Sumario: Se conocían desde hace años y jamás habían cruzado palabra alguna. Pero sus miradas parecían querer decirlo todo. Hasta aquel 01 de noviembre en el que Levi soltó su último suspiro de vida entre los brazos de Hanji.


Capítulo 01: Zombie


Levi siempre la veía.

Ella caminaba todos los días, algo acelerada, con un café en la mano en un envase térmico.

Él no podía evitar una sensación de tristeza al imaginar aquel sabor amargo de la cafeína, amargo como lo fue su niñez. Por eso prefería el té, en especial el negro. Lo disfrutaba mientras esperaba a un anciano, cuyo nombre realmente desconoce, que todos los días le vendía el periódico.

Sus miradas inevitablemente se encontraban a diario.

Mañana a mañana. Por tanto tiempo.

Ella sonreía, volviendo sus ojos hacia el frente, continuando con su acelerado caminar.

Sin embargo, en aquella mañana del 31 de octubre, un inusual suceso rompió la silenciosa rutina.

Ella pareció guardar en su gabardina algún paquete, lo que provocó que, al sacar su mano, se cayera la credencial de su trabajo.

Levi corrió de inmediato a tomarla, sus ojos inevitablemente leyendo los datos de aquella mujer.

Zoë Hanji

Forense Nivel II

Hospital Metropolitano Zacharius.

Hanjiexpresó en voz alta.

El nombre le supo como té negro en su paladar.

Ella se volvió, observando al hombre que le extendía su credencial. Fue un alivio que él lo recogiera, porque no solo es su identificación, también tiene implementado un chip para el acceso a su área de trabajo y Mike la regañaría por ese descuido.

—Muchas gracias— dijo ella, inusualmente nerviosa.

Por unos instantes todo pareció ser una típica historia de amor de dos personas encontrándose en el momento exacto con las circunstancias exactas. Pero existía una razón por la cual Levi no avanzaba hacia ella.

¡Hanji-san!dijo impacientemente el rubio, bajando la ventanilla del auto, agregando a su enérgico llamado un par de sonidos del claxon para apresurarla.

Levi sabía que ella tenía novio.

No era su esposo porque al parecer nunca se quedaba a dormir con ella y siempre la recogía todas las mañanas en el mismo punto, con dos sonidos de claxon, aunque hoy agregó el grito con el nombre de ella.

Levi pensó que era cosa del destino que él supiera el nombre de aquella que lo inquieta, aunque no comprende el por qué, puesto que a ella se la veía feliz en su ajetreada vida y no pareciera necesitar nada más.

A diferencia de Levi, quien tiene aún muchos asuntos que resolver, siendo el principal de esos asuntos algo que no diría en voz alta ante los padres de una chica decente a la que pretendería.

Al voltear para seguir sus actividades, ya se encontraba el anciano que le llevaba todos los días el periódico. Canceló el valor correspondiente y se dirigió al banco.

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Ella soltó un suspiro de resignación y se volvió hacia el auto.

—Tienes algo que hacer con esa impuntualidadel hombre del auto volvió a regañarla ni muy bien se subió al lado del copiloto. No es propio de nuestra cultura.

Hanji miró de reojo al hombre que le había entregado su credencial, recibiendo un paquete de parte de un anciano puntual como siempre. ¿Sabrá él que existen las suscripciones mensuales? De una manera tendría que agradecerle que le entregara su credencial o su día hubiera sido más caótico que de costumbre.

—Buenos días, Moblit— respondió ella, casi de manera automática, sin afectarse por el regaño matutino y bebiendo de su café con canela y chocolate.

Él, sin embargo, pareció avergonzarse de no haber dado un saludo adecuado a la que, se supone, sería la madre de sus hijos. La que su familia aprobó por ser una profesional que le aportaría económicamente en el hogar, aunque (según los estándares sociales) una vez que vengan los niños, ella tendría que coordinar sus actividades para atender a los bebés y trabajar, en ese orden.

Moblit suspiró entre ansioso y nervioso.

Estaba confiando en que Hanji encontraría la manera de conseguirlo. Él la ayudaría, sin duda alguna, porque es lo que un buen hombre hace.

La dejó justo a tiempo en el hospital, mientras se dirigía a su propio trabajo.

Siempre, todas las mañanas en días laborables, sus primeros pensamientos iban hacia Hanji. Por ella tuvo que cambiar su jornada laboral entrando a partir de las ocho, porque era su deber dejarla en su trabajo y con lo impuntual de ella al despertar, no era posible para Moblit entrar a las siete.

Moblit esperaba que, una vez que se casen, pueda modificar esas rutinas de Hanji.

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Al acercarse a la zona de servicio al cliente del Banco de Japón, Levi no esperaba ser guiado a otro salón más amplio, con aire acondicionado, mientras una simpática rubia le ofrecía algo para beber. Él pidió té negro, porque nunca ha tomado suficiente té negro.

El ejecutivo de cuentas, un hombre algo joven, con cierto nerviosismo se presentó.

—Brossard Auruo, a sus órdenes, Ackerman-san — pareció querer decir algo más, pero se llevó una servilleta a la boca.

—Ummm... — Levi veía inadecuada la presentación, después de todo, en el banco parecen conocerlo mejor que él mismo. —Quiero hacer...

—¿Una inversión a largo plazo? ¿Póliza? ¿Compra de acciones?

La rubia llegó con el té y nada disimulada golpeó las costillas de Auruo. Él volvió a llevarse la servilleta a la boca, Levi descubrió, para disimular el quejido por morderse la lengua.

