Perdón por la demora como les comenté iba a tardar mas. Este capitulo contienen lemon, están advertidas jaja


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************** Capítulo 7************

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¿Rei?... ¿Rei estaba acá? No, eso no era podía ser posible… Pero diablos, la chica que ahora hablaba frenéticamente casi a la misma velocidad que Mina es Rei.

No podía ser ella, no ahora, no cuando estaba a punto de hablar con Darien. Ella sabría que lo alejaría de mí. No por nada la llamábamos la psíquica, más si se trataba de Darien y yo. No hubo una sola vez que fallara. Aunque su primo le decía enana de jardín, ella era la psíquica, su mayor don era leer a las personas.

Un escalofrió me recorrió. Si ella llegaba a saber mi verdad, si de alguna forma supiera lo que hago ¿Se lo diría? ¿Lo destruiría más de lo que está? Él me vio fuerte, segura aunque la verdad siga siendo la misma llorona y temerosa Serena. Solo que he puesto una máscara que me oculta del mundo, que se adapta y sirva para mi propósito. Pero ahora…

— Una semana— menciona Rei sacándome de mis pensamientos.

Ella me ve y luego a Darien. Extiende su mano en dirección de Mina con la palma abierta.

— ¿Una semana para qué?— aun creo que soy una ilusa si hice esa pregunta yo misma. Ambas me vieron y Rei sonrío.

— Hecho—dijo Mina poniendo un billete de cien dólares en su mano.

Mis ojos se abrieron y miré a Darien, él estaba tan asombrado e incrédulo como yo. No podía creer cuanto paso, diez, veinte quizás treinta segundos y ya nos había puesto fecha.

— Esperen un momento yo…—me callo al sentir una mano en mi hombro.

— Oh, tenemos visitas—Galaxia está detrás mío.

Me quedo estática, ¿Qué debo hacer? ¿Cómo debería presentarla? Estoy analizando cuando ella misma se encarga de ello.

— Soy Rei, la prima de Darien. Un gusto—extiende su mano y Galaxia dando un paso hacia ella la saluda.

Empiezan a hablar pero me percato de su cara: asombro y de duda al darse cuenta que es la hija de Diamante. Aunque aún no sé cómo reaccionar yo ¿ella acá? ¿Por qué ahora? ¿Por qué hoy?

¿Acaso el destino sigue siendo tan cruel que le gusta jugar conmigo? ¿Cuánto más tengo que perder? ¿Acaso no fue suficiente con todo lo que ya me ha quitado?

Dios, la mayoría de las noches me ensucio las manos para dar un paso más al infierno pero no. El destino quería poner a Darien en mi camino, no lo quiero lastimar, me repudiará el día que se entere de lo que hago. ¿Y si Rei sospecha algo? ¿Si cuando por fin hable con Darien ella le dirá que algo más oculto? Porque la Serena de la noche nunca estará en frente de él. Nunca se cruzará en su camino.

— ¿Qué demonios haces aquí?—todos nos sobresaltamos al escuchar el grito del Diamante.

— Hola papito, yo también te extrañé— burlándose le da poca importancia Rei a su padre.

Se acerca casi a mi lado.

— Deja de hacerte la insolente y vete.

Rei respira profundo, saco su pecho y sonriéndole le anuncia.

— Solo si me lo pide el dueño. Espera…—hizo una pausa— Tú no lo eres —enganchó su brazo al mío—pero mi amiga sí. Ella me quiere aquí. Lo siento, nos vemos papi.

Me hizo girar con ella sonriéndole porque la mandíbula de Diamante cayó diez pisos mínimos, los murmullos no si hicieron esperar pero poco importaban ya.

Me guió hacia la oficina de Galaxia donde ella ya nos esperaba con la puerta abierta y Mina venia por detrás nuestro.

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— Es increíble como dos personas pueden ser padre e hija y ser totalmente diferentes.

Comenta Galaxia un rato después de estar en su despacho charlando las cuatro.

— Que haya puesto la semilla no significa que sea padre. Mi papá es Remy, es quien me crió y me ama—le aclara Rei.

Es increíble esta chica si me pongo a pensar, ella es quien rompe el mito de que la manzana no cae lejos del árbol, porque a pesar de tener su sangre no tiene un solo gramo de maldad. Eso se lo debemos a Remy, su padre adoptivo y actual esposo de su madre. Recuerdo que era muy amigo de ellos y cuando Diamante se separó ambas quedaron en la calle y sin un solo centavo. Entonces él se hizo cargo de ellas, poco a poco Remy se empezó a enamorar de la mamá de Rei y ahora son realmente felices.

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Realmente me sentía muy agotada con todo lo que paso en el día, Darien, mi trabajo fuera de las oficinas, las reuniones y Rei.

Entre cada reunión me encontraba con ella tomando café con Darien, con Hotaru o con Mina, hasta inclusive con Ami y con Kun. Dios hasta a él lo hizo hablar. Si digo que Mina no para de hablar creo que a Rei no le llega ni a los talones.

El tema es: ¿A que había venido Rei? ¿Y yo que iba a hacer?

Ella y su maldita percepción siempre arruinó mis travesuras e igual que Seiya no se podía guardar ningún secreto, la lengua la tiene más floja que el charlatán de los enanos de Blanca Nieves, espera… ¿Había un charlatán con Blanca Nieves?

Mientras subía por el ascensor miré mi reloj.

— Las diez — resoplé era tardísimo y estaba muerta.

Seguro Darien y Hotaru me estarían esperando, siempre lo hacen por más que yo llegue más tarde que ellos.

