CAPÍTULO 7: INSENSATEZ
Agradeció mentalmente que Miyuki no estuviera en casa esa noche. Su compañera había ido a cuidar a Nakajima por algunos días, ahora que éste había sido dado de alta del hospital.
Afortunadamente.
No era que no quisiera verla… Al contrario, adoraba a Miyuki, pero de alguna forma, ella siempre había logrado ver a través suyo, como si fuera transparente.
Suspiró profundo mientras se dirigía a oscuras a su habitación, arrastrando los pies.
No sabía si le pesaba más el cuerpo, debido al agotamiento físico propio de un día especialmente extenuante, o la conciencia, debido, bueno, a Hiroyuki, el idiota de su ex novio, que le había sido infiel más veces de las que le gustaría recordar. El mismo idiota al que le había permitido que la besara. ¿Quién era en realidad la idiota?
Lo peor, es que era perfectamente consciente de su estupidez. Estuvo inmersa en una relación tormentosa, de la cual le había costado mucho salir y ahí estaba como una tonta, a punto de caer nuevamente por el acantilado –o más bien, arrojarse en caída libre-.
Observó su mano y un destello azul brilló con el reflejo de la luz.
No.
Sacudió la cabeza y se dio 3 palmetazos en ambas mejillas con suavidad.
Estaba segura que Shouji Toukairin era el hombre de su vida. Lo amaba, no había duda de eso. Sato sólo la había pillado desprevenida, sobre todo, con esa historia sobre Irina…
- Arghhh –gruñó, al tiempo que se dejaba caer pesadamente en su cama. La cabeza le iba a estallar.
Cerró los ojos un momento y se masajeó la sien con sus dedos en un inútil intento de apaciguar el dolor, pero fue interrumpida por una insistente melodía que la sacó de sus cavilaciones. Apartó el teléfono celular sin mirarlo siquiera y dejó que sonara hasta que eventualmente el sonido se detuvo. No tenía ganas de hablar y se sentía terrible.
Solamente tuvo algunos segundos de silencio y nuevamente la melodía exasperante repicó. Frunció el ceño y tomó el aparato con desgana, observó la pantalla y el corazón se le paralizó por un instante. El sentimiento de culpa la invadió.
- ¿Hola?
- ¡Hey, Natsumi, hola! ¿Cómo estás? ¿Qué tal estuvo tu día?
- Shouji, hola… Estoy bien, sólo un poco cansada, he tenido mucho trabajo estos días… ¿Cómo va todo por allá? –dijo tratando de sonar animada-.
- ¡De maravilla! Adivina, te tengo buenas noticias –señaló-. A pesar de la alegría que irradiaba la voz de su novio, a Natsumi le estaba costando trabajo ocultar su incomodidad. Después de todo, siempre había sido terrible mintiendo.
- ¿Natsumi? ¿Sigues ahí? –insistió preocupado el chico.
- Eh… Sí, lo siento, la verdad es que no me encuentro muy bien hoy –se quejó-. ¿Buenas noticias, dices? ¿Qué sucedió?
- ¿Estás enferma? ¿Te duele algo? – preguntó ansioso.
- No lo sé, quizás comí algo que no me sentó bien, no te preocupes, no es nada. Cuéntame, ¿qué ocurrió? – intentó cambiar el tema.
- Pues… Hoy me informaron que dentro de los próximos días seré transferido de forma definitiva a Tokyo. Si bien no me dieron una fecha exacta, proyectaron una semana, máximo dos.
- ¿De veras? Es genial –respondió, mientras se le revolvía el estómago.
- No sabes cuánto te he extrañado, Natsumi, no puedo esperar para comenzar nuestra vida juntos –soltó con dulzura. Natsumi lo sintió como una puñalada en su corazón.
- Yo también te he extrañado –respondió la chica sintiéndose culpable. Era cierto, después de todo-. Escucha, Shouji, no me siento del todo bien, creo que es mejor que me vaya a dormir.
- ¿Está todo bien?
- Sí, no te preocupes, estaré bien, sólo necesito descansar.
- De acuerdo, hablamos mañana. Te amo… –se despidió con ternura-.
- Y yo a ti. Nos vemos pronto –cortó la llamada y tuvo que salir corriendo al baño a vomitar-.
Como ya se estaba haciendo costumbre, le costó mucho conciliar el sueño esa noche, la jaqueca no le daba tregua. Después de darle muchas vueltas al asunto, decidió que lo mejor era dejar las cosas en claro con Sato. Ese beso había sido un error, un terrible, desafortunado y estúpido error, y no había significado nada. Shouji iba a regresar pronto y no quería más problemas en su vida.
