- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.



"El salvaje caballo bajo un cielo escarlata"

* * *

"De no estar tú

Demasiado enorme

Sería el bosque".



Capítulo VI

"Preludio"

El bullicio de la ciudad contrastaba con el silencio que reinaba en el interior de la pequeña y sucia habitación. El ocaso ya se había hecho presente y pronto caería la noche y con ella, su manto de misterio, pero también de seguridad.

El espacio reducido se encontraba pobremente amueblado; un raído futón al centro de la habitación con unas mantas limpias sobre él, una pequeña mesa baja en una de las esquinas y un recipiente alargado con un par de tallos verdes, además de un único crisantemo ya marchito haciendo las veces de florero ornamental, eran el único mobiliario del cuartucho de débiles y antiguas paredes sucias en donde una bella y cansada joven permanecía sentada sobre el futón, observando por la diminuta ventana de la habitación los distintos tonos rojizos del atardecer que se iban sucediendo en el cielo de Edo.

Sus ropas del color del cielo primaveral con finos bordados de flores blancas se encontraban sucias y algo deterioradas, pero si uno miraba con detenimiento, podía darse cuenta que la seda había sido de la mejor calidad; ropas dignas de una bella princesa, ropas dignas de un mujer acostumbrada al lujo de grandes palacios.

La joven de unos veinte años conservaba una mirada melancólica y un rostro apacible; sentada sobre sus rodillas, en sus manos tenía una pequeña bolsita confeccionada en seda de un llamativo color rojo oscuro.

Sus largos cabellos de un vistoso color castaño permanecían atados a mitad de su espalda con un único lazo blanco. La posición en la que la joven se encontraba dejaba en exposición sus delicados pies, protegidos por tabi que hacía algún tiempo habían estado impecables, pero que sin embargo ahora se encontraban ennegrecidos y gastados.

La joven suspiró y observó la bolsa que sostenía en sus blancas y cuidadas manos, sopesó el pequeño trozo de tela y volvió a suspirar.

-"Queda menos de la mitad de lo que traía –pensó casi con temor-. Nunca pensé que la felicidad costara tanto –observó el cuarto en donde se encontraba y una leve arruga apareció entre sus cejas-. Kasumi Tendo, hija de un importante dignatario de la Corte Imperial, acostumbrada a que la sirvan incluso en algo tan básico como vestirse y desvestirse… mírate ahora, durmiendo en esta pocilga, vestida con las mismas ropas desde hace días, comiendo escasamente, durmiendo a sobresaltos y casi sin fuerza para seguir adelante. No hubiera sido más fácil obedecer a las órdenes de padre, no hubiera sido más fácil aceptar el destino que se dispuso para mí. Si lo hubiera hecho seguramente a esta hora estaría en el gran castillo de Nerima, disfrutando de la seguridad y comodidad del recinto, esperando desposarme con un gran señor de la guerra o quizá desposada ya con él… pero condenada a vivir eternamente infeliz, al lado de un hombre al cual jamás podría llegar a querer porque mi corazón ya tiene un único dueño".

La joven sonrió al evocar la imagen de su enamorado, pero el recuerdo y el momento se vieron interrumpidos cuando se escucharon los relinchos y el trote apresurado de caballos.

Ella se puso inmediatamente de pie y por instinto, guardó la bolsa dentro de sus ropas, al tiempo que corría a ponerse al lado de la puerta, armada con un palo que más bien parecía un garrote.

-"De qué me serviría esta cosa –se dijo a sí misma mientras aguzaba el oído e intentaba tranquilizarse-. Seguramente ni siquiera le haga daño al primero que entre, no soy como Akane y no estoy preparada para enfrentar una situación así".

Las voces de algunos hombres se dejaron escuchar en la calle.

-¿Vieron algo o a alguien sospechoso?

-No señor, pasamos hace tres días por aquí y no encontramos a nadie.

-Entonces, sigan adelante. Volveremos al camino y recorreremos nuevamente el bosque antes de dejar Edo para seguir buscándolos.

-Sí señor –replicaron las voces masculinas al unísono.

El galope acelerado de los caballos se alejó del lugar y la joven pudo respirar con algo más de tranquilidad. Bajó el palo y lo dejó apoyado en la precaria pared.

-"Estoy casi segura de que aquella voz era de uno de los hombres que trajo Akane con nosotras –la joven observó hacia el techo del cuarto y cerró los ojos-. Akane, hermana, me pregunto cómo habrás resuelto la situación. Si no me equivoco y esos hombres venían con nosotras, es probable que ella misma los haya enviado a buscarme y que se encuentre sana y salva… a menos que el señor Saotome haya acabado con su vida y haya obligado a nuestros hombres a prestarle juramento para así poder utilizarles –se estremeció ante la idea-. Akane, hermana, en verdad espero que te encuentres bien, pero no podía hacerlo. No podía casarme con ese hombre desconocido estando tan profundamente enamorada de mi doctor… cuando ames lo entenderás, espero que me perdones algún día…"

Todos sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la puerta corredera del cuarto fue abierta de improviso y a gran velocidad. Ella tomó el palo que había dejado y cerrando los ojos, lo descargó ante el intruso que había ingresado a la habitación con la rapidez de un rayo, pero el golpe jamás llegó a destino, pues fue detenido en el aire por una mano y una voz masculina jadeante trató de tranquilizarla.

-Tranquila dama Kasumi, soy yo –dijo el joven aparentemente mayor que ella por tan solo un par de años-. Soy yo –repitió, sacándose un raído sombrero de paja, característico de los campesinos o viajeros, el cual arrojó al suelo.

Ella lo observó con curiosidad. Vestía un, a sus ojos, horrible kimono de un azul oscuro bastante desteñido y de mala calidad, en sus pies calzaba un par de waraji viejas y sucias, en una de sus manos llevaba un bulto mediano y atada a su espalda, una canasta para transportar equipaje y cosas por el estilo. Observó su rostro, el cabello castaño se le pegaba a la frente a causa del sudor. El joven exhaló un suspiro y encontró la mirada de su enamorada, le sonrió con cansancio y ella se arrojó a sus brazos.

-Pasaron por aquí, eran cuatro o quizá cinco, no estoy segura. Tuve tanto miedo de que nos encontraran, miedo de que te encontraran y te…

-No lo hicieron –la silenció él, rozando con delicadeza los labios de ella con sus dedos-. Yo también los vi cuando estaba a punto de llegar. Tuve que esconderme.

-Dijeron que seguirían buscándonos, los escuché.

-Lo sé, Hiroshi y sus hombres no se detendrán hasta encontrarnos.

-¿Hiroshi?, entonces tenía razón, son los hombres que trajo mi hermana.

-Al parecer, tu hermana tiene un plan.

-¿Un plan?

-Estuve presente durante una conversación en el mercado mientras buscaba algo que nos pudiera servir. La comitiva del señor Saotome estuvo aquí en Edo hace unos días, tuvieron que atravesar la ciudad para dirigirse a un Templo emplazado en las montañas en donde el señor Saotome realizó parte de su entrenamiento y del cual es su benefactor… dicen los aldeanos que se detuvieron aquí para que las mejores costureras confeccionaran los trajes ceremoniales para la futura señora Saotome. Ahora van al Templo… para contraer nupcias. Dama Kasumi, creo que tu hermana se desposará con el señor Saotome.

-¿A… Akane? –titubeó Kasumi, el joven asintió.