Mientras que abría la puerta del departamento me invadió el exquisito aroma de carne que salía de la cocina, cerré los ojos al colocar las llaves a un costado junto con la cartera.

— Huele delicioso—llegué a la cocina justo cuando Darien controlaba lo que había dentro.

Tenía un precioso ángulo de su espalda y trasero, dios este hombre es hermoso, porque Apolo tuvo que hacerlo así.

Él se levantó y se giró para verme, solo me sonrió y me quedé perdida en su mirada, tan llena de nostalgia, de amor y de anhelo.

Ambos nos quedamos viendo, reconociéndonos, hablándonos sin mencionar palabras, ¿Cómo alguien puede tener tanto en común con otro sin ni siquiera tocarnos, sin sentirnos?

— Hola—dijo de repente.

— Hola—sonreí dulcemente.

Estábamos en una especie de burbuja, hechizados uno con el otro.

Si fuera un comercial de los ochenta yo estaría cocinándole para él y él llegaba de trabajar. Tomándome entre sus brazos me voltea para besarme apasionadamente

Un murmullo de voces femeninas rompió la ilusión, giré mi cabeza en dirección a la sala pero no vi nada, volví a verlo.

— Juro que traté de convencerla—elevé mi ceja—. Pero cuando se le pone algo en la cabeza no hay quien la saque de lo contrario.

— ¿De qué hablas?

No fue necesario que me contestara, porque la mencionada entró en mi campo de visión.

— ¿De quién va ser camaleoncito? —Rei estaba en mi casa. Cerré los ojos— De moi.

Llevé mi mano ocultando mi rostro, estaba liquidada.

Entonces escuché un maullido. Miré y mi gata traicionera estaba entre sus brazos, nadie le habló de lealtad o peor es un gato no un perro, ella estaba de brazos en brazos con cualquier persona que entrara a mi casa.

— Traidora—susurré a mi gata entrecerrando mis ojos.

Diana me vio, levantó su cabeza para luego bajarla y acomodarse nuevamente en el brazo de Rei.

— Rei se va a quedar a comer—anunció Hotaru entrando a la sala.

— No te enojes camaleoncito—vio cuando la acribillé con la mirada pero solo se río dándose la vuelta para sentarse en el sillón.

— Dios Rei, nadie me llama así desde los diecisiete años—la seguí a la sala.

Levantó su mano restándole importancia y siguió mimando a Diana, Hotaru empezó a poner los platos en la mesa

Me giré frustrada, desde la adolescencia nadie me llamaba así y todo por culpa de Darien que en el primer festival de verano tuvimos que disfrazarnos y a mí me toco de camaleón por ser la más pequeña, aunque ahora lo haya adoptado como un estilo de vida, ya no tengo cuatro años.

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La cena empezó con Rei liderando las conversaciones.

Hotaru se estaba riendo sin parar de las travesuras que hicimos los tres de chicos. Recuerdo la vez que vino a visitar a su primo en aquellas vacaciones de invierno del primer año de la preparatoria. Darien nos había convencido de entrar en una casa que creíamos abandonada y yo pensaba que estaba embrujada porque cuando se ocultaba el sol las luces se encendían. Darien desafío a Rei y ella a mí. Recuerdo que cuando salté el cerco tenía tanto miedo de que apareciera un fantasma que iba agarrada del brazo de Darien tan fuerte que le dejé marcas. Estaba oscureciendo y cada vez se ponía más oscuro el jardín de aquel lugar.

Cuando los tres llegamos a unas hamacas ofreció que me sentara y él me balanceaba para tranquilizarme, así estuvimos unos minutos hasta que Rei desapareció y su primo salió a buscarla dejándome sola ya con la luna sobre mi espalda saliendo a la noche estrellada. Me quedé maravillada por su luz. Sonreí ante ella cuando sentí un escalofrío y luego el grito de mi amiga salí corriendo tan rápido como las piernas me daban para encontrarlos a unos metros más adelante, en un claro del jardín, a Darien inconsciente. Me quedé en shock al ver que salía sangre de su cabeza. Mis ojos se llenaron de lágrimas y empecé a llorar a los gritos. Me dejé caer en el piso llorando desconsoladamente.

— Lo siento, lo siento— levanté la vista y Darien estaba parado tratando de abrazarme— ves —dijo enseñándome su mano con lo que yo creía sangre— esto es salsa.

— Idiota.

Me levanté enojada y empecé a correr hacia la salida cuando llegué a la cerca Darien me alcanzó y tomó mi rostro entre sus manos.

— Perdóname princesa fue una broma estúpida— Aunque estaba enojada con él lo abracé y luego le pegué en su hombro para abrazarlo de nuevo.

— Me asustaste nunca más vuelvas a hacerme eso o dejarme sola—me acurruqué como gatita buscando alivió entre sus brazos, cerré mis ojos aspirando su colonia.

Alguien tosió y vimos a su prima sonriéndonos. Nos soltamos y nos fuimos. Pero supe en ese momento que ella se dio cuenta de nuestros sentimientos… siempre antes que pudiéramos darnos cuenta nosotros mismos.

Abrí los ojos volviendo al presente, a mi presente. Donde yo ya no era esa niña ingenua, delicada o llorona.

— Pero la idea fue de Rei — Hot no paraba de reír

— No me acuses tenía que darle una lección a la llorona— se burló ella—. Después de eso fue necesario el último empujón ya me aburría verlos sin que hablaran. Si no recuerdo mal me torturaste como una hora con ese tal Richard que te la quería sacar. No me quedo otra que tomarte la mano y guiarte.

