Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.
Antes de que el timbre que indicaba que las clases daban inicio sonara, ya todos los chicos se encontraban en su salón de clases, o pequeña bodega en realidad, todos en sus asientos, hablando entre sí, compartiendo conocimiento.
Cuando Shunrei llegó al salón, diez minutos antes del timbre, le sorprendió ver a sus amigos en sus lugares, revisando exhaustivamente sus libretas. Sólo bastó con que diera un paso adentro del salón para que todos la voltearan a ver.
—¡Shunrei! ¡Préstame tus apuntes de matemáticas! —le gritó Jabu, levantándose de su lugar.
—¡Nos has salvado, estamos agradecidos! —gritaron Ban y Geki, también acercándose a la joven a espera de que compartiera su conocimiento.
Al ver el actuar de sus amigos, para Shunrei fue obvio lo que ocurría: el examen de Daidalos. Ella misma había estudiado la tarde anterior, por un par de horas antes de que decidiera ayudar a Dohko con la cena, y entretenerse con las historias escolares de Shion. Sabiendo que la mantendrían ocupada, saludó a sus amigas a la distancia y se sentó en su lugar, siendo rodeada de inmediato por algunos de sus amigos, quienes comenzaron a interrogarla sobre los temas del temido examen.
—Hemos perdido nuestra oportunidad de pasar el examen —al ver a Shunrei ocupada, Miho se llevó las manos a la cabeza, ligeramente desesperada.
—Tranquila, Miho, creo que hasta ahora nuestro propio estudio va bien —observó Freya, revisando sus apuntes—, ¿cierto, June?
June, que estaba mirando sus apuntes de dos semanas antes, borró su expresión de desconcierto para sonreírle a sus dos amigas.
—Todo estará bien —aseguró, con una sonrisa brillante, marca familiar—. Sólo debemos de ignorar que ese examen vale el veinte porciento de nuestras calificaciones finales. No sacar una nota perfecta no es tan malo…
—¿Veinte porciento? Creí que se juntaba con los exámenes que nos faltaban para sacar la mitad de la calificación.
Freya, Shunrei y June intercambiaron miradas preocupadas, ninguna sin saber concretamente cuál sería la repercusión en sus calificaciones, pero todas sabiendo que no les iría bien.
Freya había estudiado toda la semana anterior al gran día. No era que fuera mala, mala, en matemáticas, pero era complicado aprenderse tantas fórmulas y temas diferentes para una sola prueba. Temía confundirse, y a pesar de pasar horas estudiando con Hagen, sentía que al final todos esos días no habían valido para nada.
Miho, por el contrario, se sentía menos preparada. Entre peleas absurdas con sus amigos y evitar a Seiya, en realidad no había tenido mucho tiempo para el estudio. En especial si se trataba de las matemáticas, tan complejas, tan enredadas…
June, por el contrario, se sentía un poco más preparada, pero sólo un poco. Desde que se había cambiado de escuela, y estaba en general resuelta a ser una mejor persona, uno de sus propósitos era combatir el terrible estereotipo de la rubia tonta. Pero era complicado cuando se trataba de matemáticas, y más si su familia no la ayudaba por completo. Entre Shijima hablando de cosas que no tenían nada que ver con las matemáticas, Shaka con menos paciencia para explicar que Shijima hablando de Fudō, y Asmita sin poder explicarle sin ayuda visual, había tenido que hacerlo por su cuenta, tratando de confiarse en sus capacidades de aprendizaje. Pero, las matemáticas eran demasiado complejas.
Así que las tres amigas decidieron concentrarse en sus apuntes, y rezarle a su divinidad de confianza, a espera de que todo saliera bien.
Mientras tanto, Shunrei se ocupó de ayudar a sus amigos más desesperados, al menos hasta que escucharon el timbre de entrada, y Crystal hizo acto de presencia, mandando a todos a sus lugares.
Sin importar su horario de entrada, Crystal siempre veía a los chicos de ese grupo inquietos, de un lado al otro, fuera de sus lugares y armando desastres a dónde quiera que fueran. Eran buenos chicos, pero demasiado escandalosos. Ese día, sin embargo, le sorprendió ver qué a pesar de estar fuera de lugar, todos estaban casi en silencio, concentrados en sus libretas. Mientras acomodaba sus cosas en el escritorio, le preguntó a Genbu, el más cercano a él.
—¿Por qué están todos tan intranquilos? Más de lo usual.
—El profe Daidalos nos va a hacer un examen —exclamó el joven, tenso—. Dijo que no lo haría y cambió de opinión al último segundo.
