Restaurante "Globo helio", aceptan tanto personas como Pokémon, se ubica en el centro de la ciudad Arcilla

— ¡Nueva orden!, de la mesa 4.

— ¡Si! Chef — grité.

Ya tengo 20 años, trabajo en un restaurante del centro como ayudante de cocina junto con Mauricio y Leonardo, Mauricio normalmente se encarga de la comida calentada, yo me encargo de la comida frita y Leonardo se encarga de decorar los platillos y enviárselo a los meseros para llevar a la mesa, el chef a cargo se encarga normalmente de asuntos administrativos y demás.

— Vamos, tenemos que hacerlo bien, hoy viene una mesa importante, serán los padres del jefe — dijo el chef.

— ¿De verdad? Espero y dejen buena propina" — le dije mirando a Mauricio.

— Eso espero, pero recuerda lo que pasó con el grupo de extranjeros, nos trataron como esclavos y ni un Poké Dolar nos dejaron.

— Tienes razón (mostré una cara de desagrado) pero ni que hacerle, saliendo platillos de la mesa 4. Aquí te los dejo, Leo.

— Muchas gracias Milette, continua con lo tuyo — contestó Leo.

Regresé a mi área y de la nada Mauricio me preguntó — Oye Milette, y ¿Como te va con tu novia? ¿Se llama Alejandra? ¿No? — me tomó por sorpresa.

— Ehh, si (respondo ligeramente incómodo) y supongo que bien, vamos a tener una cita cuando yo salga del trabajo.

— ¿A dónde tienes pensado llevarla, galán? — preguntó Leo desde el otro lado de la cocina.

— ¿Cómo escuchaste hasta ahí?

— Pues la cocina mide 3x3 metros, no necesitas hablar fuerte para que te escuche claro, hermano — lo dijo con una especie de orgullo muy raro.

— De hecho, tiene razón, Milette, no existe la privacidad en esa cocina — dijo Mauricio volteando a ver de reojo a Leonardo — ¡Saliendo platillo de la mesa 2!

— Bueno, el punto es que me gustaría llevarla al cine a ver una película que tengo en mente.

— ¿A lo simple?, pero super efectivo, funciona jaja — dijo Leonardo con un tono de burla.

— Leo, ahora te paso los platillos para la mesa 1 — en lo que me acercaba para dejarle los platillos

— Platillos de la mesa 1 y 2, meseros, vengan.

— Gracias leo, todas las mesas ya tienen sus platillos — dijo un mesero mientras tomaba los platillos y se los llevaba.

— Bueno, leo, ¿Cuánto crees que dure la relación de Milette esta vez? — dijo Mau.

— Depende de cuánto dure su película en el cine, jaja —respondió Leo con una sonrisa pícara —. ¡Eh, no sean malos! —dije riendo mientras terminaba de limpiar mi área de trabajo —. Pero gracias por preocuparse, chicos.

Justo en ese momento, Leonardo me llamó en pánico desde su área.

— ¡Milette, necesito que cubras mi área por un momento! El chef me está llamando y necesito ir.

— De acuerdo, Leo, ve con el chef. Yo me encargaré aquí —respondí rápidamente mientras él se apresuraba a atender el llamado.

Mientras organizaba los platos, escuché a Leonardo decir desde la la bodega con el chef.

— ¡Milette, llegó la mesa especial! Los padres del jefe están aquí —anunció Leonardo.

Los padres del jefe entraron al restaurante con una presencia discreta pero amable, acompañados de dos Pokémon, un Mr. Mime y un Abra.

Caminaron con modestia hacia su mesa reservada en una esquina del restaurante, con su hijo menor, el hermano del jefe, a su lado.

Sus Pokémon los seguían con gracia, transmitiendo una sensación de tranquilidad y protección. Aunque no destacaban en la multitud, su presencia añadía un toque de misterio y encanto al ambiente del restaurante.