Mis ojos se abrieron y ella me miró agregando.

— Oh si Serenita, yo le dije lo del laxante.

— ¡Podrías haberlo matado! — me paré de golpe.

— No maté a mi caballo cuando se lo di. Menos a ese metido— mis ojos se abrieron de incredulidad. Ella no pudo decirle eso y miré a Darien que tenía una mirada de culpa.

— Pero le di el cuarto de lo que me dijo ella—se defendió él.

— Eso no lo justifica— Rei y Hotaru se destornillaban de risa

Darien ocultaba su rostro porque también quería reírse. O los mataba o me unía. Sólo con verlos relajados me uní a su risa, a ese recuerdo de cuando todo era más fácil.

Decidí tomar el café con ellos mientras pensaba cuando se iría Rei. Eso me estaba preocupando, la veía muy cómoda en el sillón.

De repente se río al tiempo que escuché a Darien decir.

— No es así— lo miré y luego a Rei.

— ¿De qué me perdí?— tomé un sorbo de café.

— De nada—lo desestimó con su mano mi amiga—. Sólo le explicaba a Hotaru lo que en verdad piensan ustedes.

Encorvé una ceja.

— ¿Qué? — dije.

— Me contaba cuando te encontró en la empresa— menciona Rei.

— Y yo le expliqué a mi prima que en realidad quería tu perdón—ahora levanté las dos

— Él buscó la forma de volver a ti —ahora decía la morocha.

— Vine por trabajo— miré a Darien.

— Lo que quiere decir que vino por Serena— dijo Rei mirando a Hotaru, digo como aclarándoselo a ella.

— Fue una suerte encontrarla— hablo más fuerte él.

— Es decir iba a hacer lo imposible por encontrarla— volvió a hablar Rei.

— Deja de transformar mis palabras— se quejó Darien.

— ¿Cómo llegaste a vivir aquí? — preguntó ella tomando su café.

— Eso ya te lo dije, la casa…— Rei lo interrumpió mirando a Hotaru.

— Hizo un plan para involucrarse porque la iba a recuperar en realidad— yo estaba cada vez más asombrada por sus palabras.

— No Rei, yo…

— Él la ama y Serena también por eso permitió…— entonces la interrumpí yo.

— Me dio pena verlos sin un lugar por eso se lo ofrecí— aclaré antes que tergiversen mis palabras.

— Lo que en verdad quiere decir…— volvió a dirigirse a Hotaru, era como si ella lo tradujera pero en un idioma de su mundo feliz y sencillo—. Se muere por darle una nueva oportunidad pero tiene miedo. Ama tanto a mi primo que no lo puede mantener lejos.

— Rei — me indigne. Ella me sonrió.

— Se aman.

— Deja de ponerle ideas a Hotaru— fue Darien ahora.

— Lo que en verdad quieres decir es que no pararás hasta llevarla al altar.

— Rei— reprendió su primo enojado.

— Ahora no me pidas que sea su testigo, son muy cabezas duras.

— REI BASTA— grité—. Es absurdo lo que dices jamás podría volver con él por yo soy…

Me callé.

Ellos me miraron esperando que terminara pero no pude. No puedo decir que soy lo que soy… una mujer de la noche, una cualquiera, una… Aunque lo hago por una razón no puedo mancharlos ni prometer un futuro.

— Casada, divorciada, viuda o una cualquiera… Una prostituta —se hizo un silencio, Rei respiró y continuó—. Eso no quita quien eres realmente.

Sacudí mi cabeza y opté por cambiar de tema.

— ¿Dónde te alojas? — pregunté

Ella me sonrió maliciosamente. Diablos, de inocente no tiene nada. Como no lo vi venir antes, me di cuenta un segundo antes de que ella lo dijera.

— Aquí— palmeó el sillón.

— Pero… Pero... No tengo más lugar…Rei yo…—levantó su mano interrumpiendo.

— Yo me quedó en el sillón, Hot en la habitación de invitados y Darien contigo en tu cuarto— escupí lo último del café.

— ¡Qué!

Ella asintió felizmente de como organizó todo. Me paré de golpe.

— No puedes— le grité.

Me hizo un mohín.

— Las valijas las tengo en el auto, y mira la hora no conseguiré ningún hotel. No puedes dejarme en la calle. Serenita…— juro que ya la quería matar.

— ¿Y tú novio?

— Él no sabe que volví aún. Me peleé con él por teléfono y aún no me atrevo a llamarlo.

— Rei esto es ilógico Darien y yo no somos nada métetelo en la cabeza. Jamás voy a volver con él. Él no puede dormir en mi cuarto entiéndelo. No somos nada.

— ¿Ni amigos? — dijo él. Mi corazón se destrozó porque me di cuenta que con esas palabras lo destrocé aún más.

Me di vuelta.

— Sí… Digo no... Digo ¡ay!— me agarré la cabeza—. Mira somos amigos, sí. Sólo amigos.

Pero su mirada cambió ya no fue la misma.

— Entonces todo arreglado— se levantó Rei—. Hora de dormir.

— Suficiente Rei— me vio con ojos abiertos—. Haz lo que quieras, me voy.

Sin darles oportunidad salí azotando la puerta del departamento.

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Esperé unos minutos mientras me abrían. Cuando escuché la llave en la cerradura y luego su giro esperé que la persona del otro lado no me odie por hacer esto a esta hora.

— Sé que es tarde pero… ¿Puedo quedarme? — se hizo a un lado dejándome entrar.