Eficiente como pulcra, la rubia colocó junto al té una carta de servicios en un estuche de cuero con el logotipo bancario en dorado. Por curiosidad Levi tomó con una mano la carta y con otro el té.

Estaba el número telefónico del Hall de Servicios, Servicios de Asistencia VIP para cónyuge e hijos, Asistencia Legal con un magister en leyes por 4 horas para temas penales, financieros, civiles, laborales con 6 eventos máximos por año, asistencia legal telefónica con el mismo alcance profesional pero sin límite de eventos... en fin, habían temas y coberturas que Levi ni siquiera sospechaba que existían.

—¿Posesión Efectiva?— murmuró más para sí mismo.

—Oh... sí, se transfiere el dinero a su heredero— respondió la rubia, colocando una taza de café para su jefe, quien seguía un poco nervioso.

—Lo que hizo Kenny— observó Levi, ante lo cual la joven asintió.

—Efectivamente. Llena la carta de autorización y la legaliza nuestro departamento jurídico, no toma más de un par de horas.

Levi asintió, comprendiendo aquello de atención VIP.

—La razón de mi visita justamente tiene que ver con la herencia de Kenny— admitió Levi. —Necesito una asistencia tecnológica para que, cuando se ingrese el código de la cuenta, se visualice que la cuenta se encuentra bloqueada y los fondos fueron transferidos a un orfanato. Claro está, que sí asignaré un valor en caso de darse aquel suceso.

—Obra social— observó la rubia. Fue hacia un anaquel y obtuvo unos documentos.

Levi analizó unos instantes los servicios que estaban ofertando. Sus labios se movieron de manera automática.

—El Formulario de Posesión Efectiva también.

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Nanaba llegó después de aproximadamente media hora, haciendo una reverencia ante Hanji.

—No deberías disculparte— replicó Hanji, sacudiendo la mano para restarle importancia al atraso. —Además, tu esposo es el dueño de la clínica. Soy yo quien debería pedirte disculpas por mis errores.

La rubia no parecía pensar lo mismo.

—Estás aquí por tus capacidades, Hanji— objetó Nanaba. Luego suspiró, recordando algo que la inquietaba. —Hace aproximadamente cuatro años que no tomas tus vacaciones, Hanji.

La aludida analizó aquello, recordando cuán cierto era aquello.

—Veinte por cuatro... ¡Ochenta días!—exclamó Hanji asombrada. Luego, sacudió la cabeza, no sabiendo qué pudiera hacer con tanto tiempo libre. —No, no, no... además, sigo teniendo insomnio...

Nanaba la miró, con la evidente preocupación.

—Justamente estaba observando aquello... Mike está de acuerdo conmigo. Puede ser que estés sufriendo un periodo de estrés por no tomar tus vacaciones.

Hanji sintió un retorcijón en la boca del estómago.

O culpa.

Se despertaba sobresaltada, teniendo como protagonista al hombre de cabellos oscuros y mirada gris azulada. Tenía especies de ensueños en los cuales él era el protagonista de (lo que Hanji catalogaba) las raras vivencias.

Y en todos, absolutamente todos, ella tenía que dejarlo. De no ser por las tragedias que parecían rodear sus historias, lo catalogaría como sueños. Pero todo era pesadilla tras pesadilla.

Si fueran otras circunstancias hubiera acudido a Mike, quien es psiquiatra de profesión y especialista en terapia regresiva, pero el vínculo de amistad que la imposibilita ser su paciente, ella no se sentía con la suficiente libertad de decirle todo lo que pasaba ni él sería desapegado al darle una verdadera orientación médica.

—Veré la posibilidad de tomar pronto las vacaciones... — dijo Hanji aunque de inmediato aclaró — no obstante las tomaré fragmentadas, no me veo capaz de irme los ochenta días.

Nanaba había abierto a boca, seguramente para refutar, pero pareció pensarlo mejor.

—Estaremos coordinando eso— dijo como respuesta, sabiendo que solo el hecho de Hanji considerando tomar vacaciones ya era un avance. La rubia se colocó los guantes para comenzar con el trabajo del día. —¿Qué tenemos por aquí?

—Reporte en formato policial, YZ28 — leyó Hanji las notas.

—¡Demasiado joven!— comentó Nanaba, levantando la sábana.

—Según esto, fue a quemarropa, arma de fuego, FNP-45... su ejecutor parecía odiar que lo abandonara para irse con su verdadera familia.

—Oh... "Si no eres mío, no eres de nadie" versión familia tóxica— Nanaba sacudió la cabeza. El rostro del occiso tenía una expresión de tensión.

—Sobrevivió el padre natural, el hermano y la adoptiva, aunque con heridas mayores, pero se recuperará. Al parecer este héroe se interpuso para defender al hermano, quien protegía a la adoptiva. — Hanji señaló la trayectora de algunos impactos, hizo algunas anotaciones adicionales mientras Nanaba tomaba las medidas de las heridas mortales.

Continuaron con el proceso de revisión debido a que era requisito indispensable el reporte forense para sentenciar penalmente al asesino. Y el verdadero padre del occiso trabaja en el Hospital, en la sección de Emergencias, así que Hanji siente que no puede fallarle a su compañero y dará todo lo de sí misma por un informe que permita hacer justicia.

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La madrugada después de Halloween.

Levi no era muy fanático de las festividades extranjeras pero no veía con desagrado a los adolescentes que iban y venían disfrazados, ya sea saliendo de fiestas particulares o aprovechando la madrugada para seguir con la farra en otro sitio.

El ambiente, rodeado de gente disfrazada de monstruos mitológicos o asesinos seriales, parecía de esas típicas películas de terror, con el ademán que Levi solo sería un personaje de relleno y nadie lo tomaría en cuenta.

