Fechas importantes I
Diciembre llegó en un abrir y cerrar de ojos, y en la oficina ya se sentía el aire festivo. Hasta el café sabía mejor y las personas parecían más animadas esperando con anticipación el breve periodo vacacional que podrían aprovechar para viajar, visitar familiares o simplemente pasarlo en casa acompañados de una taza de chocolate caliente.
La carga de trabajo incrementó exponencialmente a causa de las codiciadas lentillas inteligentes. A partir de las últimas actualizaciones de software y de las mejoras del hardware, las lentillas se habían vuelto el objeto más codiciado por empresarios y estudiantes por igual.
Todos corríamos de extremo a extremo entregando reportes de desempeño, órdenes de producción, paquetes y cualquier otra cosa relacionada a las lentillas inteligentes. Los empleados de cada departamento trabajan a un ritmo acelerado, los teléfonos no paraban de sonar y mi bandeja de entrada se encontraba eternamente repleta de correos solicitando todo tipo de cosas. Yo, al igual que mis colegas, esperaba ansiosa la época de vacaciones; y era sólo por esta razón que podía soportar aquellas intensas jornadas de trabajo sin rechistar.
-Vaya ahora sí que se me juntó todo- me estiré sobre la silla.
-Y que lo digas, el jefe Sterling me tiene prácticamente confinado al departamento de Producción- Steve hablaba mientras masticaba su torta de salchicha- ya hasta me hice amigo de los de la planta. El sábado me invitaron a ver el partido.
-Yo estoy harta de contestar teléfonos- últimamente Valessa se cargaba un humor de perros- ¿acaso mi número es el del centro de preguntas estúpidas?
Yo tenía que volver a reunir los reportes bimestrales de todos los departamentos y, aunado a eso, los reportes anuales. Si los reportes bimestrales eran difíciles de conseguir, los anuales eran casi imposibles pues la mayoría de los jefes de departamento mentalmente ya se encontraban en su próximo destino vacacional y le daban poca importancia a la cantidad de papeleo que les tocaba entregar para que el pobre departamento de Administración los presentara durante la junta de cierre de año. Aún habiendo tomado precauciones (como envíar correos solicitando los documentos desde el primer día de diciembre) solamente tres departamentos habían envíado sus reportes y dos de ellos lo habían hecho mal. Tan mal que tendrían que volver a redactarlos y entregarlos antes del día 20. Producción, como siempre, había redactado un informe impecable cerrando el año con broche de oro.
-Creo que te acompañaré a Producción cuando acabes de comer, -me dirigí a Steve- quiero llevarle a Maera un pequeño obsequio como agradecimiento por todo lo que hace por mí.
-Esa mujer es realmente una luz entre la multitud.
-Steve, ni lo pienses. Te lleva como dos décadas.
Ambas miramos las mejillas de Steve adoptar un intenso color rosa, tartamudeó tratando de negar en vano sus sentimientos por la imponente y guapísima jefa de Producción. A decir verdad, Maera era una mujer hermosa, siempre vestía elegante pero moderna y nunca se le veía sin sus típicos stilettos negros a pesar de ser una de las mujeres más altas de la empresa. Siempre ingeniosa, vivaz, asertiva, lo sabía todo de todos pero no le gustaba cuchichear con cualquiera, portaba un aire de seguridad que te hacía confiarle hasta tu alma. ¿Cómo podría culpar a Steve por enamorarse de tremenda amazona?
No pude evitar cuestionarme si tal vez yo también tenía sentimientos de ese tipo por Maera, es confuso cuando te encuentras frente a una persona tan impresionante como ella. No sabes si quieres ser ella o estar con ella.
Al terminar de almorzar, Steve y yo bajamos por el ascensor hasta la planta baja y cruzamos el patio para llegar al departamento de Producción. Steve saludó a sus nuevos amigos y permanecieron ahí platicando sobre sus planes de Navidad y fin de año mientras que yo me dirigí a la oficina de Maera. No está, pensé. Su oficina estaba abierta así que seguramente se encontraba en algún lugar dentro del edificio encargándose de sus propios pendientes, entré sin hacer mucho ruido y coloqué sobre su escritorio una botella de vino decorada con un moño dorado y una pequeña carta de agradecimiento. Al salir me despedí de Steve y de sus amigos, y caminé de regreso a mi oficina.
Steve había cambiado mucho desde que ingresó a la empresa. Entró como un inadaptado social, torpe y con una suerte desafortunada, todos lo veíamos con lástima como quien ve a un pobre hombre sin hogar: compadeciéndolo pero no dispuestos a sentarse a charlar un rato con él. Sterling lo traía vuelto loco con montañas y montañas de trabajo, siendo el primero en llegar y el último en irse. Comía solo, escondido en su improvisado escritorio, y sólo se limitaba a asentir con la cabeza mirando al suelo cuando alguien le pedía algo. ¡Y ni hablar de dirigirle la palabra a alguna chica linda! Era de esos que se tiraba el café encima y derramaba salsa picante sobre su camisa, incluso llegó a pasar todo el día con restos de comida en la barbilla sin percatarse de ello. En cambio, el Steve de ahora parecía ser capaz de socializar con quien se le pusiera enfrente, había cambiado sus anticuadas camisas a cuadros por camisas de colores neutros mucho más aptas para trabajar en una oficina. En cierta ocasión invitó a una cita a la bella chica morena de recepción, quien aceptó emocionada y no tardó en contárselo todo a su mejor amiga del piso 4 (información proporcionada por Valessa). Aunque en un comienzo Valessa detestaba a nuestro desdichado interno, finalmente le aceptó cuando se dio la oportunidad de charlar con él durante nuestras horas de almuerzo. Steve en realidad era un chico tierno, protegido por sus padres, acostumbrado a la vida fuera de la ciudad donde la gente es amable y vive su vida a un ritmo lento y calmado; un chico incomprendido.
Me encontraba dentro el ascensor observando los números de cada piso encenderse uno después del otro conforme iba subiendo, aún estaba a tiempo para pasar por el departamento de Estrategias y recordarle a su jefe que pronto necesitaría sus reportes bimestral y anual. Presioné el botón de su piso justo a tiempo para que las puertas del elevador se abriesen de par en par y me encontrara frente a frente con el joven asistente Ellery.
-Ellery, ¿cierto? ¿Sabes si Tojiro está en su oficina?
-¿Necesitas los reportes?
-Sí, dime que de menos ya los comenzó a redactar.
Sólo se rió sin agregar nada más, se metió en el ascensor despidiéndose de mí agitando la mano suavemente. Fruncí los labios preocupada, la última vez que entregó los reportes lo hizo tarde aunque reconozco que no fue una batalla como la primera vez, sin embargo, estábamos hablando del último mes del año y por tanto, el más importante.
-Sub, ¿cuáles son tus planes para Navidad y Año nuevo?
No tuvo que siquiera levantar la cabeza para adivinar que se trataba de mí entrando a su oficina, parecía estar garabateando algo en su escritorio apoyándose de una escuadra y un lapicero de mina. No quise entretener su charla banal, me limité a pararme en mi lugar en silencio.
-¿Sabías que tengo una licenciatura en Arquitectura? - levanté una ceja intrigada- Odié cada segundo que pasé en la universidad, detesto el sistema educativo casi tanto como el laboral. Y en cuanto obtuve mi diploma me desaparecí, eventualmente consiguiendo empleo en esta empresa.
-¿Por qué no ejercer como arquitecto? Suena como un desperdicio de esfuerzo, tiempo y, francamente, dinero.
-Digamos que la vida tiene maneras curiosas de desviarnos del camino predeterminado que nos propusimos- sus ojos perdieron su brillo momentáneamente- además, me gusta el dinero y en este puesto, gano mucho dinero.
Mentiroso. Maera lo había dicho antes, era uno de los jefes de departamento peor pagados. No quise contradecirlo innecesariamente y en su lugar me interesé por aquello que dibujaba.
-¿Y eso que dibujas? ¿Qué es?- señalé con la barbilla hacia la hoja de papel bajo su brazo.
