Dentro de la gran barrera donde estaban encerradas Twilight y sus amigas, reinaba una pesada calma. Aquella tranquilidad solo era interrumpida por el aletargado canto del Gallo Dragón Titanicus, la única criatura visible en todo el lugar. Sin embargo, en el cielo, una presencia invisible se movía lentamente sobre uno de los extremos del horizonte.

Solo la mirada aguda de un auténtico aventurero podría notar los débiles cambios de luz causados por la sombra de aquella presencia. Poco a poco, como la brisa de un inexistente viento, la figura translúcida descendió cerca de una colina rodeada de arbustos.

La figura continuó su camino hacia la colina. Ningún ruido de pasos o respiración se podía escuchar en su andar.

Así de sigiloso se había vuelto Badwhiz Starheart, un joven poni terrestre en armadura de alicornio que había sido empujado por los giros de la vida hacia un extraño destino.

Con paso silente, Badwhiz se acercó a solo unos metros de la entrada de la madriguera de conejos donde Twilight y sus amigas se habían refugiado.

Observó confiado.

Encontrar aquel lugar le había resultado sencillo. Lo había estado observando a distancia poco después de que la princesa y sus aliadas hubieran ascendido a esa colina. Y durante el tiempo restante, se había mantenido alerta, planeando invisible por los alrededores.

Las órdenes iniciales que había recibido eran vigilar los movimientos de la princesa y sus aliadas. Sin embargo, sabía que esas órdenes podían cambiar en cualquier momento, y efectivamente eso había pasado. Ahora tenía la misión de ingresar a la base de operaciones de la princesa y averiguar qué podrían estar tramando junto con sus molestas amigas.

"¡Qué yegua más problemática! ¿Cómo pudieron nombrarla princesa?" pensó Badwhiz molesto. Badwhiz detestaba a Twilight. Detestaba lo que estaba haciendo al reino que sus antepasados habían jurado proteger. A su juicio, Equestria siempre había sido un reino de ponis terrestres, pegasos y unicornios. Un reino que representaba el equilibrio entre tres razas distintas de ponis. Sin embargo, desde que esa yegua había asumido el reino, eso había empezado a cambiar. Criaturas de diferentes lugares del mundo empezaron a llegar y a coexistir entre los ponis, cambiando sus costumbres, sus ciudades, incluso sus fiestas. Poco a poco, la identidad de unión entre los ponis se iba erosionando y diluyéndose en el olvido.

Dentro de un tiempo, nadie recordaría por qué estaban unidos en primer lugar, y entonces el terrible molino del conflicto se pondría en marcha.

Y sin embargo, este era el menor de los pecados de esa princesa.

Lo que había hecho con los Árboles de la Armonía... lo que ocurriría después.

El despertar de la oscuridad ...

Badwhiz cerró los ojos un momento, recordando con dolor las palabras de Balor y los otros caballeros.

Él era el único poni que sabía la verdad. Era el ultimo de los Starheart que aun seguia en este mundo. Marcharia por el mismo camino que habian seguido sus antepasados. Ese era su destino: proteger Equestria sin importar el precio.

Así, continuó observando hasta que finalmente llegó la confirmación que había estado esperando.

"Continúa, niño. Es seguro", escuchó una voz dirigiéndose mentalmente hacia él.

Obedeciendo aquella orden, Badwhiz se internó en la madriguera.

Tras un trote rápido e imperceptible, Badwhiz llegó a una amplia habitación vacía. El techo estaba decorado con cristales luminiscentes cuya luz caia perfectamente en las sillas de hojas y la mesa de piedra que se encontraban en su centro.

"Los conejos de Equestria sí que tienen un buen sentido para la decoración de interiores", se escuchó una nueva voz mental en el interior de Badwhiz.

"No lo creo, mi buen Taranis. Esto es obra de la poni frívola que acompaña a esa princesa cobarde. Deberíamos purgar este lugar para que no tengan un refugio al cual regresar", respondió otra voz.

"Por favor, Morrigan. Apeguémonos al plan. Niño, continúa la exploración".

"Como ordene, Lord Mannah", respondió Badwhiz mentalmente.