-Desconozco los motivos, también el fondo de la historia, pero al parecer, ella intenta suplantarte.

-¡Pero no puede! –se escandalizó la joven noble-. ¡No sin el consentimiento de padre! ¿Y el señor Saotome sabe de este cambio?

Él la observó tristemente, creyendo que ella se arrepentía de haber dejado toda esa vida de lujo y poder por seguirlo. De pronto le parecieron tan falsas las promesas y palabras de amor que ella le había prodigado.

-"Te seguiré hasta el confín del mundo de ser necesario, pero sálvame de mi cruel destino. Te amo y yo te elijo como mi único destino, el único que podría aceptar y el único que me puede hacer plenamente feliz".

El joven médico cerró los ojos y dejó la cesta en el piso.

-Dama Kasumi, todavía estamos a tiempo. Te llevaré a ese Templo, te presentarás ante el señor Saotome y es casi seguro que él te acepte como su legítima prometida, después de todo, la alianza a la que él aspira con tu padre fue pactada mediante la hija mayor de Soun Tendo, no por su hija menor.

-¿No quieres seguir arriesgándote por mí? –dijo ella con lágrimas en los ojos-. ¿Tan poco vale el amor que te ofrezco?

-Sabes que eso no es verdad, lo que me preocupa es que no puedas soportar todo esto por más tiempo –contestó, poniendo sus manos al frente como si quisiera enseñarle el cuarto en donde se encontraban-. Soy un médico y no podré ejercer mi oficio en mucho tiempo. No tengo nada para ofrecerte, en cambio el gran señor de Nerima es un hombre con poder y dinero, no pasarás frío, ni hambre y vivirás cómodamente y protegida en el castillo, además…

-Además estaré alejada para siempre del hombre a quien amo y viviré encerrada para ser exhibida de vez en cuando ante guerreros de alto rango como si fuera un trofeo, tendré que someterme a la voluntad del señor y vivir esclavizada de acuerdo a sus designios –la joven hizo un pausa y luego siguió hablando-. ¿Y sabes lo que sucederá contigo?, seguramente el gran señor de Nerima te matará y también a mi hermana por haberlo engañado, quizá hasta destruya a padre y a su gente y se quede con sus tierras, sólo conservándome a su lado para demostrarle al mundo entero que con un señor de la guerra no se juega, mucho menos se le engaña… yo no lo soportaría.

-Dama Kasumi…

-Si Akane tiene un plan, debe saber lo que hace y debe estar consiente de todas las ventajas y desventajas de llevarlo a cabo. Yo por mi parte, seguiré con mi propio plan y no volveré al lado de un hombre al cual estoy segura, jamás llegaré a amar. Tú puedes dejarme aquí e irte para enmendar tu vida, pero yo no volveré a Kyoto, tampoco iré a Nerima ni a ningún Templo en Edo, antes de eso prefiero morir.

La joven noble se giró para evitar derramar las lágrimas delante de su enamorado y permaneció en silencio. Él se acercó con cautela y posó una de sus manos sobre el hombro de ella.

-Perdona a este médico ignorante que te ama por sobre todas las cosas.

Ella sonrió levemente y se dio media vuelta para abrazarse a él.

-Te perdono –dijo sonriendo, pero luego de un momento, frunció el ceño-. Hueles muy mal Tofú.

Él soltó una carcajada y la observó con ternura.

-Es este traje –dijo con simpleza-, fue lo único que encontré para tratar de pasar lo más desapercibido posible. No podía seguir viajando con el elegante atuendo de un médico de la Corte Imperial. También encontré algo para ti, dama Kasumi.

-¿Para mí?

-Sí, espero que te quede bien –dijo hurgueteado en la cesta-. No se trata de los elegantes kimonos a los que estás acostumbrada, pero esa es la idea de todo esto.

Ella recibió de manos de él un modesto kimono de una tela bastante común, en un solo tono violeta pálido que le recordó a los atuendos que utilizaban las sirvientas de menos rango en el castillo de su padre. Cerró los ojos para tratar de acostumbrarse a la idea de usarlo.

-Supongo que debo probármelo.

-Sí así lo quieres. Al menos está limpio –comentó el joven.

Ella sonrió y comenzó a deshacer los complicados lazos del obi que mantenía sujeto su elegante pero deteriorado kimono. Él la observó atónito y se giró inmediatamente hacia la puerta.

-¡Qué haces, dama Kasumi!

-Voy a probarme mi disfraz –dijo por toda respuesta.

-Pero no lo hagas delante de mí –contestó él avanzando hacia la puerta-. Será mejor que vaya a ver si puedo calentar esto para cenar –complementó tomando el bulto pequeño y saliendo raudo hacia el exterior.

Ella río ante la nerviosa reacción del joven. Se preguntaba hasta cuándo podrían extender esa situación. Si ambos se amaban como lo habían dicho y demostrado, ¿no era normal que quisieran compartir más íntimamente?. Ella así lo creía, pero al parecer él aún no vencía el miedo, el pudor y el respeto que le inspiraba ella, la hija mayor de un importante cortesano de la Corte Imperial en Kyoto.

Pero eso podía cambiar de un momento a otro y ella estaba decidida a que así fuera, ya encontraría el modo.

Pensó en su pequeña hermana mientras se vestía con el 'nuevo' kimono y en lo valiente que debía ser al enfrentarse a un gran señor de la guerra como lo era ese conocido y respetado hombre.

-"Casi un dios hecho hombre, según la mayoría. Me pregunto cómo será él en realidad- se dijo mientras acomodaba su nuevo atuendo a su cuerpo-. Sólo espero que todo salga como deseas Akane"

-¿Puedo entrar? –dijo el joven médico tras la puerta.

-Puedes –contestó ella dulcemente.

Ambos se sonrieron y en silencio se dirigieron a la pequeña mesa a degustar lo que sería una pobre pero apetitosa cena a la cual ya se estaban acostumbrando. Ambos sin conocer su destino, ni el de los que habían formado su círculo más cercano no hacía mucho tiempo atrás, porque la decisión de la hija mayor de Soun Tendo había cambiado el destino no tan sólo de ellos dos que permanecían allí sentados uno frente al otro, disfrutando de su mutua compañía y de ese amor verdadero que los unía cada vez más, sino que también había logrado cambiar el destino de una familia completa, de un pueblo entero y quizá hasta el de una nación.

Quién podía estar seguro de esos cambios sino tan sólo los propios dioses.


El apacible atardecer estaba a punto de dar paso a una noche estrellada en la gran capital Imperial.

Separado por algunos kilómetros al oeste de Kyoto se encontraba el gran castillo de la familia Tendo y sus fértiles tierras.

En su lugar favorito frente a uno de los jardines interiores del castillo, se encontraba sentada una joven muchacha.

Su elegante kimono se arremolinaba a sus pies y en sus manos sostenía un shamisen del que extraía melancólicos y suaves sonidos. Su pálido rostro reflejaba una serenidad que conmovía, pero sus ojos encerraban un enigma para quien tenía la fortuna de observarlos con detenimiento.

La joven no poseía la belleza sublime de su hermana mayor, tampoco el dulce encanto de su hermana menor; no, su belleza recaía en otros aspectos, ella era y se sabía diferente de sus hermanas.

Su contextura era la de toda una dama de la Corte, sus largos y cuidados cabellos castaños permanecían atados en un perfecto y estilizado peinado, su vestimenta lujosa y de la mejor calidad era envidiable, su piel blanca como la nieve era perfecta, pero todo su encanto recaía en esa enigmática mirada.

