Los últimos tres meses resultaron un cambio brusco en todo aspecto, entre el decidir cómo iba a ir decorada la habitación de su hijo y las emociones de Draco, habían resultado ser un ligero problema para Harry, y hablaba de situaciones sin importancia, no quería imaginar cómo sería su vida con un bebé al qué cuidar en todo momento y qué ellos no lograrán compartir más de una idea.
Amaba a Draco y a su hijo pero tenía miedo de no llegar a ser ese padre y pareja armoniosa, llena de vitalidad con la qué podrían contar.
Las peleas con Draco siempre resultaban nimiedades pero esa vez el rubio tenía algo más qué no había logrado descifrar, Harry de verdad qué trató de hacerle pronunciar una palabra pero Draco no había querido abrir la boca, estaban en su nueva habitación, el azabache estaba de pie a un costado de la cama frente a él, y el rubio recostado sobre la cama en posición fetal, o lo más qué su amplio vientre de 35 semanas lo permitía.
—Si no vas a hablar es mejor qué te deje sólo —-dijo Harry cómo último comentario antes de girarse sobre sus talones y hacer lo qué había dicho.
Harry no quería rendirse, claro qué no, pero el preguntarle a Draco qué le ocurría había resultado más difícil de lo qué esperó al intentar obtener una respuesta, pero si Draco no quería confiarle nada él lo iba a respetar.
La vida de Draco nunca tuvo un giro fácil, él sabía más qué nadie lo qué significaba crecer en medio de una familia adinerada y sangre pura qué lo único importante para ellos era el linaje. Draco siempre tuvo lo qué quiso, menos amor, por ello tenía miedo de no ser ese padre ejemplar para su hijo o qué en su defecto, su padre (el abuelo del próximo descendiente Malfoy) tuviera la misma influencia qué en su niñez y adolescencia tuvo con él.
Ciertamente en su presente existían sumas diferencias; una de ellas y quizá la más importante: Harry era el otro padre y no tendría ni por asomo inculcarlo como Lucius Malfoy quería y él ya se imaginaba en medio de una gran trifulca con su padre diciéndole en cada visita y carta qué no se le olvidara cómo educarlo, Draco no era tonto y sabía qué todos los comentarios despectivos iban dirigidos hacía Harry, y no había tenido el valor de expresarle sus miedos, no quería decepcionarlo o qué se arrepintiera de estar con él.
Su llanto aumentó en cuanto Harry cruzó la puerta y este no tardó mucho en volver al escucharlo llorar tan dolorosamente.
Harry analizó un momento su discusión anterior, prestando atención a cada detalle y comprendió, al fin lo hizo. Draco tenía miedo de ser padre, seguramente no quería decepcionar a nadie, cosa qué había venido haciendo desde hacía meses, sobre todo cuando un enfermo mental de nombre Tom Ryddle decidió un día llevar al abismo a cuanta gente pudo y sobre todo obligando a personas cómo en el caso del rubio, a seguir sus órdenes o pagarían graves consecuencias.
Draco no tenía la culpa, él debía de tener alguien a su lado qué lo apoyara tanto cómo le fuera posible y formar una familia llena de amor, darle un giro a su vida.
El azabache tomó lugar en la cama tras de él, rodeándolo con los brazos y obligando al rubio a recargarse en su espalda.
—Nuestro bebé, tiene la fortuna de nacer en un lugar lleno de amor y sano para él con dos padres qué lo aman y le darán la mejor educación y todo lo qué necesita —murmuró Harry con voz suave al oído del rubio—. También crecerá en un hogar cálido en el qué sus padres se aman con todas sus fuerzas…
—¿Todavía me quieres? —interrumpió el rubio con la voz rota, sin dejar de derramar lágrimas.
—Te amo —recalcó Harry—, los amo
Draco sollozó muy bajo y Harry lo abrazó más contra sí.
—Perdóname por no saber entenderte, ciertamente no logro imaginar todos los cambios qué vives tanto física cómo emocionalmente pero nunca cambiará el amor qué siento por ti Draco, te amo con mi vida, cielo —Harry besó su mejilla al terminar de hablar.
—No quisiera ser un mal ejemplo para nuestro hijo —confesó—, también tengo miedo de qué se avergüence de mí cuando crezca, qué se de cuenta de qué su padre fue un mortífago
Draco lloró más fuerte y Harry no dejó de abrazarlo en ningún momento.
—Nuestro hijo se sentirá protegido y amado porque tiene padres, tíos y futuros primos qué lo defiendan y no dejaremos qué nada le pase —aseguró Harry—, además no podría sentirse más orgulloso de las decisiones qué tomó para ser una persona de bien y luchar junto a su otro padre
—¿Tú crees? —preguntó el rubio con cierta duda.
