THE SOYO GAMES

Aclaraciones: Ubicado cuatro años después del final del manga.

Declaimer: Gintama no me pertenece, solo hago el fic para disfrute de los fans de la serie.


El nuevo Edo avanzaba a paso próspero gracias a la ardua labor de la Primer Ministro, Tokugawa Soyo, quien a sus veintiún años estaba a días de entregar su cargo frente al país de los Samurái. Actualmente, su gobierno preparaba una nueva modalidad para elegir a la próxima persona que estaría a la cabeza del país: las votaciones populares. El proyecto que promovió le valió a la pelinegra un sin número de enemigos, opositores que querían mantener el antiguo gobierno, sin embargo, ella ya estaba cansada. El shogunato consumió a su familia entera, relegó su linaje a meras marionetas al mando de pequeños grupos de poder y a las mujeres, a las "princesas" como ella, a meras progenitoras de futuros Shogun.

Por eso durante los últimos cuatro años, luchó incansablemente para acabar con ese modelo y por fin alcanzar la libertad. Era la última Tokugawa de su dinastía, así que era su responsabilidad liberar a su familia de esas cadenas, pese a que ejercieron su cargo con orgullo.

Soyo observó la lápida familiar donde descansaban sus padres, su hermano, y a un lado, Jiia. El anciano que como un segundo padre había fallecido hacía un mes. Sintió su alma romperse al perder al último miembro de su familia. Claro que tal situación fue aprovechada por sus enemigos, quienes no tardaron en acosarla constantemente.

-Soyo-sama… - la voz de un hombre mayor interrumpió sus oraciones. Soyo continuó con los ojos cerrados. - Quizá no sea el momento, pero quería hablar con usted.

-Ibiki-sama… - Habló elegantemente. Soyo perdió su título, pero no los exquisitos modales de la realeza que le fueron inculcados. - Este es un lugar sagrado. Si necesita una audiencia puede solicitarla en la oficina.

-Prefiero hacerlo a solas donde nadie nos moleste. - Ibiki se acercó más a Soyo. Ésta bajó la manos, pero se mantuvo en su posición. Observó los lirios blancos con centro rosa que empezaron a brotar alrededor de las tumbas. Era una planta hermosa, jamás la había visto en su vida. - Tengo entendido que su gestión en el gobierno terminará en unos meses.

-Así es. - Respondió tranquila.

-También, supe de buena fuente que fue despojada de su título real y por ende, la fortuna de su familia le fue arrebatada. - El hombre de cabellos negros y mirada pervertida sonrió; en su rostro se marcaron las arrugas que denotaban su inminente vejez.

-¿Cuál es su punto? - Preguntó contundente. Ya estaba cansada.

-Soyo-sama, ahora que se encuentra en una situación tan desamparada, este humilde servidor viene a confesarle que ha caído rendido a sus pies. Su belleza me ha conquistado y es este amor tan intenso lo que no me permite pasar por alto que lo haya perdido todo y está a unos meses de la ruina, es por eso que vengo a ofrecerle matrimonio.

El rostro de Soyo palideció (más).

-Ara… Ibiki-sama, ¡desconocía su lado humorístico! Tendrá un futuro brillante como payaso. -

La dulce sonrisa femenina; el tono de falsa inocencia; el ácido en sus palabras que tenían como objetivo humillar… Eso causó que no pudiera ignorarla; que no pudiera despegar su vista de la curiosa mujer de cabello largo y negro como la noche atado en una coleta que se le hacía familiar. También causó que él bajara de la rama del árbol y detuviera el golpe que el anciano planeaba procurar.

-Vaya, parece que éste payaso, aparte de anciano, no es muy simpático.

Una sonrisa masculina, un tono de falsa inocencia, ácido en sus palabras que tenían como objetivo humillar… Soyo abrió sus orbes chocolates de la impresión. Ese cabello bermellón atado en una trenza jamás lo olvidaría. ¡El hermano mayor de Kagura!

