor Thalemus provocando que los cuatro se fundieran con el suelo y volvieran a aquel lugar tan espacioso y vacío.

Tomaron un poco de agua, Luan dijo invitarlos a una cena en la cual el Profesor Thalemus y el Doctor intentaban discutir, uno sobre que la teoría de cuerdas era real, mientras que el otro refutaba que el Modelo Estandar de Partículas solo le faltaba la SuperSimetría para estar completamente comprobada y que eventualmente los humanos lograrían descubrir las antipartículas, o se extinguirían, cualquier futuro era posible.

Donna y Luan en cambio hablaban de Las Vegas, pensando en lo bello que sería ir para variar a un Casino, aunque el Profesor Thalelmus añadió a esa conversación que una vez hace muchos años estuvo en el famosísimo Casino Café de Royal Woods, pero que terminó bastante endeudado en una sola noche.

—¿Y qué paso?

Al Profesor Thalemus le vinieron lejanos ecos de recuerdos de aquella vez, terribles recuerdos llenos de mucho sufrimiento.

—Salte de dimensión y a ver si me encontraban, JA.—mintió descaradamente.

Cuando la cena terminó, fue turno de la despedida. Tanto el Doctor, Donna Noble, Luan Loud y el Professor Thalemus se posicionaron a un lado de la cabina telefónica azul.

—Creo que eso es todo Profesor.—dijo el Doctor abriendo la puerta e invitando entrar a Donna.

—Luan, creo que eres una jovencita increíble.—dijo Donna tomándola de los brazos—No cambies, y recuerda ser igual de ruda con tú Profesor para guiarlo siempre al camino correcto.—dijo Donna para darle un abrazo.

—No te olvidaré Donna, obliga al Doctor a que visiten Las Vegas.—dijo Luan para lanzar una risotada final—¿Qué va a pasar Profesor?

—Bueno, elemental, el Doctor entró por una brecha en mi Nave de la Imaginación, si estoy en lo correcto, con que él de media vuelta a su anterior ubicación antes de estar aquí, volvería a su universo de origen, después de eso nosotros dormiremos y mañana cambiaremos de Universo al amanecer.

—Me parece un plan perfecto.—dijo Luan Loud.

—No me gusta.—volvió a repetir esa cara extraña el Doctor—Viajes entre dimensiones, tan confusos.

—Como si los viajes en el tiempo no crearan paradojas.—respondió el Profesor Thalemus.

—Uhhh, mejor alejémoslos antes de que salten las garras.—sugirió Donna y ambas chicas provocaron la separación de ambos.

—Adiós Profesor…—dijo el Doctor al momento de cerrar las puertas de su Tardis.

Luan abrazó al Profesor Thalemus para recargar su cabeza en sus hombros, estaba bastante cansada, pero aún así resistió un minuto para ver como unos silbidos extraños comenzaban a provenir de la caja policiaca. El ruido volvió a repetirse, como si de un llamado se tratase, hasta que la caja azul comenzó a volverse transparente y desapare…

—¡AHHHHHH!

Hubo un destello de luz, provocando que la Nave de la Imaginación temblara y diversas alarmas comenzaran a sonar.

—¿Qué sucede Profesor? ¿Qué fue eso?—preguntó Luan desde el suelo.

—¡No lo sé!—gritó el Profesor intentando llegar a los controles, pero comenzaron a salir chispas y entonces sintió su máquina siendo movida, pero no en esa dimensión, sino entre dimensiones—¡Oh no! ¡Su Tardis y la Nave de la Imaginación están ligadas porque la abertura del Ninguno Nadie se debió cerrar al morir este!

—¡¿Qué?!—dijo sin entender Luan a la vez que casi chocaba con la cabina telefónica.

Gran acierto el no chocar, porque hubo un nuevo estallido de energía dimensional, como si cruzaran dimensiones, antes de que el sistema de gravedad comenzara a alterarse y la Nave de la Imaginación diera vueltas entre dimensiones. La Tardis finalmente intentó volver a desaparecer, pero más y más chispas salían desde la maquinaría de viajes entre dimensiones. Todo el plantel estaba temblando.

