Harry mejoró notablemente la última semana por lo que ya era seguro darle de alta, sin embargo le recomendaron visitar el área psicológica del hospital en la cual le ayudarían con todo tipo de problema interno, si así lo quería él. Aunque lo pensó por un momento, decidió terminar su periodo de recuperación en casa junto a las personas que le rodeaban de amor.

—Tienes que alimentarte bien Harry, en el hospital no comiste lo suficiente y no me iré hasta que termines —dijo Molly dejando una bandeja de comida frente a él que consistía en un plato de sopa de verduras con pollo, té y un trozo de tarta de melaza.

—Muchas gracias Molly, aprecio mucho tú preocupación y todo lo que me has cuidado —dijo el chico antes de dar un sorbo a la taza de té.

La mujer le sonrío con cariño y dio suaves caricias al cabello de Harry.

—No es nada, para mi eres un hijo más querido, y anda come que se enfría —dijo la mujer.

Harry no necesitó que le dijeran dos veces pues la comida de Molly era mucho mejor que cualquier otra y más viniendo de un hospital dónde sólo había comido pequeñas cantidades de puré de camote, algo de pan y té.

Devoró la comida en tiempo récord, su cuerpo reclamaba no haber comido lo suficiente en dos semanas, aunque iba a volver a su alimentación habitual cuando su estómago lo permitiera.

—Sí qué extrañabas la comida de mamá —dijo George entrando a la habitación junto a su hermano.

—Y te alimenta mejor que a cualquiera de nosotros —completó Fred.

—A ustedes les tengo que esconder principalmente los panqueques de calabaza por qué de lo contrario nadie los comería en esta casa —Molly les miró con el ceño fruncido, colocando sus manos a cada lado de su cintura.

—Haremos huelga de hambre —completó Ron uniéndose a la conversación.

—¿Cuánto aguantarías hermano? ¿Dos segundos? —Ginny se río de él tan fuerte cómo pudo.

Harry no tenía idea en qué momento su nueva habitación estaba llena de gente.

—¿Te unes a la apuesta hermanita? —dijeron los gemelos al unísono.

—¡Esto es serio! —Ron les miró con expresión

—Nuestras apuestas también, nadie nos gana nunca, por eso somos tan buenos y en los juegos de Quidditch se gana una fortuna —George habló muy seguro de sí, causando el asombro de su hermano menor.

Harry por un momento sintió que todo a su alrededor estaba bien, que podía tener una vida tranquila y llena de diversión a lado de quienes consideraba su familia pero la imagen de su esposo nubló cualquier pensamiento feliz que tuviera, su estómago se contrajo dolorosamente teniendo el plato de comida a la mitad, no sabía si continuar o dejarlo, hacerse bolita en su cama y llorar por horas hasta quedarse dormido, no sonaba tan mal pero sentía la obligación de continuar, cosa que siempre sintió a lo largo de su corta vida, pero Draco estuvo ahí la mayoría del tiempo diciéndole que no se olvidara de ser una persona que necesitaba ser feliz, al menos hasta que comenzaron a llevarse mejor.

No podía ser posible, simplemente no, él no quería participar en un jodido torneo qué aparte de todo, su vida peligraba gravemente, y ya tenía suficiente con todo girando a su alrededor y cuando al fin se presentó una oportunidad de que todos se enfocarán en otra cosa su mala suerte resaltaba y más que nunca sentía las miradas sobre él.

¡Harry Potter! —gritó el Director yendo hacía él con el resto de maestros siguiéndolo.

El nombrado se sobresaltó al escuchar a su director gritarle de tal forma, este llegó tan rápido que Harry recién se hizo a la idea de la manera en que le tomaba de los brazos para luego sacudirlo.

¡¿Tú pusiste tú nombre en el cáliz de fuego?!

No señor –respondió algo temeroso observando del mismo modo al director.

¡¿Le pediste a otro estudiante que pusiera tú nombre?! —preguntó de la misma forma que la primera vez.

No señor —volvió a decir.

¡¿Estás absolutamente seguro?! —Dumbledore volvió a agitarlo mientras hablaba.

¡Sí señor! —respondió el chico sin dejar de ver al viejo de forma aterrada, temía que en ese momento fuera a lanzarle algún hechizo.

