Antes de que tuviera oportunidad de encajar los palos en la entrada de aquella celda, la Reina Atta decidió darle la oportunidad de poder ser uno más con el hormiguero, deshaciendo el trabajo que ya había echo. Dot como Flik sintieron una gran alegría que no pudieron esconder ya el primer día, guiando al saltamontes por todas las cámaras internas del lugar mientras era presentado a cada una de las hormigas que se cruzaban a su paso.
Con el tiempo la necesidad de esconderse de aquel gran insecto fue desapareciendo de entre la multitud y la rutina se iba acoplando de forma agradable entre los demás; el hambre era saciado por el trabajo duro y la vida vigorizada por las grandes sonrisas que Flik mostraba al ser escuchado divagando en nuevos proyectos que dejaron de ser ideas para pasar a realidad con la ayuda adicional de Hopper, quien no dudó en empezar a comentar y aportar más ideas a la joven mente que fue llevando a la comodidad y facilitación de los trabajos al hormiguero.
Y la Primavera hizo acto de presencia, las cosechadoras adelantaron toda la recolección de alimentos dejando libre para la nueva celebración que la Reina Atta decidió traer como recordatorio y respeto a la nueva vida, los nuevos amigos y la familia que mostraba indicios de querer aumentar ante los romances que nacieron a finales de Invierno.
Pero no era igual para todos, Flik tanto como Atta no mantuvieron la relación que quedó estancada en aquella discusión que aún ni habían decidido tocar , dejándolo como si nunca hubiera sucedido; al contrario que Hopper, que se había encontrado acercándose más a sus dos hormigas favoritas; de ser una cabeza más a los problemas esquemáticos de Flik, pasó a tener tardes junto a él entre charlas que Dot decidía complementarlas con sus comentarios que se habían vuelto cada vez más atrevidos y directos en relación a su crecimiento, llegando a la preadolescente en la que se estaba formando. La preadolescente que insistía con cada día que pasaba, un poco en más en estar en el circo, mismo tema que creaba tensión sobre la mesa.
Todos Como Uno Solo
Afuera, se encontraban organizando la mesa real y los juegos para esa gran noche; Hopper con otras hormigas ayudaba a colocar las piezas más pesadas, siendo el interés de muchas crías quienes intentaban simular su fuerza y movimientos, llegando a juegos entre hermanos y amigos que llegaban a veces a interrumpir a los adultos. Las quejas llegaron a la Reina para ser Dot la quién se encontraba espantando a los niños cuando no obedecían a su orden de salir de la zona de trabajo.
Fue un intento de rugido lo que terminó llamando la atención del saltamontes en medio de su tarea; Dot, cansada de que una de las crías no parara de esconderse cada vez que lo encontraba, decidió darle un susto llevando a que huyera con las demás entre risas infantiles. "Estoy empezando a dudar sobre tus dotes de líder", bufó una pequeña risa mientras seguía organizando los preparativos de la mesa dando distancia al berrinche que sentía acercarse con Dot al mostrar su rostro arrugado de reproche.
"Pero tú también eras terrorífico cuando no te escuchaban", cruzó sus brazos dando fuerza a su respuesta, pero Hopper no era afectado por ese pasado aún joven; comprendía los cambios hormonales en los jóvenes como Dot que intentaban contra viento y marea ganar cualquier discusión con su vista del mundo aún tan prematuro.
"Pero no intentaba dirigirlos haciendo de gato asmático", Dot no pudo contener su enfado al gran insecto que consideraba parte de su vida aunque aún no fuera lo suficientemente valiente para comentarlo, sin usar las alas, saltó al otro lado de la gran brizna de hierba para alcanzar al adulto que no dudó en seguir el juego cuando hizo lo mismo hacia el otro lado riendo para comenzar una carrera absurda donde Dot aún intentaba alcanzarlo sin usar sus alas, seguramente por terquedad a su decisión que el haberse olvidado de llevarlas encima.
