Aclaración: Los personajes no me pertenecen, son de la genialidad y creatividad de Rumiko Takahashi. La historia es mía y uso los personajes para saciar mi mente de escritora frustrada.
"Nunca de nuevo la esperanza en un ir y venir de nombres, de figuras"
El secreto de la isla
Capítulo 19: Bienvenida
Su cabeza fue acariciada dulcemente por su madre, tan gentil y tiernamente, sintió como su corazón golpeaba fuertemente contra su pecho de una emoción que desbordaba el cuerpo físico. Era una alegría indescriptible, hace tanto que no se sentía así.
—Madre—la abrazó sintiendo el cálido aroma que tantos años había extrañado, como una pócima mágica que lo hacía olvidar de todo lo horrible que podría haber vivido, esa calma que por tantos años buscó, esa sensación de ser protegido en los momentos más difíciles, la dulce niñez que desapareció abruptamente en manos de un demonio.
—Creciste mucho, InuYasha—le respondió la mujer, quien cerró los ojos apoyando la mejilla contra el pecho de él—Creciste tanto y yo no pude estar ahí para ti, lo siento mucho, hijo—exclamó acongojada abrazándolo más fuerte—Lo siento tanto... —murmuró dejando ir lágrimas por su pálida cara.
—No me pidas disculpas madre, quizás aún no lo comprendo del todo, pero entiendo que no tuviste muchas opciones, aquí el único responsable fue él—con sus dedos retiró algunas lágrimas mirando sus ojos caobas y el flequillo castaño despeinado sobre las cejas, la expresión de su madre seguía siendo tal como había podido recordar y atesorar, un rostro suave y dulce.
—Todo va salir bien, InuYasha, solo debes confiar—le dijo de pronto separándose un poco de él—no estás solo… ¿Lo sabes? y no lo digo solo por mi…pero desde este plano no puedo hacer mucho más que estar acompañándote, pero allá, ya no estás solo…
InuYasha asintió lentamente conmovido por las palabras dulces de su madre, para él seguía siendo difícil aceptar que realmente ya no estaba solo, que había encontrado una persona que lo había aceptado tal cual era y querido ayudar. El encierro y los diversos sometimientos de Naraku habían generado una profunda desesperanza en su corazón, pero muy en el fondo, siempre había deseado poder salir de allí y conocer a alguien que pudiera mostrarle que el mundo no estaba tan podrido como pensaba, claramente el mundo no era maravilloso pero habían personas como Kagome que lo volvían mejor.
—Sé que no estoy solo madre, pero no quiero que le haga daño a ella ni a sus amigos, no es justo que por mi culpa sean arrastrados a las telarañas de ese asqueroso… no me perdonaría nunca si la toca…—InuYasha sintió los brazos de su madre rodearlo estrechándolo más fuerte.
—Te has convertido en todo un hombre, estoy tan orgullosa de ti—exclamó alzando su mano y acariciándole una oreja como cuando era niño, InuYasha sintió un cosquilleo agradable en el pecho rebosante de cariño, tanto tiempo anhelando ese afecto.
—Debo regresar…—anunció con cierto pesar, la idea de permanecer en ese lugar junto a su madre era tentador, sin embargo, sabía que no podía hacerlo.
No hubo despedidas, cuando abrió los ojos aquel sueño perdió un poco de forma mientras intentaba entender dónde estaba, sentía pequeñas olas acariciando sus pies en un débil toque, mitad de su rostro en arena húmeda, se incorporó lentamente quedando arrodillado, observó a su alrededor reconociendo el lugar inmediatamente.
Había llegado a la isla, desde donde se encontraba podía apreciar parte de aquel acantilado por el cual se había lanzado, el cielo se estaba tiñendo de colores naranjas, no sabía cuántas horas llevaba inconsciente pero el atardecer ya estaba allí.
Se enfocó en recordar el sueño que había tenido con su madre, solo le quedaba la sensación dulce del encuentro, se esforzó pero no logró recordar más allá, por lo que dejó ir la idea y se levantó. Después de todo, estaba ahí y no podía bajar la guardia.
Agudizó sus sentidos olfateando el entorno, todo olía a Naraku y vegetación, también a pólvora, no escuchaba ningún corazón latiendo cerca por lo que al menos ahí se encontraba solo. Bajó los hombros relajándolos levemente. Había llegado allí sin un plan claro, solo ir, encontrar a Naraku, aniquilarlo y dejar salir a los demás, el resto, le daba igual, si bien eran cómplices, tampoco sentía que podía culparlos tanto, si al final también estaban sometidos por Naraku.
Iba a dar el primer paso cuando en su mente apareció la imagen de Kagome y su sonrisa que lo tranquilizaba, como aferrándose a aquello que le quedaba para darse valor.