Los ojos de la dama en cuestión no eran precisamente el reflejo de su alma, como bien podría decirse de otras damas. No, aquella mirada encerraba mil y un misterios, era como querer descifrar todos los enigmas del universo, simplemente imposible, ella lo sabía y lo aprovechaba a su favor.

Era así como desde muy pequeña fue ganando experiencia y supo cómo adentrarse poco a poco en los asuntos de su padre, un importante dignatario a servicio del mismísimo Emperador. Ahora, con tan sólo diecinueve años de edad, había llegado a convertirse en el brazo derecho de su padre para todo.

Soun Tendo, al no tener hijos varones había estado al borde de la desesperación. Tres hijas mujeres era demasiado castigo para alguien como él, así que cuando las dos niñas mayores bordeaban los quince años, él había estado considerando la idea de adoptar al hijo de un pariente para dejarle a cargo de sus posesiones.

El cortesano se hacia viejo y la incertidumbre de no tener heredero lo agobiaba.

Fue entonces cuando su hija Nabiki le había escuchado comentar su decisión con uno de sus consejeros más cercanos y fue entonces cuando ella decidió enfrentarse a su padre para recibir la instrucción y evitar que él adoptase a un extraño.

El cortesano había puesto algunos problemas, pero ella, gracias a su inteligencia y perseverancia, poco a poco fue demostrándole que podía ser tan valiosa como el mejor de los varones, incluso más.

Lo que Soun Tendo no sabía era que su hija estaba decidida a conseguir sus objetivos para y por ella. En la vida sobrevivía el más fuerte y ella estaba convencida de que de las tres hermanas, ella era la más fuerte.

-Dama Nabiki –llamó suavemente una doncella al otro lado de la puerta.

-Puedes pasar, Akari –dijo la joven sin dejar de tocar el instrumento.

La doncella ingresó a la habitación sigilosamente y se arrodilló ante la joven de castaños cabellos.

-Tu padre desea que le acompañes en el gran salón, dama Nabiki. Me envió a buscarte.

-¿Qué desea el señor Tendo ahora? –contestó con poco entusiasmo.

-Hay un emisario con él, dama Nabiki.

-¿Un emisario? –preguntó rasgando nuevamente las cuerdas del instrumento-, ¿de dónde?

-Creo que viene de la Capital del Shögun. Trae muy pocos acompañantes y vienen a caballo, no traen ningún otro medio de transporte, pero sus ropas son las de un importante señor.

-Un importante señor –comentó Nabiki sonriendo levemente-. ¿Será que nuestra perfecta diosa ha tenido algún problema en Edo? Quizá no haya dejado conforme al novio y quieran devolverla –rió la joven levemente.

Su compañera la observó alarmada, pero no dijo nada, después de todo, quién era ella para cuestionar los comentarios de una noble dama; nadie, sólo una simple sirvienta. La joven noble rasgó por última vez las cuerdas del instrumento y luego lo dejó a un costado.

-Bien, vamos a ver qué necesita de mí el señor Tendo esta vez.

Se puso de pie y esperó a que la doncella arreglara su atuendo, luego se dispuso a salir de la habitación dando pequeños y recatados pasos, el único sonido perceptible era el frufrú de la seda del kimono al rozarse con el piso. La doncella la siguió a escasa distancia en una actitud sumisa y servil.

Cuando Nabiki Tendo llegó al gran salón, vio que su padre se encontraba de buen humor, sentado sobre sus rodillas a un costado de la habitación.

El emisario se encontraba a su derecha.

-"Treinta y cinco años, quizá cuarenta o un poco más –se dijo para sí-. Akari tenía razón, su vestimenta corresponde a la de un gran señor, sin embargo hay algo en su rostro que no me gusta. Tiene cara de zorro, debe ser una persona astuta… habrá que tener mucho cuidado con él".

La joven ingresó a la habitación y se detuvo a la entrada.

-Ah, Nabiki –dijo su padre nada más verla de pie en la entrada.

La joven ingresó con total dignidad, ganándose una mirada de admiración por parte del visitante y otra de complacencia de su propio padre.

Era sin duda una mujer elegante y decidida. Se sentó sobre sus rodillas frente al visitante, e hizo una reverencia que el desconocido se apresuró en devolver.

-Nabiki, él es el señor Sarugakure, viene viajando desde la capital del Shögun –dijo Soun presentando a su visitante.

-Por favor, sólo díganme Sasuke –contestó el desconocido con modestia, incorporándose casi al mismo tiempo que lo hiciera la joven.

-Me da gusto el conocerle, señor… Sasuke –dijo Nabiki mirándolo de forma penetrante.

El hombre no se percató de la inquisidora mirada, o si lo hizo, disimuló muy bien.

-El gusto es mío, señora Tendo –contestó con una sonrisa que a ojos de Nabiki resultó bastante boba.

-Nabiki está bien –contestó sonriendo a su vez-. "Este hombre es enigmático, algo oculta tras esa sonrisa tonta –pensó-. La mayoría de las personas más astutas son las que se hacen pasar por ingenuas o torpes".

-Bien, entonces permítame decirle que es usted una jovencita encantadora, dama Nabiki.

-Muchas gracias, señor Sasuke.

-Bueno, bueno –dijo Soun-, hechas las presentaciones, ahora vamos a lo que nos ocupa. Tengo entendido, señor Sasuke, que usted se quedará sólo por una noche.

-Sí, los negocios de mi señor apresuran mi partida, lo siento mucho por rechazar su gentil hospitalidad, señor Tendo, pero usted mejor que nadie sabe que los negocios no se pueden retardar mucho tiempo.

-Sí, lo sé.

-Es por eso que mi señor me envió con la misión de entregar su misiva y retirarme con la respuesta esta misma noche.

-¿Y de qué se trata esa misiva? –inquirió Nabiki, no quitándole ni por un momento la vista de encima al extraño visitante. Su padre sonrió y le extendió un pergamino.

-Le dije señor Sasuke, que mi hija era una mujer muy especial.

-Así veo –asintió el hombre con otra de sus sonrisas bobaliconas, pero si Nabiki no hubiera estado concentrada en la lectura de la carta, hubiera notado el brillo en los ojos del menudo hombre y su gesto de disimulada preocupación-. "Esta chiquilla tiene habilidades que ni siquiera su propio padre conoce. Debo tener cuidado o hasta uno de los mejores hombres de la tribu puede ser descubierto por su mirada sagaz".

La joven entre tanto, había terminado de leer la misiva y se la devolvía a su padre con una mueca en el rostro.

-Otro señor de la guerra que quiere desposar a una Tendo –comentó con poco entusiasmo.

-No es cualquier señor Nabiki –se escandalizó su padre-, se trata del señor Kuno, de familia noble y muy cercano a su Majestad Imperial. Recuerda que la madre del Emperador era hermana de la tía del señor Kuno. Además, también es descendiente del Shögun.

-Entonces, porqué una de nosotras, porqué no desposarse con una princesa o con la hija del Shögun. Tengo entendido que la chiquilla tiene la edad de Akane.

Los dos hombres la observaron atónitos por un momento, luego, Sasuke salió de su asombro para seguir con la conversación.