El chico se cubrió el rostro y negó varias veces con la cabeza. En realidad él no había entendido bien eso del examen, entre el sí y no, se puso a estudiar apenas dos días antes, cuando Shiryu y Hagen le preguntaron por los temas que él creía que vendrían en el examen.
Genbu no sabía nada, apenas y podía con su vida diaria.
Por suerte para él, no era el único que había dejado el estudio para el final; Nachi, Geki, Ban, Ichi, Hagen, y Seiya estaban igual. Sólo por mencionar a algunos.
Y mientras la mayoría perdía la cabeza por el examen, Shun miraba con una ligera diversión todo el caos. La pequeña bodega en la que estaban olía a desesperación, preocupación, tristeza, estrés y algo de queso feta pasado por algunos días. Él mismo había pasado al menos dos semanas diciéndole a sus amigos que el temido examen de matemáticas se acercaba, si no le hicieron caso esa no era su culpa, y ahora sólo le quedaba regodearse con el sufrimiento de sus amigos. Sólo por unos segundos, por supuesto, a pesar de aparentar, Shun no tenía el suficiente corazón como para dejar a sus amigos a la intemperie, si podía evitarlo.
Mientras sacaba su libreta de la clase del día se fijó que Seiya, sentado frente a él, hacía lo mismo. Usualmente en los días de examen el joven solía concentrarse en sus escasas notas, era raro ver a Seiya prestando atención a las clases como si fuera un día cualquiera.
Dudoso, Shun miró a sus otros dos amigos, quienes parecían no haberle prestado atención a ese detalle, concentrados en sus propios asuntos.
—Oye, Seiya —murmuró Shun, aprovechando que Crystal se entretenía anotando algunas cosas en el pizarrón —, ¿por qué no estás como loco estudiando?
—Iba a hacerlo, pero recordé lo que ahora dice Ikki, ya sabes —respondió Seiya por lo bajo mientras garabateaba la fecha y comenzaba a hacer un dibujo en el margen de su cuaderno—. Si no me aprendí qué es una formula de segundo grado en tres meses, no lo voy a hacer en tres horas —comentó mientras alzaba los hombros.
Shun alzó una ceja al escucharlo. Sabia que Seiya estaba confundiendo dos términos, pero le enorgullecía ver a su amigo tan seguro de sí, a pesar del tenso contexto.
—Oye, Shun —los pensamientos del joven se interrumpieron cuando Seiya lo llamó por lo bajo—. Mira este vídeo.
Y ese era el Seiya normal, con la cabeza en cualquier otra cosa.
Antes de agarrar el teléfono de su amigo, Shun miró de reojo a Hyoga y Shiryu, preguntándose si ellos estaban igual de estresados como los demás, o por el contrario estaban resignados a un fin inminente.
Hyoga sólo miraba el pizarrón, aburrido. De vez en cuando dibujaba alguna esquina de la hoja o anotaba algún dato importante. A pesar de su actitud despreocupada y que aparentaba que nada le interesaba, se preocupaba por sus calificaciones. Llevaba un par de semanas estudiando con Erii, en algunas tardes, la mayoría de las tardes que estaban juntos; se sentaban en la sala del hogar de ella, quien se encargaba de compartir sus notas, para que juntos pudieran completar su conocimientos.
Shiryu, por el contrario, se encontraba bastante confiado. Había estudiado, había practicado (algo esencial para las matemáticas) y había resuelto sus dudas con pequeñas búsquedas en Internet y libros. Estaba listo, tanto que podía darse el lujo de continuar con sus estudios como si nada. Lo único que le molestaba era que sus amigos estaban molestando de sobremanera a Shunrei con sus dudas, en especial Okko, quien se había sentado al lado de ella, para poder hacerle preguntas en sus ratos libres.
A pesar de las clases normales, algunos de los chicos pudieron darse el lujo de continuar tratando de comprender el complejo lenguaje matemáticos. Ban e Ichi fueron reprendidos por ser vistos con sus cuadernos de matemáticas afuera, en lugar de los de las materias de turno, Jabu no pudo contestar una pregunta de geografía y para el inicio del receso todos estaban bastante agotados de la escuela.
Pero todavía no terminaba. Después del receso seguía la temida clase de matemática.
—¡Estamos muertos! ¡Muertos! —lloriqueaba Nachi mientras tomaba su bandeja para servirse su comida.
—Tranquilo, sólo necesitamos tranquilizarnos y hacer un pequeño repaso —con una sonrisa, Jabu trató de sonar positivo, antes de flaquear—... y después podemos sentarnos a llorar nuestra mala suerte.