Sin perder más tiempo, el poni comenzó a revisar la habitación. Pronto descubrió que la parte inferior de las paredes estaba llena de agujeros de diferentes tamaños. Usando la luz de su cuerno, observó que esos agujeros eran entradas a otros túneles que descendían más profundo en el suelo. Algunos incluso se ramificaban en varias direcciones. Sin embargo, en su mayoría, eran pequeños y demasiado estrechos para que un poni adulto pudiera pasar.

Badwhiz dio una vuelta completa a la habitación, terminando su inspección. Aparte de los recién puestos decorados en las paredes y otros rastros de civilización, no encontró más señales de las yeguas que habían estado allí. La princesa y sus aliadas habían abandonado su refugio hace muy poco tiempo. No estaba claro cuáles habían sido los motivos de esa decisión. Tampoco se sabía el método que habían utilizado para retirarse. Podrían haber tomado algunos de los túneles más grandes o haber usado la teletransportación.

No había suficiente información.

"Niño, es suficiente por ahora. Retírate de ahí y revisa los exteriores", ordenó Mannah, y Badwhiz confirmó la orden mientras salía de la madriguera.

Era una decisión prudente, necesitaba más pistas.

Una vez afuera, nada había cambiado. Sin una dirección clara, un invisible Badwhiz comenzó a trotar hacia el lado izquierdo de la colina, observando a su alrededor con cuidado, esperando encontrar algún posible rastro que hubieran dejado atrás aquellas ponis.

Solo había dado unos pasos entre los arbustos cuando...

"Whiuuzzzz", un silbido penetrante estalló a su costado. Badwhiz instintivamente retrocedió y de inmediato levantó una barrera mágica para cubrirse.

Pequeños fragmentos de confeti cayeron sobre él, más los restos de cintas decorativas de fiesta.

Agitado y con el corazón al límite por aquel repentino ataque, Badwhiz se quedó inmóvil por unos segundos. Había cometido un error: al liberar su magia, terminó rompiendo su invisibilidad y revelándose por completo. Agudizó todos sus sentidos lo más que pudo, buscando percibir a algún enemigo cerca de él. Pero no encontró nada. Solo silencio. Aun desconfiado, observó donde antes había estado de pie. En el suelo manchado por confeti, se encontraban los restos de una cápsula de sorpresa que había estado oculta entre las hierbas.

"¿Ocurre algo, niño?" preguntó una voz familiar en la mente de Badwhiz.

"No, nada. Solo una ridicula trampa", respondió el poni en armadura, recobrando su compostura.

"Continúa", le ordenó la voz.

Al momento, disipó la barrera. Ya calmado, Badwhiz se acercó a los restos de la diminuta cápsula. Con molestia, observó la frívola trampa que lo había paralizado.

"Estúpidas yeguas. ¿Acaso lo único que saben hacer es perder el tiempo?" maldijo Badwhiz en voz alta mientras pateaba con desprecio los restos de la cápsula de sorpresa de confeti de Pinkie Pie.

"Algunas de nosotras sí. Pero suena feo cuando lo dices de esa manera...", respondió una voz entre los arbustos.

Badwhiz solo alcanzó a escuchar las tres primeras palabras. Un golpe sordo cayó sobre su cabeza, nublando su vista. El dolor que sintió fue acompañado por una sensación de ingravidez. Por un instintivo reflejo natural, buscó extender las alas, pero no pudo. Una fuerte presión lo sujetaba. Tras aquel breve instante de impacto, su vista se recompuso. Entonces descubrió que estaba en el suelo, amarrado. Sobre él estaba una pegaso de pelaje celeste y melena arcoíris.

"... yo diría más bien que les gusta vivir con estilo. Deberías intentarlo también un día", terminó de responder Rainbow Dash.

"¡TÚ!", respondió Badwhiz, intentando concentrarse para atacarla con la magia de su cuerno. Sin embargo, nada ocurrió. Confundido, lo intentó de nuevo, pero ocurrió lo mismo.