Con la mesa como muro, Hopper posicionó su cuerpo preparado para esquivar al momento exacto, toreando entre una risa incontrolable a una princesa indignada, termina todo cuando parte de los preparativos salen volando en todas direcciones, la mesa vuelca por ese lado acolchando la caída de Dot. Fue suficiente para que esa risa pasara a un estruendo donde el aire escapaba ahogando a Hopper de vez en cuando.
Aquella escena continuó cuando la pequeña hormiga corrió junto a su irritante amigo para empezar a golpear de forma rítmica las piernas del saltamontes que no intentaba defenderse al no sentir ninguna molestia. "Bien, bien. La liaste buena", siguió riendo al ver la cara de la pequeña toda roja.
"No te rías", siguió golpeando cada vez más suave cuando la contagiosa risa empezaba a afectarla. Con unos segundos de descanso, volvieron animados a recoger lo tirado y arreglar el desorden que los demás miraban mientras negaban con la cabeza; Dot era su futura Reina quien lideraría las generaciones futuras y su comportamiento parecía mucho que desear para otras hormigas, aunque para la joven lo que le importaba era divertirse con sus amigos. Cuando se encontraba en presencia del gran saltamontes, sus modales de alta alcurnia eran olvidados y solo se dejaba llevar por la necesidad de reír y jugar con Hopper, como si se encontrara en su cuarto, apartada y protegida de las opiniones de los demás.
Y aún después de haber tirado parte de la mesa por error, encontró motivos para seguir chinchando al que consideraba un cascarrabias; "Mamá invitó a Flik para celebrarlo con nosotros, ¿Quieres unirte también?". La pregunta fue escuchada pero no respondida con el entusiasmo que se esperaba, Hopper mostró una mirada tranquila a la joven para comunicar que nunca tuvo la intención de estar en la fiesta. "Y pensando que te unirías al saber que estaría Flik", dijo de forma socarrona sin apartar la mirada pícara que dirigía hacia el otro.
Una ceja gruesa se alzó en forma de duda, mientras ambos pares de brazos se cruzaban ante el tono atrevido de la joven. "¿Y qué quieres decir con eso?", su voz salió mucho más grave de lo normal pero no llegó a asustar a la joven de sus decisiones a la hora de hablar.
"No sé, como siempre te veo mostrar los dientes siempre que estás con él. Creía que estarías feliz de poder estar con él", con uno de sus pies, removió la tierra mientras escondía sus brazos tras su espalda disimulando una falsa sonrisa de inocencia como si fuera una niña enamorada. Esto fue visto por el adulto que no pudo evitar sentir como su seriedad lo poseía, acuclillado frente la joven, miró a su cara sin ningún tipo de expresión, aunque Dot pudo distinguir que estaba algo enfadado.
"Entiendo que tengas cosas en la cabeza a tu edad, pero espero que no estés diciendo tus suposiciones por cualquier lado. Flik es un buen insecto, nada más", mantuvo sus cejas algo fruncidas hasta que una voz los sacó a ambos de su charla.
"Aquí estás, la Reina Atta me ha pedido que viera como ibais", Flik aceleró el paso hasta llegar al lado de ambos.
"Vamos bien, aunque la Princesa Dot parece olvidar a veces sus modales", con brazos cruzados, Hopper miró a la joven para ver como esta escondía su rostro apartando la mirada de él.
"¿Pero qué dices?, si esta jovencita es un cielo", Flik amasó los mofletes de Dot quien empezó a reír dejándose mimar por la hormiga inventora. Hopper descruzó sus brazos mientras ponía los ojos en blanco. "La mimas demasiado, tiene que aprender a entender que algunos temas no se tocan". Esta vez Flik miró preocupado a Hopper para luego mirar a Dot, que no sabía que decir y por ello la mirada afligida de la hormiga fue de nuevo al saltamontes.