-¡Maldito! ¿Quién eres tú? - Preguntó Ibiki. Kamui apretó con mayor fuerza la muñeca haciendo que éste se incara del dolor.

-Un villano. - Respondió. Su sonrisa cambió y ahora se parecía más bien a una sentencia de muerte.

-¡K-Kamui! -S-si, según lo que Kagura le contó ese era su nombre. - ¡No le hagas daño! - Soyo sintió en su boca el extraño sabor de pronunciar dicho nombre. Se quedó sin aliento al notar que apenas alcanzaba a llegarle a los hombros; que los músculos en sus brazos eran más grandes y su espalda más ancha de lo que recordaba aquella vez en el barco.

-Eh, ¿vas a aceptar su propuesta de matrimonio? Te iba a golpear. Además, es un anciano, dudo que su pe** aún le funcione. Debe estar caído.

El rostro de Soyo se puso completamente rojo. Qué palabras tan desvergonzadas… Pero claro, era hermano de Kagura.

-¡Bastardo! ¿Cómo te atreves a insultarme? Estoy en mis cincuentas, es la flor de la juventud.

-¡Basta por favor! - Intervino la pelinegra. - Ibiki-sama… No me casaré con alguien que tiene la misma edad que mi padre si estuviera vivo.

-Piénselo bien, princesa. En menos de seis meses se quedará sin dinero y completamente en la calle. Mi oferta seguirá firme.

-Pero no lo que está en tu entrepierna. - Finalizó Kamui. Soyo reaccionó cubriendo la boca para evitar que dijera más vulgaridades. Ibiki se retiró indignado.

-¡¿Qué rayos pasa contigo?! - Explotó avergonzada.

-Te salvé. Deberías darme las gracias. - Kamui retiró las manos de su boca notando lo suave que eran. Muñecas delgadas, frágiles, de esas que se romperían como galleta ante la más mínima fuerza.

-No estaba en peligro. No es el primer hombre que me ofrece matrimonio. - Respondió retirando las manos. Por alguna extraña razón, el contacto la hizo temblar.

-¿Te gustan los vejestorios?

-¡Claro que no! - Le gritó. Su voz chillona retumbó en los oídos de Kamui. - De todas maneras… ¿Qué haces aquí? Kagura-chan debe estar en la Yorozuya.

Kamui indirectamente desvió su mirada hacia las flores. Llegaron a la tierra por un cliente que los contactó y al pasar por el cementerio no pudo ignorar las flores. Eran las mismas que crecían en su planeta, las que su madre tanto amaba, por eso no pudo evitar sentarse a apreciarlas. Al poco tiempo, la pelinegra llegó y él optó por observarla también. El rojo de su vestido y el negro de su cabello constrataban a la perfección con el blanco de las flores.

Soyo digirió su vista en la misma dirección y notó las flores. ¡Claro! Según Kagura esas eran las favoritas de su mami; lo había olvidado por completo.

. . .

En la Yorozuya de Gin-chan, un grito despertó a medio vecindario. Gintoki se levantó dispuesto a darle una paliza a la causante de su desvelo. Encontró a Kagura sentada golpeando una almohada con una mano mientras que con la otra arrugaba un periódico.

-Oi, idiota. - Gintoki le propinó un golpe en la cabeza haciendo que se detuviera. - ¿Qué te pasa?

-¡Gin-chan! ¡Es una emergencia! ¡Mira! - La menor de la Yorozuya le mostró la terrible noticia.

"La familia Pakunoda invita a toda la población de Edo a participar en una competencia de valor, cuyo premio será la mano de la ex-princesa y ahora Primer Ministro Tokugawa Soyo. Las inscripciones al concurso están abiertas."

-¿Quién diablos en la familia Pakunoda? Esto no está en la serie, ¡es el poder del guión! - Se quejó Gintoki.

-¡A quién le importa! Soyo está en peligro… - Kagura continuó haciendo su drama.

-Gin-san, Kagura-chan tiene razón. Es muy extraño. No creo que la princesa esté enterada de esto.

-¡Vamos a inscribirnos! - Ordenó Kagura.

