¡Hola corazones! Prometí que regresaría para la Stolitz Week 2024 y aquí estoy cumpliendo lo dicho. Si bien el desafío comenzó oficialmente ayer, no pude publicar hasta ahora porque los domingos me dejan muerta y además esta mañana desperté enferma. ¡Sí! La vida me odia, pero como soy insistente igual le doy.

Para aquellos que desconocen el desafío del que hablo, se trata de un reto de 7 días de fanfic/fanart dedicado al shippeo Stolitz, con temáticas que se pueden elegir entre dos opciones por día. Así que, aprovechemos esta semana para olvidar nuestro futuro sufrimiento, porque la terapia es cara y esto es mejor que nada XD

Así que les deseo buena suerte en este nuevo compilado... y ¡a leer!

Día 01: First Time/Morning After


01- Morning After

Cuando Blitz se despertó con un largo bostezo perezoso, restregándose levemente en la mullida superficie donde reposaba su cuerpo, cayó en cuenta que no se encontraba en el desgastado sofá de su viejo departamento en ruinas.

Lejos del pánico, solo le tomó unos minutos recordar lo que había sucedido la noche anterior.

¡Oh, mierda!

Había decidido ejercer su plan estratégico de escabullirse en la recámara del príncipe de Ars Goetia y robarle el poderoso Grimorio que hace más de dos décadas le enseñó cuando eran niños, con la intención de utilizarlo para su negocio de asesinatos en favor de los pecadores. Un plan demasiado estúpido porque en menos de treinta minutos los putos guardias del palacio lo habían atrapado y llevado a la fuerza ante la presencia de aquel príncipe con el que había jugado en su poco saludable infancia.

¡Y vaya que Stolas estaba cambiado!

A diferencia de aquel niño retraído y enano que había conocido en su undécimo cumpleaños, Blitz se encontró de frente con un demonio excesivamente alto y refinado, exhibiendo elegancia y porte en su vestir, en su hablar y en su gesticulación. Y no iba a negarlo; era ridículamente ardiente a pesar de haberlo visto por un segundo atascándose de absenta directamente de la botella, en contraste con su firme actitud aparente.

Para su tremenda suerte, Stolas había exigido que lo dejaran encargarse de la situación y lo llevó consigo hasta su habitación, donde para su mayor asombro, solo escupió una muy mala broma de que Blitz se había escabullido en su cuarto para aprovecharse de él. Algo que por poco le rompe las neuronas al diablillo de profesión de asesino.

Lo que seguía a ello, había sucedido tan rápido que ahora apenas en aquel amanecer tomaba conciencia de lo que había hecho. Por un par de minutos hablaron de tiempos pasados y el cruel presente, entonces Blitz enfocó la atención en el Grimorio descubierto en el librero de Stolas y recurrió a la técnica más baja para conseguirlo; la trampa de la seducción.

Algo que parecía haber funcionado bien, pues Stolas terminó atado a su propia cama y con los ojos vendados. Y aunque el diablillo había planificado escapar y dejarlo con las ilusiones quebradas en mil pedazos, una sola frase lo condenó allí y para siempre.

"No sabes cuanto significa para mí que quien me desea es mi primer amigo".

No entendía que le había pasado a su cerebro. Simplemente había cedido con la facilidad de una marioneta a las palabras rotas del príncipe al borde del llanto y el éxtasis y había decidido hacer algo simple por él si tanto lo suplicaba: sería un rapidito y ya.

Y siquiera esa última parte fue capaz de cumplir; al final se quedó toda la noche sumergiendo a Stolas en una pasión desbordada de gemidos, gritos y orgasmos. Y no iba a negarlo; a pesar de la inexperiencia del contrario, Blitz sentía que acababa de tener el mejor polvo de su vida. Lo que le resultaba irónico en todos los sentidos ante lo inexperto que era el heredero de Ars Goetia.

No llevó la cuenta de veces en que tuvieron relaciones esa noche y mucho menos de cuantas veces lo hizo gritar su nombre y viceversa, solo pudo memorizar en detalle cuando ambos acabaron exhaustos y al final se habían sumergido bajo las sábanas para ceder pronto al sueño. Y aunque Blitz intentó dormir en un lado apartado de la cama, Stolas se deslizó hacia él como una serpiente traviesa y lo atrajo hacia sus brazos, reposando su mejilla contra el hombro del diablillo, musitando una tierna oración de "Buenas noches, mi caballero de brillante armadura" y finalmente caer rendido.