Tenía el día libre, pero de todas formas se dirigió temprano a la estación de policías, con aire decisivo. Seguramente encontraría a Hiroyuki ahí. Según lo que el jefe les había informado, se suponía que Sato estaba de "vacaciones", pero conociéndolo, dudaba que mucho que estuviera descansando en la tranquilidad de su hogar, sobre todo, considerando la forma en la que había sido sacado del caso y teniendo presente además la historia que le había contado sobre su hermana.
Sintiéndose segura de lo que tenía que decir, llegó a la estación y saludó a varios colegas, sin embargo, Sato no estaba.
Había vaciado su oficina y no quedaban ni rastros de la investigación que dirigía hasta hace algunos días atrás. ¿Le habría ocurrido algo, tal como había sucedido con Irina? ¿O quizás ese beso había provocado en él una repentina urgencia por largarse? ¿Se había arrepentido él también? Pronto, se sintió inusualmente insegura.
Esperó durante un rato, por si Hiroyuki se dignaba a aparecer, pero ello no ocurrió, por lo que hizo lo que cualquier persona sensata no hubiera hecho…
El edificio donde vivía Sato se veía todavía más imponente con la luz del día. Tenía unos 10 pisos de altura y se veía moderno. Tenía muchísimos ventanales y un espacioso recibidor con algunas plantas, varios cuadros y decoración elegante. Se veía costoso y todo relucía; incluida la cabeza del conserje, que era calvo. Se registró en el libro de visitas y se dirigió al ascensor.
Pese a que su instinto de supervivencia le gritaba que estar ahí era una pésima idea y que lo mejor era olvidar todo el asunto como si no hubiera pasado, por sanidad mental, Natsumi necesitaba terminar todo esto de una buena vez, cortarlo de raíz, antes que se saliera de control.
El interior del edificio era enorme y no pudo evitar preguntarse cómo es que Sato podía costear algo así.
Aunque sólo había venido una vez antes, y era de noche, supo orientarse perfectamente. Tenía un impecable sentido de orientación. Cuando al fin llegó el ascensor, presionó el botón del décimo piso con decisión.
Permaneció inmóvil unos segundos, hasta que el ascensor finalmente se detuvo. Las puertas se abrieron y Natsumi recorrió cautelosa, el largo y silencioso pasillo que llevaba al apartamento 1007, que era el último, a la derecha.
Llegó a una puerta de madera de color claro, que lucía costosa. La placa con el número 1007 brillaba en la inmaculada pared blanca. Inspiró profundo y tocó el timbre. Esperó unos momentos y... Nada.
Frunció el ceño y volvió a presionar el timbre con impaciencia.
Sin respuesta. Parecía como si no hubiera nadie en casa, lo que era un poco extraño, considerando que todavía era temprano para alguien de vacaciones… Quizás realmente Sato se había marchado, así, de un día para otro, sin decirle nada a nadie. La abrumó un inesperado sentimiento de decepción.
- Esto es estúpido, me largo de aquí –murmuró para sí, dándose la vuelta para regresar por el mismo pasillo silencioso-.
Había dado un par de pasos cuando la puerta de madera se abrió de par en par, dando paso a una mujer muy atractiva, de cabello largo y negro. Su maquillaje acentuaba la intensidad de sus ojos azules. Era un poco más alta que Natsumi e iba vestida con un elegante vestido negro y un bolso plateado que hacía juego con sus zapatos de tacón. Parecía como si fuera a una fiesta. O como si viniera de una.
- ¿Me habré equivocado de apartamento? –reflexionó Natsumi, tratando de hacer memoria, mientras se giraba a mirar el número nuevamente.
La desconocida cruzó el umbral de la puerta y caminó por el pasillo en dirección a los ascensores. Inevitablemente tenía que pasar por el costado de Natsumi. Justo al pasar junto a ella, le dio un fuerte empujón con su hombro.
- ¡Oye! ¡Fíjate por donde caminas! –le gritó con fastidio Natsumi, pero la misteriosa mujer ya estaba llegando al ascensor y simplemente la ignoró-.
- Maldición, ¡qué maleducada! –masculló Natsumi, tocándose el hombre, aún con el ceño fruncido-.
- Discúlpala, está de mal humor.
Desde el apartamento apareció impasible, Hiroyuki, apoyando su brazo derecho en el marco de la puerta. Iba despeinado y vistiendo una camisa negra, arremangada a la altura de los codos y unos pantalones cortos color beige. Iba descalzo.
Natsumi se sorprendió durante un momento, pero se recompuso rápidamente.
- ¿De mal humor? ¿Por qué? ¿Qué le hiciste? –preguntó con tono inquisidor, arqueando una ceja-.
- Hey, ¿acaso yo siempre debo ser el culpable de hacer enojar a las mujeres? Aunque no lo creas, no le hice nada… Y pensándolo bien, creo que ese es precisamente el problema –respondió el chico, esbozando una sonrisa coqueta-.