—Estoy seguro —Harry dejó otro beso en la mejilla rojiza y húmeda de su prometido.
—Te amo Harry —dijo el rubio.
—Te amo Draco —respondió el azabache, con una amplia sonrisa en el rostro.
Esa misma noche del 16 de Abril del 2000, Draco comenzó a tener ciertas molestias qué no se iban tan fácilmente cómo días anteriores qué tan sólo beber la poción recetada por Pansy desaparecían.
Ya le había advertido qué en el momento qué sintiera dolores fuertes y contracciones seguidas fuera de inmediato a San Mungo sin importar la hora y qué por favor le avisara, al estar propenso a dar a luz en cualquier momento era crucial estar alerta, inclusive en la habitación de la pareja estaban listas dos maletas, una con las cosas de Draco y otra con ropa y diversas cosas qué necesitaría su bebé.
—Harry —llamó el rubio con voz queda, intentando mantener la calma pero con ese dolor no podía—, amor…
El nombrado llegó a la habitación lo más rápido qué sus pies se lo permitieron, el tono de voz qué usó el rubio al llamarlo, lo alertó.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry, dejando a saber qué cosa botada sobre el suelo antes de acercarse a él.
—Me está doliendo muchísimo… —se quejó Draco y no logró formular la oración.
Harry se imaginó lo qué ocurría, pero ¿Qué iba a hacer?, el azabache era visto por toda Inglaterra mágica y más allá cómo el salvador del mundo mágico, había pasado por diversos obstáculos antes de dar la estocada final y derrotar a Voldemort, además de entrenarlo a cómo sus posibilidades lo permitían e iba corriendo el tiempo. Sin embargo nadie, le preparó para el momento en qué le daría la bienvenida a su primer hijo y lo qué su prometido tenía qué pasar.
Harry reaccionó minutos después, escuchando los quejidos de fondo de Draco y lo primero qué hizo fue lanzar un reduccio a las maletas y guardarlas en la bolsa trasera de sus vaqueros para luego tomar a Draco en sus brazos y llevarlos a San Mungo.
—Todo estará bien Dragón —murmuró Harry antes de qué las llamaradas verdes los hicieran desaparecer.
El reloj colgado en la recepción de San Mungo del área de embarazos marcaba las 8:15 de la noche exactamente, Harry lo agradeció internamente, sabía qué Pansy todavía no terminaba su turno hasta las 10:00 PM pues esa semana le había tocado el turno de la tarde.
Harry caminó de la chimenea hasta la recepción pero antes de qué pronunciara una palabra, la castaña salió de su oficina con una paciente qué también estaba embarazada. Los despidió y dirigió su mirada al frente encontrándose con sus dos amigos, sus ojos se abrieron reflejando sorpresa y rápidamente se acercó a ellos.
—¡Oh, Dios! —exclamó la chica—, vengan conmigo
Pansy los acompañó hasta uno de los cuartos especiales para maternidad y le indicó a Harry dónde podía acostar a Draco.
Parkinson revisó a Draco durante un par de segundos antes de dirigirse nuevamente al prometido de su mejor amigo.
—Harry, debes calmarte ¿Sí?, traeré a mis compañeros y un traje especial para ti, y nos acompañes, el bebé está a punto de nacer —informó.
La chica salió disparada de la habitación, dejando a Harry completamente en shock y a Draco qué no dejaba de emitir sonidos y quejas de dolor.
—¡Todo es tú culpa, Potter! ¡Tú me embarazaste! —gritó el rubio.
El dolor qué sentía no lo podía compararse siquiera con un crucio, tal vez estaba exagerando pero es qué dolía una mierda.
—Pe-perdón —fue lo único qué Harry logró decir.
Draco no tuvo tiempo de volver a maldecir a Harry pues sintió otra contracción todavía más fuerte qué lo mantuvo ocupado hasta qué tres personas llegaron a la habitación con Pansy, uno era David, el otro chico era Axel quién le había coqueteado cuando se desmayó y la otra chica no tenía ni idea.
—Harry, ya van a llevarse a Draco, tú vendrás conmigo, te ayudaré a cambiarte —dijo Pansy.
El nombrado asintió, sin tener la capacidad de hablar, se encontraba bastante nervioso y preocupado por la salud de su familia.
—Puedo ayudarlo yo, mientras tú vas con Malfoy —se ofreció Axel muy desinhibido.
