Aclaración: Los personajes no me pertenecen, son de la genialidad y creatividad de Rumiko Takahashi. La historia es mía y uso los personajes para saciar mi mente de escritora frustrada.
"Nada más peligroso cuando se necesita ayuda, que recibir ayuda"
El secreto de la isla
Capítulo 17: Responsabilidad
El mar se movía pacifico, se deslizaban las olas con suavidad hacia la arena, pronto amanecería, el crepúsculo matutino lo anunciaba calentado extrañamente su corazón que se sentía como nunca antes quebrado y solitario. Su mente luchaba entre las dos ideas que continuaban rondando confrontándose entre sí.
Regresar hacia Kagome o comenzar a nadar, de ese debate habían pasado largas horas, sentado en la arena, permaneciendo cerca de la cueva en la que Kagome lo cuido por primera vez. Había caminado decidido para sumergirse hasta que recordó ese primer encuentro y su decisión comenzó a tomar diferentes dudas.
-No… no quiero ver más gente morir-Se repitió nuevamente siendo capaz de sumergir sus pies al agua, apretó los puños mordiéndose el labio con el colmillo intentando reprimir todos los deseos egoístas de retroceder.
-¿InuYasha?
Su cuerpo se tensó inmediatamente, no esperaba que lo encontrara, no creyó que permanecer allí lo llevara a estar dudando de esa forma ni menos que ella lograra predecirlo.
Lo cierto era que Kagome había despertado instantes después que él se había marchado, había tenido una pesadilla con el accidente de auto que se mezclaba con fuego, ella se levantó sedienta caminando hacia la cocina, fue entonces que notó que InuYasha no estaba, al comienzo pensó que podría estar en el baño, sin embargo, cuando no lo encontró allí una parte de su corazón se comenzó a agitar, apretándose su garganta. Kagome gritó su nombre por la cabaña sin obtener respuesta, salió al patio y el resultado fue el mismo. En ese momento su mente comenzó a procesar los hechos de los días acontecidos y la manera silenciosa en la que había estado InuYasha durante el día de ayer, lo había asociado a la muerte del lugareño, pero ahora comprendía que estaba elaborando el marcharse sin decirle.
Primero se sintió traicionada y triste.
¿Por qué no había confiado en ella después de todo lo que habían pasado juntos?
¿Acaso su apoyo no había sido suficiente?
¿Por qué la había dejado?
Aquella persona que se estaba volviendo tan importante para ella.
Desesperanza, como si le estuvieran arrancando nuevamente a alguien muy amado a quien no fuese a ver nunca más, una sensación al borde de lo similar a cuando perdió a su familia.
Kagome corrió a su pieza para vestirse con un pantalón, poleron y zapatillas de color negro, su mente tenía un solo destino el cual él debía haber elegido.
La playa.
Entonces una certeza apareció generando un extraño alivio mezclado con ansiedad, lo comprendió, quería enfrentar a Naraku, solo, para que ella no corriera riesgo, Kagome lo entendía. No se sentía traicionada, pero si enfadada de que no respetara la decisión de apoyarlo.
Kagome corrió con todas sus fuerzas, en las últimas dos horas su cuerpo estaba extenuado, agradecía haber tomado clases de natación y ser corredora en la universidad, la había ayudado a tener la resistencia suficiente para haber soportado los kilómetros que avanzó, pero aún le quedaba alrededor de una hora más y ya su fuerza se agotaba, trotó cada vez más lento rogando por poder alcanzarlo.
El cielo estaba lentamente empezando a aclarar y sus esperanzas de poder encontrarlo iban muriendo con ello. Sintió el olor a sal característico de la playa y el ruido de las olas. Se movió ese último tramo solo por la voluntad de querer verlo una vez más. Deseaba verlo tanto, solo una vez, más a su querido InuYasha.
Kagome atravesó los últimos árboles para caminar sobre la arena, percibía como sus ojos picaban por desear llorar pero se contuvo, a lo lejos lo divisó caminando para entrar al mar. Su corazón por un momento creyó que saldría de su boca.