—Vamos, sólo hagan lo que yo, resígnense —dijo Seiya detrás de ellos, feliz de alcanzar algo de chuletas de cordero—. Esto ya hizo que el día valiera la pena —le dijo a Shiryu, quien estaba detrás de él sirviéndose algo de ensalada.
—Chicos, no pierdan la cabeza, mientras estamos comiendo podemos repasar algunas cosas —sugirió Hyoga, sosteniendo dos bandejas (para él y Erii, naturalmente)—. Yo los ayudo.
—¿Puedes enseñarme a sumar? Siento que con tantas cosas ya lo olvidé —con una expresión esperanzada, Geki miró a Hyoga.
Después de escuchar a Geki, Hyoga sólo pudo negar con la cabeza, le pediría a Hagen una mano.
Un poco más adelante de ellos, las chicas trataban de quitar la tensión con charlas triviales sobre otras cosas. Entrar en crisis no iba a resolver nada, había dicho June, intentando aplicar algo de la sabiduría de Asmita, así que se concentraron en la pequeña variedad de postres, al menos hasta que todas notaron que una mano proveniente de la cocina, dejaba un pequeño plato lleno de diferentes nueces en la bandeja de June.
—¡Hola, tía June! —saludó Shura con una sonrisa, antes de también dedicarle una al resto de las chicas— ¿Qué tal las clases?
Al verlo, Shunrei desvío la mirada, avergonzada, y se escondió detrás de Freya. Dado que toda la mañana estuvo atendiendo a sus amigos, estaba algo despeinada, agotada, poco presentable. Y Shura estaba ahí, tan brillante como siempre, con una sonrisa impecable y actitud animada.
—Horrible —respondió Freya, soltando un suspiro de agotamiento.
—Tenemos un examen en nuestra siguiente clase —explicó Miho con una expresión funesta—. Matemáticas.
Al escucharla, Shura silbó por lo bajo y negó con la cabeza.
—Que horrible —comentó—. Me recuerdan a mis años en la escuela… —continuó, ahora con un tono de añoranza—. Para mi mala suerte tenía clases con Deathmask y Afrodita, sorprendentemente a ninguno de los dos les gusta hacer trampa…
—Gracias, Shura, es bastante informativo —dijo June con un tono formal. No sabía de qué le serviría escuchar esas cosas, pero la ayudaban a calmar sus nervios pre examen.
—Bueno, dado que harán un examen, mi elección de postre es la correcta —poniendo un plato de nueces sobre la charola de Miho, Shura volvió sonreír—. Las nueces son fuente de minerales, nada mejor para los estudios.
—¿Lo juras? —preguntó esperanzada Freya, justo lo que necesitaban.
—Por mi sagrada espátula que conservo desde la niñez —juró Shura, con completa seguridad.
Ante sus palabras, tanto Freya como Miho decidieron llevarse doble ración, mientras que June le aseguró que haría que su sobrino Shaka le debiera un favor. Shunrei, por el contrario, no logró que su voz saliera, así que optó por hacer una pequeña mueca parecida a una sonrisa y caminar detrás de sus amigas, al menos hasta que la voz de Shura la detuvo.
—Buena suerte en tu examen, Shunrei.
Y entonces, después del almuerzo empañado por los estudios, nervios por ver al "crush", manchas de comida en los cuadernos, mucho escándalo y completa confusión, llegó la clase de matemáticas.
Lentamente, resignados, los chicos caminaron hacia su pequeña bodega en un rinconcito del patio escolar. El tiempo se les había acabado, la sentencia ya había sido dictada y ellos ya no tenían más opciones.
Conociendo la rutina, todos se quedaron afuera de su bodega hasta que vieron a Daidalos acercarse a paso lento, puesto que en los días de examen el hombre les especificaba sus asientos, para que ninguno tratara de pasarse de listo.
—Fue un honor tomar clases con ustedes, chicos —dijo Jabu antes de que el hombre terminara de acercarse.
—El honor fue mío —dijeron a la vez Geki y Nachi.
Aunque sólo respondieron dos, todos asintieron en comunión. Estaban de acuerdo, por supuesto.
Cuando Daidalos se detuvo frente a ellos, sólo miró a los jóvenes sin expresión.
—¿Están listos? —preguntó serio. Por dentro sentía una leve emoción malvada; nada como torturar alumnos a mitad de la semana— De acuerdo, entonces comencemos con esto, recuerden que entre más tiempo pierdan, peor será para ustedes.
En silencio, todos se comenzaron a formarse, sabiendo de antemano que Daidalos no bromeaba. Esa sería una tarde complicada, y llena de ejercicios matemáticos.
