After Death
Capítulo 8
Sexy
Ya es casi medio día y Leon, agotado, sintiéndose desfallecer por la falta crónica de sueño, va recargado en la pared del elevador, más dormido que despierto. Es la tercera vez que bosteza en los pocos segundos que transcurren entre el estacionamiento y el sexto piso para llegar a su departamento, y ya se ha atrapado a sí mismo cerrando los ojos más de dos segundos. Sacudiendo la cabeza al escuchar el timbre del elevador que le avisa que ha llegado a su destino, Leon obliga a su cuerpo a enderezarse, so pena de quedarse dormido ahí y viajar junto con el elevador.
-Realmente necesito unas vacaciones… - Pero el hombre gruñe de pronto, al recordar que apenas acaba de renunciar a ellas, y ahora se cubre los ojos con las palmas, mientras logra atravesar el umbral del elevador segundos antes de que las puertas se cierren tras de él.
-Demonios… debí haberlo pensado mejor antes de ofrecer a Chris mis servicios… – Pero él sabe que son palabras necias. Por muy cansado que se encuentre, nunca abandonaría al hermano de Claire en un pesar así, y menos a una compañera sobreviviente, no mientras pueda evitarlo.
Especialmente si esa compañera es tan sexy como Jill Valentine.
Peleando por mantenerse despierto, el hombre saca las llaves para poder abrir su puerta, imaginándose a sí mismo dejándose caer de bruces sobre su delicioso sofá, en su mente disfrutando anticipadamente de tan delicioso placer, cuando recuerda que apenas ha llegado el mediodía, por lo que Jill debe de continuar dormida. Si entra haciendo el estrépito que siempre hace, seguramente la despertará, y ella, al igual que él, necesita dormir lo más posible. Especialmente en el caso de ella, para que puedan sanar sus heridas sin tantas complicaciones.
Con eso en mente, Leon Scott Kennedy abre lo más sigilosamente posible la puerta de su departamento, tratando de ser considerado con su visita, por lo que no se espera el espectáculo que se presenta ante él, y que lo despierta de golpe.
Jill Valentine se encuentra completamente recuperada, sentada sobre la silla alta en el pequeño desayunador del departamento, tomando relajadamente un delicioso café caliente mientras trabaja con ahínco sobre una computadora portátil, aparentemente sin dolor en la herida, pues aparenta estar cómoda con el movimiento de su hombro izquierdo, que ya se encuentra liberado del cabestrillo, a pesar de que el movimiento no sea tan amplio, pues sus preciosos ojos azules se encuentran fijos en la pantalla, bebiendo con evidente anhelo la información que brota incesantemente del ordenador.
Pero no es eso lo que le roba el aliento al agente, sino los detalles que encuentra en esa inocente pose:
Jill tiene su cabello aún húmedo por el baño, algunos hilillos traviesos pegándose a la piel de su frente y su cuello, discretas gotas de agua navegando por su piel, y el hombre no puede evitar vislumbrar qué tan abajo puede viajar esa gota de agua… Leon pasa saliva con dificultad mientras se da cuenta que la mujer se encuentra vestida con la pijama que él le proporcionara durante la madrugada.
Vestida aparentemente sólo con la parte de arriba de la pijama.
Ahora pensar coherentemente se le hace una hazaña, al notar la insinuación de un par de pezones bajo la seda de la camisola, erectos a causa del aire acondicionado en su departamento, como confirmación de su último pensamiento coherente.
Por otro lado, dado que Jill se encuentra sentada sobre el banco, la larga tela de la camisola no es lo suficientemente larga como para cubrir las preciosas piernas de la oficial, una cruzada sobre la otra, regalándole a Leon una perfecta vista de esos largos y bien torneados muslos que pareciera que lo han hipnotizado, tanto, que ni siquiera la vista de la nada estética venda que cubre su herida puede disminuir el efecto. El rubio apenas logra pasar saliva como única reacción consciente.
Aunque no es precisamente la única reacción que el alto hombre tiene…
-¡Ah! ¡Leon! ¡Qué bueno que llegaste! ¡Rebecca y Claire acaban apenas de irse! Seguramente te las has cruzado.
La voz de ella lo vuelve a la realidad, y Leon carraspea, obligándose a fijar la mirada al piso, demasiado consciente de que la ha estado observando fijamente.