-¿InuYasha?-Logró decir casi en un suspiro extenuada.
Lo vio girarse lentamente con los labios apretados y las cejas fruncidas, como si verla le causara un gran disgusto, a medida que ella se acercaba pudo comprender que más que disgusto era como si su rostro estuviera en conflicto.
InuYasha la observó aproximarse sintiendo como su cuerpo se paralizaba y el deseo de acortar la distancia entre los dos para abrazarla lo embargaba. Contradicción.
¿Qué debo hacer?
-¡No te acerques-Fue lo que finalmente salió de su boca, en automático Kagome dejo de caminar, solo un metro de distancia los separaba, apreció como los ojos de Kagome se asustaban ante su grito y luego retomaba la compostura.
-¡Tú, cómo te atreves a marchar y tomar esta decisión solo, te dije que no estabas más solo, que podías confiar en mí, confía en mí, por favor!-Chilló Kagome con las lágrimas saltando de sus ojos dejando ir sus emociones materializándolas en palabras. Él apretó más fuerte sus puños hasta clavar las garras en el interior de su mano.
-Por si no lo sabes, Kagome… ¡No confío en nadie!-Le devolvió logrando comprender que no se había equivocado, que lo mejor era enfrentar a Naraku, solo, ahora que la veía, ahí, frente a él tan dispuesta, la sola idea de que en el mundo ella no existiera lo aterraba. Sabía que estaba diciendo cosas crueles que no sentía y le dolía a él mismo pronunciarlas.
-¡Mientes!-Fue la inesperada respuesta de ella-Lo sé, InuYasha-Kagome avanzó un paso más acortando la distancia, él no se movió intentando mantener su postura sin demostrar los deseos desbordantes que tenía de estrecharla-Intentas protegerme de Naraku, pero soy yo la que está decidiendo acompañarte-Enfatizó las palabras señalándose hacia ella misma-No se te ocurra dejarme atrás.
-Kagome…-Él estiró rápidamente su mano agarrando su brazo para atraerla sin poder resistirlo más, cómo podía ella ser de esa forma, entregarse a lo desconocido sin temor para estar a su lado.
Esto era el ¿amor? Desear cuida a alguien y protegerlo, mantenerse al lado acompañando y comprendiendo sin juzgar, intentarlo arreglar cuando todo se vuelve difícil. El amor era una burbuja de paz que lo envolvía cuando se estaba en la presencia de esa persona querida.
InuYasha la encerró en sus brazos apretándola fuertemente contra su pecho, como si todo encajara y su decisión tomara aún más sentido.
Las zapatillas de Kagome se mojaron pero no le importó, correspondió a ese abrazo fervientemente deseando no salir nunca de allí, quería acompañarlo y permanecer a su lado, aun con todo en contra, ella lo ayudaría. Confiaba en que podría convencerlo de esperar a Miroku para enfrentar a Naraku, solo un poco más y podrían lograrlo. Kagome estaba en ese pensamiento cuando escuchó que pronunció algo que al comienzo no tuvo sentido para ella.
-Lo siento…
Un golpe sonoro que desconocía de dónde provenía lo inundó todo, mientras se desvanecía entendió que InuYasha había golpeado la parte posterior de su cuello para que se desmayara, ella nada pudo hacer, la oscuridad la envolvió perdiendo la consciencia.
La alzó en brazos sintiendo como su propio cuerpo temblaba ante lo doloroso que estaba siendo para él separarse de ella, camino hacia la cueva en la que Kagome le mostró su amabilidad por primera vez, cuidándolo. Una vez allí la depositó con suma suavidad en el suelo, con el pensamiento que ahí podría estar segura hasta que despertara. La contempló con tristeza, acarició su flequillo, descendió para depositar un beso allí nuevamente.
Esta vez sí era el adiós definitivo.
Se levantó percibiendo su cuerpo pesado, sabía que realmente no se quería ir pero no podía continuar postergándolo. Se volteó caminando de manera rígida de regreso, una vez fuera de la cueva corrió hacia el comienzo de las olas, se sumergió en el agua helada intentando bloquear los pensamientos sobre Kagome y su amor por ella, las lágrimas se confundieron con el mar.
