Capítulo 26. Perdidos.
Todos estaban impactados. No podían creer lo que habían visto. Seis de sus compañeros habían caído a más de treinta metros. Cheerilee y los guardabosques se quedaron viendo hacia el vacío por algunos segundos, como si no supieran cómo reaccionar. La primera en decir algo fue Cheerilee, sin poder articular ninguna palabra.
—No puede ser... las crusaders... Comet... Diamond Tiara y... —dijo hiperventilando mientras Halita intentaban calmarla luego de sufrir un ataque de pánico.
—Tranquilícese, por favor — Halita pidió.
—¿Tranquilizarme? Seis de mis estudiantes acaban de caerse por un precipicio. No pe pida que me tranquilice. ¿Sabe quién era uno de ellos? Cuando la Princesa Twilight se entere… —dijo sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Volvió a alterarse.
—Entrar en pánico no nos ayudará en nada — Halita intentó decir.
—Tampoco quedarnos aquí sin hacer nada —replicó.
—Escúcheme, Strong acaba de bajar a buscarlos. No deben estar muy lejos. Con suerte, los traerá de vuelta una vez suba y podremos darle fin a todo a esto —Halita dijo seriamente—. Ahora, lo que usted debe hacer es tranquilizarse; el resto de sus alumnos dependen de usted. Imagine como se sienten al ver a su maestra así.
Cheerilee volteó a ver a lo demás potros reunidos detrás de ella, lo más lejos del borde que pudieran estar. Casi todos se veían asustados y otros tristes. No sabían bien qué pasaría o qué podrían hacer ahora. Necesitaban de alguien que mantuviera la calma y les guiara. Nuevamente se giró hacia Halita.
—Déjenos el rescate a nosotros, sus alumnos la necesitan ahora—añadió.
Los minutos pasaron. Halita intentaba comunicarse constantemente por radio con la estación, pero estaban demasiado lejos y la accidentada geografía dificultaban que pudiera encontrar una señal; Strong aún no regresaba y Cheerilee cada vez estaba más nerviosa. Iba y venía entre sus alumnos y Halita en busca de algún consuelo en una buena noticia.
Finalmente, luego de casi dos horas, Strong apareció.
Cheerilee se acercó rápidamente.
—He barrido toda la zona cercana al acantilado que he podido. El follaje es demasiado denso; no se puede ver mucho —dijo apenado y muy cansado.
—¿Encontraste a alguno de ellos? —Halita preguntó.
—No, pero encontré huellas de cascos — Strong dijo no tan feliz como se esperaría.
—Eso es bueno. Significa que están vivos — Cheerilee dijo con esperanza.
La expresión de ambos decía lo contrario
—Eso es bueno, ¿verdad? —ninguno le respondió— ¿Que sucede? — Cheerilee inquirió con preocupación.
—¿Hacia dónde se movían? —Halita preguntó.
—Al suroeste —la expresión de Halita se endureció aún más en una expresión de consternación.
—¿Alguno de los dos podría explicarme? — Cheerilee exigió.
—Ese bosque no ha sido explorado en su totalidad. Hay cientos de valles conectados en una gigantesca red de canales y ríos aún no cartografiada, no sabemos que animales viven ahí y orientarse es muy difícil porque la vegetación es tan densa que la luz es muy poca. Esos potros están en riesgo. Debemos actuar de inmediato —dijo con severidad.
—¿Qué vamos a hacer ahora? — Cheerilee dijo preocupada.
—Strong... —Halita dijo con miedo señalando hacia el bosque. Una columna de humo negro se elevaba al cielo a varias decenas de metros de donde habían caído.
Una expresión de terror se dibujó en el rostro de todos los adultos.
—Llévalos lo más rápido que puedas a la base. Tomaré el atajo para llegar primero— Strong indicó a Halita.
—De acuerdo, te veré ahí. Avisa a la directora y hay que informar a las familias lo más pronto posible, en especial a las de los potros perdidos —dijo con un poco de temor al pensar en Twilight—. Debemos darle la máxima prioridad a este asunto. Necesitamos muchos ponies —Strong asintió. Y salió corriendo lo más rápido que pudo—. Levanten todas sus cosas y síganme —les indicó a los potros y a Cheerilee.
Comet despertó muy aturdido. Se sentía mareado y le palpitaba la cabeza. Sentía muchísimas ganas de vomitar. Al abrir los ojos se vio colgando de cabeza a varios metros sobre el suelo enredado en un grupo de lianas, raíces o lo que fuera. No le importaba. No sabía que había pasado.
—¿Comet, estás bien? —llamó una voz a unos metros debajo de él. Era Silver Spoon colgada de una rama debajo de él a varios metros sobre el suelo. Luchaba por no resbalarse.
—Eso creo —dijo en un quejido tocándose la cabeza, sintiendo una punzada al instante, al quitar el caso, vio una mancha oscura, viscosa y algo cálida. Se quedó mirándola fijamente sin entender qué cosa era.
—Te golpeaste la cabeza antes de caer — Silver Spoon le respondió.
—¿Hay alguien más por ahí? —preguntó la voz de Scootaloo. No podían verla por ningún sitio. Se escuchaba un poco apagada, debía estar detrás del follaje.
—Estamos Comet y yo — Silver Spoon dijo.
—¿Alguno puede bajar? — Scootaloo preguntó.
—No — Comet dijo, intentando elevar la voz cuanto pudo, no se encontraba muy bien.
—Yo tampoco — Silver Spoon dijo.
—Está bien, iré a ayudarlos —Scootaloo respondió. Escucharon hojas y ramas moverse no muy lejos, pero no podían ver a nadie.
—¿Apple Bloom y Sweetie Belle están con ustedes? — Scootaloo preguntó para seguir haciendo conversación y encontrarlos con más facilidad.
—No. ¿Has visto a Diamond Tiara? —Silver Spoon preguntó de vuelta.
Scootaloo negó.
—No deben estar muy lejos —añadió para tranquilizarlos porque no estaba segura de ello. No las había encontrado ni visto pista alguna de ellas por ningún lado.