-Cinco años en la universidad no fueron en vano. En ocasiones disfruto de dibujar algunos planos mediocres y diseños fantasiosos. Soy fan del brutalismo, ¿ves?
Yo sólo distinguía algunas puertas, o tal vez eran ventanas, que resaltaban de lo que sólo puedo presumir que se trataba de un edificio con forma de estrella, parecía ser más una prisión gris que un hogar acogedor. Sonreí fingiendo que sabía de lo que hablaba y me hice una nota mental de buscar ''arquitectura brutalista'' en el Internet al llegar a casa. Me acerqué a un lado de él apoyándome sobre el respaldo de su silla para poder ver mejor su diseño, continuó platicándome sobre sus mayores fuentes de inspiración mientras deslizaba hábilmente su lapicero por la hoja maniobrando con la otra la escuadra metálica (podría apuñalar a alguien con la punta de esa escuadra). A pesar de no tener mucho interés por la vida y obra de William Pereira, el tono de voz tranquilo con el que narraba la historia me hipnotizaba haciéndome perder la noción del tiempo. Agité ligeramente la cabeza recobrando el sentido.
-Ejem, venía porque necesito los reportes…bimestral y anual- interrumpí apenada.
-Ah, claro.
Miré a mi alrededor buscando la presencia de su accidentada interna. Toji pareció adivinar mis pensamientos porque señaló hacia las afueras de su oficina y, al girarme para mirar, logré distinguir una chica encorvada sentada frente al ordenador tecleando a toda velocidad con una expresión sumamente estresada.
-¿La tienes haciendo tu trabajo?- le reclamé.
-Si no, ¿para qué la contraté?- rió socarronamente.
-Pues para- me detuve, ¿para qué desgastarse en algo que no era mi responsabilidad?- olvídalo. Sólo tenlos a tiempo, ¿quieres?
-Vaya y pensar que antes me hablabas con respeto. ¿En qué momento lo perdiste? Sigo siendo tu superior.
-Tsk, tú insististe en que te tuteara.
-Bueno, si ya nos tenemos esa confianza- me miró con picardía- no te molestará si te invito a salir.
Aquello me tomó desprevenida.
-¿Disculpa?
-Sería agradable verte en otras ropas que no sean las típicas de oficina, o convaleciente sobre tu sofá.
-¡No lo creo!- fallé en suprimir el tono de socarrón de mi voz- No es nada profesional salir con otros empleados de la empresa.
-Así que aceptas que, si no fuera por las reglas de la empresa, saldrías conmigo.
-No, - mentira- de no ser por las políticas de la empresa, mi atención estaría fijada en el guapo y carismático señor Sterling.
Toji soltó una carcajada dejando caer su lapicero al suelo, yo me limité a sonreír orgullosa de mi pequeña broma. No cabe duda de que aquel sensual hombre me llamaba la atención y me había costado todo en mí rechazar su invitación, pues una situación como aquella entre los dos no era más que una catástrofe esperando a ocurrir.
Salí de su oficina portando un ligero sonrojo en las mejillas.
Aquella vez, cuando sucumbí a un agresivo resfriado y él se encargó de cuidarme, me dejé llevar por mi necesidad de tacto físico, y por mi hambre de compasión. Al menos eso me dije a mí misma para evitar ser sincera con mis sentimientos. Aunque al comienzo intenté negarlo, al final terminé por aceptar que me gustaba Toji, su físico era impresionante y no había una sola chica en toda la empresa que no se le quedara viendo cuando éste pasaba a su lado. Su manera de ser no se quedaba atrás, a pesar de ser un pesado insoportable a ratos tenía una carisma inigualable, en las juntas dominaba sobre los demás cabecillas de departamento sin esfuerzo, y nunca se quedaba sin tema de conversación. El jefe del departamento de Estrategias era un hombre inteligente, perspicaz, políglota, apuesto, de 1.85 metros de altura y 90 kilos de puro músculo. No revelaré cómo fue que obtuve esa información, pero por Dios, era una máquina de hombre.
Es cierto que sus subordinados sufrían a causa de sus acciones, rehusándose a hacerse responsable de sus obligaciones, más nunca le escuché ser prepotente u ofensivo con ellos y, aún cuando la interna le tiró el café caliente sobre el pantalón, en ninguna instancia le alzó la voz ni para regañarla. Era más de lo que se podía decir del jefe Sterling, quien se escudaba detrás de sus empleados cuando cometía errores y quien era tan cambiante como un clima de desierto.
El día avanzó velozmente y en un abrir y cerrar de ojos, ya me encontraba en casa cenando una rica pasta al ajo. Con aquello de que las fiestas decembrinas se avecinaban mi mente viajaba de vez en cuando a mi madre, tenía tiempo que no la veía. En realidad, hacía más de dos años que no visitaba a ningún familiar y con el ritmo del trabajo y la poca vida social que me quedaba al salir de este, ya no encontraba el tiempo para marcar el número de mi madre aunque fuera una que otra vez por semana. Por momentos se apoderaba de mi la culpa pero no me animaba a llamarla pues de hacerlo mi madre insistiría en que la fuese a ver y mi economía no me daba para eso. Este año mis vacaciones constarían de pasar la mayor parte del tiempo encerrada en casa y comiendo chucherías, mirar series sin parar y ver la transmisión de año nuevo por televisión. Patético, lo sé. Aún me pregunto cómo le hacen otras personas de mi edad para planear viajes enteros a destinos turísticos carísimos y aventurarse por la mitad del continente. Yo, aún sin mascotas y viviendo en un departamento del tamaño de un huevo, no podría costear más que un par de días en un motel barato. En fin, en algún momento tendré que llamar a mi madre.
Al terminar de comer, lavé los trastes que quedaron en la tarja y me dirigí al baño para prepararme antes de dormir. Mientras me cepillaba los dientes contemplé mi reflejo en el espejo: me vendría bien un cambio, tal vez cortarme el cabello o cambiar mi maquillaje, necesitaba algo que separara mi yo de hace un año con mi yo del ahora, una prueba física de mi evolución como persona.
Pronto el año llegaría a su fin y aún quedaban cuestiones por resolver como, ¿dónde me veo en el futuro? ¿Cuáles son mis oportunidades de crecimiento dentro de la empresa? ¿Debería considerar buscar otras oportunidades? Aunque apenas había concluido con mi primer año laborando en TecLET, parte de mi se sentía inconforme con las condiciones de trabajo. Mi instinto me decía que quedarme en aquella empresa significaría estancarse pero la lógica dictaba que no había pruebas de que aquello pudiese ser verdad, pues al ser contratada se habló de las posibilidades de crecimiento, de ascensos y de aumentos en el salario. Sin embargo, bajo la tutela del señor Sterling me sentía limitada, el puesto comenzaba a quedarme chico y no habían indicios de que me estuviese esperando uno más arriba en la pirámide corporativa.
No pude dejar de darle vueltas al asunto durante toda la noche, aún en sueños me perseguían mis preocupaciones, la ansiedad me obligó a despertar varias veces por la noche y, para cuando por fin sonó la alarma, ya tenía un café en la mano y me preparaba para ir a trabajar. Anoche quise hacerme un cambio de apariencia, y vaya que lo había logrado. Las ojeras en mi rostro sumían mi ojos a lo más profundo de las sombras y no hubo maquillaje en mi arsenal de productos que pudiera cubrirlas.
Cargando con todo el cansancio de una mala noche de sueño, mi ritmo de trabajo disminuyó y mi humor estaba especialmente irritable. Valessa lo notó de inmediato pero no comentó sobre mis notorias ojeras, ella también lo estaba pasando mal. Leer y contestar correos se había vuelto una labor imposible, los pedidos del señor Sterling me llenaban de ira y hasta el pobre de Steve me evitaba tanto como podía. Durante la hora de almuerzo me desaparecí, necesitaba comer a solas en la paz del silencio, y dónde mejor para hacerlo que una de las salas de conferencia menos utilizadas. Comí sin presiones, ese emparedado de pollo y verduras me había regresado parte del alma y ahora sólo faltaba un café tamaño dios-mío para regresarme la otra parte. Al terminar de comer salí discretamente de la sala, tomé el elevador con el objetivo de ir a comprar un café de aquella cafetería que a todos nos encantaba. A mis pequeños pasos se le unieron otros más grandes, más pesados y sonoros apresurándose por llegar hacia donde yo me encontraba.