Al final, los dos varones fueron arrastrados hasta el lugar de las inscripciones. El lugar estaba inusualmente vacío. Ni un alma se alcanzaba a ver.

-Qué extraño, no vino nadie. - Comentó Shinpachi.

-No es extraño, solo un idiota arriesgaría su vida para casarse con la hermana menor del Shogun. Esa chica tiene una influencia política aterradora.

-¡Soyo-chan es un ángel, Gin-chan! Da igual si nadie viene, mejor para nosotros. - Kagura tomó un lápiz y anotó su nombre en la lista.

-¿Eh? China, ¿ahora eres lesbiana?

La irritante voz perezosa llamó su atención. El Shinsengumi hacía acto de aparición. Kagura tomó la mesa y la lanzó directo al sádico, quien la esquivó.

-¿Qué hacen aquí? - Preguntó Hijikata.

-Lo mismo les preguntamos. - Devolvió Gintoki.

-Estamos aquí por órdenes de Matsudaira-sama. Vamos a participar por la mano de la princesa. - Reveló Kondo. Hijikata lo miró mal. La idea era no revelar sus planes; menos frente a ese trío.

Al fondo Kagura continuaba vaciando las balas de su paraguas sobre Sougo.

-Así que ustedes también están preocupados. Kagura-chan insistió.

-Bueno, supongo que si somos solo nosotros, la princesa estará a salvo. - En eso Hijikata dio la razón. Independientemente de quien ganara, ambos salvarían a la princesa de un matrimonio forzado y le darían la libertad de hacer con su vida lo que quisiera.

-Las inscripciones están oficialmente cerradas. Fueron los únicos tres grupos en inscribirse. - Informó la mujer encargada.

-¿Tres? - preguntó Okita mientras sostenía ambas manos de Kagura evitando con ello que lo golpeara.

-¡Así es! Los participantes son: La nueva policía de Edo; La Yorozuya y… El Séptimo Escuadrón de Harusame. - Todos los presentes quedaron en shock. - Mañana temprano iniciará la competencia.

-¿Qué dijo? ¿Harusame? - Preguntaba Gintoki, nervioso.

-O-Oye, Gin-san… Esos no son… - Shinpachi le seguía.

-¡Voy a matar a mi estúpido hermano! - El chillido de Kagura terminó por confirmar que, efectivamente, se enfrentarían a todo el escuadrón Yato y peor aún a Kamui.

. . .

En las instalaciones del antiguo castillo del Shogunato, los preparativos para la competencia por la mano de la princesa se llevaban a cabo. Desde el podio principal Soyo permanecía sentada; a su lado, uno de los líderes de la familia Pakunoda. El idiota de Ibiki contó lo ocurrido en el cementerio, acusando al hermano de Kagura de amenazar y atentar contra Edo. Esos juegos fue lo único que se le ocurrió para evitar que fueran declarados enemigos y con ello, arrastrar también a Kagura. Confiaba en que su amiga ganara esa competencia; ya que la diseñó para que fuera ganada por un Yato.

-Esas personas no parecen dignas de usted, Soyo-sama. Mi hijo Ibiki es el mejor partido. - Comentó el patriarca de ochenta años.

-Entonces debió inscribirse. - Contestó de inmediato.

Antes de que continuara la conversación, se vieron interrumpidos por una nave, de la cual salió Kamui acompañado por Abuto. Soyo palideció. ¿Q-Qué estaba haciendo ahí?

-¡Kamui! ¿Qué rayos haces aquí?

-Yo también me pregunto lo mismo. Por lo visto alguien está haciendo mal su trabajo y ahora buscas una mujer para emparejarte.

Okita tragó grueso prometiéndose darle a su psicópata cuñado una lección. Sin embargo, lo haría disimuladamente durante la competencia, ya que su relación con China era un secreto. Uno que desgraciadamente fue descubierto por su hermano hacía un par de noches cuando se toparon en Yoshiwara. Aunque bueno, él también tenía su as bajo la manga. Gracias a eso que él también descubrió, el Yato aceptó mantener el secreto.