Tardó algunos minutos, pero finalmente pudo dar con ellos y ayudarlos a subir a una rama más estable. Primero fue Silver Spoon, pues necesitaría de su ayuda para auxiliar a Comet. Estaba en una zona muy complicada para alcanzarlo. No estaba muy lastimada, solo algunos raspones en los brazos por la corteza del árbol. En cuanto a Comet, no se veía nada bien. La cabeza aún le sangraba y su cuerno tenía una fisura desde la punta hasta casi llegar a la base; no respondía mucho, su voz se escuchaba algo apagada y no parecía entender del todo qué estaba sucediendo. No sabían si era por el golpe o por estar tanto tiempo de cabeza, pero daba la impresión de volver a desmayarse.
Fue difícil, por poco y se caen en varias ocasiones al intentar alcanzarlo, pero lograron poner a Comet de nuevo sobre sus cascos. Lo primero que hizo fue vomitar, muy cerca de Scootaloo, quien retrocedió al instante para evitar mancharse. Poco a poco, con un poco de descanso, el potro recobró la lucidez. Al ver el lugar en el que estaba, pegó un grito y se abalanzó sobre Silver Spoon abrazándola con fuerza casi logrando tirarla de la rama, lo que provocó que Comet se asustara aún más.
—Comet, tranquilízate. Nos vas a tirar —se tambaleó la potranca. Logró llegar a la base de la rama en la que se encontraban, llevando a Comet a rastras con ella pues no se quería mover. Se aferraba con fuerza y mantenía los ojos cerrados con fuerza.
—No sabía que Comet tuviera miedo a las alturas —comentó Scootaloo un tanto sorprendida de ver al potro tan asustado. Hacía mucho que no se mostraba así.
—Yo tampoco — Silver Spoon también estaba sorprendida. Trataba de quitarse al potro de encima, pero por nada del mundo se soltaría.
—¿No se los dijo? —Scootaloo preguntó un poco extrañada, ella sabía todo de sus amigas así que había supuesto que ellos también.
—No. No hablamos de eso —Silver Spoon dijo con un tono que daba a entender que se le hacía un tema de lo más raro—. Comet, ya suéltame —solo logró que se aferrara con más fuerza.
—¡Oigan!, ¿están bien allá arriba?! —les gritó otra voz ahora desde abajo, evitando que Scootaloo pudiera preguntar más. Eran Apple Bloom y Sweetie Belle. Apple Bloom se veía bastante bien, solo algo magullada, en cuanto a Sweetie Belle, una de sus patas estaba lastimada, se la había inmovilizado con unas ramas y su listón.
—Les dije que estarían bien —Scootaloo dijo con alivio—. ¡Estamos bien...!
—¡¿Diamond Tiara está con ustedes?! —Silver Spoon se apresuró a preguntar.
—No. Creímos que estaba con ustedes —Apple Bloom dijo.
Silver Spoon dejó salir una mueca de preocupación.
—¿Saben cómo podemos bajar? —Scootaloo preguntó.
—No. Nosotras ya estábamos cerca del suelo. Me lastimé al bajar —Sweetie Belle respondió.
Tardaron un buen rato en intentar bajar de los árboles, más porque Comet caminaba muy despacio, sin soltar a Silver Spoon en ningún momento, paralizado del miedo y gran parte del tiempo lo hizo con los ojos cerrados. Estaba sumamente alegre en cuanto tuvo sus cascos de nuevo en la tierra. Las crusaders estaban reunidas de nuevo; las tres no tardaron en abrazarse aliviadas de estar a salvo.
—¿Dónde está Diamond Tiara? —Silver Spoon preguntó otra vez, más insistente.
Las crusaders pararon en seco. Era muy pronto para celebrar. Diamond Tiara aún estaba perdida. No la escuchaban. No veían ni rastro de ella. No tenían la más mínima idea de lo que pudo haberle sucedido.
—No lo sabemos —Sweetie Belle dijo apenada.
—Hay que ir a buscarla —Comet indicó con una nueva seguridad reencontrada. Silver Spoon asintió y ambos comenzaron a caminar.
—Esperen, hay que quedarnos aquí. De esa manera será más fácil que nos encuentren —Apple Bloom dijo alarmada.
—No vamos a irnos sin ella —Comet dijo sintiéndose algo ofendido y preocupado. No quería perder a su primera amiga tan pronto. Tanto él como Silver Spoon sabían que Diamond Tiara no era muy buena en actividades al aire libre (tampoco ellos); nunca lo admitiría, pero estaría asustada. Siguieron con su camino a pesar de las advertencias de las demás.
—¿Qué debemos hacer? —Apple Bloom preguntó.
—¿Deberíamos seguirlos? —Sweetie Belle sugirió.
—¿Y correr el riesgo de perdernos aún más? —Scootaloo negó.
—No podemos dejarlos solos. No saben lo más básico para acampar, mucho menos sobrevivir en este bosque. Estarán perdidos sin nuestra ayuda —Apple Bloom dijo con preocupación. Les dieron un rápido vistazo. No estaban muy lejos todavía, pero la poca luz los hacía perderse en la espesura. El ojo brillante de Comet se veía yendo de un lado a otro como si no supiera a dónde ir. Se vio un destello de luz chisporroteante que se extinguió rápidamente. Comet había intentado iluminar el camino con su magia, dándose cuenta del estado de su cuerno. Se veía que le dolió mucho—. Más de lo que ya están… —Apple Bloom añadió.
—En realidad, no creo que sobrevivan una noche solos —Sweetie Belle aseveró sintiendo un poco de lástima.
—Está bien —Scootaloo aceptó de mala gana.
Las tres corrieron tras ellos, llamándolos para que las esperaran.
—Creí que esperarían por ayuda —Silver Spoon dijo algo extrañada y queriendo sonar un poco recelosa, aunque en realidad estaba agradecida.
—No se preocupen, regresaremos tan pronto la encontremos —añadió Comet.
—Pensamos en lo que dijeron y tienen razón, no podemos dejarla —Sweetie Belle dijo.
—Ni a ustedes —masculló Scootaloo. Recibió un rápido codazo por parte de Apple Bloom.
Ninguno de los dos discutió. Estaban aliviados que las tres se les hubieran unido, de lo contrario no sabrían que hacer. Encontrar refugio, hacer una fogata, encontrar comida o agua, ninguno de ellos sabía hacer nada de eso. En caso de necesitarlo, estaban felices de haber caído con ponies que asegurarían su supervivencia.