"¿Qué tema?". Hopper al ver la expresión de Flik, negó de inmediato que fuera algo importante o preocupante, pero no encontró las palabras para expresar que era lo que en realidad la princesa había dicho antes como para dejarlo incómodo.
El silencio entre ellos era tenso, la mirada preocupada de Flik iba desapareciendo mientras Hopper tartamudeaba cada vez más en busca de una respuesta. De repente sus ojos estaban muy abiertos y una de sus manos rascando tras su cabeza.
"No sabe si venir a la fiesta, y le pregunté que si era porque nadie le había invitado", Dot dijo sin miedo frente a su amigo que quería tanto como a un padre y el ver negar por un momento la dejó con el deseo de poder llorar, aunque rápidamente fue envuelta en un abrazo que siempre Flik utilizaba para calmarla.
"Fui invitado hace poco por la madre de Dot, podríamos preguntarle si puedes venir con nosotros", alzó la mirada el joven quién mostró una pequeña sonrisa que iba creciendo a más cuando estuvo a su vista el rostro de Hopper. Aunque el saltamontes quiso negarse desde un principio, no pudo evitar hacer una mueca de sonrisa al intentar esconderla, los ojos azules de Flik crearon esas mismas sensaciones embriagadoras que lo llevaban a ponerlo nervioso.
"No quiero crear problemas", se movieron ambos pares de brazos alzando las palmas de las zarpas dibujando un muro invisible entre la hormiga y Hopper.
"Pero a mi me gustaría que estuvieras. Entre Dot y yo no creo que nos podamos divertir solos", esos ojos se hicieron más grandes mostrando más las pupilas como si de un niño se tratara, suplicando por poder cumplir su capricho ante todo. Dot como Hopper se dieron cuenta de aquello, cruzando ambos miradas de sorpresa; Hopper no pudo evitar que se le escapara una pequeña risa que Dot vio con duda al no entender del todo que era lo que estaba pasando en realidad.
Lentamente una mano suave se acercaba a una de las zarpas escondidas a la vista de la princesa, en donde Flik intentó en una parte consciente de querer tocar una de ellas, que temblaron al recibir el pequeño roce de uno de esos suaves dedos. Sin moverse de sitio, Hopper notó como su interior vibraba en una euforia que iba creando un calor agradable en todo su abdomen, obligando a no moverse mientras Flik miraba expectante a su siguiente decisión.
Era ese deseo ahora más claro, hacía tiempo lo había petrificado, Flik no había dejado de mostrar su inteligencia y valentía a la hora de proteger a los suyos, valentía demostrada la noche del intento de derrotar a los saltamontes formando imágenes frente a sus ojos. Postura erguida y decidida a enfrentarse a alguien mucho más alto y fuerte que él, nunca había sido mentira que si Flik se tratara de un saltamontes, lo querría sin duda en su grupo, aunque ahora grupo parecía muy apartado; era mejor pensar en compartir vida con él... Muy conscientes de la mirada inocente de Dot, Hopper devolvió el toque tras su cuerpo protegiendo la mirada curiosa de la princesa del pequeño agarre entre dedos que se estaba formando entre los dos insectos adultos.
No hubo una sonrisa en Flik, pero tampoco una mirada triste, se encontraba quieto, disfrutando de las sensaciones de rozar aquel exoesqueleto con sus dedos, dejando su cara dormida a los estímulos y órdenes de su mente que suplicaba por poder tocar más, ver más.
"Iré entonces", hubo una pequeña sonrisa de Hopper, antes de que su agarre fuera roto por Flik, quien se alejaba con Dot al hormiguero. Sin que la más joven lo notara, Flik volvió la mirada al saltamontes para mostrar un pequeño guiño con uno de sus ojos, recibiendo una mayor sonrisa.
Todos Como Uno Solo
La tarde llegaba a su fin cuando la colonia se encontraba afuera, sentados en sus asientos disfrutando parte de la comida recolectada a principios de año. Estando en cabeza, se encontraba la Madre Real con sus dos hijas a sus lados; Dot a su derecha, acompañada de Flik y finalmente Hopper.