Mientras observaba la entrada de los padres del jefe y sus Pokémon psíquicos, Milette murmuró para sí mismo:

— "Interesante elección de Pokémon... Parece que tienen un buen equipo".

Sus palabras apenas fueron audibles, pero reflejaban su curiosidad y admiración por los Pokémon que acompañaban a la familia del jefe.

El mesero se acercó y me entregó la comanda con un gesto rápido.

— "Aquí tienes la orden para la mesa especial" — me dijo. Asentí y me apresuré a preparar los platillos solicitados.

Una vez todo estaba preparado, Mauricio me habló.

— "Vamos Milette, mándales a los meseros esos platillos, el de la izquierda es el que tiene condimento para psíquico y el de la derecha es normal"

— "Entendido, Mau" - dije mientras iba pasando los platillos a la ventana que conectaba con los meseros

—"Recibido, ¿Cual tiene el condimento psíquico?"

— "El de la derecha"

En una hora más tarde, se empiezan a escuchar quejidos de la mesa de los padres del jefe

Al momento se acercó un mesero preocupado — Disculpen, ¿Todo está bien?

— No parece, mi esposo no deja de tener dolor de cabeza y según él, cada vez se vuelve más fuerte. — Mientras tanto, a su esposo solo se le puede escuchar más fuerte sus quejidos.

Unos segundos después de eso, el Mr. Mime utiliza sus poderes psíquicos para examinar la comida por si llegaste a tener algo y efectivamente, al tener el condimento psíquico genera fuertes estímulos al cerebro humano.

— Mr. Mime, Mr. Mime, Mime — Decía el Pokémon mientras hacía señales a su boca

— Oh, no, parece que este platillo es el que tenía la comida de Pokémon, ¿Por qué tuvo que ocurrir esto? ¡Mesero! En vez de quedarse viendo ¿¡Por qué no llama a una ambulancia!? ¡Sabe que la comida de Pokémon es tóxica para nosotras las personas!

Momentos después de llamar, sale el chef a hablar con Leonardo — Milette, ¿Está todo bien?

— No sabría decirle chef, no alcanzamos a escuchar Mau y yo lo que dicen.

— Bueno, quédense aquí ahorita averiguar qué sucede

Una vez que sale el chef, me quedé junto a Mauricio y Leonardo esperando que regrese el chef. Pero cuando regresó se veía muy molesto y venia hacia mi

— Hola chef, ¿Qué sucedió al final? — Pregunté con curiosidad

— ¡Pero qué demonios estás haciendo, maldita sea! ¿Quieres arruinar el prestigio de este restaurante? Es algo tan simple, tienes que estar atento a cada detalle, ¡joder! ¡Fuera de mi cocina!

— ¿Q-qué... qué pa-só, chef? ¿P-por qué me está hablando a-así? — Tartamudeé, temblando de miedo.

— ¿Quieres que te lo diga claro? ¡Porque eres un completo idiota! Te lo explicaré para que puedas entenderlo, aunque sea un poco: ¡confundiste el plato de un cliente normal con el de un maldito Pokémon! ¡Te has equivocado de una manera absurda!

En ese instante, quedé petrificado. No tenía ni idea del grave error que había cometido. Busqué desesperadamente la mirada de Mauricio, esperando que me respaldara, pero solo encontré su gesto de desprecio clavado en mí.

— ¡Fuera de aquí, Milette! — gritó el chef, con una furia desbordante. Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras corría fuera de la cocina, sintiendo el peso aplastante de mi error y la humillación que me embargaba por quizás haber matado a alguien hoy

Mientras abandonaba la cocina con paso tembloroso, mis ojos se posaron en la escena que se desarrollaba fuera de ella. La preocupación era palpable en los rostros de la familia que aguardaba ansiosa cerca del padre, quien apenas podía mantenerse consciente, visiblemente afectado por el dolor que lo aquejaba. A pesar de su sufrimiento, parecía encontrar una fuerza interior para resistir, aunque apenas lograba mantenerse en consciente.