—No importa si no nos vemos, mientras sigas viva—Se dijo para sí mismo dándose consuelo ante la profunda soledad que lo embargo—No creo que te pueda ver otra vez, probablemente hoy yo también… muera…
InuYasha tenía claro desde que avanzó en el mar que llegar a la isla sería entregar su vida, tenía claro que cueste lo que cueste lograría su objetivo, no obstante, sabía que el precio probablemente sería también su existencia.
—De todos modos estoy preparado…o quizás no—tragó lentamente—Quizás una parte de mi quisiera regresar y estar contigo…—InuYasha estaba yendo en un hilo ambivalente de pensamientos sosteniendo ese monologo consigo mismo, intentando dejar atrás lo que había aprendido a amar y lo había hecho feliz por un breve tiempo para enfrentar su historia.
Su cuerpo se puso en alerta antes que su mente, escuchó pasos apresurados acercándose hacia donde estaba y un olor familiar lo envolvió, por un segundo se sintió contento pero luego la razón le advirtió que podía estar controlada.
Entre los arbustos a unos metros emergió la figura conocida de Shiori, sus profundos ojos violetas se encontraron con los de él, era una mirada vacía, por lo que su instinto le advirtió que esa era Shiori siendo manipulada, de pronto una sonrisa apareció en el rostro femenino corriendo cerca de él.
InuYasha se puso en posición defensiva, Shiori se detuvo a pasos de él.
— ¡No estaba equivocada, regresaste! —exclamó con un tono emocionado que de algún modo no llegó a simpatizar con él.
Mierda.
—Estas siendo manipulada, lo sé—respondió con tristeza y rabia, no por ella, sino por Naraku, nada había cambiado, tampoco era que esperara algún cambio y de hecho agradecía que Shiori siguiera viva.
—Nop, no he tomado la medicina—aseguró acercándose un paso más.
—Sé qué no puedes controlarlo, está bien, Shiori, no es tu culpa.
—Sígueme—la joven renunció a intentar convencerlo y se giró sobre sí misma para avanzar hacia el bosque—Te está esperando, felizmente.
—Quiere vernos pelear a muerte…—comprendió InuYasha sintiendo ganas de vomitar. Había estado viviendo una ilusión fuera de la isla, pero esta era la realidad, SU realidad y la de Kouga y Shiori. Este era el mundo cruel en el que habían crecido y nadie había podido protegerlos. Su prima seguía siendo manipulada y probablemente Kouga también.
—Cuando me dé la señal así será—respondió muy bajito la joven—Desde que te fuiste se volvió más retorcido…ahora es una inyección—ella siguió caminando sin parar ni una sola vez, tenía órdenes claras, no podía desobedecerlas ni intentar frustrarlas, pero al menos podía aún hablar, sin embargo, temía que pronto toda su razón se perdiera.
—Discúlpame Shiori, debió ensañarse contigo y Kouga por mi culpa.
—Si al menos lo que tuvimos que soportar valió la pena, entonces no habrá importado.
InuYasha guardó silencio, probablemente Kagome llegara igualmente allí con la ayuda pero no sabía si estaría ahí para verlo, prefirió guardar silencio porque desconocía si Shiori tenía colocado algún aparato para que Naraku escuchara lo que hablaban.
Mientras avanzaban por el bosque sentía como si los árboles se estuvieran cayendo encima de él y lo fueran a ahogar, le costaba respirar, su corazón estaba palpitando de manera efusiva, se escuchaba cada latido muy fuerte en sus orejas, intentó calmarse colocando una mano sobre el collar que en aquel festival le regaló Kagome, acariciando las perlas oscuras como si de algún modo lo cobijaran, trató de recordar el aroma de Kagome, su rostro y sus ojos caobas. Su cuerpo no perdió la tensión pero logró bajar un poco el ritmo de su corazón desbocado.
Estaba sumido en sus pensamientos que casi chocó con la espalda de Shiori, quien se había detenido abruptamente. Alzó la cabeza para mirar, a unos diez metros se encontraba Kouga, a su lado, Naraku, tras él, cinco hombres más con armas.
Apretó los puños enterrándose sus garras en las palmas, sintió que la piel se rompió ligeramente, observó a Naraku caminar tres pasos y comenzar a aplaudir.
—Ha vuelto mi favorito—aplaudió más fuerte girando sobre si para obligar a que los demás también aplaudieran, Shiori comenzó a hacerlo con una sonrisa que parecía una mueca—Te estaba esperando, tanto, tanto…
—Ya déjate de este teatro, Naraku y acabemos con esto—usando toda su valentía logró por primera vez responder de esa forma. Tras años de subyugación, finalmente podía mirarlo de frente y desafiarlo, una sensación liberadora lo llenó empujándolo a seguir firme en su decisión—Esto se acaba hoy.
