La falta de inspiración parecía cosa de un pasado distante, ya no había pretextos, con la prótesis que Ikem, Shoji y Asami le habían hecho no le quedaba más que aprender y seguir adelante. Sus entrenamientos se habían enfocado en aquel artefacto, horas enteras eran dedicadas a descifrar bien como mantener el equilibrio y cómo mover aquel sustituto de pie. Varios ajustes hicieron falta durante los primeros días, nada que Shoji y Asami no pudieran manejar entre los dos, pero al final la pierna de roca y madera se ajustó como debía ser; su forma, peso y longitud se habían adaptado a la perfección para ella.

Luego de la primera semana fue capaz de caminar sin hacer uso de las muletas, durante la segunda comenzó a buscar movimientos un poco más complejos y a la tercera comenzó a experimentar con algo que nadie le había sugerido pero que a ella le hizo mucho sentido.

Ikem siempre renegaba por la manera en que manipulaba el agua pues solía hacerlo sin seguir las formas o indicaciones que le daba, a fin de cuentas, era inútil intentar formas que ella no podía completar por la falta de su pierna; en cambio prefería dejarse llevar por la conexión que sentía con el elemento. Estirando sus manos elevaba hilos de agua que seguían sus movimientos, algo que no podía usar como un ataque, pero que si era capaz de usar para envolver la pierna de roca.

Sus tímidos experimentos eran llevados a cabo en la privacidad que obtenía durante la noche en el templo de los monjes, o cuando la dejaban sola practicando en la playa. Con ayuda del agua era capaz de efectuar movimientos más naturales. El líquido, que se mantenía pegado a su cuerpo, fungía como una especie de músculo didáctico que poco a poco iba aprendiendo a manipular sin la necesidad de guiarlo con sus manos.

El agua era el único elemento que había estado practicando hasta el momento, pero había demostrado ser bastante versátil y práctico.

Su secreto fue mantenido hasta un día en el que ella, Ikem y Asami atendían a la tercera sesión de entrenamiento de agua-control. Asami le indicó al joven que intentara apegarse a cosas básicas, Ikem así lo hizo, Eclipse fue capaz de seguir las formas sorprendentemente bien, Ikem comenzó a volver de aquello una competencia, Eclipse aceptó el reto implícito en la actitud de su amigo, Asami intentó hacerlos volver a un ritmo más adecuado y un estado mental menos ofensivo, Ikem no escuchó e intentó impresionar a la morena con un movimiento avanzado.

Eclipse inspiró hondo, exhalo lentamente, intentó imitar el movimiento, pero la prótesis fue un poco torpe, Ikem sonrió de lado; Eclipse bufó, volvió a acomodarse y esta vez la pierna se cubrió con el agua antes de moverse y efectuar la acción como era debida dejando a sus dos espectadores con la boca abierta, aunque no por la ejecución de la técnica en sí.

- ¿Desde cuándo puedes hacer eso? - Preguntaron al unísono.

Una vez roto el secreto, los entrenamientos de Asami aumentaron su dificultad de forma exponencial, empezando por cosas básicas como poner a prueba su capacidad de correr, levantar peso y saltar, evolucionando a complejas rutinas de ejercicio pensadas especialmente para torturar cada parte de su cuerpo. Aunque debía admitir que el reto físico resultaba más atractivo ahora que era capaz de moverse sin las muletas, la nueva sensación de libertad la llenaba de curiosidad por ver que tan lejos podía llegar.

- Combate. - Fue el último entrenamiento que la ojiverde decidió aprobar, el único en el que ella sería su maestra y en el cual debía haber contacto físico entre ellas, o al menos eso es lo que Eclipse imaginaba. - Quiero empezar con formas básicas, yo las voy a hacer y tú deberás imitarlas. - Pausó, con el cabello sujeto en una coleta alta y vistiendo la ropa que solía usar para entrenar; una blusa blanca de tirantes y un pantaloncillo corto que se ajustaba al contorno de su pierna por debajo de la rodilla; lucía tan hermosa como siempre, con sus ojos verdes y labios rojos, Eclipse debió recordar poner atención a las palabras que le eran dichas.

- Es como cuándo practicas agua-control con Ikem, pero esta vez solo estarías manipulando tu cuerpo. - Intenta explicarle a detalle, Eclipse sonríe y asiente con la cabeza.