Caminaron por los alrededores buscando cualquier pista o rastro de la potranca. Ninguno se separó del grupo. Los árboles eran tan frondosos que no permitían el paso del sol, lo que daba una iluminación taciturna al lugar. Parecía ser siempre de noche. Sin poder ver mucho, lo mejor era mantenerse juntos para evitar perderse. Comet era quien podía ver mejor que cualquier otro, pesar de estar encogido de miedo sobre el árbol, era él quien lideraba el grupo por esa razón. Mientras la buscaban, Comet y Silver Spoon gritaban su nombre. Las crusaders les insistían constantemente que parasen, podrían atraer a algún animal peligroso. No les hicieron caso. No recibían respuesta y eso los hacía pensar lo peor.
Ya se habían alejado bastante. Los árboles comenzaron a llenarse de algo que parecía ser alguna especie de enredaderas o plantas parásitas, daban la impresión de ser telarañas. De ellas colgaban grandes bultos que pensaron eran frutos. La poca luz no les permitía ver bien que eran realmente, incluso a Comet.
—Este lugar me da escalofríos —Silver Spoon comentó.
—A mí también —Comet concordó.
—Será mejor que volvamos. Ya estamos muy lejos, no creo que esté por aquí —Scootaloo señaló—. Buscaremos por otro lado.
—Miren — Apple Bloom señaló al ver un pequeño brillo no muy lejos de donde estaban.
Rápidamente corrió hacia ello, siendo seguida por los demás muy de cerca. El suelo se volvió suave bajo sus cascos y algo húmedo. Lo que encontraron fue una cosa de mediano tamaño hundido hasta la mitad en el fango. Al alzarla y limpiarla un poco descubrieron una pequeña tiara llena de diamantes de diferentes tamaños.
—Es de Diamond Tiara —Silver Spoon exclamó con algo de alegría.
Scootaloo vio algo extraño en ella. Solo estaba la tiara, no había huellas alrededor ni otra pista que indicara que ella estuvo ahí.
Ambos, Comet y Silver Spoon, comenzaron a gritar su sombre con más insistencia. Siendo callados nuevamente por las crusaders ahora tapándoles su boca con sus cascos.
—Suéltame Scootaloo —Comet chilló empujando a la pegaso.
—Ya guarden silencio, Comet. Encontraremos a Diamond Tiara, pero debes mantener la calma. Atraerán animales con tanto escándalo —le indicó muy seriamente.
—No me importa. ¿Qué puede venir? ¿Un cocatriz o lobos de bosque? No estamos en Everfree. Lo que sea que venga, puedo con él —Comet dijo con frustración.
Scootaloo no le creía nada. No con su cuerno en ese estado.
—¿Y qué tal arañas? — Sweetie Belle dijo temerosa.
—¿Arañas? — Comet se giró confundido.
Todos voltearon a ver dónde la potranca estaba mirando con sumo terror. Justo en uno de los árboles se veía una gigantesca araña bajando por el tronco. Era del tamaño de un perro sin contar las patas, las cuales eran gruesas y muy peludas; los colmillos eran tan largos como una estaca. Sus oscuros ojos inexpresivos eran tan grandes como sus cascos. Bajó y se movió lentamente. Un poco torpe. Sin embargo, eso les dio muy mala espina. Y con mucha razón. Esa torpeza resultó ser un engaño. En cuanto tocó tierra, la araña avanzó rápidamente hasta ellos.
Pensando rápidamente, Comet activó su cuerno. Se vio un destello. Cuando éste terminó, la araña yacía en el suelo sin media cabeza, retorciéndose en agonía, derramando un viscoso líquido amarillo verdoso. Sweetie Belle no pudo evitar vomitar en ese momento; Silver Spoon de milagro no lo hizo también; Scootaloo y Apple Bloom estaban horrorizadas, quien sabe si por ver a semejante araña o la escena que tenían en frente; Comer, por su lado, estaba sorprendido, asustado, agitado por lo cerca que estuvieron. Su cuerno le ardía como si lo hubieran tocado con un metal al rojo vivo. Humeaba.
—Lo ves, te dije que podría con lo que se presentara —Comet intentó alardear, pero su tono de arrogancia se perdía entre la respiración cortada y el miedo que sentía.
—Chicos... —Apple Bloom advirtió.
—Miren arriba... —Silver Spoon también.
Los tres obedecieron a lo que las dos les pedían. Sobre sus cabezas se extendía una oscuridad casi total. Sin embargo, no era una oscuridad estática, podían ver como ésta sombra se movía. Temerosos, los cinco se juntaron lo más que pudieron. Comet volvió a activar su cuerno. Sintió como le quemaba. Una esfera luminosa se formó en la punta y se disparó hacia lo alto. Estando a una buena altura sobre ellos, como una bengala, estalló, emitiendo un fulgor que iluminó todo su alrededor, antes de empezar a caer lentamente. Lo que vieron les pusieron los pelos de punta. Estaban dentro de un nido. Todos los árboles estaban plagados de aquellas arañas, algunas mucho más grandes y monstruosas que la que Comet acababa de derribar. Cada hoja y espacio estaba tapizado por telarañas; los bultos que habían visto eran los restos de sus víctimas anteriores. Había puentes y redes de seda dispuestos a diferentes alturas. Ese lugar era un campo minado. Probablemente habían pisado o activado alguna trampa que alerto a una de ellas.
—¿Puedes contra todas ellas? — Scootaloo preguntó genuinamente. No había espacio para bromas.
Comet no respondió. Estaba aterrado de lo que veía. Habían tenido suerte que solo una de ellas hubiera ido tras de ellos. Estas no parecían haberse percatado de su presencia y si lo hicieron, no se molestaban en perseguirlos.
—¿Por qué no vienen hacia nosotros? —Apple Bloom preguntó nerviosa.
—Yo estoy agradecida que no lo hagan —Silver Spoon dijo.
—Las arañas rara vez cazan. Prefieren esperar a que algo caiga en su red —Scootaloo dijo.
—¿Entonces estamos seguros aquí? —Comet preguntó.
—Por ahora. Mientras no nos movamos. Pero debemos salir de aquí —Scootaloo advirtió.
—Tiara... —Silver Spoon dijo en un leve lamento mirando la tiara que tenía en su casco.