-A Sterling no le va a parecer que te vayas tan temprano - me imaginé que sería él, Toji.
-Al contrario, ahora que él y yo somos amantes disfruto de beneficios como irme a casa después del mediodía.
-Para ya, que me dan celos.
-No debiste desaprovechar la oportunidad aquella vez que estuvieron a solas en su oficina, ya casi lo tenías en la palma de la mano.
Continuamos bromeando de camino hacia la cafetería, al parecer él también estaba gravemente necesitado de un buen café negro. El rechazo de la tarde anterior no le había afectado en lo más mínimo pues continuaba buscando acortar la distancia entre nosotros, al cruzar la calle me rodeó con su brazo protegiéndome del pasar de los autos y aunque no era de esos que te abre la puerta para pasar sí se ofreció a pagarme el café, a lo que me negué cortésmente. Regresamos al edificio de TecLET, esta vez caminando más juntos. Mi mente me gritaba que no entretuviese aquellos juegos pero poco podía hacer yo contra la atracción que sentía mi cuerpo por aquel extraordinario hombre. Entramos en el elevador siendo presas del silencio.
-Espero que ya estén listos los informes.
-¿De qué me hablas?- fingió no saber.
-Hablo en serio, quiero disfrutar de mis vacaciones y no puedo hacerlo cargando con un cuadro de estrés post-traumático por tu culpa.
-Acompáñame a la oficina, puede que ya los tenga.
-Ya pronto se me acabará mi hora de almuerzo, iré en un rato libre que tenga.
-Y yo aquí desviviendome por tenerlos listos para ti.
Lo miré con una expresión desaprobatoria y salí del ascensor un par de pisos antes de llegar al mío.
-Creo que mejor tomaré las escaleras- le sonreí juguetona antes de darme la vuelta y desaparecer por el pasillo que daba hacia las escaleras.
Me había vuelto adicta a esos breves ratos con él, confieso que comencé a disfrutar un poco del jale y estira cuando le pedía los reportes una vez más. Adoraba la manera en que me hacía bajar la defensa con su típica actitud despreocupada, siempre adivinando mis pensamientos, sabía cuando entraba a su oficina sin siquiera tener que volverse a mirarme, y a veces se aventuraba fuera de la suya y hacia la de Sterling sólo para admirarme desde el otro lado del cristal. A ratos sabía fastidiarme y a ratos me acorralaba en la esquina del pasillo sólo para coquetearme con su voz provocadora, logrando que me temblaran las rodillas como una chiquilla emocionada por su primer flechazo.
Aquella desviación hacia la cafetería logró hacerme olvidar el cansancio de mi noche de insomnio producto de mis ansiedades sobre el futuro. Tomé asiento al lado de Valessa, ésta se volvió inmediatamente hacia mí con una expresión indescifrable en el rostro.
-¿Nos abandonaste para ir a comer con el señor chichón?
-¡¿Señor chichón?!- me atraganté con el café.
-Los vi caminando de regreso a la oficina, juntitos y todo- mi amiga continuó acribillandome con acusaciones y preguntas.
Aclaré, o por lo menos intenté aclarar, los hechos de la tarde. Valessa escuchaba atentamente sin perder detalle alguno sobre mi pequeña aventura fuera del edificio de la empresa. Aprovechando la breve charla, también le conté lo acontecido la tarde anterior en la oficina del jefe de Estrategias.
-Tienes que decir que sí.
-Valessa, nada de eso- objeté.
-No entiendo, si fuera yo hubiera dicho que sí a la primera. Bueno, a la segunda para no verme tan desesperada- sopesó sus palabras- como sea, pero no dejaría ir a un prospecto tan bueno como ese.
-Val, no es buena idea. Si se enteran en la empresa me van a correr, y si algo ocurre y terminamos mal la única que sufrirá las consecuencias seré yo teniendo que seguir persiguiéndole para que me entregue las cosas a tiempo y todo eso.
-Entonces aclarale que no quieres nada- me desafió- ¿por qué no lo has hecho?
Medité mis palabras por unos minutos, sabía bien cuál era la razón pero primero necesitaba recorrer el largo camino de excusas y obstáculos antes de llegar a mi meta, la aceptación.
Ya no quise continuar hablando del tema por lo que me refugié en los correos pendientes por responder que me esperaban desde la mañana. La realidad es que tenía bastante tiempo que no salía con nadie, no lograba recordar la última vez que besé a alguien o que compartí una velada romántica con otra persona. La apresurada vida de adulto me había consumido por completo, una vez que terminé la universidad me dediqué a trabajar sin descansar dejando atrás amistades y parejas por igual, mi mente no tenía tiempo de preocuparse por cosas como aquellas y mi único objetivo era abrirme paso en el mundo laboral para concertar un buen trabajo donde quedarme el resto de mi vida hasta el día en que por fin pudiera retirarme. Pasé tanto tiempo sin la compañía de otra persona que olvidé cómo convivir con otro, me intimidaba la idea de volver a experimentar el romance, no me creía capaz de hacerlo con la misma facilidad con la que lo hice durante los aventados años de la universidad.
Los jóvenes de mi edad ya buscaban cosas serias, ya vivían con sus parejas y algunos hasta iban por su segundo hijo. Ya no tenían la mentalidad de buscar pareja para un rato y veremos si de ahí progresa, ahora era un complicado proceso de buscar alguien con una posición de trabajo importante, buen ingreso económico, una persona habilidosa, impecable, con un círculo social fuerte e interesante, de buena familia, con prioridades correctas. No cabían aquellos con dudas sobre su futuro, aquellos introvertidos que pasaban el día en casa y descuidaban sus amistades o se habían prácticamente divorciado de su familia. No le darían una oportunidad a alguien que apenas ha comenzado a encontrarse, a alguien llena de preguntas sin respuestas, a alguien que no ha logrado lo suficiente en la vida, alguien como yo.
Inevitablemente mi mente hacía la conexión entre aquello y el hombre que ahora me intentaba conquistar. ¿Seguiría pareciéndole interesante una vez que le dejara ver mis dudas existenciales? ¿Qué pensaría, alguien que ya lo tiene todo, de una chica mediocre sin ambiciones como yo? ¿Cuánto tiempo le tomaría irse después de ver cómo vivo? No cocino gran cosa, no viajo, no hablo cinco idiomas, no quiero ni mencionar la carrera que estudié en la universidad, me conformo con ver series y perder el tiempo. Soy demasiado simple para un hombre como aquél.
Suspiré derrotada. Creo que al fin había llegado al meollo del asunto, el problema era yo. Al menos tendría algo nuevo de lo que hablar durante mis sesiones de terapia.
El Sol continuó bajando hasta acomodarse detrás de los edificios que encaraban a la oficina, pronto sería hora de irme y lo único a lo que quería llegar era a dormir una siesta. Prácticamente ya estaba ahí, sobre el sofá rosado y cubierta con una suave frazada, cayendo a los brazos del sensual morfeo, presa de sus sugerentes bailes ritualísticos, hipnotizándome hasta caer rendida. Y así fue, me apresuré a firmar de salida y emprender el largo camino de regreso a casa, en cuanto crucé el umbral de la sala me despojé de mis ropas de oficina, lancé los zapatos hacia una esquina y poco me faltó para flotar hasta la regadera. Al salir del baño me recosté sobre el sofá y cerré los ojos, temeraria como pocas veces lo había sido, no fijé la alarma en el teléfono arriesgándome a despertar en la madrugada totalmente desorientada y muerta de frío.
La noche ya había comenzado y la Luna brillaba, pequeña y blanca, desde lo alto del cielo, lentamente recobré la conciencia percibiendo el vibrar de mi teléfono al otro extremo del sofá. No debía de ser demasiado tarde si alguien estaba llamándome, pues nadie se atrevería a marcar al celular después de las diez. Miré el número en pantalla, dejé salir un gran bostezo antes de contestar con la voz aún ronca de tanto dormir.
