La reina Erica junto acompañada de su escolta personal y sus ministros abordó la nave insignia de la familia real y partió en dirección a la mansión de la familia Lavoisier. Leon quién acababa de finalizar su conversación con la ex-reina Mylene Rapha Holfort se dirigía a paso firme hacia el Destroyer. Cualquier atisbo de duda que pudiera tener, había desaparecido y ahora nadie lo detendría para cumplir con su cometido.

Cleare quién se encontraba dentro de la cabina del piloto activó los sistemas para encender el vehículo. El ruido del motor era impresionante y era audible a gran distancia. Cuando Leon se acercó lo suficiente el techo del Destroyer se retrajo automáticamente hacia atrás para permitir su ingreso. Así lo hizo y entró en la cabina del piloto que solo tenía espacio para un tripulante.

Leon tomó asiento mientras un arnés mecánico lo sujetaba por el pecho, el tablero se abrió en dos partes para dar paso al volante que sujetó fuertemente con ambas manos.

-Master. Todos los sistemas se han iniciado correctamente. Sistema de navegación en funcionamiento y el sistema de armas listo y preparado.

-Muy bien. Vamos.

Leon aceleró y partió velozmente hacia la entrada del castillo mientras la fricción de las ruedas dejaba marcas profundas en el camino.

Los sirvientes del palacio que estaban presentes quedaron asombrados por tal máquina. El Destroyer era un vehículo de guerra construido para casos específicos, había muchos rumores de los seguidores de Leon acerca de esta máquina, y todos ellos hablaban de la destrucción que había provocado las contadas ocasiones en que fué usado.

La velocidad del vehículo era tal que pronto alcanzó a la nave insignia de la reina Erica. Dentro de la cabina Leon empezó a quejarse con Cleare.

-La armadura necesita ser calibrada nuevamente. Está empezando a sofocarme.

-Master. Debo sugerir que baje de peso. Actualmente no se encuentra en su mejor estado físico. No está demasiado gordo pero ha perdido en gran medida su musculatura y su figura.

-¡Será después! ¡Recalibra la armadura, necesito que alivies la presión!

-Como ordene. Pero debo reiterar que baje de peso. El té y los bocadillos que tanto le gustan le han pasado factura a su cuerpo.

Mansión de la familia Lavoisier.

Angelica se encontraba acompañada de Antoine dando un pequeño paseo en el jardín de la mansión. Ella lo sujetaba cariñosamente por el brazo mientras apoyaba su cabeza sobre su hombro. La noche anterior y esa mañana habían estado llenos de dicha para ella. Hacía mucho tiempo que no se sentía verdaderamente feliz, una felicidad que solo había sentido en el pasado junto con Leon.

Joseph los observaba desde uno de los balcones del salón del segundo piso acompañado de su hermana Lenna.

-¡Miralos Joseph! ¡Se creen tan enamorados! ¡Es repugnante!

-¡Nuestro hermano ya no puede dar marcha atrás! ¡Será su perdición y temo que también la nuestra!

-¡Las mujeres siempre lo han amado y él siempre les ha correspondido! ¡Pero de todas las mujeres que pudieron caer en sus manos tuvo que ser la esposa del Archiduque Bartford!

-¡Esta vez es diferente! ¡El siempre desechó a las mujeres después de jugar con ellas! ¡Pero está decidido a regresar a nuestra nación con ella y nuestra madre lo ha ayudado!

-¡El siempre fué el preferido de mamá y ella siempre le consintió en todo lo que quería!

Mientras ambos hermanos seguían discutiendo uno de los guardias de la puerta de la mansión se acercó raudamente a Antoine interrumpiendo su paseo con sus amada.

-¡Joven! ¡La nave de su majestad se aproxima!

-¿Qué hace la reina aquí?

Angélica empezó a sudar por lo que extrajo un pañuelo de su vestido para secarse el rostro. Ella sabía que la presencia de la reina no podía presagiar buenas noticias. Mientras su enamorado seguía discutiendo con el guardia, la nave insignia llegó a la propiedad y aterrizó en las afueras de la mansión.

Erica descendió acompañada de su escolta y sus ministros y se encaminaron hacia las puertas del muro que rodeaba la mansión.

Antoine tardó en reaccionar en esta situación, pero volvió en sí para ordenar a sus guardias cerrar las puertas.

