Dimensional Loud: Llanto en el museo

Parte II

En el hospital local de Royal Woods se encontraron el resto de los Loud para llevar a Luan al área de emergencias, para su suerte no había muchos pacientes en el área médica de cuidados intensivos, por lo que pudieron entrar hasta la sala de espera todos, sin mayor retraso.

Solo estaban los Loud, una mujer embarazada, un hombre con un yeso en la pierna y una mujer bastante mayor con el cabello lleno de canas y una bata de hospital sucia. Aquella mujer al verlos abrió los ojos, luego comenzó a girar su cabeza de uno a otro lado, se talló los ojos como si no fuera capaz de creer lo que estaba viendo, aquello incomodo a Lincoln:

—Esa mujer se nos queda viendo…—informó a toda la familia.

Todos los Loud voltearon a ver a la señora, la cual seguía mirándolos con interés.

—¿Se le ofrece algo señorita?—preguntó el señor Loud astutamente mientras abrazaba a su esposa.

—Loud…—dijo aquella anciana mientras olfateaba—¡Loud! ¿Qué día es hoy?

Rápidamente, casi de manera autónoma, Lisa dio las indicaciones del día presente. La mujer mayor entonces abrió los ojos demasiado, provocando que toda la familia comenzara a sentirse incomodos.

—Tienen que volver ahora, tienen que volver.—dijo la mujer apuntando con el dedo al señor Loud—¡Vuelvan!

—Niñas, busquemos otro sitio donde esperar…—comenzó a ordenar Rita mientras todos se acercaban a ella.

—¡Han pasado setenta años! ¿Ya no me reconocen?—dijo lanzando un grito que provocó que varios enfermeros comenzaran a ver la escena.

El señor Loud levantó las manos, en un intento de demostrar que él no estaba atacando a la señorita.

—¡Ese demonio va a llevárselas! ¡Una por una!—gritó la mujer fuera de sus cabales provocando que varios enfermeros se le acercaran.

—¡Lincoln! ¡Hermano!—fue lo último que escucharon de sus labios antes de que fuera llevada por la fuerza lejos del área de visitas.

—Esa señora está lunática.—dijo Luna mientras movía su mano en círculos a un lado de su cabeza.

—Pero sabía quiénes éramos.—dijo Lisa levantando mucho una ceja.

—Pudo haber escuchado nuestro apellido en cualquier momento, cielo.—dijo Rita mientras revisaba que todas sus hijas estuvieran bien.

—Pero, ¿Cómo pudo saber mi nombre?—fue la pregunta que se hizo Lincoln.

Toda la familia se quedó viendo el pasillo por donde se llevaron a la mujer anciana rara, sintiendo como si estuvieran sumergidos en una pesadilla.

Aunque la verdadera pesadilla se encontraba en el museo, ahora que Leni sabía que existían las estatuas capaces de moverse y los pingüinos parlantes. Ahora estaba encerrada junto a Luan y ese extraño ser en un armario de escobas para conserje.

—¿Qué fue eso?—dijo Luan recargando todo su peso sobre la puerta—Las estatuas no deberían poder moverse.

—¿Las estatuas? No.—dijo rápidamente Frobisher—¿Un Ángel Llorón? Sí.

—Una estatua asesina que se mueve, genial, el multiverso siempre encuentra formas de sorprenderme.—dijo Luan lanzando un suspiro largo—Da igual, mientras más pronto saquemos a Leni de este lugar, podremos volver con el Profesor y él sabrá qué hacer.

Dijo ella sin saber que en la Nave de la Imaginación el Profesor Thalemus daba vueltas en una pequeña zona, mientras pensaba fuertemente:

—No sé qué hacer.—se dijo a si mismo—Tendré que bajar, si el Ángel Llorón está aquí, es definitivamente por mi culpa, debo detenerlo.