El ambiente tenso se intensificó a medida que me alejaba del restaurante. Fue entonces cuando el sonido ensordecedor de una ambulancia se hizo presente, su sirena cortando el silencio de la noche con una urgencia inquietante. La realidad de la situación se apoderaba de mí con una fuerza abrumadora.

Después de un rato de caminar, llegue a mi casa

— Hola mamá, hola Zefiria ¿Todo bien? — Actué como si todo estuviera bien

— Oh, hola, hijo, si, todo está bien ¿y eso que llegaste temprano?

— ¡Whimsicott! — Dijo Zefiria mientras se abalanzaba para abrazarme

— Me dieron el día en el trabajo — Traté de no sonar nervioso por la situación en mi trabajo.

— ¿Quieres comer algo con nosotras? No te estábamos esperando, pero te puedo preparar algo.

— No te preocupes mamá, no tengo hambre, voy a mi cuarto a cambiarme y esperar mi cita de al rato

Mientras esperaba la hora me acosté en mi cama y me puse a hablar conmigo mismo

— ¿Cómo puede tener un error así de grave? Recuerdo la última vez que sucedió algo parecido, dejó de dar señales el cerebro de la persona debido a la comida de tipo psíquico, parece ser que sobrecarga al cerebro humano. Espero que todo salga bien con el señor y no muera debido a mi error. Suspiré

Mientras estaba pensando en todo lo ocurrido, me quedé dormido. Me despertó una alarma que puse para ir a mi cita.

— Está bien, mejor pienso en otras cosas ahorita que vaya con Alejandra. necesito cambiarme.

Al cabo de unos minutos escogí mi ropa y salí de mi cuarto. Bajando las escaleras me encontré con mi mamá.

— Hola mamá ¿Todo bien? — Hice un saludo rápido en lo que me dirigía a la puerta.

— Oye hijo, sé que es una pregunta repentina, pero ¿Qué pasó con qué querías ser un entrenador Pokémon? Este año ya puedes serlo, después del accidente ya sabes que hicieron cambios en las reglas para ser entrenador.

— No puedo hacerlo mamá, de niño no tenía eso en mente, pero ahora tengo la obligación de ayudarte aquí en la casa.

— No tienes que preocuparte por eso, hijo, Zefiria me puede ayudar con las cosas.

— ¡Whimsicott! — Dijo Zefiria orgullosamente mientras ponía uno de sus brazos en el aire como una pose de victoria

Me agaché para abrazar a Zefiria — Gracias por la intención Zefi, pero es mi obligación — Me paré para ya salir de la casa — Adiós mamá, regresó al rato —.

— Está bien hijo, cuídate —

En camino a mi cita, pase por una tienda de televisores, normalmente las tienen encendidas para que puedas saber cómo se ven, pero me llamó la atención que había un pequeño grupo de gente con sus Pokémon viendo esas televisiones, parecía tenían puesto el noticiero.

"-dez es el nombre de la víctima, se tienen ciertas pruebas de que posiblemente estaba vivo cuando lo desollaron."

Me sorprendió mucho eso ya que era el 3er caso esta semana, dejé eso de lado y continué mi camino al cine para ver a Alejandra.

Cuando llegué en el lugar del encuentro pude verla ahí, luciendo un vestido negro sencillo pero elegante, acompañado de tacones negros que realzan su porte. Su cabello está peinado con suavidad, y un toque de labial rojo resalta su rostro. Su estilo es refinado y seguro, listo para disfrutar de una cita en la gran pantalla.

Me sonrojé al verla — Te ves muy bien Ale —

— Gracias, tú también te ves bien — me contestó.

— ¿Te parece si vamos entrando de una vez? —

— Si, está bien —

Entramos al cine y nos dirigimos hacia la sala asignada para ver la película. Mientras caminábamos, intercambiamos algunas palabras sobre nuestras expectativas para la película y nuestros gustos en general. La atmósfera era cómoda y relajada, y la conversación fluía sin esfuerzo entre nosotros.