"He..." dijo Rainbow mientras lo observaba con una sonrisa. "¿Buscas esto? ¿O esto?" La pegaso extendió uno de sus cascos delanteros, en el extremo tenía la gema Starheart, y con un giro del casco, apareció también la diadema de cuerno de alicornio que era parte de la armadura de Badwhiz.

Incrédulo, Badwhiz tardó unos segundos en responder. "¿CÓMO?"

"Te los quité. Un gran truco pirata. ¿Verdad?", respondió con arrogancia Rainbow Dash.

"¡PERO... ESTABAN UNIDOS A MÍ CON MAGIA!" exclamó Badwhiz con ira.

"JA, JA, ¡por eso te digo que es un gran truco pirata! Pasas toda una temporada con esos tipos en medio del mar y terminas volviéndote uno de ellos. Ja, ja... ¡Qué recuerdos!" dijo la pegaso mirando al horizonte mientras se ponía de pie y daba un gran suspiro. "Por cierto, sobre lo que dijiste de mis amigas hace un momento..."

Rainbow Dash se volteó hacia Badwhiz. Su buen humor se había ido, y ahora la pegaso tenía una mirada sumamente molesta.

"NO SOMOS ESTÚPIDAS, NIÑITO", dijo lentamente la pegaso, colocando su casco sobre el mentón de Badwhiz.

"No me importa. Eso no cambiará..."

"Sí, sí, terminemos con esto", interrumpió Rainbow Dash. Con un aleteo, se elevó y tomó uno de los extremos de la cuerda con la que había amarrado a Badwhiz y comenzó a jalarlo entre los arbustos.

Badwhiz empezó a forcejear para liberarse de las ataduras, pero sus esfuerzos resultaron inútiles. Las cuerdas anudadas con un sólido triple nudo Apple no cedieron en absoluto. Después de ser arrastrado por varios metros por Rainbow Dash, llegaron a la cima rocosa de la colina.

"¿Sabes? Estoy algo decepcionada contigo. Para ser el séptimo caballero de los tontos, resultaste ser todo un chico espectáculo. ¿O es porque tus otros amigos están afuera liberando a esa banda de pseudo-caballeros de su encierro?", preguntó la pegaso, pero Badwhiz solo le respondió con una mirada fría. "Bueno, como sea. Estoy segura de que disfrutarás de una larga charla con Pinkie Pie cuando hayamos terminado con esto".

"Aún no ha terminado. Ustedes no podrán derrotar al poderoso Gallo Dragón Titanicus", respondió Badwhiz desafiante.

"Ah, cierto... el pájaro gigante ese. Qué tal si echas una mirada por acá, niño", dijo Dash jalando a Badwhiz para que viera junto a ella el horizonte donde estaba el tren y la terrible bestia.

Lo siguiente que vio Badwhiz fue algo que le resultó tan difícil de creer que pensó que estaba soñando.

A la distancia, el Gallo Dragón Titanicus atacaba con un rayo de fuego a lo que parecía ser una pegaso púrpura volando alrededor suyo; a sus lados, otros ponis lo atacaban lanzándole rocas y otros proyectiles. Aquella, sin duda, era la princesa poni y sus aliadas enfrentando a la bestia. Como era de esperarse, sus esfuerzos no hacían ningún daño al poderoso Gallo Dragón, que no dejaba de escupir fuego a su alrededor y lanzaba ráfagas de viento desde sus alas. Sin embargo, algo no andaba bien. Poco a poco, los feroces movimientos de la gran criatura fueron haciéndose más y más lentos. Casi ya paralizándose, el Gallo Dragón Titanicus buscó desprenderse de un extraño collar rosa-amarillo en su cuello. Pero fue en vano. El cuerpo del Gallo Dragón se tambaleó, dando un último aliento. Como un árbol cortado, cayó de uno de sus lados, enterrando el pico en la calcinada pastura de la llanura.

Badwhiz estaba estupefacto viendo el resultado final de aquel corto combate. A su lado, Rainbow Dash estaba rascándose la cabeza mas extrañada que sorprendida.

"Vaya. ¿Su barbilla era su punto débil? ¿En serio?", dijo Rainbow Dash. Luego se volteó hacia Badwhiz, que aún seguía atónito. "No me preguntes qué pasó. Ni yo lo entiendo. Mejor... vayamos de una vez con las chicas".

