Saori se levantó cuando Sanemi ya estaba desayunando.

- ¿Por qué me dejaste dormir tanto?- preguntó cuando apareció en la sala, mientras se recogía el cabello en una cola de caballo.

-Pues, aún estás herida. Supuse que querías descansar.- se encogió de hombros él.

-Si, pero...hoy tengo cosas que hacer.- dijo ella, sentándose a la mesa.

-¿Por ejemplo?- preguntó Sanemi, y se metió un bocado de arroz a la boca.

- Tengo que presentarme en la Finca, la señorita Kocho debe revisar mi herida.- dijo ella, tomando un cuenco que había usado él, para ir a servirse el desayuno.

- ¿Cómo la sientes?-

Había pasado una semana desde que la habían herido. Estuvo ingresada en la Finca por 5 días, y hacia dos que había vuelto a la casa de Sanemi. Pero Shinobu le había pedido que vuelva para controlar la evolución de la herida.

- Pues en general bien. Pica.- dijo, colocando arroz en el cuenco, y sirviéndose té.

- Si, es la cicatrización. Es buen signo, solo intenta no rascarte.- aconsejó Sanemi.

- También me dijeron que debía escoger mi acero, así que tengo que ir la Casa Ubuyashiki.- Continuó ella y se sirvió en un plato un poco de vegetales y tortilla de huevo.-

- Con respecto a eso…- Él se aclaró la garganta.- Pedí al herrero que te asignaron que no te forje una katana, sino una naginata. Eres buena con la espada… pero definitivamente naciste para manejar una lanza.-

Una sonrisa radiante de dibujó repentinamente en el rostro de la chica, y sus ojos parecieron brillar con mil estrellas.

Sanemi no pasó por alto ese detalle. Una corriente de satisfacción atravesó su pecho, supo que había dado en el blanco.

-Eres el mejor.- le sonrió ella, aún con los ojos llenos de fulgor, y él sintió que todo su cuerpo se estremeció.

"Podría hacer brillar esos ojos todos los días, y no me quejaría." Susurró una voz en su mente, muy suavemente. Tuvo que desviar la vista para no ponerse en evidencia.

Cuando notó que el silencio se instaló entre ambos, Saori se vio obligada a quebrarlo.

-¿Quieres venir conmigo hoy? Así no me aburro.- Ofreció.

-¿Y tú que te crees, que soy tu bufón personal o qué?- Exclamó él, cruzándose de brazos. Era su oportunidad para volver a su papel.

Saori rió.

-Era una broma.- dijo.- Luego de eso, tengo que ir a una casa de glicinias...que no sé qué es...-

-Son casas de familias que fueron rescatadas por nosotros, y ahora se dedican a ayudar al Cuerpo de Cazadores de Demonios hace cientos de años. Ofrecen servicios como la Finca de las Mariposas, pero no tan especializados.- le explicó él.

- Ahh...-Dijo Saori, terminando de comer su porción de arroz.- Allí tengo que ver a un tal...Masao-

-Maeda.- Completó Sanemi, interrumpiéndola y levantó la vista del plato que estaba comiendo.

-Si, ese mismo.- Saori chasqueó los dedos.- Debe tomarme las medidas para el uniforme.-

-Yo te acompañaré hoy.- dijo entonces Sanemi.

- Pensé que...-

- No irás a ver al Sucio Cuatro Ojos sola.-

-...El...¿que?- la cara de Saori era un poema al desconcierto.

Mientras entraban a la Finca, una chica muy enérgica, la saludó alegremente con la mano cuando la vio llegar con Sanemi. Saori la vio acercarse a ellos con paso apurado.

Era una joven muy... exuberante, a falta de otra palabra para describirla a primera vista.

-¡¡SHINAZUGAWA!!- Chilló y siguió saludando con la mano.- ¡¡HOLA SHINAZUGAWA!!-

-Oh maldita sea...- masculló él.

La chica hizo un trotecito final desde donde estaba para llegar a ellos, y Saori no pudo evitar ver su voluptosidad saltar de un lado a otro al correr.

"¡Cielos! ¡Que pechos más grandes!" Pensó Saori, con genuino asombro e inconscientemente se tocó el pecho. "¡Son como dos veces el tamaño de los míos!"

-¿Quien es...ella?- preguntó a Sanemi en voz baja, sin saber cómo actuar.

- El Pilar del Amor.- dijo él. Y Saori notó la molestia en su voz.