- Te he visto entrenando en la playa. Entiendo lo que quieres decir. - Intenta apresurar el proceso para continuar con el siguiente paso. Aunque la pelea era un tema tabú en la isla, los entrenamientos con Ikem habían venido a demostrar que ella, al igual que Korra, disfrutaba de las competencias, y no solo eso, también se emocionaba cuando Ikem llegaba a sugerir pequeños enfrentamientos controlados para que ella aprendiera a desviar o devolver ataques. Varias veces la competitividad de ambos los hacía terminar empapados, pero la adrenalina y el deseo de ganar eran algo difícil de resistir. Por eso ahora no podía esperar para aprender una nueva manera de retar a su amigo.

- Bueno, seremos como un espejo, observa bien lo que hago la primera vez, luego te iré indicando paso por paso cada movimiento. - Instruyó antes de comenzar a moverse. Observar a Asami era algo que sucedía naturalmente, ocurría sin querer y en cada oportunidad que se presentaba. Sintió las mejillas arder ante semejante pensamiento, tragó saliva y continuó intentando memorizar las formas que exponía la ojiverde. Debía concentrarse.

Si tan solo... suspiró, Asami le había dicho que la consideraba parte de su familia, una expresión utilizada para amigos cercanos. Ahí no había cabida para nada más. ¿Asami tenía a alguien más allá afuera? Había dicho que luego de la muerte de su padre no le había quedado nadie. Egoístamente esperaba que no hubiera alguien más, porque pensar que en el mundo existiera alguien capaz de cautivar el corazón de la ojiverde era algo que le generaba una incomodidad insoportable.

- ¿Eclipse? - Al fin reaccionó luego de que su nombre fuera repetido un par de veces.

- ¿Si? Disculpa, ya. Me distraje un poco. - Sacudió la cabeza y exhaló. - Lista. - Respondió recuperando la pregunta que su mente había ignorado segundos antes.

- Has estado un poco ausente recientemente. Tal vez deba disminuir la intensidad de tus entrenamientos. - Meditó mostrándose preocupada.

- ¡No! - Corrigió apresurada. Era verdad, recientemente Asami debía repetirle las cosas para que ella lograra entender lo que decía, pero no estaba cansada, tampoco batallaba para entender, simplemente se dejaba llevar por pensamientos intrusivos sobre la bella forastera quien al acercarse demasiado o regalarle una sonrisa era capaz de paralizar sus pensamientos. - Estoy bien. - Le aseguró.

- ¿Segura? - Preguntó acercándose para colocarle una mano en la frente.

- ¿Qué haces? - Pregunta nerviosa.

- Luces algo ruborizada. Me aseguro de que no tengas fiebre. - Le explica colocando la otra mano sobre su propia frente para comparar las temperaturas.

- Estoy bien. - Insiste, pero no se aparta con tal de prolongar el contacto.

- Bueno, pero si te sientes mal dime de inmediato. - Advierte retrocediendo para volver a su lugar y retomar la lección. - Bueno, lo primero es asegurarte de formar un puño correctamente...

- ¿Tienesnovioalláafuera? - Soltó la pregunta a las carreras para evitar acobardarse. Estaba harta de pensar más de la cuenta. Incluso Ikem había hechos comentarios sobre su ausencia mental recientemente y la situación comenzaba a volverse vergonzosa. Necesitaba aclarar sus ideas.

- ¿Qué? - Los ojos de Asami se abrieron como platos, Eclipse comenzó a negar con la cabeza y el silencio incómodo devoró lo poco de valentía que le quedaba mientras la ojiverde esperaba a que repitiera lo que acababa de decir.

- Olvídalo. - Se encogió de hombros deseando poder desaparecer.

- No, es solo que no esperaba que me preguntaras eso ahora. - Bajó la mirada. - No tengo novio. - Inició, Eclipse comenzó a sonreír hasta que escuchó sus siguientes palabras. - La relación que tengo es más seria que solo un noviazgo, pero es con una mujer.

- Ah. - Exhaló decepcionada. Claro que Asami tenía a alguien importante. - ¿Entonces estás casada? - Pregunta tristemente. La ojiverde la observa confundida antes de atreverse a preguntar.

- Disculpa, esa es una palabra algo vieja. Creo entender lo que significa, pero ¿te molestaría explicarlo un poco?

- ¿Matrimonio? - Responde arqueando una ceja, la ojiverde la observa con esa sonrisa entusiasta que siempre delataba su hambre de aprender. - Pues son las formalidades para unir a una pareja, volverlo oficial, formar una familia, presentarse en sociedad como una unidad. Hay fiestas y celebraciones. ¿No tienen de eso allá afuera?

Sonríe negando con la cabeza. - Podría decirse que es algo así, pero no exactamente. En los asentamientos es algo más bien como un acuerdo mutuo de volverse familia. Eso de los matrimonios, aunque llegué a leer al respecto en algunos libros, es algo que no se acostumbra desde hace cientos de años. - Explica dejando a la morena boquiabierta.

