—Diálogos

—"Pensamientos"

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Entre luces y sombras

El salón estaba adornado de una manera elegante con mesas llenas de comida extravagante y una amplia variedad de vinos, además de una orquesta para darle ambiente, nadie podría cuestionar la organización del consejo de Genosha.

Las personas más influyentes empezaban a llegar, todos lucían sus mejores atuendos mientras mostraban amplias sonrisas. Gambito había hecho su propia entrada y había cumplido con su tarea, se limitó a dar una vuelta por el salón saludando cortésmente a cada invitado como le habían ordenado.

Remy tenía que cumplir su tarea como miembro de los X-men, y aunque odiara tener que asistir a esta reunión, se estaba esforzando. Pudo ver diferentes rostros con los cuales podría socializar, Kurt, Arcángel, Dazzler, Cecilia… podría haber seguido mencionando más nombres, pero realmente no quería hablar con nadie, así que se había limitado a quedarse cerca del bar.

—"Fue estúpido Remy. Pensar que después de todo lo que has hecho trates de convencerte de que mereces ser feliz… Acéptalo eso nunca va a pasar, no para ti, no para Rogue." —su mente no lo dejaba de torturar, repitiéndole las razones por las cuales no era digno de ningún tipo de amor.

Se quedó recargado contra la barra del bar, bebiendo su tercer o cuarto vaso de whisky. No estaba seguro de cuál era, pero sabía que no se detendría, quería embriagarse hasta olvidar el dolor de su corazón.

En su mente solo se repetía la misma frase una y otra vez — "No puedo tocarte, Remy" — como si todo su amor se redujera a algo tan simple. Él la amaba tal y como era, quizás intocable, pero con un corazón de oro, con un sentido de humor descarado. Amaba a la mujer, no al cuerpo, pero eso no importaba, ya nada importaba en realidad.

—Parece que ahora estás a millones de kilómetros de distancia Remy.

— Bonsoir Chérie, ¿Cuánto tiempo sin verte? —saludo a Madelyne con una sonrisa de medio lado, quiso aparentar enfrente de ella como siempre lo hacía, pero por la mueca en los labios de ella, no había funcionado.

— Discutiste con Rogue —uso un tono bajo brindándole una leve sonrisa de simpatía, se acercó a su lado acariciando su brazo queriendo brindarle algo de consuelo con esa acción — Tú la amas y ella te ama cualquiera puede ver eso.

—Eso ya no importa, ella ya tomo su decisión.

—Ustedes se pertenecen, todo se arreglará, no la vas a perder.

—¿Puedo perder algo que nunca fue mío?

—Gambito…

Antes de que pudiera responder, el salón soltó una ovación y luego quedó en silencio, todas las miradas se dirigían a su nueva reina, la cual comenzó a descender por las escaleras. Rogue lucía un hermoso vestido de color rojo, con los brazos descubiertos, su cabello estaba arreglado en un moño dejando solo su flequillo para adornar su rostro, era simplemente perfecta ante los ojos de Gambito.

Se quedo congelado, observando cada movimiento que ella hacía, por un instante pensó en ir a su lado, pero Magneto ya estaba delante de ella compartiendo una amplia sonrisa, seguramente pensando en lo hermosa que se veía su reina, sintiéndose el hombre más afortunado de ese salón

De muchas formas este debería ser el día más feliz para ella. Por Primera vez desde que se conocieron, pudo verla siendo capaz de expresar su amor por alguien, era libre. Observo como Magneto y Rogue se balanceaban de un lado al otro, sin sus poderes ella fue capaz de tocarlo sin temor de absorber sus poderes, su mente y sus recuerdos.

Remy miro aquella escena y no importo cuánto deseara ser feliz por ella, no podía evitar sentirse destrozado, se levantó de su lugar y sin despedirse de Madelyne salió del salón, solo quería alejarse de todos, de cada persona que lo conocía. Su trayecto hacia la salida pareció ser más un paseo de la vergüenza. Podía ver diferentes rostros; algunos lo miraban con lastima, otros con burla y otros más con compasión.

Idiotas… —no le importo maldecirlos en ese momento. Todos sabían de sus sentimientos por la sureña, todos sabían de su amor incondicional y ahora todos lo conocerían como el chico que abandonaron.

Llego hasta una de las terrazas, estaba agitado, sus latidos eran acelerados mientras que sus ojos ardían por las lágrimas acumuladas, pero se negaba a llorar, no derramaría otra lagrima por ella. Se mantuvo enfocado en las luces de la ciudad.

Podía escuchar la música de fondo, las risas, los gritos de felicidad, era un día que todos recordarían, el nacimiento de algo importante, de algo histórico, pero para Gambito solo parecía ser su funeral, como si todo el mundo estuviera celebrando por su dolor.

—Al final los patanes como yo no recibimos la recompensa final ¿Verdad?

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Hola.
Espero les gustara esta pequeña historia.
No se ustedes pero yo sigo sin superar la muerte de Gambito en la serie.