"¿Ese...ese es un uniforme de Cazador? ¿Por qué el de la señorita Kocho no es así? ¿Es porque está en la Finca? ¿Entonces todas las cazadoras si no trabajan en la Finca tienen que usar eso? Aún no vi otras mujeres, solamente hombres...¡¿todas usan eso?! ¿O solo es para Pilares? Por los dioses que solo sea para Pilares porque yo no..."

La catarata de pensamientos se acrecentaba a medida que el Pilar del Amor se acercaba.

-¡Tú debes ser una de las nuevas Cazadoras!- le dijo la muchacha de cabello llamativo y los pechos turgentes, sacándola de sus pensamientos.- ¡Felicitaciones por pasar la Selección Final, aunque si te entrenó Shinazugawa seguramente eres muy fuerte, y afortunada por entrenar con un hombre fuerte como él...- Dijo la chica, mirándolo. Sanemi chasqueó la lengua y miró a otro lado. Luego la joven puso sus ojos verdes en ella. Brillaban, entusiasmados.- ¿Como te llamas?-

-Sa... Saori Minamoto.- dijo ella, haciendo una reverencia. La chica tenía una energía arrolladora, una efervescente felicidad que hizo que Saori sonriera levemente.

Su algarabía era contagiosa para ella.

-Yo soy Mitsuri Kanroji. ¡Soy el Pilar del Amor y estoy muy feliz de tener otra mujer en nuestras filas! Siguen siendo en su mayoría varones, ¿sabes? ¡Es bueno que más y más de nosotras podamos llegar hasta aquí! Tenemos que cuidar-.

-Estamos apurados.- Dijo Sanemi, puso una mano en el hombro de Saori y prácticamente la arrastró lejos de Mitsuri.

-Oh, lo siento, no lo sabía.-Dijo la chica del cabello bicolor, rascándose distraidamente la nuca.- ¡Que tierno que la acompañes Shinazugawa!- Exclamó elevando la voz para que la escuchen, y dejó salir una risita casi Infantil.- Quien lo di-

- ¡Cierra la boca Kanroji! - le gritó a la distancia Sanemi, interrumpiéndola.

Se alejaron caminando rápido, para buscar a Shinobu.

Luego de que Shinobu viera la herida de Saori, y le diera el visto bueno para comenzar a entrenar lentamente, le dijo que en una semana más sin duda podría comenzar a trabajar. Así que Saori y Sanemi fueron a que le tomen las medidas para el uniforme.

-Sanemi...- preguntó Saori, mientras caminaban.

-¿Que?-

-Ese uniforme...¿Asi será el mio?- quiso saber ella, algo asustada por la respuesta.

Jamás se le hubiera ocurrido andar asi por la vida.

-Sobre mí cadáver. Por eso vengo contigo.- Dijo él, seriamente, caminando sin mirarla.

Llegaron a la casa a la que Saori había sido citada.

Los recibió un joven con uno de esos curiosos uniformes que sólo dejan ver los ojos, y les pidió que aguarden, que el señor Maeda estaba ocupado, y los guió a una sala muy agradable dónde había té y dulces.

Saori se sentó a esperar pero no tocó nada. Algo la incomodaba.

-¿Por qué le dices Sucio Cuatro Ojos?- le preguntó a Sanemi, bajando la voz hasta casi un susurro.

- Porque es un asqueroso.- dijo él, sin bajar un decibel su tono de voz, y se sentó al lado de Saori. Tomó un dulce y se lo metió en la boca.

- ¿Pero me podrías explicar por qué tienes ese concepto?-

Sanemi le contó que 'Sucio Cuatro Ojos' no era un apodo puesto a la ligera. Hubieron varias veces en las que las cazadoras de quejaron de una conducta inapropiada del tipo.

- ¿Y tú alguna vez lo viste hacer algo?- preguntó Saori.

- No, de hecho he venido aquí una vez solamente, cuando hicieron mí primer uniforme. Luego él se las arregla sin verme. Creo que no le agrado.- Sonrió él.

- Ahora estoy nerviosa-

- Te dije que no te preocupes.- dijo él.

Y comió otro dulce.

- Señorita Minamoto, el señor Maeda la recibirá ahora.- dijo él muchacho, apareciendo por una de las puertas.

Sanemi y ella se pusieron de pie y en el momento en que Saori entró, Tengen Uzui salió por otra puerta. Al ver a Sanemi se puso a hablar con él.

- Que sorpresa verte aquí, hombre. ¿Vienes por un nuevo uniforme?- le dijo Tengen, palmeandole la espalda.