-K-Kamui-san, en la Yorozuya cuidamos bien de Kagura-chan; estamos aquí porque la princesa es nuestra amiga. - Se excusó Shinpachi.

-Megane, sigues tan virgen como siempre. - Insultó Kagura.

-¡Te estoy defendiendo! ¡Ingrata!

-Oi, Baka-aniki… - Llamó Gintoki. Kamui le devolvió su usual sonrisa; esa que evitaba descubrir lo que pasaba por su mente. - ¿Qué hace un Yato concursando por la mano de la princesa?

-Cielos, Capitán, le dije que esto sería una molestia. - Se quejó Abuto.

-Es normal, Gintoki, Kamui está en esa edad donde busca calmar el Orochi entre sus piernas. - La voz de Umibozou sonó muy seria. - Me recuerda a mi en mis mejores años.

-Oh, vaya, por lo visto la calvicie te hace decir cosas sin sentido. - Kamui procedió a arrancarle el sedoso y largo cabello a su padre hasta dejarlo nuevamente calvo.

-¿Papi, ahora viajas con Kamui?- Preguntó Kagura. Se alegró de ver que la interacción en su familia estaba mejorando.

-No. Lo encontré en una alcantarilla.

-¡Kamui! Deja de arrancar el cabello de las personas.

-Demonios… La Yorozuya y cuatro Yatos desquiciados; esto será una locura. - Comentó Hijikata.

-Oye, te olvidas del Shinsengumi. Ustedes tampoco están muy cuerdos. Y ya dejen de evitar que responda qué diablos hacen los Yatos aquí. ¡Este guión les favorece mucho!

Antes de que se armara más escándalo, Shinpachi detuvo a Gintoki.

-Basta todos ustedes. Están olvidando lo más importante que son los sentimientos de la princesa Soyo. ¡Deberían estar avergonzados!

En la tarima, todos fueron testigos de como Soyo reía animadamente mientras observaba a su acompañante revolcarse por un severo dolor de estómago que le causó la princesa al excederse con la salsa de tabasco que sirvió al plato del patriarca. Al sentirse observaba, Soyo dirigió su mirada hacia sus amigos y esta vez, sonrió dulcemente.

-¡Amigos! ¡Mucha suerte! - Animó con cariño. Agradecía que tantas personas se arriesgaron por ella.

El anciano empezó a revolcarse a sus pies.

- . . .

-Oye Shinpachi, ¿a qué sentimientos te refieres? Yo solo veo a una chica sádica que está tratando de matar a ese sujeto antes de que inicien estos estúpidos juegos.

-...

I JUEGO: COMPETENCIA DE COMIDA.

-¡Bienvenidos competidores! - El presentador que precedió la competencia del Club de Fans de Otsu-chan nuevamente se hacía presente. - El primer desafío consistirá en que cada equipo deberá comer todo lo que hay en sus respectivas mesas sin vomitar. Los ganadores obtendrán veinticinco puntos. Recuerden que serán cuatro juegos, cada uno de veinticinco puntos.

-¿A quién rayos se le ocurrió este? Es imposible que alguien pueda comer tanto. - Nuevamente, Hijikata se quejó. Con esa comida podría alimentar a todo el cuartel.

-Pu, pu,pu… Hablen por ustedes, para nosotros esto es un aperitivo. - Se burló Gintoki señalando a Kagura.

La bermellón devoraba rápidamente los diversos platillos.

-Claro, ustedes tienen un monstruo tragón en su equipo.

En respuesta al insulto de Okita, Kagura le sacó su dedo del medio. Sougo sonrió divertido. Ellos no solo debían preocuparse por China, diría que el trío de Yatos que vaciaron la mesa en menos de cinco minutos era el rival más fuerte.

-¡Wow! El equipo Harusame y el equipo Yorozuya se llevan veinticinco puntos cada uno. - Anunció el presentador.

-¿Qué? ¡Pero nosotros no hemos empezado aún! - Se quejó Hijikata.