-¡Oh! Qué mal que las perdí. Me hubiera gustado platicar con Claire. Tenemos mucho de qué hablar.
Jill levanta una ceja al notar la actitud de Leon, para luego voltear a verse a sí misma, finalmente notando el escote pronunciado por lo amplio de la camisola, así como sus piernas descubiertas más de lo necesario. ¡Se había sentido tan alegre de la ausencia de dolor, y tan cómoda en ese departamento, que no había reparado en ello! Sin embargo, no puede evitar una ligera sonrisa de satisfacción dibujándose sobre su rostro al reconocerse como el motivo del rubor del agente.
Parece que, después de todo, no ha perdido su toque.
Manteniendo su sonrisa de suficiencia, Jill recarga la barbilla sobre una mano, con el codo sobre la mesa, mientras observa la actitud del agente.
-Perdona que no me pusiera el pantalón de tu pijama, no lo tomes a mal, pero no podía sostenerlo sobre la cadera con nada. Espero que no te moleste que esté así.
Leon no voltea a verla, tercamente fijando la mirada en la ventana frente a él mientras deja sus cosas en la sala, aunque imita la sonrisa juguetona de la oficial.
-No me verás quejándome de eso. Pero no te preocupes. Desearía que te sintieras cómoda estando aquí, así que puedes hacer lo que gustes sin reservas. No necesitas pedir permiso. Después de todo, fui yo quien te invitara a quedarte. Lo menos que puedo hacer, como buen anfitrión, es hacerte sentir cómoda.
Jill resopla, divertida ante la evidente incomodidad del rubio.
-En verdad que eres un muy buen anfitrión, Leon. Pero no te preocupes. Prometo cambiarme a algo más… apropiado para estar en tu departamento, tan pronto llegue Claire, que me prestará algo de ropa. Había tratado de traerme mis cosas, pero parece que estos tipos volvieron a entrar a mi casa, y desgarraron varias de mis prendas. Claire casi está segura de que incluso robaron unas, en especial mi ropa interior, lo que no entiendo. ¡¿Para qué demonios les sirve mi ropa interior?!
Leon se esfuerza en no contestar esa pregunta, para no incomodarla haciéndole saber la cruda verdad, y se acerca a ella, sentándose frente a la oficial y mostrándose interesado en la conversación para evitar pensar en esa deliciosa piel expuesta frente a él.
Y peleando también contra su necia imaginación que no puede dejar de pensar en que su camisola está tocando la piel desnuda de Jill...
-¿Y qué hacía Claire en tu departamento? ¿Acaso no sabe que es peligroso? ¿Qué tal si esos tipos estaban registrándolo en el momento en que ella llegó?
-Entiendo tu punto, pero no te preocupes, ella no fue sola. Fue con Chris.
-¿Chris estuvo aquí?
Jill toma pausadamente un sorbo de su delicioso café, y Leon no puede evitar que sus ojos envidien la superficie de la taza en contacto con tan tentadores labios.
-Sí, aunque no se quedó mucho tiempo, prácticamente sólo vino a dejar a Claire y ver que yo estuviera bien. Después de visitar la D.S.O. dijo que iría al C.G. de la B.S.A.A. para reportar mi estatus. – Jill suspira, frustrada. – Le dije que me llevara con él, pero se negó. Dice que aún es muy peligroso.
Leon le lanza una mirada de advertencia.
-Sabes que tiene razón, Jill.
La mujer se pasa la mano por los cabellos, terriblemente frustrada.
-Lo sé… pero saberlo no lo hace más fácil…
Leon la observa con empatía y tristeza. Puede entender perfectamente lo que es estar encerrado por tu propia seguridad.
-Lamento mucho que te sientas así, pero desafortunadamente así tendrá que ser en lo que encontramos a estos tipos. – Leon se inclina sobre la mesa, tratando de ver la pantalla de la laptop. - Mejor cambiemos de tema y platícame, ¿que se lo que te tiene tan entretenida cuando deberías estar descansando?
La ojiazul le manda una mirada de incredulidad.
-Ya pasa el mediodía, Leon, no es correcto que siga durmiendo.
Él le lanza su más cálida sonrisa.