Su mirada no era feliz.

Estaba con el pelo revuelto y sin camisa hasta un poco agitado diría. Hoy me gané su odio.

— Ahora la llamo— Kun se fue en dirección al cuarto.

A los segundos Mina apareció.

— ¿Amiga que pasó? — llegó a mi abrazándome.

— Lo siento no quería interrumpir sé que es la primera noche de Kun libré después de tanto tiempo pero…— bajé la cabeza.

— No te preocupes, él lo entiende. Te quiere mucho, a parte no quiere decir después no lo tomamos en cuenta— sonreí ella siempre era así de positiva.

Asentí.

Nos sentamos en el piso del balcón mientras esperaba que ella volviera con unas bebidas Prendí un cigarrillo.

— Pensé que lo habías dejado — dijo Mina llegando con dos tazas—. Dame.

Le di el cigarrillo. Dio dos pitadas y me lo devolvió.

— Me relaja.

— Sabes que es malo —me alcanzó uno de los café que preparó para luego sentarse enfrente mio.

— Lo sé, lo sé. Solo en casos extremos lo hago y sólo uno— me lo llevé a la boca y luego expulse el humo.

— Rei ¿no? — asentí

—Rei, Darien, Hotaru, la empresa. Todo — ella me miró compasivamente.

— Hay amiga ¿Qué haremos?— Me miró mientras apagaba el cigarrillo por mi costado estaba solo un poco más de la mitad consumido, pero ya no quería más. Luego agarré la taza para tomar un sorbo—. No lo comprendo si lo quieres ¿por qué no?

Iba a hablar pero ella me ganó.

— Y no me digas que no lo quieres porque es mentira he visto tu cara cuando lo miras, con ese anhelo de amor. Con ese deseo de retornar tu amor perdido, de comenzar donde lo dejaron pausado

—Mina

¿Qué podía decir de eso? ¿Qué podría hacer? Ella. Rei y todos tenían razón lo amaba como el primer día. Pero yo no era la misma, ¿cómo podría ahora querer a esta Serena? Estuve a unos segundos de revelarle mi secreto, lo que hago, de mi estilo de vida. Ya no era la inocente y pura. Ahora…

— Sere— me llamó Mina sacándome de mis pensamientos. La miré—. Deja de pensar, y recuerda que los muros se hicieron para ser derribados.

Con eso se levantó, me dio un beso en la frente y se despidió.

— Descansa— dije.

— Te dejé los audífonos allí— señaló el sillón en donde dormiría.

Modulé un "Gracias" antes de verla desaparecer en su cuarto. Conociéndola como la conozco no se detendrá por tener visitas.

Me levanté, miré a la luna en lo alto y suspiré apoyándome en el barandal del balcón. Cerré los ojos y recordé lo que había pasado hace un par de semanas atrás.

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Miré al hombre que estaba hablando por teléfono del otro lado del escritorio. Llevó su mano al puente de su nariz para masajeárselo, respiró frustrado y luego de escuchar algo que lo disgustó, cortó.

Se puso de pie y me miró.

— ¿Que vamos hacer? — pasó su mano por su cabello.

Era la quinta vez que estaba en esta posición, en esta delegación. Me miré las uñas al tiempo que encorvé los hombros.

— Eres una chica bonita… podrías conseguir un buen trabajo— me dijo el inspector.

Habían entrado con varios oficiales a uno de los locales donde me encontraba, según ellos le llegó una denuncia anónima con documentación que involucraba el lugar con la trata de personas.

Ellos me arrestaron cuando estaba sentada en el regazo del comisario de esta misma delegación. Sonreí recordando la cara de asombro de ellos al verlo. No solo eso, sino que al darse cuenta que era uno de los socios mayoritarios que mantenían el lugar, el asombro y decepción fue grande. En dos segundos lo redujeron y esposaron. Ahora estaba en una celda común con los demás clientes, solo a él se le permitió ver a su mujer, eso sí que fue espectáculo. Ella gritaba pidiéndole el divorcio.

— Déjala una noche adentro y podemos darle un tratamiento especial— escuché a un oficial acercándose a nosotros.

Me miró de arriba a abajo lascivamente.

— Vete Ramírez, ni te atrevas a tocar a ninguna de las chicas— lo miró con odio pero se fue cómo el subordinado que era.

Se sacó el saco y se acercó a mí.

— Debes tener frio— miré la chaqueta y sonreí. Él era buena gente.

— Sabes qué no me quedaré mucho—miré su nombre en la chaqueta "Jadeite" levanté mi mirada hacia el inspector.

Era rubio sus ojos azules contrastaban con la luz que se filtraba del amanecer y su piel blanca.

— Lo sé, y eso es lo que no entiendo ¿cómo sales tan rápido? — encorvé los hombros.

— Papeles se pierden todos los días— contesté restándole importancia.

No le iba a decir la verdad pero de todos los inspectores que conocí él era el más justo, no solo eso lo vi arrestar desde gente del gobierno hasta jueces. Era justo. Supongo que por eso mismo aún no lo ascendía.

Cuanto más sucio eres mejor te va en la vida pero de vez en cuando una flor crece en el desierto. Jadeite era uno de esas flores.

— ¿Sabes? Mi prometida podría haber sido como tú. O peor, su padre es la peor calaña pero no. Ella es fuerte, dulce y justa. La admiro enormemente. Ella es la muestra que no importa de dónde venimos, nosotros somos lo que nos inventamos— tomó una fotografía que estaba en su escritorio y se la quedó mirando embobado unos instantes —. Estoy seguro que ella podría arreglarte ese pelo verde perico espantoso y darte un poco de su sabiduría.