Naraku comenzó a reír despacio y luego a carcajadas que sonaban a burla, lo señalaba y continuaba riéndose, todos los demás también comenzaron a reír, alaridos agudos sin verdadera alegría.
—Solo porque te permití pasear un tiempo fuera ¿te crees muy importante ahora? —Naraku se acercó otros tres pasos más—Siempre supe dónde estabas, si lo hubiera deseado te habría matado junto a esa mujer…—InuYasha no pudo contener el rostro de sorpresa cuando lo escuchó referirse a Kagome—Oh, parece que de verdad pensabas que no lo sabía—sonrió victorioso avanzando otros pasos más—Se ser paciente y no levantar sospecha, creíste que habías escapado pero jamás lo hiciste, si estuviste viviendo tu cuento de hadas allá fue solo porque YO, EL GRAN NARAKU TE LO PERMITÍ, así como también te mandé la advertencia de lo que ocurriría si no volvías, por eso maté a ese viejo. Si estás aquí hoy es porque YO decidí que era momento que regresaras y sabía que lo harías, te conozco perfectamente.
InuYasha sintió asco del sujeto frente a él y asco de sí mismo, era como si toda su ilusión de haber tenido un poco de libertad se hubiera esfumado, entonces también otro pensamiento a modo de consuelo apareció. Naraku era un manipulador y de alguna forma intentaba dar vuelta todo para que él se viera como un dios, quien permite y que no, como si todo lo tuviera bajo su control. Era una fachada, eso lo hizo ordenar sus ideas.
Manipulador y mentiroso.
—Naraku, ya no estoy empastillado, no me vas a dirigir a tu antojo nunca más.
—Ya lo hice.
— ¡NO! Es por eso que estas tan desesperado, sabes que hoy se acaba tu asqueroso mundo, vete a la mierda, hoy si o si acá desaparece todo—InuYasha se colocó en posición de pelea, nada se resolvería conversando, nada cambiaría de esa forma, tristemente.
—Te equivocas—extrañamente esas palabras no tenían ningún efecto de convencer, parecían vacías—Shiori, mátalo—ordenó con una sonrisa retorcida aplaudiendo, todos los demás aplaudieron.
—En mi nuca—dijo Shiori lo suficientemente alto solo para que InuYasha la escuchara, él no entendió que significaba porque en ese momento ella se giró inmediatamente para intentar golpearlo, InuYasha logró esquivarla saltando y apartándose unos metros. No tuvo tiempo para descansar porque Shiori corrió rápido para tratar de cortarle el brazo con sus garras, la volvió a esquivar, no habría forma de que le hiciera daño a ella, no iba a caer en los juegos retorcidos de Naraku, pero tampoco podía estarla evitando por siempre.
—Vamos maldita puta, mátalo—Gritó eufórico Naraku desde su lugar seguro.
InuYasha sintió su estómago apretarse de rabia, tanto trato indigno que habían tenido que soportar, humillaciones y vejaciones, él riéndose frente a ellos todas esas veces y ahora nuevamente disfrutando de su mundo cruel. Sus pensamientos se interrumpieron cuando un sonido de piel desgarrada y el ardor de su brazo le advirtió que por distraerse Shiori lo había logrado alcanzar. La herida no era grave para dejarle inhabilitada su extremidad, debía hacer algo pronto.
Las palabras de Shiori se repitieron en su mente "en mi nuca"
Shiori dio un salto y esta vez atacó de frente, InuYasha logró agarrarla de las muñecas para frenar su golpe.
—En mi nuca—volvió a repetirle con lágrimas en los ojos pero sin dejar de moverse para poder zafarse y matarlo como lo había pedido Naraku. InuYasha la empujó con fuerza lanzándola varios metros lejos de él.
Se subió a la copa de un árbol para tener un momento en el que pudiera analizar lo que quería decir Shiori, serían solo unos segundos, sin embargo, eso fue obstruido porque disparos lo obligaron a salir de entre las hojas de los árboles.
—No seas cobarde querido InuYasha, no te dejaremos desaparecer de nuestra vista—Naraku había ordenado a los hombres tras él que dispararan.
Shiori lo golpeó en el rostro y desgarró parte de su mejilla con sus garras, se abalanzó sobre él para estrangularlo pero InuYasha le dio una patada en el estómago nuevamente alejándola.
—Lo siento—murmuró, respirando agitado.
La vio comenzar a levantarse lentamente, de fondo los gritos e insultos de Naraku continuaban resonando.