-Si yo pudiera estar en tu lugar, dormiría hasta la cena para poder comer un pan y volver a dormir el resto de la noche.
Jill abre mucho los ojos al finalmente notar las tremendas ojeras de su nuevo amigo.
-¡Es cierto! Contando los días, ¡esta sería la cuarta noche que pasas sin dormir bien! ¡Y todo por mi culpa!
Exaltada al sentirse responsable del sufrimiento del rubio, Jill se levanta del asiento y rodea la mesa, tomando de la mano al agente, que siente una descarga eléctrica que le recorre el cuerpo al sentir la mano tibia de la mujer sujetando con fuerza la suya.
-No deberías decir eso. Los tres primeros días no fueron tu culpa.
-Pero el de ayer sí. Así que ven, necesitas descansar.
Leon ríe abiertamente al ser arrastrado hacia su cuarto, tratando de ocultar su nerviosismo y volteando los ojos hacia el techo, mientras hace un enorme esfuerzo porque su mirada no se desvíe hacia lugares inapropiados, y haciendo las bromas más tontas que puede pensar para que su mente no viaje por peligrosos derroteros.
-¡No me digas que tendré a la famosísima Jill Valentine arropándome para dormir!
Consciente de que no ha sido la mejor broma que haya contado, Leon resopla mientras se golpea la frente con la palma.
¡Estúpido! ¡Eso no me está ayudando!
Sin embargo, Jill no parece darse por enterada.
-Te permitiré que presumas ese honor si me prometes que dormirás toda la tarde, sin protestar y sin que tenga que presionarte.
-Con ese honor, te aseguro que no necesitarás insistir.
Los dos entran al cuarto, Jill dirigiéndose determinada hacia la cama e inclinándose un poco para remover el cobertor, y de nuevo Leon se ve forzado a desviar su mirada de tan hermosas curvas. Jill, inconsciente de lo que está provocando, voltea a verlo para con ambas manos invitarlo a recostarte.
-Bueno, mi misión termina aquí. Te dejo para que puedas descansar.
-¿Cómo? ¿No habrá beso de buenas noches ni canción de cuna?
Jill lo golpea juguetonamente en el pecho con el puño cerrado, mientras una linda sonrisa se dibuja en sus labios.
-Muy chistoso. Haciendo a un lado tus bromas tontas, puedes descansar sin ninguna preocupación, que es mi turno de cuidar de tu sueño: ten la certeza de que te protegeré ferozmente.
Leon le regresa la sonrisa juguetona.
-Wow, Saber que alguien tan hábil como tú está cuidando mi sueño realmente me tranquiliza.
El agente le manda su más encantadora sonrisa, pero Jill suspira pesadamente.
-Preferiría que dejaras de alabarme de esa manera, siento que más bien te estás burlando, tomando en cuenta todo lo que hice antes de que Chris me encontrara, toda la destrucción que cree en África…
Leon se entristece ante sus palabras, y se acerca a ella, tomándola de ambos brazos, sus enormes palmas entibiando la fría piel de la mujer. En respuesta, Jill se sobresalta ante el inesperado contacto, y al notar la intensidad de los ojos azules que parecen leer su alma, la mujer desvía la mirada, obligándose a no reaccionar a causa del enorme peso de la culpa.
-Oficial Jill Valentine, le aseguro que todas las alabanzas que tanto amigos como enemigos hacemos hacia usted son bien merecidas, no debería de menospreciarlas.
Beligerantes ojos azules voltean a verlo para protestar.
-¡Pero…!
Sin embargo, Leon la silencia colocando un dedo sobre sus labios, sobresaltándola, pues no se esperaba un contacto tan… íntimo.
-Pero nada. Todos nosotros hemos peleado con diligencia contra este monstruo que es el bioterrorismo, tú entre nosotros, y todos estamos conscientes de los riesgos que conlleva. Que la manipulación de la que fuiste sujeta no destruya los grandes logros que alcanzaste antes de esta, y los que alcanzarás después. Porque si lo permites, eso significa que el tiempo en que estuviste secuestrada acabó con tu espíritu, y entonces significará también que Wesker habrá ganado después de todo, al quitarnos a nuestra arma más poderosa en esta lucha contra su reinado del terror.