Las risas hacían eco en todo el lugar, anécdotas entre bocados y secretos compartidos eran el ambiente en el que se encontraba el hormiguero. Aunque Hopper era el único que no parecía estar disfrutando de la fiesta; miraba a la comida sin ganas y o jugaba con algún grano llamando la atención de Flik quién preguntó si se encontraba bien. Dot sin ser ciega a las necesidades de su amigo el saltamontes, estiró su cuerpo sobre la mesa dirección al cuenco donde reposaba parte de la comida para atrapar un trozo de mora y frambuesa. "Toma", colocó en frente de un Hopper sorprendido mientras Flik intentaba esconder una carcajada, que casi había llegado a escapar de entre sus labios al escuchar la risa divertida de la joven.
Atta observaba aquella interacción que había conseguido producir unos celos indescriptibles para ella. En un principio aceptó la idea de el echo de ver feliz a Flik le revolvía las tripas mientras ella se encontraba aún superando la culpa de aquel día. Pero cuanto más miraba a los tres, más se daba cuenta de lo que parecía ser y era algo que a ella fue arrebatado por su falta de madurez aún como reina como pareja. "Cielo, no estés desanimada, has venido preciosa a la fiesta", dijo su madre mientras agarraba con cariño una de sus manos, Atta devolvió una sonrisa llena de amor al ver como aún siendo una adulta echa y derecha, aún era protegía y amada por aquella hormiga tan amorosa.
"Gracias mamá, pero..."
"Pero nada, mira a tu al rededor", la ex reina dirigió la cabeza de su hija por todo el recinto decorado. "Tú has hecho posible esto, no he visto a la colonia tan agradecida y feliz desde nunca. Y créeme que alguien aparecerá para demostrarte el verdadero cariño que te tienen", finalizó el recorrido observando a su madre quién fue abrazada de inmediato.
Dot como Flik notaron la muestra de afecto a su lado, siendo una sonrisa lo que mostraron al ver que al menos Atta podía seguir adelante. Flik decidió volver al presente cuando siguió comiendo, pero como aún parecía estar pensando en sus cosas no fue consciente de encontrarse acariciando una de las zarpas de Hopper apoyada en la mesa. Fue el momento de madre e hija que impactó tanto su mente al ser deseos de sentir ese cariño, de la alegría de ver como la culpa ya no consumía a la que aún consideraba como una amiga, que sin darse cuenta se dejó llevar por aquellos sentimientos llevando aquella mano a un lugar seguro para él.
Hopper, para su sorpresa no pudo decir nada mientras obligaba a su espiráculo a no moverse de la pequeña excitación que se encontraba creciendo en su interior, mientras Dot en un momento de querer probar algo de fruta fresca, se decide por pillarla del lado del saltamontes, donde quedó totalmente atónita al encontrarse con aquellas manos juntas. No hubo quejas, ni tampoco comprensión de lo que ocurría; pero una especie de miedo invadió aquella mente joven, dejándose creer que solo era posible que Flik se encontrara en apuros y por ello se hubiera arrimado al insecto más grande y de confianza para él.
La pequeña cabeza miró en diferentes direcciones buscando la fuente del posible peligro, llamando la atención de su amigo. "¿Dot, ocurre algo?", aquella pregunta fue dicha con verdadera preocupación, pero aún así no movió su mano.
"¿Va ha pasar algo malo?", salió aquella chillona voz en un tono tan sumiso y temeroso que hizo creer a Flik por un momento que sí parecía estar a punto de pasar algo preocupante. Flik negó de inmediato, preguntando porqué creía tal cosa, hasta que vio como los ojos de la joven se dirigían a un lado de la mesa. Siguiendo aquella dirección se encuentra con su mano apoyada y acariciando la callosa de Hopper que no parecía mostrar ninguna intención de apartarla. En principio no era consciente de la realidad de lo que se encontraba sucediendo, hasta que su mirada subió al rostro firme y tembloroso del gran insecto.