Acto seguido saltó sobre un escritorio, presionó un botón en una de las paredes y del suelo comenzó a salir un brazo con diferentes aparatos, pudo apreciar algunas de las armas que había usado en el pasado, tanto jabalinas rastreadoras de calor, para cazar animales cuando se quedó estancado en esa dimensión primitiva, también un Dimensional Holler, que podía hacer viajar a una victima al vacío existente entre dimensiones, donde viviría eternamente en la más completa oscuridad, al no transcurrir tiempo. Pasó la vista por el Cañón de Antimateria que usó hace tantos años cuando Cthulhu despertó de las profundidades.

—Ojalá hubieras tenido más utilidades.—dijo él mientras buscaba una más adecua para la misión.

Tomó finalmente una pistola de dos cañones, en forma de u, la cual era capaz de desintegrar cualquier superficie.

—Creo, creo en el Portal de la Imaginación.—dijo después de tomar su cinturón a prueba de balas.

Apareció en la puerta del museo, encontrándose que alrededor todo estaba abandonado, no había personas cerca, ni vagabundos, ni guardias de seguridad, estaba oscureciendo y las mismísimas farolas seguían apagadas, por algún motivo era más siniestro el ambiente que otra cosa. Al intentar abrir la puerta notó que estaba cerrada, aunque definitivamente en el cartel del horario debería seguir abierto.

Disparó a la cerradura y aunque era brillante, no rebotó la luz, sino que rápidamente comenzó a consumir la figura hasta volver ceniza la perilla grande. Al abrir la puerta notó que todas las luces se apagaron, algo lo quería mantener fuera del museo.

—Sardinas, ¿Quién apagó las luces?—dijo Lana tomando de su overol un casco de minero infantil, con una lucecita de juguete—Leni… ¿Lola? ¿Lynn?

Miró a su alrededor, no había nada extraño, solo pinturas tontas sobre frutas, un animal prehistórico plastificado y esa estatua del ángel llorando hasta la esquina. Ella entonces notó que en el exterior el cielo se iluminó fuertemente con un trueno a la distancia, parecía a punto de llover, aunque hace poco tiempo todo estaba tranquilo. En solo un segundo toda la habitación quedó iluminada, si tan solo hubiera volteado a su espalda, hubiera visto que el ángel ya no lloraba, sino que la miraba fijamente.

Pero Lana ignoró aquella sensación incomoda, asociándola a que comenzó a llover con mucha fuerza. Aunque, cosa extraña, su hermana gemela tenía el mismo sentimiento exacto.

—Lynn, tengo un sentimiento extraño.—dijo Lola mirando a su alrededor, preocupada.

—Se llama culpa, está bien asustarnos entre nosotras, pero Leni claramente no se estaba divirtiendo de las burlas.—dijo Lynn con arrepentimiento—¿Dónde se habrá metido esa chica?

—Creo que ya casi dimos la vuelta…—dijo Lola acariciando sus piernas.

Ambas se detuvieron al ver una puerta abierta de par en par, con muchos monitores en el interior. Arriba pudieron ver el cartel de "Vigilancia" y sonrieron, sabiendo que toda esa tontería iba a acabar, con suerte antes de que la lluvia comenzara a correr fuertemente.

—¿Oficial?—preguntó Lynn entrando a la habitación—No hay nadie…

—Lynn, enserio tengo un muy mal presentimiento…—dijo Lola comenzando a temblar de las rodillas.

—Tranquila, princesita, al guardia no le molestará si vemos por las cámaras para encontrar a Leni.—dijo ella sonriendo.

—Bueno, ya estamos aquí.—admitió Lola llevando sus manos al estómago.

Pudieron ver diversos pasillos, varios de esos donde ellas antes habían pasado, otros tantos de corredores estrechos detrás de las exhibiciones principales, pero Lola sintió como una punzada en el estómago y casi grita.

—¿Qué te pasa?

—¡Ahí!