-Hijikata-san, si perdemos será tu culpa. - Señaló Sougo. Pensándolo mejor, sí perdían Matsudaira obligaría a Hijikata a cometer seppuku, lo que no era un mal plan para deshacerse del vicecomandante.

II JUEGO: TIRO AL BLANCO.

-Para el segundo juego, cada equipo tendrá que acertar en el punto azul que le corresponda, evitando darle a un órgano vital de nuestro voluntario.

-¿Voluntario? ¿De qué voluntario hablan? Me amarraron a esta rueda a la fuerza. - Ibiki Pakunoda, quien estaba en calzoncillos, se quejaba.

Los tres puntos azules estaban ubicados: uno en el espacio entre sus piernas; otro sobre su cabeza y el último a su costado derecho.

-Voluntario, recuerde que estos juegos fueron diseñados por la princesa, así que se regirán por sus reglas. - Advirtió el presentador.

-Shinpachi, ¿sigues creyendo que esa princesa sádica es inocente? - preguntó Gintoki.

El presentador empezó a girar la rueda y dio el turno al Shinsengumi a quienes les tocó el círculo de la cabeza.

-Oi Sougo, encárgate tú. - Ordenó Hijikata. Odiaba admitirlo, pero de los tres, era quien mejor puntería tenía.

Okita tomó el cuchillo de carnicería que serviría para marcar el punto y sin mucho esfuerzo acertó.

-¡El Shinsengumi marca perfecto, obtiene veinticinco puntos! - Anunció el presentador. Ahora le corresponde a la Yorozuya. Deberán acertar el punto azul del costado.

-¡Yo lo haré! - Exclamó Kagura. Gintoki le arrebató el cuchillo de inmediato.

-Dame eso. Lo convertirás en una dona con tu pésima puntería.

-Gin-chan, qué cruel. No insultes a las donas comparándolas con ese anciano.

-¡Me están dejando por debajo de una dona! - se quejó el voluntario.

-Voluntario, recuerde guardar silencio. Nuestros participantes requieren de máxima concentración. - Acto seguido, Gintoki lanzó el cuchillo e igualmente acertó. - ¡La Yorozuya obtiene veinticinco puntos! Ahora es el turno del equipo Harusame.

En cuanto Kamui dio un paso al frente, el Voluntario lo reconoció como el amanto que lo había enfrentado en el cementerio y que también profirió insultos en su contra. Le dedicaba una sonrisa aparentemente inocente, sin embargo, sintió el miedo recorrer sus vértebras y advertirle del peligro en que se encontraba. Kamui tomó el cuchillo y lo analizó. ¿La princesa eligió esa arma para jugar? Excelente elección. Los cuchillos con esa clase de diseño tienen un filo excepcional ya que su principal función es atravesar la carne y romper huesos de animales; la carne humana era mucho más blanda así que fácilmente podría amputarle alguna de sus piernas.

El bermellón se contuvo y al lanzar el objeto únicamente destrozó toda la parte inferior, llevándose el punto azul. Hijikata sintió un tic en su ojo y dejó caer su preciado cigarro. ¡Ese tipo de ahí era peor que Sougo!

-Ah, lo siento… La princesa debió elegir una madera más resistente. - Se excusó Kamui.

-E-El equipo Yato… Obtiene veinticinco puntos. - Declaró aterrorizado el presentador. El canal no le pagaba lo suficiente como para estar rodeado de monstruos.

Soyo ocultó con las mangas de su kimono una sonrisa. Le daba mucha gracia y curiosidad a la vez esa forma de ser de Kamui-san; primero te hacía temblar de miedo y luego bromeaba sobre la situación. Sintió cosquillas en su estómago y al percatarse de esto, cubrió completamente su rostro para ocultar su sonrojo. No, no, no, debía dejar de pensar en esas cosas. Solo fue una noche, una vez, su primera travesura…

III JUEGO: FUERZA

El anciano de noventa años, cabeza de la familia Pakunoda regresó al podio junto a Soyo después de hacer una pausa para ir al servicio y luchar contra la brutal diarrea ocasionada por la princesa.