-¡Cierren las puertas! ¡Cierren todas las puertas! ¡Nadie puede entrar!

Esas fueron sus palabras y sus guardias obedecieron.

Joseph junto con Lenna llegaron al encuentro de Antoine.

-¿Qué haces? No puedes negarle el paso a la reina.

-¡No te metas en esto hermano!

-¡Asume la responsabilidad de tus actos! ¡Abre esa puerta inmediatamente!

Angelica entró rápidamente a la mansión presa del miedo mientras Lenna le dedicaba una sonrisa burlona. Joseph se dirigió a sus guardias.

-¡Abran las puertas! ¡Es una orden!

Claudia van Lavoisier, matriarca de la familia salió al jardín imponiendo su autoridad.

-¡No abran las puertas! ¡No dejen que nadie entre!

Joseph no podía concebir la actitud que estaba tomando su madre en esa situación.

-¡Madre! ¿Qué estás haciendo?

Mientras ellos discutían, uno de los escoltas de la reina proclamaba ante las puertas.

-¡En nombre de su majestad, la reina Erica Rapha Holfort, se les exige que abran las puertas!

Exigió y luego proclamó y luego una vez más y no hubo respuesta. No se les permitiría la entrada a la propiedad. Erica se enfadó ante este insulto hacia su persona, así que se dirigió a uno de sus escoltas.

-¡Envíen la señal al Archiduque para que nos abra paso!

-¡De inmediato mi Lady!

Uno de sus escoltas extrajo un pequeño comunicador que le había sido dado por Leon.

-¡Mi Lord! ¡Su majestad le pide que nos abra paso!

Leon se acercaba a velocidad moderada hacia las puertas cuando recibió la llamada.

-¡Entendido! ¡Retírense! ¡Voy a derribar la puerta!

Erica y sus acompañantes se pusieron a resguardo cerca de la nave insignia mientras Leon aceleraba en dirección a la puerta. Cleare activó el sistema de propulsión del vehículo, una enorme llamarada azul salió de la parte trasera del Destroyer mientras la velocidad aumentaba radicalmente.

Leon embistió la puerta destruyéndola y también parte del muro de piedra. Los escombros salieron volando debido a la fuerza del impacto. Leon detuvo la marcha de Destroyer en el centro del jardín mientras Joseph arrastraba a su madre y su hermana dentro de la mansión. Antoine se quedó atrás, inmovilizado e incapaz de procesar lo que había sucedido hace solo unos instantes.

Al cabo de unos segundos cuando volvió en sí, se dirigió a sus guardias.

-¡Disparen! ¡Abran fuego!

Los guardias levantaron sus rifles y dispararon contra el vehículo de Leon, el cual no había sufrido ningún daño por derribar la puerta. Las balas rebotaban contra el blindaje de Destroyer, una vez que agotaron sus municiones se acercaron cautelosamente al vehículo mientras Antoine observaba detrás de ellos.

Una vez que estuvieron lo suficientemente Leon activó un campo eléctrico de dos metros de alcance, la descarga de electricidad noqueó a todos los guardias quedando solamente Antoine de pié, ya que él permaneció fuera del alcance del ataque. Una vez más el techo de Destroyer se retrajo hacia atrás y desde dentro emergió Leon junto con Cleare.

Durante unos segundos Leon se quedó encima del techo observando a Antoine de la misma forma que un depredador observa a su presa. Esa mirada en sus ojos le heló la sangre al amante de Angelica, preso del miedo corrió para salvaguardarse en el interior de la mansión.

La reina Erica y sus acompañantes ingresaron al ahora destruido jardín y se posicionaron detrás de Leon quién bajó al suelo y se paró frente a las puertas de la mansión.

Inhaló fuertemente, llenando sus pulmones de aire para dejar salir un grito de furia.

-¡ANTOINE!

No hubo respuesta y volvió a gritar.

-¡ANTOINE!

Y una vez más nadie respondió así que continuó gritando sin señales de detenerse. En esos momentos, Angelica se encontraba en su cuarto acompañada de algunas criadas y con su hijo entre sus brazos. Alexander exclamaba a su madre.

-¡Madre! ¡Padre vino a buscarnos! ¡Quiero ir con él!