- Te podrás imaginar como en un mundo lleno de sobrevivientes la gente le dio prioridad a la comida y los refugios en vez de a ritos que no ofrecían ninguno de esos beneficios. Distintos asentamientos tienen distintas costumbres, he sabido de lugares en los que un hombre puede tener varias mujeres, esto les permite tener muchos hijos en poco tiempo. - Comenzó a divagar en voz alta mientras la morena procesaba lo que acababa de escuchar.

Asami había dicho que la gente simplemente se pedía formar parte de sus familias, eso era lo más oficial que tenían, también había dicho que ella era parte de su familia ¿a qué se había referido con eso? comenzó a sentir que el corazón le latía a prisa.

- En nuestro asentamiento se mantuvieron las costumbres de que las relaciones románticas fueran entre parejas. Mi padre decía que no existía nada mejor que tener a una persona especial con la cual crecer y volverse viejo, su padre decía lo mismo y yo pienso igual. - Concluyó.

- Dijiste que me ves como a parte de tu familia. - Murmuró viéndose incapaz de dejar el tema de lado. - Aquí en la isla no es raro que la gente diga eso, es una comunidad muy unida, amigos, vecinos, entre ellos se llaman familia, aunque no los conecte una relación de sangre, pero... allá afuera no es así. - Razona en voz alta con la intención de que la ojiverde entienda el rumbo que tomaban sus pensamientos.

- Escucha... - Asami inicia luciendo preocupada. - Allá afuera también podemos decirle eso a amigos muy cercanos. - Suspiró, lucía dubitativa y algo contrariada. El silencio se prolongó más de lo normal, Asami nunca tardaba tanto en traducir sus pensamientos o emociones en palabras.

- ¿Somos amigas o familia? - Se aventuró a preguntar en términos del mundo exterior, la pregunta era simple, solo había una respuesta, pero dependiendo del resultado aquello podía tener grandes implicaciones. Eclipse se sentía al borde de la locura, considerar que la mujer frente a ella era algo más que solo su amiga, la mano derecha del Avatar o su aliada bastaba para llenarla de una energía difícil de contener.

- Familia. - La respuesta la dejó pasmada. Con la boca abierta no supo que decir. La mujer frente a ella correspondía a lo que la gente en la isla conocía como a "esposa". - No quería llegar a imponer mi presencia por encima de la gente que ya conocías en la isla. Tu falta de memoria y la relación que mantenías con los desertores del Loto Rojo lo volvieron todo más complejo... yo. - Suspiró. - No quiero obligarte a hacer nada que no quieras, quería que tu proceso de recuperación fuera algo natural para ti sin atarte a responsabilidades o relaciones que no recuerdas. - Le explicaba cuidadosamente.

Cinco meses, Asami vivió a su lado forzándose a volver a empezar desde cero, permitiéndole conocerla como a una amiga, entregándose a un entrenamiento exhaustivo, investigando, aprendiendo, adaptándose, todo junto a una persona especial que en cambio no era capaz de reconocerla.

- Entiendo. - Balbuceo bajando la mirada. Sentía culpa, pero al mismo tiempo una inmensa alegría, ambas emociones se cancelaban entre sí dejando a la morena sin palabras para expresar lo que sentía o pensaba.

- No quiero que te sientas presionada, pero tampoco quería mentirte. - Asami se acerca a ella dudando un poco antes de tomarle las manos. - Quiero que sepas que no espero que actúes de alguna manera en especial. Entiendo por lo que estás pasando, mi recuperación tampoco fue sencilla y lo que más aprecio de las personas que me ayudaron fue su paciencia hacia mí. - Concluye ofreciéndole una alegre sonrisa.

- Gracias. - Responde tímidamente desviando la mirada. Asami Sato era su esposa. Ese era al único pensamiento que se le había quedado atorada en la cabeza.

- No tienes que tratarme de modo diferente. Aquí podemos seguir siendo amigas como lo hemos sido hasta el momento. - Concluyó dando un par de pasos hacia atrás y volviendo a adoptar la posición que había tenido antes durante el entrenamiento.

- ¡Me gustas! - Declaró con los parpados apretados y las manos en puño a los lados de su cuerpo. - Desde mucho antes de hoy, me gustas. Y aunque no pueda ser la persona con la que formaste una familia, tampoco quiero ser solo tu amiga. - Confiesa hasta quedarse sin aliento.