- No exactamente.-

- Viniste con tu tsuguko.- Sonrió Tengen.- Que tierno...-

- Cállate Tengen.- dijo Sanemi, y sintió que el color le subió a las mejillas.- ¿El Cuatro Ojos está ahí dentro?- preguntó.

- Si, con un ayudante femenino, que si me preguntas tenía unas curvas muy llamativas. Lástima que no pude ver su rostro, parecía sumamente bonita. Creo que tendré que venir más seguido.-

- Oye tú estás casado ¿o no?- preguntó Sanemi, cruzándose de brazos.- Muy casado.-

- Si. ¿Y que tiene, no puedo mirar?-

- Bah, olvídalo.-

Mientras tanto, Saori guiada por el kakushi, ingresó a una habitación con un escritorio, un espejo triple y un enorme manequin.

- ¿Hola?- preguntó Saori al aire.

- ¡Buenos días!- dijo una mujer que salió de una especie de biombo que estaba en un rincón de la habitación e hizo saltar a Saori del susto.- El señor Maeda la recibirá enseguida.-

La dama también con el uniforme kakushi, tomó una pila de tela o ropa bastante alta que estaba doblada sobre un taburete y salió rápidamente, dejando a Saori sola un momento.

Podía escuchar a Sanemi en la otra habitación hablando con alguien.

- Ah, señorita Minamoto, supongo.- Un hombre menudo de gafas redondas y de su altura apareció por detrás, frotándose las manos.- Soy el sastre oficial del Cuerpo de Cazadores de Demonios, Masao Maeda. Estoy a cargo de la División Sastrería.-

-Si. Buenos días. ...- Dijo ella, y le hizo una reverencia.- Mucho gusto.-

-Párate aquí.- Dijo el hombre, se acercó a ella y la condujo frente a los espejos. Le quitó el haori que llevaba puesto, le hizo alzar los brazos a los costados de su cuerpo, y con una larga tira de tela con números, midió el largo de los brazos, la espalda.

- Quítate la ropa.- ordenó entonces.

- ¿Disculpe?-

- Que te quites la ropa, niña, no puedo tomar tus medidas si tienes tanta ropa.-

Saori dudó. Y el hombre la apuró.

- Vamos vamos, no querrás tener un uniforme que te quede muy grande o pequeño, o que no llegue a tiempo de confeccionarlo, ¿Verdad? No eres la única que precisa ropa en esta Organización.- explicó el hombre.- Así que quítate la ropa. Vamos.-

Dudó. Pero Saori no sabía cómo era todo eso, quizá lo que él pedía era normal. Nunca le habían tomado medidas para nada y no sabía muy bien que esperar. Y aunque Sanemi le había dicho que el tipo era un asqueroso, si él estaba haciendo bien su trabajo, ella no quería insultarlo, mucho menos parecer una tonta ignorante acababa de bajar de una vida en la montaña.

Y luego de un momento, se quitó la parte superior de la vestimenta, quedando en ropa interior. Se cubrió los pechos con los brazos pero el sastre enseguida se los descubrió, volviendo a ponerle los brazos en la posición anterior.

" 'Masao Maeda es un asqueroso' dijo Sanemi...estoy muy incómoda pero no sé si debería estarlo. ¿Y si esto es normal? Ningún hombre ha visto tanta piel desnuda en mi desde mi marido. Y bueno, Sanemi cuando me hacía las curaciones pero este hombre...¿esto es correcto?" Pensó mientras veía cómo el sastre le pasaba las manos por los brazos.

Él no dijo nada, Saori escuchó murmullos pero supuso que él estaba memorizando números, medidas. Eso esperó.

Sintió sus manos deslizarse por la espalda, rodear el pecho, y la cintura, sintió la cinta que usaba para medir rozar su piel una y otra vez. Cuando lo tuvo enfrente, pudo ver una leve capa de sudor perlarle la frente.

- Ahora lo de abajo. Quítate el hakama.- ordenó él.

- ¿Es... necesario?-

- No cuestiones el trabajo de un profesional.- dijo él, en tono de reproche.- Apresurate, realmente estoy lleno de trabajo.-

Ella volvió a dudar. Pero lentamente fue quitándose el hakama.

Él, detrás de ella, se frotaba las manos, Saori pudo ver parte de su reflejo en el espejo. Cuando ella quedó casi desnuda, aún por detrás, le puso las manos en las cintura, subió y bajo lentamente por la forma redonda de las piernas, se detuvo a la altura de las caderas y apretó levemente.