Pansy le dirijo una mirada de pocos amigos a su compañero de trabajo, por medio de Ginny se había enterado de los coqueteos de Axel hacía Harry, y no iba a permitir qué se le acercaran, Harry era propiedad de Draco, punto.
—No, yo lo ayudaré —dijo Pansy.
Sin darle tiempo a qué Draco se diera cuenta o qué Harry abriera la boca, Pansy mediante un hechizo cambió la ropa de Harry, dejando la qué traía puesta perfectamente doblada en una silla de esa habitación.
—Sólo falta esto —Pansy le ayudó a colocar el cubre bocas mientras los tres chicos llevaban a Draco a la zona de operaciones—, ¿Traes ropa de Draco y el bebé?
Harry volvió a mover la cabeza afirmando y sacó de su bolsa las maletas encogidas.
—Engorgio —bramó Pansy.
Las maletas recuperaron su tamaño original y las dejó ahí mismo.
—Es hora de irnos, Draco y tú hijo te necesitan
Eso pareció volver a Harry a la realidad y siguió a la castaña muy de cerca hasta llegar con Draco a quién ya tenían listo.
—Amor, tengo miedo —dijo Draco en cuanto Harry estuvo junto a él.
—Nada malo les va a ocurrir, yo estaré con ustedes, los amo —susurró Harry.
El azabache entrelazó su mano con la de Draco y besó su frente, Pansy frente a ellos sonrió satisfecha al ver felices a sus amigos y sobre todo la expresión de fastidio de Axel.
La cirugía a pesar de ser con magia, fue bastante tardada, los movimientos eran cruciales en todo momento y debían mantener estable la magia de Draco por lo qué Mireya, la asistente de Pansy le pidió a la pareja estar juntos en todo momento y si les era posible, no soltarse de las manos.
Una hora más tarde un llanto bastante fuerte inundó el lugar, Harry quedó de piedra y Draco comenzó a derramar lágrimas en silencio, sin sentir la suficiente fuerza para sollozar.
—¡Felicidades chicos! Han traído al mundo a un bebé muy saludable —informó Mireya.
—Es un niño —murmuró David.
Pansy quién también estaba llorando no logró decir algo debido a la emoción.
—¿Cómo se llamará su bebé? —preguntó Mireya.
—Scorpius —se apresuró a decir Harry, derramando un par de lágrimas en el proceso—, Scorpius Potter Malfoy
—Es un lindo nombre, al igual qué su bebé —dijo la rubia.
La chica les entregó al pequeño, y fue Draco quién lo recibió envuelto en una cobija azul cielo, el bebé lloraba con sentimiento, estaba ya limpio y a Draco le habían cerrado la herida.
Draco observaba a su hijo recargado en su pecho quién al instante había dejado de llorar y Harry se les había unido al abrazo familiar.
—Es precioso, se parece a ti —dijo Harry, observando los cabellos dorados de Scorpius y su blanquecina piel.
—Y a ti, tiene tus ojos
Era cierto, el pequeño abrió los ojos dejando a relucir dos bellas esmeraldas en sus pupilas.
—Los amo —Harry besó la frente de Draco y luego la mejilla de Scorpius.
La nueva familia tuvo su momento a solas con su bebé antes de trasladarlo a la misma habitación qué Draco en una incubadora, esto a petición de Pansy pues ella sabía lo importante qué era tener a su hijo con ellos, además su amigo nunca le perdonaría haberlo llevado con los demás niños.
—Ha sido tanta mi alegría qué me he olvidado de avisar a sus familias y nuestros amigos —dijo Pansy.
—No te preocupes, de todas formas no habrían podido hacer mucho, más qué esperar —respondió Harry, observando a su hijo y a Draco dormir plácidamente.
—Me preocupa la reacción de tus suegros sobre todo de Lucius —susurró Pansy para no despertar a nadie.
Harry suspiró y asintió dándole la razón, eso era algo a lo qué se tenía qué enfrentar, pero no ahora, ya se encargaría de avisarles más tarde, de momento sólo eran ellos tres.
Pansy no había estado en lo más equivocada cuando vio por sí misma la reacción de Lucius, el mayor desató su furia en el hospital de San Mungo, los regaños por parte de su esposa no funcionaron para calmarlo, y la situación empeoró con la llegada de Sirius pues no había dejado de defender a la pareja, sobre todo a su ahijado.
Pansy junto a David intentaron hacer algo pero les fue imposible mediar la situación y llegaron a la conclusión qué hasta qué no se comportarán cómo adultos no podrían ver a la pareja ni mucho menos al menor.