Una vez dentro de la sala, encontramos nuestros asientos y nos acomodamos cómodamente. Mientras esperábamos que empezara la película, compartimos algunas risas y comentarios sobre los trailers que se proyectaban en la pantalla. La cercanía entre nosotros aumentaba la sensación de complicidad y conexión.

Después de disfrutar de la película, salimos del cine con una sonrisa en los labios, comentando nuestras escenas favoritas y debatiendo sobre los giros inesperados de la trama. Mientras caminábamos hacia la salida, aproveché el momento para iniciar una conversación más personal.

— ¿Cómo te ha ido últimamente como entrenadora Pokémon? —, le pregunté, recordando una de nuestras conversaciones pasadas sobre su pasión por el entrenamiento de Pokémon.

— Si, sobre eso…— Respondió con los ojos en blanco

— ¿Qué pasó? ¿Todo bien?

— Es que si quiero ser entrenadora Pokémon

— ¡oh, felicidades, me alegro mucho, de verdad! — Dije alegremente

— Tenemos que terminar

— ¿Qué? — Me sorprendió esa pregunta — Es broma, ¿verdad? —

— No, ya tomé una decisión.

— ¿De verdad? ¿Solo por eso? Pero apenas estamos empezando a salir

— Si, solo por, eso quiero hacer este viaje sola puesto que quiero ver el mundo con mis propios ojos, sin que nadie esté cuidando —

— No iba a pedir acompañarte, pero si te puedo esperar a que regreses —

— No creo regresar Milette, creo que es el adiós, me divertí mucho en el tiempo que estuvimos juntos, eres agradable —

— ¿Qué? Pero… — Mientras decía eso, solo pude ver a un grupo de Zoroark's reírse de cómo terminaban. — Ustedes, ¿Qué ven, tengo algo en mi cara?

— ¡Zoroark! — Dijeron los dos zoroark al mismo tiempo, abrazaron sus estómagos mientras se burlaban de mí. No sabía lo que decían, pero si los entendía y eso me molestó

— Váyanse al carajo todos —

Después de un día bastante agotador, finalmente llegué a casa, mi cuerpo aún estaba cansado por lo que había pasado durante el día. Desde que me terminaron, hasta la posibilidad de dejar en coma a una persona.

— Hola mamá, ya llegué — le hablé con un tono desanimado.

— ¿Todo bien cariño? — Preguntó mi madre en lo que estaba preparando la cena mientras que Zefiria le ayudaba

Con una mirada cansada hablé con mi madre — No, mamá, esta vez no… — narré cada detalle de mi día, desde mi error en el trabajo hasta lo sucedido con mi cita.

Unos momentos después, mi mamá solo se acercó a mí y me abrazó, mientras me abrazaba me dijo — ¿Por qué no haces lo mismo que Alejandra y sales a viajar por Unova como entrenador? Sabes que puedo arreglármelas con Zefiria —

— En el fondo si quiero mamá, pero tengo miedo de lo que pueda ocurrir ahí afuera, como me ocurrió hace 10 años y los caso que fueron cada vez más recurrentes desde entonces —

— No te preocupes hijo, vas a hacer amigos en el camino que te ayudarán a superar esos problemas, quizás y encuentres a una dama que pasará contigo el resto de sus días, jaja — Dijo mientras me abrazaba más fuerte para después romper el abrazo

Finalmente, después de mucho pensar, tomé una decisión

— Te voy a extrañar mucha mamá —

— Y ¿Como tienes pensado empezar? — preguntó mi madre con un tono escéptico.

— Ir a buscar a la profesora Juniper en la ciudad terracota, para tener a mi primer Pokémon —

— Está bien hijo, vamos a cenar y mañana tendrás todo el dia para prepararte en tu viaje —

Inspirado por mi pasión por el mundo Pokémon y el deseo de encontrar mi propio camino, decidí convertirme en un entrenador Pokémon. Con determinación en mis ojos y un nuevo sentido de propósito en el corazón, listo para salir en la emocionante aventura que la esperaba.