-¿Eh? ¿Se encuentra bien? Luce algo pálido. ¿Quiere que pida algo para que coma? - Preguntó la pelinegra con inocencia.

-¡Ni se te ocurra! - Rechazó.

-Mo… Qué maleducado es. - Se quejó haciendo un puchero.

-Muy bien. Para el tercer juego, cada equipo deberá demostrar su fuerza derrotando estas estatuas y jarrones- El equipo que rompa más obtendrá los puntos.

-¡Esperen un momento! - El anciano Pakunoda padre se levantó al borde de la histeria. - ¡Esas son reliquias de la familia Tokugawa! Cuestan más de la mitad de la fortuna.

-¿Ah? ¿De qué mierda está hablando ese anciano? Esto no es más que chatarra. Se rompen fácilmente. - Con su paraguas, Kagura destrozaba los jarrones como si fueran galletas. Gintoki y Shinpachi se encargaban de colocarlos en su posición.

Hijikata y Kondo por su parte le lanzaban a Sougo los artefactos como si estuvieran en un juego de baseball y ésto con la ayuda de su katana los partía en pedazos. El equipo Yato hacía lo mismo por su lado. Bajo las reprimendas de Umibozu respecto a que debían respetarse las reliquias ajenas, el trío vació sus balas contra la montaña de jarrones y los destruyeron. El último que quedó, Kamui lo lanzó al podio, rompiéndose a escasos centímetros del asiento del anciano. Soyo se inclinó a un lado como acto reflejo para no ser alcanzada por los restos de vidrió, más un gigantesco paraguas la protegió.

Era de un tono verde-grisáceo. Su mango era largo y medía alrededor de dos metros.

-Capitán, debería cuidar más sus cosas. Ese paraguas también es una reliquia. - Abuto se acercó lo suficiente para retirar de la pared el paraguas. Cuando Housen falleció, el Capitán se adueñó de su paraguas. En el clan Yato, el tamaño del paraguas tenía muchos significados: un estatus alto, te señalaba como un guerrero fuerte, un posible jefe de clan y también informaba sobre los "dotes" de su portador. - "Entre más grande el paraguas, más grande lo que hay en la entrepierna." Es un viejo dicho Yato, imagino que ya lo conoce, ¿verdad princesa?

Soyo desvió la mirada avergonzada. A su lado el anciano se cambiaba su kimono porque se orinó en sus pantalones del miedo.

-Abuto, ¿qué le dijiste? - Preguntó Kamui interesado.

-Le agradecí por tan divertidos juegos. Hace mucho no te veía tan feliz, Capitán.

-Los tres equipos ganan veinticinco puntos, sin embargo, para nuestro próximo juego, el Shinsengumi queda descalificado por obtener la calificación más baja hasta ahora. - Anunció el presentador.

-¡Oigan eso no es justo! - Se quejó Hijikata.

-Hijikata-san, será mejor que vayas afilando tu espada para cuando Matsudaira-san se entere.

-Sougo tiene razón, Toshi. Es una completa deshonra. - Secundó Kondo.

-¡Ustedes también participaron! ¿Por qué solo yo voy a morir?

-El último Juego es… "CONOCIMIENTO GENERAL". Nuestros participantes demostrarán sus conocimientos acerca de la princesa. Sin embargo, aquél que se equivoque será descalificado sin importar el número de puntos que tenga.

-Esperen… - Soyo brincó de su asiento. Ese juego no fue elegido por ella.

-Ja ja ja… ¿Creyó que iba a salirse con la suya, princesa? Ya descubrí que desde el principio utilizó estos juegos como una excusa para no solo liberarse de la propuesta de matrimonio de mi hijo, sino también para reducir considerablemente la fortuna Tokugawa ahora que no será suya.