La situación en sí era peculiar, Asami ya estaba vinculada a ella, pero al mismo tiempo, no lo estaba, todo por culpa de su falta de memoria. Aun así, se sentía nerviosa, la ojiverde podía rechazar a Eclipse por desear a Korra, estaba al tanto de ello, pero quería darse la oportunidad de desahogar los sentimientos que por meses habían estado anidando en su pecho.

- No sé qué decir. - Respondió con mejillas rosadas y ojos perplejos.

- ¿Quieres ser mi novia? - Decide reforzar sus palabras con una propuesta. Si estaban siendo honestas aquello era algo que de verdad quería. Aún no sabía cuándo sería capaz de recuperar sus recuerdos; la meditación, aunque ya no se quedaba dormida durante las sesiones, aún no la llevaba al punto que necesitaba y la verdad no quería sentarse a esperar a que eso ocurriera antes de poder darse el gusto de vivir como su espíritu dictaba.

- Hace años que no soy novia de nadie. - Asami comenzó a reír por lo bajo, se le notaba contenta con un ligero rubor en las mejillas. - Te diré algo. - Propuso al recuperar algo de compostura. - No soy una mujer libre, le pertenezco a Korra después de todo. - Pausó. Su voz había adquirido un tono pícaro y juguetón, lo suficiente para intimidar un poco a la ojiazul quién en su lugar pasó saliva y permaneció firme en su lugar. - Pero ya que ella no se encuentra por el momento, me daré la oportunidad de conocerte en su lugar. ¿Qué te parece Eclipse? - Sonrió de lado.

- ¿Entonces serás mi novia? - Insiste con determinación. No se quedaría satisfecha hasta no escuchar un sí como respuesta.

- Si, seré tu novia. - Liberó otra risilla que esta vez fue igualada por Eclipse quién de pronto se sintió ligera como una pluma.

Había tantas cosas que quería compartir con la ojiverde, estaban las noches de teatro, canto, y música; las veladas sobre aguas fluorescentes, las noches de observatorio, las fiestas de Yangchen, comidas que quería aprender a prepararle. Cosas que había visto a otras parejas compartir de las que ella se había sentido aislada.

- Pero debes saber que soy una novia exigente. Ahora, por el momento, has logrado robarnos veinte minutos de entrenamiento que deberás reponer con el doble de tiempo. - Le dijo con voz amenazante, aunque igual de juguetona.

- Que sean dos horas ¿has visto mis tiempos en los circuitos de ejercicio? tengo energía de sobra. - Respondió imitando la posición de la ojiverde.

- Te vas a arrepentir de haber dicho eso. - Asami sonríe con aire retador.

- Ya veremos. - Responde de la misma manera sin despegar la mirada de la de ella. Si, eso era lo que le había estado faltando, la disonancia que sentía era porque Asami no era su amiga, si no su pareja. Pensó con satisfacción. Por eso los abrazos se sentían tan íntimos, los cuidados tan cálidos, su atención tan expecialmente dirigida hacia ella, por eso conocía desde sus gestos hasta las irregularidades en su voz. Aquella mujer era su familia, y ahora que lo sabía resultaba más que obvio.

Esa tarde entrenó hasta caer rendida, con los músculos entumidos y temblorosos falló en superar la resistencia de la ojiverde quién, con la blusa empapada en sudor, celebró su victoria luego de completar la coreografía de movimientos treinta veces. - Nada mal. - Se acercó a felicitarla. - Lo hiciste muy bien, al menos sé que esa forma ya te la memorizaste. - Extendió una de sus manos y Eclipse aceptó la ayuda para ponerse de pie.

- Si fue suficiente para hacerte celebrar significa que supuse un buen reto. - Comentó mientras caminaban de vuelta a la plaza, eran las ocho de la noche, más tarde de lo normal, pero se sentía bien.

- Solo a ti se te ocurriría un reto similar. - Respondió limpiándose la frente con una toalla.

- Bueno, es que aún no sé combatir así que no puedo retarte a una pelea. - Confiesa riendo.

- Créeme Eclipse, te lo digo por experiencia. Retarme a peleas nunca te ha traído buenos resultados. - Le advierte antes de darle un beso en la mejilla y adelantarse en el camino de vuelta hacia el pueblo. Perpleja tardó en recuperar su uso de razón, aquello había sido apropósito, comenzaba a entender las distintas formas en las que Asami manipulaba sus reacciones; no había nada que pudiera hacer en contra de eso, la ojiverde poseía una clara ventaja cuando se trataba de ella, pero sus abusos de poder venían envueltos en pequeños gestos afectivos que Eclipse disfrutaba así que no podía quejarse al respecto.