Los demás bajaron la mirada con dolor al escucharla. Entendían su sentir. Ellos habían tenido suerte con una araña que fácilmente pudo haberlos atrapado a todos. Si Diamond Tiara había caído, era imposible que sobreviviera.
Comet se dejó caer en shock al pensar en lo que le había pasado a su amiga. Silver Spoon sentía desmayarse. Se había ido. Su amiga se había ido. De haber sabido que esos serían sus últimos momentos habrían disfrutado más del viaje o peleado menos con las crusaders. Ambos comenzaron a ver borroso por las lágrimas que comenzaban a nublar su visión. Las crusaders no sabían que hacer o decir. Diamond Tiara siempre había sido un dolor de muelas para ellas, sin embargo, jamás pensaron que algo así podría sucederle. A pesar de todo, llegaron a estimarla un poco. Las tres lucharon por no llorar; alguien debía mantenerse fuerte para que pudiera pensar con la cabeza fría. Apple Bloom y Sweetie Belle no lo lograron.
—Debemos irnos. No podemos quedarnos aquí —Scootaloo indicó al momento que con ayuda de Apple Bloom trataban de poner a los devastados potros de pie.
—Espera... —Sweetie Belle advirtió mientras se enjugaba las lágrimas y alzaba la vista—. Miren allá —Señaló con su casco hacia el punto donde se había quedado atrapada la bengala de Comet, ya desvaneciéndose.
A unos quince metros sobre ellos vieron un tronco enredado completamente en la telaraña y hecho pedazos y justo debajo colgaba un raquítico enredo de seda con un pequeño bulto de color rosado en su interior.
—¡Diamond Tiara! —Comet y Silver Spoon gritaron. Al instante se levantaron y corrieron hacia ella.
—Alto, no corran —las crusaders gritaron, pero tampoco siguieron su propio consejo, corriendo tras de ellos.
A su paso, otras arañas salían desde madrigueras en el suelo, ínfimamente más pequeñas; terminaron siendo aplastadas bajo los cascos de los potros que ni siquiera notaron su presencia. Las crusaders si las vieron, teniendo un poco de temor de ellas. Algunas eran casi tan grandes como una rata. Prefirieron evitarlas a pasar sobre ellas.
—¡Diamond Tiara!
—¡Diamond Tiara, ¿estás bien?! —los dos gritaron cuando estuvieron debajo de ella.
La potranca estaba tan alto que no los escuchó bien. No respondió, tampoco se movió. Tenía miedo que si hacía cualquier tipo de ruido o el más mínimo movimiento las arañas la encontraría. Así pasó cuando cayó. Las arañas comenzaron a perseguirla. Trepó por el árbol en el que había caído para escapar de ellas. No sirvió de nada. Fueron tantas que el árbol se partió en dos como un mondadientes. Las telarañas le salvaron la vida frenando por completo su caída. El trozo del árbol se había quedado enredado también. A los pocos segundos de haber tocado la seda, otra horda de arañas corrió hacia él tronco, destrozándolo al percatarse que no era comida. Ella había quedado enredada suspendida debajo siendo pasada por alto por las arañas. Desde entonces había quedado colgando. Por suerte los hilos eran muy resistentes y pegajosos, lo cual evitaba que cayera, pero eso también le impedía bajar, aunque tampoco es que tuviera forma de hacerlo. Permaneció inmóvil y en completo silencio. Habían sido apenas minutos, pero resultaron más difíciles de lo que uno pensaría. Uno de sus brazos se había torcido al momento de enredarse y le había dolido mucho, ya había dejado de sentirlo un poco, lo cual no era muy buena señal, pero no quería moverlo por temor de alertar a las arañas. En cuanto escuchó voces debajo, jamás se había sentido tan feliz en su vida y cuando vio una luz al lado suyo, casi llora de la felicidad. La habían encontrado. Escuchó más clara la voz de Comet y la de Silver Spoon. Quería gritarles, pero tenía miedo.
Comet y Silver Spoon se preocuparon un poco al notar que su amiga no les respondía, pero ambos se tranquilizaron cuando Comet vio que estaba despierta. Le gritaron más cosas para que respondiera, pero ella solo hacía movimientos muy cortos con la cabeza o con el único casco que tenía libre. Apenas podían percibirlos desde abajo.
—Creo que no puede hablar —Silver Spoon dijo.
—¿Qué se lo impide? —Scootaloo preguntó.
Los cinco la vieron con expresiones de obviedad. Se respondió a sí misma, ruborizándose un poco.
—¿Puedes bajarla de ahí? —Scootaloo preguntó para cambiar de tema.
—Lo intentaré —Comet dijo con inseguridad. Su cuerno le quemaba como nunca y aumentaba cada vez que usaba magia. Él no podía verlo, pero ya intuía que su cuero se había roto. Utilizar más magia incrementaba el riesgo de lastimarlo cada vez más. No le importó. Encendió su cuerno, soportando el dolor tanto como pudo. Un halo de energía anaranjada rodeo a la potranca. Comet tiró de ella, pero fue con muy poca fuerza, tensando levemente la telaraña. Diamond Tiara comenzó a alterarse al ver como algunas arañas se dirigían ella.
De la nada, la magia de Comet desapareció. Diamond Tiara dio un rebote y comenzó a balancearse. Miró a todos lados con miedo de que alguna la encontrara. Se cruzaron entre ellas y unas pocas le pasaron justo por encima, pero ninguna llegó a encontrarla.
—Bájenme... —la potranca chilló comenzando a entrar en pánico.
—Comet, bájala —Scootaloo insistió.
—No puedo —dijo intentando activar de nuevo su cuerno, pero su magia se desvanecía al instante con un chisporroteo.
—¿Como que no puedes? —la pegaso exclamó.
—Que no puedo —respondió.
—Acabas de usar tu magia; ¿ahora resulta que no puedes? Eres un unicornio —Scootaloo alegó.
—Y tú eres una pegaso. ¿Por qué no vuelas y vas por ella? —Comet arremetió sintiendo su cabeza arder en llamas.
Apple Bloom y Sweetie belle ahogaron dos gritos de la impresión. Ese era un golpe demasiado bajo hasta para él. Incluso Diamond Tiara y Silver Spoon evitaban meterse demasiado con ese tema. Aunque trataron de no tomárselo tan personal.
—Sabes muy bien que no puedo volar, tú si puedes usar magia —Scootaloo dijo dolida.