No podía creer lo que había hecho. Él no era de los que se quedaban más de una noche desde que había renunciado al romance de pareja luego de un largo recuento de cuerpos y corazones destrozados por su propia idea de herir antes que ser herido. Y sin embargo, aquí estaba; en la cama de Stolas, envuelto en la suave tela de sus sábanas, sintiendo en su cuerpo las consecuencias de su noche de pasión en forma de rasguños, mordidas y plumas adheridas a su piel. Y como broche de oro, los brazos del príncipe todavía lo mantenían en un abrazo posesivo contra su suave cuerpo; la cabeza reposaba dócil y en calma contra la base de sus cuernos.

Ya no podía quitarse de encima la sensación de que la había cagado al quedarse toda la noche.

Resoplando en voz baja, intentó zafarse del fuerte abrazo contrario mientras con la mirada escaneaba la habitación para intentar recordar en dónde había dejado el Grimorio.

Poco tardó en hallarlo; a unos escasos metros de la cama, recostado en el suelo como si no se tratara de una infinita fuente de poder Goetia.

¡Bingo!

Ahora solo debía salir de la cama y huir antes de que…

- Buenos días mi pequeño y sexy imp

¡Carajo! Parece que tendría que cambiar de estrategia ahora que Stolas había despertado. No pudo evitar un leve escalofrío recorrer su columna cuando sintió el pico del príncipe búho mordisqueando su hombro.

- Apenas estoy despertando, perra – se quejó buscando apartarlo – No muerdas antes de que me levante.

Stolas solo pudo soltar una leve risa acompasada con un suave ulular mientras besaba la mejilla del diablillo.

- Creí que ya no estarías cuando despertara – musitó en voz baja.

- Se supone que sería un rapidito – se mofó Blitz rodando los ojos – Considérate afortunado que todavía esté aquí.

- Que forma tan fría para describir algo tan ardiente – respondió Stolas acunando la mejilla del asesino, buscando su mirada y tal vez tentado a robarle un beso.

- Ajá, como digas – respondió el contrario apartando la cara y logrando finalmente soltarse de aquel abrazo posesivo – Oye, algunos acá debemos trabajar así que ni se te ocurra retenerme.

Dicho esto se apresuró a bajarse de la cama y empezar a calcular la forma de poder escabullirse con el libro sin que el otro lo notara. Apenas había logrado vestirse la ropa interior cuando sintió nuevamente la mirada penetrante del príncipe a sus espaldas.

- ¿Qué quieres? – escupió con impaciencia.

- Sé que estás intentando robar mi Grimorio.

El tono firme en que mencionó aquella acusación fue suficiente para que Blitz pudiera sentir el pánico apoderarse de todo su cuerpo y congelarlo en su lugar sin ninguna posibilidad de escape.

Estaba jodido.

- Stolas… y-yo – intentó excusarse aunque fuera una idea estúpida, pero nada se escapó de su boca.

- No sé para qué necesitarías mi libro, Blitzy – siguió hablando Stolas mientras se arrastraba hasta el borde de la cama, una de sus manos se estiró hasta sostener el rostro del diablillo, al cuál le sonrió de una forma descarada – Pero no podría decirle que no a una cara tan sexy.

- Espera ¿Qué mierda? – no pudo evitar escupir el contrario mientras su rostro se transformaba en la confusión absoluta. No entendía un carajo lo que estaba pasando.

- Si tanto necesitas mi Grimorio, solo podrías habérmelo pedido – regañó falsamente mientras con su dedo recorría el rostro del asesino – Pero ya que fuiste tan travieso… ¿Qué te parece un pequeño arreglo?

¡Ah! Claro. Allí estaba. Seguramente el muy bastardo se había quedado con hambre de su pene y ahora estaba buscando la forma de repetir lo que habían hecho esa noche.

Debió suponerlo. Al parecer Stolas tenía un fetiche torcido de querer cogerse a un imp y Blitz había sido el candidato perfecto.

- ¿Acaso quieres que te la clave hasta el fondo de nuevo? – inquirió con desgano Blitz. Siquiera tuvo la energía para fingir una voz seductora.

- Créeme, querido. Anoche me retorciste hasta que olvidé quien era – respondió el príncipe con una risilla dulce – Pero no es eso lo que quiero.

- ¿Entonces…?

- Solo quiero verte otra vez.

Espera. Una vez más… ¡¿Qué mierda?!

¿Eso era todo lo que ese bastardo adinerado quería? ¿Qué se volvieran a ver?

Por un diminuto segundo, el diablillo llegó a creer en esa farsa de que Stolas realmente quería congeniar con él. ¡Claro! Como si eso fuera posible. Seguramente el muy desgraciado había dicho aquello con la excusa perfecta de esconder sus intenciones perversas.

Pero Blitz no iba a caer en esa trampa tan obvia. No. Solo seguiría el juego; usaría su cuerpo todo lo que hiciera falta para asegurar el futuro de su empresa de asesinatos en surgimiento.