-¿Si diga?- me tallé el ojo.
-Para alguien a quien le urgen tanto los reportes me sorprende que olvidaras ir a por ellos.
Rayos, los reportes. Lo olvidé por completo.
-No lo olvidé, simplemente intuí que aún no estarían listos y preferí darte un día más para entregarlos.
-Ya.
Nos quedamos en silencio, me había agarrado desprevenida y mis neuronas aún no terminaban de reconectarse.
-Dime, ¿tiene planes para el fin de año?- la voz de Toji se escuchaba un poco más seria que de costumbre.
-No realmente. Mi familia vive lejos.
-¿Qué hay de los amigos?
-Cada quién irá a visitar a sus familiares, es lo que se hace en estas fechas. ¿Tú no harás lo mismo?- era extraño estar charlando de manera tan informal con uno de mis superiores.
-Digamos que hace tiempo que ya no lo hago.
-Lo entiendo.
Pensé en mi madre y la distancia entre nosotras, me preguntaba si él también vivía lejos de su familia. Sabía, por los desplantes de Maera, que era divorciado más no me atrevía a indagar sobre su vida personal. Confieso que me intrigaba la razón por la que su esposa lo abandonó, quería saber si era culpa de él o una decisión personal de ella.
-El 31 es mi cumpleaños.
-Mentira- respondí poco convencida.
-Es totalmente cierto. Y, verás, tengo reservaciones en un restaurante muy elegante. Por lo general la lista de espera es de meses y más tratándose de éstas fechas, pero el ambiente y la cocina lo valen. Iba a pasarlo con un buen amigo que vive lejos de aquí, pero por cuestiones personales no podrá viajar a la ciudad.
-Ajá.
-Sería una lástima desaprovechar un asiento en un restaurante tan especial, ¿no lo crees?
-¿A qué vás con todo esto?- le corté la charla.
-Sal conmigo.
-Ya te he dicho que no es buena idea, además va en contra de las políticas de la empresa.
-¿En serio dejarás que este pobre hombre celebre su cumpleaños totalmente solo?- ahora se burlaba de mí.
-No conseguirás que acepte con esa táctica, ¿por quién me tomas?
-Yo creo que usas la excusa de las políticas de empresa porque no quieres admitir que, en realidad, te gusto.
Abrí la boca para reclamarle pero me interrumpió.
-¿Qué tienes que perder? Aceptas, salimos, comemos, y te llevo a casa. Ni más ni menos. No aceptas, pasas el fin de año sola mirando televisión y comiendo papitas.
Me había leído la mente y me sentí aún más patética de ser tan transparente, de tener una vida tan poco interesante. Vamos Sub, ¿qué pierdes con intentarlo? Para que algo cambie debes dar el primer paso, aventurarte, lanzarte hacia el vacío y rezar que haya suelo abajo.
Me quedé en silencio unos segundos.
-Bien, te acompañaré. Pero sólo será esta vez, no te hagas ideas en la cabeza.
-Oh, ideas me hago muchas- su risa era serena y gentil- no olvides venir mañana por los informes.
Colgó dejándome como estúpida al teléfono. Inmediatamente me arrepentí de haber aceptado, ¿en qué estaba pensando?
-Ya es la tercera vez que la jefa Engman viene a buscarte- Valessa me entregó un sobre verde.
-¿Y esto?- lo examiné intrigada.
-Me mandó a decirte que te dieras una vuelta por su oficina pero que, por si acaso ya no alcanzaba a verte antes de salir de vacaciones, que te diera eso.- Valessa ni siquiera me miraba cuando hablaba, el estrés del trabajo de fin de año la había consumido casi por completo, había cambiado sus lentes de contacto por unos de armazón grueso, ya no se pintaba los labios, y ahora peinaba su cabellera en un chongo mal amarrado. Parecía una persona totalmente diferente a la chica que conocí a comienzos del año.
-¿Hace cuánto que pasó por aquí?- no obtuve respuesta.
Pobrecilla, todos hemos estado ahí. Aproveché un par de mandados que el jefe Sterling me había encomendado para pasar por el departamento de Producción. Crucé el ahora congelado patio que dividía los edificios y me adentré en el calor de sus oficinas, Steve me saludó apenado por haber sido descubierto perdiendo el tiempo con sus nuevos amigos de departamento.
-No le digas nada al jefe.
-En teoría, yo tampoco debería de estar aquí.
-¿Ya lista para las vacaciones?
-Es lo único en lo que pienso. ¿Qué harás en tu tiempo libre?
-Voy a visitar a la familia, ésta vez vamos a conquistar las montañas heladas.
-¿Sabes escalar sobre hielo?- eso sí que no me lo esperaba.
-Digamos que mi familia y yo somos expertos en todo lo que se relacione a las actividades en el exterior.
Lo observé de pies a cabeza detenidamente preguntándome dónde escondería los músculos necesarios para escalar rocas, estábamos hablando de un mocoso delgadito, una quinta parte de lo que era el jefe de Estrategias. Hasta Sterling le doblaba en masa corporal. No obstante, preferí guardar silencio antes de seguir juzgando su apariencia, este chico era una caja de sorpresas. Me despedí de él antes de continuar por mi camino en busca de Maera.
-Al fin coincidimos- Maera me saludó- pensé que ya no te volvería a ver hasta el próximo año.
-Admito que estos últimos días han sido una locura, escuché que te irás en estos días de vacaciones.
-Bali, Sub.- Maera cerró los ojos- Bali me espera con brazos abiertos.
-Ay, qué envidia. Llévame contigo.
La jefa de Producción procedió a enseñarme las fotos del hotel en el que se hospedaría y las hermosas playas en las que disfrutaría de paseos por la mañana, baños de Sol por las tardes y de fiestas y cócteles por la noche. A decir verdad, hasta yo quería empacar mis maletas y subirme al avión lista para dejar atrás el frío y la contaminación de la urbe metropolitana.
-Lo olvidaba- mi superior se dio la vuelta, buscando algo detrás del escritorio- sé que ya le dejé un sobre a tu compañera para que te lo diera pero olvidé llevar esto también.
-Oh vaya, gracias- me acababa de obsequiar una caja de chocolates.
-Un amigo regresó de Bélgica la semana pasada y supe que éstos serían el regalo perfecto para mi adorada subordinada.
-Lo es, muchas gracias Maera. Lo aprecio mucho.
Continuamos charlando un rato más sobre los destinos turísticos a los que Maera había viajado en los últimos años, en cuáles había sufrido de infecciones del estómago y mosquitos agresivos, y en cuales lo había pasado como un paraíso en la Tierra. Aún cuando pensé que ya no había más qué admirar de aquella mujer perfecta, resulta que también era una fan ávida de viajar por el mundo y conocer la gastronomía de cada lugar. La fortaleza física y mental que se debe tener para eso seguramente supera por creces de la que yo dispongo en este momento.
Durante el transcurso de nuestra plática noté que Maera me miraba como intentando descifrar algo en mí, parecía buscar las palabras para indagar en mi vida privada sin sobrepasar los límites de una relación entre superior y subordinado. Al fin pareció hacerse de valor e interrumpió nuestra conversación sobre las maravillas naturales de Portugal.
-Sub, me apena mucho preguntarlo de esta manera y sé que no es realmente de mi incumbencia- me miraba fijamente a los ojos con una expresión consternada.
-¿Qué sucede?
-Dime, ¿cuál es tu relación con Tojiro?
Se me heló la sangre. Si alguien detestaba a Toji, era Maera. Siempre despotricaba sobre su inutilidad, sobre lo mal hombre que era y lo irritante que era lidiar con él. Se le amargaba el café cuando éste pasaba frente a ella, y era el único capaz de hacerla perder los estribos. Agaché la cabeza avergonzada de mis recientes aventuras con el jefe de Estrategias. Perdería su respeto de admitir que me gustaba aquel pesado insoportable y también lo perdería si no era sincera con ella. Para ella, las mentiras eran el peor pecado que podías cometer contra su persona o contra su departamento.