—Mi magia no responde, no puedo hacer nada —Comet dijo.
—Su cuerno está roto, Scootaloo, no es su culpa. Con suerte pudo hacer los dos hechizos anteriores —Sweetie Belle dijo intentando que ambos parasen. Comprendía muy bien el dolor por el que estaba pasando.
—Solo es una grieta, no es lo que te pasó a ti —Scootaloo dijo.
—No tienes idea de lo que hablas —dijeron los dos a la vez con molestia.
—Peleen después, hay que ayudar a Tiara —Silver Spoon dijo con preocupación.
—¿Como vamos a bajarla? —Apple Bloom preguntó—. Comet debe descansar si no quiere lastimar más su cuerno.
—Yo aún no se usar magia —Sweetie Belle se lamentó.
—No es como que podamos subir para cortar la seda. Todo está rodeado de arañas. Nos atraparán antes de llegar hasta arriba —Scootaloo dijo.
Comet estaba frustrado. No quería abandonarla. Se había rendido demasiado pronto. Se puso de pie nuevamente y encendió su cuerno una vez más. Un halo de energía volvió a rodear a Diamond Tiara sintió otra vez una fuerza tirando de ella hacia abajo. Al percibir esto, las arañas nuevamente se dirigieron hacia ella.
—Comet detente. Te vas a lastimar —Sweetie Belle le advertía, sabiendo que Comet no podría lograrlo.
Solo un poco más. Un poco más... Comet se decía a sí mismo para darse ánimos para soportar el agonizante dolor que le causaba. Su cuerno le quemaba hasta la médula. Sentía que se partiría en dos. Cerró los ojos con fuerza mientras las lágrimas brotaban de ellos.
Como Comet no obedecía, Sweetie Belle intentó activar también su cuerno para ayudarle. Su magia, de color verde claro, emergió de su punta, pero solo sacó unas cuantas chispas antes de desvanecerse. Una y otra vez lo intentó, pero resultaba inútil. Las demás tomaron a Comet por la espalda y tiraron de él para que su fuerza se sumara a la de Comet al tirar, aunque la cosa no funcionaba de esa manera.
El cuerno de Comet llegó a su límite, comenzando a expulsar chispas que quemaban todo donde cayeran. Comet gritó de dolor y su magia se descontroló. La energía alrededor de Diamond Tiara también se desvaneció, pero esta vez fue diferente a la vez anterior. Todo cuanto la magia de Comet tocaba, se prendió en llamas. La telaraña dio un rebote, lanzando a las arañas por los aires como si de un trampolín se tratase. Los hilos que la sostenían se consumieron en un segundo y ella cayó. Comet estaba aturdido, así que las otras cinco se apresuraron a atraparla. Cayó sobre Sweetie Belle, derribándola. La potranca reprimió un grito. Su pata lastimada se había vuelto a torcer.
—Buena atrapada —Scootaloo le dijo—. Salgamos de aquí.
—Scoot... —le llamó Apple Bloom con temor en su voz mientras veía hacia arriba.
Todos se detuvieron al ver que ahora todo comenzaba a prenderse en llamas. La magia de Comet estaba incendiando todo el nido. Las telarañas se prendían rápidamente y el polvo, basura y viejas comidas de las arañas lo estaban acelerando. Se escuchó un latigazo. Una de las telarañas se había reventado. Decenas de arañas monstruosas comenzaron a caer alrededor suyo. Era difícil saber que estaban pensando dado a sus inexpresivos ojos, pero todos concordaron en algo: estaban furiosas.
—¡Corran! —Apple Bloom y Silver Spoon gritaron.
Cinco de ellos salieron corriendo de inmediato antes de que las primeras arañas se levantaran, Diamond Tiara era de las que iba a la cabeza. No quería pasar ni un segundo más en ese lugar. Pero de repente una de ellas se frenó al instante.
—¡Comet! —Apple Bloom exclamó al notar que el potro no las seguía. Regresó a por él a toda prisa. Aun se le veía aturdido y algo mareado—. Levántate, debemos irnos —le decía mientras lo ayudaba a ponerse de pie. Scootaloo también regresó y le dio apoyo. Con un poco de trabajo y algo desorientado Comet comenzó a moverse, guiado por las dos potrancas.
La carrera le ayudó a espabilar un poco. Unos pocos metros adelante alcanzaron a sus demás compañeras, que se detuvieron para esperarlos y reemprendieron la marcha. Corrieron bajo una lluvia de arañas y ascuas, mientras su alrededor se pintaba de anaranjado. Las llamas se esparcían rápidamente y el calor incrementaba; respirar se volvía más difícil con cada segundo, la espesa vegetación evitaba que el humo subiera, acumulándose en todo el nido. Las arañas los perseguían de cerca; algunas huían del infierno que se desataba, mientras que otras dejaban de lado la supervivencia para intentar atraparlos, algunas tenían colmillos tan grandes como picos de minería.
Los seis estaban aterrados. No sabían a donde ir. La salida que habían pensado en un principio, justo por donde entraron, había sido bloqueada por decenas de arañas amontonadas, desesperadas por salir. Comet intentó usar su magia para hacerlas volar a todas, pero una agonizante punzada de dolor le impidió encender su cuerno siquiera.
—¿Qué vamos a hacer? —Silver Spoon preguntó asustada, cuando pararon para tomar un respiro y a dar un vistazo al panorama.
Pero en ese momento una de las arañas atacó. La esquivaron por muy poco. Comenzaron a correr de nuevo.
—No se detengan —Scootaloo advirtió.
—Estamos atrapados —Diamond Tiara dijo, aunque fue muy difícil esclarecer si se trataba de una pregunta o una afirmación dado su tono aterrado.
—No. No lo estamos. Lo lograremos. Las sacaré de aquí. Lo prometo —Comet dijo con voz temblorosa, también asustado al borde de las lágrimas, pero haciendo lo posible por ocultarlo.
—Por allá —Apple Bloom señaló al ver un pequeño espacio abierto en una de las paredes del nido.
—Está muy alto. No vamos a alcanzarlo —Sweetie Belle dijo con preocupación. Estaba casi a cinco metros de altura—. Ni subidos los seis uno encima del otro llegaríamos hasta ahí.
