Discleimer: El mundo Harry Potter es de su autora. Sólo son míos Lennah y algunos personajes más, así como el fic en sí

Agradecimientos: a ti: mi editora, mi Slytherin y mi contable. GRACIAS


8

En una semana sería el baile de Halloween, por lo que era fin de semana de Hogsmade. Habían planificado la salida durante tres días para poder alcanzar a ver todas las tiendas de ropa necesarias para encontrar unos atuendos adecuados al tema del baile: Venecia y las máscaras.

Irían primero a Madame Audrey, pasarían por Lewis Hall y finalmente, si aún no habían encontrado nada decente se acercarían a Blips. En cuanto compraran los vestidos irían a las Tres Escobas a por una buena cerveza de mantequilla y luego se reunirán con sus amigos.

Fácil.

Fácil, si no hubiera cientos de niñas con el mismo plan. Pero a diferencia del resto, ellas habían pedido hora a Madame Audrey y eso les permitiría tener la tienda media hora solo para ellas y ocho afortunadas más.

Se despertaron y vistieron con ropas que no fueran sus uniformes. Lennah eligió una camisa clara y lisa con falda de tubo de tweet y unas bailarinas negras, mientras que Lily se decantó por unos pantalones de tiro alto, plisados, de color oscuro y ajustados y un camisa de color beige a juego con sus bailarinas. Ambas se cerraron los abrigos hasta el cuello y se enfundaron en sus bufandas del colegio. Amenazaba ser uno de los inviernos más crudos en años.

Sin ni siquiera pasar a por un bollo o una pieza de fruta, se dirigieron hacia Hogsmeade hablando de sus cosas.

- ¿Cómo van las cosas entre tu y Sirius? - Lennah sonrió de lado. No habían hecho dos cientos metros y su amiga ya había sacado el tema.

- Va - Se encogió de hombros y Lily esperó pacientemente a que las palabras surgieran. - Si no saco el tema otra vez, será el año perfecto, pero si no lo saco … Lily, me han dado la plaza. Algo muy malo tendría que pasar para que me la revocaran. - El atropello en sus propias palabras denotaba nerviosismo. - Y, la verdad.. dudo que esto vaya a pasar.

- Sirius es un cabezota. - Suspiró.

- Sí, pero me gusta. Mucho. - Lennah se puso roja como cuando accedió a salir con él, seguramente porque recordaba ese día y notaba aún las mariposas en su estómago.

- Y tu a él… y te quiere, aunque el muy idiota no te lo haya dicho aún - Se apresuró a decir. - Sólo tiene que madurar. - Lennah se rió con ganas.

- ¿Madurar?

- ¡Oye! Que nadie hubiera apostado nunca que tuviera novia… Es un chico de maduración lenta. - Ambas se rieron y fueron comparando las distintas maduraciones de las frutas con Sirius, hasta que les saltaron lágrimas en los ojos.

Llegaron a Madame Audrey, quien se apresuró a abrir la puerta a las muchachas reconociéndolas al instante.

- Mademoiselles. - Con una breve y casi invisible reverencia y una sonrisa que auguraba que ese fin de semana haría una buena caja, las dejo pasar. Espero brevemente a que ambas chicas revisarán las diferentes burras que llenaban la tienda y cuando Lily se quedó mirando fijamente uno, Madame Audrey miro cual era. - Son vestidos hechos a mano por Poltersprites. Telas de buena calidad y bordados minuciosos. - Lily se acercó a la burra, dejando a Madame Audrey con Lennah que, alzando los hombros se acercó a Lily.

- Las Poltersprites… - Tomó una tela violeta entre sus manos mientras hablaba. - Son hadas domésticas, descendientes de los Kobolds. Son metamórficas a voluntad y aunque su carácter es afable con los humanos y ayudan en las tareas del hogar como los Elfos Domésticos, estas no están domesticadas. Las Poltersrpites eligen a quien quieren ayudar y combinan sus tareas con la diversión, por lo general hacen ruidos molestos y chirriantes para asustar a los inquilinos del hogar. - Mientras Lennah le contaba sobre los Poltersprites a Lily, ella había sacado dos vestidos para probarse. - No creo que ellas hayan cosido todos estos vestidos. - Encontró un vestido sencillo con la pedrería justa y sin corsé que le llamó la atención y sonriendo lo tomó en la mano.

- Vas a ser una gran Doctora en Criaturas Mágicas, Lennah. - Lily estaba convencida de eso. - Pero ahora… Al cambiador, quiero ver cómo nos quedan estos vestidos. - Tomando el brazo de su amiga, la arrastró hasta dos cabinas de madera de roble que ejercían de vestuario.