La pegaso arcoíris acomodó la gema y la diadema de Badwhiz en algún lugar dentro de su melena y se dispuso a partir.

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Varios minutos antes, en la madriguera...

"Espera... ¿dijiste invisible?" dijo Rarity, sorprendida.

"Así es, estaba dando vueltas en círculos sobre nosotras desde hace un rato", respondió alegremente Rainbow Dash. La inquietud rondaba a los lados de la mesa de piedra.

"Rainbow Dash, dijiste que estaba... ¿qué está haciendo ahora?" preguntó Twilight, intentando mantener la calma.

"Viene para acá, por supuesto", respondió la pegaso con una frescura que casi parecía una provocación.

Twilight estaba alarmada. Vainilla ya sabía dónde estaban, y ahora venía por ellas. Y ella aún no había explicado sobre el Gallo Dragón Titanicus ni sobre la posible identidad de Vainilla. En el pasado, Twilight habría estado en el suelo, teniendo un ataque de pánico. Y ciertamente, una parte de ella aún se sentía inclinada a hacer eso en ese momento. Sin embargo, aquellos tres años de constante estrés y tareas atrasadas hasta el final ya le habían curtido lo suficiente como para afrontar una situación así de complicada.

Con un gran suspiro y haciendo un gran esfuerzo mental, Twilight cerró los ojos, despejó su mente y vislumbró los mejores escenarios que debía tomar, usando la poca información que habían obtenido hasta ese momento. Después de unos segundos, abrió los ojos, por fin divisando qué debía hacer.

Sin prestar atención a las miradas de sus amigas, Twilight se puso de pie y levantó una burbuja de magia protectora alrededor de ellas.

"Este lugar ya no es seguro. Lo siento, Rarity, pero tendremos que dejarlo", dijo Twilight apenada a su amiga.

"Está bien, Twilight. Solo espero que los conejos de la pradera puedan disfrutar de este hogar más de lo que lo hicimos nosotras", respondió Rarity con pesar.

"¿Y esta burbuja?" preguntó Pinkie Pie, colocando su casco sobre las paredes de la barrera mágica.

"Vainilla ya conoce nuestra posición y es muy probable que nos haya estado observando con magia desde el momento que llegamos aquí. Si no tomó acción antes es porque se mostraba cauteloso ante lo que podríamos hacer. Después de observarnos lo suficiente, debe estar seguro de que no somos una amenaza y ha decidido tomar la iniciativa. Esta barrera evitara que siga observandonos." Twilight explicó mientras su mirada se tornaba más seria.

"¿Así que ese Vainilla piensa que no somos una amenaza? Pues que siga pensando eso. Aquí le demostraremos que no somos unas ponis indefensas", dijo Applejack. Todas las demás ponis se pusieron de pie, envalentonadas por las palabras de su amiga, excepto Fluttershy, que se mantuvo algo indecisa en su asiento.

"Estoy de acuerdo, Applejack, pero no será aquí donde se lo demostremos", dijo Twilight, manteniendo la calma mientras las miraba a todas.

"¿En serio?" replicó Rainbow Dash que lucia algo descepcionada.

"Así es, Rainbow Dash. Si peleamos aquí, caeremos en el escenario que debe haber preparado Vainilla. Ahora mismo debemos ir a un nuevo refugio y prepararnos."

"¿Eso no es lo que ya hemos hecho?" preguntó Pinkie Pie asomando su cabeza detrás de Fluttershy.

"Sí, pero ahora ya tengo un plan", respondió Twilight con una sonrisa. Al ver la confianza de su amiga princesa, todas empezaron a tranquilizarse. "Sé cómo derrotar rápidamente al Gallo Dragon Titanicus y gracias a Rainbow Dash sabemos que Vainilla está viniendo hacia aquí, esta es una buena oportunidad para sorprenderlo por separado. Lo primero que debemos hacer es ir a un nuevo refugio. Usaré la teletransportación para eso, les explicaré el resto cuando lleguemos."