Aunque para su mala suerte, esta madrugada del 01 de noviembre, el destino decidió volverlo protagonista de su propia historia de terror.

—Ahí estás, maldito mocoso— en voz baja, envuelto en una capucha, nada anormal ni llamativo en un día en que la mayoría de personas se disfrazaron, apuntándole con un arma, poco visible a la escasa luz, así Levi no podía determinar el alcance. Igual, la puntería de Djel nunca fue mala.

—Solo danos la clave— replicó otra voz en el mismo tono susurrante, a la cual Levi reconoció como Ralph. —Y te dejaremos ir.

—No hables por ambos—refutó de inmediato Djel, el enojo haciendo que olvidara hablar bajo. —Debí pasar un cumpleaños lleno de mujeres, drogas y alcohol, pero este bastardo me lo impidió.

«Y el periodo de abstinencia lo está volviendo peligroso.» Pensó para sí mismo Levi.

Kenny tuvo en alguna ocasión negocios turbios con ellos, negocios de los cuales empezó a apartarse una vez que se enteró que su hermana Kuchel murió, dejando a un pequeño a su maldita suerte.

A pesar de estarse apartando de aquella mala vida, Kenny le enseñó las reglas del bajo mundo y cómo sobrevivir en un mundo de injusticias, aunque algunas situaciones no requería de enseñanzas sino de simple lógica, como la de no consumir tu adictivo producto.

Ni Djel ni Ralph parecían haber seguido esa lógica.

Levi estaba seguro que aquellos eran los responsables de la muerte de Kenny, pero lastimosamente tenía cero pruebas. Y que haya desaparecido la tarjeta dorada de Kenny no le daba validez a ninguna teoría, ambos podían refutar que Kenny la dejó en la casa de alguna prostituta de categoría alta.

La-puta-clave replicó Djel hablando tenso y entre dientes.

Levi soltó un suspiro de resignación.

—Doce-Veinticinco— respondió, dando dos pasos hacia un costado, pero fue abruptamente detenido con el filo de una navaja clavándose. Levi aguantó el quejido de dolor que quemó en su garganta.

—No aún— replicó Ralph, hundiendo más el arma, sin sacarla aún. —Si no es la clave, te sacaré los intestinos a la antigua.

Lo llevaron al cajero más cercano, Levi se aseguró de mostrar cierta resistencia para que quedara registrado en las cámaras.

—Ingresa la clave de mierda y desaparezcan ya— Levi dijo, siendo su prioridad ir de inmediato a un hospital, no sea que la maldita navaja esté infectada.

Djel sacó la tarjeta de Kenny, la puso en el cajero y tecleó la clave.

Accedió al instante al menú de valores.

—Puta madre— exclamó emocionado, los dedos temblorosos.

Inesperadamente Ralph arrastró a Levi, lanzándolo contra el piso y colocando un pie en su cuello. Esto, definivamente Levi no lo esperaba.

«Mierda.»

—Ya suéltame— replicó Levi, con dificultad para hablar.

—Me transferiré los valores— dijo Djel, verificando que aún estuviera ingresada su información bancaria.

Ralph soltó a Levi y corrió al cajero.

—No seas un cabrón, también dame la mitad de los valores.— reclamó.

Levi dificultosamente se levantó, aún con la navaja clavada, sabía que no debía moverla o empeoraría su estado.

Ralph y Djel empezaron a discutir en el cajero y entre forcejeos el segundo dio la orden de transferencia, ante lo cual el sistema lanzó un error de información.

—¡Hijo de puta!— gritó Djel, apuntando a Levi y disparando repetidas veces contra él. Levi cayó contra la fría acera, el golpe en su cabeza siendo la menor de sus heridas comparadas con las que acababa de recibir.

«Oh... así que esto es morir»

Silencio en la cabeza de Levi. El frío apoderándose de su cuerpo. Una inusual emoción que él identificó como tristeza.

—¡Cabrón! ¡No lo mates!— reclamó Ralph disparando contra Djel, quien también se defendió disparando contra su compinche.

Levi, ajeno al fatal desenlace de aquellos maleantes, seguía perdido en sus propios pensamientos.

«No hice muchas cosas... Kenny me dijo que debía vivir al máximo... Debí invitar a salir a Hanji...»

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«Prepara el mejor té y te apoyaré con cualquier locura que se te ocurra.»

Hanji despertó sobresaltada y empada en su propio sudor frío.

Con fastidio se dirigió a su ducha, para quitarse esa sensación pegajosa, y en menos de cinco minutos salió vistiendo un pantalón de licra verde oscuro y su camiseta amarilla favorita.

El estómago se le retorcía y ella lo atribuía a que tenía hambre, por lo cual se dirigó a la cocina y buscó en la alacena té negro para no tomar algo pesado y, con algo de suerte, volver a conciliar el sueño.

De inmediato hizo un pequeño inventario, notando que no tenía nada para su desayuno, por lo cual tomó su billetera, su abrigo y las llaves para dirigirse al market de 24 horas que estaba cerca de su departamento.

Era la madrugada después de Halloween.

El reloj marcaba las 02h53.

A Hanji no le extrañó ver a jóvenes disfrazados, riendo y (aparentemente) sin mayores preocupaciones que pasar un buen rato.

A los jóvenes de ahora les encanta adoptar costumbres extranjeras.

Suspiró profundamente, pensando si sus pesadillas no son a causa de la hipoteca de su departamento. No es que se queje de su actual sueldo, pero está al ras con sus ingresos y gastos, sin lograr ahorrar un fondo el cual usar en caso de una emergencia.