-El señor Kuno escuchó hablar de la divina belleza de las hermanas Tendo y recordó que estando de visita en la Corte hace aproximadamente cinco años atrás, conoció a las hermanas por casualidad y entonces…

-Hace cinco años éramos unas mocosas, señor Sasuke –interrumpió Nabiki, regalándole una mirada de desprecio-. De cualquier forma, el señor Kuno se tendrá que conformar con mi hermana menor Akane, si decide desposar a una Tendo. Kasumi ya está prometida y yo no tengo intención de contraer matrimonio todavía.

-Pero Nabiki, tú como mi segunda hija estás en una posición de…

-Como tu segunda hija y como la única que se encuentra presente aquí, estoy en condiciones de decirte que el ofrecimiento del señor Kuno me parece muy conveniente… pero no para mí –sentenció dándole una mirada de advertencia a su progenitor-. Si quieres casar a una de tus hijas con ese señor de la guerra, tendrá que ser Akane, padre.

Un incómodo silencio reinó en la habitación.

Para Sasuke fue evidente de que quien mandaba en el castillo Tendo era la jovencita sentada frente a él y no el patriarca de la familia. Sonrió imperceptiblemente y se felicitó mentalmente por haberle aconsejado a su señor que tratase de desposarse con la menor de las Tendo, ya que por ser la menor, tal vez fuera más moldeable y de un carácter más sumiso y no se había equivocado. Al conocer a Nabiki Tendo se daba cuenta de que de ser ella la elegida, le costaría mucho más a su señor concretar los secretos planes que tenía en mente.

-Si la dama Nabiki no acepta la propuesta de mi señor, me parece sensato que sea la dama Akane quien se despose con el señor Kuno –acotó Sasuke.

-Akane… -dijo Soun con amargura-. Akane no está preparada para casarse. Akane no sirve para desposarse con un señor como el señor Kuno…-terminó de decir en un susurro-. "Akane es indomable y terca como una mula, ella debió ser el varón que por tanto tiempo soñé"-pensó Soun.

-Vamos señor Tendo, la niña no puede ser tan…

-¿Desastrosa? –inquirió Nabiki con una burlesca sonrisa al tiempo que arqueaba una de sus cejas-. Oh, créame que no es desastrosa señor Sasuke, es sólo que mi hermanita es una niña que fue demasiado consentida por su aya y también por mi padre –continuó la joven observando a su padre con una mirada de reproche-. Es un poco regalona y no se le exigió nunca aprender a comportarse como una dama, por eso es algo torpe con los modales que se le exigen a una mujer noble.

-Ah, pero es algo que se puede corregir.

-¡Sí! -exclamó Nabiki con entusiasmo, imaginando al señor Sasuke tratando de enseñarle buenos modales a su rebelde e indomable hermana menor-. Es algo que sin duda se puede corregir.

-Entonces señor Tendo, ¿puedo confiar en que me dará una respuesta favorable a la petición de mi señor? No quisiera que el señor Kuno se llevara una mala impresión de personas tan amables y dignas de la más alta estima, como lo son ustedes.

Soun permaneció en silencio por un instante, luego asintió.

-Sí señor Sasuke, puede estar tranquilo. Ahora mismo redactaré una misiva en la que le comunicaré al señor Kuno que su futura esposa será mi hija menor, Tendo Akane.

-¡Bien! –comentó Sasuke con alegría apenas disimulada, lo que alertó en parte a Nabiki.

-Padre –dijo ella. De pronto sentía una extraña sensación de que el peligro estaba cerca de ellos, pero no sabía muy bien el porqué-, ¿no tienes que solicitar el permiso de Su Majestad Imperial antes de dar tu consentimiento?

-Oh, no será necesario –respondió Sasuke extendiendo un segundo pergamino a su anfitrión-. Como mi señor se encuentra en la más alta estima de nuestro venerado Emperador, se ha adelantado y ha solicitado él mismo la venia de Su Majestad Imperial.

-Hummm. Sí –dijo el señor Tendo entregándole el pergamino a su hija-. Su Majestad Imperial ya ha dado su consentimiento para que una de mis afortunadas hijas se despose con el señor Tatewaki Kuno.

-Aún así –dijo Nabiki frunciendo el ceño y dejando el pergamino sobre sus rodillas al terminar de leerlo-, deberá esperarla señor Sasuke. Mi hermana se encuentra en estos momentos acompañando a mi hermana mayor para sus esponsales. Lo más seguro es que no pueda volver hasta pasado el invierno y usted sabe que los preparativos de una boda suelen demorarse.

-Eso no será problema, mi señor no está desesperado por casarse –comentó de forma divertida-. Además, yo he de dirigirme hacia la provincia de Kyushu, recién a mi vuelta él recibirá el mensaje y esperará el tiempo que sea necesario… sí, él esperará.

El hombre sonrió triunfante y esta vez, el brillo en su mirada y el gesto astuto no pasaron desapercibidos para Nabiki Tendo. La joven se limitó a asentir.

-"No me gusta este hombrecito –se dijo para sí-. Tampoco me gusta el señor Kuno, he escuchado que es un fanático y que tiene a su dominio enemistado con todos los señores que le rodean. Algo hay detrás de todo esto, de eso estoy segura, la pregunta es qué".

Sí, la pregunta era qué había detrás del interés de un gran señor de la guerra como el señor Tatewaki Kuno en desposar a la hija de un dignatario de la corte Imperial. Algo raro estaba sucediendo en la lejana capital del Shögun y Nabiki Tendo estaba decidida a averiguar qué se estaba tramando en esas tierras.


El señor del castillo permanecía impasible observando por la ventana de uno de los pisos más esplendidos y lujosos de su propiedad, su propia habitación.

La colinas verdes, los imponentes árboles que crecían alrededor, el cielo dando paso a un anochecer estrellado ya no le tranquilizaban como lo hacían cuando él era un niño, ya no le traían bellos recuerdos de su primera infancia junto a su joven madre. No, ahora sólo le recordaban que debía reconquistar todo lo que había perdido a manos del clan Saotome, porque el dominio de Nerima era aún más fértil, aún más bello y aún más extenso que su propio dominio y ahora se encontraba habitado por el bastardo que se decía señor del dominio. ¡Señor del dominio!, cuando era él, Tatewaki Kuno quien debía llevar ese título, no el hijo de una campesina y un incompetente guerrero.

Pero ahí estaba él, contemplando sus tierras y ansiando que llegara pronto el día de enfrentar al bastardo en batalla nuevamente.

Sus ninjas habían fracasado en su intento por arrebatarle a su prometida, la llave que había encontrado el astuto Hapossai para contar con el apoyo de Emperador. Una jugada muy astuta por parte del viejo chambelán, pero ya recuperado del golpe, había ideado otro plan todavía mejor y con más acción, como a él le gustaba.

Sus hombres ya se estaban desplazando hacia la frontera, aprovechando que el caballo se había alejado de su dominio para contraer matrimonio con su bella prometida. Pues bien, que se arrepintiera por el resto de su vida de haber cometido tal imprudencia… si es que tenía tiempo de arrepentirse. Sonrió ante la imagen de un gallardo samurái trayéndole la cabeza cercenada de su peor pesadilla.

Una dulce voz femenina lo sacó de sus pensamientos.

-Creo que será mejor que me vaya, mi señor.

-¿Por qué? –contestó él sin observarla-, acaso te he pedido que hagas tal cosa.

-No, pero sé que a tu hermana no le agrada verme aquí.

-Ella no manda en mi castillo. Si está aquí todavía es porque no he conseguido que alguien se interese en desposarse con ella y se largue de una buena vez.

-Desde que el señor Saoto…

-¡Qué te dije de nombrarlo en mi presencia! –le interrumpió él con la voz en grito.