La convivencia con Asami se volvió más natural a partir de aquella tarde, ya no tenía que apartar la mirada cuando la veía más de la cuenta, una sonrisa bastaba y podía seguir observando; los jugueteos, aunque aún la hacían sonrojar, ahora eran bienvenidos como parte orgánica de la relación que compartían. El fuego que ardía en su corazón la hacía esforzarse más, ella no era Korra, no era el Avatar que la gente recordaba, no era la esposa de Asami, pero quería trabajar para alcanzar aquello último pues, de todo lo anterior mencionado, Asami era lo único que estaba ahí presente en la realidad en la que existía y era algo que en verdad deseaba merecer.

Eran mediados de noviembre, Eclipse practicaba meditación a solas en el templo, era tarde, pero se negaba a dejarse vencer por aquella aburrida tarea. Estaba cerca de lograr algo, Gyatso, Asami y otros monjes ya se lo habían dicho, ahora podía mantenerse enfocada por más tiempo y a veces incluso alcanzaba a escuchar el eco de una voz femenina llamando el nombre de Korra. Quería buscarla, encontrarla y seguirla, podía ser una de sus vidas pasadas o el espíritu de Raava, establecer contacto con cualquiera de los dos significaba saltar la barrera que la había detenido hasta entonces.

-¡Eclipse! - El llamado de Ikem hizo eco en los pasillos del templo apartando a la morena de su objetivo. - ¡Piandao perdió la conciencia! - Sonaba angustiado.

- ¡Voy! - Gritó al abrir los ojos, la prótesis de la pierna descansaba contra la pared a su derecha, no sentía tener el tiempo suficiente para ponérsela y ajustar las correas así que optó por extraer el agua de un gran jarrón de barro que había comenzado a mantener a su lado con tal de tener agua para practicar. Con el agua fungiendo como su extremidad faltante corrió a la entrada del tempo en donde vio a sus amigos cargando el cuerpo inconsciente de Piandao. - ¿Que le pasó?

- No volvía a casa, fuimos a buscarlo a su área de meditación y lo encontramos así. - Renegó Ikem. - Ya lo forcé a tomar agua, pero no despierta. - Resopló.

- Necesitamos a Gyatso. - Shoji pronunció débilmente, pero los monjes comenzaron a aparecer antes de que cualquiera de los tres se aventurara al interior del templo.

- Lamento haberlos despertado. - Ikem se disculpa con una pequeña reverencia de cabeza sin soltar el brazo del hombre que le rodea el cuello por detrás.

- Pasen, llévenlo a la enfermería. - Ordena el viejo líder con un rostro que no mostraba sorpresa. Todos lo habían visto venir, el estilo de vida que Piandao había adoptado en los últimos meses no era sostenible.

Los tres esperaron afuera de la habitación mientras un grupo de monjes atendían al viejo testarudo. - Lo van a tener que restringir, no puede seguir así. - Eclipse medita con una mueca triste.

-Como si los fuera a dejar. - Ikem rueda los ojos y niega con la cabeza.

- Si no hacemos algo morirá. - Shoji reniega.

- ¿Qué espíritus te escribe en las cartas? - Ikem bufa dirigiéndole una mirada llena de desesperación. - Ha estado gastando papel y tinta como un hombre loco. Escribe algo, lo tacha, lo rompe y vuelve a empezar. - Niega con la cabeza antes de volver a enterrar el rostro entre sus manos.

- Ha estado escribiendo sobre su vida, pero hace más de tres meses que no me entrega una carta. - Murmura.

- Él estará bien. - Laghima anuncia al salir de la habitación. - Pero necesitará tiempo para recuperarse, a su cuerpo le hace falta comida y agua. - Pausa y contempla cada uno de sus rostros. - Gyatso ha decidido mantenerlo restringido en el templo. Por su propia seguridad. - Concluyó ofreciéndoles una profunda reverencia antes de continuar su camino hasta perderse entre los pasillos oscuros del templo.

- ¿Crees que intente lastimar a los monjes? - Shoji pregunta viendo al maestro agua.

- No. - Resopla poniéndose de pie. - Porque me voy a quedar a su lado hasta que despierte. - Declara lleno de determinación, como queriendo convencerse a sí mismo de sus palabras.

Retar la autoridad del maestro fuego era algo que ninguno de los dos chicos había hecho, tal parecía Ikem estaba por intentar romper la jerarquía que habían seguido desde niños; Eclipse lo admiraba por ello, pero no se sentía preparada para respaldar a su amigo, Piandao aún le causaba cierto conflicto interno que la llenaba de emociones difíciles de controlar; se conocía bien y no quería complicar las cosas más para los monjes que con frecuencia tenían que romper sus tranquilas rutinas con tal de atender los problemas de los forasteros.