-Yo…-suspiré- me siento atraída por él. Me parece lindo.
-Eso no lo dudo, tú y la mitad de los empleados de esta empresa. Pero me han llegado rumores de que ustedes dos se traen algo más.
-Maera, sé que te parece un tío de lo peor pero te juro que no es así. Ha demostrado ser capaz de preocuparse por sus subordinados, y por mí ha hecho bastante, le estoy muy agradecida.
-¿De qué hablas?
Procedí a contarle todo aquel embrollo de cuando cogí un resfriado y me quedé dormida en la parada de autobuses, del cómo me llevó a casa y me procuró cocinándome un caldo de verduras y permaneciendo a mi lado hasta que me quedara dormida.
-Es un lado de Tojiro que nunca creí posible que existiera.- Maera tenía la mirada perdida en un librero de su oficina, agitó suavemente la cabeza como si intentara volver a enfocar sus pensamientos en el tema original- Mira Sub, yo no tengo autoridad moral para decirte con quién puedes estar y con quién no, sin embargo, puedo aconsejarte que te vayas con cuidado alrededor de ese hombre. En todos los años que lo conozco jamás ha sido del tipo que se preocupa por los demás, es más, se esmera en pisotear a los demás y causar problemas para sus empleados. Sólo lo digo porque eres una chica muy inteligente y capaz, detestaría verte perder tu chispa por un mal romance.
-No te preocupes, aún no decido nada. Te prometo que me iré con cuidado.
-¿Y bueno, es cierto que saldrán juntos a una cena romántica?
-Pero, ¿cómo puedes saberlo si no le he dicho a nadie?- y dudo que Toji sea del tipo que va contando su vida personal a cualquiera que se le cruce enfrente.
-Puede que una de las chicas que trabaja en su departamento me lo haya contado, los escuchó platicando el otro día en su oficina. Dijo que te invitó a salir, lo demás lo inferí con mis poderes de deducción.
-Qué cotilla. Vale, es cierto que lo acompañaré a celebrar su cumpleaños. Es todo lo que diré.
-¿Tienes qué ponerte?- ahora sonaba más como una hermana mayor que como una jefa.
-Un vestido corto, simple, negro, una mallas gruesas para el frío y un saco largo de lana.
-Un clásico, es perfecto para una primera cita- asintió complacida- Sub, cuídate bien y no dudes en llamarme si sucede algo.
Le sonreí agradecida. Era increíble cómo en tan sólo un año de conocerla ya me cuidaba como a una hija, se preocupaba por mí aún cuando yo ya era una adulta capaz de cuidarme sola, y eso me tranquilizaba. Tener alguien en mi cancha que no me presione para cumplir con sus expectativas, que tan sólo se alegre de que yo esté bien. Continuó dándome un par de consejos sobre salir con hombres mayores y la etiqueta a seguir en restaurantes caros, dado que en mi vida había comido en uno.
Nos despedimos con un abrazo esperando vernos al regresar de vacaciones. Salí de su oficina con una sonrisa en el rostro, ahora me sentía más segura de estar yendo por este camino, de arriesgarme un poco y darme la oportunidad de conocer nuevos horizontes con nuevas personas.
Esperaba impaciente el día 31, ya no lograba concentrarme en lo demás y repasaba una y otra vez en mi mente los posibles eventos de esa velada. ¿Me iría a casa con él al terminar la cena? ¿Me llevaría a la suya? ¿Me tomaría de las caderas pegándome a su cuerpo para después arrebatarme a besos jadeos y suspiros necesitados? Necesitaba contarle a Valessa o explotaría de la anticipación.
Miré a mi compañera, concentrada en su labor sin despegar la mirada del monitor, tenía el ceño fruncido y tecleaba furiosamente los números de las ventas del último mes. Temí interrumpirla y ganarme un arrebato de frustración, había estado tan molesta estas últimas semanas que ya casi no hablábamos de nada que no fuera estrictamente concerniente al trabajo. Nunca la había visto así. Me levanté de mi asiento en dirección hacia la cafetera, igual de sobretrabajada que mi amiga, y regresé con un par de tazas de café recién hecho.
-Val- hablé quedamente- te traje café.
La chica se detuvo en seco, me miró sorprendida de verme ahí como si no hubiese pasado el último par de horas sentada junto a ella.
-¡Sub! Qué linda, gracias. No sabes cómo lo necesito.
-¿No quieres darte un descanso? ¿Parpadear un poco?- sugerí asustada.
-Creo que ya no cuento con párpados funcionales- se quitó las gafas para masajearse un poco las sienes- ya sólo un día más y me voy a la playa hasta que tengamos que regresar.
-¿Te vas a la playa para pasar las fiestas?
-Ese es el plan, me voy a reunir con mis amigas del instituto. ¿Y tú? ¿Vas con tu mamá?
-Que va, con esta economía…
-¿Queé? ¿Te vas a quedar sola?- me miró apenada- haberme dicho algo, te hubiera invitado a venir conmigo.
-Está bien, de todas formas disfruto estar en casa. Además, tengo un plan algo importante.
-¿Ah sí?- había logrado captar su atención- ¿con alguien especial?
-Digamos que un cierto señor chichón me ha invitado a celebrar el año nuevo con él.
-NO ME DIGAS- inmediatamente bajó la voz- ¿pero en qué momento? ¿Por qué no me has dicho nada? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué?
Sin entrar en demasiado detalles relaté el cómo terminé aceptando una cita con él, Valessa me escuchaba orgullosa de haber superado, al fin, mi penosa naturaleza adentrándome en terreno desconocido. Insistió en que le mandara fotos de mi atuendo, peinado y maquillaje de aquel día, y que la mantuviera actualizada sobre cualquier acontecimiento que sucediera. La miraba más emocionada de lo que yo estaba, al parecer aquella noticia le había regresado la energía que el exceso de trabajo había consumido
-Por fin vas a saber cómo se siente agarrar su chichotas- hizo un ademán de estarlas apretando con las manos.
-Eres una sucia pervertida, Valessa- bromeé.
Esta noche también tendría sueños eróticos enfocados en sus firmes y enormes pechos.
La tan esperada noche se hizo llegar.
Procuré maquillarme con cuidado, delineándome los ojos con suma delicadeza para evitar uno de esos desastres en los que comienzas con una línea delgada y terminas con el párpado cubierto de delineador negro. Intenté peinarme diferente al típico cabello suelto que llevaba en la oficina pero resultó que nunca desarrollé esas habilidades lo suficiente como para obtener un resultado decente, por lo que terminé por dejarlo suelto y llevarme una pinza por si acaso me molestaba el cabello en la nuca más tarde. Mi teléfono celular sonó justo cuando me estaba subiendo las gruesas medias por una pierna, me tambaleé hasta la mesita de noche para cogerlo al tiempo que batallaba para entrar en la ajustada prenda de invierno.
-¿Aló?
-Sub, ya estoy aquí afuera. ¿Lista?
Entré en un pánico silencioso, las medias se habían quedado atoradas a la altura de mi trasero y amenazaban con romperse si intentaba subirlas bruscamente.
-Sí, en un minuto más bajo para allá- traté de disimular mi apuro.
-¿No prefieres que suba?- parecía haber adivinado mi percance.
-¡No! No, no tardo nada. Sólo necesito mis llaves.
Colgué abruptamente y regresé a mi feroz batalla con las medias sacadas de un catálogo de herramientas de tortura. Ya sólo me quedaba ponerme las botas, tomar mis llaves y salir de ahí. Corrí escaleras abajo, tomé mi abrigo del respaldo del sofá y metí mis llaves en mi pequeño bolso negro. Me puse las botas apresuradamente y salí por la puerta dando un portazo tras de mí.
Calzado. Abrigo. Bolsa. Llaves.
Calzado. Abrigo. Bolsa…Llaves.
¡Y bajarse el vestido!