-No tienes que molestarte conmigo, Tatewaki –dijo la mujer con voz melosa, acercándose rápido pero de forma imperceptible al señor del castillo-. Sabes que comparto tu odio por él –terminó de decir a espaldas de Kuno e introduciendo su delicada mano al interior del kimono de su señor.

-El bastardo no se merece el titulo de señor de Nerima, lo sabes –gruñó él sin prestar atención a las caricias de la joven mujer.

-Bueno, si esa es la forma de dirigirse a él, para mí está bien.

-Sí, esa es la forma de referirse a él, es un maldito bastardo mal nacido de una inmunda campesina y un estúpido samurái que se creía superior a los demás… pero mis hombres le dieron su merecido –sonrió con malicia-. ¿Sabes dónde fue que nació el bastardo?

La joven lo escuchaba de forma sumisa, pero sus ojos brillaban con odio y su bello rostro había adquirido una dureza poco común en una mujer de su naturaleza. El señor del castillo no pudo notarlo, gracias a que ella misma se estaba encargando de distraerlo con caricias que solo una de las más renombradas y admiradas mujeres de su condición podían dedicar, y ella había pasado a transformarse en la perfección absoluta hecha mujer, así había sobrevivido y así se había encumbrado a la posición que ahora ocupaba.

-No, mi señor –contestó finalmente. Él sonrió ampliamente, le satisfacía contar la historia sobre el nacimiento de su adversario, una y otra vez.

-Entonces, te contaré la historia, mi dulce flor –dijo, para luego tomarla de su delicada extremidad y conducirla al centro de la habitación, específicamente a su futón-. La bella esposa del estúpido guerrero no pudo darle hijos, pobrecilla –sonrió, mientras se acercaba a ella y comenzaba a acariciar su joven cuerpo por sobre la tela del elegante kimono que la cubría-, entonces, el idiota pensó que sería una buena opción tomar a una concubina. Todos pensaron que elegiría a la hija de algún otro guerrero o a una bella geisha, pero no, ¡el estúpido eligió a una sucia campesina!

El señor del castillo rió a carcajadas, mientras su compañera le ayudaba a despojarse de sus ropas, nuevamente.

-Entonces, mi señor –articuló con su dulce voz, mientras le besaba con ternura. Por un momento, él se sintió conmovido, pero ese instante pasó rápidamente al recordar la historia que estaba contando.

-La inmunda quedó encinta –sonrió acariciando la larga cabellera de su amante. Ella esquivó su mirada y reprimió un gesto de disgusto- y el caballo nació luego en una mugrienta choza… en una choza y ahora el bastardo de dice señor de Nerima ¡Señor de Nerima! –terminó de decir mientras reclamaba fogosamente las caricias y la entrega de su amante.

Ella sólo le dejó actuar, así había sido desde que lo había conocido y así seguiría siendo hasta que ella lograse su objetivo, su único objetivo por el cual había luchado y había soportado tanto. Se entregó una vez más a los brazos de ese hombre que le repugnaba, pero que sin embargo, podía ser el único que consiguiera sin saberlo, ayudarle a concretar sus planes.

El único que tenía el poder y los medios para hacerle ganar su propia batalla personal.

El momento de pasión había pasado y al rostro del señor del castillo había vuelto esa mueca de odio profundo que ya por tanto tiempo le había acompañado.

A su lado, abrazada a él permanecía su amante, acariciando casi mecánicamente el torso desnudo de su señor, pero sus movimientos eran tan estudiados, tan exquisitos y tan perfectos, que hasta a la persona más perspicaz le parecerían los movimientos de una mujer profundamente enamorada de su señor.

-Mi señor, ¿son ciertos los rumores?

-¿Cuáles rumores? –preguntó con voz dura.

-Los que dicen que te enfrentarás al bastardo.

-¿Por qué quieres saberlo?, eso no es asunto de alguien tan delicada como tú, mi bella flor.

-Es que… se me ocurre que puedo ayudarte a conseguir una pequeña ventaja

-¿Es que acaso el indigno se ha aventurado a visitar tu casa? –ella rió de forma cristalina.

-No –dijo conteniendo la risa-. Sabes que él es extraño, no le gustan esas cosas, pero tengo un medio para proporcionarte un espía dentro de sus filas, alguien que no despertará sospechas.

-¿Ah, sí?

-Sí, claro que esto sólo en la eventualidad de que no logres la victoria –él tensó sus músculos y ella se apresuró en corregir su error-, cosa que estoy segura, no sucederá. Tú ganarás esta vez mi señor y les demostrarás a todos que eres el verdadero señor de Nerima.

-Es bueno saber que quienes quiero confían en mí.

-Yo siempre he confiado en ti, mi señor –mintió- y lo seguiré haciendo.

-Aun cuando estoy seguro de que ganaré esta batalla, me gustaría conocer tu idea.

-Conozco a alguien, es un extranjero y un experto guerrero –dijo incorporándose para observar la reacción del señor Kuno-. Sus padres viajaron del continente y a la edad de doce años, él quedó huérfano debido a las fiebres estivales que se llevaron a sus padres. Desde entonces ha perfeccionado los conocimientos que adquirió de su padre, complementándolos con las enseñanzas que le dieron en la tribu, ya que fue allí en donde lo acogieron.

-¿Del continente? –inquirió Kuno.

-Sí. Es totalmente confiable y sólo pide lo necesario para sobrevivir. Se me ocurrió que si el señor Kuno hablase con él y le ofreciera el rol de espía permanente en la casa del señor… del bastardo –se corrigió-, él le serviría bien.

-Un espía permanente –meditó Kuno en voz alta.

-Aprovecharía la inminente batalla para presentarse ante el… bastardo y ganarse su confianza, luego el señor Kuno se vería beneficiado con los informes que él pudiera reunir y así, ver la mejor táctica para acabar de una vez por todas con el bastardo.

-Sí, es una excelente idea… De no vencer al maldito en batalla, infiltrarse en su castillo, conocer las debilidades de sus hombres, de su pueblo y de él mismo… Sí –terminó de decir alargando la sílaba con una sonrisa de satisfacción en el rostro-. Eres de gran ayuda, mi dulce flor.

-Tu dulce flor no hace otra cosa más que velar por tus intereses, Tatewaki –dijo bajando la mirada en una actitud sumisa-. "Y de paso, forjar un sendero seguro que me lleve a mi objetivo primordial. Te agradezco las herramientas que me estás dando, maldito loco fanático" –pensó con rencor.

-Me presentarás a ese hombre, me interesa conocerlo.

-Esta misma noche le diré que se presente ante ti.

-Bien –dijo el señor del castillo, poniéndose de pie para vestirse. Ella lo observó con desprecio y luego comenzó a vestirse también.

-Mi señor –se escuchó una voz tras la puerta.

-¡Qué pasa! –exclamó Kuno malhumorado-, ¿quién se digna a interrumpirme?

-Lo siento, mi señor. Se trata de tu hermana, dice que quiere…

-Tatewaki –interrumpió la voz chillona de una mujer, al mismo momento que abría la puerta de par en par-. Hermano, necesito hablarte.

-Kodachi, soy el señor del castillo y me debes respeto. Espera afuera a que…

-Te vistas y despidas a esa sucia geisha que te tiene hechizado ¿no? –dijo la joven de largos cabellos negros, piel perfectamente blanca y mirada rencorosa-. Tú, la fiesta terminó por hoy, necesito hablar con mi hermano –le dijo a la joven que ya estaba impecablemente vestida y se disponía a salir de la habitación.