Soyo se quedó sin palabras. No entendía cómo el anciano descubrió su plan. Dirigió su mirada a sus amigos y se detuvo en los orbes celestes de Kamui. Era una chica muy reservada, no solía contar muchas cosas sobre su vida personal o sus gustos, ni siquiera a Kagura; era más que obvio que Gin-chan y los demás perderían.

-¡Qué cruel! Es muy injusto. - Se quejó Shinpachi.

-Soyo-chan… - Kagura estaba preocupada al notar las inminentes lágrimas en el rostro de su amiga.

-Una doncella en peligro requiere que demos nuestro máximo esfuerzo. Asegurense de ganas, chicos. - Umibozu tenía fe en sus hijos. De algo estaba seguro, Kamui había heredado su buen gusto por las mujeres; especialmente aquellas distinguidas y de altos rango, princesas de su tierra como lo fue Kouka alguna vez y como lo era esa chiquilla.

-Realmente se quieren asegurar de mantener a la princesa en sus garras. Infelices.

-Descuida, Gin-chan. Te juro que no perderemos. Aunque yo caiga, Kamui ganará.- Aseguró Kagura.

En ese momento, la mente de Gintoki se iluminó.

-¡Eso es! El Baka-aniki está interesado en la princesa. ¿Pero cómo? No tuvieron tanto tiempo en pantalla. ¡Otra vez el poder del guión! Esperen… - Gintoki se detuvo de golpe al percatarse de otra cosa más. Soichiro-kun estaba sonriendo mientras miraba a Kagura… - Kagura y Soichiro… La princesa Soyo y Kamui… Si esos cuatro se emparentaban sería… ¡la Sadistic Line! ¿A quién se le ocurrió juntar a estos cuatro sádicos? ¿No vieron Gintama lo suficiente? Hay una razón por la cual Sorachi-sensei no los puso en pantalla y es porque cuatro sádicos juntos acabarían con la popularidad de la serie y de su protagonista.

-Gin-san, deja de hacer drama y apoyemos a Kagura-chan. No seas egoísta.

-Bien, iniciaremos la primera pregunta. ¿Cómo se llamó el difunto hermano de la princesa?

-¡Vamos a perder, Gin-san! - Esta vez, fue el turno de Shinpachi de entrar en crisis. Era más que obvio que preguntas tan delicadas no serían contestadas correctamente por un maniático-psicópata de la lucha y su descerebrada hermana.

Kamui se rascaba la cabeza. ¿El anterior Shogun? ¿Al que le dio un puñetazo en la cara o al que Shinsuke quería matar? Esas eran preguntas capciosas.

-Aquí.- Kagura levantó la mano.

-Si, equipo Yorozuya.

-Sigue sigue - Respondió.

-¡Idiota es ShigeShige! - Hijikata apretó con fuerza su encendedor de mayonesa.

-¡Es correcto! - El presentador ocultaba un fajo de billetes que Soyo le entregó.

-Oi, aunque estemos del mismo lado eso es corrupción.

-Cierra la boca, Hijkata-kun, no ves que vamos ganando.

-Segunda pregunta. ¿Cuándo es el cumpleaños de la princesa?

-¡Vamos Kagura! Como su amiga esa debe ser fácil, no te rindas. No puede existir una Sadistic Line tan peligrosa en esta serie. - Alentó Gintoki.

-Catorce de Julio.

-¡El equipo Harusame acierta!

Las mejillas de Soyo se colorearon levemente. Ese día solo le dijo que era su cumpleaños, pero no le indicó qué fecha. Mucho menos creyó que lo recordaría.

-¡Muy bien! Ahora la pregunta decisiva. - Todos los presentes se pusieron tensos. - ¿Cuál es la talla de sostén de la princesa?

-¡Oigan!... - Soyo se sintió muy avergonzada de que preguntaran algo tan personal.

-Vamos Kagura, se supone que las amigas comparten esa clase de secretos.

-Gin-chan, nunca he medido el pecho de Soyo y el mío lo midió el estúpido…

-¡Danna! - Intervino Okita. - Decir que las mujeres se comparten la talla de sostén es igual a decir que todos los hombres se miden sus espadas…

-Oye, interrumpiste a Kagura a propósito, ¿hay algo que yo no sepa, joven policía? - La voz excesivamente seria de Umibozu sonó a las espaldas del Capitán.