Angelica quién se encontraba muy asustada intentó tranquilizar a su hijo.

-¡No cariño! ¡Todavía no puedes salir! ¡Yo iré a hablar con tu padre!

Angelica le tendió a su hijo a una de las criadas quién lo tomó en brazos.

-¡Cuídalo por favor! ¡Y no dejen que se asome por la ventana!

-¡Entendido mi Lady!

Ella abandonó la habitación en dirección a las escaleras para ir al encuentro de su amado Antoine. Joseph se encontraba recriminando a su hermano por su cobardía mientras su madre lo defendía y Lenna observaba todo con una sonrisa sentada en unos de los sillones del salón. Todo esto sucedía mientras se escuchaban los gritos de Leon desde afuera.

Angelica decidió no inmiscuirse en la discusión y solo se limitó a observar cómo se desarrollaba la situación.

Joseph alzó la voz nuevamente.

-¡Sal afuera! ¡Enfréntate a él!

Después de analizarlo y llegar a la conclusión de que no habría otra forma de resolver ese conflicto Antoine recapacitó.

-¡Voy a enfrentarme a él y mucho más todavía!

Claudia, su madre, intentó detenerlo pero Joseph la detuvo. Antes de que pudiera cruzar la puerta, Angelica corrió hacia él para impedirle el paso.

-¡Por favor no vayas!

-¡Tengo que hacerlo! ¡Por los dos!

-¡No puedes pelear contra él! ¡Escúchame porque solo yo sé cuánto daño está dispuesto a hacer!

Antoine tomó las mejillas de Angelica con ambas manos.

-¡Debo hacerlo! ¡Solo así podremos estar juntos y te prometo que después de hoy ya no habrá nadie que pueda interponerse entre nosotros!

Angelica tuvo que aceptar esta decisión y se apartó del camino mientras Antoine salía al exterior acompañado de Joseph. Claudia abrazó a Angelica y ambas mujeres se dirigieron hacia uno de los balcones del segundo piso. Lenna llamó a la amante de su hermano mientras subía las escaleras.

-Sabes lo que sucederá ¿Verdad?

Claudia reprimió a su hija por este comportamiento.

-¡Lenna! ¡Guarda silencio!

Mientras en el jardín Antoine caminó hasta quedar cara a cara con Leon. La reina Erica y sus ministros se acercaron hasta ellos.

-Ya no te escondes en tu mansión ¿Verdad? Muy valiente, imprudente pero valiente- dijo Erica dirigiéndose a Antoine.

-Han venido sin invitación. Suban a su nave y vuelvan al palacio por favor- le respondió Antoine.

-¡No nos iremos! ¡Vamos a quedarnos porque tú y yo saldaremos cuentas!- habló Leon.

-El Archiduque Leon fou Bartford se considera agraviado y ha venido a exigir un duelo contra el capitán Antoine van Lavoisier- dijo uno de los ministros que acompañaba a Erica.

Leon volvió a tomar la palabra.

-¡Exijo que me devuelvas a mi esposa y a mi hijo!

-¡Ellos no se irán a ninguna parte!

-¡Capitán! ¡No hay forma de que rechace el duelo! ¡Acaba de admitir que la esposa y el hijo del Archiduque se encuentran aquí! ¡Además también tenemos los testimonios de las sirvientas que usted atacó cuando irrumpió en su mansión- otro de los ministros acotó estas palabras que pusieron contra las cuerdas a Antoine- El Archiduque exige que su esposa e hijo le sean devueltos y que la familia Lavoisier pague una gran suma de dinero como compensación por estos actos.

-¡Muy bien pero quiero poner mis condiciones! ¡El ganador se queda con ellos! ¡Y que sea un duelo a muerte! ¡Así terminará este conflicto!

-¡Yo acepto tu desafío! ¡Este día al fin estarás muerto!- respondió Leon.

Uno de los ministros le tendió el acuerdo a Antoine quién procedió a firmarlo y luego a Leon. A continuación uno de los escoltas de Erica le otorgó a cada uno de ellos, una espada mediana de hierro y un escudo de mano.

Leon se dirigió a Cleare quien flotaba cerca de Destroyer.

-Cleare. Desactiva mi armadura. Necesito moverme con toda libertad.

-Como ordene, Master.