—¡No queda otra que crear un hueco!—gritó el Profesor Thalemus—¡Pero…!

—¡No lo dude o vamos a morir!—gritó Luan Loud levantándose a duras penas.

El Profesor sabiendo que la chica entendía muy bien el riesgo, lo hizo, liberó la nave del Doctor en la corriente del espacio dimensional, enviando al Doctor por muchísimas dimensiones de golpe. La Tardis entonces hizo un ruido muy fuerte, pero no desapareció, sino que ahora le tocó a esta lanzar chispas y que su puerta volviera a ser abierta.

Hubo un destello de luz grande, provocando que la energía se apagara en las instalaciones. Todo se calmó entonces.

—¡Profesor! ¡Profesor thamus!—gritó Luan bastante preocupada en la oscuridad a la vez que podía levantarse debido a la calma.

—¡Luan! ¡Luan!—gritó el Profesor encendiendo una linterna y dirgiendose a su compañera—¿Estas bien?

—Sí, sí.—dijo la chica preocupada—¿Qué paso?—dijo ella sin entender.

—Acabamos de mandar al Doctor y a Donna por múltiples dimensiones y a nosotros por otras tantas.

—¡Pero su máquina del tiempo sigue aquí!—gritó Luan furiosa de no entender.

—Es porque una parte de la Tardis debió intentar volver a su dimensión de origen, pero no habrá podido…Y ahora el Doctor y Donna están condenado en otra dimensión por mi culpa.—dijo llevándose ambas manos a la cabeza.

—¿Doctor?—dijo una voz extraña, no parecía enemiga, sino cómica, casi patética—¿Quiénes son ustedes?

Esa voz provenía desde la Tardis.

Tanto Luan como el Profesor Thalemus se acercaron a la nave, iluminando de uno a otro lado. Se encontraron con la carcasa vacía de la máquina, pero nada más. El interior estaba vacío, aparte de una estatua de un pingüino emperador.

—¿Hola?—se acercó el Profesor con Luan a su espalda.

—¿Doctor? ¿Es usted? No me diga que se regeneró de nuevo y esa es su nueva apariencia.—comenzó a hablar una voz desde aquella dirección.

La que antes había parecido la estatua de un pingüino comenzó a caminar con gracia en dirección de ambos.

—¿Quién eres?

—Doctor, me conoces, soy yo, ¡Frobisher!—dijo el pingüino parlante.

FIN

¿?

Notas de autor.— Wow, simplemente wow, después de casi once mil palabras, aquí estamos. Al fin de la primera historia del Profesor Thalemus, sí, ese Profesor que sale en Semana con los Loud, Bestias de Royal Woods, y no sé que tantos fics, de mi querido y estimado amigo, Arokham.

Espero que les gustara, y espero que estén listos para otra ronda de viajes interdimensionales.

Oficialmente esta historia no va a ser larga, son cuatro mini historias, cada una separada de la anterior, con el Profesor Thalemus y Luan Loud. Para los que quieran pedirme enemigos, o cosas así, no, no voy a hacer más de cuatro historias individuales. Iban a ser 3, pero uno que dejo que comentarios pidió a unos enemigos, que ciertamente son curisosos de enfrentar, así que los incluí, pero no quiero incluir más.

Espero que les gustara, para los que no saben nada de Dr Who y no entendieron ciertas referencias, pues… Espero no haber sido muy invasivo, creo que se sobrentiende cuando es una referencia directamente al Doctor y son pequeños espacios, igualmente esas referencias están a punto de desaparecer, ¿O no? Yo les recomendaría googlear Frobisher, porque no quiero soltar al pingüino por un rato, Okey? Jaja.

Espero lo hayan disfrutado y estén listos para llorar en la siguiente historia, no parpadeen, o les darán ventaja a los ángeles… En el museo.

Proximamente, Llanto en el museo / Weeping in the museum.

Wait for it.