-No, que va señor. - Respondió Sougo evitando el tema. Aún no era momento de enfretarse a su suegro.

-Papi, deja de molestar. Tú mismo dijiste que el amor puede empezar en la cama; así que da igual si es midiendo los sostenes o sus espadas. - Se quejó Kagura.

-Señor, sus hijos sí que se han tomado en serio ese consejo. -Comentó Okita. Vaya, lo dicho por China explicaba muchas cosas.

-¿De qué rayos están hablando? - Shinpachi se sentía como pez fuera del agua.

-Treinta y cuatro C. - Respondió Kamui.

-¡¿Y tú cómo sabes algo tan personal?! - Gritó el de anteojos sonrojado.

-Shinpachi, haz cuentas. Deja de pensar como un vírgen. - Regañó Gintoki.

-¡El equipo Harusame es el ganador! Oficialmente se han ganado la mano de la princesa. Adelante, puede ir por… ¿Eh? ¿Dónde está la princesa? ¡Desapareció!

El anciano aprovechó todo el alboroto para secuestrar a Soyo. No podía permitir que un grupo tan temible como el Harusame se llevara a la princesa; eso solo le daría más poder. Una sola orden de la princesa Soyo y sus cabezas podrían rodar.

-¡Suélteme! - Se quejaba Soyo tratando de forcejear. Ibiki la cargaba, pero al estar atada de pies y manos se le dificultaba escapar.

-No vamos a perder nuestro puesto en el gobierno…

-¿Ah si? Pues qué lástima, vas a perder algo más que tu puesto. - La voz de Gintoki detuvo la huida.

-¡Gin-chan! ¡Amigos! - Exclamó Soyo alegre.

-Oi, personaje de relleno, no te resistas y entréganos a la princesa. Créeme, deberías estar agradecido de que fuimos nosotros quienes te encontramos. El dueño de ese premio que llevas es un psicópata. Te arrancará la cabeza.

-¡No se acerquen! Si dan un paso más la mataré.

-Cierra los ojos.- En cuanto la orden llegó a oídos de Soyo, ésta obedeció de inmediato. - No los abras hasta que te diga.

-Diablos… - Gintoki observó como Kamui había atravesado el pecho del personaje de relleno con su puño. Tal parece que aunque se haya "redimido", seguía siendo el mismo loco de siempre, solo que ahora tenía algo que proteger.

Kamui desató las cuerdas y llevó a Soyo en silencio hasta su nave.

-E-Espera Kamui-san… - Kamui procedió a depositarla con suavidad en una habitación dentro de la nave.

-¿Necesitas algo antes de dejar la tierra? - Preguntó con inocencia.

-N-No puedo irme así como así. - Comentó Soyo triste.

-Eres mi prometida ahora. Pero puedes despedirte de todos los que quieras. Tengo pensado partir en dos días de todas formas. - Soyo se sonrojó ante la palabra "prometida".

-Entonces… ¡Quiero casarme antes de dejar la tierra! - Exigió. Si su familia estuviera viva, se escandalizaría de que ella estuviera en concubinato escandaloso con un hombre. Algunas costumbres no pudo dejarlas.

-Pero si de todas formas nosotros ya…

-¡Quiero casarme! - Interrumpió Soyo. Jamás imaginó que su travesura traería consigo un esposo.

Se casaron en una boda simple, rodeados de sus seres más cercanos y al anochecer, dejaron la tierra para ir rumbo al espacio a vivir muchas aventuras.


Oficialmente, amo esta pareja y estoy obsesionada con la Sadistic Line! Creo, firmemente que si estos cuatro hubiesen compartido tiempo en pantalla juntos, serían capítulos épicos e icónicos.

Dejé pistas para los dos spin-off que tengo planeado hacer, así que espero que las tengas en cuenta jaja.

¡Nos leemos!