No tuvieron opción qué hacer de todas sus fuerzas en tranquilizarse. Y por petición de Harry, la habitación en la qué ellos tres se encontraban había quedado insonorizada de todo el griterío exterior.
Transcurrió otro largo rato en los qué Harry pasó recostado en el sofá junto a la cama, a él le habría encantado dormir junto a Draco pero lo mejor era qué descansará cómodamente, si bien la operación no tuvo complicaciones, la energía y magia del rubio estaban bajas y prefería qué el resto del tratamiento la pasara completamente tranquilo, y si eso implicaba no ver a su familia, Harry no pondría objeción.
Harry se levantó cuando vio una sombra tras la puerta, los vidrios del cuarto los habían difuminado, con el fin de que nadie husmeara lo qué no. Rápido se levantó abrió la puerta, percatándose de qué los gritos habían desaparecido, a excepción de personas hablando y ruidos provenientes del resto de habitaciones.
—Logré calmar la situación y les dije qué no podrían verlos hasta qué se comportarán —informó Pansy en voz muy baja, cerca del oído del azabache pues su amigo y su sobrino continuaban profundamente dormidos.
—Te agradezco —murmuró Harry y sonrió—, de todas maneras están profundamente dormidos y no quiero despertarlos
—Opino lo mismo, además si todo sale bien mañana mismo podrían irse y dejar qué Draco se recupere en casa —dijo la castaña.
—Me parece lo mejor —dijo Harry, observando dormir a los dos seres qué ahora eran lo más importante en su vida y su prioridad.
No obstante ante la decisión de Harry, ambas familias permanecieron ahí, Lucius no tenía pensado moverse y por tanto Sirius tampoco, Remus y Narcisa se rindieron y se enfrascaron en una conversación en la qué hablaron sobre el nuevo integrante de la familia y el futuro bebé de Sirius y Remus, al final del día Tonks era sobrina suya y la familia crecería, la mujer se alegró y los felicitó, definitivamente la felicidad estaba en su máximo esplendor gracias a esos dos seres.
La tenue luz le obligó a cerrar los ojos de inmediato y los volvió a abrir segundos después, soltó un suspiro de agobio y él tardó más en moverse qué en tener a Harry junto a él.
—Amor, ¿Cómo te sientes? —preguntó Harry.
—Tengo sed —respondió Draco con voz pastosa.
Harry sirvió agua en el vaso de cristal qué se encontraba en la mesa entre la cama y el sofá y se lo dio a beber.
—Gracias —respondió Draco—, ¿Y Scorpius?
—Dormido, han estado descansando un par de horas —informó Harry.
—¿Tú has dormido? —preguntó Draco.
—No, he estado al pendiente de ustedes —confesó.
—Amor, tienes qué descansar, ¿No han avisado a nadie? tal vez alguien pueda quedarse aquí —murmuró el rubio.
—Mis suegros están aquí, también Sirius y Remus pero no importa, estoy bien cariño —aseguró el azabache.
Sin embargo su aspecto físico mostraba totalmente lo contrario, Harry se veía ojeroso y demacrado, además de tener un gran cansancio físico y emocional.
—No me siento tranquilo de saber qué yo he dormido tanto cómo Scorpius y tú no cielo —dijo el rubio.
—La única forma en qué yo podría dormir es a tú lado, pero también he estado pendiente de Scorpius, pronto se despertará y tendrá qué alimentarse —dijo Harry con voz baja.
—Entonces cuando se despierte, coma y vuelva a su siesta quiero qué duermas con nosotros —pidió el rubio.
Harry asintió con una sonrisa y se inclinó a besar los labios de Draco.
Si bien la cama no era tan cómoda cómo la suya en Morley, su hogar, el cual se encontraba entre el Reino Unido y Escocia, podría serle útil para tomar una siesta luego de haber acostado al pequeño Scorpius en la cuna, el pequeño se veía demasiado frágil y delicado qué a Harry le daba un poco de miedo cargarlo pero su deber por cuidarlo era mucho más grande.
Eran cerca de las cuatro de la mañana cuando al fin Harry decidió tomar una siesta junto a Draco, tener a su familia junta era lo más hermoso qué alguna vez imaginó y deseaba con el alma seguir compartiendo mucho más momento así.
Lucius Malfoy junto a Narcisa Malfoy pasaron a conocer al nuevo integrante de la familia llenos de emoción, la mujer cargó al pequeño e intentó ser lo más discreta posible con sus emociones para no despertar a Harry quién dormía junto a Draco, el chico rubio se encontraba despierto a pesar de haber estado recién aliviado.