Repentinamente unos disparos la hicieron ir, contra toda lógica, hacia el lugar de aquel alboroto.

Quizá algún herido necesite su ayuda.

Se paralizó por unos instantes al escuchar dos disparos más. Una parte de ella, la racional, pareció reclamar el que vaya directo a una posible balacera pues ella podría salir lastimada. Pero otra, la que hacía retorcer todo su sistema, la instaba a ir hacia aquel peligroso sitio.

Corrió hacia donde se escucharon los disparos, yendo contra personas que huían lo más posible del peligro.

Lo que siguió para Hanji fue una pesadilla viviente.

Habían tres personas heridas, dos de ellas cercanas a un cajero, así que la primera opción lógica era un asalto.

De aquellos tres solo uno llamó fuertemente su atención.

Hanji no supo cómo, pero lo reconoció.

Estaba contra el piso frío, con un charco de sangre extendiéndose cada vez más, mientras rostros desconocidos gritaban y llamaban a la policía para que ayude a esclarecer el macabro panorama.

La mente de Hanji analizó de inmediato la situación y sacó su propio celular llamando a la ambulancia de turno del Hospital Metropolitano Zacharius.

Una vez que cortó la llamada corrió hacia aquel hombre y lo sostuvo entre sus brazos, verificando el estado de sus heridas.

¡Maldición!

Todas eran mortales.

La expresión del rostro de él se relajó visiblemente al verla.

«¿Acaso te he invocado?»

Él no podía hablar. Su rostro pálido y frío sin embargo parecía decir lo crítico de su situación.

—Resiste.— pidió Hanji, empezando a romper su abrigo a fin de parar las hemorragias de las heridas más graves que notaba. Lo cual era imposible de discernir ante tanta sangre. —Por favor, resiste.

Lo vio mover los labios, la voz ausente.

Hanji.

Y ella vio el pecho de él subir y bajar por última vez.

Hanji ha tratado con la muerte en muchas ocasiones. En su propia existencia, perdió a sus padres, no tuvo más familiares.

Y aquel momento dolía con la misma intensidad, como si su propia alma fuera la que estuviera abandonando su cuerpo.

Ella abrazó al hombre y lloró con intensidad.

No supo cuánto tiempo transcurrió. No sentía ni frío, hambre o cualquier otra sensación más que la de su alma partiéndose en fragmentos más pequeños y más dolorosos.

Hanji se apartó solo unos centímetros cuando escuchó las sirenas de emergencia. Se abrieron las puertas, permitiendo que subieran al hombre a la camilla y Hanji se subió sin pensarlo siquiera un segundo.

Adentro de la ambulancia ella se encontró con su compañero de trabajo Yēgā Grisha, médico especialista intensivista, quien le preguntó si aquel hombre era su familiar. Hanji bajó la mirada en muda respuesta.

Grisha procedió de inmediato a revisar a aquel hombre, haciendo latir en esperanza el corazón de Hanji, pero aquello no duró mucho. Ella notó la expresión triste de Grisha, quien le hizo una seña al paramédico de turno para que no use el desfibrilador manual.

En la ambulancia, y por consideración al estado de afectación de Hanji, Grisha anotaba en silencio las observaciones que veía, mientras observaba la hora en su reloj de bolsillo, luego lo guardó, calculando que ha transcurrido más de veinte minutos desde que aquel hombre perdió la vida.

Mes: 11 Día: 01

Hora de deceso: Aproximadamente las 03h00

De ahí procedió a revisarlo, encontrando su billetera en la cual estaba el documento de identificación del hombre, lo leyó y lo extendió hacia Hanji, para continuar con su reporte.

Datos: Ackerman Levi.

Mes-dia: 12-25

Hanji tomó la identificación, aún sin poder creer que la mañana anterior él estuvo entregando la credencial de ella.

Debió ser una señal del destino.

Y ella no supo identificarlo.

Hanji no reparó en nada ni nadie a su alrededor, solo apartó el cabello de la herida de la frente, le susurró algunas cosas al oído y besó los fríos labios del hombre.

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En la sala de autopsias Hanji empezó a revisar a Levi, sin importarle la hora ni que no estaba autorizada a hacer ese procedimiento.

No secaba sus lágrimas, se empeñaba más en sacar las balas que encontró en el cuello y espalda. Tres disparos, todos mortales, además de la navaja clavada a la altura del riñón izquierdo, cuya herida no era tan crítica como las anteriores.

Volvió a acomodar el cabello oscuro, en un extraño placer de acomodarlo.

Era tan atractivo.

Hanji no se refería a la belleza de un modelo de revistas, sino que tenía ese porte de hombre protector en quien valía la pena dormir entre sus brazos y tener un sueño reparador.

El llanto se volvió más intenso.

Empezó a escribir el reporte de la autopsia y le dolía cada vez que escribía los datos en la computadora.

Ackerman Levi.

No debió ser así como ella debía saber su nombre. Él era quien debía habérselo dicho, quizá acompañado de una invitación a tomar té después de una pesada jornada laboral.

Dejó a un lado sus anotaciones, mientras se acercaba a él y se echaba a llorar junto a la camilla.

Así fue como Nanaba la encontró, puesto que la habían llamado informando que la Especialista Zoë se encontraba haciendo una autopsia sin la correspondiente autorización ni orden.

—Hanji... ¿Qué pasa?— dijo la rubia, mientras tapaba al hombre. Parecía que aquel caso le afectaba profundamente a su amiga. —¿Lo conociste?

Hanji no respondió, su llanto no cesaba.

Mike entró al poco tiempo, llamando a Nanaba.

—Necesito hablar a solas con Hanji.