Ambas pudieron ver a Lana comenzando a voltear a todos lados demasiado paranoica, como un animal acorralado, pero no había nadie en la habitación con ella. Tanto Lola como Lynn se quedaron viendo la escena, impotentes:

Lana se encontraba respirando aceleradamente, no muy segura de si quería continuar en aquella habitación, por algún motivo buscar a Leni ya no era su prioridad, sino descubrir qué era aquello que le hacía sentir tan nerviosa, pensó tal vez en algo de la basura, pero aquel día no había disfrutado ninguno de esos manjares…

Tal vez… Giró rápidamente la cabeza, pudo jurar que pudo ver una sombra moviéndose por el rabillo del ojo, pero no, nada, ahí seguía el casco de la corona británica, un libro viejo y posiblemente imposible de leer, la estatua del ángel, un montón de vestidos clásicos y… ¿Ángel?

Lana negó con la cabeza, no podía ser la misma estatua que había dejado al final de la habitación, ya había avanzado demasiado como para que fuera la misma, aunque, ciertamente tenían parecido, esta estatua no estaba llorando, sino que solo miraba… En su dirección, con unos blancos ojos redondeados.

Ella podía ser inocente, pero no tonta, algo muy malo estaba pasando ahí, o al menos eso era lo que su cuerpo le indicaba, dio media vuelta para fingir caminar, solo que en vez de hacerlo saltó para poder ver a su espalda, al mismo tiempo que un relámpago iluminaba el cielo, bloqueando la visión de las cámaras de vigilancia en un destello blanco.

Para sorpresa de las tres, la estatua del ángel, apareció sorpresivamente en la espalda de Lana, solo que ya no lucía un ángel, un demonio tal vez sería más acertado decir, un demonio que estaba apuntando con su dedo a la chica del overol y con unos dientes amenazantes. Ella comenzó a negar con su cabeza al mismo tiempo que su casco de minero comenzaba a oscilar… La luz se apagó en toda la habitación, pero en las videocámaras aun se podían ver las siluetas.

—No te verá si no te mueves…—dijo Lana sin saber que comenzaban a salir lágrimas de su rostro.

—¡Lana sal de ahí!—gritaba Lynn, mientras Lola lloraba sin control.

Otro relámpago iluminó la habitación, dejando las cámaras sin visión y provocando que Lana parpadease.

Fue solo un segundo, pero cuando Lana abrió los ojos se encontraba en medio de un parque. Todo el ambiente tétrico había desaparecido, pudo reconocer a la distancia algunos de los viejos edificios del centro de Royal Woods, solo que… No parecían viejos en absolutos.

—¿Eh?—se preguntó ella sin entender—¿Dónde estoy?

Miró a su derecha, en medio del terreno de árboles había un cartel metálico, "Próximamente, Museo de Historia en Royal Woods" estaba escrito en grande, y en pequeño se encontraba con una letra más humilde, "Construcción programada para el 08/09/1973".

Lana retrocedió del cartel. Aquello debía ser una mentira, ella estaba soñando, estaba soñando, estaba soñando, estaba soñando, estaba soñando, estaba soñando, ella no podía…

—¡Mamá!—comenzó a llorar al mismo tiempo que se dejaba caer frente al cartel.

Ya no iba a haber manera que Lana supiera que en aquel momento, cuarenta y siete años después, Lola y Lynn comenzaron a gritar al ver que Lana había desaparecido y la mano de aquella estatua tan horrenda soltaba humo.

—¡¿Qué paso?! ¡Ella está bien! ¡Está bien!—gritó Lynn frustrada—¡LOLA!

—¡AAAAAHHHHH!—gritaba Lola entre llantos, de alguna manera sabía que ya no vería a Lana.

—No, no, es un truco, es…—intentó levantarla Lynn, pero volvió a ver.

Todas las cámaras de seguridad perdieron su sintonización y comenzaron a mostrar la cámara donde estaba la estatua del ángel… Solo que ya no lloraba, sino que ahora apuntaba su dedo hacia las cámaras. Tanto Lynn como Lola se quedaron calladas, aquello no era posible, todo era una mentira.

Cuando todas las cámaras mostraban la misma pantalla, fue entonces que todas formaron solo una imagen, ellas podían ver en alta definición al ángel. Antes de que comenzara a llover, junto a un estruendo potente. Todas las cámaras se apagaron en el acto con un estallido de chispas. Ambas niñas comenzaron a respirar aceleradamente.