Lily salió primero y se subió a un taburete que estaba rodeado de espejos. Lennah sacó la cabeza de su cubículo, para encontrarse a la pelirroja enfundada en un vestido burdeos. El corpiño lleno de cuentas que formaban un dibujo lleno de diminutas flores contrastaba con la falda asimétrica de capas de tul. El escote era de tirantes amarrados en los hombros por lo que le permitirá lucir el pequeño collar que James le había regalado por su cumpleaños. Lennah se quedó quieta admirando la perfección en la que el vestido encajaba en el cuerpo de su amiga.

- Merlin. - El susurro de Madame Audrey se había confundido con el de la morena. - Es…

- Perfecto. - Madame Audrey se había acercado a Lily y le recogía el pelo con una mano mientras con la otra le hacía levantar el mentón. - Recógete el pelo para que luzca más ese cuello tan bonito que tienes. - Lily, con ojos brillando de emoción asintió.

- Necesitaré una máscara y unos zapatos que convienen. - Madame Audrey asintió y con un movimiento de varita, un par de sandalias rojas con una flor en tul en el tobillo se quedaron flotando cerca de ella. Cinco segundos después dos máscaras venecianas aparecieron cerca para que Lily pudiera elegir.

Cuando Lily ya tenía la máscara en su mano, se giró hacía su amiga.

- Lennah, tu turno. - La morena parecía algo incómoda por ser el centro de atención, así que mirando el suelo, se acercó a la plataforma y se subió.

Los espejos le mostraron a una mujer enfundada en un vestido verde oscuro, con un escote en V, con los hombros tapados por encaje y una falda larga y ancha hasta el suelo que tenía una abertura lateral hasta su muslo.

Al ir en bailarinas, la falda quedaba arrugada en el suelo y hacía que la modelo pareciera aún más bajita.

- ¿Qué tal te mueves con tacones? - Madame Audrey estaba a su lado y miraba con ojos críticos el reflejo de la joven.

- Bien. Bastante bien. - Por ninguna razón estaba sonrojada.

- Tengo algo que hará que no tengamos que retocar nada. - Un nuevo movimiento de varita y un par de zapatos con tacón de aguja de unos 10 cm aparecieron delante de ella. Eran de un color dorado claro y llenos de brillos y, en la parte de atrás lucían un pequeño lazo del mismo tejido. Lennah los tomó con cuidado y se los puso.

Madame Audrey tenía razón, con esos zapatos su figura se estilizaba y no necesitaba retocar el vestido.

Mientras admiraba el cambio que los zapatos habían hecho, una máscara de colores parecidos a los zapatos se apareció delante de ella. Los ojos rasgados de la máscara quedaban enmarcados en una especie de maquillaje-pintura de tonos beige, brillos de oro y un verde muy difuminado. Tomó la vara de la máscara y se la puso para ver el efecto completo.

No se reconoció.

- Muy Slytherin. - Al girarse, se encontró los ojos de Meggan Tunner, la prefecta de dicha casa. La miraba con aires de suficiencia, pero Lennah no iba a caer en esa provocación. Se giró hacia Madame Audrey.

- ¿Me lo haría llegar a Hogwarts, por favor? - Se bajó de la plataforma sabiendo que ignorar Meggan haría que estuviera más cabreada, pero estaba tan acostumbrada al desprecio de los Slytherin que, por una vez, no tenía ganas de enfrentarse.

Era una sangre pura de ascendencia Slytherin así que había muchas razones por las cuales la casa de las serpientes podría o querría meterse con ella. Cuando el Sombrero Seleccionador la había elegido para Gryffindor había temido el enfado o el reproche de sus padres. No obstante, una charla con ellos, una semana después de la elección, había revelado que ellos ya sospechaban que no acabaría en Slytherin…Pero los críos y los adolescentes, cuando quieren, pueden ser muy crueles.

Salieron de Madame Audrey con la satisfacción de haber terminado las compras, incluso antes de haber empezado.

La habitación de las chicas había sido una locura desde prácticamente primera hora de la tarde. Lennah agradeció mucho que Lily le ofreciera su habitación de prefecta para poder arreglarse. Había ayudado a Lily a hacerse un recogido en el pelo que dejaba un par de mechones sueltos y que hacían, como bien había dicho Madame Audrey, que el cuello de Lily luciera aún más. Ella, en cambio, se dejó el pelo suelto. Se lo onduló ligeramente con un hechizo y se puso una diadema a juego con el vestido. Ambas se maquillaron lo justo y de forma muy sencilla. Se vistieron y valoraron el resultado final,con y sin la máscara, en el espejo del baño.