- Suerte. - Limitó sus palabras al abrazar a Ikem con fuerza. - Mañana vendré a ver cómo sigue. - Se despidió de ambos y caminó de regreso al salón de Yangchen para recoger su manta y cobija. El espacio con la estatua no estaba hecho para fungir como una habitación, pero los monjes habían sido flexibles con ella, le permitían dormir ahí con la condición de recoger todo por la mañana para que aquellos que quisieran pudieran meditar o rezar frente a la imagen del Avatar fundador de la isla.

No podía quedarse, la cabeza comenzaba a darle vueltas. Piandao era un hombre egoísta, no había pensado en Ikem o Shoji al dejarse decaer de tal manera, ahora los chicos estaban preocupados y habían pasado una mala noche por su culpa, Ikem no iría a pescar al día siguiente y era probable que Shoji acortara sus labores por el mismo motivo.

Suspiró, sus manos ajustaban las correas de la prótesis en su lugar casi sin pensar, ya se había acostumbrado al aparato y sus partes, entre su agua-control y el dispositivo sentía que había sido capaz de recuperar la pierna perdida. La apariencia del aparato y el tiempo que le tomaba colocárselo no representaban un problema si lo comparaba con los beneficios que le había traído.

Con su manta y vobija bajo el brazo se encaminó hacia la salida, afuera del templo se encontraba Shoji recargado contra el tronco de un árbol; no había dicho nada, pero se notaba que había anticipado lo que haría al esperar ahí a que ella apareciera.

-¿Vas con Asami? - Pregunta con una pequeña sonrisa. Siendo sus amigos más cercanos, él e Ikem habían sido los primeros en enterarse de que ella y Asami eran novias, luego se había tomado el tiempo de mencionarle su relación a los monjes y eventualmente la gente del pueblo se había dado cuenta por la manera en que interactuaban en público.

- Si. - Suspira exhalando culpabilidad.

- Sé que las cosas entre Piandao y tú son complicadas. Vinimos a ti porque... creo que es lo más natural para nosotros. Pero sabemos que no te sientes cómoda en su presencia, no tienes por qué forzarte a mantener las apariencias. - Comenzó a caminar a su lado. - Gracias por quedarte con nosotros hasta que los monjes dijeran que estaría bien. De verdad significa mucho para mí. - Agradeció luego de andar un par de minutos en silencio.

- Incluso antes de que Asami apareciera, Piandao se mantenía aislado de nosotros. - Pensó en voz alta. - En ese entonces no entendía el motivo, Gyatso decía que era por las heridas de su espíritu, pero ahora no sé si su silencio es más bien una manera de ocultar lo que fue para aprovecharse de la vida en la isla. - Confesó con pesar pues tampoco quería sonar malagradecida con el hombre que, en contra de todo lo que había aprendido desde chico, les había ordenado a sus aprendices salvar la vida del Avatar.

- Aquí nadie puede aprovecharse de los monjes. - Shoji sonríe. - Son demasiado listos, ellos regalan todo lo que tienen sin importar a quién. Saben que su vida es afortunada y la única forma que tienen de ayudar al mundo es compartiendo lo que tienen con los náufragos que alcanzan la isla. Piandao batalló para entenderlo al principio, pero al final lo comprendió. No hay excepciones, en la isla se vive bien sin importar quien seas. Creo que esa idea le impide permitirse disfrutar de su vida aquí. - Teorizó algo que ni él ni la morena podían confirmar.

Ambos caminaron a través del pueblo en un cómodo silencio mientras mentalmente intentaban descifrar al maestro fuego. - No tiene caso, solo él sabe lo que piensa, no podemos adivinar o asumir. - Suspiró. - Pero es un terrible conversador. - Resolvió ella con una queja que los hizo reír a los dos.

-Aún me siento agradecida con él, no quiero que nada malo le ocurra. - Sintió la necesidad de aclarar antes de que su camino se separara del de su amigo.

- Gyatso lo cuidará bien. - Sonrió. - A él y a Ikem. - Añadió luciendo un tanto preocupado y liberando un profundo suspiro que eventualmente volvió a dar paso a una pequeña carcajada compartida. La naturaleza de cada persona era algo imposible de corregir.

- Buenas noches. - Se despidieron con un fuerte abrazo frente a la choza de los chicos y continuó caminando.