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El primer pensamiento que tuvo Levi fue ser consciente del lugar donde estaba.

Hikari no Sekai.

El segundo fue ser consciente de la presencia de aquella deidad de la luna.

Su Juez. Su Creador. Su Dios.

—Ummm... esto fue demasiado pronto.— escuchó en aquella divina voz, aunque la boca de aquel imponente ser no se hubiera movido.

Levi se miró, su cuerpo envolviéndose en un extraño fulgor, su apariencia de adulto volviéndose en un adolescente.

No tuvo más que decir, por lo cual asintió.

Su pecho dolía. Levi no sabía si aquello era por las heridas que le causó Djel, porque era consciente que la herida de Ralph no fue tan grave.

Y Hanji.

Murió entre los brazos de ella.

No sabía si aquello fue un premio para él o fue una maldición para ella.

Ver morir a alguien no era agradable.

Levi lo sabía, porque vio a su madre morir, una y otra vez.

Parpadeó varias ante ese último pensamiento.

Y a ella también.

La deidad frente a él pareció analizarlo, como si viera en su esencia misma.

—Espera...— dijo Levi, frunciendo el entrecejo.

—¿Lo recuerdas?— preguntó el ser divino, analizando a una de sus más increíbles y fascinante creaciones. —Es la primera vez que ella lo presenció.

Levi entonces identificó el dolor en su pecho. Lo ha vivido tantas veces que perdió la cuenta.

Pero Hanji no.

Ella no lo resistiría.

—No lo hagas— murmuró Levi.

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Uno de los motivos por los cuales Mike (en teoría) no podía ejercer su profesión con los familiares era por los vínculos emocionales que con ello conllevaba y no sería su lado médico el que dominaría la situación.

Y Hanji no solo era la mejor amiga de su esposa, era como una hermana, la que nunca tuvo pero siempre apreció como tal.

Mike se quitó los guantes, los desechó en el respectivo recipiente los desechos médicos y se pasó la mano por el rostro. Tuvo que sedarla con un tranquilizante porque Hanji no dejaba de llorar y solo soltaba sílabas sin conexión alguna.

—Entonces... — trató de asumir su papel de psiquiatra, porque, justamente por el cariño que le tiene a Hanji, no podría permitir que otra persona la atendiera y la viera así de quebrada emocionalmente —¿Lo conociste?

—¿Conocerlo?— preguntó Hanji, con una triste sonrisa. Pareció analizarlo unos instantes, buscando en sus recuerdos. —Le gustaba tomar té y leer el periódico como desayuno.

Mike iba a hacer algunas anotaciones, pero le extrañó aquella última frase. ¿Sería acaso aquel hombre algún amante? No creía a Hanji capaz de engañar a Moblit, pero esa descripción llamó poderosamente su atención.

Adolorida emocionalmente Hanji se abrazó.

—Ackerman... Levi.

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Moblit no se consideraba una persona visceral.

Estaba en el hospital, trasnochado, estresado, escuchando a policías interrogar a su prometida sobre un hombre muerto en la madrugada.

Había visto los videos de seguridad en los cuales estaba grabado cómo Hanji trataba de salvarle la vida, luego lloraba aferrada a su cuerpo, apenas separándose para dejar que la ambulancia lo llevara, y ella se metió en la ambulancia, como una esposa preocupada por su amado.

O su amante.

Ante aquel pensamiento, Moblit golpeó una pared cercana. Nanaba, quien se encontraba sentada al otro extremo de la habitación, tomó nota mental de ello.

Aquel arrebato de furia no inmutó a Hanji, quien seguía hablando de cómo lo había encontrado y en el preciso instante en que Levi murió.

—Le dispararon, deducible tres veces con impacto mortal, estando él de espaldas. Las balas no salieron de su cuerpo, además tenía una navaja clavada en el costado. —Hanji tenía una voz tensa y claramente conteniendo un inusual dolor. —Él fue víctima de esos dos...

La oficial a cargo, muy emocional, asintió, secando sus lágrimas.

—Hey, Sasha— le reprochó su compañero. —Sé un poco más profesional.

—Es que es cierto lo que ella dice. — replicó la aludida. —Se vio en las cámaras cómo Ackerman forcejeó con los sujetos, y esos malditos le dispararon sin piedad.

Hanji sintió cómo una lágrima se deslizaba por su rostro y fue incapaz de limpiarla.

Los policías agradecieron la información y le aseguraron infomarle cualquier novedad.

Como si ella fuera la esposa.

Aquel pensamiento fue más mortífero para la estabilidad emocional de Moblit.

Moblit iba a empezar con el reclamo, cuando unos golpes en la puerta fueron el preámbulo de la entrada de una rubia seguida de otro hombre que portaba un pañuelo en la boca.

—¿Zoë-sensei?— dijo la rubia, mirando a las dos féminas de la habitación. Curiosamente supo a quién buscaba, pero por respeto a la situación, se veía en la obligación de preguntar antes de hablar. Hanji miró a la rubia, quien portaba una credencial de su entidad bancaria. Por unos instantes Hanji se preguntó si acaso había algún problema con el pago de su hipoteca, pero las siguientes palabras de la joven la desconcertaron. —Lamento mucho su pérdida.

Moblit hubiera querido preguntar más sobre ello, pero volvió a golpear la pared. Nanaba, quien lo analizaba en silencio, se levantó para sentarse junto a su colega.

—Si no tienes la paciencia ni el apoyo para Hanji, agradeceré que dejes de golpear las instalaciones de la clínica de mi esposo y te retires—dijo Nanaba, en evidente tono de reproche. Moblit le dio una mortal mirada, como si siquiera golpearla. Aquella expresión hizo que Nanaba soltara una sarcástica risa. —Seguro que estarás más a gusto en la habitación 1-O-3.