- Te haré un uniforme que te hara ver más hermosa de lo que eres.- le dijo.- Tienes unas curvas muy bellas y armónicas.-

Saori se congeló. Se miró así misma en el espejo, y la garganta se le secó instantáneamente. La voz del hombre sonaba agitada, y como si tuviera la boca pastosa. Eso le produjo a Saori una sensación horrenda de incomodidad, se le retorció el estómago, los oídos le pitaron. Y notó que incluso estaba levemente mareada.

- ¡OYE! ¡LAS PUTAS MANOS!- un grito recorrió la habitación, y casi que hizo vibrar los espejos.

Tanto Saori como Maeda dieron un salto. De repente el hombre de las gafas salió disparado hacia atrás.

Sanemi lo tenía tomado por el cuello del uniforme, y le respiraba en la cara, con los ojos inyectados en ira, con tanta fuerza que las venas del cuello y de los brazos saltaron a simple vista.

-¿Que carajos piensas que estás haciendo, maldito pervertido de mierda?- le gruñó y el tipo pareció temblar.

- Yo yo yo yo yo estoy haciendo un uniforme a a a esta..esta cazadora-

- Es MI cazadora. MI tsuguko, y la veo desnuda con tus manos asquerosas donde NO deberían estar.- Sanemi siseó como una serpiente venenosa y apretó más, atrayéndolo más hacía él, sin dejar de mirarlo.- Tienes 3 segundos para explicarte antes de que te meta esas gafas de mierda en el culo de una patada.-

-¡Estaba tomando medidas! ¡Medidas para el uniforme! Tengo que tomarlas cuidadosamente para que salga bien, bajeme por favor, bajeme...-

Saori miró todo mientras se puso apresuradamente la ropa.

Quiso llorar. Le tembló el labio inferior y sintió como le ardieron los ojos. Se sintió horrendamente incómoda.

Y estúpida.

-Sanemi...- susurró.

Pero Sanemi Shinazugawa no veía nada excepto al Sucio Cuatro Ojos. Sentía auténtica rabia. ¿Cómo se atrevió...?

- No es la primera vez que te pasas de la raya, todos lo sabemos. Pero esta vez te fuiste a la mierda, tocaste algo mío.-

- Juro que no le hice nada.- lloriqueó el sastre. Colgaba de las manos de Sanemi como si fuera un muñeco de tela, laxo y liviano.- los uniformes son particulares, tengo que realizarlos con cuidado, la tela no puede coserse dos veces porque va perdiendo firmeza al perforar las fibras y.-

-CALLATE CARAJO.- Lo interrumpió Sanemi y lo zarandeó- Eso no tiene una puta mierda que ver con lo que estabas haciendo.-

- Sanemi...- Saori se colocó la ropa, desprolija y mal abotonada. Se acercó a él y le puso una mano en el hombro.- Sueltalo...-

- Escúchame bien trozo de mierda, no quiero que te vuelvas a acercar a mí tsuguko nunca más. No sé cómo te las vas a arreglar pero harás el uniforme tú sólo. Sin sorpresas, sin escotes reveladores, sin faldas cortas. Porque si él uniforme que recibo tiene algo que no me guste, lo voy a hacer jirones y te lo haré comer.-lo miró a los ojos de una forma que Saori pensó que lo atraversaría.- ¿Está claro?-

Saori vio que debajo del tipo, a sus pies temblorosos, se formó un pequeño charquito.

-Sanemi...es suficiente. Déjalo.- le volvió a pedir, está vez tirando un poco del brazo que aprisionaba al hombre, y le señaló el suelo debajo del sastre.- Mira...-

Sanemi bajó la vista, y vio el pequeño charco de orina. Lo soltó, haciéndolo trastabillar.

-Pidele disculpas a ella. Ahora.- le dijo.

El hombre asintió enérgicamente. E hizo una reverencia a Saori, pidiendo disculpas.

La chica no dijo nada. Sólo se acomodó un poco más la ropa y siguió a Sanemi saliendo de ahí.

Una vez fuera de la casa, Sanemi la observó mientras caminaban, mientras ella se acomodaba la ropa como podía.

Sólo quería alejarse de ahí. Tenía los ojos llenos de lágrimas y las manos le temblaban.

- ¿Por que no me llamaste cuando él...?-

- No sabía qué esperar...- la voz de Saori pareció más un susurro que una voz.