Eran las dos de la madrugada, no quería llegar sin ser invitada a la morada de Asami, pero cuándo sentía vulnerable siempre terminaba buscando a la ojiverde. Hasta el momento no habían tenido la oportunidad de interactuar mucho como pareja, más allá de los pequeños coqueteos entre un entrenamiento y otro, el tiempo no les alcanzaba para realizar actividades más cotidianas. Aunque sentía que nada de eso hacía falta para disfrutar de la confianza que existía entre ellas.

El inconveniente de Piandao había sido tan improvisto que al encontrarse de pie frente a la puerta comenzó a sentirse nerviosa. No sabía si tocar, llamar su nombre o hacer las dos cosas al mismo tiempo. Respiró hondo y, luego de pensar en un discurso para justificar su indiscreción, golpeó la puerta ligeramente para que el sonido no resultara alarmante. Silencio, era obvio que no la había escuchado; exhaló, detestaba tener que volver a intentarlo, comenzaba a considerar volver a la choza con Shoji cuando a su lado apareció el espíritu del zorro que al verla meneó la cola y dio un pequeño giro.

-Disculpa por despertarte. - Murmuró con una sonrisa. - ¿La puedes llamar? No quiero asustarla. - Pidió poniéndose de cuclillas para acariciarle la cabeza. Sai aceptó su gesto de cariño antes de volver a desaparecer, un par de segundos después escuchó movimiento dentro de la choza y unos cuantos murmuros ahogados que no supo descifrar.

- ¿Korra? - Preguntó adormilada al abrir la puerta. Su cabello desordenado iba bien con la ligera blusa de tirantes que usaba para dormir y los pantaloncillos cortos color vino. Eclipse sintió que las mejillas se le coloreaban, el discurso que tenía preparado se le había olvidado, y poco le importó el nombre que la ojiverde había usado para dirijirse a ella.

- ¿Está todo bien? - Lanzó otra pregunta, pero esta ya mostraba rastros de preocupación lo que forzó a Eclipse a reaccionar.

- Si, todo bien. Hubo una situación con Piandao. Perdió la conciencia, Ikem y Shoji lo llevaron al templo. Gyatso dice que va a estar bien, pero tendrá que vivir en el templo por un tiempo. - Resumió sin poder dejar de contemplar la belleza de la mujer frente a ella.

- Pasa. - Asami pareció reaccionar a medida que sus sentidos comenzaban a despertar. - ¿Quieres algo para tomar? - Ofreció siguiéndola de cerca antes de encender una vela en la mesita de centro.

- No. - Dudó. - En realidad quería preguntarte si podía quedarme a dormir aquí por esta noche. - Murmuró detestando lo avergonzada que se sentía en ese momento. Ya una vez había pasado la noche al lado de Asami, pero había sido un accidente y no se había dado cuenta de la proximidad que habían compartido hasta que la tormenta la despertó, entonces no había podido disfrutar de la experiencia. Aunque no era eso lo que se suponía debía estar pensando, se escarmentó mentalmente.

- Claro. - Asami le ofreció una sonrisa cálida y comprensiva. - ¿Pero segura que estás bien?¿quieres hablar al respecto? - Insistió. Eclipse suspiró, sabía que el tema de Piandao también era algo delicado para la ojiverde y que los monjes intentaban limitar la información que recibía sobre el maestro fuego para evitar problemas a futuro, pero ella misma estaba cansada de no contar con lo necesario para tener un juicio propio para él. No quería hablar sobre Piandao porque hacerlo no iba a servir de nada.

- Bueno. - Aceptó sin presionar más de la cuenta. - Ya sabes en dónde duermo yo, no sé si quieras dormir a mi lado o del lado de Naga. - Dijo arqueando una ceja y señalando al espíritu del perro-oso polar que dormía en un lado hecha un ovillo. Inmóvil como si la morena nunca se hubiera aparecido por ahí.

- Así que ahí estaba. - Dijo negando con la cabeza, Asami rio por lo bajo.

- Ella y Sai llegaron poco después de que yo decidiera acostarme. - Explicó luciendo tan tranquila y compuesta como siempre. - ¿Estas nerviosa? - La dejó en evidencia casi al instante mientras intentaba pensar bien en qué responder.

- ¡No! - Renegó. - Es solo que... nunca había tenido un novio o novia antes y no sé bien qué sea lo más correcto para este tipo de situaciones. - Admite bajando la mirada hacia el suelo en un intento por recolectar sus pensamientos.