— ¿Y cómo se llama la afortunada? — volvió a mirar la foto.

— Rei… Y si todo sale como lo espero en unas semanas estará acá— un escalofrío me recorrió a medida que le daba vuelta a la imagen poniéndola frente a la chica de ojos violeta y largo cabello oscuro.

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Abrí los ojos.

Estaría en el inframundo si las relacionaban a la Serena del día con la Serena de la noche.

Escuché los primeros pero suaves chillidos provenientes de la habitación, eso me indicó que era la hora de acostarme. Me dejé caer en el sillón y me coloqué los audífonos. Pero antes de cerrar los ojos para entrar al mundo de Morfeo tecleé…

Estoy bien, descansen

Pulse enviar al número de Darien. Que ya tenía más de 10 llamadas pérdidas.

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Salí temprano de la casa de Mina. Ella aún no se levantaba y no quería molestar más de lo que ya les hice a los tortolitos.

Fui a casa y al entrar me llamó la atención que había ropa de Darien en el sillón.

¿Le habrá dado la cama a Rei?

Seguí camino y lo vi salir ya cambiado de la habitación de Hotaru me vio y se paró en seco.

— Serena—me dijo.

— Darien… yo... — sacudí mi cabeza—. Me gustaría decirte…

Era mi oportunidad de aclarar las cosas con él y no confundirlo más.

— Tranquila— se acercó a mí y puso una mano en mi hombro—. Lo entiendo.

— Yo…

— Estamos bien. ¿Sí? — asentí.

Sin decir una palabra aún me entendía. Ni siquiera tuve que emplear el plan B.

Llevó su mano a mi mejilla y nos miramos. Creo que dejé de respirar. Miré su boca, esos ansiados labios carnosos. Quería que me besara, perderme en ellos, en su dulce néctar, dejar mis miedos atrás y sumergirme en la pasión que nos envolvía. Se acercó lentamente. Se inclinó. Cerré los ojos esperando el momento. Y sentí sus labios en mi frente.

— Qué bueno que volviste— los abrí para verlo alejarse en dirección de la sala.

Giré rápidamente y fui en dirección a mi habitación.

— ¿Rei no se quedó? — me detuve y me volví a verlo.

— Apareció su prometido y se fueron juntos.

— ¿Jadeite? — encorvó los hombros.

— Desconozco como o cuando se enteró que había vuelto. Pero no parecía sorprendida con su presencia acá —bajé la mirara, casi me lo encuentro—. Prepararé café por si quieres.

— Gracias— empecé a caminar cuando escuché.

— Tengo una reunión temprano ¿puede ir Hotaru contigo?

— Claro.

Con eso desaparecí dentro de mi habitación.

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El día pasó normal. No solo eso, la semana y sin dar cuenta era jueves.

Darien no hizo ningún movimiento más. No me buscó como antes, no hubo chocolates, ni flores, ni nada. Tampoco me robaba besos y eso es lo que más extrañaba. A la noche aún me esperaban con la comida. Hablábamos de cosas triviales o de la empresa o de los estudios de su hermana. De nosotros no. Tampoco de las infinidades de veces que quería estar conmigo.

Aunque el primer día estaba contenta por eso, el segundo lo odiaba quería que me buscara, quería sentirme cerca de él, sentir su piel, sus besos… Diablos ¿por qué soy así?

Sonó el celular y sonreí por el mensaje de Mina…

"En diez te esperó abajo"

Habíamos decidido tomarnos la tarde libre para comprar los vestidos de la fiesta de mañana. Muchos habían decidido lo mismo que nosotras.

Así que me encontraba en mi cuarto esperando que pasen por mí. Miré la carpeta que estaba en frente mío y antes de cerrarla no pude dejar de leer el último titular de los recortes de noticias que habían acumulado de esa época.

"TRISTE DESENLACE PARA LA ULTIMA HEREDERA DEL PERIODISTA TSUKINO"

Lo apoyé sobre la pila de las otras noticias y acaricié el rostro de la mujer que salía en aquella foto. A esa mujer inocente e ingenua.

Cerré la carpeta y me limpié las lágrimas traicioneras que me caían.

Me paré y la llevé al mismo cajón de siempre. Lo guardaba bajo llave, no quería que nadie descubriera parte de mi secreto, del rompecabezas que era mi mente.

Giré la llave al tiempo que escuché el grito de incredulidad de Darien. Habían llegado hace unos minutos y aún no se daban cuenta que estaba en casa.

— NO, y te digo que no.

Se escuchó el grito de Darien desde la sala.

— Hermano, por favor.

Resoplé, esto no tenía un buen puerto, y si mis sospechas son correctas sé que se trata de aquel chico.

Salí de mi cuarto y me paré en el umbral de la puerta.

— ¿Qué paso? ¿Por qué tantos gritos?

Ambos me miraron y el pelinegro se dignó a verse avergonzado por su grito.

— Serena ayúdame —Hotaru corrió a mi lado—Shingo me invitó al cine mañana pero mi hermano me escuchó hablarlo con Momo y no quiere que vaya.

Lo miré con cara de pocos amigos a Darien.

— ¿Qué?

— Tú sabes qué. Ella es grande y puede salir con quien quiera.

— Pero mañana es la fiesta de la empresa.

— Eso no lo justifica—y aunque tuviera razón pensé —. Pueden salir otro día, aunque si vas tú, no es obligación que ella vaya.