La mirada de Moblit pasó de inmediato a la estupefacción y después a la indiferencia.

—No pienso perder más tiempo aquí. — replicó entre dientes y salió dando un portazo.

Nanaba pensó que si se dañaba algo iba a agregarlo a la cuenta de la paciente de obstetricia.
Soltó un suspiro e invitó a la rubia a sentarse en una cercana silla.

—¿Algún inconveniente con la hipoteca?— preguntó Hanji, no entendiendo qué otra razón pueda existir para que una asesora de su banco se personalizara en su lugar de trabajo.

—Umm... — pareció analizar la joven, revisando algo de una tablet que sacó. —Antes que nada, permítame presentarme. Mi nombre es Ral Petra, laboro como asistente de cuentas ejecutivas VIP de Nippon Ginko.

Hanji no dio signos de entender por qué la presencia de la rubia, por lo cual Petra revisó la información de su tablet para no dar información errada.

—Ackerman-san... me refiero a Levi-san — se apresuró en aclarar Petra —El día anterior había realizado algunos requerimientos en la cuenta de Kenny-san y, lastimosamente se ejecutaron antes de lo previsto. Quizá sea que aquellos criminales estaban detrás de la pista de la cuenta Ackerman y Levi-san lo presentía.

La rubia notó que Hanji aún no tenía idea de lo que estaba sucediendo. En su mente elevó una plegaria por el alma bondadosa de Ackerman Levi, al parecer había sido un novio muy considerado y desprendido.

—Usted ha heredado la cuenta de Ackerman Levi, quien a su vez la había heredado de su tío.

Hanji creyó que aquello era un cliché, o una mala broma. Y ella no estaba de ánimos para aquello. Iba a reclamarle a la rubia pero ella se adelantó, mostrando un documento que decía Posesión Efectiva.

Lo leyó, entre incrédula y tensa.

Había sido firmado el día anterior. Hanji revisó los anexos y notó copia del documento de identificación de Levi, cuyo original ella tenía en los bolsillos de su roto abrigo, luego acarició la firma de Levi que había estampado.

¿Por qué?

No lo conocía.

No más allá de sus pesadillas.

Pero era ella quien tenía que dejarlo.

Y ahora él la había abandonado.

Sin siquiera tener una oportunidad.

Debió agradecerle más por la credencial, invitarlo a un té.

Él quería que ella preparara el mejor té y la seguiría en todas sus locuras.

Una sombría idea se instaló en la mente de Hanji, interrumpiendo en voz alta las cosas que decía Petra sobre inversiones y demás temas financieros que, en honor a la verdad, Hanji no entendía.

—Sobre el orfanato...— dijo Hanji. —Levi me dijo que le tenía un aprecio particular.

Petra asintió.

—Sí, Kenny-san lo encontró ahí...

—Umm... — murmuró Hanji, en aparente afirmación, mientras rascaba ambos brazos a la vez que daba una imagen de abrazarse a sí misma. —Necesito que... parte del dinero... vaya para allá.

Petra asintió.

Le ofreció a Hanji ir a la agencia bancaria para poder brindarle una atención VIP.

—Irá después del almuerzo— intervino Nanaba, extrañada de tanta información por parte de un hombre del cual ella desconocía e irónicamente empezó a conocer después de su muerte.

Hanji la miró, sus ojos generalmente brillantes y emocionales, parecían haberse apagado.

—Sí— consintió Hanji, encogiendo los hombros en apartente indiferencia, las uñas seguían rasgando sus brazos. —Iré después del almuerzo.

Una vez que Petra salió de la habitación, Nanaba trató de hablar con Hanji, preguntando por Levi, teniendo respuestas de lo más extrañas.

—Buen patinador, trapecista... y también tiene una excelente voz— dijo Hanji, pasándose las manos por el castaño y alborotado cabello. Luego, pareció recordar la cruel realidad. Tenía... Él tenía una buena voz para cantar.

Lo que Hanji no le aclaraba a Nanaba era que aquellas descripciones correspondían a los sueños que noche tras noche tuvo sobre Levi.

Hanji, por su lado, no sabía cómo esa noche lograría conciliar el sueño.

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Hanji sabía que amaba el conocimiento antes que nada.

O eso era lo que había creído.

En el momento en que ella se vio a sí misma, resplandeciendo y transformándose en una adolescente, fue que se dio cuenta del error imperdonable que cometió.

En ocasiones era mejor la ignorancia.

Sus ojos castaños parecieron transmitir el dolor de su alma y el arrepentimiento en el preciso instante en que se encontró con otra mirada azul gris que parecía sentir aquel mismo sentimiento de desolación.

No era esta forma como ella hubiera deseado volver a ver a Levi. De haber sospechado que estas eran las consecuencias, definitivamente no hubiera tomado aquel camino.

—Perdón— dijo, cerrando los ojos. Sabiendo que no había vuelta atrás. Lo siento tanto.

No le pedía perdón a Levi. Pero sí sentía mucho haber destrozado todo de aquella manera tan irreparablemente.

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Mike revisó el informe forense que había realizado Hanji. Ocupaba media carilla, era poco descriptivo pero demasiado directo y crudo.

No eran los informes que habitualmente ella hacía, pero tampoco antes había hecho una autopsia sin autorización.

¿De dónde había aparecido Ackerman Levi y por qué había trastocado con su muerte la tranquila vida de su amiga?