- Sabes, allá afuera empezamos a dormir juntas incluso antes de ser novias. - Asami comenta con humor encaminándose hacia su lecho. - Me gustaba dormir contigo, hablábamos por horas hasta caer rendidas por el sueño, era divertido. Pero eso no significa que debas forzarte a hacer algo con lo que no te sientes cómoda. - Se encogió de hombros luego de recostarse y cubrirse con la cobija. - Apaga la vela cuando termines de preparar tu lecho. - Le indica con brevedad.

Entonces no era algo descabellado. Pensó apresurándose a colocar su manta y cobija al lado de la ojiverde. A pesar de que todos sus sentidos enloquecían bajo la idea de dormir a su lado, quería dormir con ella y volver a disfrutar de su calor como lo había hecho durante la mañana después de la tormenta. Con un soplido apagó la vela y con cuidado se sentó sobre la manta para quitarse la pierna de roca.

Recostada y refugiada bajo la cobija pensaba en lo inquieta que se sentía, porque dormir al lado de Asami no bastaba, quería compartir la misma cobija y abrazarla. Suspiró, solo tenía que armarse de valor, ella era la nueva en esto de su relación, Asami tenía recuerdos de ellas dos juntas así que no le parecería nuevo que buscara estar cerca de ella.

- ¿Puedo abrazarte? - Murmuró tímidamente. La respuesta de la ojiverde vino de inmediato al darse la vuelta para verla de frente con una sonrisa amigable.

-Ven. - La invitó levantando su cobija para que ella pudiera meterse entre sus brazos. El contacto resultó cálido de inmediato, los brazos de Asami la sujetaron con delicadeza y en un movimiento inesperado pegó su frente a la de ella en un gesto difícil de interpretar. - ¿Me regalas un beso? - Murmuró una súplica que pareció derretir lo que le quedaba de razón.

- Si. - Murmuró de vuelta al cabo de un breve silencio que le permitió disfrutar el contacto cercano de sus cuerpos. La deseaba tanto, parecía una locura, todo lo que había ocurrido hasta el momento, los problemas, su falta de memoria, los entrenamientos y demás, todo parecía tan pequeño en comparación con la satisfacción que sentía al estar ahí a su lado.

El beso fue tímido al inicio, pero suficiente para encender en su pecho una llama hambrienta que le pedía más. Sintió en los labios de Asami un suspiro lleno de anhelo que iba más allá del momento que compartían. Un "te extrañaba" disfrazado de suaves caricias y besos que parecía limitar con tal de brindarle la oportunidad de familiarizarse con la sensación antes de atreverse a saciarse de ella.

La falta de aliento la obligó a apartarse un par de centímetros, con el cuerpo cargado de electricidad se perdió en la mirada de su ojiverde quién lucía igual de absorta en el momento. - Perdón... - Murmuró la mayor forzándose a respirar hondo.

-No... está bien. - Buscó acercarse y volvió a tomar aquellos hermosos labios que, aunque por el momento no estuvieran adornados de color rojo, siempre la cautivaban. - Quiero ser tu Korra. - Confesó pegando su frente a la de ella en una pausa necesaria para recuperar el control sobre aquel peligroso instinto que le pedía más de la mujer que sostenía entre sus brazos.

- Nunca has dejado de serlo. - Respondió acomodándole un hilo de cabello detrás de la oreja. - Nuestro segundo primer beso y volviste a tomarme por sorpresa. - Confiesa con una risilla divertida. - Siempre impaciente e impulsiva, siempre mi Korra. - Concluye acercándose para depositar un beso sobre su frente.

- Me gusta como pronuncias ese nombre. - Confesó sin dejar de verla a los ojos.

- Es tu nombre. - La corrigió volviendo a tomar sus labios en un embriagante contacto que no hacía otra cosa que pedirle más. ¿Qué tan lejos podía llegar? ¿Qué quería Asami de ella? Porque, sin importar lo que fuera, estaba dispuesta a dárselo. Suspiró. Sentía que el pecho estaba por estallarle.

- Asami. - Murmuró contra sus labios.

- ¿Si? - Sonrió.

- ¿Puedo quedarme más de una noche? - Pidió devolviendo la sonrisa.

- Puedes quedarte el tiempo que quieras. - Le asegura con voz cálida.

- Gracias. - Suspira intentando recuperar el control. Quería disfrutar cada momento por lo que era, aquello había sido un beso, uno capaz de hacerla perder de vista la compleja realidad que dictaba su existencia. ¿Había sido así la primera vez? Suspira, Asami la acurruca entre sus brazos y comienza a jugar con su cabello, ella sonríe.

Ahora las cosas tenían sentido, solo así, con Asami a su lado, se podía sobrevivir a todo lo que el Avatar había tenido que pasar.