—Sabe que estamos aquí, nos amenazó…—dijo Lola abriendo los ojos lagrimosos y derrumbándose—Nos va a matar, Lynn no quiero morir, Lynn…—comenzó a llorar Lola.

Pero Lynn estaba demasiado ocupada cerrando la puerta y analizando la habitación, pudo ver que en el techo había unos ductos de ventilación, si su hermana Lucy podía sobrevivir en los de su casa, ellas podían hacer el apaño, tomó la silla del guardia y de un salto subió hasta quedar aferrada por los costados, sintiendo mucho la suciedad de la parte externa.

Comenzó a buscar un seguro hasta que finalmente logró quitar la rendija y pudo comenzar a meterse.

—¡NO ME ABANDONES!—gritó Lola aterrada.

Lynn parpadeo durante un segundo, nunca se le había ocurrido la idea, simplemente supuso que Lola la había seguido.

—Dame tu mano.—dijo Lynn estirando la suya.

Lola comenzó a moverse entre llantos de manera errática hasta que finalmente alcanzó la mano de Lynn y esta la estiró hasta que ambas estuviesen en los ductos, acto seguido Lynn cerró la rejilla del ducto y se quedó mirando la puerta de entrada. Vio la perilla ser movida de manera extraña, como si la cosa que estuviera detrás no entendiera cómo abrir una perilla. Eso fue suficiente para que Lynn diera media vuelta en el ducto y comenzara a moveré a toda velocidad para escapar junto a su hermana.

Siguieron andando, sin certeza sobre si aquella bestia las seguía, después de un tiempo comenzaron a escuchar voces más adelante, hasta que finalmente llegaron a un punto particularmente oscuro, donde escuchaban a Leni y Luan hablando de un tema con una tercera voz. Las dos siguieron adelante hasta que el ducto de ventilación tuvo una salida en el piso.

Abrieron la rendija entre las dos mientras miraban con mucho cuidado que tanto Leni como Luan y ese… ¿Hombre? Disfrazado de pingüino, no las mirasen.

—Por favor, tienes que entender que no podemos salir de aquí.—dijo Luan mirando a los ojos a Leni.

—Pero, estamos atrapadas con ese monstruo…—dijo ella limpiando sus lágrimas—Además afuera está lloviendo, ¿Podría esto volverse peor?

Fue entonces que Lynn sintió demasiada compasión debido a que de alguna manera sabían sobre lo que había pasado y se reveló dando un salto.

—¡AHHHH!—gritó Leni al ver la aparición de un cuerpo detrás suya.

—¡Abran los ojos!—gritó Frobisher al mismo tiempo que la punta de sus aletas creaba dos ojos adicionales que apuntaron a las chicas.

Hubo durante casi un minuto gritos desde todos lados, primero desde Luan, Leni y Frobisher al ser asustadas, momentos después de Lynn por ver los dos ojos que salieron de las aletas del pingüino y finalmente de Lola debido a que por los gritos de Leni esta no se fijo y presionó el interruptor, hundiendo la habitación en oscuridad.

—¡Calma!—gritó Luan forzando sus cuerdas vocales debido a que todo era demasiado caótico—Comencemos por lo primero, ¿De dónde salieron ustedes dos?

No volvieron a encender las luces debido a que no podían ver dónde se encontraba el interruptor, todo lo que veían era oscuridad mientras hablaban a la par.

—De los ductos…—contestó Lynn molesta—Ustedes dijeron algo sobre un monstruo, ¿No?

—Sí…—contestó Luan perspicaz.

—¡El Ángel Llorón está vivo!—dijo Leni muerta de miedo—Hemos estado ocultos aquí casi media hora…

—¡Esa cosa se llevó a Lana!

El grito de Lola interrumpió a su hermana mayor, pero fue suficiente para que todos se quedaran callados:

—¿Dónde se la llevó?—dijo Lola con miedo a saber la respuesta.

—Lola…—intentó hablar Luan, pero ella misma desconocía sobre la situación.