Dos golpes en la puerta fue la única advertencia que tuvo Mike antes de ver a Riko Brzenska, la Jefe del Área de Finanzas y Cuentas por Cobrar de su hospital, con su siempre expresión seria, lo cual no era anormal, pero sí lo era ir a verlo para tratar cualquier tema. En ese sentido Mike se desatendía del área económica pues para eso la contrató y solo se veían en las reuniones directivas.

—Brzenska— dijo Mike, para que la aludida hablara.

—Empiezo aclarando que mantengo el profesionalismo antes que nada— replicó ella, mientras le pasaba unos informes médicos y pruebas de laboratorio a su director. —Pero al final de cuentas también soy mujer.

Mike revisó los informes, el ingreso de una paciente, embarazo, tuvo una amenaza de aborto... El rubio suspiró, tenso. No tenía tiempo para casos particulares, cuando tiene un problema con Hanji.

—¿Sucede algo?

Rico estaba enojada porque Mike no se dio tiempo de leer ninguno de los documentos.

—La señorita se encuentra ingresada, aparte de no tener sus propios medios económicos para cancelar la cuenta, acaba de enterarse que el padre de su bebé está comprometido y no precisamente con ella.

Mike se llevó una mano a la barbilla, aún sin entender qué tenía que ver esos líos, aparte de que la mujer pareciera no estar en la capacidad económica de cancelar su estadía.

Nanaba entró sin golpear justo cuando Riko decía el nombre del padre del bebé de la paciente.

Mike notó que, esa información que acababa de darle Riko, de una u otra manera Nanaba se había enterado y venía a comunicárselo.

El rubio se pasó nuevamente la mano por el rostro, presintiendo unos días tensos.

—No creo que Bānā sea tan imbécil de haber traído justamente aquí a esa joven.

—Negativo— confirmó Riko —Ella ingresó por emergencia, y él vino mucho después. Anda tenso como un león enjaulado. Quiso llevársela a otra clínica, pero cuando se le pidió que firmar el Acta de Responsabilidad por Retiro Voluntario, se negó a quedar como el responsable y evidenciar el vínculo. Aquello descompensó a la mujer y tuvo que ser ingresada, para la mala suerte de Bānā, a Alto Riesgo Obstétrico, en donde se le ha restringido la visita.

Mike volvió a revisar el informe médico.

Embarazo de riesgo, ella ha suplicado salvar la vida de su bebé y prohíbe la presencia del padre hasta que no represente un riesgo para su embarazo.

—Nifa no tiene la culpa. — dijo Nanaba. Su expresión, a pesar de ser aún tensa y fúrica, hacía contraste con la suavidad de su voz.

Mike asintió, entendiendo en este caso la postura de su esposa.

Ella se proyectaba en los embarazos de alto riesgo, por haber pasado por la misma situación. Y aunque Mike jamás planeó usar a su esposa en una campaña publicitaria, fue inevitable que el Staff Médico de Materno Infantil del Hospital Metropolitano Zacharius adquiriera fama al llevar exitosamente a término el nacimiento del primogénito del dueño.

Si el dueño del Hospital confiaba en su propio personal la vida de su esposa e hijo, entonces el personal está más que capacitado para una atención de tercer nivel.

—Si Bānā no quiere cancelar la cuenta... reporten la factura a su banco y empresa. — sentenció Mike, firmando los documentos que Riko había llevado. —Y si aún así él se hace el desentendido, aparte de tener prohibido pisar nuestro hospital, gestionaré una orden de alejamiento que nos cubra a todos. La cuenta... bueno... veremos qué podríamos hacer por Nifa, porque si no tiene cómo pagarla, podríamos hacer que después del parto, trabaje en algún área y darles cómodas cuotas de pago de su sueldo, además necesitará alimentar a su hijo.

Nanaba sentía que el amor por su esposo crecía desmedidamente.

Riko asintió, tomando los documentos firmados y autorizados por Mike. Hizo un leve gesto de reverencia hacia la pareja antes de salir.

Nanaba controló su propio malestar y rodeó la tensa espalda de su esposo para depositarle un beso en la frente.

—En otra vida debiste ser un juez— dijo ella, su mano acariciando la corta barba. —Tienes un olfalto singular para las personas.

Mike destensó los labios ante la caricia de Nanaba.

—Hubiera preferido equivocarme en esta ocasión.— dijo Mike, volviendo a tomar el informe firmado por Hanji. Entonces señaló la fotografía de aquel que falleció en la madrugada. —Y me hubiera gustado haberlo visto... ¿Cómo demonios este hombre se involucró con nuestra Hanji y no nos dimos cuenta?

Nanaba suspiró, también confundida. ¿Será por ello que Hanji vivía con insominio? ¿Encuentros a escondidas con aquel llamado Levi, quien la llenaba de noches apasionadas? ¿La culpa carcomía a Hanji por engañar a Moblit? Por cierto, con este último, Hanji había tenido una pésima relación, pero veía a su amiga tan tranquila que pensó que eran almas gemelas.

Ahora lo dudaba, viendo la inestabilidad emocional de Hanji ante la muerte de Ackerman Levi.

Nanaba suspiró profundamente.

—Pareciera ser algo más profundo— dijo Nanaba, recostando su barbilla en la coronilla de Mike. —Este hombre, me refiero a Ackerman Levi, heredó a Hanji una herencia de su padre, o algún familiar, no entendí bien ésto último.

Mike miró a Nanaba, extrañado ante esto último.

—¿Estás segura?— preguntó Mike.

Nanaba asintió, mirando la hora en su reloj. Aún faltaban media hora para el almuerzo. La rubia planeaba comer con Hanji y acompañarla al banco.

O eso era lo que ella creyó que iba a hacer.

El destino suele tener inesperadas y más desagradables sorpresas.