Necesitaba pensar rápido, que era lo que Shiori quería transmitirle, se había terminado de parar y venía a atacarlo con lágrimas corriendo por sus mejillas. No podía soportar seguir en ese circo de Naraku.
— ¡Maldita sea!
Fue un chispazo rápido, una idea que conectó, recordó que le mencionó una inyección, quizás la inyección había sido… ¿en su nuca?
InuYasha esquivó las garras de Shiori y saltó de tal forma que se colocó tras ella inmovilizándola de brazos, olfateó su nuca y logró captar algo diferente, un punto distinto que olía a metal, era minúsculo pero estaba ahí. Shiori intentó atacarlo con una patada hacia atrás pero él logró también inmovilizarla con sus propias piernas cayendo de espalda con ella.
—Esto dolerá un poco Shiori, pero lo entendí—abrió su boca y con su colmillo desgarró el punto donde el olor era diferente, un leve sabor ácido llenó su boca, como si algo pequeño acabara de reventarse, el forcejeo de Shiori se detuvo.
—Gracias—susurró cayendo inconsciente.
Atónito Naraku observó como Shiori dejaba de pelear y se desmayaba, InuYasha la ubicó tras de sí, con el dorso de la mano se limpió la boca, dejando aparecer una sonrisa victoriosa.
—Descubrí tu truco.
—Eso es lo que te hago creer—refutó Naraku intentando aparentar calma— ¡Kouga, mátalo ya!
InuYasha sabía perfectamente que derrotar a Kouga y lograr desactivar lo que sea que fuera que tenía en su nunca no iba a ser tan simple, a Shiori siempre le ganó en combate de manera más fácil, pero con Kouga era complejo hasta el final. Kouga era ágil, rápido y sus ataques certeros.
Kouga corrió tan rápido que casi se volvío invisible por la velocidad que tenía, InuYasha no pudo esquivar su combo que lo tiró lejos al duro suelo, no alcanzó a levantarse, Kouga ya estaba encima golpeándole el estómago con patadas. Con un poco de suerte corrió su cara antes de que impactara un golpe en su cabeza, utilizó sus piernas para empujarlo similar a como lo había hecho con Shiori, solo que Kouga no se cayó, logró estabilizarse para volver a atacar.
—Mierda, no tengo opción, ¡garras de acero! —gigantes medias lunas amarillas se dirigieron hacia Kouga, quien como si no le importara las atravesó mientras cortaban parte de su carne. InuYasha se subió sobre la copa de un árbol, trasladándose de uno en otro mientras esquivaba las balas que lo querían obligar a bajar.
— ¡Vamos InuYasha, no seas cobarde, sabes que eres más fuerte que Kouga, deja de contenerte! —alentó Naraku disparando también hacia los árboles.
Una bala le arañó el cuello peligrosamente, InuYasha sabía que las balas no lo aniquilarían inmediatamente, pero Naraku había desarrollado diferentes tipos que explotaban al contacto y no quería arriesgarse a probar cual sería la que le llegaría. Saltó al otro árbol rápidamente intentando idear un plan, el árbol en el que estaba comenzó a flotar, era Kouga que había agarrado el tronco con toda su fuerza desprendiéndolo de la tierra. Saltó dando unos giros hacia la tierra y luego otro salto para evitar el árbol en el que había estado, Kouga se lo había lanzado.
—Mierda…—su respiración estaba agitada, comenzaba a sentir un ligero cansancio, hace mucho que no había estado sometido a peleas obligadas y eso le estaba cobrando cuenta ahora.
Kouga nuevamente se abalanzó sobre él y le dio un rodillazo en el estómago, InuYasha se arrodilló en el suelo imposibilitado de evitar el puño en su cara, cayó de espaldas con las piernas dobladas. Por un momento creyó que estaba perdiendo el conocimiento, solo sentía diferentes golpes en su cuerpo y de pronto un sonido como un estruendo y el viento a toda velocidad recorriendo el lugar.
Kouga se había detenido de atacarlo y miraba hacia el cielo, InuYasha abrió los ojos medio desorientado y aún más confuso cuando sobre él vio una nave gigante volando.
Continuará…
Buen día, buena tarde o noche, espero que estén muy bien.
Al fin he podido terminar de escribir este capítulo, debo decir que fue complejo realizarlo, quería plasmar lo que estaba imaginando en mi cabeza de la mejor forma, no estoy convencida si lo logré, pero bueno, lo intenté.
Gracias por sus reviews, me encanta mucho leer sus apreciaciones sobre la historia.
Fecha en la que terminé de escribir el capítulo: 26-06-2023.
Pd: Un breve recordatorio, yo solo escribo en fanfiction, si llegas a ver alguna de mis historias en otras plataformas te agradecería me avisara para tomar las medidas correspondientes.