Se me había pasado por completo que para subirme bien las medias había tenido que levantarme el vestido hasta la cintura. De no haberlo recordado habría llegado con Toji luciendo así, y esa sería una manera catastrófica de iniciar la noche. Me acomodé el vestido un tanto avergonzada por mi falta de cuidado y continué dándole vueltas al asunto hasta llegar a la entrada del complejo. Mi mente se detuvo en seco al observar al hombre que me esperaba pacientemente recargado sobre la puerta de su auto. Madre mía, que sueño de hombre. Vestía un traje impecable color azabache acompañándolo con relucientes zapatos de vestir de un verde esmeralda que, a simple vista, parecería ser más un típico negro obsidiana; se había peinado el cabello hacia atrás y sólo un par de mechones rebeldes descansaban sobre su frente. Me esperaba relajado, con las manos en los bolsillos y una mirada despreocupada, al verme arribar al estacionamiento me sonrió y extendió su mano hacia mí guiándome hasta el asiento del copiloto, como buen caballero abrió la puerta para mí, y colocó mi saco y mi bolsa en el asiento trasero. Se sentó frente al volante y encendió el auto.
-De los tres looks que has llevado, este sin dudas es mi favorito.
-¿Disculpa?
-No me malentiendas, me gusta tu conjunto de oficinista sensual, pero éste vestido resalta tus curvas de una forma espectacular.
-¿Y cuál sería el tercero?
-Tu pijama de sandías- se volvió hacia mí portando una sonrisa pícara.
Olvidé aquella vez que estuvo en mi apartamento, de haber sabido que vendría hubiese escondido todas aquellas cosas que considerara vergonzosas, como mi pijama de sandías y mis pantuflas de sapo. Mi rostro debió de haber adoptado un tono colorado porque Toji comenzó a reírse de mí.
-Cállate- reí también- a una de tus camisas le hace falta un botón y aún no te has dado cuenta.
-Ah, ahora yo me avergüenzo- se llevó al rostro una mano fingiendo pena.
Condujo en silencio, no porque no quisiera hablar sino porque yo había olvidado contestar a sus preguntas. Me encontraba en una especie de trance, su perfume me desorientaba y algo más allá de mi vientre ardía con ganas de saltarme la cena e ir directo a por el postre. Admiré su perfil afilado, su quijada, su manzana de Adán, sus hombros fornidos, sus antebrazos marcados, esas manos… me estaba volviendo loca. Llegamos al restaurante alrededor de las ocho, un muchacho con chaleco tomó las llaves de su auto y le entregó un boleto de valet parking. Subimos en el ascensor hasta el techo, las puertas se abrieron de par en par y ante mi se reveló una escena sublime de luces cálidas, cristalería refinada y al fondo, el bello contraste entre las montañas y las luces de la metrópolis. Era un punto intermedio perfecto, alejado del bullicio del tráfico y los desfiles de fin de año, pero no tanto como para sentir que se está varado en medio de la nada. Silencio suficiente para escuchar el canto de las últimas aves despiertas volando para encontrar un refugio donde dormir. Las plantas colgantes ayudaban a absorber el ruido de las conversaciones del resto de comensales y la discreta música instrumental de fondo ambientaba el restaurante a la perfección.
Una bella muchacha con un vestido muy elegante nos llevó a nuestra mesa, nos sentamos uno frente al otro con la vista de la ciudad a un costado, una pequeña vela iluminaba nuestra mesa dándole al espacio a nuestro alrededor una sensación más íntima. Charlamos brevemente antes de que nos trajesen el menú, Toji me recomendó la lasaña vegetariana, el curry de pato y los dumplings de cordero. Miré los precios desorbitados de cada platillo y, aunque estaba segura de que él lo pagaría, preferí ordenar algo que estuviese dentro de mi presupuesto por si acaso decidiera salir corriendo de ahí. Él ordenó el cordero, y ahora entiendo el porqué, era una delicia de platillo. Lo acompañamos con un par de copas de vino tinto.
-Entonces, ¿estuviste casado?- qué manera tan torpe de comenzar una conversación, lo sé, pero la curiosidad me estaba matando y necesitaba saber.- ¿Te casaste muy joven?
-Sí, nos conocimos en nuestro primer año de universidad y un par de años después decidimos casarnos al terminar la carrera- Toji no pareció molestarse por aquella intromisión a su privacidad.
-¿Ella también estudió arquitectura?
-Derecho,- Toji le dio un trago a su copa de vino antes de continuar- quiso continuar con el legado de sus padres, quienes le prometieron un lugar en su despacho después de graduarse.
-¿Y entonces por qué se divorciaron?
-¿Quién dijo algo de un divorcio?- me interrogó con la mirada.
Enseguida me arrepentí de haber hablado de más, era obvio que había estado indagando sobre su vida personal como una acosadora profesional. Sé que pude haber alegado que simplemente había inferido que se habían divorciado dado que anteriormente se había referido a ella como su ex-esposa, sin embargo, la vergüenza me nublaba el juicio y preferí callar.
Tomé otro bocado de la lasaña hecha con berenjena frita y espolvoreada con queso parmesano añejo. Me recriminé mentalmente mi torpeza al conversar, creo que tras tantos años soltera mis habilidades para citas se habían oxidado.
-Debe ser lindo- murmuré más hacia mis adentros que como parte de la conversación.
-¿Hmm?- volví a captar la atención de mi cita.
-No quiero hacer asunciones, sin embargo, me parece que ha de ser lindo no tener que preocuparse por lo que quieres estudiar o a lo que te quieres dedicar, pues tus padres ya lo practican y, lo que es mejor, te tienen reservado un puesto de trabajo en su compañía- bajé la mirada hacia mi plato- te quita el estrés de buscarte la vida después de la universidad.
-Puede que tengas razón, pero también supone grandes expectativas sobre tus hombros. No todos los padres son comprensivos si intentas desviarte del camino que han planeado para ti. Terminan por considerarte un fracaso.
Levanté el rostro para mirarlo detenidamente, ¿hablaba por experiencia propia?
-¿Es ese tu caso?
-Podría decirse que sí-miró hacia arriba como si quisiera organizar sus pensamientos- y también que no. Mi familia no tenía grandes expectativas para mí, por el contrario, creo que querían verme fallar. Eso me impulsó a ser alguien en la vida y cerrarles el hocico de una buena vez.
-¿Y funcionó?
Tan sólo se limitó a reír con un aire de nostalgia, como ponderando sobre el propósito del camino ya recorrido, dudando sobre el resultado de sus decisiones.
-Y bueno, ¿a qué viene tal comentario?- claramente ya no quería continuar hablando sobre sí mismo. - ¿Es tu caso el contrario?
Aquí viene. Por más que lo haya intentado esconder terminé por revelar mis verdaderos sentimientos en cuanto a mi vida, a mi futuro y a mi carrera. Sé que pude haber intentado mentir, jugar a que soy una persona que lo tiene todo resuelto, que todo lo que he hecho ha ido de acuerdo al plan de vida que me propuse a los 18 años y que estoy contenta con mis elecciones. Sin embargo, tarde o temprano la verdad terminaría por emerger y entonces quedaría en ridículo por haber querido aparentar ser alguien que, francamente, nunca voy a ser. Al fin de cuentas, él ya ha tenido suficiente éxito en la vida, ya cuenta con esa estabilidad adulta a la que todos los veinteañeros queremos llegar. ¿Qué pierdo si me sincero ante él? Desde el comienzo, siempre ha sido refrescantemente sincero conmigo. El día en que hablé con él por primera vez me confesó que odia trabajar, que es un perezoso hedonista que se enorgullece por su falta de compromiso con la empresa que le da de comer. ¿Cuánto podrá juzgarme un descarado como él?
Mi silencio prolongado no pasó desapercibido. Toji me miraba interesado por descubrir lo que fuese que realmente pasara por mi mente. Le sonreí con desgano, sorbí un trago de valor de vino tinto y me aclaré un poco la garganta antes de hablar.
-Supongo que se podría decir eso. Cuando ingresé a la universidad no tenía ni idea de qué quería estudiar, sólo apliqué para esa carrera porque pensé que eso era lo que se esperaba de mí. Que aquella carrera tendría suficiente prestigio como para apantallar a mi familia.
-¿La carrera no fue de tu agrado?