— Por supuesto que sí. Hotaru debe ir como mi hermana—resoplé, era una pobre excusa para que ella no saliera con el chico.

— Darien…

— Es una niña, ¿Cómo puede estar pensando en citas? ¡Y con un universitario!

— Está adelantado porque es muy inteligente—lo defendió su hermana.

Darien se cruzó de brazos y se sentó en la mesa totalmente enojado, dios como se pone de terco.

Suspiré fuerte.

— Hot ve a la pieza—ella iba a decir algo pero levante mi mano y obedeció. Me senté en frente de él. Lo llamé —. Darien—no me miró—. Vamos no seas así.

— Pero ella… ella.

— Ella ya no es una niña, debes dejarla avanzar.

Cerró los ojos.

— No puedo es lo único que tengo, por lo único que peleé tanto—abrió los ojos y notó lo que me afectó esas palaras, "luchó y que era lo único"—. No quise decir eso.

— Está bien, no importa.

— Sí, sí importa—agarró mis manos y lo miré—. Sé que ahora estas aquí pero ella fue el motivo de lo que hice, si hubiese imaginado algo de lo que te paso hubiese movido cielo y tierra. Siempre pensé que estarías cuidada por tu familia.

Levantó una mano y limpió una lágrima que descendía por mi mejilla.

— Quiero pelear por ambas—agregó. Cerré mis ojos y sacudí mi cabeza al abrirlos aun veía en los de él anhelo.

— Ella debe vivir lo que vivimos… Recuerdas—asintió—. Esa etapa es increíble y Shingo es un dulce chico cuando se entrega al ciento por ciento y por lo que sé, Hotaru se le enterró en el alma. Peleará por ella y sobre todo la cuidará. Sé que puede tener una reputación de mujeriego, lo sé. Pero siempre dejó en claro a esas mujeres lo que quería de ellas y ellas lo aceptaron… ¿Sabes? Cuando ama lo hace tan profundo que le quema el alma y tu hermana se le metió en la piel hace mucho tiempo.

Sonrió pero aún no respondía, así que agregué.

— ¿Qué te parece si lo invitas aquí y lo conoces? Hablas con él para que veas lo que quiero decir.

— ¿Tú crees?

— Sí.

— De acuerdo, pero mañana que venga a la fiesta y otro día lo planeamos.

Lo miré y le sonreí, un paso a la vez para el guardabosque Darien.

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La fiesta empezó temprano, a las diez servirían la cena, y a las doce se abrirían las pistas con los músicos contratados, como era de esperarse en mi mesa estaba Galaxia, Darien y a mi pesar Diamante, que aún no se por qué no se iba.

Con la excusa de saludar salí de aquella mesa tan rápido como llegué. Y tan rápido como me fui Seiya se sentó en mi lugar, ya que él era uno de los invitados.

Desde ayer Darien estuvo extraño pero amigable, sobretodo demasiado amigable, no es que no lo quiera como amigo sino bueno… Diablos, ni yo me entiendo, porque no es lo quiero. Lo miraba desde la barra mientras que él hablaba con unos inversionistas, no me miraba, ni nada. ¿Acaso sería una nueva estrategia de él? dijo que me quiere en su vida pero… ¿Será que solo cómo amiga? Pues sabe yo no lo quiero así, es todo o nada… Espera que estoy diciéndome mejor que sea nada.

— ¿Lo conoces?

Preguntó un hombre a mi lado, al verlo sonreí ante el contador y miré al que señalaba. Claramente las mujeres suspiraron y si no fuera porque ya conocía las reacciones de algunas que hasta se desmayaban, me asombraría.

Con su aire despreocupado, ese pelo revuelto y su campera de cuero en su mano se acercó a mí.

— Srta. Serena un placer en saludarla.

— Eres terrible Shingo, ni hoy puedes ponerte un traje.

Se miró y encorvó sus hombros. Luego se giró con su cerveza y se fue.

Lo miré… Dios si lo viera su madre se muere tres veces. Pantalón de cuero, remera sin mangas, ajustada al cuerpo, dejaban ver claramente sus tatuajes. En otras palabras un motoquero y este era nuestro mensajero… Bueno en realidad…

— Te juro que si ese es Shingo, Hotaru no sale ni hoy, ni mañana, ni nunca.

Me reí ante el comentario de Darien.

— ¿Cómo llegaste tan rápido?—encorvó una ceja—. Estabas con esos hombres.

Señalé a unos que estaban a unos metros. Tomó un sorbo de su bebida, un líquido ámbar.

— ¿Whisky?—agregué y asintió.

Tomó otro sorbo y lo dejó en la barra.

— Bailemos.

Estaba negando pero agarró mi bebida la dejó en la barra y me arrastró con él.

Me llevó hasta el centro de la pista y puso una mano en mi cintura y la otra en el hombro descubierto.

— No me pises.

Nos reímos y miré mi vestido largo blanco con volados que llegaban hasta el piso, se enganchada en el cinto de piedras plateadas que esta sobre mi cintura. Lo miré a la cara esperando que él también me mirara en la cara y no a la parte superior del vestido que se cruzaba por detrás de mi cuello dejando la mitad superior de mi espalda descubierta

— Jamás.

Me dio vuelta, e hizo que de mi cabellera se desprendieran varios mechones. Me había costado bastante dejarlo de costado y él en dos pasos lo arruinaba.

La música cambió haciéndose más lenta obligándonos a acercarnos. Apoyé mi cabeza en el hombro de él y su mano cambio a la parte baja de mi espalda.

— Al fin tengo el baile de hace diez años.