Las miradas Reales fueron a la dirección del pequeño ruido creado por el chillido bajo de Flik, quien apartó con vergüenza su mano sobre la de Hopper, siendo por un momento el centro de atención de la mesa. Dot aún seguía mostrando una mirada de sorpresa a ese lado de la mesa ya vacío, aún cuando su madre preguntó por si ocurría algo; la vista siguió en el mismo punto pudiendo percibir el salto de sorpresa por parte de Hopper, quien no daba con una respuesta y el leve temblor de Flik siendo el primero en darla.
"Solo fue un pequeño susto", dijo sin vacilar en nada.
La princesa aún pensaba hasta que su cerebro fue uniendo cabos y dando respuesta a incógnitas en milésimas de segundos. En aquel momento se dio cuenta de la realidad de estar en la Primavera; era la época en donde las parejas se formaban o sellaban, aunque a las crías poco les importaba eso o no eran informadas por tales eventos, era algo que se iba aprendiendo con el tiempo al crecer. Y la imagen de una pareja masculina hizo eco en su mente, un momento captado hacía semanas y no era raro al comprender como funcionaban las relaciones en el hormiguero. Pero, ver a dos especies tan distintas juntas, chocaba tanto en su cabeza que hubo creído que Flik sufría antes, de algún ataque a su persona, que el echo de estar interesado en el cascarrabias que iba abriéndose cada vez más a sus corazones.
De repente, las tardes de charla, de risas, de sonrisas, de elogios y de cuchicheos dieron abertura a la realidad de las cosas. Y una pequeña sonrisa se iba formando en su cara que escondió de los demás para no ser delatada antes de tiempo. "¿Mamá?", todas las miradas fueron a la joven. "¿Te parece bien si Flik invita a bailar a Hopper?"...silencio.
Mientras las demás hormigas en el centro del lugar comían sin preocuparse de nada salvo saciar su hambre, la mesa real sufría un momento extraño hasta para ellos.
Flik si pudiera sudar, se encontraría encharcado al punto de resbalar de su asiento; Hopper no era tan distinto de la situación de Flik, su calor se encontraba cubriendo todo su espiráculo que por su sensibilidad, mantenía quieto como estatua para evitar un momento más incómodo de lo que ya era. Atta solo pudo mantener el silencio mientras sentía por dentro que podría llorar en cualquier momento si sus ojos se lo permitieran; pero la madre fue la que dejó más atónitos a los demás, su rostro no cambió y sonrió como si se encontraba respondiendo a una duda inocente de una cría demasiado curiosa. "Claro hija, ¿Por qué no podría?", sonrió a Dot para ser recompensada por una mirada brillante pero con un toque pícaro que su madre no había dejado pasar desapercibido.
Aphie era consciente de ser una hormiga muy vieja, ha visto el verdadero trabajo de cuidar de una colonia que vivía para ella; los sentimientos de su gente eran compartidos a su mente, donde una madre había perdido a sus larvas, ella estaba para llorar a su lado, decidía llevar consigo las dudas y los miedos de los suyos para que ellos solo pudieran cargar con su principal tarea de crear la ofrenda a los saltamontes como reunir alimento para el invierno. Dejaba que la carga de los demás fuera una parte más de ella, y los años hicieron su trabajo al poder mantener la calma y la cabeza en momentos estresantes para otros.
Y así fue que esto no era nada más que un momento inocente para sus ojos. Comprendía el miedo de los demás al gran saltamontes que una vez los manipulaba con mano de hierro, siendo ahora un simple insecto sin la capacidad de navegar como de ver correctamente, salvo la inteligencia y optimismo de Flik que parecía haber echo mella en su duro corazón y no podía alegrarse más por el joven que los llevó a que fuera posible vivir aquel momento de verdadera libertad.