Al escuchar la explicación de Twilight, todas se mostraron de acuerdo y comenzaron a reunirse al lado de Twilight, preparándose para la teletransportación. Sin embargo, Rainbow Dash se quedó en su sitio observándolas con los ojos entrecerrados. Twilight ya podía imaginar qué era lo que su intrépida amiga tenía en mente, ya que también había visto aquel escenario.

"Espera, Twilight", dijo finalmente la pegaso.

"¿Qué ocurre, Rainbow Dash?" pregunto Twilight ocultando su dolor.

"Tengo una mejor idea. Yo me quedo. Pelearé contra Vainilla aquí", dijo Rainbow Dash con una mirada seria.

"¿Hee?" Todas las ponis, menos Twilight, exclamaron al unísono.

"¡¿DE QUÉ ESTÁS HABLANDO, RAINBOW?!" exclamó primero Applejack, encarando a la pegaso.

"Lo que escuchaste, Applejack. Me quedaré y pelearé contra Vainilla mientras ustedes derrotan al Gallo Dragon ese. Así tendremos mejores oportunidades de ganar", respondió Rainbow Dash totalmente en calma.

"NO ES EL MOMENTO DE JUGAR AL HÉROE. SE SUPONE QUE DEBEMOS ESTAR UNIDAS PARA..."

"Lo que dice Rainbow Dash es correcto, Applejack", dijo Twilight, apoyando las palabras de Rainbow Dash. Sus amigas se mostraron preocupadas, sobre todo Applejack.

"¡¿Pero, Twilight?!" apeló Applejack.

"Sé que es una decisión difícil. Pero ahora que sabemos que Vainilla está solo, esta podría ser la mejor oportunidad que tengamos para vencerlo. Dadas las contramedidas que ha tomado hasta ahora nuestro oponente, muy probablemente espera que actuemos en conjunto. Si Rainbow Dash lo ataca por separado mientras nosotras enfrentamos al Gallo Dragon Titanicus, incrementará nuestras oportunidades de tener éxito. Sin embargo..." dijo Twilight, dirigiéndose a sus amigas que la rodeaban y luego a Rainbow Dash, "... Rainbow Dash, no necesitas enfrentarte a él sin reservas. Sera suficiente con que lo distraigas mientras nosotras nos encargamos del Gallo Dragon. ¿Lo entiendes?"

"¡Por supuesto! No voy a lanzarme contra él como una carreta sin frenos. Pero si ese Vainilla resulta ser un chico espectáculo, no me culpes por terminar antes que ustedes", respondió Dash con confianza. Twilight sabía lo mucho que le gustaba presumir a su amiga pegaso, pero ante la postura firme y la mirada seria que tenía, sabía que ella en ese momento no estaba fanfarroneando.

"Bien, si es así... ahora quisiera saber quiénes están a favor de la idea de Rainbow Dash", preguntó Twilight al resto de ponis.

Todas guardaron silencio. Era innegable que su atlética amiga pegaso era la mejor voladora en toda Equestria y que incluso había ganado aún más experiencia en su viaje alrededor del mundo. Si había una poni capaz de enfrentarse a Vainilla por sí sola, esa era Rainbow Dash.

Incapaces de negar la verdad y con una evidente preocupación, cada una de las ponis levantó uno de sus cascos. Incluso Applejack lo hizo, aunque con gran malestar.

Twilight asintió, poniendo fin a la discusión. En el otro extremo, Rainbow Dash se mostró con una postura aún más firme y segura que antes. "Gracias, chicas, no las decepcionaré".

"Rainbow, no hagas ninguna tontería. Si ese tipo empieza a hacer cosas raras y malvadas, regresa con nosotras de inmediato", dijo Applejack. Detrás de ella, el resto de las ponis compartía palabras similares.

"Por favor, chicas. ¡Estaré bien! He peleado con cosas más espeluznantes que un niño de mal carácter. De hecho... ustedes son las que me preocupan. ¿De verdad están preparadas para esto?"

"Tengo un plan, Rainbow Dash. Y me gustaría compartirlo con todas ahora, pero no tenemos el tiempo para eso", dijo Twilight, mirando con recelo la entrada principal de la madriguera.