Natsumi entornó los ojos.
- ¿Qué? ¿No piensas entrar? –dijo, mientras la invitaba a ingresar con un gesto de su mano.
La chica ingresó y echó una mirada al apartamento, que estaba más desordenado que la última vez que había venido.
- Si vas a tener una chica invitada, al menos deberías ordenar un poco, ¿sabes? ¿Quién era ella, a todo esto?
- ¿Por qué? ¿Estás celosa? -. Sonrió arrogantemente.
- ¡Por supuesto que no! Sólo me llamó la atención lo arreglada que estaba y lo grosera que fue –respondió, frunciendo sus cejas-.
- Kumiko es una compañera de trabajo del Departamento de Homicidios. Digamos que hemos sido cercanos… Ya sabes que en esta ciudad los rumores corren rápido. Pues, se enteró de lo sucedido… Y bueno, pensó en venir a animarme un poco, por los viejos tiempos.
Natsumi hizo una mueca de asco.
- No tienes de qué preocuparte, por supuesto, yo sólo tengo ojos para ti –respondió con su sonrisa arrogante, fijando sus ojos verdes penetrantes directamente en los de Natsumi.
- Por favor, déjate de tonterías.
La chica se cruzó de brazos y rompió el contacto visual.
- Es la verdad –dijo honestamente, mientras se acercaba a ella.
Natsumi decidió ignorarlo y dirigió su mirada a la mesa del comedor, que estaba llena de documentos, recortes de periódicos, un mapa y carpetas varias. La chica no pudo evitar sonreír al darse cuenta que tenía razón, con lo terco que era Sato, no iba a dejar el caso a medias.
- Pensé que te habías ido –continuó, acercándose a la mesa.
- Nada de eso. Hey, no toques esas cosas –dijo, mientras se acercaba rápidamente a quitarle una carpeta de las manos-. Escucha, no quiero que te involucres en esto. –indicó con seriedad.
Natsumi suspiró y se llevó una mano a la frente con frustración.
- Ya habíamos tenido esta conversación y creí haber sido clara contigo cuando te dije que no es asunto tuyo si me involucro o no en el caso.
- ¡Claro que es asunto mío! –respondió alzando la voz-. Sobre todo, ahora, que ya sabes lo que pasó. – Su mirada se suavizó-. No te puedo exponer al peligro. No podría perderte a ti también… -Acarició la mejilla de Natsumi-.
- Escucha, Sato –repuso suspirando y alejando la mano de su rostro-, no sé qué ideas raras se te están viniendo a la cabeza, pero elimínalas. Lo de ayer fue un error, nunca debió pasar y vine hasta acá precisamente a dejártelo en claro –continuó, cruzándose de brazos, molesta-.
- No te creo –le respondió serio-. ¿Quieres saber mi opinión? Yo creo que viniste porque me extrañabas… Porque, te preocupó que me hubiera ido sin avisarte. Porque, aunque te intentes resistir, tu cuerpo instintivamente me desea cerca de ti… –Se acercó a ella con expresión divertida-. Y porque estás llena de dudas…. ¿O me equivoco? –sonrió provocativamente, a centímetros de sus labios-.
Natsumi tragó saliva, pero no se movió.
- ¿Te gustaría aclarar esas dudas…?
En un arrebato irracional incomprensible incluso para ella misma, Natsumi lo atrajo hacia ella con sus brazos y lo besó, como el sediento bebe con ansias un elixir ponzoñoso, a sabiendas que de alguna u otra forma le provocará la muerte.
La respuesta de Hiroyuki no se hizo esperar. Le correspondió el beso y abrió la boca, saboreando su lengua con ansias. La respiración de ambos se hacía más intensa, a medida que el beso se iba profundizando. Sato exploró de memoria su figura y de un solo movimiento, la subió a sus caderas, sosteniéndola por los glúteos. El chico caminó unos pasos, llevándola encima hasta el sofá, recostándola y posándose suavemente sobre ella. Sin dejar de besarla, se quitó la camisa, dejando ver un tatuaje en su torso, mientras sus manos ansiosas recorrían sus curvas.
Natsumi deslizó sus dedos por su espalda y descendió por sus costillas, hasta llegar a sus marcados oblicuos. El contacto con su abdomen perfecto le quemaba las manos. Gimió al sentir su lengua húmeda rozando el lóbulo de su oreja.
- E-espera –interrumpió jadeando la chica, pero Hiroyuki nuevamente la silenció con sus labios-.
- No sabes cuánto te he deseado… - jadeó con voz ronca el chico.
- Hiro… D-detente –insistió-. Esto está muy mal. –Intentó alejarlo, sin conseguirlo.
- ¿De qué hablas…? Cómo puede estar mal, algo que nos hace sentir tan… Bien.