Me separé un poco.

— ¿Cuál?

— El de nuestra graduación, digo la tuya— apoyé nuevamente mi cabeza.

— No te preocupes, yo tampoco la tuve—se tensó, supongo recordando el motivo, mi huida del país, mi embarazo frustrado.

Siguió moviéndome lentamente, marcando mi ritmo, nuestro ritmo. No me di cuenta cuando la música terminó hasta que se separó.

— Gracias.

Nuestras manos unidas se separaron poco a poco mientras que él se alejaba, dejándome un vacío en mi pecho.

Dejándome sola.

Sola en medio de la pista lo vi perderse entre la multitud, una vez más lo vi alejarse de mí.

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Caminaba por el pasillo del edificio pasadas las tres de la mañana. Me había escapado no bien pude, odiaba las fiestas sumándole que después del baile con Darien lo perdí de vista y solo quedó Diamante, era claro que me iría, ni la mirada de súplica de Galaxia pudo con que me quede allí.

Abrí mi puerta pero antes de cruzarla me saqué los zapatos plateados, los pies me dolían enormemente, había estado parada toda la noche hablando con demasiados inversionistas o ejecutivos. Tuve que separar a un par de ellos de las chicas de administración porque estaban muy borrachos y los mandé a casa, bueno los obligué a irse a sus casas.

Caminé y me paré en seco.

— Darien.

Estaba sirviéndose un té en la cocina.

— Buenos noches.

— ¿Dónde estuviste?

Está bien, no era esa pregunta la que hubiese dicho pero mi boca habló antes que yo. Supongo que pensó en una broma porque sonrió.

— Me escapé hace horas.

— ¿Hotaru?

— Se fue con Momo a su casa—encorvó sus hombros y se dio vuelta buscando su taza—. Noche de chicas supongo.

— Ah.

Solo eso se me ocurre decir, que brillante soy.

— ¿Pensé que no volverías?—levanté una ceja.

— ¿Perdón?—se giró.

— ¿Té?

— Sí, por favor pero podrías repetir lo último.

— Estabas muy entusiasta con el jefe de policía.

Ah, bueno, sí, resulta que el jefe de la ciudad vino a la fiesta como si alguien lo hubiese invitado pero por lo que sé, donde hay fiesta, él esta.

El muy cretino quería beneficios y me interesaban algunos contactos que él tenía pero jamás mezclaría a esta Serena, la presidenta, con el bastardo que encima me refregó que esperaba a su cuarto hijo, él muy… Diablos, lo había visto obligar a unas cuantos mujeres en los burdeles de la zona.

— No sé quién lo invitó, y no, jamás me metería en esos pantalones. Además tiene varias causas pendientes.

Eso lo asombró.

— ¿Cómo lo sabes?—me ofreció una taza y me apoyé en la encimera—. Aunque sé que anda en cosas sucias jamás nadie le encontró nada.

¿Era brillo lo que vi en sus ojos?

— ¿Sabes algo?

— No… Solo rumores.

— Pues yo sé certezas. Cuando tenga las pruebas va a arrepentirse de muchas cosas.

— ¿Eres policía?

Tomé un sorbo de mí té.

— Está bien, no me lo digas o ¿me arrestarías?

Nos empezamos a reír como un par de tontos.

Después de unos minutos dejé mi taza a un costado y con ambas manos me subí a la encimera para sentarme.

— ¿Y tú? Estabas muy pegado a Molly.

— No podía despegármela, cinco, no seis veces le dije que no me interesa pero no entiende

— Espera… Espera, ¿Molly se te declaró?

— No con palabras.

Me empecé a reír cuando me contó que le llevó un café y accidentalmente, según ella, se le abrió su camisa o la vez que le manchó el pantalón a Darien y se lo quería limpiar con él puesto.

— No es gracioso, sabes lo agobiante que es.

— Oh sí, el pobre sexy jefe que no puede decir que no.

— ¿Sexy? Quieres decir que aún soy sexy.

Se acercó sigilosamente y me atrapó apoyando ambas manos sobre la mesada.

— Digo...—tragué duro al verlo tan cerca. Los primeros tres botones de su camisa estaban abiertas durante toda la conversación y fue una prueba muy dura no imaginarme deslizar mi mano dentro de ella. Pero sentir su respiración cerca, su perfume y esta debilidad por él ya no podía resistirla más— yo…

— ¿Me tienes miedo?—negué porque le tenía pavor—. ¿A qué le temes Serena Tsukino?

— A ti.

Sonrió con esa mirada de lobo hambriento y solo un segundo después lo entendí.

Entendí todo lo que hizo… Un paso hacia atrás y dos hacia delante. En otras palabras me dio mi espacio para atraparme en su red, en sus brazos.

Se abalanzó dejando caer sus labios sobre los míos, moviéndolos suave y lentamente. Pasó su lengua por mi labio inferior y cuando sus brazos rodearon mi espalda me arqueé hacia él abriendo mi boca para dejarlo entrar.

Lo dejé ubicarse entre mis piernas mientras que el beso se intensificó llevándome al cielo, sus manos se metieron en mi peinado sacando cada hebra que sujetaba el arreglo que tenía dejándolo caer libre hasta la última fibra de mi cabellera.

— Me gusta más suelto.

Atacó mi boca nuevamente y yo esta vez no me quedé atrás, llevé mis manos a su pecho empezándole a desabrochar esos botones pero los últimos se volvieron rebeldes no me obedecían y lo tironeé tan fuerte que rompí la camisa.

Darien sonrió y me besó.