-Es un placer verte y saludarte, señora Kuno –dijo la joven, haciendo una reverencia.

-No para mí –contestó Kodachi con apatía.

-Señor Kuno, será mejor que me retire –dijo haciendo una pronunciada reverencia en dirección de su amante, más que nada para ocultar el gesto de profundo odio que estaba segura, había adquirido su rostro con el ingreso de la hermana de su amante.

-Me parece que es lo adecuado –contestó él, mirando con desaprobación la sonrisa burlona que le dedicaba su hermana menor-, pero recuerda lo que hablamos.

-Sí, mi señor. Cuentas con todo mi apoyo.

-Lo sé, es de lo único que estoy plenamente seguro.

La bella joven se retiró con total dignidad, ganándose una mirada de admiración por parte de su amante y otra de desprecio de la hermana de éste. Cuando los hermanos Kuno estuvieron solos, Kodachi se acercó a su hermano con el ceño fruncido y un gesto de reprobación en su atractivo rostro.

-No me gusta esa geisha –dijo en forma despectiva-. Has tenido otras mujeres, hermano, ¿por qué no te deshaces de ella y buscas a otra?

-No tengo que darle explicaciones a mi hermana menor por mis acciones –respondió en forma dura-. ¿Qué quieres Kodachi?

-Que me informes qué es lo que pretendes hacer al movilizar a los guerreros con tanta prontitud.

-¿Prontitud? –preguntó el señor del castillo con real curiosidad-. A mi no me lo parece, además, fuiste tu misma la que me dio la idea de atacar nuevamente al bastardo.

-¡No le digas así en mi presencia! –se indignó Kodachi. Sus ojos resplandecían y su rostro adquirió un tinte amenazante.

-A mi enemigo lo nombro como se me da la gana, es mi castillo el que estás habitando hermana.

-Es el castillo que nos dejó nuestro padre, soy tan dueña de él como lo eres tú.

-Con un pequeño detalle que nos hace diferentes, eres mujer y eres menor que yo, así que soy el legítimo heredero del dominio y tú eres sólo mi hermana menor.

Ella lo observaba con odio y envidia, pensando en que debería haber muerto en la última batalla que habían librado contra el clan Saotome… deseando que muriera en la próxima batalla que se desencadenaría. Pero claro, eso no era muy probable, conocía a su hermano, se quedaría en la colina de mando, resguardado por sus generales, dando órdenes y presenciando cómo sus guerreros se mataban por darle a su señor una victoria.

No, Tatewaki no era como el gallardo señor Saotome, héroe digno de los más bellos poemas e historias, llamado a convertirse en leyenda, apuesto y audaz, de quien había sabido que peleaba todas sus batallas como uno más de sus hombres. Se imaginaba el espectáculo, él montado en su formidable caballo de combate, esgrimiendo con maestría el sable, atacando al enemigo, siempre adelante, sí, el señor Saotome era muy diferente del odioso hombre que tenía enfrente y que por desgracia, era su hermano mayor.

En tanto Tatewaki observaba a su hermana con desprecio y odio. Era una chiquilla tan arrogante y presumida, desde pequeña había sido así, pero estaba bien, se daba cuenta de que él también lo era.

Siete años mayor que su hermana, jamás le había perdonado el haberle apartado de la única persona que lo había querido de verdad, su joven y amada madre. Kodachi había sido la causante de la muerte de su madre y la causante del alejamiento de su padre, por tanto el pesar de un niño que no entendía porqué su madre había muerto dejando a un molesto y odioso bebé en su lugar, había crecido con el tiempo transformándose en odio y rencor hacia la mujer que tenía enfrente.

-Entonces, ¿vas a enfrentarle? –preguntó Kodachi, sin apartar la mirada del rostro de su hermano.

-Sí y confío en que esta vez le venceré.

-¿Por qué estás tan seguro?

-Porque no se espera el arribo de mis hombres –sonrió con satisfacción-. ¿Quieres saber dónde está tu querido señor Saotome? –dijo escupiendo las palabras.

Su hermana no respondió, levantó la barbilla desafiante y esperó la respuesta de su hermano, quien sonreía burlonamente.

-Se encuentra a kilómetros de Edo, específicamente en las montañas, en el Templo del ruiseñor –dijo mirándose las uñas, para luego volver a enfrentarle-. No conforme con rechazar mi petición formal para que te desposara, querida hermana, tu querido bastardo se encuentra preparando sus esponsales –continuó haciendo una pausa, disfrutando de la cara de espanto y desilusión que su hermana menor tenía en ese momento-. El bastardo se casará Kodachi, si es que no lo ha hecho ya. Lamento mucho ser el portador de tan dura noticia, pero la vida es así, a veces se gana y otras se pierde.

-No… es verdad –dijo Kodachi en un susurro, mientras sentía que sus piernas no eran capaces de sostenerla.

-Oh, sí que lo es, hermana. Y yo aprovecharé la oportunidad para hacerle un regalo de bodas y recuperar lo que me pertenece –dijo encaminándose a la puerta de la habitación, para luego detenerse en el umbral-. Muchas gracias por la idea de la batalla, querida hermana, si los dioses están con nosotros, muy pronto podrás quedarte con este castillo como siempre lo has querido, el bastardo caerá y con él, todos sus hombres, así que es muy probable que yo me mude al gran castillo de Nerima y gobierne desde allá. No estaría mal ¿verdad?

Soltando una desagradable y sonora carcajada, Tatewaki Kuno abandonó su habitación, dejando a una abatida Kodachi atrás.

La joven lloraba amargamente. El matrimonio del que creía su única razón para vivir no estaba dentro de sus planes, debía ser ella la prometida del señor Saotome, no otra.

Apretó fuertemente los puños a los costados y se desplomó en el piso, gritando de rabia y dolor.

Sus ojos derramaban lágrimas, pero su rostro reflejaba el más puro rencor. Sin conocerla, sin saber quien era, sin imaginarse siquiera el nombre de la futura señora Saotome, ya la odiaba con toda su alma y no dejaría que es estúpida mujer se interpusiera en sus planes.

Ranma Saotome, señor de la guerra y señor de Nerima debía ser su esposo y de nadie más, eso lo había decidido desde que lo había visto por primera vez y no se daría por vencida hasta conseguirlo.

Pobre de la ilusa que había sido condenada a casarse con su señor, porque ella, Kodachi Kuno se encargaría de exterminarla. Cómo, no lo sabía, pero ya encontraría la forma; oh, sí que lo haría.

Entre lágrimas y aún en el piso de la habitación de su hermano, la joven mujer comenzó a reír de una forma digna de la más desquiciada criatura, sellando así la promesa de eliminar a la futura señora Saotome a como diera lugar.


La joven corría a toda velocidad por el largo pasillo de lustrosa madera, sin importarle la falta a las leyes de la casa que estaba infringiendo. Le habían dicho que despertara a su señora de forma inmediata y ella cumplía órdenes.

Se detuvo justo enfrente de la puerta que separaba la habitación del corredor y sin llamar antes, la abrió para introducirse al interior, alumbrándose con la débil luz de la pequeña lámpara que portaba en una de sus manos.

Dejó escapar un profundo suspiro y se acercó rápidamente pero tratando de hacer el menor ruido posible al futón en donde dormía plácidamente su joven señora. Arrodillándose a su lado y rogando para no ser castigada con posterioridad, posó temerosa su mano en el hombro de la joven que descansaba en el futón.