—Es hermoso —Narcisa derramó un par de lágrimas cuando vio a su nieto por primera vez y tuvo la oportunidad de tenerlo en sus brazos—, es cómo verte a ti de bebé cielo —murmuró la mujer.
—Es un digno Malfoy —dijo Lucius observando a su nieto en los brazos de su esposa.
Draco no hizo ningún comentario, era mejor dejar la noticia de qué tomaría el apellido Potter para el día de la boda, sino muy probablemente Scorpius se quedaría sin padre.
Sirius no tuvo una reacción muy diferente a la de su prima, también derramó lágrimas y no contuvo la emoción de imaginarse a los dos futuros bebés creciendo juntos.
—Es idéntico a ti —susurró Remus, observando a Draco por un instante y luego a Scorpius.
—Tiene los ojos de Harry —murmuró Sirius observando a su ahijado dormir profundamente.
—Serán excelentes padres y no duden en contar con nosotros para cualquier cosa, también necesitamos aprender a cuidar bebés —dijo Remus.
Draco sonrió, por su mente pasó la imagen del futuro bebé qué le haría compañía a Scorpius y no podría tener mejor suerte de criarse en una familia estable, llena de amor y numerosa.
—¿Cómo se llama el pequeño? —preguntó Sirius.
—Scorpius Potter Malfoy —susurró Draco.
—Vaya, seguiste la tradición de los Black —comentó Sirius—, es un bonito nombre
—Tanto cómo él —completó el rubio en voz baja.
—Y tiene el apellido Potter primero, ¿Tú padre lo sabe? —preguntó Sirius.
Draco negó mordiendo su labio con nerviosismo.
—Y es mejor qué no se entere
La pareja frente a él asintió con una sonrisa divertida y volvieron a colocar al pequeño en la cuna tal cómo los padres del rubio y salieron de la habitación no sin antes despedirse y prometían volver cuando lo dieran de alta para acompañarlos a su hogar. Al igual qué los padres de Draco harían.
Draco no podría imaginarse un escenario más divertido qué ese, aunque también peligroso si no los controlaban.
Cerca del mediodía la familia Potter Malfoy estaba de regreso en casa, la madre del rubio se ofreció a quedarse con ellos, sin embargo los chicos alegaron qué deseaban pasar tiempo en familia y adaptándose ellos solos a esa nueva vida pero si en algún momento requerían ayuda la llamarían de inmediato.
—Soy realmente feliz amor —dijo Harry observando a Draco con Scorpius recargado en su pecho.
—Yo también, sólo faltaría casarnos… —murmuró en voz baja.
—Cariño, yo me casaría contigo en este momento, pero quiero darte la boda qué mereces —dijo Harry.
—No importa si sólo estamos en la oficina del ministerio —dijo Draco y arrulló a Scorp entre sus brazos—, quiero qué tengas claro mi deseo de pasar el resto de mi vida junto a ti mi amor
—Te amo Dragón —dijo el azabache—, busquemos una fecha para la boda y será cómo tú quieras
—Está bien, le diré a nuestros amigos, podemos reunirlos pronto y comentarles, además pueden ser nuestros padrinos —dijo Draco con ilusión.
Harry lo miró embelesado, nunca había sentido tanta felicidad y ni siquiera se había molestado en tomarle importancia a cada nota amarillista publicada en el profeta sobre su relación con Draco, ninguno tenía algo qué esconder, y su felicidad no dependía de lo qué dijera una periodista sin escrúpulos cómo Rita Skeeter, a pesar de haber publicado parte de lo qué se había enterado en cuanto a su ex relación con Hermione y Draco con Ron.
Lo único qué le importaba era tener a su familia feliz y unida y tal vez en un futuro no muy lejano, Scorpius podría tener un hermanito, o hermanita.
¡Hola! me siento orgullosa de haber culminado un capítulo más en tiempo récord y aunque no ha sido demasiado largo cómo los tengo acostumbrados la verdad quería dejar el momento del nacimiento de Scorpius en un capítulo especial, antes de la boda y un pequeño epílogo y digo pequeño por qué me llevará poco tiempo, espero tener listo el siguiente capítulo en estos días, antes del fin de semana por qué tengo tarea de la universidad y el sábado iré al concierto de mi amigo Rhual (ya les había contado de él en mi historia "Amor infinito" dónde una de sus canciones me inspiró para crear parte de la historia y un capítulo en especial, (la canción se llama Te prometo de Rhual, les dejo el dato por si la quieren escuchar y/o leer mi historia anterior). Agradezco enormemente el apoyo, les mando abrazo y nos leemos pronto. Ale.