Pasó de mi boca a mi cuello sus manos buscaban el cierre posterior de mi vestido pero al verse frustrado gruño.

— Déjalo.

Me separé un poco y llevé mis manos al cierre oculto justo debajo de mi nuca mientras que él se deshacía de su propia camisa.

Agarró mis manos y terminó de bajar el pequeño tramo del mismo. Libre de ese cierre la parte delantera de mi vestido cayo con el efecto de la gravedad dejando libre mis pechos ya que este vestido no permitía usar un sostén.

— Hermosos.

Me besó, me saboreó y luego incliné mi cabeza hacia atrás mientras que el bajaba hasta uno de mis pecho metiéndoselo en la boca, succionando mi pezón. El otro gritaba por atención, tan turgente como el que tenía en su boca, apiadándose de él subió su mano y la amoldó en ella. Masajeándolo, apretándolo tan suave como salvaje.

Cuando terminó de torturar a uno pasó al otro intercambiando sus movimientos. Dios, me estaba matando, solo pude poner mis manos en su cabellera azabache obligándolo a acercarse más a mi cuerpo, lo necesitaba.

— Darien.

Tan solo pude decir eso. Subió su boca pero en lugar de ir a mis labios fue a mi oreja para susurrarme casi como un gruñido.

— Después me lo dirás.

Mordió el lóbulo y lo jaló solo un poco. Estaba demasiada mojada para esperar más, desde que lo volví a ver, desde que me volvió a besar por primera vez estaba lista para esto. Llevé mis manos a su pantalón pero al desabrochar su cinturón me detuvo.

— Aquí no.

— Aquí sí.

— Siempre tan apurada.

Volvió a besarme, él era el único que siempre deseé que me tomara, que me poseyera… Solo él. Levantó mi vestido hasta la cintura y sentí sus manos por mis piernas, por la parte interna y luego por mi trasero. Me levanté un poco para ayudarlo.

— Esto molesta.

Sentí el tirón de la braga que arrojó al piso y con esos mis gemidos aumentaron.

— Por favor.

— Tú deseos son ordenes pequeña.

Agarró mis piernas y se las envolvió por su cintura, al tiempo que me volvía a tomar con su boca me penetraba duro y fuerte. Cerré los ojos al sentirlo en mi interior, diez años de espera, diez años de anhelo solo por este momento, solo por sentirme completa.

Se empezó a mover y solo unos instante después lo acompañe aferrándome a sus hombros, lo besaba y me movía haciendo el vaivén perfecto. Como dos adolescentes que buscaban consuelo, como dos adulto que se buscaron por tanto tiempo, como dos almas perdidas que encontraron el camino a casa.

Siguió moviéndose hasta que empecé a sentir como se estaba construyendo, estaba tan cerca.

— Pequeña, hazlo, libérate.

Con esas simples palabras me vine y dos estocadas más sentí a Darien liberarse dentro de mí.

Aún no procesaba lo que acababa de hacer simplemente porque no quería volver del cielo, me desplomé encima de él. Solo me di cuenta que los minutos pasaron porque se movió para salirse de mí, pero antes de retirarse del todo.

— Espera.

— No me iré a ninguna parte.

Dejó caer mis piernas a su costado, flácidas y sin fuerzas. Apoyó su frente sobre la mía y susurró unas palabras tan suaves que eran inalcanzables para un corazón desolado.

Me abrazó y cuando sintió que estaba recompuesta me cargó llevándome a mi habitación. Me acostó y por fin pude abrir mis ojos grandes para verlo. Aunque sus ojos brillaran su mirada esa desconcertante, tantas veces dije una cosa e hice otra que ahora no sabe cómo actuar. Me besó dulcemente.

— No te vayas.

— No me iré sino quieres.

— No quiero.

Me giró y desabrochó la pollera del vestido sacándomelo por completo, dejándome desnuda finalmente. Él se sacó el pantalón y el bóxer dejándolo en una silla, llego hasta mí, sobre mí.

— ¿Puedo pedirte algo? —asentí—. Seamos tú y yo, solo por hoy, solo por esta noche.

Sonreí y esta vez fui yo quien lo atrajo a mí.

Sus manos fueron a mi costado y mientras volvía a colocarse entre mis piernas una de sus manos llegó a mi vientre rozando la cicatriz que allí aún se veía, hasta subirla al valle de mis pechos. Cuando sentí un leve tirón dejé de besarlo para ver qué es lo que hacía.

— ¿Qué es esto? —preguntó.

Sacó un parche color piel del centro de mi pecho y me miró confundido, intercambiando su mirada con lo que ocultaba.

— Un recordatorio.

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Y paso mas al rompecabezas, jaja.. bueno al fin Serena se empezó a decidir dejar entrar al pelinegro nuevamente a su vida. Pero cuanto tiempo podrá ocultar lo que hace?...

El regreso de Rei presenta muchos miedos en Serena y si realmente sabe la verdad sera un problema.

Respondiendo:

Miriam Ortiz: gracias por tus ánimos, aquí hay nuevas respuesta jaja.. un par de preguntas también. Y que le pasó al papá de Serena? uy aun falta pero de ahora en adelante veras que nada es lo que parece... Saludos

yssareyes48: veo que ya tiene muchas opciones de asesinato para Diamante jaa...lo tendré en cuenta. jeje...Si darien aun tiene que resolver mas sus culpa, esperemos que pueda superar todo. Saludos

Como mencione arriba perdón por la demora, gracias por el beteeo a yeni y dudas comentarios lo que quieran sera bien recibido...