—No queda de otra. Andando —Comet dijo sin pensarlo dos veces. Una oportunidad era una oportunidad.
Los seis se dirigieron a la que creían era su última esperanza para salir. Comet comenzó a la cabeza, pero rápidamente se fue quedando atrás, obligando a los otros cinco a aminorar el paso para no dejarlo solo. La cabeza aún le palpitaba y la falta de aire lo empeoraba, nublando un poco su vista. Fue gracias a ellas que logró mantenerse en el curso.
Todos los bordes estaban llenos de arañas buscando una salida. Era casi imposible llagar hasta ahí. Fue gracias a Apple Bloom que tuvo la brillante idea de tomar una rama en llamas para abrirse paso entre ellas. Una vez alcanzado el borde, la verdadera tarea comenzaba. Trepar la pared sin quedar enredados con el inminente peligro que las llamas los alcanzaran en cualquier momento.
Con mucho esfuerzo cada uno se fue encaramando a la pared. Scootaloo fue la primera. Su agilidad y cuerpo más liviano le ayudaron a trepar con más rapidez y buscar los puntos en los cuales el resto pudiera apoyarse. Aunque no podía volar, sus alas evitaron numerosas veces que la pegaso cayera. Todos ayudaban al siguiente a subir y así, lento y constante, lograron llegar hasta estar justo debajo de la ventana. No había otro lugar por el cual subir. Debían encaramarse uno sobre otro en una rama que no era más gruesa que el brazo de alguno de ellos. Se sentía firme, pero era incierto si resistiría a los cuatro que se requerían para alcanzar el borde. No quedaba de otra, debían intentarlo, cualquier cosa era mejor que quedarse a morir rostizados.
Estaban a punto de lograrlo. A Scootaloo le faltaban solo algunos centímetros para llegar al borde. Se estiraron lo más que pudieron y la pegaso logró asirse. Comenzó a subir, cuando una araña cayó frente a ella, haciéndola resbalar. La torre de potros se derrumbó y la rama terminó por romperse por el golpe. Cayeron al suelo, pero su caída no terminaba ahí. Las raíces que formaban el piso de nido se abrieron bajo sus espaldas, revelando un sinuoso y complicado camino debajo de todas las arañas. Esa era su oportunidad.
—Andando, rápido —Scootaloo dijo levantándose adolorida. Ninguno sabía de donde sacaba tanta resistencia.
Los demás se alzaron y la siguieron con mucha prisa. Comet y Sweetie Belle se quedaron atrás nuevamente. Ya no estaban aturdidos, no del todo, sino que la cabeza de Comet lo mareaba y el casco torcido de la potranca no les permitían moverse. El dolor era cada vez peor. Saltar y esquivar las raíces, troncos y pieles viejas de arañas les era muy complicado que tenían que hacerlo muy despacio. Pero pronto se verían obligados a apresurar el paso cuando sintieron retumbar el suelo bajo sus cascos. Al mirar atrás, una horda oscura se acercaba velozmente hacia ellos. Las arañas más pequeñas habían encontrado la entrada a su pasaje. Pero por pequeñas no habrían de ser menos peligrosas, algunas eran casi tan grandes como un pony adulto.
—¡Corran! —Apple Bloom gritó.
Silver Spoon regresó un poco para ayudar a ambos unicornios a cruzar una parte que se les estaba dificultando y emprendieron la carrera. Allá abajo todo era confuso. No había caminos específicos, solo montones de troncos y raíces que estorbaban al paso y reducidos pasajes entre ellos. Para los potros los frenaba en cada intento de ganar distancias, mientras que a las arañas en estampida las traspasaban sin problema por no decir que destruían todo a su paso. No veían una salida a la vista. La masa negra se les acercó más y más hasta que fueron absorbidos por ella.
Fueron arrojados con fuerza del subsuelo luego de ser arroyados por una estampida de arañas. Les ahorraron el trabajo de encontrar una salida y ya se encontraban fuera del nido, así que no todo había salido del todo mal, fuera de los pisotones, golpes y empujones que se habían llevado de recuerdo.
Aún no estaban fuera de peligro, debían avanzar y alejarse lo más posible del fuego. Pero había un problema, Diamond Tiara no se podía mover. Sostenía su brazo, llorando del dolor, mientras este se veía lánguido y sin fuerza. No se podía mover. Silver Spoon y Comet se acercaron para revisar que le estaba pasando, mientras el resto intentaba recuperarse un poco. Sweetie Belle también sentía dolor en su casco torcido, pero era algo más tolerable.
—Tiene el hombro dislocado —Comet dijo volteándose hacia ellas cuando se aceraron también a investigar. Al indagar un poco, al parecer se lo había dislocado cunado cayó en la red y en ese momento. Las crusaders hicieron una expresión de dolor al escucharlo. Ninguna había pasado por algo similar, así que no tenían idea de cuanto debía dolerle, pero si un casco torcido ya era inaguantable, esto debía ser muchísimo peor. Bueno, en realidad solo una de ellas sí sabía cómo se sentía y estaba muy impresionada que hubiera llegado tan lejos en ese estado. Scootaloo se acercó e intentó tomar el brazo de Diamond Tiara. Ella se alejó con un quejido.
—Debemos seguir moviéndonos, aquí es peligroso. Pero para eso necesitamos arreglar tu brazo —le dijo demasiado tranquila.
—Duele —Diamond Tiara dijo en un sollozo.
—Sí, pero va a ser cada vez peor si no lo ponemos de nuevo en su lugar —Scootaloo dijó. Diamond Tiara ya no reclamó nada, así que lo tomó como un sí, aunque si se hubiera negado igual no hubiera retrocedido—. Denle algo para que muerda —le indicó a Comet y a Silver Spoon. Aceptaría mejor la situación si alguno de ellos apoyaba.
Comet desanudó su corbatín y se lo dio a Diamond Tiara.
—Y necesito que la sostengan —dijo preparándose ella también. En secreto, les dijo lo mismo a sus amigas. Comet y Silver Spoon intentarían ser piadosos con Diamond Tiara. Necesitaba que la agarraran fuerte para que no se moviera nada. Ellas debían hacerlo.
Tomó el brazo de la potranca nuevamente. Intentó alejarse otra vez, pero ninguno de los cuatro se lo permitió.
—Contaré hasta tres —le dijo a Diamond Tiara.