—Enserio no saben qué es un Ángel Llorón.—dijo Frobisher en la oscuridad—Estamos perdidos…

—Dígame qué le hizo a mi hermana.—rogó Lola—Estaba frente a esa estatua y en menos de un segundo ella desapareció.

—Niña yo no, yo…—habló Frobisher—Los Ángeles Llorones son una antigua raza proveniente de los Tiempos Oscuros del Universo donde…

—¿Quién se cree usted para burlarse de nosotras con esas tontas palabras sin significado?—dijo agresivamente Lynn—¡¿Sabe o no qué es esa cosa?!

—Lo sabe perfectamente.—afirmó Luan antes de sentir una mano en su cadera.

—Luan, ¿No te habían llevado al hospital?—preguntó Lynn furiosa—¡¿Qué demonios está pasando?!

—Oh cierto, llevaron a Luan al hospital cuando se desmayó.—dijo recordando Luan de golpe—Yo ehh…—intentó alejarse de la mano de Lynn, solo para chocar con más cajas—Es complicado…

—¡No estamos para bromas!—gritó Lynn.

—Mira, tendrás que creerme porque lo que estoy a punto de decir no es una broma.—dijo ella buscando por la pared el interruptor de las luces—Yo soy Luan, pero no soy tu hermana…

—Esto es una pesadilla, ¿Verdad?—dijo Lynn llevando ambas manos a su cabeza—No entiendo nada…

Finalmente, la mano de Luan llegó al interruptor y esta encendió las luces del pequeño cuarto, mostrando su figura, con su camiseta de tirantes rosada con una falda escocesa morada y una flor amarilla en su cabello, además de que más alta que la propia Leni.

—¿Quién es usted?—dijo Lola temblando.

—Dije que iba a ser complicado.—dijo finalmente Luan—Frobisher y yo, venimos de otro universo paralelo…

Lynn comenzó a voltear a todos lados de la habitación, buscando algo que se le perdió.

—¿Es esto una de tus bromas? Porque no tiene gracia…

—Yo puedo demostrarlo.—dijo Frobisher moviendo su pico de manera exagerada.

—¿Un hombre enano disfrazado de pingüino?—preguntó Lynn sin entender.

—No te asustes por lo que voy a hacer, pero ¿Un hombre enano podría hacer esto?

Al momento de decir la frase Frobisher comenzó a girar sobre si mismo, creciendo de tamaño, adquiriendo una camiseta blanca con el número dos, en rojo, estampado, cabello castaño, pecas y una coleta de caballo, así como shorts rojos.

—Hola.—dijo Lynn número dos con la voz de ella.

—Nada de esto es real, nada de esto es real, nada de esto es real…—fue el turno de Lynn para derrumbarse.

Lola en cambio se acercó a la Lynn número dos y comenzó a tocar sus brazos, no tenían fuerza, sus dientes eran demasiado perfectos y blancos, además de que sus uñas estaban limpias y sin señas de maltrato por entrenamiento.

—¿Puede volverse a convertir en pingüino? Señor.—preguntó ella asombrada a la vez que Lynn segunda daba vueltas sobre si misma.

—¿Algo así?—volvió a hablar Frobisher con su voz normal.

—De acuerdo, les creo.—dijo Lola mirando fijamente a Luan—¿Ustedes trajeron a esa cosa? ¿Saben cómo rescatar a Lana?

Luan suspiró aliviada, aunque Lynn aun no le creía, al menos era más sencillo intentar entender qué estaba pasando.

—Nosotros no liberamos a esa estatua Ángel del Diablo o lo que sea, y el único que sabe algo es Frobisher.—apuntó la chica al pingüino.

—Dice la verdad.—agregó Leni.

—¿También es una Leni de otro universo?—dijo Lynn molesta por no entender bien todo.

—No, ella sí es de aquí.—explicó Luan—Frobisher, ahórrate los detalles, ¿Qué es esa cosa? ¿Qué le hizo a mi hermana Lana y cómo podemos frenarla?

—Un Ángel Llorón nadie sabe qué es, al menos nadie vivo.—dijo Frobisher molesto—Todo lo que se sabe es que se alimentan de tu potencial de vida…

—¿Potencial de vida?—dijo sin entender Lynn.