Sus muros estaban demasiado altos y forjados en odio propio como para ver la genuina honestidad en los ojos del miembro de la familia Goetia.

- Si solo me vas a pedir eso, entonces bien – aceptó de mala gana antes de apartarse y darle la espalda para seguir vistiéndose – Al menos es mejor a que me mates por esto.

- Podría y debería hacerlo, Blitz – respondió el príncipe con una expresión algo más seria que se suavizó en segundos – Pero no quiero. Solo… de verdad deseo saber que ha pasado todo este tiempo con mi primer y único amigo.

- Eres un rarito, Stolas.

- Me lo dicen muy seguido.

Blitz pudo haber ignorado fácilmente esa última respuesta expresada con cierto pesar y soledad en la voz del contrario. Pero su propio camino forjado a través de la condena de morir solo debido a su propio miedo de entregar su corazón tras innumerables desilusiones, lo llevó a sentir una pizca de empatía por el príncipe con quien había pasado la noche anterior. Había sonado tan miserable que hasta lo hizo detenerse en sus acciones de vestirse a medias y voltear a verlo por un efímero instante mientras sus ojos dibujaban una expresión de pesar.

La curiosidad no pudo evitar picarle con respecto a qué tan miserable era el matrimonio de Stolas. El mero hecho de que esa fiesta donde se escabulló tuviera por titulo "No divorciados", el haber escuchado, mientras era arrastrado por los guardias, a la esposa del príncipe graznar mil formas de denigrarlo sexualmente o el mero hecho de que haya aceptado sin peros la idea de cogérselo…

¡No! Sin sentimentalismos de por medio en relación con el búho Real. Eso solo lo jodería aún más.

Aunque tal vez… algún comentario menos repulsivo podría al menos quitar esa expresión depresiva de la cara de Stolas.

- Oye plumas – lo llamó mientras terminaba de vestirse mal y sostenía el libro contra su pecho, direccionando hacia el balcón – Anoche mientras tus putos guardias me arrastraban hacia ti, escuché a tu ¿esposa? decir un montón de mierda acerca de que eras malo en la cama.

- No es nuevo para mí – respondió Stolas bajando la mirada, incapaz de ver a Blitz alejarse.

- ¡¿Pues que putas le pasa?! – vociferó el diablillo con una expresión de burla, causando que el príncipe alzara la mirada y lo observara con desconcierto – ¡Esa perra quejica solo sabe hablar idioteces retardadas!

- Blitz… ¿Por qué dices eso?

- ¡Porque es la verdad! No sé de donde carajos sacó que eras terrible en la cama. Porque hace mucho tiempo que no tenía un buen polvo como el de anoche. En serio Stolas… ¿Dónde aprendiste a usar así las garras?

Stolas solo permaneció desconcertado unos segundos más antes de sonreír ampliamente y escondiendo su deseo de llorar de felicidad. No entendía por qué Blitz había dicho aquello, pero no pudo evitar sentir que era lo más fantástico que alguien le hubiese confesado, aplastando por un momento todos esos malos comentarios de su esposa Stella con respecto a su físico y forma de ser.

- No sabría responderte, querido – respondió con la voz delgada y algo quebrada – Pero… gracias por decir eso.

- No te pongas sentimental – contestó el contrario ya subido en la baranda del balcón con el libro a sus pies – Mejor dile a esa puta que la próxima vez agarre esas palabras y se las meta por el… ¡MIERDA!

Su respuesta se cortó cuando la gravedad y la falta de equilibrio le jugaron la peor pasada posible y lo hicieron caer hacia atrás desde el balcón, llevándose el libro consigo.

- ¡Ay no! ¡Blitzy! – exclamó Stolas aterrado al verlo desplomarse por accidente. De inmediato se levantó de su cama y cogiendo de paso su bata se la puso encima de forma desordenada sin poder evitar cojear levemente hasta llegar al balcón y ver hacia abajo.

Solo para encontrarse con el espectáculo más hilarante y peligroso de todos.

Blitz había salvado su trasero de una muerte inmediata… solo porque había aterrizado sobre la mesa de té donde Stella y sus amigos de burlas y chismes estaban desayunando, cayendo directamente sobre el pastel al centro de la mesa y salpicando el glaseado en las caras de todos.

Y el remate final vino con una frase que al oírla, Stolas solo pudo sentirse más deseado que nunca antes en su vida por aquel diablillo de mal carácter.

- Disculpa, me cogí a tu esposo.


¡JA! Tenía que cerrar con broche de oro y que mejor que la frase estelar de Blitz XD

¡Publicaré el siguiente capítulo cuando mi salud me deje respirar bien!