-Al contrario, disfruté bastante de estudiarla y las prácticas fueron asombrosas. Pero poco antes de graduarme comprendí que aquello no era a lo que quería dedicarme el resto de mi vida, las ofertas laborales no eran para nada atractivas y comencé a entrar en pánico cuando mis demás compañeros empezaron a laborar en el campo o a inscribirse a una maestría. Mientras tanto yo me encontraba en el limbo, sí, trabajando en proyectos cortos de cualquier cosa pero sin realmente progresar en mi área de especialización. Creo que aquello terminó por afectarme de más y caí en una especie de depresión. No conseguía tantos trabajos como antes y ya no podía pagar mis cuentas, así que terminé por mudarme de regreso con mi madre.
-¿Y qué tal ahora? ¿Eres feliz trabajando en la oficina?
Me paralicé. Era cierto que, si ya había dado tantas vueltas y recorrido tantos caminos, ya debería haber encontrado el mío. Ahora pensaría que simplemente soy una chica inmadura que no puede decidirse por una profesión seria.
-No sientas pena. Es normal que aún no estés del todo segura de qué es lo que quieres hacer- me aseguró.
-Pero ya he tenido demasiadas oportunidades, no es posible que aún no esté conforme con lo que estoy haciendo,- objeté frustrada- incluso tú, que estudiaste algo totalmente diferente, has encontrado tu dirección. ¿Cuánto más tendré que desviarme de mi camino antes de poner la cabeza en serio?
Esto comienza a sonar como una sesión de terapia.
-Sub, eres demasiado exigente contigo misma- me miraba sereno, compadeciéndose de mí y aquello me irritó, - te comprendo, sé de dónde vienes.
-Discúlpame si soy un poco grosera pero, ¿cómo podría, alguien exitoso como tú, entender a alguien como yo? ¿Qué no has visto cómo vivo? Soy una falla como adulto.
La máscara se ha caído. Ya no hay vuelta atrás.
-Entre mis días en la universidad y mi puesto de trabajo en TecLET hay kilómetros de distancia.
»Mientras que es cierto que estudié la universidad, jamás logré titularme. Un par de meses después de graduarnos y a nada de entregar mi tesis finalizada, mi ex-esposa y yo nos apresuramos a casarnos al descubrir que ella estaba embarazada. Claro que quise darlo todo por ellos pero ahora tendría que apresurarme y buscar un empleo que pudiese mantenernos a los tres, pues los padres de ella le habían quitado el apoyo al enterarse de que se había embarazado antes del matrimonio. Verás, ella venía de una familia muy religiosa y un pecado como aquel, era prácticamente imperdonable. Así, sin contar con el apoyo de nuestras familias, logramos comprar una discreta casa en un suburbio en vías de desarrollo. La vida pintaba bien. Teníamos cerca parques, escuelas, mercados, todo lo necesario para comenzar una vida en familia.
»La salud de mi ex-mujer nunca había sido la mejor, constantemente sufría de infecciones del estómago y alergias a ciertos alimentos, enfermó de asma cuando era niña y no había mejorado desde entonces. Durante el último trimestre de su embarazo, fue diagnosticada con una enfermedad cardiaca, estenosis mitral. El padecimiento era peligroso y el pronóstico dictaba que ella no viviría muchos años más tras el parto, aún así, ella no quiso detener el embarazo. Esperaba con ansias la llegada de nuestro hijo, había depositado todo su amor en aquella pequeña criatura y se le quebraría por completo el corazón si tuviera que dejarlo ir.
Murió prematuramente, no fueron años después sino un año y tres meses más tarde. Nuestro hijo ni siquiera lograría recordar su rostro….
Hizo una pausa para respirar profundo, se reincoporó y continuó.
-Cuando la conocí, yo me encontraba en un lugar muy oscuro. Habiendo aprendido a vivir por mi cuenta luego de que mandé de paseo al resto de mi familia, tuve que aprender a ser duro e imparable. Sin embargo, ella suavizó todas esas esquinas filosas y me convirtió en la mejor versión de mí mismo. Es por ello que, cuando murió, me descarrilé por completo. Buscaba desesperado una cura para mi dolor, quería olvidarlo todo, desprenderme del sufrimiento.
No me enorgullece lo que estoy por contarte.
Me endeudé hasta la médula tras haber apostado todo lo que tenía y más, no me quedó ni la casa por la que tan duro trabajé, me ahogué en excesos y arrasé con cualquier remanente de la vida que alguna vez construí con ella. Y me costó mi hijo. Lo resentía tanto por haberse llevado al amor de mi vida, por haber consumido la salud de su madre, así lo razoné en aquel momento. Me miraba inexpresivo como si ni siquiera me tuviera afecto, y yo lo abandonaba para irme a las casas de apuestas. Finalmente, me quedé en la calle y los servicios de protección infantil se llevaron a mi hijo para siempre. Realicé muchos trabajos cuestionables para seguir financiando mis hábitos destructivos y terminé por ser arrestado. Tras un par de años en prisión, al salir, un viejo amigo de la universidad me ofreció asilo en su casa y un empleo. Shiu fue como un salvavidas en alta mar.
-Vaya- imaginaba que la vida no habría sido demasiado buena con él, pero jamás a ese punto- ¿y tu hijo? ¿Lograste recuperarlo?
-No lo intenté.
-¿Pero por qué?- no pude evitar juzgarle.
-Yo fui el causante de que su vida se volviera una miseria, fui un padre terrible. Le causé tanto dolor, le obligué a crecer demasiado rápido y terminé por abandonarlo. En cambio, su padre actual, de lo que he logrado saber, tiene una economía con la que muchos soñamos, puede costearse enviarlo a escuelas privadas y a clases de piano, violín y hasta equitación. Vive una vida mucho mejor de la que tendría conmigo.
-Pero tú eres su padre- interrumpí tímidamente, admito que me sentía un poco horrorizada.
-No fui un padre para él y no podría hacerlo ahora, dudo que siquiera se pregunte por mi. En sus ojos tan sólo soy el cretino ese que le abandonó por las apuestas. Y lo soy, de eso no dudes.
No supe qué más decir. En parte tuve razón todo este tiempo, este tipo era un cretino. No se ocultaba tras una muralla dura y fea para proteger su lado sensible y bueno, él mostraba exactamente quién era en realidad. De pronto, la comida me supo mal y las náuseas trepaban por mis órganos. Felicidades Sub, un lustro sin tener vida romántica y al primer tipo con el que sales resulta ser un abandonador de hijos, adicto a las apuestas y ex convicto. Quería salir de ahí de inmediato. Sé que todo este tiempo había estado preocupada porque él me juzgara por mi vida apática y deprimente, pero esto ya eran ligas mayores. Una parte de mí quería aventarle el vino en la cara y salir de ahí hecha una furia, y la otra tan sólo deseaba evaporarse hasta desaparecer por completo.
-Sé lo que has de estar pensando- su dura voz me despertó de mis cavilaciones- soy un cretino. Un desperdicio de ser humano, ¿cierto?
Aparté la mirada admitiendo que estaba en lo correcto.
-Nada te obliga a permanecer aquí. Sin embargo, la razón por la que te estoy contando todo eso, y arriesgándome a que me lances el vino en la cara, es porque soy la prueba viviente de que jamás se está lo suficientemente dañado. Que puedes haber fallado una y otra vez, y hasta haber causado daños irreversibles, pero siempre podrás volver a levantarte y buscar tu camino. No tengas miedo a cambiar de rumbo otra vez, no te concentres tanto en lo que están haciendo los demás. Sólo enfócate en llegar a la superficie, pelea con todas tus fuerzas y no pierdas de vista el objetivo. Y, si encuentras que te has equivocado, no dudes en lanzarte otra vez.
-¿Y qué hay de aquellos que resultan lastimados por nuestros errores?- claramente me refería a su hijo- ¿dónde quedan ellos?