-Dama Nabiki –llamó en un susurro-. Dama Nabiki, despierta por favor –dijo con un poco más de decisión, ayudándose con su mano para mover despacio y casi sin atreverse a hacerlo, el cuerpo de su señora.

La joven noble se dio media vuelta y abrió lentamente sus ojos, para encontrarse de frente con su asustada doncella.

-¿Qué haces aquí, Akari? –inquirió, incorporándose de golpe en el futón.

-Dama Nabiki, tu padre me envió a buscarte. Dice que le urge hablar contigo.

-¿Qué hora es?

-Acabamos de pasar la hora del tigre, dama Nabiki –contestó bajando la mirada, esperando la reacción de su señora-. Creo que hay problemas… graves –se aventuró a decir para aplacar la ira de su señora.

-Deberán ser muy graves para que se atrevan a despertarme a estas horas –contestó la joven poniéndose de pie.

La doncella se apresuró en ayudarle a vestir un kimono más simple de los que su señora habitualmente usaba y a arreglarse un poco el cabello. Luego la siguió sigilosamente hacia el exterior de la habitación, alumbrando el camino con la lámpara.

-¿Dónde se encuentra mi padre?

-En el salón principal, dama Nabiki.

La joven no contestó, hizo el camino rápidamente y cuando llegó a la puerta de la habitación principal, la abrió sin ningún miramiento.

Su padre se veía abatido y su rostro reflejaba preocupación, en su mano izquierda conservaba un pergamino abierto y en la derecha, las cuentas de sándalo que utilizaba para rezar al Buda Amida. Le observó por unos momentos antes de hablar, caminaba de un lado a otro sin detenerse, sin percatarse de su presencia en la habitación. Entonces cayó en la cuenta de que el señor del castillo no se encontraba solo. Arrodillado y con su cabeza pegada al piso, permanecía un hombre con ropas de viaje, empolvado de pies a cabeza, sin atreverse a levantar la mirada.

-Padre –dijo Nabiki ingresando a la habitación-. ¿Qué sucede? ¿Por qué me despiertas a esta hora?

Su padre la observó con angustia, pero no dijo nada, se limitó a extenderle el pergamino que conservaba en su mano. Ella se acercó aún sin entender y se lo arrebató para comenzar a leer. A medida que sus ojos registraban los kanji, su rostro iba adquiriendo una palidez inusitada y un temblor que no podía controlar se iba instaurando en sus piernas.

…"Padre, si logras leer esto quiere decir que el mensajero llegó bien a destino y la comitiva que envié de regreso a casa se encuentra en camino. Seguramente te extrañará el que envíe esta misiva por intermedio de uno de tus hombres, pero debo informarte que surgieron problemas en las cercanías de Nerima.

Tu hija Kasumi escapó con un hombre, uno de tus doctores, el cual venía en la comitiva con la misión de quedarse como médico de la futura señora Saotome en el castillo de Nerima. Lo que nadie sospechaba era que tu hija, mi hermana, le profesaba un profundo amor a este hombre, de otra forma no me explico su proceder.

Se fugaron el día antes de nuestro encuentro con el señor Saotome, han pasado los días y no los han encontrado. Dispuse de unos cuantos hombres para que capturaran a los prófugos, pero no he recibido noticias favorables.

Por otro lado, el señor Saotome cree que yo soy su prometida. Me propuse seguir con esa mentira hasta que Kasumi aparezca y pueda llevarse a cabo la boda como corresponde.

Sé que estoy faltando al código, estoy desafiando tu autoridad y estoy engañando al señor de Nerima, pero créeme que la situación es desesperada y fue la única solución inmediata que encontró tu hija menor para ganar tiempo a nuestro favor y salvar a parte de nuestra gente, quienes no tienen culpa alguna en los hechos acaecidos lejos de su tierra natal.

Estoy consiente de que el plan es arriesgado y seguramente cuando el señor Saotome se entere de la verdad, dejaré este mundo para siempre, para esto que sirva también esta misiva, para despedirme de mi hermana Nabiki y de ti, querido padre.

Estoy decidida a seguir con esto hasta el final y en la eventualidad de que todos mis planes salgan mal, al menos contarás con el tiempo suficiente para preparar a tus hombres para la batalla, pero ten cuidado, si decides pedir la intervención de nuestro venerado Emperador, que sea a último momento pues no sé cómo reaccionará el señor Saotome. Mi vida, así como la de todos mis acompañantes pende de un hilo en estos momentos, pero que no sea esto motivo para el derramamiento de sangre de nuestra gente.

Pase lo pase, te enviaré un nuevo mensajero antes de irme a Sukhavati, para que estén preparados ante una posible represalia del señor de Nerima.

Confío en tu buen juicio y también en el de mi hermana Nabiki.

Sólo nos queda elevar los mantras al Buda Amida para que nos proteja de este futuro incierto.

Les quiero, padre y hermana.

Tendo Akane".

Para cuando terminó de leer la carta, Nabiki Tendo temblaba de pies a cabeza. Su padre la observaba con un gesto indescifrable en el rostro y sus labios se movían de forma casi imperceptible, seguramente repitiendo mantra tras mantra.

-No… puede ser cierto –dijo Nabiki dejando caer el pergamino al suelo-. Kasumi… ¡No puede ser tan estúpida! –gritó con todas sus fuerzas. De pronto recordó la presencia del mensajero que temblaba prosternado en el suelo-. Tú, incorpórate y retírate -ordenó.

-Sí, mi señora –articuló el hombre, poniéndose rápidamente en pie y saliendo de la habitación.

-El señor Saotome la matará –dijo Soun con temor-, acabará con la vida de Akane y luego vendrá acá a acabar con nosotros… Akane, mi pobre niña carga un peso demasiado grande sobre sus hombros y…

-¡Eso debiste pensarlo antes, padre! -le interrumpió Nabiki con la voz en grito. Detestaba que su padre quisiera justificar el abandono que había hecho de su hija menor con palabras dulces que ella sabía, no venían de su corazón- ¡Qué sacas con decir que es tu pobre niña ahora, si nunca antes se lo demostraste!

-¡Y estoy arrepentido! –dijo Soun enfrentando a su hija.

-Pensemos fríamente –se calmó Nabiki-. Kasumi se escapó, Akane tomó su lugar. Si el señor Saotome cree que Akane es su prometida, es porque está dispuesto a casarse con ella, entonces, la solución es simple, jamás le diremos al señor Saotome que Akane no es su verdadera prometida –sonrió Nabiki complacida.

-Te olvidas de algo, hija –pronunció Soun con pesar en la voz-. Esta tarde acabo de dar mi consentimiento para que Akane se despose con el señor Kuno… el señor Sarugakure ya debe estar muy lejos de aquí con esa carta.

Nabiki cerró los ojos y soltó un gruñido de frustración.

-El señor Kuno es un fanático, si se enfada con nuestra familia…

La joven no terminó la frase, avanzó los pasos que la separaban de la puerta que daba al jardín interior y se dispuso a contemplar el paisaje.

-¿Qué hice mal?, le di todo a tu hermana mayor, ¿por qué me hace esto? –dijo Soun acercándose a su hija.

-Partiré a Edo –dijo Nabiki con seguridad-. Iré a ver que tal van las cosas y si puedo arreglar este mal entendido, lo haré.