Asintió levemente.
—Uno...
*Ploc*
Si previo aviso, Scootaloo dio un tirón al brazo de Diamond Tiara, escuchándose un chasquido. Los ojos de la potranca se cerraron con fuerza, mientras un grito era ahogado por el corbatín de Comet. La potranca se retorcía de dolor.
—Dijiste que a la cuenta de tres —Comet y Silver Spoon reclamaron .
—De haberlo hecho, Diamond Tiara se habría tensado y yo no habría podido arreglarlo —dijo la pegaso.
—Pero...
—Es así como lo hacen en los hospitales también —añadió.
—¿Y tú como lo sabes? —Silver Spoon inquirió.
—Hace ya varios meses, me lastimé intentando algunos trucos con Rainbow Dash. Fue así como me curaron —explicó—. ¿Cómo te sientes? —se dirigió a Diamond Tiara.
—Ya puedo moverlo —respondió. Movió un poco su brazo para demostrarlo. Aún le dolía, mucho menos que hace unos momentos y le quedaba una sensación que en cualquier momento podría salirse de nuevo.
—Hay que vendarlo —Comet señaló.
—¿Con qué? —Apple Bloom preguntó.
—Comet, quítate la camisa —Scootaloo indicó.
Sin objetar nada, Comet lo hizo y rápidamente ayudó a la pegaso a ajustarla alrededor del brazo de su amiga.
—Con eso debe bastar —dijeron al final.
Diamond Tiara se puso de nuevo en pie y caminó un poco. Seguía doliendo, ya no tanto como para impedirle seguir. Le dio una mirada agradecida a la pegaso.
El olor a humo y unas diminutas ascuas arrastradas por el viento les hicieron recordar dónde se encontraban.
—Tenemos que irnos —Comet dijo con un semblante más serio.
—Concuerdo. Hay que alejarnos cuanto podamos de las llamas —Scootaloo dijo.
—¿A dónde? Ya nos alejamos de donde caímos y, de hecho, no sabría como volver —Silver Spoon dijo.
—No tenemos comida ni agua, todo se quedó arriba —Diamond Tiara dijo.
—Tranquilícense, entrar en pánico no nos ayudará en nada. Les dije que las sacaría de aquí y eso haré —aseguró Comet—. Por ahora, lo que debemos hacer es alejarnos del fuego, lo demás lo averiguaremos luego.
—Pero, ¿cómo? No sabemos nada de acampar, ni tú, mucho menos navegar o explorar un bosque que nadie conoce —Silver Spoon dijo.
—Lo mejor sería quedarnos y esperar a que alguien venga a buscarnos —Diamond Tiara dijo.
—Sí, eso sería lo mejor, pero el incendio que causamos cambia todo. Debemos movernos si no queremos quedar atrapados en él —Apple Bloom dijo.
—¿Y para que provocaron un incendio? —les reclamó la potranca.
—No fuimos nosotras —Scootaloo se defendió.
—Comet lo causó por error cuando intentaba salvarte. Fue gracias a él que pudimos rescatarte. Deberías agradecerle en lugar de estarte quejando —Sweetie Belle le explicó.
—Sí, fueron Comet y Silver Spoon quienes se negaron a irse sin ti. Estaban dispuestos a entrar aquí solos—Apple Bloom la regañó por ser tan malagradecida.
Diamond Tiara permaneció en silencio, un poco molesta, aunque también conmovida de que Comet, alguien a quien apenas conocía, le diera la estima necesaria para no querer abandonarla.
—Estamos los seis juntos. Eso es lo que importa —Comet interrumpió. Sintió una fuerte punzada en su cuerno que lo obligó a encogerse un poco, pero se reincorporó pronto—. Las crusaders tiene más experiencia en actividades al aire libre que nosotros. Con su ayuda, estoy seguro de que entre todos lo lograremos —dijo Comet con mucha confianza, tanto que las cinco se llenaron de la misma. Tenían esperanza.
—Vámonos, no perdamos más tiempo —Scootaloo dijo.
Los cinco asintieron y comenzaron la larga caminata hasta que encontraran un lugar en el cual estuvieran seguros.
—¿A dónde habrán ido todas las arañas? —Sweetie Belle preguntó con un poco de preocupación. Podrían estar en cualquier lugar ahora.
—No lo sé, trato de no pensar en eso —Comet dijo yendo al frente con Scootaloo y Apple Bloom. No tenía muy buena orientación, pero era el que mejor veía en un ambiente tan oscuro. Peor aún que comenzaba a atardecer.
—Es mejor que mantengan los ojos abiertos en caso de cualquier peligro —Scootaloo advirtió.
—Estoy cansada —Diamond Tiara se quejó.
—¿Podemos parar un momento? —Silver Spoon pidió casi como una exigencia.
—No podemos detenernos, aún no estamos lo suficientemente lejos del incendio. Debemos ganar más distancia —Apple Bloom señaló con hastío. Ya era la quinta vez que interrumpían.
—Ni siquiera saben a dónde vamos —Diamond Tiara reclamó.
—Eso no importa mientras estemos a salvo —Scootaloo espetó para que se callaran.
—Noticia de última hora, Scootaloo, estamos perdidos en medio de un bosque inexplorado, no hay lugar en el que estemos a salvo —Silver Spoon con desdén.
—Si tienen una mejor opción, estamos abiertas a ideas —respondió la pegaso.
—Qué te parece descansar —Diamond Tiara insistió otra vez.
—No ahora —la pegaso respondió.
—Pero... —se quejaron las dos.
—Ya guarden silencio. Debemos continuar —Comet reclamó muy cansado. Sus cascos le pesaban, la cabeza le palpitaba y su cuerno le quemaba; ya era más que suficiente.
—Ve el trato que nos están dando —reclamaron.
—También estoy cansado, todos lo estamos, y créanme, estar escuchando sus lloriqueos no está haciéndolo más tolerable. Hasta no estar lejos del fuego, encontrar un refugio o agua no vamos a detenernos —les dijo severamente.
Toda gratitud que Diamond Tiara pudo haber sentido hacia Comet momentos atrás desapareció. Se supone que debía estar apoyándolas a ellas, no a las crusaders. Tal parecía que su acuerdo tenía sus límites.