-A veces lo mejor es apartarse. De haber regresado a la vida de mi hijo hubiese vuelto a abrir heridas que probablemente ya hayan sanado. No habría recuperado la custodia y de haber peleado por ella solamente hubiese sujeto a mi hijo a un doloroso proceso legal sin sentido, causándole más daño que si sólo le hubiese dejado ir. Pienso en él seguido, pero descanso tranquilo con el conocimiento de que ahora él tiene una familia que lo ama, hermanos con quienes jugar, y una casa cómoda y lujosa. Y para mí, eso es suficiente.
-No lo había visto de esa forma- ahora me sentía como una chiquilla demasiado emocional. Si se había sincerado conmigo en primer lugar, es porque quería asegurarme que aún estaba a tiempo, que no me había quedado atrás, que todos tenemos nuestro propio ritmo y nuestras circunstancias son diferentes. Y en cambio, yo le había demostrado ser de aquellos que juzgan sin detenerse a empatizar con los demás, sin ponerme en sus zapatos y pensar cómo habrá sido sufrir una pérdida tan grande cuando ya no te queda nada más. - Lo siento.
Lo miré apenada más no hallé en sus ojos ira o desprecio, probablemente estaba acostumbrado a que la gente reaccionase así al conocer su turbio pasado. Continuamos comiendo sin tener nada más que decir, la velada se había tornado un tanto incómoda tras habernos mostrado el uno al otro nuestros verdaderos colores. Conforme progresó la noche y dispuse de silencio para meditar nuestra acalorada plática, razoné que tener frente a mí a una persona como él me hacía sentir un extraño alivio. Su camino había sido todo menos recto, tuvo que dar muchas vueltas, tropezar incontables veces y caer hasta lo más profundo de su oscuridad antes de encontrarse a sí mismo y luchar por conseguir una vida plena y digna. Qué mayor prueba del carácter y la fortaleza de una persona que haber caído tan bajo y haberse levantado otra vez, admirable.
-¿Es así cómo te hiciste esa cicatriz?- apunté con la mirada hacia su labio.
-Estabas muriendo por preguntarme, ¿no es así?- bromeó sin guardar resentimientos por la charla anterior.- No, éste fue un dulce regalo por parte de mis hermanos mayores. Es una de las desventajas de crecer con puros hombres que pelean por establecer dominancia sobre de todos los demás.
-Pero si no pareces ser un debilucho- me sorprendí pues aquel hombre tenía un físico de temerse.
-Imagina cómo habrían de estar ellos- rió sin darle demasiada importancia.
El ambiente entre los dos se había aligerado un poco y el resto de la cena transcurrió sin mayor incidente. Platicamos de cosas banales, cotilleamos un poco sobre el señor Sterling y su obsesión por lamerle los zapatos a su superior. Me habló sobre sus viajes por otros continentes como mochilero veinteañero, mucho antes de que su vida resultara en un desastre completo. ¿Cómo alguien tan roto podía verse tan completo?
Al terminar con el postre y pagar la cuenta, salimos un rato a caminar por el largo parque que bordeaba la calle. Pronto sería medianoche y los fuegos artificiales iluminarían el cielo de colores y destellos, la calle se inundaría de aplausos, clamores y risas, y la música estallaría desde adentro de los restaurantes.
Caminamos sin prisa manteniéndonos muy juntos el uno al otro, las madrugadas en diciembre siempre son las más frías del año y por más que uno se arrope con bufandas y gruesos sacos de lana el viento congelado encuentra la manera de adentrarse en la piel. Como primera cita creo que ambos habíamos fallado, destruímos cualquier oportunidad de dar paso al romance y en su lugar nos despojamos de las prendas que escondían nuestros peores defectos. Y sin embargo, esto había sido mejor que pasar la noche pretendiendo ser perfectos como si las cicatrices en nuestros cuerpos no contaran una historia diferente. Aún tenía mucho en lo que pensar, muchas cosas que considerar. Su pasado no cambiaba quien era ahora, y de él no habérmelo contado probablemente al final de esta noche le hubiera besado sin dudarlo.
No podía negar la atracción que sentía por él, la química a punto de estallar entre nosotros, me costaba trabajo contener el impulso que me llevaba a buscar la cercanía de su cuerpo. Sin darme tiempo a arrepentirme extendí mi mano buscando la suya, él se detuvo a mirarme sorprendido. Probablemente tampoco se esperaba que algo más resultase de esta velada y, sin embargo, yo ya había dado el primer paso. Entrelazamos nuestras manos y continuamos paseando a lo largo del solitario parque, ambos portando una pequeña sonrisa como si se tratara de nuestro primer romance de adolescentes.
-Pronto será la medianoche- señaló el reloj en la pantalla de su teléfono,- y aún no me has felicitado.
-Pfft,- me cubrí el rostro con una mano- suenas como un niño.
Nos mantuvimos allí, parados el uno frente al otro sin hablar. Observé el curioso color de sus ojos que imitaban el azul oscuro del cielo, aún me intimidaba el peso de su mirada cuando se centraba en mí y parecía desvestirme sin tener que usar sus manos. Ahora entendía que si era capaz de ver a través de mí, era por la experiencia de una vida compleja marcada por la ausencia de alguien en quien confiar, siempre debiendo de adelantarse a las intenciones de los otros. Era perspicaz porque tuvo que serlo para sobrevivir en las calles, era astuto y sabio porque ya lo había visto todo antes. Tomé su rostro en mis manos sin perder de vista sus preciosos ojos.
-Feliz cumpleaños- susurré antes de elevarme sobre las puntas de mis pies para juntar mis labios con los suyos. Fue un beso rápido pero suave, tierno al tacto, efímero pero invitándole a probarlo una vez más.
Me miró atónito, se mantuvo inmóvil unos segundos antes de comprender, complacido, que aquello en efecto había sido un beso mío. Esta vez fue él quien dio un paso hacia adelante, me rodeó la cintura con un brazo y me atrajo hacia sí para besarme, esta vez con más fiereza, nuestros labios se encontraron rehusándose a separarse, necesitados el uno del otro y dejando atrás la necesidad vital del oxígeno en nuestros pulmones. Mi cuerpo se derretía en el agarre de sus brazos, el aroma de su perfume me estaba embriagando y perdía poco a poco la sanidad con cada caricia que me proporcionaba. Me aferré a sus ropas temerosa de tener que dejarle ir. La culminación de esta espera había sido más de lo que mi mente y mi cuerpo podían soportar, había pasado tanto tiempo sin el sabor de un dulce beso, sin el roce cariñoso de una mano, sin la presión de un abrazo, y ahora lo quería todo. Quería consumir todas sus caricias, todos sus besos y toda su lujuria, hacerla parte de mi, nutrirme de su calor, dominar su atención.
Se separó de mí para observarme.
-Tienes las mejillas sonrojadas.
-Es el frío- me excusé.
-¿Tienes frío?- me envolvió con su saco aprisionándome contra su cálido pecho. Valessa gritaría si le contara esto.
Acomodó su rostro a un lado del mío, sus labios a la altura de mi oreja susurrando ''gracias por esta noche''.
-Que va- respondí- gracias a tí. Lo he pasado muy bien. Continuamos con nuestra caminata nocturna admirando nuestros alrededores y platicando sobre nuestros planes para el resto de las vacaciones.
Aquella noche había tomado mi decisión. En boga de las nuevas experiencias, de no tener miedo a lo desconocido, de no conformarse con lo que parece ser cómodo aunque no le permita a uno continuar creciendo.
Había tomado mi decisión.
Ya veo estrellitas, ando igual que Valessa.
Como lo prometí, el capítulo 3 (si no contamos los extras) está listo. En teoría podría dejarlo aquí y sería una buena conclusión, pero aún faltan algunas cosas por contar. No sé si este fic tendrá un +18, la verdad que no sé si me inspiro. Nunca he escrito smut hetero y, a decir verdad, me intimida un poco jajaja. Playlists de POVs con personajes de Jujutsu Kaisen, ahí les voy.
Y bueno, creo que ésta es la primera vez que escribo un capítulo tan largo en toda mi historia de escribir fics. Mi yo de hace 10 años estaría orgullosa, *snif¨*
¡Nos leeremos pronto! No olviden compartir sus opiniones, se aprecia mucho el amortsss.