Natsumi se estremeció al sentir sus labios descendiendo ávidamente por su hombro descubierto hacia su pecho.
- ¡S-Sato! –espetó jadeante, alejando con fuerza el torso abrasador del chico. Él se detuvo en seco.
N-no sé qué estoy haciendo, e-esto está terriblemente mal… Yo… Yo… No puedo… Tengo que salir de aquí.
Más que intentar dar explicaciones a Hiroyuki, parecía un intento por convencerse a sí misma. Tenía la respiración entrecortada y la cara enrojecida. Su blusa estaba desabotonada por completo, dejando expuesto su sujetador. ¿En qué maldito momento había pasado eso? Se levantó del sofá y se acomodó la ropa lo más rápido que pudo.
- ¡Natsumi, espera! No te vayas.
Ella ni siquiera lo miró. Tomó sus pertenencias y sin decir ninguna palabra, se marchó raudamente, cerrando de un portazo.
Hiroyuki, todavía intentando regularizar su respiración, apretó sus puños y pateó con fuerza su camisa, que yacía tirada sobre la alfombra.
- ¡Hey, no se puede correr por los pasillos del edificio, es peligroso! –recriminó el señor calvo de la recepción, cuando la vio pasar como un rayo junto a él, pero ella no lo escuchó. No podía creer lo que había sucedido. Se había convertido en lo que más odiaba, una hija de puta infiel. ¿Es que acaso su historia familiar no había sido lo suficientemente traumática? Había estado a punto…
Lágrimas se asomaron por el rabillo de sus ojos, mientras echaba a andar la motocicleta. Shouji no se merecía esto. O tal vez era ella quien no merecía tener a un hombre como Shouji a su lado.
Continuó conduciendo hasta que el paisaje de ciudad rápidamente fue quedando atrás, para dar paso a grandes parcelas de sembradío. No sabía bien a dónde se dirigía, solamente sabía que no quería detenerse. Condujo un par de horas, hasta que fue necesario cargar combustible, por lo que se detuvo en una pequeña gasolinera rural, donde también aprovechó de comer algo. Eran casi las 19:00 de la tarde y todavía podía conducir algunas horas más. Miró su teléfono celular. Tenía un par de llamadas perdidas, pero lo volvió a guardar sin revisar siquiera quién había llamado. No se sentía con ánimo de hablar.
Se sentía tan… Estúpida. Recordó lo que le dijo a Shouji hace un par de meses atrás, cuando le habló de Sato por primera vez… "Esto pasó hace muchos años y sé perfectamente cómo tratar a sujetos como él…". Qué hipócrita se sentía, ¿en qué momento todo se había salido de control? ¿Cómo iba a mirar a Shouji a la cara después de esto? Se le revolvió el estómago de solo imaginarlo.
Volvió a montarse en la motocicleta y siguió recorriendo la carretera, sin un destino fijo. Luego de un rato, el paisaje se le hizo extrañamente familiar. El mar brillaba intensamente y el sol comenzaba a ponerse, dejando tras de sí una estela de tonalidades rojizas y anaranjadas muy hermosa, que combinaba perfecto con los retazos de azul cielo que iban quedando a esa hora en el firmamento. Estacionó su vehículo y caminó hacia el borde del camino, donde descendió lentamente por unas colinas, hasta llegar a una especie de monolito hecho de piedra.
- No sé qué hago aquí, señor Ikenaga… -murmuró, poniendo su mano derecha sobre el monumento, mientras las lágrimas volvían a rodar por su rostro-.
Ya era cerca de medianoche cuando llegó al apartamento, pero cuando iba a introducir la llave en la cerradura, la puerta se abrió de golpe.
- ¡Por fin, Natsumi! ¡¿Se puede saber dónde has estado?! ¡¿Para qué tienes teléfono si no vas a contestarlo?!
- ¿Miyuki? ¿qué haces acá? Pensé que te quedarías algunos días más con Nakajima –respondió con calma la castaña, mientras miraba la pantalla de su teléfono celular-. 18 llamadas perdidas. ¿No es algo excesivo? ¿Por qué tanto alboroto?
Miyuki frunció con preocupación, antes de responder.
- Es Toukarin… Ha habido un accidente.
Comentarios finales:
Holaa, sí, ahora sí que me tardé en actualizar, lo lamento mucho. El año pasado pasaron muchas cosas en mi vida, que no vienen al caso y me impidieron actualizar. Lo importante es que sigo acá y espero que ustedes también ^^U
¡Muchas gracias por leer y por dejar comentarios! No saben la alegría que siente mi kokoro cuando me llega una alerta de nuevo review 3
Prometo que no pasará tanto tiempo hasta el siguiente capítulo.
¡Nos estamos leyendo!
P~