Estaban tan distraídos peleando que no se dieron cuenta que algo se les estaba acercando hasta que ya lo tuvieron encima. Una araña emergió de la oscuridad de entre los árboles a toda velocidad y por muy poco alcanza a uno de ellos. La pelea quedó en el olvido. Nuevamente se veían corriendo por su vida. Era una sola araña, pero esta era del tamaño de un oso. Corrieron intentando mantenerse juntos mientras escapaban de la araña que los seguía desde muy cerca.
—Miren —Sweetie Belle señaló.
A la distancia, por su izquierda, se alcanzaba a ver una luz entrando entre los troncos. Podía ser una salida. Tomaron rumbo hacia ella. La araña casi los atrapa por segunda vez cuando dieron vuelta, pero su peso les salvó el pellejo. La araña volcó al no poder girar tan rápido. Una vez llegaran a terreno abierto, podrían evitar a la araña y sería más fácilmente que los encontrara un grupo de búsqueda. Solo tendrían que hacer alguna señal. Encender una fogata o algo. Los árboles se abrieron y su esperanza quedó borrada al ver frente a ellos un acantilado por el cual corría un rio embravecido a diez metros debajo. Se detuvieron justo a tiempo, casi uno de ellos cae.
Intentaron dar la vuelta al ver que habían cometido un terrible error. Al hacerlo, lo que vieron fueron los brillantes ojos compuestos de la araña acercarse rápidamente. Esperaron el golpe final, pero el arácnido nunca llegó a ellos. Cuando estuvo al borde del bosque, un animal, muy similar a un gigantesco tejón embistió a la araña. El suelo se sintió temblar bajo sus cascos por la fuerza del animal. La lucha fue muy corta. La araña intentó defenderse, pero el tejón clavó sus dientes y garras, terminado con ella muy rápido. Afortunadamente, cuando la araña yacía sin vida en el suelo, el tejón comenzó a comérsela sin prestarle importancia a los potros.
—¿Qué es esa cosa? —Sweetie Belle preguntó asustada.
—Es un tejón —Scootaloo dijo con temor—. Mi mamá dice que son muy malhumorados. Suele evitarlos por ello.
—¿No debería ser más pequeño? —Apple Bloom preguntó.
—Vámonos de aquí —le susurró Diamond Tiara a Comet.
—S-sí —el potro concordó bastante impresionado.
Empujaron un poco a las crusaders para que comenzaran a moverse. Entendieron el mensaje y comenzaron a retroceder lentamente para que el tejón no los notara y siguiera con su comida. Pero entonces... *crac* Se escuchó un chasquido. Los potros se detuvieron al instante. Las orejas de la bestia se alzaron. Se giró con curiosidad para ver quién lo estaba importunando. Tenerlo de frente era aún más intimidante que verlo contra la araña. Era tan grande como un oso pardo y sus garras eran tan largas como uno de ellos.
El animal no se veía muy feliz de que lo hubieran interrumpido. Scootaloo no mentía al decir que tenían mal genio y podían comer de todo, así que seis pequeños potros no serían más que un aperitivo. El tejón bramó y se abalanzó hacia ellos. Los seis se dispersaron y corrieron. El tejón siguió a uno de ellos, luego a otro y a otro. Prácticamente a cualquiera que viera en frente. Lanzaba zarpazos y dentelladas a diestra y siniestra contra todo aquel que tuviera cerca. Los potros intentaban desesperadamente una ruta de escape, pero no podían hacerlo sin abandonar al resto.
Se escuchó un grito. Diamond Tiara y Silver Spoon habían chocado una contra la otra. El tejón se acercaba a ellas con aire asesino. Alzó una pata para dar un zarpazo ante la mirada horrorizada de los potros. Estaba listo para asestar el golpe de gracia cuando una explosión de luz lo golpeó en el rostro y les dio tiempo a las potrancas de levantarse y escapar. Al voltear en dirección de donde provino la explosión, estaba Comet, con una expresión de miedo. Su cuerno estaba activado y su magia chisporroteaba desde la grieta de su cuerno. Estaba temblando, asombrado de lo que acababa de hacer y temeroso de lo que pasaría. Se había acorralado solo. Ambas estaban impresionadas, aun con su herida y a pesar del peligro, Comet aún daba pelea. Nuevamente las había salvado.
No detuvo a la bestia por demasiado tiempo. Se volvió hacia Comet y arremetió contra él. Trató de disuadirlo disparando una tras otra mientras intentaba retroceder, dándole todas de lleno en el rostro al animal, pero no se inmutó ni un poco. Cargó contra el potro y le dio tal golpe que lo arrojó contra un árbol, golpeándose la espalda. No hubo grito, solo un corto quejido y luego silencio.
—¡Comet! —gritaron horrorizadas las seis al ver al potro inconsciente al pie del tronco.
Corrieron hacia él.
—Comet, despierta —Diamond Tiara le dio unas palmadas en el rostro. El potro despertó, pero no parecía reaccionar. Estaba muy aturdido y no parecía poder levantarse.
El tejón ya estaba cansado, pero no se iba a dar por vencido se acercó lentamente a los potros, que retrocedieron aterrorizados mientras arrastraban a Comet. No había donde escapar. Llegaron hasta el borde del barranco. El escenario no se veía para nada prometedor. El animal volvió a cargar hacia ellos. El suelo volvió a temblar y ahora a crujir. De un segundo a otro, el suelo bajo sus cascos despareció y sintieron la fuerza de gravedad tirando nuevamente de ellos.
La saliente en la que habían estado parados todo ese tiempo se había desmoronado. Los seis potros y el tejón cayeron. El animal consiguió asirse a la ladera gracias a sus enormes garras, los potros no corrieron con la misma suerte. Fueron tragados por el rio uno por uno y arrastrados por la fuerte corriente que contenía. Comet entró en pánico, sentía hundirse todo el tiempo. No sabía mantenerse a flote, la fuerza del rio lo arrastraba y agitaba como a un muñeco de trapo. Por segundos veía a las demás luchando contra la fuerza del agua. Diamond Tiara y Silver Spoon lo veían con desesperación. Intentaban llegar a él. Una punzada fría recorrió su cabeza y todo se oscureció.
Gracias a todos por seguir aquí a pesar de que ya no subo capítulos tan seguido. La historia continuará, solo que a un paso más lento.
Un abrazo y un beso. Hasta la próxima.