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-No quiero ir al colegio-Reclamó cruzándose de brazos oponiéndose rotundamente a la idea.
-Muchas veces tenemos que hacer cosas que realmente no queremos por responsabilidad, Kagome-Le respondió su padre colocando un cintillo sobre su cabeza que combinaba con el uniforme escolar.
-¿Responsabilidad? Suena a una fea palabra…
-O una muy bonita, dependiendo de lo que sea… por ejemplo, yo soy muy feliz siendo responsable de cuidarte, a la vez, por responsabilidad debo ir a trabajar todos los días, no es que lo disfrute tanto, pero así te puedo dar lo mejor a ti, Souta y tu mamá-Sonrió acariciando su pequeña cabeza-Lo entiendes…
Ella asintió con pesar, suspirando.
-Te propongo un acuerdo.
-¿Un acuerdo, cuál?-Kagome curiosa agrandó sus ojos expectante a las palabras de su padre.
-A mi regreso veamos una película juntos, esa de gatitos que querías tanto ver-Fue sorprendido por el abrazo impulsivo y entusiasmado de su pequeña hija.
-¡Siii!
Kagome sintió un ruido fuerte a lo lejos que la despertó, abrió los ojos lentamente desorientada, se encontró con el techo húmedo de piedra, se enderezó intentando entender que había ocurrido, su mente se comenzó a aclarar a medida que se acomodaba y contemplaba su entorno. El recuerdo de InuYasha abrazándola y luego golpeándola para que se desmayara apareció comprimiendo su corazón.
-Mierda…-Sentía muchos deseos de llorar y también rabia.
Ella sobó su cabeza rememorando el sueño que acababa de tener, percatándose que más que sueño había sido un momento que tenía olvidado con su padre. Ciertamente casi no tenía memorias de él, había muerto cuando era pequeña, solo tenía ciertas imágenes en su cabeza, poder haber recordado una conversación era todo un acontecimiento, pero había tanto danzando en su mente en ese momento que no entendía cómo debía sentirse al respecto. Se levantó aún algo adormilada dirigiéndose fuera para conocer que era ese ruido intenso.
Responsabilidad, una palabra asociada a la ética y moral de las personas, bailó en ese pensamiento por un momento intentando descifrar porque justo ahora ese recuerdo venía a ella.
Los ojos de color sol de InuYasha aparecieron en su mente.
-Responsabilidad de cuidarme… de protegerme, eso es… ¿Cierto papá?-Kagome suspiró como cuando era pequeña intentando contener las lágrimas que querían emerger-Lo entiendo, sé que tiene miedo de que muera y por eso se fue… pero duele mucho… tú te fuiste cuando era pequeña, mi familia murió por mi culpa y ahora él se ha ido para protegerme… todo lo que amo desaparece ante mí…-Kagome perdió interés en lo que había fuera, estaba demasiado sumida en la batalla de emociones que había en su interior en ese momento.
-¿Kagome?-Ella alzó la cabeza ante esa voz tan conocida y que no escuchaba hace mucho, ni siquiera tuvo tiempo de procesarlo, solo corrió a sus brazos dejando salir todo el caos que había en su cabeza por medio del llanto-Oh, Kagome…
-¡Sango, te extrañe tanto, Sango!-Chilló entre palabras inentendibles aferrándose a los brazos de su amiga. Sango no respondió, solo la abrazó más fuerte llorando con ella, saber que estaba a salvo era un alivio, había esperado lo peor al no hallarla en la cabaña, por suerte el rastreador de teléfono y reloj inteligente habían funcionado.
Continuará…
Gracias por sus lindos reviews respecto a la historia, me ha animado mucho leerlos en este tiempo en que he estado procesando el duelo de mi querido gatito, Kuroro.
Fecha en la que terminé de escribir el capítulo: 18-02-2023.
Pd: Un breve recordatorio, yo solo escribo en fanfiction, si llegas a ver alguna de mis historias en otras plataformas te agradecería me avisara para tomar las medidas correspondientes.