- Te dije que era un pervertido.- dijo Sanemi.

- Lo siento...yo no sabía...nunca me tomaron medidas para nada, no sabía si lo que estaba haciendo estaba mal. No quería ofenderlo si estaba haciendo bien su trabajo, yo no lo sabía, no sé nada de esto.- Saori habló frenética, respirando agitada.-

-Tranquila.- la interrumpió Sanemi, y se detuvo. La vio temblar como una hoja por primera vez desde que la conoció y odio más aún al sastre.

- Soy una idiota, una campesina estúpida.- sollozó Saori. Aún tenía el estómago anudado y el cerebro pareció latirle dentro del cráneo.- Es mí culpa, soy tan tonta...-

- Wow, no no no. Cálmate.- dijo él. Le puso una mano en el hombro.- No quise que te sientas así, no fue tu culpa, el tipo es un idiota. Y yo debería haber entrado contigo desde un principio, pero me distraje con Tengen. Si hubiera entrado desde el primer momento, nada hubiera pasado.-

Saori se secó las lágrimas, sin embargo las manos aún le temblaban y las rodillas estaban apenas recuperado su firmeza. Cerró los ojos y respiró profundamente. Una, dos, tres veces.

Sanemi la observó pacientemente, la tomó de la mano, y esperó a que la crisis pasara. Esperó, y apaciguó la necesidad que se gestaba en sus entrañas de arrancarle los ojos al maldito sastre.

Pensó en ir a la Mansión Ubuyashiki y presentar una fuerte queja sobre el tema.

Un rato después, cuando se sintió más calmada, Saori lo miró a los ojos y le sonrió.

- Gracias por protegerme.-

Sanemi se tensó.

- Para eso vine.- Dijo, y se aclaró levemente la garganta.

- Realmente lo aterrorizaste.- Rió Saori.

- ¡Es cierto! ¡Se orinó en los pantalones!- Rió también Sanemi, enérgicamente.- ¡Que patético!-

Saori realmente le gustaba escucharlo reir. Y verle sonreír le derretía el alma.

Así que con el corazón acelerado, dio un paso más cerca de él y deslizó la próxima frase con toda suavidad y delicadeza, como quien desliza seda sobre la piel.

- Me llamaste tu Cazadora.-

Silencio. La sonrisa de Sanemi se voló de un plumazo, tragó saliva y rogó a todos los dioses que ese calor que sentía en las mejillas y en la frente no se haya hecho visible como un rubor porque podría salir corriendo ahí mismo si ella notaba esa reacción.

Estaba nervioso. Saori estaba demasiado cerca, tanto que podía oler el jazmín en su piel, y su voz aterciopelada lo hizo estremecer.

- Es que...eso eres. Mi tsuguko.- dijo finalmente y se aclaró otra vez la la garganta.-Eres...mi aprendiz, mi...-

Saori no dijo nada. Dio otro paso al frente, muy lentamente, y depositó un suave y sosteniendo beso sobre la mejilla derecha de Sanemi, casi rozando la comisura de los labios.

Como esa vez.

Y se sintió igual o más agradable.

Ahora sí estaba visiblemente sonrojado y con los ojos bien abiertos, pero en el pecho el corazón le saltaba de felicidad y cada fibra de su cuerpo pareció vibrar.

- Gracias.- le dijo Saori.

Él no contestó. Sólo se dio media vuelta y comenzó a caminar.

- Vámonos ya.- le ordenó, y esta lo siguió.

Guardaron silencio hasta que llegaron.

Pero la mente de Sanemi no se calló un segundo. Gritaba que la acorrale, que la bese, que le haga el amor en el medio del bosque, que sacie esa sed que cada vez era más insoportable, que lo tenia desesperado. Que toque todo su cuerpo, que bese todas las cicatrices que él había puesto sobre esa piel tersa.

Para cuando llegaron de vuelta al dojo, tenía jaqueca.

Se encerró en su habitación, y meditó profundamente. Había dejado que todo esto llegue demasiado lejos.

Estaba comportándose como un adolescente y ya no lo era.

Entendía lo que sentía, y que con ese sentimiento tan grande también venía el miedo.

Iguro le había dicho que era una excusa.

"Y quizá lo sea. Quizá me faltan pelotas para poder lanzarme a algo que realmente quiero. Que podría hacerme feliz."

Con la vista fija en la lámpara que iluminaba su rostro, Sanemi Shinazugawa se hundió en sus pensamientos.