—Te arrebatan de tu tiempo y te mandan al pasado, provocando que todo lo que tenías que vivir desaparezca de la línea del tiempo y estos comen los residuos de esa energía del vortex temporal.

—¿Qué?—dijo sin entender tanto Lynn como Luan.

—Oh muy claro.—dijo Leni.

—¿Enserio?—preguntó Lola igual de confundida.

—No, pero quería asegurarme que no era la única que no podía entender.—dijo Leni abrazándose a sí misma—Lo siento.

—Está bien, el Ángel te "mata" en el presente y te envía al pasado para comerse tú vida.—explicó Frobisher simplemente—Son los seres más detestables del universo porque no pararán hasta estar satisfechos y tienen el mejor sistema de defensa, cada que un ser vivo los ve estos se transforman en piedra, por lo cual nunca mueren…

—¿Y si destruyes la piedra?—preguntó Lynn sin entender.

—Al momento que vuelvas a parpadear se regeneraría, la piedra no es su forma verdadera, sino que ellos son una especie hecha de energía, en vez de carne y huesos.—dijo Frobisher recargándose en una escoba—Nada en el universo puede detenerlos… Excepto…

—¿Excepto?

—Sus ojos, mis ojos, si los miramos fijamente los forzaremos a permanecer eternamente como piedras.—dijo Frobisher contento.

—Los humanos tenemos que parpadear Pingü.—dijo Luan comenzando a hacer la acción rápidamente—Eso no va a ser fácil.

—¿Lana se fue porque parpadeamos?—preguntó Lola juntando ambas manos.

—Si el Ángel la atrapó no hay nada que podamos hacer, incluso si tuvieras una máquina del tiempo la gente que es atrapada por los Ángeles se vuelven una paradoja andante, por lo que, morirían al instante al entrar en contacto con una máquina del tiempo.—explicó Frobisher—Es todo lo que sé, los Ángeles Llorones no son muy comunes de ver…

—¿Por qué?—preguntó Leni sin entenderlo.

—Tal vez porque para cuando las personas de una región se dan cuenta de la existencia de los ángeles ya sea demasiado tarde.—dijo Frobisher al mismo tiempo que miraba a Lola—Lo siento por lo de… ¿Lana?

—¿Lana ya no está?—preguntó Leni mirando confundida.

—Mhhh…—en cambio Luan analizaba la situación.

—¿Acaso no te importa que nuestra hermana muriera?—le recriminó Lynn molesta.

—Digo sí, pero, estoy pensando algo, mencionaron que vieron como esa cosa atrapaba a Lana…—dijo Luan sin entender—¿Cómo escaparon?

Tanto Lynn como Lola apuntaron al conducto de ventilación oscuro, todas se alejaron de esa parte y pegaron sus espaldas contra la puerta.

—Estábamos en la zona de vigilancia, es una estatua, no podría atravesar los ductos de ventilación sin que la escuchemos.—dijo Lynn con el corazón en su puño.

—Son piedra cundo alguien las está mirando.—corrigió Frobisher.

—¿Alguien estuvo mirando el ducto?—preguntó Luan buscando en su bolso de mano una linterna.

—No…—contestó Leni.

—¿Alguna más de ustedes está aquí en el museo?—preguntó entonces Luan.

—No, el resto se fueron al hospital para cuidar de Luan, nuestra Luan.—dijo Lola protegiéndose con la aleta del pingüino.

—Frobisher, ¿Cuántos ojos puedes volverte a la vez?—preguntó Luan.

—Seis.—dijo este rápidamente—Después de esa cantidad no puedo ver más…Creo…

—¿Crees?—dijo Lynn molesta.

—¿Cuántas veces has necesitado transformarte en algo con más de dos ojos?—preguntó Frobisher molesto.

—Tres veces.—contestó Leni.

Todas voltearon a verla.

—Como que ustedes no son los únicos con derecho a ser complicados.—dijo ella en modo de queja.