Jill resopla con sarcasmo, fijando desafiantes ojos azules sobre los del rubio.
-Yo no soy su arma más poderosa, Leon. Hay gente con más fuerza y habilidad que yo.
Los ojos de Leon se vuelven serios, penetrantes.
-Me refiero a tu corazón apasionado, Jill. Ese corazón que fue la base y el impulso para crear la B.S.A.A.
Jill sacude la cabeza en una nueva negativa.
-Chris fue…
-Chris mismo lo menciona. – Leon no la deja terminar, levantando la voz y acallando la suya casi de inmediato. - Si no le hubieras picado las costillas tan constantemente, tanto a él como a Barry, y a todos esos funcionarios tan comodinos con los que tuvieron que pelear para su creación, la B.S.A.A. no hubiera nacido nunca. Y para estas fechas el mundo estaría hundido en el caos.
Jill vuelve a resoplar con algo de tristeza, bajando la mirada, aun no convencida del todo.
-Supongo que tienes razón… Pero aún creo que me estás dando más crédito del que merezco. La B.S.A.A. es un trabajo de todos. Y… y después de eso, yo… - Pero Leon no le permite que se reinstale ese sentimiento de culpa, y atrapa su delicada barbilla con dos dedos, obligándola a levantar los ojos hacia él, la acción inesperada lanzando una poderosa descarga de electricidad a la espalda de la mujer.
-Tengo razón, Jill. No le debes nada al mundo, pues cualquier deuda que hayas obtenido la pagaste por adelantado y con creces. Y si aun así piensas que tienes pecados que expiar, recuerda que no estás sola. Tus amigos te ayudaremos a expiarlos hasta que te sientas en paz contigo misma. Hasta que estés satisfecha.
Jill abre los ojos de par en par ante sus palabras, y lucha por impedir que sendas lágrimas se escapen de sus preciosos ojos. Ella no entiende por qué las palabras de Leon tienen aún más sentido que todas las que le ha dicho Chris, que incluso aquellas donde su mejor amigo se abrió con ella, confesándole el dolor de la pérdida de Piers. No, ni siquiera su gran amigo Chris logró suavizar la carga en su alma como Leon acaba de hacer. ¿Por qué? ¿Cómo puede este hombre que no la conoce tan bien, encontrar las palabras correctas que ella necesita escuchar?
No queriendo ver más allá de lo que pudiera ser, Jill lo toma de la muñeca y, suave pero firmemente, le baja la mano, obligándolo a soltar su barbilla atrapada, a cambio de lo cual le regala una pequeña, pero muy sincera sonrisa.
-Está bien, Leon, te prometo que lo consideraré, ahora por favor, a dormir, que con sólo ver las tremendas ojeras que tienes ya me está dando sueño.
Leon ríe un poco ante las palabras, sonriéndole de lado.
-Siempre serás bien recibida si quieres quedarte conmigo. La cama es enorme para una sola persona.
Jill de inmediato lo empuja hacia atrás con fuerza, haciéndolo caer en la cama mientras le lanza una sonrisa de suficiencia.
-Buen intento, agente, pero lamento decirte que te acabas de topar con la horma de tu zapato. Mejor duerme y al rato platicamos, que seguro que el que está hablando es tu cansancio, no tú mismo.
Leon suspira juguetonamente, como si resignado.
-Bueno, pero sólo si me prometes que me platicarás lo que estás haciendo tan diligentemente en la computadora.
Los ojos de Jill por un momento brillan de emoción, incluso su pose se vuelve más erecta, olvidando por un instante su petición final.
-Es bastante interesante lo que acabo de encontrar, ¿sabes? Con la computadora de Chris y su clave pude acceder a varios artículos e informes de la B.S.A.A. Parece que, a pesar de que han pasado seis años, la batalla de África aún no está terminada.
Leon abre mucho los ojos ante la información.
-¡No me digas eso! ¡Pensé que Chris había podido erradicar todas las bioarmas de ahí!
Jill niega con la cabeza, mientras se recarga en la pared y cruza los brazos, suspirando con pesadez, pero contenta de poder compartir tan gran peso con un amigo.