- Será un baile para recordar. - sentenció Lennah.

Estaba rodeada por los brazos de Sirius, dando vueltas como si de una peonza se tratara y riéndose por alguna observación del Gryffindor sobre sus iguales en la pista de baile.

Se lo estaba pasando bien.

A su lado, James hacía girar a Lily en dirección opuesta y Remus y Peter hacían lo mismo con sus respectivas parejas. Greta, una Ravenclaw y Mary Sue, una Hufflepuff.

Todos lo estaban pasando bien.

La canción se desvaneció lentamente, dejando paso a otra. Se iban a retirar un rato de la posta, cuando una sombra negra se les acercó.

- Sniv…

- ¡Severus! - Lennah dirigió una mirada sorprendida a su primo y una del reproche más absoluto a Sirius en menos de un segundo.

- Estas… Bien. - Aunque el susurró fue casi inaudible, ella lo oyó y sonrió.

- Gracias.

- Está mucho más que bien.- Lennah miró a su derecha donde Sirius la había agarrado de la cintura en un absurdo movimiento para mostrar territorialidad. - ¿Puedes traerme un poco de agua o lo que haya? - seguramente Sirius tenía una excusa a punto de salir pero Lily le tomó del brazo y lo arrastró.

- Vamos, yo también tengo sed. - Se quedaron en silencio. Él miraba como la cabellera pelirroja se alejaba entre la multitud y ella lo miraba a él. Ambos sabían que ese amor era imposible, pero no por ello lennah dejaba de admirar la adoración y el cariño que emanaba de él.

Cuando Lily desapareció en un mar de cuerpos, Severus giró hacía ella.

- Mamá tenía esto en su tocador. - De un bolsillo sacó una pulsera de plata con una lágrima verde en ella. - La cogí en verano. - Sus hombros se alzaron a modo de explicación.

- Es preciosa, Severus. - Y realmente lo era.

- Quédatela. - La sorpresa la invadió. Su primo no hacía regalos y mucho menos hablaba de su madre y menos ahora que los padres de Lennah habían fallecido.

La mano del chico tendió la pulsera hacia delante y ese gesto hizo que Lennah despegará los ojos del rostro de su primo

- No puedo. No debo - ambas frases se atropellaron al salir.

- ¿Por qué? - La pulsera seguía tendida entre ambos.

- Yo…

- Quédatela. - Lennah alzó su mano mirando fijamente la pulsera y cuando su primo tuvo la certeza de que no retiraría la mano, depositó la pulsera en ella. Tan pronto la tuvo, se dejó en la mano.

- Gracias. - Su susurró quedó amortiguado por una subida de la música en la sala. Severus se giró y se fue, dejándola en la pista acariciando el metal entre sus dedos. Recordaba que su madre había llorado al perder el collar que iba a conjunto y que tanto les había costado comprarse cuando salieron de Hogwarts, tantos años atrás.

Se habían alejado del gran comedor, donde la música seguía sonando de fondo. Tomados de a mano, se paraban cada poco escondidos por las sombras de los pasillos para besarse, acariciarse y susurrarse promesas y declaraciones.

Podrían haberse decidido por subir las escaleras e ir a la Torre de Astrología, pero era un lugar demasiado popular y lleno de estudiantes en días como este. Además, era tan altamente conocido, que seguramente en una media hora, habían pasado dos profesores a regañar a los estudiantes y quitar unos cuantos puntos.

Lennah no se percató que Sirius le hacía caminar hacia delante y hacia atrás en un mismo pasillo, pero sí que notó el tirón que dio de su mano para hacerla entrar en una sala. Era una bonita sala con luces tenues, solo amueblada con un sofá y una chimenea.

- ¿Dónde estamos? No conocía esta salita. - Sirius tiró de su mano y la sentó a su lado en el sofá.

- La sala de los menesteres. - Su sonrisa de triunfo apareció en el rostro del Gryffindor.

- A veces me da miedo preguntar cómo conoces tan bien el castillo…- Se acurrucó debajo de su brazo y como si dos piezas de puzle se tratarán encajaron sus cuerpos a la perfección.

Un beso en su coronilla dio a entender que no habría respuesta a esa pregunta no formulada.

El baile de las flamas de la chimenea fueron testigos de su propio baile, de uno lleno de ternura y amor. Hacía días que Lennah no se sentía tan feliz en los brazos de Sirius.

Referencia 1: "El mágico mundo de las Hadas" R. Rosapini Reynolds. Aunque la comparación con elfos domésticos es de cosecha propia.