—Zacharius-sensei— dijo una voz al abrir abruptamente la puerta.

Por unos instantes Mike creyó que se referían a él, y estuvo a nada de llamarle la atención a su secretaria por permitir la entrada a extraños a su oficina, cuando la vio con el rostro oculto entre sus manos, llorando desconsolada.

El hombre vestía un uniforme que parecía ser de un alto rango policial y aún así pareció estar impresionado al ver a Mike. Luego se recompuso de su estupefacción inicial y recobró su fría actitud inicial.

—Lamento mi abrupta manera de ingresar. —replicó el rubio cerrando la puerta detrás de sí, siendo una tácita forma de mantenerse dentro de la oficina del dueño de la clínica. —Antes que nada, me presento. Soy Smith Erwin, Comandante Zonal de este Distrito. Mis subalternos estuvieron hace aproximadamente cuatro horas atrás, entrevistando a una de sus profesionales de la medicina.

—Zacharius Mike— se presentó el otro, con un ligero ademán de cabeza en señal de respeto, mientras disimuladamente cerraba la carpeta del reporte forense de Ackerman Levi. —La doctora Zoë saldrá en unos minutos a almorzar junto a mi esposa...

—Zacharius Nanaba— agregó ella, repitiendo la forma de saludad de su esposo. —Si me permite unos instantes...

—Es con usted con quien tengo que conversar— interrumpió Erwin, con voz tensa. Mike se percató entonces que desde un inicio estaban buscando a su esposa. —Ral-san indica que usted iba a asistir en compañía de la Doctora Zoë pero su colega se presentó casi cuatro horas antes de lo previsto.

Erwin continuaba relatando los hechos, de manera tan cronológica y profesional.

Mike entendió la razón del llanto de su secretaria. Nanaba, en contraste, sentía que cada palabra del Comandante Smith la arrastraban a una absurda pesadilla. Estaba tan segura que cualquier momento su esposo la despertaría a su realidad.

—... el levantamiento del cadáver de Zoe Hanji se realizó hace aproximadamente una hora. Se ha suicidado.

El grito que dio Nanaba desgarró el alma de Mike.

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Era la madrugada después de Halloween.

Tres disparos.

Unos reclamos.

Una pelea.

Dos disparos más.

Tres cuerpos contra el frío piso.

Hanji vio sus manos manchadas de sangre al querer detener las hemorragias. Le suplicó que resistiera, rompiendo su abrigo y tratando de identificar cuál era la herida más mortal.

Maldijo en su mente nuevamente.

Ella vio cómo movió los labios, parecía llamarla sin voz. Sabía que él no era mudo, pero en esos momentos, por las heridas de su cuello, Hanji dedujo que él estaba débil, pues no quería pensar que era que la vida se estaba escapando con la sangre que manchaba su destrozado abrigo.

El reloj marcaba las 03h00.

Y ella vio el pecho de él subir y bajar por última vez.

Lo abrazó, llorando con intensidad.

El tiempo siguió avanzando sin control, como el frío viento que envolvía a la forense, congelando todo dentro de ella, quien quería haber podido hacer algo más. Deseaba poder haber hecho algo más.

Solo se permitió apartarse un poco al escuchar las sirenas de la ambulancia. Las puertas se abrieron, los paramédicos bajaron, permitiendo que subieran al hombre a la camilla y Hanji de inmediato se subió. Adentro de la ambulancia vio a Grisha.

—¿Es tu familiar?— le preguntó el Doctor Yēgā.

Los ojos de ella se volvieron hacia el hombre de la camilla.

Rápidamente Grisha hizo un análisis mental conforme iba descubriendo las heridas que el hombre portaba. A cada anotación mental, su experiencia no le daba una buena respuesta.

—Uno... dos...— Grisha no se caracterizaba por ser alguien sociable en su trabajo. Pero le debía su mayor esfuerzo a Zoë y Zacharius. Tres heridas en áreas mortales y un arma blanca incrustada.

Desgraciadamente no va a tener oportunidad de retribuirle a una de ellas. Le hizo una seña al paramédico para que deje a un lado el desfibrilador manual. Se apartó de Hanji, para darle su espacio. Al parecer, es todo lo que podía hacer por ella. Se pasó la mano por el rostro, recordando por unos instantes sus propias tragedias. Miró su reloj de bolsillo, notando que apenas pasaban diez minutos después de las tres. Va a ser una tensa madrugada.

Hanji no secó las lágrimas que recorrieron por su rostro. Se dedicó unos instantes a contemplar al hombre, esa herida de su frente era bastante notoria, no logró cubrirla. Y el cabello la estaba topando.

Apartó el cabello.

Era suave y oscuro.

Se arrimó más para susurrarle unas palabras. Luego, acercó su boca a la de él y besó aquellos labios que habían, en vano, tratado de decir su nombre en voz alta.

Ella no tuvo la oportunidad de escuchar por última vez su voz.

Entonces...

El pecho de él subió, como si estuviera inspirando profundamente.

Hanji se apartó, notando cómo los párpados de él empezaron a moverse, al parecer sintiéndose sensibles ante las luces de la ambulancia.

—¡Eres un zombie! —exclamó ella.

Continuará...


Notas de autor: Lamentablemente la vida real no dejó que publicara esto en los tiempos previstos. Pero la idea se mantiene.

Proyecto inspirado por los temas de la Semana Halloween LeviHan que propuso Monocromo en Azul. (Una de mis autoras favoritas del fandom LeviHan. En serio que amo profundamente su capacidad imaginativa)

Si sientes que te ha explotado el cerebro con este capítulo, me doy por bien servida xD