-¡No! –se escandalizó su padre-. Kasumi me deshonró al escapar con un simple médico, Akane puede morir a manos de un furioso señor de la guerra, no soportaré perder a mi última hija.

-Si no arreglamos esto, puedes estar seguro de que todos estaremos perdidos, padre.

-El viaje es largo y los pasos fronterizos pronto estarán cerrados ante la llegada del invierno.

-De todas formas, lo intentaré.

-Pero Nabiki…

-Lo intentaré, padre… pero no iré a hablar con el señor Saotome, confío en que Akane lo pueda controlar. No, yo iré a enfrentar al señor Kuno, considero que él es el más peligroso si llega a enterarse de todo esto –sentenció finalmente-. "Sí, estoy segura de que a él debemos temerle más que al señor Saotome… Akane, confío en ti pequeña revoltosa"-se dijo para sí.

En la tranquilidad de la noche, padre e hija se quedaron uno junto al otro de pie observando el espectáculo nocturno, tratando de vislumbrar el futuro trágico e incierto que se cernía sobre ellos, mientras a kilómetros de allí, una boda apresurada estaba a punto de realizarse.


Notas finales:

1.-Hola!

Mucho tiempo sin vernos por esta historia, lo siento pero ya hay nuevo capítulo.

Sé que este cap. salió medio extraño y distinto a lo que estaban acostumbradas/os a leer de este proyecto, pero lo dije en un principio, que iba a necesitar confeccionar algunos capítulos en los cuales no relataría en primera persona para ir atando cabos y redondeando las historia del resto de los personajes. Espero que no les haya complicado la lectura.

2.-Bueno, ya sabemos qué pasa con Kasumi y Tofú, y descubrimos que no todo será amor y guerra en esta historia. Hay una que otra intriga por ahí, los personajes secundarios tienen sus propios planes y motivaciones, así que, atención con ellos ^^

Ahora, el título lo dice todo: Preludio… preludio de algo que sé que están esperando descubrir ¿se desposará finalmente nuestra protagonista con su señor o no?... Ah, eso mis queridas/os y pacientes lectoras/es lo sabrán en unos cuantos días más.

3.-Las palabras del capítulo:

-Tabi: El tabi es el típico calcetín japonés que utilizaban tanto hombres como mujeres con los zapatos tradicionales. Generalmente son de color blanco, aunque también los hay de color negro o azul. Este tipo de calcetín lleva una separación que divide al primer dedo del pie de los demás.

-Waraji: Se trata del calzado que se utilizaba comúnmente en Japón, utilizado por la gente común y corriente, por decirlo de alguna forma. Eran simples sandalias confeccionadas de cuerda de paja o caña, distintas y mucho más rústicas que las geta de madera, otro de los calzados tradicionales japoneses.

-Shamisen: El shamisen es un instrumento de cuerda, parecido a una guitarra pero de tres cuerdas y con un cuello largo y mucho más delgado que el de una guitarra. Se toca con un elemento llamado bachi que hace las veces de uñeta. El sonido es bastante parecido al emitido por un banjo, pero no es igual. A mí me agrada mucho.

-Hora del tigre: Capítulos atrás di la explicación de este sistema horario, así que sólo me limitaré a decir que la hora del tigre va desde las tres a cinco de la madrugada aproximadamente.

-Kanji: Creo que ésta es fácil. La mayoría debe saber que el kanji es el nombre con el que se designan los sinogramas o caracteres que se utilizan para la escritura japonesa. No profundizaré aquí porque no lo creo necesario.

4.-Agradecimientos a mis fieles lectores/as ^^

Primero (y creo que lo dije en "Traición…"), quiero agradecer sinceramente y de todo corazón a todos quienes, ya sea por esta u otra vía, me hicieron llegar sus palabras de aliento y preocupación ante el desastroso terremoto ocurrido hace unas semanas en mí país. Lo pasamos muy mal, pero ya nos estamos recuperando como nación. Yo en lo personal no sufrí daños personales ni materiales, sólo emocionales por ver tanta destrucción en mi amado país y por sobre todo, en su gente, pero el momento del llanto y la depresión ya pasó y hay que salir adelante con optimismo y mucha fuerza ^^ Así que muchísimas gracias de verdad y de corazón a todos quienes se preocuparon por mí y mi familia, así como por mis compatriotas. En verdad, son gestos que no se olvidan y se atesoran muy dentro del corazón. ¡Gracias! ^^

Ahora, agradecer muy especialmente a quienes se toman la molestia y unos minutos de su tiempo al dejarme un review, a Diana, Nia06, mafufa (Gracias por el review, espero que te siga gustando la historia. Un beso ^^), Marce, Norabell (Gracias por comentar. Sé que he tardado una eternidad en actualizar, pero hago lo que puedo por apresurar los capítulos. Espero que te siga gustando la historia y muchísimas gracias por el review ^^), mjgsmf, Ifis (Gracias por los comentarios. Más abajo encontrarás mi respuesta a tus reviews ^^), Arashi, Sele, monyk (Gracias por tus palabras, me alegro que te guste lo que escribo. Un beso ^^), Hatoko Nara, Marina, saori1f (Gracias por comentar y por las palabras de aliento, en verdad que se agradece y ayudan para seguir adelante ^^), Caro, Akaneiiro, violetamethyste (Espero que ese WOW! Se siga prolongando ^^ En verdad me pone muy contenta el recibir tu comentario, gracias ^^), Sofi, Ranma..OCD, FalconB y BABY SONY (Sonia, espero te siga gustando la historia. Gracias por comentar, un beso linda ^^). Gracias, gracias por seguir esperando mis actualizaciones y muchísimas gracias por comentar los capítulos, en serio que es mi mayor recompensa.

Un saludo y un beso para todas/os.

Cuídense mucho y buena suerte!

Madame De La Fère – Du Vallon.


Bueno Ifis, muchísimas gracias por tus palabras. La verdad es que siempre me ha gustado imponerme desafíos al escribir y éste es uno más y es que considero que no soy tan buena escribiendo una historia fiel al original de Ranma ½, me falla la parte humorística, encuentro yo, así que un día me dije, qué tal si intento algo alternativo mezclando el punto de vista histórico… como las novelas que me gusta leer y aquí está este proyecto.

Qué bueno que te gusta ^^ Sobre cuántos capítulos serán, hum, no lo tengo claro todavía, pero sin duda más de diez o quizá más de quince; por como voy avanzando en la historia, me quedan muchas ideas que plasmar aún y no llevo ni la mitad, quedan muchas intrigas, romance y batallas de por medio, así que tendrás que tenerme un poco de paciencia ^^.

Lo otro, sinceramente te agradezco muchísimo por la preocupación y las palabras de apoyo que me dedicaste ante el difícil momento por el que pasa mi país, es cierto que no nos conocemos, pero eso no significa que no te aprecie a la distancia ^^ En verdad que fue un gesto que me llegó al alma el que te hayas acordado de mí en estas circunstancias especiales que nos tocó vivir, tanto a mí, como a todos mis compatriotas, por eso te agradezco infinitamente y me conmueve el gesto que tuviste conmigo. Son palabras que atesoraré en lo más profundo de mi corazoncito. Gracias de todo corazón, un besote ^^

Ah, y sólo por si algún día quieres contactarme y no puedes hacerlo a través de esta página, mi correo es: m d e l a f e r e d u v a l l o n (arroba) g m a i l (punto) c o m , sin espacios. De hecho, quien quiera puede contactarse conmigo ^^