La armadura fue segmentada en múltiples partes que cayeron al suelo. Mientras Joseph aconsejaba a su hermano. A pesar de que culpaba a su hermano menor, Joseph no pudo permitirse abandonar a su hermano en esa situación.

-Mantente fuera de su alcance. Leon es una bestia y te atacará sin piedad. Debes hacer que abanique y se canse. Usa tu velocidad.

-Entiendo.

Antoine se quitó su chaqueta y tomó con sus manos la espada y el escudo. Se sentía intranquilo así que trató de suavizar su respiración mientras avanzaba a paso lento hacia Leon. Erica y sus acompañantes retrocedieron para dejar espacio a Leon, quién sonreía mientras arrojaba su escudo al suelo.

El Archiduque avanzó rápidamente e impactó con su espada el escudo de su rival. Leon descargó una serie de poderosos ataques a Antoine quién no podía hacer otra cosa que bloquear.

Leon avanzaba mientras atacaba con toda su fuerza y Antoine retrocedía poco a poco. Los golpes tenían tanta fuerza que podía sentirlos en su brazo. Antoine cayó de rodillas y Leon aprovechó este error para patear su escudo haciéndolo caer de espaldas.

Antoine rodó en el suelo intentando tomar un poco de distancia, se incorporó rápidamente para proceder a atacar con una estocada, Leon pudo esquivar ese ataque fácilmente dando un paso al costado y golpeó la espalda de Antoine con la parte plana de su espada.

Antoine giró velozmente e intentó alcanzar a Leon con ataque horizontales que solo se limitaban a mover la hoja de un lado a otro esperando asestar un golpe, Leon esquivaba de forma sencilla dando pequeños pasos hacia atrás. Antoine intentó un ataque vertical pero Leon lo sujetó de la muñeca deteniendo su espada y con su otro brazo que sujetaba su arma le asestó un golpe al rostro con la empuñadura de la espada.

Antoine cayó nuevamente al suelo soltando su espada en el proceso.

-¡Arriba! ¡Rápido!- exclamó Joseph intentando ayudar a su hermano.

Mientras Angelica y Claudia observaban toda la acción preocupadas desde el balcón del segundo piso y Lenna desde la ventana del salón de la planta baja.

Antoine se levantó y cargó con su escudo contra Leon en un intento por derribarlo. Leon detuvo fácilmente la embestida y sujetó el escudo con su mano libre, acto seguido pateó en el estómago a Antoine quién cayó al suelo de nuevo, esta vez sin su escudo. Leon arrojó el escudo lejos privando a su rival de cualquier defensa.

La desesperación empezó a apoderarse de Antoine, así que tomó un puñado de tierra con una de sus manos. Una vez que Leon se acercó le arrojó la tierra en la cara dejándolo ciego unos instantes, en ese momento sacó de uno de sus bolsillos una pequeña navaja, la cual se otorgaba a todos los miembros del ejército de su majestad.

Con esta arma atacó a traición a Leon haciéndole un corte en el rostro desde la frente hasta la mejilla dañando su ojo derecho en el proceso. Leon dejó escapar un grito de dolor mientras soltaba su arma y llevaba ambas hacia la herida, la sangre brotaba abundantemente mientras intentaba caminar hacia Cleare.

Antes de que Antoine pudiera realizar otro ataque Erica gritó enfurecida.

-¡Alto! ¡El duelo se cancela! ¡El Capitán Lavoisier ha realizado un ataque a traición! ¡Se declara como ganador al Archiduque Leon fou Bartford!

Leon quién había conseguido llegar al Destroyer habló mientras Cleare analizaba la herida.

-¡No! ¡Este duelo no se cancela! ¡Aún puedo continuar!

-¡Master! ¡No es prudente seguir! ¡Ha recibido daño crítico en el globo ocular! ¡Sugiero marchar de inmediato hacia la unidad médica del cuartel general!

-¡He dicho que no!

Leon extrajo de la cabina del Destroyer un kit médico. Tomó un spray y lo aplicó en su herida. La hemorragia se detuvo así que procedió a remover parte de la sangre de su rostro con un pañuelo y se aplicó un gel especial en la herida.

-¡Master! ¡El kit médico le permitió cerrar la herida pero debemos tratar el daño en su ojo con una cirugía o podría perder la visión.