"Entiendo... si es así", dijo Rainbow, que empezaba a marcharse hacia la entrada.

"Espera, Rainbow", en ese momento el cuerno de Twilight se iluminó. De la melena de la alicornio emergió un diminuto cristal blanco que levitó hasta estar en medio de la mesa. Entonces fue imbuido por la magia de Twilight hasta que tomó un brillante color celeste, casi como si se tratara de una gema preciosa. El cristal encantado con forma de ala continuó su camino hasta llegar a los cascos de Rainbow Dash.

"¿Esto es?" preguntó Rainbow Dash, algo intrigada.

"He colocado en este cristal una magia especial que te dará la capacidad de volverte invisible e imperceptible por largos periodos de tiempo. No obstante, la magia no ocultará totalmente tu presencia y también será menos efectiva mientras más rápido te muevas", respondió Twilight mientras Rainbow Dash empezaba a jugar con la magia del cristal, apareciendo y desapareciendo por breves parpadeos.

"¡Wow, genial Twilight! ¿Desde cuándo eres capaz de hacer este tipo de cosas?", preguntó Rainbow mientras las demás ponis murmuraban sorprendidas al ver la sorprendente magia del cristal.

"Fue este año. Fui invitada al seminario de aplicaciones innovadoras de magia transmutadora en cuerpos inanimados en la escuela de magia. Te sorprendería los grandes avances que Estigia y Star Swirl están logrando en este campo de la magia. Y también..." Twilight se congeló, a sus lados sus amigas y, sobre todo, Rainbow Dash, la observaban con una sonrisa. A pesar de su insistente disposición a marcharse de inmediato para evitar ser emboscados por Vainilla, en ese momento se encontraba hablando de temas académicos que no eran oportunos en la situación en la que se encontraban.

"Hump", garraspeó Twilight. "Por favor, ten mucho cuidado, Rainbow. Y presta mucha atencion a la gema rosa que Vainilla lleva en su cuello.", dijo la alicornio con una mirada que reflejaba su preocupación y la de sus amigas. El cuerno de Twilight comenzó a acumular la magia para usar la teletransportación que las sacaría de ahí.

"Lo tendre en cuenta. Y no se preocupen tanto. Sé cómo cuidarme", respondió Dash con su típica sonrisa.

"¡CUÍDATE MUCHO, RAINBOW DASH!" gritó Pinkie Pai, sin poder contenerse más. La poni rosada dio un brinco para abrazar a su amiga una última vez. Sin embargo, la magia de Twilight se lanzó en ese momento y las cinco ponis desaparecieron en un resplandor. Al mismo tiempo, la burbuja mágica que las protegía desapareció.

Atrás quedó Rainbow Dash, que ya había activado el cristal. La pegaso se encontraba mirando el lugar vacío donde habían estado sus amigas. Un pensamiento le llegó de pronto. Aquella misma tarde había pensado en dejarlas a un lado por un ridículo lio en la que se había metido. Si hubiera hecho eso... ¿Qué les estaría pasando entonces a sus amigas en ese momento...?

Una sombra cruzó la mirada de Rainbow Dash. La pegaso agitó la cabeza intentando desprenderse de aquellos oscuros pensamientos. No tenía caso pensar en el 'tal vez' o en el 'podría ser'. Tenía que pensar en el 'ahora'. Y ahora sus amigas la necesitaban concentrada y lista para enfrentar al enemigo que había jurado destruirlas. Casi como oyendo a un público imaginario, Rainbow Dash levantó un casco con los ojos cerrados. De inmediato, todo ruido mental cesó. Con una larga exhalación, sus sentidos se agudizaron y su cuerpo entró en un estado de concentración, listo para el combate.

"Vamos, acércate, caballerito... ¡Aquí te espero!" se dijo a sí misma la pegaso. De un brinco, alcanzó el techo de la madriguera y se aferró a las ramas expuestas, casi como una araña. Con una mirada puesta sobre la entrada de la madriguera, Rainbow Dash estaba un 100% lista para enfrentarse a sea lo que sea que buscara hacerle daño a ella o a sus amigas.