-Sabes que esto es un trabajo de nunca acabar. Pero la preocupación no es sólo de la creación de las bioarmas. Igual que esta nueva organización delincuente detrás de su creación, parece que se está gestando una nueva organización en respuesta a esta y que, emulando el trabajo de la B.S.A.A., busca detener a estos monstruos. El asunto es que sus métodos son mucho menos agradables que los nuestros. Mucho más violentos.
-¿Ah, sí?
La morena asiente con un gesto de preocupación.
-Sí. Son tan metódicos, que quizá hasta la B.S.A.A. debería aprender algo de ellos, pues esta organización tiene una red de inteligencia muy bien conformada, y se dedican a atacar puntos estratégicos del bioterrorismo. Supongo ese trabajo meticuloso ha sido el motivo por el que la B.S.A.A. ya no se ha enterado de algún brote en ese continente.
Leon se endereza, sintiéndose más despierto ante tan preocupante charla.
-Eso debería ser algo bueno, ¿o no?
Jill niega con la cabeza, su mirada de preocupación incrementándose.
-No necesariamente. Los informes de la B.S.A.A. establecen el control del brote, sí, pero los informes de la MINUSMA hablan del uso de gran violencia contra la población civil como estrategia para detener a estos delincuentes. Es obvio y terrible que esta organización no esté haciendo distinción entre civiles y terroristas.
-¿MINUSMA? ¿Te refieres a la misión de la ONU en África? ¿Qué hacen los Peacekeepers metidos en el bioterrorismo?
La oficial se encoge de hombros.
-Realmente nada, no es parte de su Mandato. Pero tenemos que entender que ellos informan todo lo que ven. Y dada su cercanía con la población local, es obvio que en algún momento se encontrarían con estos hallazgos.
-Bien, todo esto es muy interesante, pero ¿qué tiene que ver contigo? ¿Por qué lo estás investigando ahora? Se supone que tú no tendrás asignada ninguna misión hasta que tu situación sea resuelta. – Jill le lanza una mirada llena de significado al agente, y Leon de nuevo abre mucho los ojos, entendiendo de inmediato el silencioso mensaje. - ¿Sospechas de esta organización?
Ella asiente lentamente.
-Sí. Temo que esta organización clandestina tenga que ver con los dos intentos de asesinato contra mi persona.
Leon va a protestar, asegurarle que empieza a ser paranoica, hasta que una idea se acerca a su mente.
-¿Crees que estos tipos piensa que sigues ligada a Wesker?
No existe duda en su voz al momento de contestar.
-Si yo fuera ellos, yo lo creería, por lo que esa será mi línea de investigación. Para detener el riesgo sobre mí, primero tengo que encontrarlos.
Leon levanta una ceja, tratando de mostrarse amenazante.
-Por favor, dime que no piensas hacer nada peligroso mientras yo esté dormido.
La ojiazul le sonríe.
-Puedes estar tranquilo. Te prometo que lo único que haré durante el resto del día será obtener toda la información que pueda.
-Desde la computadora de Chris.
La mujer voltea los ojos, pero acepta la petición.
-Sí, sólo desde la computadora de Chris.
-Sin salir del departamento.
Jill ríe por lo bajo, divertida ante la preocupación de su amigo.
-No entiendo la desconfianza.
Leon avienta ambos brazos hacia los lados, en un gesto de enojo infantil para recalcar lo obvio, haciendo que la mujer ría un poco.
-¡Oh, vamos! ¿Tú crees que Chris no platica conmigo? Me contó ese evento donde entraste sola y sin autorización a un área donde se había comprobado la presencia de una bioarma. Y que, por cierto, casi te muerde antes de que le volaras los sesos.
Jill resopla, entre divertida a sus aspavientos y molesta ante su insistencia, pero levanta la mano como señal de juramento.
-Chris debería guardarse algo de información para sí mismo. Pero está bien, si para que puedas dormir tranquilo necesitas que te prometa que no saldré para nada de tu departamento las próximas 24 horas, tienes mi palabra de que no lo haré. Toda mi investigación se realizará bajo tu techo.
Leon asiente, mostrándose satisfecho, y se inclina hacia adelante para quitarse el saco y después los zapatos.
-Bien, sigue trabajando entonces, que parece que tendremos mucho que hacer.
Una delicada ceja se levanta.
-¿Tendremos? Esto es trabajo de la B.S.A.A., no veo cómo podría la D.S.O. involucrarse en mi misión.