Por fortuna, Dumbledore lo soltó y observó al resto de profesores que venían tras él. Discutieron sobre la reciente situación, dando por hecho que Harry formaría parte del torneo aun cuando no tenía idea de quién puso su nombre en esa cosa y lo peor era cómo había salido sorteado. Tenía entendido que el cáliz era lo suficientemente inteligente cómo para admitirlo y afirmó dicho pensamiento cuando Fred y George intentaron confundir al cáliz fallando en el intento.

Todas las miradas, murmullos y hasta insultos directos cayeron sobre él durante los primeros días, además de la insufrible Rita Skeeter quién lo hostigó todo lo que pudo en su entrevista.

Y por si fuese poco, para la primera prueba y seguramente todas, necesitaría ayuda debido a la poca experiencia en comparación con el resto de los participantes, por una parte contaba con Hermione pero en la otra cara de la moneda tenía a Ron molesto con él por qué su deducción fue que logró participar en el torneo a escondidas lo cual había dejado dolido a su mejor amigo y Harry por más que le explicó que él no había sido, este no le creyó en lo absoluto.

Entonces Dumbledore le dio la opción de tener alguien que lo pudiera ayudar en las pruebas, una persona que supiera lo suficiente de encantamientos, y demás armas que le pudieran servir. Lo qué nunca imaginó fue que la persona en cuestión se trataba de nada más y nada menos que su enemigo jurado, Draco Malfoy. A este pareció sorprenderle tanto cómo a Harry pues el hombre le había dicho que necesitaba su ayuda para asesorías de un estudiante y él por quedar bien aceptó, sin embargo no creyó que fuese Harry Potter su nuevo alumno.

Ninguno se habló durante muchos minutos, podían asegurar que estaban cerca de cumplir la hora cuando al fin Harry rompió el silencio en el que estaban sumergidos en una de las aulas vacías dónde el director les recomendó estudiar pues el lugar se encontraba repleto de diferentes objetos con los cuales podrían practicar sus habilidades.

Malfoy, sé que no es de tú agrado estar aquí, puedo hablar con Dumbledore para que alguien más me ayude, no es necesario pasar por este suplicio —la voz de Harry salió con fastidio debido a todas las emociones que sentía.

Malfoy le miró con una ceja levantada para luego reír falsamente.

En eso estamos de acuerdo, es un suplicio, pero no tengo opción así que vamos a terminar con esto de una vez —el rubio se levantó de la silla dónde había estado todo ese tiempo y procedió a levantar uno de los muñecos con ayuda de magia.

¿Qué haces?

Ven —ordenó Malfoy al chico de gafas y este se levantó no muy seguro—. Vamos a practicar hechizos básicos, después tendremos un duelo, no sé en qué consta la primera prueba pero Dumbledore me dijo que debías mejorar todo lo posible en duelos

Por la mente del chico más bajo pasaron algunos posibles escenarios de la primera prueba, sin embargo estaba confiando en Malfoy y eso ya era mucho, sea cual sea a lo que se enfrentaría tenía que estar preparado.

Pasaron al menos una hora más practicando hechizos desde un lumus hasta un bombarda.

Nada mal Potter, tal vez salgas con vida de eso —dijo el rubio a modo de despedida pues apenas terminó la frase salió del aula en cuestión dejando a Harry completamente aturdido por su actitud y sobre todo sorprendido por lo buen maestro que era.

De regreso a su realidad notó cómo los hermanos Weasley seguían discutiendo sobre algún tema que desconocía, lo único en lo que enfocó su atención fue en el sentimiento de tristeza que le causó ese recuerdo amargo de su esposo, que a pesar de no ser el mejor, Harry apreciaba cada momento con él.

Las voces cesaron al escuchar el llanto de Harry que intentaba ser discreto, Ron se acercó hasta él para quitar la bandeja de comida y dejarla en una mesa de la habitación de la madriguera dónde los Weasley decidieron que pasaría su recuperación y cuidarlo cómo era debido.

—Todo estará bien Harry, estamos contigo —murmuró el pelirrojo.

—No hay mejor forma de curar el corazón que con la comida de Molly, tal vez podamos conseguir otra ración de tarta de melaza —dijo Fred.

—O toda, para ti solito —completó George.

—Todas las que quiera —dijo Molly con voz cariñosa, brindándole una sonrisa afectuosa.

Harry les sonrío con tristeza por lo que los cuatro hermanos abrazaron a quién consideraban un miembro más de su familia, demostrando todo el cariño que sentían por él y este se permitió estar en paz al menos un momento junto a su verdadera familia, quién nunca lo traicionaría cómo lo hizo Draco.