—Frobisher y yo las sacaremos de aquí.—dijo Luan abriendo la puerta rápidamente, solo para toparse con el rostro distorsionado de una estatua—¡VOLTEEN!

Todas lo hicieron al instante, solo para quedar horrorizadas. Ni siquiera lanzaron un grito, fue como si entendieran que esa figura era un monstruo espantoso capaz de asesinarlas a todas con tal de un segundo de autoridad.

—Cerraré la puerta ahora mismo…—dijo Luan comenzando a hacerlo sin perder la vista de la estatua.

—Si lo haces volverá a su estado de energía pura…—dijo Frobisher mirando con cuatro ojos a la criatura, dos en su cabeza y dos en sus aletas—Caminen a la ventilación una por una…

—Lola.—ordenó Luan.

—Yo… Yo…Tengo miedo.—dijo Lola comenzando a llorar—¿Dices que me devolverá en el tiempo? ¿Podré volver a ver a Lana?

En lugar de retroceder comenzó a avanzar hacia el ángel, pero rápidamente Lynn la tomó y le dio una cachetada.

—¡AL DUCTO!—gritó Lynn empujándola contra su voluntad y siguiendo detrás de ella.

—No tenía por qué hablar así…—dijo Leni parpadeando, sin darse cuenta de lo mucho que ardían los cuatro ojos de Frobisher—Cierren el ducto al entrar…

—¡Solo ve!—gritó Luan la cual estaba luchando contra su cuerpo para no parpadear, la lucha la estaba perdiendo.

Parpadeo solo una vez, para su suerte, Frobisher encontró un método en el cual primero parpadeaba con sus ojos de pingüino y después con los generados en sus aletas.

—Frobisher tu y yo vamos juntos, no le pierdas la vista…—dijo Luan tomando al pingüino de la espalda y alejándose lentamente.

La estatua permaneció quieta en el sitio, aun mirando con ansias asesinas justo en la posición donde Luan había estado abriendo la puerta, con la boca abierta, listo para matar. Luan ni siquiera había notado el hecho de que esa cosa pudo haber intentado matarlos antes, definitivamente tenía la fuerza para abrir esa puerta, pero no lo había hecho.

Ambos entraron al ducto y Luan puso la rendija para evitar que el Ángel pudiera verlos, Frobisher tenía los ojos rojos, mostrando quién era el que estaba logrando mantener el ángel a raya, porque Luan parpadeaba de manera instintiva, incapaz de no cerrar los ojos al agacharse o simplemente porque estaban demasiado secos.

—Cuando dejemos de mirarlo, corre como diablo…—advirtió Frobisher.

—Una…—comenzó a contar Luan.

Ellos no sabían que Thalemus avanzaba por los pasillos del museo apuntando en todas direcciones con su arma desintegradora de partículas y manteniendo una vista al frente con unos espejos retrovisores pegados a sus anteojos.

—Dos…—siguió la cuenta Frobisher.

La guardia de seguridad vio la cerradura derretida de la puerta, a su lado la señorita Smith veía con la misma preocupación esa señal, el sujeto loco había llegado, a partir de ese momento todo podía ser nuevo.

—Uno…

Lincoln se excusó con ir al baño, pero en realidad buscó por el edificio algún indicio sobre el paradero de esa extraña mujer que conocía su nombre, pudo ver al final de una habitación compartida por seis pacientes, en la esquina más solitaria del hospital, ni siquiera con una ventana, esa mujer miraba al techo mientras lloraba.

—Si las hubiese protegido…—alcanzó a escuchar su lamento lleno de sentimentalismo.

Entró a la sala al mismo tiempo que Luan, Frobisher y todos en el ducto de ventilación comenzaban a huir como desquiciados de las garras del Ángel Llorón, a la vez que el Profesor Thalemus encontraba la sala de vigilancia, al mismo tiempo exacto que la guardia de seguridad y la señorita Smith decidían bloquear la puerta. Y en el momento exacto cuando el Ángel dejó su forma física de piedra y se volvió una masa amorfa de siete dimensiones, algo que escapaba de la imaginación humana.

La cacería estaba en marcha.

Continuara…