Erica se acercó hasta Leon.

-¿Estás seguro que quieres continuar con el duelo?

-¡No te preocupes! ¡Ya cerré la herida! ¡No detengas el duelo porque necesito hacer esto!

-¡De acuerdo!

Uno de los escoltas de Erica le vendó la herida y el duelo se reanudó.

Antoine recuperó su espada del suelo mientras Leon se acercaba lentamente, su rostro había sido invadido por una ira asesina. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca habló.

-¡Sé muy bien que ella está observando todo! ¡Quiero que vea como te asesino!

Antoine levantó su espada en un intento desesperado pero Leon fué más rápido y le atravesó el hombro con la punta de su espada y luego le realizó un corte profundo en la pierna derecha por encima de la rodilla.

El joven cayó por última vez al suelo dejando escapar de su boca alaridos de dolor. Leon lo sujetó del cabello y lo obligó a ponerse de rodillas mientras apoyaba el filo de la espada en su cuello.

Mientras tanto en el balcón del segundo piso Angelica junto con Claudia empezaron a derramar lágrimas por la inminente muerte de Antoine.

Antoine se paralizó del miedo mientras observaba hacia arriba, al rostro de Leon. El Archiduque levantó su arma con ambas manos para rematarlo pero antes de que pudiera hacerlo Antoine se levantó a duras penas y corrió tanto como sus piernas le permitieron en dirección a su hermano.

Antes de que pudiera llegar a él sus piernas cedieron y tuvo que arrastrarse hasta los pies de Joseph. Desesperado y lleno de miedo se sujetó a las piernas de su hermano intentando protegerse.

Leon enfureció todavía más. Dirigió su mirada hacia el balcón donde se encontraba Angelica y le gritó con todas las fuerzas de sus pulmones.

-¡Angelica! ¿Es por este tipo por el que te fuiste? Es un maldito cobarde.

Leon se dirigió hacia Antoine quién yacía a los pies de Joseph.

¡Pelea! ¡Eres un cobarde! ¿Rompes tu pacto?

-¡La pelea terminó!- habló Joseph intentando tranquilizar a Leon.

-¡Esto aún no ha terminado! ¡No tiene derecho a vivir en la nobleza!

Joseph se dirigió hacia su hermano.

-¿Antoine?

-¡No! ¡Por favor ya no!- le respondió temblando del miedo.

-¡La pelea terminó Leon! ¡Ya fué suficiente!

-¡Está lejos de terminar! ¡Si él no combate toda tu familia está acabada!

-¡Antoine! ¡Entra a casa!

Joseph ayudó a su hermano a incorporarse para que se resguardara dentro.

-¡Se acabó Leon! ¡Me encargaré de enviar a tu esposa y a tu hijo! ¡Pero por favor retírate!

-¡No lo haré! ¡Tu hermano me pertenece! ¡Entregamelo!

-¡Sabes que no lo haré! ¡No me moveré!

-¡Entonces pasaré encima de tí!

Leon se dió la vuelta y se dirigió hacia el Destroyer donde aguardaba Cleare.

-¡Cleare! ¡Destruye la puerta con el cañón principal!

Cleare obedeció y activó el sistema de armas del vehículo. La parte frontal del Destroyer se abrió y de su interior emergió un enorme cañón.

-Blanco fijado, Master. Aguardo su orden para disparar.

Joseph estaba incrédulo ante la acción de Leon y corrió hacia él para detenerlo.

-¡Leon! ¿Qué estás haciendo? ¿Te volviste loco?

Antes de que pudiera poner sus manos encima de él, los escoltas de Erica lo sujetaron impidiendo que pudiera llegar hasta Leon.

-¡Sueltenme! ¡Sueltenme!

Al no poder liberarse, Joseph dirigió sus gritos hacia la mansión.

-¡Salgan de ahí! ¡Aléjense todos de la puerta!

Lenna y todos los sirvientes que se encontraban en la planta baja corrieron para ponerse a salvo.

-¡Fuego!- exclamó Leon.

Cleare disparó el cañón. La puerta y gran parte del muro se hicieron añicos. Erica sonrió con malicia ante esta acción destructiva, ella no podía ocultar su dicha al imaginarse el daño que Leon estaba dispuesto a causar. Su tío abrió uno de los compartimentos del vehículo y tomó una empuñadura, cuando la tuvo en su mano una hoja de luz se desplegó en forma de espada.