Leon le guiña un ojo, sonriéndole con suficiencia, mientras se deshace de la corbata alrededor de su cuello.
-Eso es porque no me has visto trabajar en convencer a mis jefes. Pero también eso te lo platicaré después. – El hombre suspira pesadamente, sus ojos fijos en el rostro de ella, mientras sus dedos desabotonan la incómoda camisa. – ¿Estás segura de que estarás bien, de que no harás nada peligroso mientras yo descanso?
Jill permite que por un momento sus ojos azules observen con detenimiento los movimientos de los dedos de Leon, contemplando atentamente cómo un bien formado pecho está quedando expuesto a su mirada, y la mujer carraspea, sonriendo con complicidad mientras regresa la vista a los ojos del rubio quien, como lo esperaba, tiene una sonrisa de suficiencia iluminando sus facies.
-Eso no es muy agradable de tu parte.
Leon se encoje de hombros en el momento en que se libera completamente de la camisa, y ahora es el turno de Jill para voltear los ojos hacia la ventana.
-¿No? Bueno, espero que no pensaras que duermo con el traje puesto.
La mujer resopla.
-Me refiero a que sigas dudando de mi persona a pesar de que te lo acabo de prometer. – Jill mantiene la mirada en la ventana, cruzando los brazos frente al pecho, su distracción permitiéndole al rubio que pase los ojos por esas perfectas piernas, y en especial se concentre en la parte final de la camisola que apenas logra cubrir por completo la pelvis de su compañera, apenas por debajo del pubis… si por lo menos la camisola hubiera estado más corta…
-Debes de ser más directa conmigo. Sé que soy muy bueno, pero aún no se leer las mentes, especialmente la mente de una mujer.
Jill voltea para protestar de su comentario tan fuera de lugar, pero sus ojos irremediablemente se encuentran con el perfecto torso ya desnudo de su compañero, y la mujer tose, volteándose inmediatamente para dirigirse hacia la puerta, deseando de todo corazón que el hombre no se hubiera percatado de su error, especialmente tratando de esconder el rubor que se ha subido al momento en que su mente revive la imagen de esos abdominales de concurso...
-Te dejo entonces para que estés más cómodo. Que duermas bien, compañero. Como dije, yo me encargaré de velar tus sueños.
Leon le regala su mejor sonrisa, la más cándida que puede.
-Será todo un honor, compañera.
La ojiazul cierra la puerta suavemente, para después recargarse en ella y exhalar profundamente.
¿Qué fue eso? ¡¿Qué demonios acaba de ocurrir entre ellos?!
Jill no puede evitarlo, a pesar de haber asegurado a su nuevo compañero de que ella no será presa fácil para él, que no será una más de sus conquistas, no puede negar que sintió mariposas en el estómago cuando el agente le sujetó los brazos, y particularmente cuando sus dedos le levantaron la barbilla. ¡Estaba segura de que la besaría! Y si a eso le suma lo nerviosa que se sintió al ver esos deliciosos músculos, ya no puede negarlo más: es obvio que se siente atraída por el intrépido agente. La oficial resopla, exasperada, pues también admite que no está segura de que lo hubiera rechazado en caso de que el agente se hubiera acercado más. Jill sacude la cabeza y sonríe de lado, divertida ante la sola idea, en especial porque casi puede escuchar a sus amigas gritando de emoción.
-¡Vaya! Creo que me está afectando tanto estrés.
Sin querer ahondar en pensamientos tan ridículos, la mujer se dirige a la pequeña cocina, dispuesta a encontrar esa botella de bourbón que seguramente Leon tiene escondida por ahí. Seguramente una buena bebida y un segundo baño, esta vez con agua fría, le despejarán mejor la mente.
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A/N: y bueno, vamos lento pero ya empiezan a sentir más esa química que se va desarrollando poco a poco. Aviso, vamos a irnos lento, lento, muy lento, pues ninguno de los dos son chamaquitos calenturientos (aunque la autora sí lo sea, jejejeje…) por lo que espero no aburrirlos con sus mini pasos.
Muchas gracias por todo el apoyo que este fic ha obtenido de ustedes! Todos ustedes, lectores, son el motivo por el cual sigo escribiendo!