Aquella era una de las tantas armas tecnológicas desarrolladas por Cleare, una espada compuesta de energía cinética pura, las partículas de energía controlada vibraban a una velocidad increíble dándole la capacidad de cortar cualquier cosa.

Joseph se liberó de sus captores y corrió hacia Leon para detenerlo levantando la espada que dejó caer su hermano en el camino. Leon blandió la hoja de luz contra él, Joseph intentó bloquear el ataque pero fué inutil. La hoja cortó la espada y junto con ella la cabeza de Joseph.

El cuerpo sin vida del hijo mayor de Claudia cayó al suelo mientras su cabeza rodaba. La madre quién había presenciado todo desde el balcón dejó escapar gritos de desesperación y dolor mientras Angelica la abrazaba.

Leon entró a la mansión en busca de Antoine para terminar el trabajo, el joven se encontraba tendido en el suelo de la cocina aterrado. Los sirvientes temerosos guiaron a Leon hasta Antoine. Ingresó a la cocina con su espada en la mano, el joven al verlo acercarse empezó a orinarse en los pantalones.

Ninguno dijo una sola palabra, solo hubo silencio. Leon decidió que la vida sería mejor castigo que la muerte para el amante de su esposa y abandonó la cocina para dirigirse a las escaleras. La humillación que sufrió Antoine, no podría olvidarla nunca y debería cargar con el peso de haber causado la muerte de su hermano.

Leon subió las escaleras llamando a su hijo a gritos.

Alexander salió corriendo de la habitación donde se encontraba hacia su padre, Leon desactivo su espada y se arrodilló para abrazar a su hijo.

-¡Padre! ¿Qué le pasó a tu rostro?

-No es nada. No te preocupes. He venido a buscarte y a tu madre.

-¿Ya nos vamos a casa?

-Si. Ya nos vamos. Espérame abajo mientras traigo a tu madre.

Alexander obedeció mientras su padre se dirigió hacia el salón donde se encontraba su esposa. Angelica abrazaba a Claudia quién lloraba desconsoladamente cuando se percató de la presencia de Leon. Se incorporó y caminó lentamente hacia él.

-Leon… yo…

Antes de que pudiera decir cualquier cosa, él le dió una fuerte bofetada que la envió al suelo. Ella no podía creer que su esposo se atreviera a golpearla, algo que nunca había hecho. El la sujetó del brazo y la obligó a incorporarse para abandonar el lugar dejando sola a Claudia con su dolor.

Hospital principal de la capital del Reino de Holfort.

Antoine se hallaba recostado en la cama de su habitación privada. Sus heridas ya habían sido tratadas y solo quedaba esperar la recuperación. Los medios de comunicación fueron rápidos y solo sería cuestión de tiempo para que toda la nación se enterara de los acontecimientos que tuvieron lugar ese día.

La puerta de la habitación se abrió y Lenna ingresó. Sus ojos estaban hinchados y rojos de tanto llorar.

-¿Estás feliz ahora? ¿Esto era lo que querías? Nos arruinaste y nuestro hermano murió por tu culpa.

Antoine no respondió y se quedó inmovil.

-¡Seguramente piensas que hiciste todo lo que pudiste! ¡Desafiaste a un gran guerrero y crees que por eso eres valiente! ¡Pero no es así! ¡Eres débil!

Lenna le dió la espalda y se encaminó hacia la puerta pero antes de que pudiera salir Antoine habló con voz muy baja, apenas audible.

-Los débiles pueden volverse fuertes si les das una oportunidad.

Lenna se enfureció.

-¡Pero no es tu caso! ¡Cuando tuviste que ser fuerte te acobardaste! ¡Eso es lo que eres! ¡Solo un maldito cobarde!

Lenna abandonó la habitación mientras Antoine derramaba lágrimas de sus ojos.

Hola a todos los lectores. Este capítulo es algo más corto que los anteriores y tardé más en terminarlo porque estuve muy ocupado con el trabajo. Decidí publicar aunque fuera la mitad del capítulo antes que seguir demorando. Espero que sea de su agrado y nos vemos en el siguiente capítulo de The Heart Within.